martes, 13 de mayo de 2014

4.7. Ensayo y error

   En la reunión que mantienen los hombres de BACHSA sobre el intento de un grupo de jóvenes locales de manifestarse en contra de la urbanización de la Marina se discute sobre la oportunidad de organizar un acto público en el que las autoridades locales pudiesen explicar los beneficios que para el pueblo supondría dicha urbanización.
   El experto en mercadotecnia, que apenas ha intervenido, toma la palabra:
- Si me permiten, no considero que un acto público sea lo más adecuado para nuestros intereses y más si los intervinientes fueran los miembros del Ayuntamiento. Generalmente, salvo que sus ediles sean una excepción, la mayoría de los políticos de poblaciones pequeñas como ésta no suelen ser muy hábiles con la oratoria y el manejo de masas; su capacidad suasoria deja mucho que desear. Otro inconveniente es que en un acto público es difícil negarse a contestar preguntas y quizá no todas puedan tener una respuesta satisfactoria. Por otro lado, está por ver que la juventud acudiera a un acto de esas características.
- Entonces, Bernabé, ¿qué propones? – pregunta Cardona a su experto.
- Tengo que pensarlo, Juan Antonio, pero si me das unos días te presentaré la planificación de una estrategia destinada a desactivar, en la medida que sea posible, esa protesta juvenil y tratar de ganarnos a los padres de esos muchachos, pues dudo que a ellos les podamos convencer. En definitiva, intentaremos ganar ese tiempo al que te referías.

   Garcés toma la palabra, parece que tiene algo nuevo que decir:
- Acabo de darme cuenta de algo que puede tener su importancia. Me refiero a los chicos que encontré en nuestras oficinas. No me había dado cuenta hasta ahora de qué clase de muchachos son.
- ¿A qué te refieres? – quiere saber Cardona.
- A que todos ellos o, al menos, la mayoría son chavales del pueblo que estudian en el instituto de Benialcaide.
- ¿Y eso qué tiene que ver? – pregunta malhumorado Arbós.
   Quien responde a la pregunta es Cardona:
- Pues que eso me da la razón a lo que predije cuando le hice varias preguntas al joven operario que vino a reparar la instalación eléctrica. Recordaréis que comenté que el colectivo de jóvenes del pueblo que trabajan es el pozo donde encontraremos agua suficiente para apagar cualquier conato de incendio – Cardona sigue con su afición por las metáforas.
   El técnico en estudio de mercados remacha la cuestión:
- Respaldo lo que acaba de decir Juan Antonio. Si son estudiantes, eso quiere decir que serán una minoría, como supongo también que la mayoría de los jóvenes del pueblo sí deben trabajar físicamente. Ese es un hecho que nos puede favorecer.
- Bien – concluye Cardona -. Bernabé estudiará todos los datos que tenemos sobre el problema y me presentará un plan para contrarrestarlo. Estaremos en contacto.

   El consejo directivo de BACHSA se ha tomado muy en serio la posibilidad de la protesta, así como el impacto que puede tener entre la población. En realidad más que a la opinión local a lo que temen los empresarios es al eco mediático que se puede generar. Mientras el descontento se circunscriba al ámbito del municipio saben que pueden controlar o, como poco, minimizar los daños que puedan producir las quejas. Ahora, si la protesta trasciende los límites del pueblo son conscientes de que controlarla se puede convertir en algo muy difícil y, en el mejor de los supuestos, mucho más costoso. 
   El departamento de marketing, tras un concienzudo análisis, presenta al consejo el bosquejo de un plan estratégico para contrarrestar el germen de rechazo contra los planes expansivos de los constructores. Consiste, básicamente, en montar una especie de muestra centrada en dos ejes fundamentales: uno es visualizar como eran los sectores del Torreón y aledaños, así como el de la Marina antes de que se urbanizaran; de este último sector un conjunto de infografías, porque todavía no hay obra hecha, ilustra cómo quedará la zona. El otro eje está integrado por los datos macroeconómicos: curvas de desarrollo, inputs del sistema productivo local, ingresos del Ayuntamiento antes y después del boom inmobiliario, crecimiento del producto interior bruto del pueblo y un largo etcétera. Varias maquetas, paneles informativos, fotografías, vistas aéreas y un vídeo propagandístico completan el cuadro.
- No está mal, Bernabé - opina Huguet
- ¿Y esto quién lo va a manejar?, me refiero a quién lo va a organizar, financiar, explotar y dirigir pues – quiere saber Arechabaleta.
- Ïñigo, hoy vienes con la boina puesta, ¿verdad? ¿Qué quién va a hacer todo eso?, ¿pues quién va a ser?, nosotros. No esperarás que lo hagan los cebollinos del Ayuntamiento – la ironía de Cardona no parece hacer mella en el vasco.
- A mí esto de la muestra no me parece mal, pero lo veo como frío, con poca garra, echo en falta algo de calor humano, de contacto personal. Por ejemplo, eso que sugirió Arbós de montar un acto público explicándole al personal el proyecto urbanizador – estima Bricart.
- Si me permites, Oriol – vuelve a intervenir el experto -, lo del acto público lo desechamos desde el primer momento. ¿Por qué? Cualquier acción con público es como abrir un melón, nunca sabes lo que encontrarás dentro, si será bueno o sabrá como un pepino. De ninguna manera debemos correr ese riesgo. En cuanto al contacto personal, está previsto que la empresa a contratar, que será la que diseñe el contenido y realizará el montaje de la muestra, mande un equipo de azafatas, debidamente formadas e informadas, para que atiendan a los visitantes y den respuesta a sus preguntas.
- ¿Y si los guayabos de las azafatas se tropiezan con un atravesao qué solo haga preguntas inconvenientes e insidiosas, qué pasará?, ¿cómo saldrán del atolladero? pues – pegunta, reticente, Arechabaleta.
- Como dije al principio de mi intervención – responde el experto -, lo que he presentado no es más que un borrador del plan de contramanifestación, faltan por diseñar muchos detalles, entre ellos algunos referentes a los interrogantes que plantea Arachebaleta con muy buen tino. Si me dais unos días más acabaremos de trazar los flecos que están sin perfilar, pero así a bote pronto quiero recordar que nadie espera que unas azafatas tengan todas las respuestas. Se las instruirá adecuadamente para que ante preguntas comprometidas o de contenido problemático remitan a unos técnicos que mandará la empresa en próximos días.
- Técnicos que, por supuesto, no aparecerán – apunta Huguet.
- Bueno, dependerá de las preguntas que se hagan. Si las interpelaciones planteadas tienen respuestas que no sean nocivas para nuestros intereses sí podemos enviar a posteriori a unos supuestos técnicos que podrán contestarlas. Si las consultas formuladas encierran una carga dañina para nosotros o son de imposible respuesta, desde la óptica de nuestros intereses, entonces naturalmente no habrá ningún técnico que asome su jeta por allí.
- ¿Y crees, Bernabé, que con esa medida será suficiente para desactivar la protesta? – inquiere Bricart cuyo dudoso semblante es patentemente explícito sobre sus dudas acerca de la bondad de la medida.
- En la sociología de masas no hay nada seguro ni suficiente, Oriol. Dicho más claramente: no, no creo que la muestra baste. Seguramente no será más que el primer acto de un conjunto de medidas que iremos pergeñando en función de cual sea la respuesta de la opinión pública.
- O sea que vamos de ensayo y error – sintetiza Cardona.

viernes, 9 de mayo de 2014

4.6. Solo es un panfleto

   La sorpresa que provoca a los hombres de BACHSA la lectura del manifiesto  de los Jóvenes Unidos por un Senillar Libre es evidente. Nadie dice nada hasta que el especialista del marketing exclama:
- Eso solo es un panfleto lleno de falsedades, demagogia y sentimentalismo barato, amén de terminar con unas amenazas que no son de recibo – sentencia.
- Y a lo que hay que añadir que parece escrito por una panda de analfabetos, está plagado de faltas de todo tipo. Cualquiera diría que esos jovencitos están reñidos con la gramática. Si esos son la generación que nos va a suceder, ¡qué Dios nos coja confesados! – comenta jocosamente Cardona.
- Bueno, no es más que un borrador – justifica Garcés.
- Será todo eso, pero también es el boceto de un fulminante que mañana puede explotar en nuestras manos si no lo desactivamos a tiempo – replica un realista Badenes.
- Si en esto andan metidos chavales como mi hija y la de Amador, os digo que esto no irá a ninguna parte – afirma Arbós muy convencido -. No son más que una pandilla de críos malcriados y consentidos que nunca le han dado un palo al agua, precisamente porque los padres nos hemos partidos los cuernos para que tengan una vida mucho más fácil que la que tuvimos nosotros cuando teníamos su edad. – y José Ramón se pone sentencioso para soltar la siguiente parrafada -. En cuanto Amador nos diga quiénes son todos los chavales que estaban allí y los padres les pongamos los puntos sobre las íes, como voy a hacer con mi hija, todo eso se acaba en cuatro días. Pues faltaría más, que unos mocosos que viven como curas de los de antes vayan a venir ahora a ponernos las peras a cuarto. ¿No lo crees Amador?
   Garcés cabecea y vacila antes de contestar a su socio:
- No sé qué decirte, José Ramón. No estoy tan seguro como tú. Como dije, ya abronqué a mi hija y no veas como se puso, como una tigresa. Me llamó de todo menos bonito. Nunca había tenido un comportamiento así. La he castigado a no salir de casa hasta que me prometa que no volverá a reunirse con esa pandilla, pero no puedo retenerla indefinidamente y temo que en cuanto salga volverá a las andadas. De hecho, mi mujer me ha contado que la mayoría de las charlas telefónicas que sostiene con sus amigos, entre ellos tu hija, tratan sobre la Marina y la marjalería. Y ante eso, ¿qué puede hacer un padre?
- Darle un par de guantazos y que se entere de quien manda en casa – afirma un rotundo y cada vez más irritado Arbós.
- A ver, José Ramón, tranquilo. Esto no se arregla pegando a nadie y menos a una hija – interviene Cardona -. No soy un experto en adolescentes, pues aunque tengo hijos todavía son unos críos, pese a ello si sé que lo peor que podríamos hacer es poner a los jóvenes en contra de nuestros planes. Lo que probablemente ocurrirá si los atacamos, sea de la forma que fuere. Esa sería una política que terminaría siendo tremendamente perjudicial para nosotros.
- Entonces, ¿qué propones, que nos bajemos los pantalones ante unas docenas de porreros? – pregunta un, todavía, rabioso Arbós.
- Nadie se va a bajar los pantalones – Cardona sigue tratando de serenar a Arbós -, pero tampoco nadie se va a enfrentar con los jóvenes del pueblo. Hemos de demostrar que somos mucho más inteligentes que ellos, hemos de actuar de manera sutil, de forma que no nos vean como sus enemigos sino como adultos que intentan comprenderles y que entienden sus inquietudes y temores. En resumen, lo que hemos de hacer es ganar tiempo, desactivando su protesta en la medida de lo posible y, si lo conseguimos, una vez finalizada o, al menos, muy avanzada la urbanización, habremos ganado porque urbanización terminada victoria alcanzada, si a ello añadimos que…

