sábado, 16 de noviembre de 2024

Libro IV. Episodio 74. Eloísa ha visto lo que no debía

   En el Ebro, ante la dificultad de contener la avalancha republicana, los nacionales trasladan unidades con la mayor rapidez posible y, al tiempo, paralizan sus operaciones en el frente de Levante, con lo que los republicanos logran uno de sus objetivos. Pese al inicial éxito, se incrementan los problemas que tienen los republicanos de aprovisionamiento, debido a la respuesta de los nacionales que, tras el shock inicial, se atrincheran en torno a unas cuantas poblaciones y ofrecen tenaz resistencia. También ayuda la intervención de la aviación nacionalista, especialmente de la Legión Cóndor. Su acción no encuentra otra respuesta que la de la escasa artillería antiaérea republicana, ya que su aviación, inexplicablemente, tarda más de dos días en actuar.

   A bordo del Canarias el comandante Yela ha organizado una especie de seminario para seguir día a día el desarrollo de los combates en el Ebro. Lo primero que admite es su sorpresa ante el cruce del río.

   -La operación del paso del Ebro constituye un hecho audaz y sorprendente, ya que en los tratados de táctica militar los ríos caudalosos como el Ebro son considerados poco menos que barreras infranqueables.

   -¿Y cuál es la situación actual, comandante?  

   -El avance de los republicanos se está topando con muchas dificultades. Por ejemplo: para pasar los pesados tanques rusos T-26 será necesario hacerlo por un puente de hierro y su construcción requerirá tiempo. Otro problema que tienen los rojos es la apertura por nuestras tropas de los embalses de Tremp y Camarasa que ha provocado una gran crecida del río, arrastrando hombres y vehículos, y destruido pasarelas por la fuerza del agua y por el choque de troncos con explosivos adosados. Además, pese a que los republicanos han establecido con rapidez unas cabezas de puente, su infantería avanza a pie, por la escasez de camiones, en un terreno escarpado y bajo un sol inmisericorde. Han llegado a las afueras de Gandesa exhaustos y, lo que es peor, sin contar con artillería ni carros, por lo que han detenido el avance y han comenzado a cavar trincheras. O sea, que de atacar han pasado a defenderse.

   En Madrid, Pilar y Luis siguen con su particular romance. Cada vez son más atrevidos y toman menos precauciones respecto a que puedan ser descubiertos por los Carreño. Hoy están planeando realizar una idea que hace mucho que están madurando: llevar a Paca a uno de los teatros abiertos en la ciudad.

   -¿Tú crees que le gustaría una obra como El alcalde de Zalamea? Creo que sigue en cartelera –sugiere Verdú.

   -A la Gorda lo que le priva es el cante. Se conoce de memoria las coplas que cantan Conchita Piquer, Angelillo, Imperio Argentina o Estrellita Castro.

   -Compraré El Sol y miraré la cartelera a ver qué ponen.

   Al día siguiente la información que aporta Luis no vale gran cosa.

   -Hay un café cantante en el que actúa El Chato de Las Ventas, pero no sé si le gustará, en cambio en la cartelera cinematográfica hay algo más de variedad. Destacan sobre todo dos pelis muy distintas: una es Morena Clara, de Imperio Argentina, y la otra Los marinos de Kronstadt, una rusa.

   -Huy, el rollo ruso no le va a ir nada. En cambio, Morena Clara seguro que le gustará. Imperio Argentina es una de sus artistas preferidas, se conoce de memoria la letra de todas sus canciones, desde La copla de los Piconeros a El relicario.

   -Voy a sacar entradas porque la sala Rialto se llena todos los días.

   -Procura que sea un domingo. Oye, ahora que recuerdo, ¿pero esa peli no fue prohibida a raíz de la toma de partido por el bando franquista del director de la peli y de la propia Imperio Argentina?

   -Sí, pero el gobierno, a fuer de pragmático, ha aplicado lo de panem et circenses.

   A Paca, que la hayan invitado al cine lo ha agradecido más que si le hubiesen dado mil pesetas, y nada menos que para ver a Imperio Argentina, una de sus artistas favoritas. Tan es así que, en un momento de la proyección, cuando la artista, junto a Miguel Ligero, entona La falsa monea, Paca también la tararea hasta que de la fila de atrás alguien sisea pidiendo silencio. Como a Pilar la película no le dice gran cosa, en un momento dado recuesta la cabeza en el hombro de Luis que al sentir el rostro de su amada tan cerca no puede contenerse y le da un cálido beso al que la mujer responde con la misma pasión. Paca lo ha visto y se ha hecho cruces: estos están liaos, piensa, quién lo iba a decir, la Pilar con un casao; como se entere el señor Julio la echa de casa.

