viernes, 6 de septiembre de 2013

2.4. Una chica sin pelos en la lengua

   A la dueña de la peluquería le basta echar una mirada a la aspirante a aprendiza para catalogarla. Tiene ante sí a la clásica chica de pueblo que quiere conseguir algo más en la vida que trabajar de camarera en un chiringuito de playa o limpiar habitaciones en un hotel para guiris. Tiene una cara pícara en la que destacan unos ojazos negros que parecen permanentemente alerta. No está mal de tipo, claro que con diecisiete o dieciocho años que debe contar siempre se tiene buena figura. Precisamente ese el problema, no el tipo sino la edad, es demasiado mayor para aprendiza. De todas formas decide darle una oportunidad, le hace falta personal de cara al verano.
- O sea que nunca has trabajado en una peluquería. ¿Y qué has hecho hasta ahora, estudiabas?
- No. Sólo hice hasta séptimo de EGB y luego me puse a trabajar de camarera en un bar de Benialcaide.
- Es decir, que no tienes el graduado escolar.
- No, únicamente el certificado de escolaridad, pero no creo que para lavar y cortar haga falta ningún título. ¿No te parece?
- No tienes pelos en la lengua, niña. Eso tendrás que corregirlo si quieres hacer carrera.

   El hombre está sentado en la moto. Cuando la chica llega a su altura se limita a tenderle el casco.
- ¿Adónde vamos hoy?
- ¿Adónde quieres qué vayamos, a rezar el rosario?
- ¿Por qué te pones tan borde por una simple pregunta?
- Porque me joden las tías que hacen preguntas cuya respuesta ya conocen.
- Eso quiere decir que vamos donde siempre.
- Estás más buena que el pan, Lorena, pero hay días que estás como atocinada, ¿tú conoces otro sitio mejor para echar un polvo sin que te molesten?
   La mirada de la joven se ha vuelto vidriosa, pero callada y sumisamente se limita a ponerse el casco. La moto arranca dejando tras sí una pequeña polvareda.

   A pesar de su reticencia inicial y ante la falta de personal, la propietaria de la peluquería decide coger a la joven.
- ¿Nombre?
- Lorena Vercher.
- ¿Edad?
- Diecisiete.
- ¿Dónde vives?
- En Senillar, soy de allí.
- Los otros datos te los preguntaré mañana. Ahora atiéndeme. De momento te voy a coger a prueba y, según cómo te portes, ya veré qué hago contigo. Vas a entrar de aprendiza, todo lo que las oficialas te manden lo harás prontito y sin rechistar. Has de venir lo más arreglada posible, repeinada y maquillada. Y lo más importante, debes bailarle el agua a las clientas y ponerles siempre buena cara aunque te suelten alguna impertinencia; ah, y las tratarás de usted y de señora fulana y señora mengana. Como me espantes a una sola clienta con esa lengua de aguarrás que tienes te pondré de patitas en la calle en ese mismo momento, eso que te quede bien claro. Ahora entra en la trastienda, encontrarás una bata azul, te la pones y barres el suelo hasta que quede más limpio que una patena. Vamos, ¿a qué esperas?

   La mujer tuerce el gesto al ver el desordenado estado de la habitación de su hija. Está todo revuelto, la cama sin hacer, un montón de ropa sucia apilada en un rincón y los cajones del armario ropero abiertos y en desorden. Se queda parada y duda si ordenarlo o dar media vuelta y dejarlo tal y como está. Así, en la duda, la encuentra la joven.
- Madre, ¿se puede saber qué haces en mi cuarto?
- Estaba la puerta abierta y he entrado a echar un vistazo – se disculpa la madre.
- Esta es mi habitación y esté la puerta abierta o cerrada da lo mismo, no tienes por qué entrar a fisgar.
- No estaba fisgando. Está todo manga por hombro, Lorena – se lamenta la madre -. ¿No te molesta vivir en medio de este desorden, que más parece un campamento de gitanos que otra cosa?
- Es mi cuarto y las cosas están como quiero que estén. Y no te metas en mi vida que yo tampoco me meto en la tuya.
- Esa no es manera de hablarle a tu madre.
- Hablo como me da la gana y como me habéis enseñado, no sé de qué te quejas.