   La exposición de Cardona se ve interrumpida por un hombre joven vestido con un mono azul flanqueado por otros dos operarios.
- Perdonen, ¿está el señor Garcés? – inquiere el que parece ser el responsable del grupito.
- Estoy aquí – responde Garcés, y dirigiéndose al resto de asistentes explica -. Disculpad, son los operarios que han venido a cambiar parte de la instalación eléctrica. ¿Habéis terminado? – pregunta al capataz del grupo.
- Sí señor. Hemos tenido que cambiar el cuadro de distribución y cablear…
- Vale, vale. Le dices a Francisco que me pase la factura. Gracias y podéis iros.
- Espera un momento, joven - es Cardona quien requiere al operario -. Permíteme una pregunta, ¿eres del pueblo?
- No señor, pero vivo y trabajo en el pueblo desde hace tiempo.
- Si no tienes inconveniente, me gustaría que respondieras a unas sencillas preguntas. La primera es ¿te relacionas con la gente del pueblo, sobre todo con los jóvenes?
- Con la gente mayor, poco, pero con la que tiene menos años, sí. No con todos, claro, solo con algunos, sobre todo con los amigos de mi novia que es de aquí.
- Bien. Otra pregunta – sigue interrogando Cardona -, ¿qué opinas sobre la urbanización de la zona costera, te parece bien o mal?
- Me parece una buena cosa, señor. La mayor parte de los terrenos urbanizados antes eran campos baldíos o de secano que supongo que producían poco. Ahora están llenos de viviendas que valen una millonada.
- Estupendo, una última pregunta ¿también te parece bien que se urbanice el sector de la Marina, donde está el humedal de los marjales?
   Sergio Martín, porque de él se trata, se toma un tiempo para contestar la postrera pregunta de ese desconocido tan preguntón. Recuerda las explicaciones que les daba Pascual Tormo en el ciclo de charlas a las que asistió sobre las ventajas e inconvenientes del urbanismo. Y como, en una conversación, mano a mano,  el profesor le explicó la suerte que tenía el pueblo de contar con un humedal como la marjalería y la importancia de conservarlo. Está a punto de contestar que no le parece bien cuando, de pronto, se acuerda de Lorena y piensa que se pondrá como una leona si llega a enterarse de que habla en contra de cualquier clase de urbanización y, por tanto, contra la posibilidad de seguir teniendo trabajo en la construcción. Recordar eso y cambiar de posición es todo uno, aunque trata de que su respuesta sea políticamente correcta:
- Pues verá, urbanizar supone ocupación para los trabajadores, mucho dinero para los propietarios de los terrenos y buenos ingresos para el Ayuntamiento. Todos ganamos. Que se urbanice en el sector del Torreón o de la Marina creo que es lo de menos.
- Muchas gracias, joven. Puedes irte.

   Tras marcharse Sergio y sus compañeros, el consejero de BACHSA explica a sus sorprendidos compañeros de reunión:
- Ahí tenéis un ejemplo de lo que opina esa parte de la juventud del pueblo que trabaja, y que supongo mayoritaria, sobre urbanizar la Marina. Ese es el instrumento  más eficaz para atajar cualquier clase de protesta. En ese pozo es donde encontraremos el agua suficiente para apagar cualquier conato de incendio – a Cardona le encanta lo de improvisar metáforas.

martes, 6 de mayo de 2014

4.5. El manifiesto

   José Ramón Arbós, como le sugirió el director local de la caja, se entrevista con Juan Antonio Cardona para contarle el conato de contestación a la urbanización de la Marina que parece extenderse por el pueblo. El consejero de BACHSA está de acuerdo con los recelos manifestados por Badenes. Si no se atajan a tiempo los rumores y las protestas podría generarse un problema que acaso fuera difícil de parar y que, en el mejor de los supuestos, terminaría aumentando los costes de la urbanización. Algo hay que hacer. Con lo que Cardona no comulga es con la idea de organizar un acto público para disipar los temores de parte del vecindario.
- Sinceramente, José Ramón, no creo que un acto así pueda ser muy eficaz, pero a bote pronto tampoco tengo otra idea mejor. Le pasaré la papeleta a los del marketing a ver si diseñan un plan para contrarrestar esa movida. Que se ganen el sueldo.
- Pues tengo otra sugerencia para tus chicos – añade José Ramón -. A quienes primero deben de trabajar el hígado son a los del Ayuntamiento. No hay manera de convencerles de que esto, hoy por hoy, no tiene ni medio pase, pero si lo dejamos crecer puede convertirse en un morlaco con unos pitones como dos catedrales – A Arbós le gustan mucho los toros, por eso usa frecuentemente símiles taurinos
- ¿Sabes qué? El sábado cogeré el coche y me desplazaré a Senillar. A ver si entre todos encontramos la solución más eficaz a lo que hoy no es más que un nubarrón, pero que mañana puede convertirse en un tornado que se lo lleve todo por delante.

   En la reunión del sábado están Cardona, acompañado por el director de la empresa de mercadotecnia encargada del estudio de mercados para BACHSA, los representantes locales de los constructores, José Ramón Arbós y Amador Garcés y el director local de Cajaeuropa, Agustín Badenes.
- Vamos a ver – es Cardona quien abre el diálogo -, antes que nada quiero que nos contéis cuánto sepáis de esa posible protesta sobre la urbanización de la Marina y vuestras impresiones sobre la misma.
- Verás Juan Antonio – es Arbós quien primero responde -, hay que ser de pueblo para comprender cómo reacciona el personal. Este es un sitio pequeño y pasan pocas cosas, entonces cuando ocurre algo fuera de lo habitual, lo normal es que la gente hable de ello. Y no solo hablan sino que le dan mil vueltas y acaban liándolo todo.
- Más opiniones – reclama Cardona.
- Lo que ha dicho José Ramón es cierto. La gente lo examina todo del derecho y del revés y le da tantas vueltas y revueltas que al final acaban viendo gigantes donde solo hay molinos – A Badenes le gusta presumir de su cultura cervantina.
- Amador, ¿y tú qué piensas?
- Cuando Agustín, al igual que hizo con Arbós, me llamó para contarme sus temores le insistí que no tenía por qué recelar nada, que esto, como bien se ha dicho, no eran más que chismorreos de pueblo. Eso pensaba hasta esta mañana en la que he sido testigo de algo que ha hecho que cambie de parecer. Ni siquiera he tenido tiempo de contárselo a José Ramón – añade Garcés dirigiéndose a su socio como pidiéndole perdón -. Como decía, esta mañana, y para preparar la reunión, me he pasado por la sede de ARBOGAR y allí, en uno de los despachos, estaba un grupito de chicos y chicas, entre ellos mi hija Matilde y Chelo, que es la hija mayor de José Ramón. Los he…
- ¿Chelo? – interrumpe Arbós, entre sorprendido y molesto -. ¿Y qué coño hacía allí mi hija?
- Tu hija, la mía y todos los demás estaban preparando un arsenal de propaganda en contra de la urbanización de la Marina, tenían de todo: pancartas, carteles, una especie de tebeo mural; ah, y un montón de fotocopias. Lo primero que hice fue abroncar a mi hija, luego los eché a todos, no sin antes incautarme de todo el material que pude arramblar pues, en el lío que se montó, temo que parte del mismo se lo llevaron los muchachos.
- Las pancartas y las fotocopias ¿qué contenían exactamente? – quiere saber Cardona.
- Un poco de todo, pero lo más importante es el borrador de un manifiesto que están preparando.

   Garcés saca de su maletín de ejecutivo un puñado de fotocopias que deja encima de la mesa. Cardona coge una y comienza a leer en voz alta:
- “Manifiesto a los ciudadanos y ciudadanas del pueblo de Senillar.
   Los jóvenes de la localidad, vuestros hijos e hijas, quieren denunciar el expolio de que se está cometiendo a nivel de nuestro amado pueblo. Ya nos han destrozado el paisaje, han arrasado nuestros campos y han alterado la paz y la tranquilidad que nos era tan querida. Ahora pretenden robarnos una parte irrenunciable de nuestra historia: la partida de la Marina y sobre todo el marjal.
   No nos oponemos a que el pueblo avance y se modernice. Por el mero echo de ser jovenes estamos a favor de todo cuanto suponga el progreso del pueblo, pues si Senillar avanza y se desarrolla nosotros vuestros hijos e hijas tambien avanzaremos y progresaremos. Estamos de acuerdo con que el progreso es bueno, pero no a cualquier precio. Lo del todo vale no es de recibo si por unas ganancias para hoy estamos destrozando la calidad de vida del mañana, de ese mañana que vais a legarnos a nosotros y nosotras.
   La juventud de Senillar no nos opusimos a que se urbanizara la zona del Torreón. Eran unas tierras que significaban poco para la economia local y para la vida de los hombres y mujeres de nuestro amado pueblo. Pero urbanizar la Marina es harina de otro costal. Es la zona en la que estan nuestros mejores campos, los más antiguos y hermosos naranjales de la comarca, las huertas más productivas y bien cultivadas de la región.
   Y no solo es la Marina, porque en base a la información que manejamos detrás de la Marina irá la marjaleria, que es el corazón de la misma y que como todo el mundo sabe después de La Albufera es uno de los umedales valencianos más importantes. Y para los hombres y mujeres, asi como para los chicos y chicas de Senillar, el marjal forma parte irrenunciable de nuestra historia, de nuestra vida. Son muchos los vecinos del pueblo que tienen un marjal, que sus antepasados crearon con sangre y sudor. Por unos cochinos millones, ¿vais a malvender vuestra propia historia, que tambien es nuestra?, ¿vais a enterrar y borrar el esfuerzo y el teson que pusieron nuestros mayores en levantar los marjales? 
   Tenéis que saber de que la juventud del pueblo dice NO a que se urbanice la Marina. NO a que se toque un solo junco de la marjaleria. NO a que la codicia de unos cuantos despedace y destruya el futuro del pueblo, NUESTRO FUTURO. Hoy no tenemos otra fuerza que la de la protesta, pero mañana seremos nosotros quienes gobernaremos el pueblo. Y NO OLVIDAREMOS a quienes cegados por una codicia insaciable pretenden dejarnos un pueblo, unos campos y una costa en la que el ormigón y el ladrillo lo hallan invadido todo.
   SENILLARENSES y SENILLARENSAS, os pedimos, os suplicamos que paréis el espolio que se está produciendo. Todavia estamos a tiempo para que entre todos y todas detengamos esa loca carrera de construir y construir a costa de cargarse nuestra historia, nuestros recuerdos, nuestros campos, nuestra forma de vida.
   ¡NO A LA URBANIZACIÓN DE LA MARINA!
   ¡NO A QUE SE TOQUE UN SOLO PALMO DE TERRENO DEL MARJAL!
   SENILLARENSES, SENILLARENSAS hoy os lo rogamos, mañana os lo exigiremos.
              JÓVENES UNIDOS POR UN SENILLAR LIBRE (JUSEL)”


   Cuando Cardona termina de leer el manifiesto un espeso silencio se abate sobre los reunidos, que muestran en sus rostros una mezcla de sentimientos que van desde el estupor a la consternación.

viernes, 2 de mayo de 2014

4.4. Entrega de llaves

   Sergio le ha contado a Lorena una versión editada de su charla con el dueño de la agencia inmobiliaria a quien ha consultado la posibilidad de vender el apartamento recién adquirido, como se le ha metido en la cabeza a la joven. Ha omitido la descripción de los defectos del apartamento y si le ha dicho, en cambio, que en opinión del agente inmobiliario apenas si iban a sacar beneficios si lo revendiesen dada la saturación del mercado. Allí se acaban las ansias mercantilistas de la muchacha. Decide que no venderán y vuelve a centrar todos sus afanes en el mobiliario y la decoración de su todavía no estrenado apartamento.

   En relación al piso, el señor Francisco tiene un detalle con el más joven de sus capataces.
- Sergio, nos han contratado para la instalación de los Arrayanes. Como me dijiste que te has comprado un piso allí, he pensado que cuando llegue el momento de instalar el tuyo te daré la oportunidad de que hagas la distribución de la instalación a tu gusto.
   A Sergio le falta tiempo para contárselo a Lorena y presumir que van a tener la mejor instalación de toda la urbanización.
- O sea que la instalación de la luz nos va a salir gratis – infiere la joven.
- No, cariño, lo que vale la instalación ya forma parte del precio total del piso. La oportunidad que nos brinda el señor Francisco es que podemos distribuir a nuestro gusto las tomas de corriente, la ubicación de los conmutadores, los enchufes para la tele; en fin, todo lo referido a la parte eléctrica. Lo que tengo que saber es dónde quieres las distintas tomas..
- Ah. Por toda la casa y hasta en la terraza. Oye, ¿podemos poner hilo musical? Ninguna de las casas de mis amigas lo tiene. Se iban a poner verdes de envidia.
- Lo del hilo musical no va a poder ser porque supondría un mayor coste y eso no creo que lo acepte el señor Francisco.
- El Francisco es un agarrado de mucho cuidado y tú un petardo.
- Tesoro, eres injusta con mi jefe. Es todo un detalle de su parte que nos deje distribuir la instalación a nuestro gusto. Me ha dicho Dimas que eso no lo había hecho nunca.
- Bueno, menos lobos que a ese rácano de tu jefe me lo conozco bien. Lo que no sabía es que se pueden cambiar las cosas del piso a gusto de cada propietario. 
- Verás, todos los apartamentos tienen idéntica instalación, pero el señor Francisco ha querido tener este detalle con nosotros. Por otra parte, casi todas las empresas aceptan realizar cambios o mejoras en las viviendas que, por supuesto, corren a cargo del comprador y que encarecen el precio final.
   Nada más decirlo, Sergio intuye que acaba de meter la pata.
- Pues me acabas de dar una idea porque hay varias cosas del apartamento que no me convencían ni mucho ni poco.
   El joven intenta remediar el desaguisado que él mismo ha provocado.
- Has de saber que no todas los cambios son factibles realizarlos. Hay muchos que dada la estructura son irrealizables y otro factor a considerar es que las empresas se aprovechan y cobran las mejoras a precio de oro.
- Ya estás a vuelta con el dichoso dinero, como siempre. Anda y que no eres roñoso a pesar del dineral que ganas un mes sí y otro también. No te preocupes, los cambios que tengo pensados no te costarán la hijuela.
   Visto que parece que la cosa no tiene remedio, Sergio trata de limitar el alcance de las reformas y lo primero que necesita es saber.
- ¿Y cuáles son las cosas que no te convencen?
- Pues mira, no me gusta el alicatado de los baños. He visto uno de Porcelanosa que quedará de lujo y que pega a modo con la grifería. Tampoco me peta el pavimento que lleva la terraza, desentona con el del resto del apartamento, habría que poner otro suelo. Y lo que más da el cante es la cocina. Parece mentira que a unos pisos tan modernos les vayan a poner una cocina de gas. Eso es del tiempo de Carolo. Ahí le iría ni que pintada una vitrocerámica. He oído decir que en cocinas es lo más de lo más.
- Bueno, lo hablaré con los de la promotora, a ver qué se puede hacer.

   Parecía que nunca iba a llegar, pero al fin ocurrió ese momento soñado por toda persona que compra una vivienda: la entrega de llaves. Sergio, como ha visto que hacen en las películas, toma a Lorena en brazos y de esa forma entran en su nuevo hogar. La joven está radiante de gozo y él es feliz viéndola tan dichosa. La mayoría de las mejoras que ella quería están instaladas. Lorena no se cansa de recorrer el piso y, habitación tras habitación, va desgranando el mobiliario que ocupará cada espacio. Aunque la joven se lleva una pequeña desilusión, tal y como establece el contrato desde la terraza se vislumbra el mar, pero solo un trocito y siempre que se saque medio cuerpo fuera de los límites de la barandilla con el riesgo de estamparse en el jardinillo que alegra el pretencioso hall de acceso al edificio.

   Al día siguiente de la entrega de llaves, Lorena lleva a sus amigas a que vean el apartamento y a que se mueran de envidia. Ninguna de ellas tiene una casa como aquella y es más que dudoso que alguna vez lleguen a tenerla.
- Lorena, hija, que monería de piso te ha quedado – comenta Verónica.
- Pues espera a que esté todo amueblado y con todos los aparatos que vamos a comprar. Entonces sí que estará molón.
- Os ha tenido que costar un pastón. Que suertuda eres de tener un chico capaz de currar tanto y ganar la pasta que gana. Esto, desde luego, no lo hubieses logrado con el Maxi que, por cierto, acaba de volver al pueblo para trabajar en las nuevas obras – Maribel da la noticia con toda la mala intención de que es capaz porque sabe que le va a escocer a su amiga.
   Lorena hace oídos sordos al dardo de Maribel, aunque no deja de sentir un inquietante hormigueo en lo más hondo. Para sobreponerse al subidón que le ha dado, les sugiere que la acompañen a la terraza.
- Mirar que amplia es. Ya le tengo echado el ojo a un conjunto de dos tumbonas y una mesita auxiliar para amueblarla. Son de lo más chic. Ni siquiera voy a tener que ir a la playa para ponerme morena, lo podré hacer en mi propia casa.
- Desde luego, hija, tienes más suerte que el Armengol, que le ha tocado la lotería tres veces – proclama con humor Anabelén.

   Unos días después a quien le toca el turno de visitar la vivienda es a su madre, quien fiel a su maternal condición, y dado que conoce como nadie el paño con el que se viste su hija, no duda en lanzarle un aviso:
- Hija, tienes un piso precioso. Comparado con el cuchitril en el que vivíais esto es una mansión. Que tengas mucha salud para disfrutarlo. Y ahora solo falta que tengas cuidado y no hagas tonterías, que un chico como el Sergio no lo vas a volver a encontrar ni en pintura. Ya sabes por qué lo digo.
   La visita de su suegra, aunque estrictamente no lo sea, plantea a Sergio un problema de conciencia. Desde que sus padres se enfadaron con él a raíz de dejar los estudios e irse a vivir con Lorena, apenas si han vuelto a mantener contactos. Se han limitado a felicitarse las Navidades y su madre le ha llamado en su cumpleaños. Su padre ni siquiera eso. Sabe de ellos, y sus progenitores de él, a través del abuelo que es quien mantiene un frágil hilo de contacto. Ahora que va a tener una casa como Dios manda y no el antro en el que hasta la fecha han vivido, cree que es llegada la hora de intentar la reconciliación. Habla con su abuelo y le pide que tantee a sus padres y que les diga que nada le gustaría más que hacer las paces con ellos y poder enseñarles su nueva casa, la que para su pareja es el paraíso de sus sueños. 

martes, 29 de abril de 2014

4.3. De forment ni un gra

   La visita de un grupito de jóvenes para interesarse por su posicionamiento conservacionista ha dejado perplejo a Pascual Tormo, no esperaba que en el pueblo hubiese un solo colectivo que levantase la voz contra las tropelías urbanísticas que se están cometiendo y resulta que hay un grupo de chavales  que parece rebatir su creencia. Y con una curiosa particularidad: al parecer está capitaneado por una de las hijas de José Ramón Arbós, uno de los personajes locales más comprometidos con los constructores. ¿Irán en serio aquellos muchachos o alguien los está utilizando para tenderle una trampa? Piensa que no es bueno quedarse con la duda por lo que, superando su propensión a la indolencia, opta por la acción. Hace llegar al grupo el mensaje de que le gustaría volver a dialogar con ellos.

   La panda de chicos de la vez anterior, con algunas nuevas incorporaciones, le visita. Vuelve a ser Chelo Arbós quien lleva la voz cantante.
- ¿Has cambiado de opinión o nos vamos por dónde hemos venido? – es la pregunta a modo de saludo que le suelta la jovencita.
- El otro día creo que empezamos con mal pie y me gustaría retomar la conversación con otro talante, que no es precisamente el que manifiestas, Chelito – responde Tormo a la insolente pregunta de la muchacha.
- Pues llamarla Chelito, tío, no es la mejor manera de comenzar – comenta por lo bajo uno de los muchachos.
- Eso del talante, ¿va por tu parte o por la nuestra? – inquiere Chelo con un tinte cáustico en su voz.
- Por ambas partes. Si no recuerdo mal pedíais mi consejo sobre cómo encauzar la protesta contra la urbanización de la marjalería, ¿no es así?
- Correcto. Y tú saliste por la tangente diciendo que los vainas del Ayuntamiento aseguran que el marjal no se va a tocar, que solo se van a urbanizar las zonas más periféricas – le recuerda Chelo.
- Aunque no me fío demasiado de nuestros gobernantes, sigo manteniendo que no creo que se atrevan a urbanizar el humedal porque tendrían graves problemas para conseguirlo. En una operación de ese tipo intervendría no solo el Ayuntamiento, sino también la Diputación, la Consejería de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente y, hasta posiblemente, el Gobierno central. Muchos filtros que pasar.
- Sí, pero el dinero todo lo puede y la gente de la construcción lo maneja a espuertas. ¿Acaso no sabes lo que está pasando, no solamente en nuestra comunidad sino en todo el litoral mediterráneo? – plantea uno de los chicos que hasta el momento ha estado callado. Y añade -. No hay humedal ni playa ni lugar costero que se libre de la invasión del ladrillo, arrasan con todo, no se paran ante ningún obstáculo y si tropiezan con algún impedimento legal el partido político que gobierna en ese momento se apresura a allanarlo. Si no hacemos algo, lo mismo pasará en nuestro pueblo.
- Lo que dices es en gran medida cierto, pero no tiene por qué repetirse aquí. Amador Garcés que, como sabréis, está muy metido en todo ese negocio, me ha asegurado personalmente que al marjal no le tocarán ni un pelo.

   Chelo, muy en su papel de lideresa, corta el diálogo:
- Mira, tío, ya está bien de palabrería. No hemos venido a que nos sueltes ningún sermón ni que pretendas vendernos la burra de la bondad de los fulanos del ladrillo y de sus perros falderos políticos. ¿Nos vas a ayudar o qué? - interroga de forma tajante.
- Me gustaría ayudaros, pero no sé de qué manera puedo hacerlo.
- Tenemos muchas ideas: montar un foro para informar a la gente, realizar una manifestación, encargar camisetas con el eslogan de “El marjal no se toca”, redactar un manifiesto de protesta que se pasará a la firma del vecindario, visitar las sedes de los partidos políticos de la oposición para pedirles su apoyo, llenar el pueblo de pancartas y carteles llamando a la protesta contra esos proyectos; en fin, que ideas no nos faltan – expone Chelo.
- Lo que sí nos falta es alguien con el suficiente peso y autoridad para dirigir y coordinar la protesta – confiesa otro de los integrantes del grupo.
- Pues habéis marrado el tiro – afirma Tormo con una sonrisa -. Mi peso no es nada del otro mundo, como púgil no pasaría de ser un peso gallo. Y en cuanto a autoridad no tengo ninguna y mucho menos capacidad de influir en la gente del Ayuntamiento, ni siquiera pertenezco a un partido político. Vuelvo a repetirlo: vuestra causa me parece noble, pero un tanto quimérica puesto que no parece que vaya a urbanizarse el humedal. 
- Compañeros – Chelo se dirige al resto del grupo -, no perdamos el tiempo. Este no es el Pascual Tormo que creíamos conocer y del que tan buena opinión teníamos – y mirando a Tormo añade -. Gracias por nada y adiós.
- Oye, ¿y tu padre está enterado de lo que estás haciendo? – pregunta Tormo dirigiéndose a Chelo.
- Mi señor padre pasa de mí y yo le pago con la misma moneda, paso de él – es la respuesta de la jovencita.

