viernes, 9 de diciembre de 2022

Libro III. Episodio 174. ¿Quién será la tal Adelina?

    Los dos Carreño mayores muestran, cada vez más perceptiblemente, cuan diferentes son sus intereses. Pilar, junto a las amigas que conserva de la Institución Libre de Enseñanza, se entusiasma cuando estas le cuentan que a principios de octubre en Estados Unidos se ha estrenado la película The Jazz Singer, primer film sonoro. Por el contrario, Álvaro lo que comenta con sus compañeros de la Escuela es que, a mediados de noviembre, León Trotski es expulsado del Partido Comunista de la URSS, dejando a Iósif Stalin con el control del partido y del país. En cambio, en la tertulia del padre el objeto de debate es que el dictador Benito Mussolini ha propuesto la formación de un llamado Bloque Latino que agrupe a Italia, Francia, España y Portugal, en una alianza basada en la civilización latina y la cultura común que existe entre dichas naciones. La propuesta italiana no llega a prosperar, ya que mantiene la condición de que España debería salir de la esfera de influencia francesa y de hecho Mussolini no logra alcanzar ningún acuerdo en este sentido con Primo de Rivera.

   Llega el final de diciembre y con él las vacaciones navideñas. Los Carreño que residen en Madrid son los primeros en llegar. Jesús parece que se ha adaptado bien a su nuevo colegio y a la vida en el piso madrileño, no en balde ya tiene quince años. A Eloísa le ocurre lo mismo, pero no así a Concha, quizá porque solo tiene once años, añora mucho a su madre y echa de menos a las amigas del pueblo. Álvaro es el último en llegar, pero viene cargado de buenas noticias. Cuenta a la familia que, en los torpederos afectos a la Escuela los alumnos han estado realizando ejercicios marineros, prácticas de máquinas y navegación, y en el cañonero Laya han efectuado ejercicios de tiro. En cuanto a sus notas de la primera parte del curso han sido algo más bajas que en años anteriores, pero ha aprobado todas las materias.

   En esas fechas navideñas es cuando Julia se entera de los préstamos que la usurera Adelina ha hecho a su marido, pues Julio se ha cuidado muy mucho de no contarle que está entrampado con la Bronchales; y se ha enterado por casualidad. Está en la tienda de regalos cuando entra un hombretón malencarado que con bruscos modales pregunta:

   -¿Está aquí Carreño? He ido a la droguería, pero allí no está.

   -Tampoco está aquí –responde Julia.

   -¿Sabe dónde podría encontrarlo?

   -Debería estar en la droguería, pero si no estaba allí no sé dónde puede estar. ¿Quiere dejarle algún recado?

   -Dígale que se ponga inmediatamente en contacto con la señora Adelina y que no escurra el bulto que será peor –dice en tono amenazante el hombrón.

   Cuando el desconocido sale de la tienda, Julia pregunta a Antonina, que estos días le está ayudando.

   -¿Quién será la tal Adelina que con tanta urgencia quiere hablar con mi marido?

   -En la ciudad yo solo conozco una Adelina, la que apodan la Bronchales, y es raro que no hayas oído hablar de ella, es la mayor usurera de la comarca y algunos dicen que sí de la provincia –le informa Antonina.

   ¿Una usurera?, ¿y para qué querrá ver a Julio?, se pregunta Julia, que en cuanto se echa a la cara a su esposo le cuenta la visita del malencarado tipo y el recado que ha dejado. Y la pregunta viene de suyo.

   -¿Y qué clase de asuntos tienes con la tal Adelina y que tu mujer desconoce?

   Pillado en renuncio, a Julio no le queda otra que contarle a su esposa los préstamos que le concedió la usurera y el fin que ha dado a esos empréstitos: comprar la Ford y las acciones de la empresa Bergwerk  Spanisch que tiene una explotación minera en Torrecilla de los Ángeles. Y le pide perdón por no habérselo contado antes, pues no sabía si ella lo aprobaría y no quería dejar pasar una ocasión tan clara de ganar un buen dinero sin apenas riesgos.

   -Creía que también los negocios lo decidíamos entre los dos, pero veo que no es así y estoy dolida. Te ruego, te pido…, te exijo que sea la primera y la última vez que eso ocurra. ¿Y se puede saber por qué la urgencia de la tal Adelina en que la veas?