   Las jovencitas están sentadas en uno de los bancos del paseo comiendo pipas cuyas cáscaras van formando un discontinuo tapiz en el suelo.
- ¿Y qué tal es el curro, Loren?
- Pse, no es lo que creía. De momento me estoy hinchando a barrer, limpiar y hacer recados. Todavía no he tocado una sola cabeza.
- Es que tendrías que haber ido al establecimiento de la esteticién que te dije, con ella aprenderías a maquillar, a depilar, a limpiar cutis y a un montón de cosas de lo más guay.
- Oye, ¿y pillas buenas propinas? – se interesa otra.
- Las propinas van a un bote común y las reparte la bruja de la dueña. Casi todo es para las oficialas, a mí me llega una miseria. No sé si voy a aguantar mucho en esa mierda de curro.
- Dejaros de chorradas del trabajo y mirar quien viene por ahí, el cachas del Pancho, cada día está más bueno. ¿Os imagináis qué clase de chirimbolo debe gastar?
- A mí me no importaría que me hiciera una demostración.
- Mariasun, eres una salida, siempre piensas en lo mismo.
- Lorena, no sé por qué te metes conmigo, como tú estás bien servida nos llamas salidas a las demás. No todas tenemos a un Maxi siempre dispuesto a darte un revolcón.
- Mira quien fue a hablar, como si tú no te apañaras con Facundo – mete su cuarto a espadas otra de las amigas.
- Con Facundo y con quien se tercie – remacha Lorena.

martes, 3 de septiembre de 2013

2.3. ¿El Papa es católico?

   Como temía Agustín Badenes, el  subdirector que coordina las sucursales de Cajaeuropa no ha dado señales de vida, por lo que le resulta más gratificante el hecho de que, una vez concluida la olimpiada de Barcelona, reciba una llamada de Gaspar Moltó, irá a Senillar para inspeccionar la situación del litoral.

   La primera impresión que recibe el jefe del servicio de estudios de la caja es idéntica a la imagen que guardaba en su memoria: es una playa más bien pequeña delimitada por unos cordones dunares de cantos rodados y con una modesta hilera de edificaciones. La percepción es la misma que antaño, pero ahora la ve con ojos distintos pues su experiencia  en el negocio inmobiliario y, por ende, en la conversión de terrenos rústicos en urbanos ha crecido exponencialmente.  Allí hay un importante negocio en perspectiva. Sólo falta que alguien le dé el primer empujón y ese alguien va a ser él. Hace tiempo que ha decidido pasar al área ejecutiva, que es donde se ventilan las grandes operaciones y donde se puede ganar dinero de verdad, y éste puede ser el asunto que le sirva de trampolín. Habla con su consejero delegado, le cuenta la probabilidad cierta de que en la costa senillarense existe un potencial negocio de muchos quilates, le persuade y consigue que pongan en sus manos la dirección del posible proyecto. De momento ya tiene algo ganado: lo han trasladado a la línea ejecutiva y lo han nombrado director general adjunto para las operaciones del litoral mediterráneo.

   Moltó comienza contactando con la empresa Zallera, con la que la caja ha hecho negocios en los últimos años con excelentes resultados, pero la constructora está metida de lleno en la urbanización del sector norte de Altea y hasta que no termine esa obra sus directivos no quieren acometer nuevos proyectos. Por unas u otras causas, sigue recibiendo negativas de la media docena de empresas con las que contacta. A ninguna de ellas ha llegado a darles información concreta, ni siquiera les ha mencionado Senillar. Tras los fallidos intentos decide hablar con la gente de BACHSA,  es una de las empresas promotoras y constructoras más agresiva de la zona, y con la que la caja ha hecho pingües negocios, pero que últimamente está operando más con Bancaja que con ellos. Por ese motivo no ha sido su primera opción. Piensa que si sabe venderles el producto puede ser el anzuelo que los haga volver al redil.

   Moltó concierta una reunión con el directorio de BACHSA.  A la invitación del banquero asisten los pesos pesados del consejo de administración de la compañía: Oriol Bricart, Juan Antonio Cardona y Rodrigo Huguet. Sólo falta Íñigo Arechabaleta  que es a quien primero citan sus socios:
- Íñigo te ruega que lo excuses. Acaba de fallecer su suegro y ha tenido que desplazarse a Bilbao.
   Tras un almuerzo espléndido, una vez encendidos los Cohibas y paladeado el licor que cada uno ha escogido, el banquero entra en faena.
- Bueno, contadme, ¿cómo va la última promoción de Benialcaide?
- Viento en popa, tenemos más de un sesenta por ciento vendido y según las estimaciones del jefe de ventas a mediados del próximo año se habrá liquidado toda la promoción – Quien contesta es Bricart.
- ¿Y cuál es el siguiente proyecto que pensáis acometer?
- Todavía no lo hemos decidido porque tenemos un problema. Ya no queda suelo que esté razonablemente cerca del mar o, en el peor de los casos, que sean terrenos sin grandes pendientes. Construir en la falda de esos cerros encarece la obra notablemente y eso se nota en el margen bruto de explotación, como en la caja sabéis muy bien. Estamos buscando nuevo suelo porque la comarca está al límite de sus posibilidades. Y encima los precios de los solares se han puesto por las nubes – se lamenta Huguet. 
- Precisamente, de eso quería hablaros, de posible suelo urbanizable.