   La frustrante entrevista le deja a Pascual un amargo sabor de boca. Sabe que ha decepcionado a los jóvenes y, lo que es peor, se ha decepcionado a sí mismo. Se autojustifica pensando en que le han cogido en un mal momento, todavía no se ha repuesto de la reciente ruptura con la que creyó que era la mujer de sus sueños y anda bastante desnortado. No se encuentra con ánimos de embarcarse en una movida como la que pretenden iniciar los jóvenes que acaban de visitarle. Ponerse al frente de esos muchachos no le traerá más que problemas y no se ve con fuerza para enfrentarlos. Por otra parte, está convencido de que la protesta de los chavales no irá a ninguna parte ni van a conseguir nada positivo. Y aún en el supuesto de que les echara una mano, ¿qué conseguirían?
- Al final, de forment ni un gra – termina repitiendo en voz alta el popular aforismo valenciano que sintetiza la falta de consistencia de algo o alguien.

   El domingo siguiente a la visita del grupo de chavales, Tormo se tropieza en una calle con Sergio Martín. No se habían vuelto a ver desde la última charla del ciclo que impartió el profesor sobre el presente y el futuro del urbanismo.
- Hombre, Sergio ¿qué tal, cómo estás?
- Bien, profe, ¿y tú cómo lo llevas?
- Haciendo la vida de siempre. Mis apuntes, las clases, un ensayo que estoy escribiendo y que no sé si lo terminaré alguna vez. Pura rutina. Por cierto, tú que supongo que te mueves en los ambientes juveniles, ¿sabes algo de un conato de protesta que un grupo de estudiantes del pueblo quiere poner en marcha?
- Profe, estás hablando con un humilde electricista que curra más de diez horas diarias. No me queda tiempo para frecuentar la vida juvenil y menos la de los estudiantes del lugar. Y no, no he oído nada, pero no me has dicho de qué protestan.
- De que van a urbanizar la partida de la Marina.
- Esa sí que es buena. Los que protestan deben ser los hijos de los ricos del pueblo porque ya me dirás, ¿de qué diablos va a vivir este pueblo si no es del turismo? Solo la gente que no le da un palo al agua puede estar en contra de que se construya. Tú mismo nos explicaste los muchos beneficios que comporta el urbanismo.
- También os expliqué que cuando se realiza un urbanismo salvaje, sin ninguna clase de respeto por el medio ambiente, las consecuencias negativas superan a las positivas. Y cuando aquí comiencen a cargarse los marjales habremos llegado a esa situación.
- Que yo sepa, en el humedal no se ha puesto un solo ladrillo.
- Por ahora, pero…

domingo, 27 de abril de 2014

3000

   La pasada semana el blog alcanzó las 3000 páginas vistas. Digo lo de siempre: ya sé que no es una cifra espectacular, pero para un blog con objetivos modestos y un bloguero casi octogenario tiene su valor.  Como lo tiene el que haya sido visitado desde 42 países de todos los continentes, salvo África. Cuando en el pasado septiembre escribí que eran treinta los países desde los que se había accedido al blog, hoy a que añadir a ellos otros doce: México, Malasia, Bielorrusia, Turquía, Perú, Australia, Vietnam, Serbia, República Dominicana, Grecia, Bélgica y Singapur. Y aunque la novela “Apartamento con vistas al mar”, que es la esencia del blog, está en su fase final, espero que antes de poner el the end  sea vista por unos cuantos cientos más. 

viernes, 25 de abril de 2014

4.2. Lorena quiere dar el pelotazo

   El apartamento que han comprado Lorena y Sergio todavía tardará bastante en serles entregado, sin embargo la joven piensa en él como si ya lo tuviesen en su poder. Se ha convertido en el principal tema de conversación con su chico, con sus amigas, con cualquiera con el que cruce unas palabras.
- Sergio, me tienes que acompañar a una tienda de muebles que hay en Albalat.  Me ha dicho Anabelén que tiene cosas de lo más guay. Y de paso nos acercamos a echar un vistazo a una exposición de lámparas que hay cerquita para ver si encuentro alguna que quede mona en la terraza.
- Lo que quieras, cariño.
   …..
- Sergio, tesoro, a ver si esta tarde no vuelves a las tantas como acostumbras y me puedes llevar a Gandía. Hay una fábrica de muebles que está haciendo una oferta de mobiliario para comedores que parece que es lo más de lo más.
- Mi vida, si vuelvo tarde es porque tengo que hacer muchas horas extras para poder pagar el apartamento. Por tanto, no te quejes. Y precisamente hoy no va a poder ser. Tenemos que acabar la instalación de un bloque que hay que tenerlo listo para ser entregado antes de que acabe el mes. Tendrá que ser otro día.

   Lorena se ha pateado casi todas las tiendas de muebles de Senillar y de los pueblos vecinos. Ha comparado estilos, calidades y precios, aunque para ubicar todo el mobiliario que piensa comprar tiene un pequeño problema: no acaba de entender el plano y se arma un lío con las medidas. No hay forma de que Sergio le enseñe cómo interpretar el plano que les ha facilitado la vendedora.
- Mira, churri, es fácil. Cada milímetro del plano representa un metro en la realidad. Entonces lo que has de hacer es medir las distancias en el plano y sabrás de cuanto espacio dispones en cada habitación. 
- Bueno, tú como has estudiado lo tienes chupado, pero no es tan sencillo como dices. Por ejemplo: ¿cómo puedo saber el espacio que ocuparán la cama y los demás muebles en el dormitorio?
- Coges el plano, mides la habitación a lo largo, luego a lo ancho y te saldrá el espacio del que puedes disponer para colocar la cama y el resto del mobiliario.
- Eso ya lo hice y me armé un lío que te cagas.  
   A la postre, Sergio ha tenido que elaborar un nuevo plano en el que ha ido dibujando todos los muebles, aparatos y elementos decorativos que la joven está dispuesta a meter en el piso. Son tantos que duda que todo aquello quepa en el espacio más bien ajustado del apartamento, pero no pone pegas. La ve tan feliz e ilusionada que prefiere que todo siga así. Ya llegará el momento de ocupar los metros reales y entonces algo se le ocurrirá. De momento, se contenta con que Lorena esté centrada en el montaje y decoración del apartamento lo que ha hecho que se aparte un tanto de la pandilla de sus amigos de siempre, algo que no deja de preocuparle por la deriva a la que los están llevando.

   Cuando el joven llega a casa aquella noche, Lorena lo recibe excitadísima.
- No sabes de lo que me he enterado. La hija de la Rosita, la amiga de mi madre, ha vendido el piso que había comprado donde nosotros. Le costó treinta y nueve quilos, porque está en un octavo con muy buenas vistas y, ¡fíjate que chollo!, lo ha revendido por cuarenta y uno y medio. Se ha ganado dos millones y medio en unos meses. Y eso sin que todavía nos hayan entregado las llaves.
- Sí que ha hecho un buen negocio – acepta Sergio.
- ¿Tú crees que si pusiéramos el nuestro a la venta nos darían más de lo que nos ha costado? – pregunta una excitada Lorena.
- Pues es posible – contesta Sergio por decir algo.
- ¿Solo posible?
- Mi amor, no lo sé, no puedo saberlo. Y un apartamento, como cualquier otra cosa, no vale lo que pidas por él sino lo que te ofrecen, y no sé cómo está el mercado de segunda mano.
- Nuestro piso no es de segunda mano – salta Lorena como un muelle -. Está sin estrenar.
- Bueno, pues el mercado de reventa o como se llame – responde Sergio en tono conciliador.
- Lo de revenderlo ¿por qué no lo probamos?
- ¿Lo dices en serio o es una de tus bromas?
- Con las cosas del dinero siempre hablo en serio. Si sacáramos dos o tres quilos más de los que nos ha costado, piensa que tendríamos para comprar otro apartamento y, además, el BMW que es mi sueño.
- No creo que eso sea tan fácil como crees. ¿Qué hay de cena? – pregunta Sergio dando fin al tema de la posible venta del apartamento.

   Días después Lorena vuelve a sacar el asunto de la reventa del apartamento:
- Desde que me enteré de lo que ha hecho la hija de Rosita no hago más que darle vueltas a la olla. ¿Tú sabes lo que representaría que pudiésemos sacar dos o tres quilos de más por el piso? Con la de números que sabes, ¿por qué no lo estudias?
- Mira, tesoro, las cosas no son tan simples como crees. Primero habría que encontrar un comprador que estuviese dispuesto a pagar un precio mayor del que nos costó. Luego está el problema de la subrogación de la hipoteca.
- ¿Y eso qué es?
   Sergio le explica en qué consiste la subrogación.
- … y hay un problema añadido. Como nuestra hipoteca la negocié con el director de Cajaeuropa tendría que hablar con él para ver si le mantendría las mismas condiciones al nuevo comprador.
- Pero, ¿los papeles de la hipoteca no están firmados? – inquiere una desconfiada Lorena.
- Sí, pero el director de la caja me dispensó un trato de favor y sería muy descortés por mi parte subrogar la hipoteca sin consultarle.
- Con el palabrerío fino que te gastas, seguro que convences al de la caja y a quien se te ponga por delante.
- Mi vida, no vendamos la piel del oso antes de cazarlo. Ante todo, hemos de pensar muy seriamente si estamos dispuestos a revender el apartamento.
- Si revendiéndolo vamos a ganar una pasta gansa sin mover el culo yo digo que lo hagamos. ¿Sabes cuántas birras tendría que servir para ganar dos o tres quilos?
- Piénsalo bien, amor, no nos precipitemos. Ten en cuenta que si lo vendemos tendrás que volver a patearte un montón de urbanizaciones y remirar pisos y propagandas… En fin, volver a pasar por todo lo que has pasado hasta que encuentres un apartamento que te guste.       
   La última reflexión es la que pone freno a los proyectos de la joven.
- En eso tienes razón. Sería una pesadez volver otra vez al rollo de las visitas y a escuchar los mismos discos de los vendedores. Pero ¿tú sabes lo que supone ganarse dos o tres millones por la jeta? – insiste la joven.
   Como la conversación lleva camino de convertirse en un va y viene sin sentido, Sergio opta por cortarla proponiendo algo que sabe que la contentará por el momento.
- Vamos a hacer una cosa. Deja que hable con el señor Francisco o con Dimas, que entienden la tira de tejemanejes de compraventa de pisos, y les pediré su opinión. ¿De acuerdo, churri?

   Resulta que ni el señor Francisco ni Dimas son tan expertos en el mundo de la compraventa de apartamentos como suponía Sergio, pero el primero le pone en contacto con un buen amigo suyo, un tal Rogelio, que tiene una agencia inmobiliaria y que se las sabe todas sobre el negocio.
- Mira, chico. Si fueras un cliente al uso no te hablaría así, pero como vienes de parte de Francisco, viejo amigo mío, te diré la verdad. El piso que has comprado está mal orientado, el sol de poniente le va a dar casi toda la tarde y eso lo convertirá en un horno. Si no queréis asaros tendréis que terminar poniendo aire acondicionado y eso cuesta una pasta. Aún queda otro aspecto negativo. Está en la primera planta. A pesar de lo que diga el contrato dudo que sea posible divisar el mar desde la terraza. Resultará difícil encontrar un comprador que no sé dé cuenta de esos fallos. De todos modos, si quieres, lo pongo en mi catálogo de ofertas.
   Lo que el de la agencia le acaba de explicar no ha sido ninguna novedad para Sergio, los dos defectos señalados los detectó en cuanto le echó un vistazo al plano general del edificio. No tuvo el valor de decírselo a Lorena.
- Pese a todo eso y, en el supuesto de que lo pusiésemos a la venta, ¿qué plusvalía estima que podríamos sacar?
- En el mejor de los casos, no creo que llegara al medio millón. Y descontando los gastos de papeleo y tramitación algo menos. Pongamos que entre doscientas cincuenta y trescientas mil pesetas.
- Muchas gracias, señor Rogelio. Lo pensaré y, si opto por vender, volveré.