   Los enamorados no pueden estar ajenos a lo que ocurre, porque la batalla del Ebro ocupa las primeras planas de los rotativos y las primicias de los noticiarios radiofónicos. A pesar de ello, la pareja sigue a lo suyo y hacen planes para un futuro que les parece cada vez más lejano. Quizá por eso, les importa un pito el qué dirán y cada día ocultan menos su relación, aunque Pilar procura que su familia no se entere, pues tampoco desea hacerles sufrir, porque es consciente de que jamás aprobarán su relación con un hombre casado y con hijos. De todas formas, el atrevimiento de la pareja comienza a no tener límites y ya se achuchan hasta en la farmacia cuando, después de cerrar, Pilar se queda sola haciendo caja y repasando los productos que faltan y aquellos que puede pedir a los cada vez más escasos proveedores.

   Una de esas noches en la que Pilar se ha quedado sola en la botica, aparece Luis y los novios, aprovechando la soledad, se meten en el tabuco que hace de despachito y se besan con hambre pues el murciano lleva algunos días sin aparecer. Justo en ese momento, Eloísa ha recordado que se ha dejado en la rebotica unas tijerillas que usa para la costura. Entra por la puerta de atrás y ni siquiera se molesta en encender la luz, se conoce la rebotica de memoria. Oye unos gemidos que la alarman, en la penumbra divisa un bulto en la oficina. Se acerca sigilosamente y ve que no es un bulto sino dos. Enseguida los identifica, son Pilar y Luis, y están estrechamente abrazados. ¿Qué hacen?, se pregunta, hasta que se da cuenta de que Pilar tiene la falda subida más allá de la cintura. ¿Pero qué haces, Pilar?, está a punto de gritar, piensa que eso es pecado mortal y más con un hombre casado. Desconcertada, no sabe qué hacer… hasta que se dice que será mejor irse y hacer como si no hubiese visto nada. Como papá se enteré la echa de casa, piensa…, pero ¿y qué vamos a hacer sin Pilar?, no podremos mantener la farmacia. Cierra la puerta trasera, procurando no hacer ruido, y sale. Tiene que pensar qué hacer con lo que ha visto.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 75. Acaba la batalla del Ebro

viernes, 8 de noviembre de 2024

Libro IV. Episodio 73. El oscuro misterio de los dineros de Verdú

 

  Veinticuatro horas después de la entrevista con el camarero del Florida, y en pleno desarrollo inicial de la batalla del Ebro, Pilar y Luis

vuelven a estar en el bar Florida. En cuanto les ve, el camarero les señala una apartada mesa en la que hay un hombre que debe de estar en la cincuentena, mal vestido, aunque lleva chaqueta y corbata, y que fuma de modo compulsivo. Tras pedirles que le sigan, el camarero se acerca al individuo.

   -Arteta, esta es la señorita que está haciendo una tesis sobre la prensa extranjera, y la acompaña su novio. Te dejo en buenas manos, y no son de los que se chivan, puedes estar tranquilo. Señorita, Miguel Arteta.

   El hombre hace un vago gesto de saludo, pero sin levantarse de la mesa[CM1] .

   -¿Un pitillo?

   Arteta tira la colilla apagada que parecía haberse quedado pegada en la comisura del labio y acepta el cigarrillo.

   -¿Qué quiere tomar? –pregunta Verdú.

   -Si puede pagarlo, bourbon de Kentucky, del que guardan para los americanos.

  No es hasta la tercera copa cuando Arteta se encuentra en disposición de hablar.

   -¿Y qué quieren saber de los corresponsales de guerra?

   Pilar repite la misma historia que le contó Luis al camarero, añadiendo:

   -Y no me cuente nada que pudiese acarrearle problemas, no es mi intención ponerle en dificultades.

   Arteta se arranca sin más.

   -Uno de los primeros en llegar fue Vernon Bartlett, famoso periodista inglés, simpatizante de la república, y que escribía para el News Cronicle. También de los primeros fue Burnett Bolloten, que se encontraba de vacaciones en España el 18 de julio, cubrió los sucesos para la United Press, y era anticomunista. Otro fue Pierre Brachet, periodista y abogado belga antifascista, escribía en Le Peuple. De esa época también era Claud Cockburn, que firmaba sus reportajes en el The Daily Worker como Frank Pitcairn. Un caso curioso fue el de Sam Baron, detenido en el 37 por el gobierno de Negrín por sus crónicas en defensa del gobierno de Largo-Caballero recién dimitido; fue expulsado de España…

   Y Arteta, como si le hubiesen dado cuerda, sigue y sigue, pero ninguno de los periodistas citados le dice algo a Pilar, por lo que pregunta:

   -¿Y qué me puede contar de los corresponsales que ya eran famosos antes de la guerra?

   -Traté a Dos Passos, un tipo arisco e introvertido y que apoyaba a la república. También  Ehrenburg, que pasó algún tiempo en Madrid como corresponsal de guerra, pero se dedicaba más a dar conferencias propagandísticas. A André Malraux, simpatizante del comunismo, le traté muy poco, como me ocurrió con George Orwell. Y otro conocido que tiene detrás una curiosa historia es Arthur Koestler que, al estallar la guerra, marchó a Portugal y se pasó luego a la zona franquista por encargo de la Internacional Comunista, haciéndose pasar por periodista del London News Chronicle.

   -¿Y cómo Koestler ha habido más periodistas que hayan estado en los dos bandos?

   -Recuerdo a Henry T. Gorrell, estuvo de corresponsal de United Press en las dos zonas y en ambas tuvo problemas de seguridad. Porque no sé si sabe que el cabrón de Franco expulsa, amenaza y encarcela a los periodistas que no son afines a sus ideas.

   El bourbon ha acabado con el aguante de Arteta que se ha desplomado sobre la mesa. La pareja se mira, se levantan, pagan al camarero y se van. El relato de Arteta le ha suscitado a Pilar unos interrogantes y en cuanto están en Callao los plantea a Luis.

   -Cariño, ¿por qué has tenido tanto empeño en encontrar alguien que me contara lo de los corresponsales de guerra? Mi interés no era para tanto.

   -Porque en marzo te prometí que un día te llevaría al bar del Florida para conocer a los corresponsales de guerra que se reúnen allí y, para mí, una promesa hecha a la mujer que amo es sagrada –La explicación impacta a Pilar que mira con ojos amorosos a su novio. Por detalles como este es por lo que se ha enamorado del murciano hasta las cachas-. ¿Y cuál era el otro interrogante?

   -Es una curiosidad que tengo hace tiempo, pero si no lo crees oportuno no me respondas, te prometo que no me voy a enfadar por ello. ¿De dónde sacas tanto dinero?, porque hoy, por ejemplo, podrías haber cumplido invitando a Arteta a unas copas, pero no, has comprado toda la botella y te han soplado ¡sesenta pesetas! Y los comestibles que traes a casa, con los precios del mercado negro, te deben costar una pasta, y la de cosas que me regalas que ya no sé dónde meterlas. Todo eso representa mucho dinero, entonces ¿de dónde sale?

   -Para ti no tengo secretos, cariño, te cuento. Una de las contadas personas que frecuento en Madrid es don Nicolás Ferrero Albornoz, que fue presidente del tribunal de mi oposición. Durante mis notarías en Murcia y Cádiz volví a mantener contacto con él por motivos profesionales. De esas relaciones pasamos a las personales y don Nicolás, que no tiene hijos, acabó encariñándose conmigo y tratándome como si fuese hijo suyo. Cuando la guerra me cogió en Madrid, pensé en acudir a él, pero no lo hice, pues supuse que siendo un conocido notario los milicianos habrían ido a por él y, si no lo habían hecho, quizá mi presencia les alertase. Cuando estuve seguro de mi camuflaje como sanitario, me acerqué a su casa y, lo que me temía, no estaba y en su ático de Serrano vivía otra familia. Pregunté por el anterior propietario y me dijeron que no sabían nada, que a ellos les había acomodado allí un sindicato. Al salir se me acercó la portera y me preguntó si era familia de don Nicolás, por la forma que lo hizo me dio la impresión de que no era mala gente. Le dije la verdad, que familia no, pero que era amigo y antiguo discípulo suyo. Entonces, me dijo que lo podría encontrar en el barrio de Prosperidad donde ejercía de administrativo en una cooperativa de la FAI…

   -¿Un notario metido en una cooperativa de los anarquistas?

   -Uno de sus pasantes más leales le acogió en un piso suyo y le buscó el trabajo con los anarquistas. Antes de eso don Nicolás, hacia principios de julio del 36, ya se barruntaba algo de lo que podía pasar y decidió veranear en Estoril, y una de las medidas que tomó fue vaciar sus cuentas bancarias con lo que acumuló gran cantidad de dinero en efectivo. Como la sublevación ocurrió antes de lo que preveía no pudo irse a Portugal… En fin, para no alargarme más, don Nicolás me dijo desde el primer día que si necesitaba dinero que se lo pidiera; al principio fui muy renuente de solicitarle un préstamo, pero me instó a que lo hiciera pues en las actuales circunstancias el mejor fin del dinero era gastarlo. De ahí vienen los cuartos que manejo, y de los que me tengo prometido que, cuando este infierno acabe, los devolveré hasta el último céntimo, intereses incluidos.

   -¿Me llevarás algún día a conocerle?, a don Nicolás.

   -Dalo por hecho, le gustará.

   -Una última pregunta personal. ¿Por qué no has ido a ver a tu esposa e hijos y a tus padres pudiendo hacerlo?, pues Murcia sigue siendo zona republicana.

   -¿Qué por qué no he ido, y tú me lo preguntas?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 74. Eloísa ha visto lo que no debía


 [CM1]

viernes, 1 de noviembre de 2024

Libro IV. Episodio 72. Corresponsales de guerra

 

   En el Canarias, hay un grupo de oficiales alrededor del segundo de a bordo que está informando lo que se sabe del cruce del Ebro.

   -Hoy, 25 de julio, al arrancar el día, algunas unidades republicanas, han cruzado el Ebro entre las poblaciones de Mequinenza y Ascó, mientras que otras lo han hecho entre Benisanet y Amposta. A lo largo de la noche las tropas del Cuerpo de ejército Marroquí, que defienden la orilla derecha, han estado siendo hostigadas sin tener conocimiento de lo que realmente estaba ocurriendo. Y de momento es toda la información que disponemos.

   Cuando retornan al camarote, Álvaro y Juanma comentan la noticia.

   -¿Y qué crees que puede ser la operación, una especie de golpe de mano o algo más serio? –pregunta el placentino, pues sabe que Ortega, como aspirante a diplomado de Estado Mayor, tendrá una opinión más fundada.

   -Hasta que no se tenga más información, es imposible hacer una estimación pero, si esta operación la ha planeado Vicente Rojo, debe de ser algo más profundo que un ataque de diversión.

   En las 48 horas siguientes, la información de la audaz operación fluye a borbotones y en la tertulia del café Gijón tienen referencias más directas.

   -La operación la ha planeado el general Rojo para obligar a los facciosos a distraer fuerzas del ataque a Valencia; además, ante la tensa situación internacional la operación favorece los planes de Negrín de que las potencias europeas entiendan que el resultado de la guerra no está todavía decidido y, al menos, poder alargarla hasta que estalle el barril de pólvora en que se ha convertido Europa central.

   Otro de los tertulianos, que al parecer cuenta con buenas fuentes, ofrece datos más concretos.

   -Participan en la operación las tropas integradas en el recién creado Ejército del Ebro, al mando del teniente coronel de milicias Juan Guilloto, más conocido como Modesto. También están varios Cuerpos de ejército. Las primeras fases del ataque están siendo positivas. Todos los pueblos ribereños, del sector central del frente, han sido ocupados y se han formado dos cabezas de  puente. Líster ha avanzado 50 kilómetros y hemos capturado todos los puntos de observación al este el Ebro.

   Dentro del caos informativo generado por el cruce, las noticias que llegan desde el alto mando nacionalista son levemente esperanzadoras, como cuenta Infantes en la perfumería.

   -Ante la magnitud del ataque republicano, Yagüe ha decidido atrincherarse en Gandesa, a cuya altura han llegado los republicanos, pero estos se encuentran agotados físicamente y no cuentan con apoyo de artillería, tanques ni aviación.​ En cuanto a la campaña de Levante, nuestro Estado Mayor ha suspendido las operaciones y está enviando refuerzos al Ebro.

   En el sitiado Madrid republicano, el calendario religioso hace mucho que dejó de tener vigencia, por eso la festividad del Apóstol Santiago, Patrono de España, no se celebra.

Sin embargo, Pilar y Luis, a quienes les gusta ponerse por montera las prohibiciones y vetos, han decidido celebrar la festividad. Pilar ha pedido a sus hermanos que atiendan la farmacia y Luis ha logrado un apaño para que un compañero le sustituya en el Ritz que, tras ser reconvertido en hospital de sangre, ha tenido el dudoso honor de ver morir en una de sus habitaciones al anarquista Buenaventura Durruti. El plan que han diseñado es completo: a media mañana tomarán el aperitivo en Chicote, luego se acercarán al Hotel Florida para almorzar y, de paso, ver si en el bar se tropiezan con alguno de los corresponsales de guerra famosos que suelen parar por allí, por la tarde irán al Teatro Español donde se representa El alcalde de Zalamea. Y por la noche, el murciano ha alquilado una habitación en una pensión de la calle Juan de Mena en la que dormirán.

Es en Chicote donde la pareja se entera de lo ocurrido durante la noche: las tropas leales a la república han cruzado el Ebro.

   -¿Y eso va a cambiar algo? –pregunta Pilar que sigue sin tener el menor interés por los avatares bélicos.

   -No tengo ni idea, aunque me temo que, si va a servir para prolongar la guerra, a nosotros nos va a perjudicar porque retrasará que podamos cumplir nuestro sueño de vivir juntos –responde Luis.

   Tras almorzar en el Florida -hoy había plato único para variar-, se acomodan en el bar con la intención de encontrarse con alguno de los periodistas que por allí abrevan. El camarero calvo que les atendió en anteriores ocasiones se acuerda de ellos, pues Verdú suele dejar buenas propinas, y se acerca presto a atenderles. Pedidos dos cafés y una copa de coñac le comentan al mozo:

   -No vemos a ningún periodista.

   -Se han largado todos a Barcelona para informar de la batalla del Ebro.

   -¿Y cómo pueden trasladarse hasta Barcelona estando cortadas las comunicaciones entre Madrid y la Ciudad Condal? –A Luis le ha picado la curiosidad.

   -La mayoría creo que se han ido a Valencia para coger un barco que les lleve a Barcelona. Otros han fletado un avión a Francia para luego entrar en España por la frontera catalana. No sabe usted de lo que son capaces esos hombres. Tienen dinero, son atrevidos y por un buen reportaje son capaces de todo.

   Puesto que la pareja no tiene nada mejor que hacer hasta que sea la hora de la sesión teatral continúan en el bar… hasta que un rato después se les acerca el calvo.

   -Acabo mi turno. ¿Quieren algo más antes de marcharme?

   -No, gracias…, espere… –a Verdú se le acaba de ocurrir algo-. En cuanto termine el turno, si puede dedicarnos un rato de su tiempo, le daré una buena propina.

   El camarero no se lo piensa demasiado.

   -En diez minutos les espero en el bar Rigol, en la esquina de Telefónica.

   En el Rigol, Luis explica al camarero lo que pretende.

   -Queremos que nos cuente más cosas de los corresponsales extranjeros que se han alojado en el Hotel Florida. Es que verá…, mi novia –dice Luis señalando a Pilar- es licenciada en Filosofía y Letras y antes de la guerra estaba haciendo la tesis doctoral sobre la prensa extranjera en España y usted, que tan buena memoria ha demostrado tener, podría aportarle datos valiosos para la tesis. Y cuanto más aporte, mejor será la propina.

   -Señorita, me tiene a su disposición. Usted dirá.

   -Bueno… -a Pilar la iniciativa de Luis le ha pillado de improviso pero, como va conociéndole, le sigue la corriente-. Me interesarían nombres de periodistas, medios para los que trabajan y cuantos más datos pueda facilitarme.

   -Verá, señorita, me acuerdo bien de muchos de los corresponsales que se alojaron en mi hotel y podría darle los nombres de la mayoría, pero no sabría decirle para qué periódicos trabajaban y demás datos, pero… conozco una persona que sí tiene esa información. Es alguien que trabaja o, al menos, trabajaba en el Departamento de Censura –y dirigiéndose a Verdú añade-. Es un borrachín, con que le invite a unas copas o le regale una botella de coñac y un cartón de cigarrillos les contará lo incontable. Si quieren, me pongo en contacto con él, Miguel Arteta se llama, y mañana o pasado quedan con él en Florida.

   Luis da las gracias y una propina al camarero, y quedan en que volverán al día siguiente, a ver si el tal Arteta ha aceptado la proposición.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 73. El oscuro misterio de los dineros de Verdú