viernes, 2 de diciembre de 2022

Libro III. Episodio 173. Pilar, Jesús, Eloísa y Concha en Madrid

   En su derrota por el Mediterráneo occidental, el Almirante Lobo, en el que va embarcado Álvaro, fondea en Cartagena. En la ciudad departamental visitan la base de submarinos, los servicios de la base y de la escuela para la instrucción y el adiestramiento de las dotaciones de sumergibles, así como el cuartel  y los alojamientos de marinería que están instalados en el antiguo edificio del Tinglado de la Maestranza y Sala de gálibos del arsenal. La flotilla de submarinos está compuesta por cuatro unidades: el Isaac Peral, el Narciso Monturiol y el Cosme García. Hay un cuarto, denominado A-3, que está fuera de servicio.

   -Yo no serviría en un cacharro de estos ni de coña –proclama Álvaro tras recorrer el Monturiol.

   -Pues los submarinistas cobran más que los que sirven en los buques de superficie –le informa un compañero.

   -Me da igual, ni aunque me doblaran el sueldo.

   El buque prosigue la navegación en dirección norte hasta llegar al puerto de Barcelona donde visitan la base naval y la Fábrica de Hidros. En la Ciudad Condal visitan diversos lugares típicos y las obras de lo que será la Exposición Internacional que debe celebrarse en 1929, al mismo tiempo que la de Sevilla. Después les dan dos tardes francos de ría, que los alumnos aprovechan para hacer turismo. La primera tarde se pierden por los callejones del Barrio Chino, también conocido por El Raval. Van buscando prostíbulos. Terminan callejeando por la Rambla del Raval y la calle de la Cera en la que abundan los gitanos. Mientras pasean los jóvenes aspirantes alardean de sus proezas amatorias con las putas del barrio.

   -Que buena estaba la que me he tirado.

   -Pues la mía tenía unas tetas que no me cabían en las manos.

   -Pechos que con manos no cubres, no son tetas, son ubres –sentencia otro.

   -O sea, Carranza, que lo que te has tirado ha sido una vaca –se burla un tercero.

    Álvaro calla, no quiere que los demás se enteren de que la tarde ha sido para él agridulce: el día que conoció mujer. La experiencia no ha sido tan placentera como cuentan.

   El transporte vuelve a virar hacia el sur en dirección a Valencia donde, 24 horas después, el Almirante Lobo amarra en el muelle de Poniente de El Grao. Luego los aspirantes visitan el acorazado Alfonso XIII, fondeado en la dársena de Levante. En la minuciosa visita, un capitán de corbeta les resume las principales características del acorazado.

   -Es un buque de cubierta corrida y mástiles en trípode. Solo dispone de una chimenea en la parte central, puente de mando a proa y puente auxiliar a popa. La coraza está formada por acero Krupp reforzado con una traca de planchas de 2,20 m de anchura que va disminuyendo de espesor por debajo de la línea de flotación. La dotación está compuesta por 850 hombres, a las órdenes del capitán de navío, D. Benito González Pelayo, y de 20 jefes y oficiales, incluyendo el páter y dos médicos. Y tiene una velocidad máxima de 19,5 nudos.

   -Mi comandante –se atreve a preguntar uno de los alumnos-, con su permiso, ¿podría contarnos el armamento de que dispone el buque?

   -Como no. El Alfonso XIII está equipado con ocho cañones Vickers de 305 mm, situados en cuatro torres dobles, dos situadas en la crujía, una a popa y otra a proa, y las otras dos más cerca del centro. Luego tiene piezas secundarias Vickers de 101,6 mm, 10 por banda por debajo de la cubierta principal. Posteriormente a su construcción se le han instalado 2 cañones antiaéreos de 76,2 mm ¿Otra pregunta?

   Del puerto de El Grao, el Almirante Lobo se dirige a Sagunto donde les enseñan los altos hornos. En la visita guiada, uno de los ingenieros explica a los alumnos que el primer alto horno comenzó a funcionar en 1922. Terminada la visita a Sagunto, parten para Ceuta, donde arriban el 11. De allí cruzan el Estrecho para Algeciras, y en 24 horas ponen rumbo a Cádiz donde el transporte fondea en la madrugada del 14, desembarcando a los aspirantes. Deberán volver a la Escuela el 1 de agosto para efectuar el tercer curso. Tienen 17 días de vacaciones.

   Álvaro, en lugar de ir a Plasencia, como está más cerca de Cádiz, se dirige a Los Caños de Meca, donde están veraneando su madre y hermanos. Es recibido con la natural alegría. Todos quieren que les cuente hasta el más pequeño detalle del periplo en el que ha recorrido, salvo la costa cantábrica, la mayor parte del litoral español.

   -¿Qué ciudad te ha gustado más? –quiere saber Pilar.

   -Me ha gustado Cartagena, más que por la ciudad en sí, por las instalaciones que tiene allí la Marina. Son bastante modernas y muy completas, sobre todo la base de submarinos.

   -¿Y no te da miedo meterte en un barco que navega un montón de metros por debajo del agua? –pregunta Jesús.

   -A todo se acostumbra uno, pero la verdad es que impone.

   -¿Y os dan bien de comer? –La pregunta es de Julia quien, como todas las madres, se preocupa por las cosas prácticas.

   -Se come bastante bien, pero sin exquisiteces. De siete a ocho de la mañana nos dan café con galletas; al medio día una olla o cocido abundante, con ración de carne o bacalao con patatas, y a la caída del sol, se cena un guisado de carne o de pescado salado, también con patatas.

   -Desde luego no son comidas para gourmets –critica Pilar.

   -Pues, según cuentan los veteranos, ha mejorado mucho. Antes había tres clases de raciones en los buques. La primera se llamaba de carne salada o cecina y tocino; la segunda de bacalao, aceite y vinagre, y la tercera de queso y aceite. Con cada una de esas raciones se suministraba bizcocho, vino, menestra fina, agua y sal.

   -Tato, ¿y qué tal Barcelona, te ha gustado? –pregunta Eloísa.

   -Es una ciudad muy europea y tiene edificios preciosos. Ahora están construyendo un templo que se denomina La Sagrada Familia, diseñado por Antonio Gaudí, un arquitecto que por cierto murió hace un año.

   -¿Y el Barrio Chino es tan chungo como cuentan? –quiere saber Pilar.

   -¿Hay un barrio de chinos? –interpela ingenuamente Concha antes de que Álvaro pueda responder.

   -Chino no vi ninguno, pero gitanos a montones –contesta Álvaro que prefiere no dar detalles sobre el barrio en cuestión.

   -Yo creía que gitanos solo había en Andalucía y aquí –se extraña Eloísa.

   -Pues allí vi muchos, sobre todo en un barrio llamado El Raval. Otra cosa que os gustará, y que si alguna vez vais a Barcelona tenéis que recorrer, son Las Ramblas. Es un paseo que discurre entre la plaza de Cataluña, que es lo que en Plasencia es la Plaza Mayor, y el puerto antiguo. Está lleno de gente hasta altas horas de la noche y plagado de kioscos de prensa, floristerías, puestos de pequeños animales, actores callejeros, cafeterías, restaurantes y comercios.

   -¿Y la gente, qué tal? –vuelve a preguntar Pilar, que se ha quedado con ganas de que su hermano les contara más detalles sobre el Barrio Chino.

   -Educada, bien vestida y con duros en el bolsillo para gastar. Lo único que no me ha gustado es que hablan un dialecto que no lo entiende ni Dios.

   El 31 de julio, Álvaro marcha a San Fernando para comenzar el tercer curso de la Escuela Naval, en el que ya será guardiamarina. El resto de los Carreño se vuelven a Plasencia puesto que el mes de agosto siguen pasándolo en Pinkety.

   En septiembre comienza el curso 27-28, con lo que los chicos Carreño que estudian fuera se marchan a sus centros. En esta ocasión hay una novedad importante: los padres, atendiendo a la sugerencia del tío Luis, han optado por enviar a Jesús a Madrid para que termine allí el bachillerato. Y, para abaratar costes, han decidido enviar también a la capital a Eloísa, que cursará cuarto de bachillerato, y a Concha que hará segundo. Los tres, junto con Pilar, vivirán en el piso de la calle Don Quijote. Pilar ha puesto el grito en el cielo al enterarse de la decisión paterna.

   -¿Qué van a venir conmigo esos tres monicacos? ¿Entonces qué voy a hacer con mi compañera de piso, dónde va a dormir, en la cocina?

   -Lo sentimos, hija, pero tendrás que decirle a Fuensanta que busque donde quedarse porque, evidentemente, en el piso no va a poder ser.

   -Os recuerdo que solo hay tres habitaciones y vamos a ser cuatro.

   -Podéis arreglaros. Una habitación para ti, otra para Jesús y en la tercera pondremos dos camas para Eloísa y Concha. Lo hemos pensado mucho antes de tomar la decisión, pero en estos momentos no andamos muy boyantes y hemos de hacer los recortes necesarios para que todos podáis continuar estudiando.

   Pilar calla. Sabe que lo que dicen sus padres es razonable, pero el hecho de que tres de sus hermanos vayan a vivir con ella le va a quitar la maravillosa libertad que disfrutaba. Adiós a los guateques y reuniones con amigos y compañeros, adiós a no dar cuentas a nadie de sus idas y venidas, aunque es consciente de que para los Carreño la familia es lo primero. Pragmática como es, le escribe a su compañera murciana anunciándole lo que acaban de resolver sus padres y que, por tanto, no podrá acogerla en el piso en el nuevo curso.

   Los chicos marchan a Madrid y con ellos Paca, que es quien organizará durante unas semanas la vida en el piso. Han pensado que Paca puede dormir en el sofá que hay en el comedor-salón, pero Jesús dice que de ninguna manera, que Paca duerma en su habitación y el sofá para él hasta que Paca vuelva a Plasencia. A Jesús lo matriculan en el Colegio Salesiano de Don Juan Bautista, más conocido como Salesianos de Estrecho, por estar ubicado en dicho barrio madrileño. Eloísa y Concha irán al Colegio Divina Pastora perteneciente a la Congregación de Hermanas Franciscanas Misioneras del Divino Pastor, y que está emplazado en la calle de Santa Engracia. Los recién llegados, al amparo de la gobernanza de Paca y de la experiencia de Pilar se adaptan rápidamente a la vida madrileña, dado que ya están acostumbrados a vivir fuera de casa.

   Casi la mitad de la segunda generación de los Carreño vivirá en Madrid durante el curso escolar, ¿se sentirán a gusto en la capital del reino?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 174. ¿Quién será la tal Adelina?

 

viernes, 25 de noviembre de 2022

Post que completa el episodio 172

 

 Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 173. Pilar, Jesús, Eloísa y Concha estudian en Madrid

Libro III. Episodio 172. Un viaje a Murcia

   El tío Luis está atornillando a Jesús para saber qué piensa estudiar el chaval en cuanto acabe el bachillerato.

   -De todas formas –prosigue Luis dirigiéndose otra vez a los padres-, insisto en que lo mejor que podéis hacer con este irresoluto hijo vuestro es enviarlo a Madrid para que termine allí el bachillerato. Es bastante posible que al conocer más profesiones y oficios se le despierte alguna vocación. Además, mandarlo a la capital tendrá otro efecto beneficioso: estará al lado de Pilar, que le cuidará, y al tiempo se harán compañía. No es bueno que vuestra hija esté sola en el piso.

   -No está sola, tío, se ha buscado una compañera que le ayuda a sufragar los gastos.

   -Sí, pero no es lo mismo vivir con una desconocida que con un hermano y no me tiréis de la lengua –Y con esa críptica frase, Luis pone fin a la conversación.

   A Julia no le gustado nada lo que parece que ha dejado entender su tío sobre la vida de Pilar en el piso de don Quijote. Y puesto que siempre ha preferido hablar de los temas que no callarlos, tiene una charla con su hija mayor, pero entrándole de manera sinuosa.

   -Pilar, hija, ¿pasa algo con tu compañera de piso? Lo pregunto porque el tío Luis ha dejado caer que estarás mejor acompañada si enviamos a Jesús a Madrid que con tu actual compañera –A Pilar la posibilidad de que Jesús vaya a vivir con ella le sienta como un tiro, pero no da muestras de ello y responde a la pregunta de su madre.

   -Mamá, con mi compañera de piso no pasa nada. Fuensanta es una buena muchacha, seria, juiciosa y, por las notas que saca, buena estudiante. Y nos llevamos de maravilla. Solo te diré que para el próximo día 24, me ha invitado a su casa de Murcia a presenciar los actos que se celebrarán con motivo de la Coronación de la Virgen de la Fuensanta, patrona de la ciudad. Y no hagas caso de lo que diga el tío Luis, ya sabes que es un metete. Alguna vez que he ido a verle me ha reñido porque, en su opinión, iba vestida muy descocada. Y de eso nada, vestía de manera parecida a las de mis amigas. Lo que ocurre es que el tío quisiera verme como van las ursulinas y ni tengo edad ni ganas de vestirme como una monja.

   El 22 de abril, Pilar viaja a Murcia en compañía de su compañera de piso. El domingo siguiente se celebra la Coronación canónica de la Virgen de la Fuensanta, como Patrona de Murcia. En las aceras del Puente de los Milagros se han instalado varias tribunas y una especial para el Infante Fernando de Baviera, que asiste a la ceremonia en representación del Rey. En el centro del puente se ha colocado el altar con la Virgen. Primero, se procede a leer el decreto papal de la coronación, después el Alcalde da las coronas al Nuncio, el cual coloca primero la del Niño y después la de la Virgen. Todas las campanas de la ciudad suenan al unísono señalando el inicio de las fiestas.

   Pilar se lo pasa en grande, no se pierde ningún acto, ningún baile, ningún festejo. Su carácter desenvuelto y su atrevimiento tienen mucho éxito entre la juventud local. Uno de los jóvenes que ha intentado monopolizarla ha sido un primo de Fuensanta que, según le ha contado, está terminando Derecho en la Universidad de Valencia pues quiere opositar a notarías. Puesto que ha acabado mostrándose un tanto posesivo, Pilar ha terminado cansándose y se lo ha quitado de en medio. Cuando vuelve a Madrid solo le ha quedado como recuerdo del futuro notario su nombre, Luis Verdú; en cambio, al murciano la futura boticaria le ha hecho algo más que un arañazo en el hondón de los sentimientos, pero piensa que antes de todo ha de terminar la carrera y aprobar la oposición. Luego, el tiempo dirá.

   Metidos de lleno en la primavera, en la tertulia se comenta la noticia de que un aviador norteamericano, un tal Charles Lindbergh, acaba de realizar el primer vuelo transoceánico sin escalas de la historia, volando entre Nueva York y París. Don Romualdo que es quien cuenta la noticia la adorna con más detalles.

   -Lindbergh ha hecho el vuelo en un monoplano de un solo motor, bautizado como Spirit of St. Louis. Despegó de Long Island y, tras un vuelo de unas 33 horas, aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget de París.

   -Hay que ver como adelanta la ciencia –es todo el comentario que merece la proeza.

   En casa de los Carreño a finales de mayo llega carta de Álvaro avisándoles de que no le esperen hasta mediados de julio pues tiene que efectuar el viaje de prácticas correspondiente al segundo curso. También incluye las notas de la segunda parte del curso. En las asignaturas principales tiene: en electricidad II, 8,4; en torpedos y minas con prácticas de fondeo y lanzamiento, 10; en máquinas de vapor, 8,4. En cuanto a las materias accesorias, que se puntúan de 0 a 3, tiene: inglés 3 y prácticas de taller 2,4. Las demás también las ha aprobado: ejercicios militares y marineros, gimnasia y esgrima. Finalmente, la nota de conducta es de 7,8. Y les adelanta que el 1 de junio embarcará para el viaje de prácticas y que ya les irá contando.

  En la primera carta que la familia recibe de Álvaro les cuenta que va embarcado en el Almirante Lobo, un transporte militar encargado de trasladar pertrechos, provisiones, ganado vivo, hombres, armamento, municiones y cuanto puedan necesitar los demás buques de la Armada. Luego se extiende en detalles técnicos: el buque fue construido en Inglaterra y, en el arsenal de La Carraca, fue artillado con dos ametralladoras Nordenfelt de 42 mm, un arma multi-cañón. Puede llegar a dar 11 nudos, y lleva una dotación de 70 hombres

   La siguiente noticia que reciben los Carreño del primogénito es una tarjeta postal, con fecha 4 de junio, desde Corcubión, en La Coruña, donde han visitado la fábrica de Ferromanganeso,  la Ballenera y el salto de agua de Monte Pindo. Días después reciben otra postal, esta vez desde Gijón, ciudad en la que les han llevado a ver los astilleros y los Altos Hornos de Moreda. En el gijonés puerto de El Musel estarán fondeados varios días pues también han de visitar otras ciudades asturianas. La tercera postal está matasellada en la capital de Asturias, que apenas si pudieron ver porque adonde les llevaron fue a Trubia, visitando durante todo el día la Fábrica Nacional de Armas. Luego salen para Ferrol y de allí ponen rumbo a Cádiz, una vez completada la primera parte del viaje de prácticas. Que suerte tiene el tato, piensa Pilar, viajando por esos mares y yo aquí, muerta de asco.

   En junio, los chicos Carreño que estudian fuera vuelven a casa al terminar el curso. Todos han aprobado por lo que padres y hermanos los reciben alegremente. Solo hay una sombra de inquietud para la familia que los padres se guardan de extenderla a los hijos: la economía familiar está entrando en números rojos. La competencia de la nueva droguería de Galiana hijo está resultando ser más fuerte de lo que preveían y por consiguiente los ingresos han decaído. Julio ha de esforzarse en multiplicar sus viajes por la región para compensar las menores ventas que tienen en la ciudad. En esos viajes cuenta con la inestimable ayuda de su hijo Julián, quien a sus 17 años está comenzando a hacer pinitos en la conducción del Ford.

   En el mismo mes, la Dictablanda de Primo de Rivera promulga la Ley del Monopolio de Petróleos cuya función es administrar la concesión del monopolio estatal de petróleos, promovido por el ministro de Hacienda, Calvo Sotelo. Dicha ley sienta las bases para la creación de la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos, que enseguida es conocida por su acrónimo CAMPSA.

  En julio, como en años anteriores, los Carreño se van a veranear a Los Caños de Meca. Pilar se ha resistido a ir porque se aburre en la playa gaditana, pero su madre le ha recordado que, en ausencia de Álvaro, es la mayor de los hijos y debe ayudarla a cuidar al resto. Pilar acepta el encargo pues, como todos los hermanos, tiene grabado a fuego que la familia es lo primero.

  A lo largo del mes de julio, los Carreño continúan recibiendo noticias de Álvaro, que sigue embarcado en el transporte militar Almirante Lobo. Pero después de la primera carta lo que les llegan son tarjetas postales, generalmente con vistas de los lugares en los que el buque recala, y en los que en su cara posterior el primogénito aprovecha hasta el más mínimo espacio para contarles las visitas que están llevando a cabo. El 12 el Almirante Lobo parte de Cádiz llevando embarcados a los alumnos de segundo de la Escuela Naval. Su primer destino es otra vez el puerto de Ferrol, donde el grupo de aspirantes visita los astilleros. Días después los llevan a la base naval de La Graña, donde está la Estación Torpedista y una Escuela de Aprendices de Marineros a bordo de la corbeta Villa de Bilbao. El mismo día salen para Marín donde visitan el Polígono Janer destinado al adiestramiento de las dotaciones artilleras y el asesoramiento e información del tiro de la artillería naval. El buque, tras salir de la ría de Pontevedra, vira al sur. Recorre toda la costa portuguesa hasta sobrepasar el cabo San Vicente, al que los portugueses llaman o fim da terra, donde pone rumbo sureste en demanda del estrecho de Gibraltar, si bien antes de cruzarlo se adentra en el río Guadalquivir camino del puerto fluvial de Sevilla. En la capital hispalense los aspirantes visitan las obras de la Exposición Ibero-Americana que se inaugurará en 1929, y cuya finalidad es dar muestra del hermanamiento entre España, Hispanoamérica, Estados Unidos, Portugal y Brasil. Después salen para Málaga donde visitan varias instalaciones fabriles y por la tarde el buque pone rumbo a levante. Les han dicho que visitarán Barcelona que tiene fama de ser la ciudad más europeizada de España. ¿Será verdad?

viernes, 18 de noviembre de 2022

Libro III. Episodio 171. Los jóvenes Carreño responden

   El año 1927 no comienza precisamente como un año de bienes para los Carreño. La primera contrariedad que se les presenta les llega por boca de Manuel Galiana, el dueño de la más importante ferretería que hay en la ciudad y contertulio del casino. No se puede decir que sea amigo de Julio, pero sí mantienen buena relación. De hecho fue uno a los que, antes de caer en las garras de Adelina, acudió Julio para que le prestara dinero cuando se obcecó en la compra de acciones de la Bergwerk  Spanisch. Galiana se disculpó de no poder darle el préstamo porque su hijo Fernando, al no poder ingresar en ninguna escuela de ingenieros, ha pensado en poner un comercio. Pues bien, parece que el chico del ferretero ya sabe la clase de tienda que quiere montar. Galiana cuenta a Julio que su hijo va a abrir una droguería y, antes de que se entere por terceros, ha venido a decírselo personalmente.

   -A mí la idea no me hace mucha gracia, pero el chaval; bueno, no tan chaval, pues ya tiene los veintitrés cumplidos. Como decía, el chico se ha emperrado en montar una droguería y no le voy a llevar la contraria porque no solo se iba a mosquear sino que mi mujer se iba a poner de uñas.

   -Primero, gracias por decírmelo, Galiana. Y en segundo lugar, no te preocupes. La ciudad se está haciendo grande y hay público para dos tiendas. Una pregunta por pura curiosidad, ¿dónde ha aprendido tu chico el negocio?

   -Ese es uno de los puntos débiles que le veo a la idea. No ha aprendido en ninguna parte y no sabe nada de droguería. En cierto modo tú eres el causante de que se le haya ocurrido el plan. Dice que si te va tan bien es porque es un buen negocio y, como yo le conté que tú habías aprendido con el Bisojo empezando de cero, piensa que también puede aprender, como tú, partiendo de cero.

   Ambos comerciantes se despiden amistosamente, pero Julio queda preocupado. Se ha olvidado de lo que es tener competidores porque cuando abrió la tienda el Bisojo estaba al final de su vida profesional y realmente nunca fue un competidor. Y ahora tener que medirse con un rival, aunque sea un principiante como el hijo de Galiana, no le hace ninguna gracia. Por poco que llegue a vender, alguna cuota de mercado le va a quitar y eso supondrá una merma en sus ingresos, cada vez más ajustados. En cuanto llega a casa se lo cuenta a Julia.

  -No te preocupes, marido. Ese chico, aunque sea bachiller, no es ningún portento. La prueba es que cuando se fue a Madrid a estudiar no sacó nada en claro, y dudo mucho que como droguero obtenga mejores resultados.

   -Eso ya lo sé, pero a pocos clientes que nos quite, los ingresos mermarán y en estos momentos nos viene fatal.

   -Admito que algún cliente perderemos, pero no creo que sean demasiados. Según su padre el chico no sabe nada de droguería, ¿cómo va a aconsejar a los compradores?, algo que es esencial en un negocio como este.

   -Se puede traer a un dependiente de fuera –objeta Julio.

   -A un dependiente forastero le costará meses hacerse con la confianza de la clientela y mientras tanto ¿qué hará ese chico?, ¿cómo podrá hacer frente a los pagos a los proveedores?

   -Su padre le echará un cable. Galiana tiene el riñón forrado.

   -Pero también tiene más hijos a los que ayudar. No se va a hipotecar por ayudar solo a uno. Quédate tranquilo, cariño, y no te preocupes que eso no va a ninguna parte.

   Julia no es del todo sincera con su esposo. La noticia también le ha dejado inquieta. En la familia Carreño, como en tantas otras aunque no se airee, las cuentas hogareñas las lleva la mujer y ella sabe mejor que nadie lo apretados que van. Tener un competidor, aunque sea de poco fuste, no es una buena noticia. Habrá que estar atentos a ver cómo evoluciona la competencia.

   El 8 de abril, dos días antes del Domingo de Ramos, llegan a casa los chicos Carreño que estudian fuera. Los que estudian el bachillerato en Cáceres no perciben nada en la actitud de sus padres, pero tanto a Álvaro como a Pilar, más hechos y curtidos, no se les escapa que algo les pasa. Pilar, que como siempre es la más directa, se lo pregunta a su madre con la que tiene una relación más fluida.

   -Mamá, lo he hablado con el tato y coincidimos. A papá y a ti se os ve un tanto alicaídos y mustios. ¿Qué os pasa?

   -Nada, hija, nada que no pueda solucionarse.

   -Si no quieres contármelo respeto tu decisión, pero creo que haces mal. Tanto Álvaro como yo somos lo suficientemente mayores para conocer todo aquello, bueno o malo, que afecte a la familia. Y no solo conocerlo, quizá también podamos ayudar. Porque lo que os afecte a vosotros más pronto que tarde repercutirá en nosotros. Por consiguiente, no deberíais ocultarnos lo que pasa, tendríais que contárnoslo.

   -Tienes razón, hija. Y te agradezco que me lo hayas recordado, ya no sois unos niños. Esta noche, tras la sobremesa, vamos a quedarnos solo los cuatro, y papá y yo os contamos lo que ocurre.

   En cuanto los demás hijos se van a dormir, se quedan el matrimonio y los dos hijos mayores, y Julio cuenta lo que ocurre: se ha abierto una nueva droguería en la ciudad, con lo cual tienen un competidor y, por las noticias que les llegan, está teniendo bastantes clientes. Todavía no han notado que las ventas hayan mermado, pero evidentemente cada comprador que entra en la nueva tienda es uno que no entrará en la suya.

   -¿Y quién ha puesto la tienda, alguien de aquí?

   -¿Os acordáis de uno de los hijos de Galiana que se llama Fernando?, pues ese.

   -¿Es el que no pudo aprobar el ingreso en la Escuela de Ingenieros de Caminos ni en la de Industriales? –pregunta Álvaro.

   -El mismo.

   -Pues vaya recorrido, de ingeniero a tendero –Nada más decirlo, Pilar se da cuenta de que acaba de meter la pata, sus padres también son tenderos. Intenta arreglarlo-. No es que tendero no sea una profesión tan honorable como cualquier otra, lo que quiero decir es que si quería ser ingeniero y no lo ha conseguido es que tampoco va a inventar la pólvora, por lo que yo no me preocuparía demasiado por él.

   -Pero ahí no acaba el asunto. Lo peor para nosotros es que nos ha robado a Lupe.

   -¿Cómo que os ha robado a Lupe?

   -Se ha llevado a Lupe con él. Le ha prometido darle más sueldo y un porcentaje sobre las ventas y además la ha hecho encargada.

   -¡Qué falta de lealtad! ¿Pero Lupe no es amiga tuya, mama?

   -Eso creía tu madre, de hecho cuando cerró la tienda el Bisojo le dimos trabajo. Y ya veis como nos lo ha pagado. Siempre fue una trepa.

   -Y ahora –interviene Julia-, tenemos un problema con la tienda de regalos. Cuando vuestro padre se iba de viaje yo me hacía cargo de la droguería y Lupe se quedaba al frente de la tienda de regalos. Al irse Lupe todavía no hemos encontrado solución al problema.

   Se produce un silencio, como si nadie tuviera nada más que añadir, hasta que Pilar se arranca.

   -Ese problema creo que os lo puedo solucionar. Mañana mismo me haré cargo de la tienda. Aunque nunca he despachado os he visto hacerlo tantos años que no creo que me plantee ninguna dificultad. Estoy segura de que en unos días me pondré al corriente.

   Julia no puede remediarlo, unos lagrimones gordos como cañamones le mojan las mejillas cuando se echa en brazos de su hija. Y entre hipos le dice:

   -Pilar, hija, eres una bendición del Señor. Tu ofrecimiento es el mejor regalo que jamás me han hecho, pero no es necesario. Lo que debes hacer es continuar sacando esas notas que traes que son el orgullo de la familia. Tu sitio está en Madrid estudiando, no aquí.

   -Hija, me uno a las palabras de tu madre, también yo estoy más que orgulloso por tu deseo de ayudarnos, pero como ha dicho mamá debes seguir estudiando que a lo mejor, cuando tengas el título de farmacéutica, quizá puedas corresponder.

   -De todas formas, papás, mientras esté de vacaciones iré con vosotros a las tiendas para ayudar en lo que pueda hasta que encontréis una dependienta,

   -Y contad también conmigo –Álvaro no quiere quedarse detrás de su hermana.

   El Jueves Santo aparece por Plasencia el tío Luis Manzano que piensa estar hasta el Domingo de Pascua. Dice de quedarse en un hotel, el único que hay en la ciudad, pero los Carreño se lo quitan de la cabeza. Pese al familión que son, en la casa siempre hay una habitación para él, todo será que los chicos duerman unas noches algo más apretados. En cuanto el jurídico de la Armada se pone cómodo empieza a preguntar por la marcha de los estudios de sus sobrinos. Al enterarse de que Jesús, en un par de meses, acabará el quinto de bachillerato le sale su natural de ordeno y mando.

   -Si después de que sea bachiller pensáis que haga alguna carrera es un error que curse el sexto año en Cáceres. Es mucho mejor que, como hicisteis con Pilar, lo mandéis a Madrid para que se gradúe allí. Así no tendrá ningún problema para ser admitido en la Universidad Central. Porque, vamos a ver –y Luis se dirige a Jesús-, ¿qué carrera quieres estudiar?

   Jesús no sabe qué contestar, pues realmente es algo en lo que no ha pensado. No tiene una vocación clara, pero la mera idea de seguir estudiando otros cinco años le espanta. Ante el silencio del jovencito, don Luis vuelve a su discurso.

   -Ya estás como estaba tu hermano mayor, menos mal que al final se cayó del guindo. Te voy a ayudar a descubrir tus aficiones. ¿Qué te gustan más las ciencias o las letras? -El chiquillo sigue dudando, pero el tío le apremia-.Te acabo de formular una pregunta muy sencillita. Todo el mundo sabe si le gustan más las matemáticas o la literatura. ¿Entonces…?

   -Es que no sabría decirle, tío.

   -¡Jo!, sí que me lo pones difícil. ¿Te gustaría ser marino cómo Álvaro? –Jesús niega-. ¿O ser farmacéutico como dentro de unos años lo será Pilar? –El chico vuelve a negar-. Probemos otro registro, ¿te gustaría hacer una carrera larga o corta?

   -Corta –En eso el jovencito sí ha sido contundente.

   -Entonces podrías hacer un peritaje, ser maestro o auxiliar sanitario, hacerte profesor mercantil… En fin, hay una amplia gama de posibilidades. Prométeme que lo pensarás y dentro de un año, cuando acabes el bachillerato, te lo volveré a preguntar.

   -Lo que tú digas, tío.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 172. Un viaje a Murcia

viernes, 11 de noviembre de 2022

Libro III. Episodio 170. San Martín Caballero, a ti me encomiendo

 

   Los aspirantes que van embarcados en el crucero Cataluña creen que van al puerto de Bilbao, pero el marinero que le contó a Álvaro lo de los percebeiros, y con el que de vez en cuando hecha una parrafada, le sopla que fondearán en la ría de Bilbao, pero en Santurce, primero, y luego en Erandio. Conoce bien la comarca, sobre todo la ribera izquierda del Nervión porque, aunque gallego de A Mariña, de niño vivió en Baracaldo donde su padre trabajaba en una acerería.

   En Santurce, el ayuntamiento les ha preparado un recargado plan de visitas a los lugares más emblemáticos de la ciudad. Primero los llevan a recorrer lo que es la principal zona portuaria, visita que los lleva toda la jornada. A mediodía, el alcalde ha invitado a los jefes y alumnos del Cataluña a un almuerzo en el que pueden degustar un menú típico de la gastronomía vasca: txangurro a la donostiarra, bacalao al pil pil, sukalki y de postre pastel vasco. En la siguiente jornada los llevan a visitar el conjunto de fortalezas costeras del monte Serantes y la Cofradía de Pescadores. El Patrón Mayor, quizá conocedor del opíparo almuerzo al que el alcalde invitó a la dotación del crucero, los invita a una comida típicamente marinera: chipirones en su tinta, porrusalda, marmitako y uno de los postres típicos vascos, goxua.

   Tras las densas jornadas pasadas en Santurce, el Cataluña recala en Erandio, en la margen derecha de la ría de Bilbao. Cerca del mediodía, una representación del crucero visita la casa consistorial donde el alcalde y el comandante del buque se intercambian presentes. