miércoles, 19 de julio de 2023

Libro IV. Episodio 4. Cena en el Ritz

 

               

Como Pilar no acaba de decidirse a aceptar la invitación a cenar, el murciano echa más cebo.

   -Te ruego que te pongas de tiros largos. Yo estrenaré un esmoquin que acabo de comprarme. Y vendré a buscarte, iremos en taxi. Solo tienes que fijar la fecha.

Pilar piensa que el murciano parece ser de los que no se rinden fácilmente, lo que acaba de inclinar su voluntad.

   -Mañana; mejor no, pasado mañana, ¿te vale?

   -Perfecto, te recogeré a las 8:30. ¿Dónde? –Pilar le da la dirección del piso de la calle San Bernardo y se despiden.

A Julio que, a una discreta distancia, ha sido testigo de la breve charla entre su hija y el desconocido visitante, le puede la curiosidad.

   -¿Quién es tu amigo?

   -Realmente no es un amigo, solo un conocido. Es un primo de Fuensanta, la chica que compartió conmigo el piso de don Quijote. No sé si llegaste a conocerla. Y me ha invitado a cenar pasado mañana en el Ritz.

   ¡¿En el Ritz, el hotel de la Plaza de la Independencia?! –Parece que los Carreño no están acostumbrados a semejantes lujos, pues el asombro del padre ha sido similar al de la hija.

   -¿Es que hay otro? –Pilar repite la pregunta de Verdú.

Aquella noche, en la sobremesa, la familia le toma el pelo a Pilar a costa de la cena a la que ha sido invitada. La joven acepta de buena gana las chacotas de sus hermanos, pero su mente está en el problema que se le presenta: ¿qué voy a ponerme? Mira el calendario, pasado mañana será 29, jueves. Tiene 48 horas para comprarse un vestido acorde con el marco del Ritz. Lo de menos es gustarle al murciano, lo que le importa es no hacer el ridículo. Y otro interrogante se abre paso en su mente: ¿y por qué me invita?, ¿le habré gustado tanto que quiere impresionarme?, pero si apenas nos conocemos y lo de los flechazos no acabo de creérmelo. Bueno, se dice, que sea por lo que fuere, pero una cena en el Ritz no voy a perdérmela, ahora tengo que espabilarme para encontrar un vestido que no desentone.

Lo del vestido se revela como un problema mayor del que suponía. Al día siguiente, Pilar deja la farmacia en manos de Jesús y se pasea por las tiendas de ropa femenina de la Gran Vía. Ha descartado la confección de un vestido a medida pues no hay tiempo para ello y lo que ha visto confeccionado en serie le ha parecido demasiado vulgar para los salones del Ritz. Al no encontrar lo que busca, comienza a agobiarse y se plantea retrasar la invitación, pero se da cuenta de que no conoce la dirección de Luis y no puede mandarle recado. Maldice su falta de previsión y sigue toda la tarde con la búsqueda con parecido resultado que por la mañana. Cuando en la cena comenta su particular vía crucis, Eloísa le ofrece una posible solución.

   -Una de las dependientas del señor Damián tiene una hermana que es modistilla en un taller de Leganitos donde confeccionan ropa para una tienda de Serrano que viste a señoras de la alta sociedad. ¿Por qué no hablas con ella?

Al día siguiente, a primera hora, ya está Pilar en el taller de la calle Leganitos. Le explica a la dueña el problema y su urgencia pues solo restan 24 horas. La señora Mamen, de edad indescifrable dada la cantidad de maquillaje que lleva, sonríe al escuchar a la joven, que ha perdido los nervios, y le pide que se calme.

   -Hija, has caído de pie. Precisamente tengo un vestido que confeccionamos para la señora del agregado comercial de Inglaterra, que iba a ser destinado a la India. Tuvo que marcharse precipitadamente a Londres por un motivo familiar y el pedido lo tuve que guardar. Quizá sea de una talla algo superior a la tuya, pero eso tiene fácil arreglo. Leito –dice dirigiéndose a una de las modistillas-, trae el vestido marcado como Ms. Browier.

Al momento está de vuelta la modistilla portando un traje envuelto en papel de seda. La señora Mamen lo despliega cuidadosamente, lo alisa y lo exhibe. Pilar queda defraudada al verlo pues nunca se ha puesto un vestido así y duda que sea el más adecuado para lucirlo en el Ritz. 

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 5. El sari

 

 

 

Libro IV. Episodio 4. Cena en el Ritz                     

 

Como Pilar no acaba de decidirse a aceptar la invitación a cenar, el murciano echa más cebo.

   -Te ruego que te pongas de tiros largos. Yo estrenaré un esmoquin que acabo de comprarme. Y vendré a buscarte, iremos en taxi. Solo tienes que fijar la fecha.

Pilar piensa que el murciano parece ser de los que no se rinden fácilmente, lo que acaba de inclinar su voluntad.

   -Mañana; mejor no, pasado mañana, ¿te vale?

   -Perfecto, te recogeré a las 8:30. ¿Dónde? –Pilar le da la dirección del piso de la calle San Bernardo y se despiden.