   Es oír suelo urbanizable y casi se puede ver como las antenas mentales de los empresarios se despliegan en toda su extensión. El cambio de actitud muestra claramente que el tema les interesa sobremanera.
- Tengo una información – prosigue el banquero - que considero extremadamente interesante y quiero que seáis los primeros en conocerla. Confío asimismo que sabréis valorarla como prueba incontestable de la consideración que nos merecéis… - hace una pausa para poner en valor lo que va a decir a continuación -. Se podría planificar una promoción urbanística que dejaría en mantillas a todo cuanto se ha edificado en la comarca, que digo en la comarca, en la región en los últimos diez años. Porque no se trata de unos terrenos sin más, sería la urbanización global de unos ocho kilómetros de costa que a fecha de hoy están disponibles.
- Nos estás poniendo los dientes largos. Danos más detalles – pide Cardona.
- Antes de entrar en pormenores quiero dejar sentada una premisa. El proyecto, que como os digo puede ser una mina de oro, se llevará adelante con la financiación de Cajaeuropa o no habrá proyecto. Lo digo porque últimamente nos habéis puesto los cuernos con la competencia. De hecho, mi consejero delegado no era nada partidario de esta cita, he tenido que forzarle para conseguir su plácet – alardea el banquero.
- Hombre, Gaspar, ni lo pongas en duda. Siempre hemos hecho excelentes negocios y no veo por qué ahora no va a ser así – apunta Huguet.
- No lo pongo en duda, pero es mejor dejarlo todo claro desde el principio – precisa Moltó.
- Por supuesto, Gaspar, por supuesto – asegura Bricart.
- Y dejarlo todo claro supone que, antes de entrar en detalles, hemos de hablar del bonus – puntualiza el banquero.

   Es hablar de bonus y un inesperado silencio se adueña de la reunión. Los directivos de BACHSA se miran entre sí como si no tuvieran claro quien contesta a Moltó. Al final, es Bricart quien pregunta:
- ¿Al hablar de bonus te refieres a la caja o a ti?
- Oriol, eso es como preguntar si el Papa es católico – responde con sorna Moltó.
- Gaspar – Ahora el interviniente es Cardona -, no creo que vaya a haber ningún problema en primar adecuadamente tu actuación siempre que se cumplan los objetivos que se planifiquen.
- Secundo lo que acaba de afirmar Juan Antonio – asegura Huguet -, pero estamos hablando en el vacío. Todavía no nos has facilitado ningún dato sobre ese presunto filón.
- Si tengo vuestra palabra sobre mi participación… - El banquero interrumpe su exposición para mirar a los empresarios quienes asienten, luego prosigue -, me basta. Os cuento, se trata de Senillar, allí hay, usando la misma expresión de Rodrigo, un filón sin explotar en forma de mucho terreno virgen pegadito al mar.
- ¿Has dicho Senillar? – pregunta sorprendido Bricart.

domingo, 1 de septiembre de 2013

VOLVIÓ SEPTIEMBRE

Se fue agosto, volvió septiembre, y el blog retorna a su ritmo habitual, dos entregas semanales: martes y viernes.
Acabamos el Libro I de la novela, Los despojos, y comenzamos el II, El origen. En él narraremos como eran y qué vida llevaban los personajes de la novela antes de la eclosión del boom del ladrillo.      
Novelaremos las maniobras, los intereses y las intrigas que llevaron a urbanizar una costa que, hasta ese momento, era virgen.
Relataremos, asimismo, como la codicia hace venales a los políticos y más ricos de lo que ya eran a los corruptores.

jueves, 29 de agosto de 2013

2.2. Yu, es ei

   Sergio Martín, estudiante de FP, ha invitado al cine a Maripili, la jovencita con la que ha salido unas cuantas veces y de la que cree estar enamorado. Hasta ahora la relación ha discurrido por la senda de la más estricta mojigatería. Él no se atreve a propasarse y ella no parece ofrecer ninguna puerta abierta a más contactos que ir cogidos de la mano. Hoy, como es la última salida antes de partir ambos de vacaciones, Sergio está decidido a que pase algo más. En un momento de la sesión deja su mano, como al desgaire, encima de la rodilla de la muchacha que no dice nada ni siquiera parece que se le altere el pulso, pero cuando, envalentonado por el silencio, comienza a acariciarle el muslo, ella, con suavidad pero con firmeza, retira su mano. Ahí se terminan todas las esperanzas del chico de conseguir algo más, por eso su sorpresa es mayor cuando, al despedirse, la muchacha le planta un cálido beso y su lengua busca la suya. El chico sale disparado y hecho un manojo de nervios, tiene una aparatosa erección que su fino pantalón de verano no consigue enmascarar, en cuanto llega a casa se encierra en el baño y se masturba compulsivamente.