   Julio traga saliva antes de responder. Por un momento piensa en mentirle, pero se tienta la ropa y decide que ese no es el camino para que Julia deje de estar enfadada. Carraspea.

   -Es que…, es que me he retrasado en el pago de los intereses.

   -¿Y el retraso a qué es debido?

   -A que andamos mal de efectivo. Pensaba pagarlo con la caja que hagamos estos días festivos.

   -Pues espabílate, porque me ha contado Antonina que por ahí se rumorea que si te demoras en los pagos, los matachines de la Adelina pueden quebrarte las piernas. Y a ver qué hago yo con un marido cojitranco, ¿quién hará los viajes? –argumenta Julia sin pizca alguna de ironía.

   Pese a sus buenos propósitos, Julio no le ha contado a su esposa toda la verdad. Tampoco le ha mentido, pero si le ha ocultado parte de la realidad. Lo de ganar un buen dinero sin apenas riesgos en la mina de la Bergwerk  Spanisch, de momento es incierto. Resulta que los alemanes retomaron el antiguo filón de wolframio de la mina de Torrecilla, pero tras unas semanas de extracción de mineral, la veta se agotó y han tenido que ahondar las galerías para encontrar un nuevo filón que, según los ingenieros, debe estar a una cota más profunda. Ante este contratiempo, la empresa ha tenido que hacer una ampliación de capital, con lo que los que no han acudido a dicha ampliación, como es el caso de Julio, han visto cómo sus acciones se deprecian. Y el reparto de dividendos ha quedado ad calendas graecas. Carreño, tras conocer los hechos, opta por vender sus acciones en la Bergwerk  Spanisch, pero se encuentra con que no hay quien las compre. Julio se pone en contacto con el abogado de Llerena que se las vendió, pero el letrado le cuenta que todos los inversores de la empresa teutona están en parecida situación y le aconseja que espere a que se solucionen los problemas y entonces seguramente las acciones darán un tirón hacia arriba; será el momento de vender, pero no ahora.

   El matrimonio Carreño, visto cómo anda la economía familiar, dialoga sobre si contarles a los hijos la realidad de su situación o, como han venido haciendo hasta ahora, ocultárselo. Tras debatirlo, optan por franquearse con los chicos de más edad, los pequeños no lo entenderían. Antes de que finalice el año, los padres reúnen en cónclave familiar a Álvaro, Pilar, Julián, Jesús y Eloísa. Han puesto el tope en los catorce años, por eso no han llamado a Concha ni al resto.

   -Hijos, puesto que ya sois mayores y tenéis capacidad suficiente para entender los problemas reales, os hemos reunido para contaros como están los asuntos familiares, especialmente los económicos –Han quedado en que sea Julio quien se encargue de llevar a cabo la mayor parte de la explicación-. Por una serie de circunstancias, que ahora no vienen al caso, desde hace un cierto tiempo estamos teniendo más gastos que ingresos. Y, naturalmente, los dineros que teníamos ahorrados se están yendo gota a gota, o mejor sería decir billete a billete. Tanto mamá como yo le hemos dado mil vueltas a la posibilidad de generar más ingresos, pero hasta el presente no lo hemos conseguido. Con lo cual se impone como necesidad ineludible la de recortar gastos –Al ver la cara de preocupación de los chicos, Julio trata de quitar hierro a la situación-. Tranquilos, no estamos hablando de que no tengamos para comer ni de que tengáis que dejar los estudios, lo que trato de explicaros es lo que he dicho: hay que recortar gastos para equilibrar las cuentas familiares. Vivimos por encima de nuestras posibilidades y eso no hay economía ni patrimonio familiar que lo aguante. ¿Lo habéis entendido?

   Los síes y gestos afirmativos son la respuesta y, casi al unísono, los cinco formulan la misma pregunta:

   -¿Qué podemos hacer para ayudar?

   -De momento, nada. Basta con que os hagáis cargo de la situación. Mamá y yo estamos pensando en medidas para recortar los gastos que consideremos innecesarios o superfluos.

   -Vamos a contaros algunas de esas medidas, a ver qué opináis –Julia toma el relevo de su marido-. El próximo verano no iremos a Los Caños de Meca lo pasaremos en Pinkety. Otra medida que pensamos tomar es que, a partir del próximo curso, Eloísa y Concha no seguirán en Madrid, terminarán el bachillerato aquí. Nos han dicho que los chicos que estudian por libre en la academia Magister, donde ya estudió Julián, sacan los cursos sin mayor problema. Y con eso ahorraremos unos buenos dineros.

   -Yo también puedo venir a estudiar aquí –se ofrece Jesús.

   -No, en principio tú te quedarás en Madrid con Pilar para que termines allí el bachillerato; luego ya veremos. Y Pilar –dice dirigiéndose a su hija-, como en el piso sobrará una habitación puedes alquilarla a otra estudiante, lo que nos ayudará a pagar el alquiler. Otra medida será vender el Karrascal, pues desde que compramos Pinkety apenas si pisamos la finca que, por otra parte, la tenemos hipotecada.

   -Otra medida –Julio vuelve a tomar la palabra-, aunque esta la tenemos que repensar, podría ser traspasar la tienda de regalos y centrarnos en la droguería. Entraría dinero fresco en caja y podríamos deshacernos de uno o dos empleados lo que nos vendría al pelo.

   -Papás –interrumpe Pilar-, recordareis que en la pasada Semana Santa me ofrecí para ayudar en la tienda. Vuelvo a ofrecerme. Cuando llegue el verano, en lugar de irme a Pinkety me puedo quedar aquí y ayudar diariamente a mamá en la tienda. Y si fuese necesario, me veo capacitada para quedarme al frente de ella.

   -Gracias, hija, no esperábamos menos de ti –la voz de Julio revela lo emocionado que está.

   -Y las dos o tres semanas que tengo de vacaciones yo puedo hacer lo mismo –se ofrece Álvaro, que añade-: Y es más, como en la Escuela nos han enseñado a conducir, también puedo ayudarte en los viajes y relevarte en la conducción de la camioneta.

   Tanto Julio como su esposa han de contenerse para que no se les note la emoción.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 175. Época de vacas flacas

viernes, 2 de diciembre de 2022

Libro III. Episodio 173. Pilar, Jesús, Eloísa y Concha en Madrid

   En su derrota por el Mediterráneo occidental, el Almirante Lobo, en el que va embarcado Álvaro, fondea en Cartagena. En la ciudad departamental visitan la base de submarinos, los servicios de la base y de la escuela para la instrucción y el adiestramiento de las dotaciones de sumergibles, así como el cuartel  y los alojamientos de marinería que están instalados en el antiguo edificio del Tinglado de la Maestranza y Sala de gálibos del arsenal. La flotilla de submarinos está compuesta por cuatro unidades: el Isaac Peral, el Narciso Monturiol y el Cosme García. Hay un cuarto, denominado A-3, que está fuera de servicio.

   -Yo no serviría en un cacharro de estos ni de coña –proclama Álvaro tras recorrer el Monturiol.

   -Pues los submarinistas cobran más que los que sirven en los buques de superficie –le informa un compañero.

   -Me da igual, ni aunque me doblaran el sueldo.

   El buque prosigue la navegación en dirección norte hasta llegar al puerto de Barcelona donde visitan la base naval y la Fábrica de Hidros. En la Ciudad Condal visitan diversos lugares típicos y las obras de lo que será la Exposición Internacional que debe celebrarse en 1929, al mismo tiempo que la de Sevilla. Después les dan dos tardes francos de ría, que los alumnos aprovechan para hacer turismo. La primera tarde se pierden por los callejones del Barrio Chino, también conocido por El Raval. Van buscando prostíbulos. Terminan callejeando por la Rambla del Raval y la calle de la Cera en la que abundan los gitanos. Mientras pasean los jóvenes aspirantes alardean de sus proezas amatorias con las putas del barrio.

   -Que buena estaba la que me he tirado.

   -Pues la mía tenía unas tetas que no me cabían en las manos.

   -Pechos que con manos no cubres, no son tetas, son ubres –sentencia otro.

   -O sea, Carranza, que lo que te has tirado ha sido una vaca –se burla un tercero.

    Álvaro calla, no quiere que los demás se enteren de que la tarde ha sido para él agridulce: el día que conoció mujer. La experiencia no ha sido tan placentera como cuentan.

   El transporte vuelve a virar hacia el sur en dirección a Valencia donde, 24 horas después, el Almirante Lobo amarra en el muelle de Poniente de El Grao. Luego los aspirantes visitan el acorazado Alfonso XIII, fondeado en la dársena de Levante. En la minuciosa visita, un capitán de corbeta les resume las principales características del acorazado.

   -Es un buque de cubierta corrida y mástiles en trípode. Solo dispone de una chimenea en la parte central, puente de mando a proa y puente auxiliar a popa. La coraza está formada por acero Krupp reforzado con una traca de planchas de 2,20 m de anchura que va disminuyendo de espesor por debajo de la línea de flotación. La dotación está compuesta por 850 hombres, a las órdenes del capitán de navío, D. Benito González Pelayo, y de 20 jefes y oficiales, incluyendo el páter y dos médicos. Y tiene una velocidad máxima de 19,5 nudos.

   -Mi comandante –se atreve a preguntar uno de los alumnos-, con su permiso, ¿podría contarnos el armamento de que dispone el buque?

   -Como no. El Alfonso XIII está equipado con ocho cañones Vickers de 305 mm, situados en cuatro torres dobles, dos situadas en la crujía, una a popa y otra a proa, y las otras dos más cerca del centro. Luego tiene piezas secundarias Vickers de 101,6 mm, 10 por banda por debajo de la cubierta principal. Posteriormente a su construcción se le han instalado 2 cañones antiaéreos de 76,2 mm ¿Otra pregunta?

   Del puerto de El Grao, el Almirante Lobo se dirige a Sagunto donde les enseñan los altos hornos. En la visita guiada, uno de los ingenieros explica a los alumnos que el primer alto horno comenzó a funcionar en 1922. Terminada la visita a Sagunto, parten para Ceuta, donde arriban el 11. De allí cruzan el Estrecho para Algeciras, y en 24 horas ponen rumbo a Cádiz donde el transporte fondea en la madrugada del 14, desembarcando a los aspirantes. Deberán volver a la Escuela el 1 de agosto para efectuar el tercer curso. Tienen 17 días de vacaciones.

   Álvaro, en lugar de ir a Plasencia, como está más cerca de Cádiz, se dirige a Los Caños de Meca, donde están veraneando su madre y hermanos. Es recibido con la natural alegría. Todos quieren que les cuente hasta el más pequeño detalle del periplo en el que ha recorrido, salvo la costa cantábrica, la mayor parte del litoral español.

   -¿Qué ciudad te ha gustado más? –quiere saber Pilar.

   -Me ha gustado Cartagena, más que por la ciudad en sí, por las instalaciones que tiene allí la Marina. Son bastante modernas y muy completas, sobre todo la base de submarinos.

   -¿Y no te da miedo meterte en un barco que navega un montón de metros por debajo del agua? –pregunta Jesús.

   -A todo se acostumbra uno, pero la verdad es que impone.

   -¿Y os dan bien de comer? –La pregunta es de Julia quien, como todas las madres, se preocupa por las cosas prácticas.

   -Se come bastante bien, pero sin exquisiteces. De siete a ocho de la mañana nos dan café con galletas; al medio día una olla o cocido abundante, con ración de carne o bacalao con patatas, y a la caída del sol, se cena un guisado de carne o de pescado salado, también con patatas.

   -Desde luego no son comidas para gourmets –critica Pilar.

   -Pues, según cuentan los veteranos, ha mejorado mucho. Antes había tres clases de raciones en los buques. La primera se llamaba de carne salada o cecina y tocino; la segunda de bacalao, aceite y vinagre, y la tercera de queso y aceite. Con cada una de esas raciones se suministraba bizcocho, vino, menestra fina, agua y sal.

   -Tato, ¿y qué tal Barcelona, te ha gustado? –pregunta Eloísa.

   -Es una ciudad muy europea y tiene edificios preciosos. Ahora están construyendo un templo que se denomina La Sagrada Familia, diseñado por Antonio Gaudí, un arquitecto que por cierto murió hace un año.

   -¿Y el Barrio Chino es tan chungo como cuentan? –quiere saber Pilar.

   -¿Hay un barrio de chinos? –interpela ingenuamente Concha antes de que Álvaro pueda responder.

   -Chino no vi ninguno, pero gitanos a montones –contesta Álvaro que prefiere no dar detalles sobre el barrio en cuestión.

   -Yo creía que gitanos solo había en Andalucía y aquí –se extraña Eloísa.

   -Pues allí vi muchos, sobre todo en un barrio llamado El Raval. Otra cosa que os gustará, y que si alguna vez vais a Barcelona tenéis que recorrer, son Las Ramblas. Es un paseo que discurre entre la plaza de Cataluña, que es lo que en Plasencia es la Plaza Mayor, y el puerto antiguo. Está lleno de gente hasta altas horas de la noche y plagado de kioscos de prensa, floristerías, puestos de pequeños animales, actores callejeros, cafeterías, restaurantes y comercios.

   -¿Y la gente, qué tal? –vuelve a preguntar Pilar, que se ha quedado con ganas de que su hermano les contara más detalles sobre el Barrio Chino.

   -Educada, bien vestida y con duros en el bolsillo para gastar. Lo único que no me ha gustado es que hablan un dialecto que no lo entiende ni Dios.

   El 31 de julio, Álvaro marcha a San Fernando para comenzar el tercer curso de la Escuela Naval, en el que ya será guardiamarina. El resto de los Carreño se vuelven a Plasencia puesto que el mes de agosto siguen pasándolo en Pinkety.

   En septiembre comienza el curso 27-28, con lo que los chicos Carreño que estudian fuera se marchan a sus centros. En esta ocasión hay una novedad importante: los padres, atendiendo a la sugerencia del tío Luis, han optado por enviar a Jesús a Madrid para que termine allí el bachillerato. Y, para abaratar costes, han decidido enviar también a la capital a Eloísa, que cursará cuarto de bachillerato, y a Concha que hará segundo. Los tres, junto con Pilar, vivirán en el piso de la calle Don Quijote. Pilar ha puesto el grito en el cielo al enterarse de la decisión paterna.

   -¿Qué van a venir conmigo esos tres monicacos? ¿Entonces qué voy a hacer con mi compañera de piso, dónde va a dormir, en la cocina?

   -Lo sentimos, hija, pero tendrás que decirle a Fuensanta que busque donde quedarse porque, evidentemente, en el piso no va a poder ser.

   -Os recuerdo que solo hay tres habitaciones y vamos a ser cuatro.

   -Podéis arreglaros. Una habitación para ti, otra para Jesús y en la tercera pondremos dos camas para Eloísa y Concha. Lo hemos pensado mucho antes de tomar la decisión, pero en estos momentos no andamos muy boyantes y hemos de hacer los recortes necesarios para que todos podáis continuar estudiando.

   Pilar calla. Sabe que lo que dicen sus padres es razonable, pero el hecho de que tres de sus hermanos vayan a vivir con ella le va a quitar la maravillosa libertad que disfrutaba. Adiós a los guateques y reuniones con amigos y compañeros, adiós a no dar cuentas a nadie de sus idas y venidas, aunque es consciente de que para los Carreño la familia es lo primero. Pragmática como es, le escribe a su compañera murciana anunciándole lo que acaban de resolver sus padres y que, por tanto, no podrá acogerla en el piso en el nuevo curso.

   Los chicos marchan a Madrid y con ellos Paca, que es quien organizará durante unas semanas la vida en el piso. Han pensado que Paca puede dormir en el sofá que hay en el comedor-salón, pero Jesús dice que de ninguna manera, que Paca duerma en su habitación y el sofá para él hasta que Paca vuelva a Plasencia. A Jesús lo matriculan en el Colegio Salesiano de Don Juan Bautista, más conocido como Salesianos de Estrecho, por estar ubicado en dicho barrio madrileño. Eloísa y Concha irán al Colegio Divina Pastora perteneciente a la Congregación de Hermanas Franciscanas Misioneras del Divino Pastor, y que está emplazado en la calle de Santa Engracia. Los recién llegados, al amparo de la gobernanza de Paca y de la experiencia de Pilar se adaptan rápidamente a la vida madrileña, dado que ya están acostumbrados a vivir fuera de casa.

   Casi la mitad de la segunda generación de los Carreño vivirá en Madrid durante el curso escolar, ¿se sentirán a gusto en la capital del reino?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 174. ¿Quién será la tal Adelina?