A Julio que, a una discreta distancia, ha sido testigo de la breve charla entre su hija y el desconocido visitante, le puede la curiosidad.

   -¿Quién es tu amigo?

   -Realmente no es un amigo, solo un conocido. Es un primo de Fuensanta, la chica que compartió conmigo el piso de don Quijote. No sé si llegaste a conocerla. Y me ha invitado a cenar pasado mañana en el Ritz.

   ¡¿En el Ritz, el hotel de la Plaza de la Independencia?! –Parece que los Carreño no están acostumbrados a semejantes lujos, pues el asombro del padre ha sido similar al de la hija.

   -¿Es que hay otro? –Pilar repite la pregunta de Verdú.

Aquella noche, en la sobremesa, la familia le toma el pelo a Pilar a costa de la cena a la que ha sido invitada. La joven acepta de buena gana las chacotas de sus hermanos, pero su mente está en el problema que se le presenta: ¿qué voy a ponerme? Mira el calendario, pasado mañana será 29, jueves. Tiene 48 horas para comprarse un vestido acorde con el marco del Ritz. Lo de menos es gustarle al murciano, lo que le importa es no hacer el ridículo. Y otro interrogante se abre paso en su mente: ¿y por qué me invita?, ¿le habré gustado tanto que quiere impresionarme?, pero si apenas nos conocemos y lo de los flechazos no acabo de creérmelo. Bueno, se dice, que sea por lo que fuere, pero una cena en el Ritz no voy a perdérmela, ahora tengo que espabilarme para encontrar un vestido que no desentone.

Lo del vestido se revela como un problema mayor del que suponía. Al día siguiente, Pilar deja la farmacia en manos de Jesús y se pasea por las tiendas de ropa femenina de la Gran Vía. Ha descartado la confección de un vestido a medida pues no hay tiempo para ello y lo que ha visto confeccionado en serie le ha parecido demasiado vulgar para los salones del Ritz. Al no encontrar lo que busca, comienza a agobiarse y se plantea retrasar la invitación, pero se da cuenta de que no conoce la dirección de Luis y no puede mandarle recado. Maldice su falta de previsión y sigue toda la tarde con la búsqueda con parecido resultado que por la mañana. Cuando en la cena comenta su particular vía crucis, Eloísa le ofrece una posible solución.

   -Una de las dependientas del señor Damián tiene una hermana que es modistilla en un taller de Leganitos donde confeccionan ropa para una tienda de Serrano que viste a señoras de la alta sociedad. ¿Por qué no hablas con ella?

Al día siguiente, a primera hora, ya está Pilar en el taller de la calle Leganitos. Le explica a la dueña el problema y su urgencia pues solo restan 24 horas. La señora Mamen, de edad indescifrable dada la cantidad de maquillaje que lleva, sonríe al escuchar a la joven, que ha perdido los nervios, y le pide que se calme.

   -Hija, has caído de pie. Precisamente tengo un vestido que confeccionamos para la señora del agregado comercial de Inglaterra, que iba a ser destinado a la India. Tuvo que marcharse precipitadamente a Londres por un motivo familiar y el pedido lo tuve que guardar. Quizá sea de una talla algo superior a la tuya, pero eso tiene fácil arreglo. Leito –dice dirigiéndose a una de las modistillas-, trae el vestido marcado como Ms. Browier.

Al momento está de vuelta la modistilla portando un traje envuelto en papel de seda. La señora Mamen lo despliega cuidadosamente, lo alisa y lo exhibe. Pilar queda defraudada al verlo pues nunca se ha puesto un vestido así y duda que sea el más adecuado para lucirlo en el Ritz. zzz

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 5. El sari

 

Postinfo. 19.07.23

 El pasado viernes, me olvidé de colgar en  el blog el episodio 4, Cena en el Ritz, del Libro IV. Afortunadamente, el blog tiene su particular ángel de la guarda que le avisa cuando comete un fallo o una omisión, como es el caso. Gracias, Jorge. Ahí va el episodio. No todos los días una integrante de los Carreño cena en el Ritz y ataviada con un sari.



 

 



viernes, 7 de julio de 2023

Libro IV. Episodio 3. Luis Verdú

          

La inestabilidad de la política nacional es cada vez más acusada, pues de junio a diciembre se suceden cinco gobiernos. Políticos como Azaña, Lerroux y Martínez Barrio encabezan gobiernos que duran un abrir y cerrar de ojos. Mientras, ocurre otro acontecimiento al que la mayoría de periódicos prestan escasa atención: la creación de Falange Española, tras el discurso fundacional de José Antonio Primo de Rivera en el teatro de la Comedia de Madrid.

En esos meses turbulentos, Pilar, que sigue divirtiéndose con una cohorte de amigos alguno de los cuales pretende ser algo más, flirtea con todos pero sin decidirse por ninguno. Una tarde va a El Ateneo a buscar un ejemplar de la última edición del Romancero Gitano de García Lorca. Al entrar en la biblioteca, alguien que está leyendo en una mesa, al verla le sisea, es un hombre alrededor de la treintena, algo entrado en carnes y lleva gafas. La joven no le reconoce. El desconocido se levanta y le hace señas de que le siga fuera de la biblioteca.

   -¿Te acuerdas de mí?, Pilar.  

   -No, ¿quién eres?

   -No me extraña, estoy más grueso y con menos pelo que cuando nos conocimos. Soy Luis Verdú –el hombre, al darse cuenta de que su nombre tampoco dice nada a la joven, da más explicaciones-. ¿Recuerdas cuándo estuviste en Murcia para la entronización de la Virgen de la Fuensanta? Soy el primo de tu compañera murciana de piso, de cuando vivíais en la calle don Quijote.

Pilar comienza a localizar en su memoria a Luis, aunque no tiene muchos recuerdos de él. Solamente que era un chico obsequioso y de cuya compañía terminó cansándose.

   -Sí, ahora me acuerdo. ¿Qué se hizo de tu prima Fuensanta, terminó lo de perito agrícola?

   -Sí, lo acabó. Creo recordar que tú estudiabas Farmacia, ¿te licenciaste?

   -Pues sí, y tengo una farmacia en la Gran Vía. ¿Y tú qué haces en Madrid? Creo que estudiabas Derecho en Valencia.

   -Estoy en Madrid opositando a notarías. Precisamente, dentro de unos días tengo el segundo examen. ¿Te puedo invitar a una copa y charlamos tranquilamente?

   -No, gracias. He venido a sacar un libro y no tengo mucho tiempo. Y tú, si tienes un examen en pocos días, deberías estar empollando, tengo entendido que las oposiciones a notarías son de las más duras que hay.

   -Dímelo a mí que es la tercera vez que me presento.

   -La gente dice que a la tercera va la vencida. Bueno, Luis, pues encantada de volver a verte y, cuando veas a Fuensanta dale recuerdos míos.

   -Se los daré. No sabes lo que me he alegrado de volver a verte. Y si me lo permites, te diré que estás mucho más guapa que cuando eras estudiante -Pilar agradece con una sonrisa la lisonja, le planta dos besos en las mejillas y se despide del opositor.

El 19 de noviembre se celebran elecciones a las Cortes Generales, las primeras en las que se permite el voto femenino, y que dan como resultado una victoria de los partidos conservadores. Aunque la fuerza política más votada de la derecha ha sido la Confederación Española de Derechas Autónomas, más conocida como la CEDA, la formación del nuevo gobierno no es ofrecida a su líder, José María Gil-Robles, sino al líder del Partido Radical, Alejandro Lerroux. Lo que provoca la controversia entre los tertulianos del Comercial.

   -Desde luego este país es diferente. Los que más escaños han sacado han sido los de la CEDA, pero va Alcalá-Zamora y encarga formar gobierno a los radicales –comenta Ramírez.     

   -Estoy convencido de que lo ha hecho por la presión de los republicanos, pues a Gil Robles le consideran que lo maneja la Iglesia –especula Gutiérrez, el relojero.

A mediados de febrero del 34, los Carreño reciben carta de Álvaro desde Valencia. Está muy impresionado porque desde su buque, fondeado en el puerto de El Grao, ha sido testigo del invento del ingeniero Juan de la Cierva, que ha hecho una prueba de despegue y descenso con su autogiro en la cubierta del portaaeronaves Dédalo. Augura que para la Marina española es una fecha que anticipa futuros días de gloria y que se está volviendo a plantear si convertirse en piloto naval.

El segundo gobierno de Lerroux dura poco, pues en marzo el Ministro de Gobernación dimite y arrastra con él a todo el gabinete. Nuevamente llamado a formar gobierno, Lerroux constituye un gabinete que, entre otras medidas, restablece la pena de muerte y promulga una Ley de amnistía, lo que provoca una inmediata crisis de gobierno.

Acabando marzo, una tarde Jesús avisa a Pilar, que está en la rebotica preparando una fórmula magistral, de que alguien pregunta por ella. El visitante es Luis Verdú, muy trajeado y peripuesto.

   -¡Hombre, Luis, tú por aquí!... –Pilar no sabe qué decir, pues se había olvidado del opositor murciano.

   -He venido a invitarte a cenar -a Pilar la invitación la ha pillado con el paso cambiado. No le apetece nada cenar con el murciano y trata de quitárselo de encima.

   -Lo siento, Luis, y te agradezco la invitación, pero tengo trabajo -aunque le pica la curiosidad y pregunta-. ¿Y dónde pensabas invitarme?

   -Al Ritz.

   -¡¿Al hotel Ritz?!

   -¿Es que hay otro?

Pilar vacila, lo de cenar con Verdú sigue sin apetecerle, pero conocer el Ritz es otra historia. Desde que fue inaugurado, por el rey Alfonso XIII en 1910, tiene fama de ser el hotel más lujoso de España y su oferta gastronómica, inspirada en la cocina francesa, dicen que es inigualable. La joven duda, pasar una velada con el murciano no parece ser excitante, pero conocer el Ritz…

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 4. Cena en el Ritz