   La mañana del dos de agosto Sergio sólo puede despedirse de Joaquín, es el único de sus amigos que todavía está en Madrid, él se va al día siguiente al pueblo.
- ¿Y cómo dices que se llama? – quiere saber Joaquín.
- Senillar, es el pueblo de mi madre, está en la provincia de Valencia casi haciendo frontera con la de Alicante. Antes pasábamos una quincena en Benialcaide que está al lado, pero como el año pasado murió la abuela iremos al pueblo y así haremos compañía a mi abuelo.
- ¿Y qué tal es, hay mucha movida?
- ¿Movida? No saben ni de qué va eso. Debe de ser uno de los pueblos más aburridos del mundo mundial. Mira si es muermo que me llevo el manual de inglés técnico de grado superior para ponerme al día de cara al próximo curso.
- Algo bueno tendrá; vamos, digo yo.
- Lo único que tiene medio pase es la playa, pero no vayas a creer que es porque haya mucha tía buena en bikini, de eso nada. Sólo se ven familias con críos y viejos. Al menos es lo que yo recuerdo de algunas vacaciones que pasé cuando era niño.
- En las playas y en verano es fácil ligar o sea que no te quejes. Oye, ¿te despediste de Maripili? – pregunta el amigo con una sonrisa pícara. Y ante la muda afirmación de su amigo vuelve a peguntar - ¿Ya te la has trajinado?
- Oye, tío, no te pases. Maripili es una chica decente, no como esas calientabraguetas con las que soléis salir.

   Al atardecer de ese mismo día Sergio está pegado al televisor. El equipo norteamericano de baloncesto está ofreciendo un espectáculo inenarrable, por algo lo apodan el dream teame. El chaval es buen aficionado al deporte de la canasta. Su padre le prometió que si sacaba todo el curso en junio irían unos días, más no podían permitírselo, a Barcelona a ver los juegos. No sólo aprobó, sino que sacó unas notazas. La promesa paterna no pudo cumplirse, el billetaje para ver in situ los encuentros de los olímpicos yanquis estaba agotado hacía tiempo. Le hubiese encantado verlos en directo, pero ha de contentarse en seguir a sus ídolos por televisión. Hoy es el encuentro entre americanos y españoles y las gradas del pabellón olímpico de Badalona se llenan de gritos de aliento para ambos equipos, lógicamente son más numerosos los aficionados hispanos aunque de vez en cuando se oye el grito de yu, es, ei.
- Sergio, ¿qué es eso que gritan? – quiere saber su padre que, aunque no es fan del baloncesto ya que lo suyo es el fútbol, también está viendo el partido.
- Son las siglas de Estados Unidos en inglés.
- Tenemos muy buen equipo, igual les damos un susto a los americanos.
- Papá, ¿estás de broma? Como no se quede manco medio equipo no les va a ganar nadie y aun así habría que verlo. Tienen el mejor conjunto del mundo: Magic Johnson, Jordan, Larry Bird, Pat Ewing…

   La madre interrumpe por un momento la charla entre padre e hijo para conminarles:
- Os recuerdo por última vez que mañana nos vamos al pueblo y ninguno de los dos habéis hecho vuestro equipaje. Esta noche sin falta ha de estar todo empacado.
- Tranquila, mujer, tranquila – la calma su marido.  
- Todo lo tranquila que quieras, pero al final tendré que ser yo quien haga las maletas – refunfuña la mujer.
- Mamá, te prometo que en cuantito acabe el partido la mía la hago en un momento y no es necesario que recojas mi habitación que ya me encargo yo.
- A ver si aprendes de tu hijo, marido.

   Cuando la madre desaparece en la cocina, el padre comenta:
- No te molestes en hacer la maleta, ya la hará tu madre como todos los años.
- Eso no es justo, papá, la mamá se lo carga todo. Tiene que dejar la casa recogida, llevar el canario a casa de la señora Jacinta para que lo cuide durante agosto, escoger la ropa vieja que llevará al pueblo para que la usen los tíos en el campo y, encima, hacer nuestras maletas. No, no me parece justo. Creo que deberíamos echarle una mano.
- Hijo, los hombres tienen la obligación de traer pan a casa y la de la mujer es cuidar que se pueda comer en el suelo si fuera menester.
- Papá eso que dices son conceptos del tiempo de Maricastaña. Las mujeres tienen los mismos derechos y obligaciones que los hombres.
- ¿Pero se puede saber de dónde sacas esas ideas tan raras? 

miércoles, 21 de agosto de 2013

LIBRO II. EL ORIGEN. 2.1. Si la montaña no viene…

   Agustín Badenes, el taimado y maniobrero director de la sucursal de Cajaeuropa en Senillar, hace tiempo que ha pedido una entrevista con el subdirector que coordina la gestión de la sucursales de la entidad.
- Dispongo de poco tiempo, Agustín, por tanto te ruego que vayas directamente al grano – Da la impresión de que el subdirector no está dispuesto a perder mucho tiempo con el encargado de una de las agencias a su cargo de menor importancia.
- Entendido. Sé por mis colegas de Albalat y Benialcaide que en ninguna de ambas localidades queda suelo urbanizable que esté a una distancia razonable de la costa. Por eso te pedí está cita. Tengo una idea que puede ser muy, pero que muy rentable para nuestra entidad.

   El subdirector espera que el empleado continúe su exposición, pero éste no da la impresión de que tenga ninguna intención de hacerlo.
- ¿Me vas a hacer el honor de hacerme partícipe de esa idea tan rentable o esperas que se reúna el consejo de administración para contársela? – El tono del subdirector rezuma sarcasmo. Piensa que Badenes es uno más de los muchos directores de agencias locales que siempre creen que han encontrado en sus pagos un nuevo El Dorado.
- Perdón. Se trataría de construir en Senillar. Creo que el pueblo puede ser un nuevo filón urbanístico de extraordinaria rentabilidad.
- ¿Construir en Senillar? – La sorpresa del subdirector no parece fingida -. Agustín, no pretendo echar por tierra tu iniciativa, pero dudo de que ese pueblo pueda ser un filón de algo, es una localidad que si no muerta, sí está comatosa. Me remito a los balances anuales que presentas.
- Precisamente ese sería uno de los muchos datos que iban a cambiar radicalmente. Si se lleva adelante lo que propongo el movimiento de la oficina crecería exponencialmente. Por eso me permito insistir. Opino, mejor dicho, estoy convencido de que tenemos ante nosotros una operación que nuestra entidad no debe perder.
- ¿En qué te basas para estar tan seguro de tu propuesta? -   El subdirector está un tanto perplejo ante la insistencia de su subordinado. Lo tiene por un hombre más bien mediocre, el clásico empleado que culminó sus expectativas de éxito al ser promocionado a director de una sucursal, de escaso volumen de operaciones por cierto. Desconoce que quien considera como anodino empleado tiene un motivo muy poderoso qué le lleva a ser reiterativo en su petición.
- Me baso en que se podría planificar una promoción urbanística que dejaría en mantillas a todo cuanto se ha edificado en la comarca, que digo en la comarca, en la región en la última década, estoy hablando de la urbanización global de unos ocho kilómetros de costa que a fecha de hoy están vírgenes - afirma muy convencido Badenes.
- Envíame un informe y lo pasaré a la gente de estrategias. En su momento te mantendré informado. Y ahora me disculparás, pero tengo una agenda muy cargada – El subdirector se levanta dando por terminada la entrevista.

   Badenes no esperaba demasiado de la entrevista, pero aun así sale decepcionado. Por lo que sabe de su superior tiene la sospecha de que su propuesta terminará en el archivo al que van a parar los estudios y proyectos que jamás verán la luz. Va a tener que poner en marcha el plan B. Solicita ser recibido por Gaspar Moltó, subdirector encargado del servicio de estudios. Todos los que le conocen lo definen como un hombre brillante, perspicaz y con una sólida preparación, no en balde estudió en la californiana universidad de Stanford. A los pocos días Badenes es convocado. Tras las pertinentes presentaciones, ambos bancarios no se conocían, el director de la sucursal entra sin más preámbulos en el meollo del asunto.
- … y no estoy hablando de una urbanización más, sino que se trataría de urbanizar de forma global unos ocho kilómetros de costa que a día de hoy están vírgenes.

   Lo de los ocho kilómetros de costa virgen despiertan el interés del directivo. Sabe que algo así es poco menos que insólito a lo largo del saturado litoral mediterráneo.
- A ver, dame más detalles.
- En la playa del pueblo sólo hay una fila de casitas de una o dos plantas, una docena de bloques de entre cuatro y seis alturas y un puñado de chalés. Todo sumado muy poca cosa. En primera línea queda todavía una gran cantidad de terreno sin explotar y no digamos detrás, hay muchísimos millones de metros cuadrados de terreno esperando que alguien los urbanice.
- ¿Y por qué hasta ahora nadie ha descubierto un territorio tan prometedor? – inquiere un todavía escéptico Moltó.
- Las causas son varias. A mi juicio la dos más decisivas han sido que, al estar ubicado entre dos poblaciones tan conocidas turísticamente como Albalat del Mar y Benialcaide, el pueblo quedó como el patito feo de la comarca; la otra es que tanto los empresarios locales como las autoridades municipales no han hecho nada para promocionar su costa, más bien se diría lo contrario. El resultado es que nuestra playa apenas si recibe unos pocos cientos de visitantes, domingueros en su mayoría.
- Recuerdo haber estado en Senillar en una ocasión y, si la memoria no me falla, es una playa no demasiado grande y llena de cantos rodados. Eso tiene escasas perspectivas de promoción – opina Moltó.

   Badenes rebate la negativa opinión de su superior con una pregunta retórica:
- ¿Quieres que hagamos la relación de importantes núcleos turísticos cuyas playas son malas de solemnidad?
- Eso es cierto, lo admito, pero hay otro interrogante que sigue presente: ¿quién diablos ha oído hablar de Senillar? Tendrá una costa virgen y una playa sin bañistas, pero vender un producto absolutamente desconocido puede resultar todo un problema y muy costoso financieramente – afirma Moltó.
- No tanto si se monta una buena campaña de marketing. Además, no se trata sólo de la playa, el pueblo tiene una auténtica joya, una zona de marjales en el que se podría construir un puerto deportivo interior y a su alrededor una ciudad residencial, también se podría montar un campo de golf... Tiene muchas más posibilidades de las que aparenta. Creo que no perderías nada si le echaras un vistazo – reitera Badenes.
- Es posible que tengas razón. De todas formas hasta que no terminen las obras para la olimpiada de Barcelona no vamos a acometer nuevos proyectos.
En cualquier caso, te prometo que en septiembre visitaré Senillar y estudiaremos su potencialidad. Admito que una costa virgen se merece algo más que un vistazo.
- De todas formas, si no puedes desplazarte personalmente podrías mandar a alguien del departamento de…
- No insistas, Agustín – le ataja el directivo al tiempo que se levanta -, después de la olimpiada hablaremos.

   En su viaje de vuelta a Senillar, Badenes va jurando en arameo. Piensa que los mequetrefes de la dirección le van a chafar el negocio de su vida. Antes de llegar al pueblo ya se ha calmado y se dice que aquello no ha sido más que el primer asalto, que el combate será largo, pero que no está dispuesto a perderlo aunque lo gane sólo a los puntos. Si el tontaina del subdirector de sucursales no le contesta, cuestión más que probable, y el estirado del departamento de estudios no le llama tras el fin de la olimpiada, algo que también puede ocurrir, tendrá que tomar otras medidas. Si creen que aquello se ha terminado están muy equivocados. Si es necesario cambiará su trabajo en Cajaeuropa por otro, pero el negocio de sus sueños no se lo van a escamotear. Y como para autoafirmarse en su plan exclama en alta voz:
- Si la montaña no viene a Mahoma… 

miércoles, 14 de agosto de 2013

1.24. ¿Me pides que haga flash-back?

   El profesor Tormo y los informadores, que están rematando el reportaje, toman las últimas copas en un bar del pueblo antes de decirse definitivamente adiós. Un hombre, que rezuma una mezcla de miseria y dejadez, entra, pide una caña en la barra, se la toma con avidez, paga y sale como entró.
- Ahí tenéis uno - dice Tormo señalando al que acaba de irse - de los muchos ejemplos de la locura que contagió a alguna gente de Senillar. El tipo que acaba de salir trabajaba en la gasolinera de Arbós, la que hay a la salida del pueblo. Tenía un par de campitos de mala muerte en los que plantaba hortalizas y legumbres para el consumo de casa. Un buen día por uno de ellos, una finca de secano, le ofrecieron algo más de cincuenta millones de pesetas. La vendió, dejó el trabajo en la gasolinera, se compró un BMW y se dio a la gran vida. Al poco tiempo se divorció y se lió con una camarera de un puticlub de Albalat que en unos años lo desplumó y luego lo abandonó. Como acabó el fulano en cuestión acabáis de verlo.
- ¿Hay muchos casos así? – pregunta el reportero.
- Pues no los he contado, pero aquí el promedio de tontos es similar al del resto del país por lo que tú mismo puedes echar la cuenta – contesta con sarcasmo Tormo.
- Oye, Pascual, me suena mucho el apellido Arbós, ¿de qué será? - inquiere el fotógrafo.
- Te suena de la operación Tornasol - le aclara su compañero -. Los medios le dimos amplia cobertura y fue noticia de primera plana muchos días. Nuestra revista publicó varios reportajes sobre algunos de los imputados.
- Ah, claro. ¿Ese Arbós no tuvo algo que ver con la mafia calabresa?
- Eso se dijo, pero ni la fiscalía ni el juez instructor han podido probarlo hasta el momento, aunque las lenguas de doble filo, que aquí las hay a puñados, afirman que ciertos son los rumores - apunta Tormo que aclara -. En aquellos años de vértigo se rumoreó insistentemente que muchos de los negocios previstos o en ejecución tenían como una de sus finalidades blanquear dinero del narcotráfico y de la trata de blancas y que detrás de todo el tinglado estaba la mafia. Unos que si la siciliana, otros que la ndrangheta, había quien decía que era la camorra, hasta no faltaba quien lo atribuyese a la mafia rusa. No pondría la mano en el fuego de que parte de aquellos chismes no fueran ciertos, pero tampoco veo a José Ramón Arbós como una especie de padrino local. Le faltaba, y le sigue faltando, coraje y crueldad, aunque sí tuvo la suficiente astucia para hacerse más rico de lo que ya era. Pese a todo, al final de la historia terminó siendo uno de los paganos, aunque el proceso sigue abierto y sabe Dios cuando puede terminar con lo lenta que es la justicia en estos pagos.
- No dices que se hizo más rico aún, ¿entonces qué platos rotos pagó? - inquiere curioso el fotógrafo.
- Los que se supone que aparecerán cuando se sustancie la operación Tornasol, que fue donde la justicia lo engatilló, pese a que más de uno en el pueblo piensa que terminará yéndose de rositas. Aunque un cuñado suyo me contó un día que estábamos de copas algo curioso, dice que está muerto de miedo de que le pueda pasar algo. De hecho, apenas si se le ve por el pueblo, sale muy poco de casa, sólo los días uno y quince de mes cuando ha de presentarse en el cuartelillo de la guardia civil. Ya veis para qué puñetas le sirve el dinero - remacha Tormo.
- Creo recordar que también estuvo metido en lo de La Marina - evoca el periodista.
- En lo de La Marina y en todos los planes y proyectos que se movieron en el pueblo en los últimos veinte años - sentencia Tormo -. La gente como Arbós y como todos los de su calaña son los causantes de que en Senillar no solamente haya cambiado el paisaje sino también el paisanaje.
- ¿Y todo ese cambio de paisaje y de paisanaje en cuantos años se llevó a cabo? – se interesa el reportero.

   Tormo entrecierra los ojos mientras trata de recordar las fechas.
- Unos dieciocho años.
- O sea, que la historia de la evolución de Senillar ha ocurrido en algo menos de dos décadas. No es mucho tiempo – se sorprende el periodista.
- En efecto, no es mucho – acepta Tormo -, pero, como sabes, la dimensión temporal de los humanos no siempre discurre de forma lineal, sino que se contrae o se dilata en función de los sucesos que les afectan. Y aquí han pasado tantas cosas en las dos últimas décadas que si las tuviera que poner negro sobre blanco necesitaría muchas páginas para hacerlo.
- ¿Y exactamente cuándo y cómo empezó todo?
- ¡Buf! – resopla Tormo -. ¿Me pides que haga una especie de flash-back? Casi nada. Tendría que retrotraerme al curso noventa y dos noventa y tres.


miércoles, 7 de agosto de 2013

1.23. Operación chatarra

   Bachir ha llevado a Sergio a que conozca a sus amigos. Se trata de un grupo de norteafricanos, casi todos marroquíes salvo un par de tunecinos. La primera conclusión que saca Sergio es que no parece que el grupo se dedique al narcotráfico pues van todos pobremente vestidos y no se les ve ninguna de las joyas a las que tan aficionados son los narcos: ostentosos anillos, recargadas pulseras, aparatosos relojes y demás signos de opulencia. Si algo los hermana, además de su desaliño indumentario, son las frondosas y descuidadas barbas que todos lucen y que les asemeja más a un grupo de islamistas que a otra cosa.

   Con un florido parloteo y dando muchos rodeos, el que parece que lidera el grupo de magrebíes, un tal Abdelhakim, le pide a Sergio, en un excelente español pues es originario de Melilla, que quiere que les ayude. A falta de otra clase de trabajo se dedican a recoger chatarra.
- ¿Me necesitáis para recoger chatarra? – se extraña Sergio.
- Para recogerla no, para venderla – Es la respuesta de Abdelhakim -. Los chatarreros no se fían de nosotros, dicen que la robamos. Nos ven como a extranjeros, pobres y encima africanos, por eso desconfían de nosotros, nos ponen muchas pegas y nos hacen mil preguntas. Todo ello les sirve como excusa para pagarnos una miseria. Hemos llegado a la conclusión de que si en el grupo tuviéramos un español, que fuera el que tratara con ellos, conseguiríamos mejores precios.
- ¿Y por qué yo y no otro? – recela Sergio.
- Porque Bachir nos contó que sabes de cuentas, que eres honrado y buena persona y, lo más importante para nosotros, que tratas a los africanos con el mismo rasero que a tus compatriotas.
   A Sergio le ha complacido la respuesta del líder del grupo de magrebíes por lo que su siguiente pregunta tiene un cariz muy distinto:  
- ¿Y se saca mucha pasta?
- Depende de lo que se encuentre - explica el marroquí -. La que está mejor pagada es la chatarra metálica, especialmente el cobre, pero no le hacemos asco a nada con lo que podamos ganar unos euros. Ah, lo que sacamos lo repartimos a pachas, salvo una parte que se la enviamos a nuestro imán.

   Sergio no lo piensa más y acepta. Hay mucha gente que se dedica a recoger chatarra y desperdicios de toda laya. Cuando se lo cuenta, Lorena también lo anima a echarles una mano a los moros, si se gana unos talegos les vendrá de perlas.
- Supongo que les habrás dicho que sí.
- Pues claro, pero no estoy demasiado seguro de que se pueda conseguir un buen dinero con semejante tarea.
- Mi abuela María solía repetir que poco da hilar, pero menos mirar. Y entre estar tocándote las pelotas o de cháchara con los jubilatas y buscar chatarra algo sacarás.
- Razón tienes. Será cuestión de probar.

   En la primera salida, una noche cerrada, se dirigen a un solar vallado con tela de alambre en la que con una cizalla hacen un boquete para entrar. El hecho pone en guardia a Sergio y por un momento duda si continuar con el grupo, termina encogiéndose de hombros y penetra en el vallado. En el centro de la parcela se yergue el armazón de un edificio y una grúa como solitario centinela que lo vigila desde lo alto. No encuentran muchos residuos metálicos, en cambio hay unas cuantas viguetas de hormigón, un montón de rasillas y un contenedor con algo menos de media carga de ladrillos. Uno de los magrebíes musita algo al oído de Bachir que lo traduce a Sergio:
- Que volver con furgona a recoger - y señala el material esparcido.

   En la siguiente noche, el grupo, con Sergio ya integrado como uno más, vuelven a bordo de una cochambrosa furgoneta en la que cargan los materiales esparcidos por el solar. La operación reporta al grupo de chatarreros una buena cantidad. Sergio vuelve a casa alborozado y muestra a Lorena los billetes.
- De puta madre, vete adónde el Perchas y compra una cajeta de maría, unas papelinas y trae algo de alpiste que estoy seca. Ah, ten cuidado, no vayas de gilí y te endiñe de la de alfalfa, y si sobra compra algo para echarle un muerdo.
- No creo que alcance para papelinas – precisa Sergio que, en cualquier caso, no tiene intención de comprarlas.

   Días después realizan otra salida. En esta ocasión es al punto limpio de la localidad. La valla que lo circunda es alta y sólida, pero la cizalla cumple su función y la franquean sin problema. Comienzan a rebuscar en los contenedores. Uno de los norteafricanos señala el depósito de electrodomésticos, lo abren, está medio lleno de aparatos en desuso. Abdelhakim dice algo en voz queda que Bachir traduce a Sergio:
- Dice que volver mañana con furgona.
   El grupo sigue buscando sin preocuparse demasiado de dejar rastro de su paso. Uno de los magrebíes da una patada a un pequeño bidón de plástico que al volcarse derrama parte del aceite que contenía y que le deja las zapatillas pringosas. Abdelhakim le hace un gesto conminatorio como reprendiéndolo. Cuando ya no encuentran más chatarra útil, el grupo, con el mismo sigilo que llegó, sale del recinto no sin antes recomponer malamente con un alambre el corte hecho en la valla.

   Al día siguiente, el grupo vuelve al punto limpio con la misma y oxidada furgoneta de la otra vez. Intentan entrar por donde el día anterior, pero han reparado la tela metálica. Como no traen la cizalla, saltan la valla y van directamente a por el contenedor de electrodomésticos. Cuando más enfrascados están en la búsqueda, inesperadamente se encienden los focos que iluminan el recinto y unos guardias municipales esgrimiendo sus defensas se precipitan hacia ellos conminándoles a grito pelado a que no se muevan. Abdelhakim pega un bramido que el resto de magrebíes se apresura a obedecer. A Sergio no le hace falta que se lo traduzcan, se trata de salir del lugar lo más aprisa posible antes de que se convierta en una ratonera.

   Sergio se trastabilla, lo que hace que sea el último en llegar a la valla, cuando está a punto de coronarla uno de los municipales lo prende por un pie y tira de él. Sergio forcejea tratando de soltarse.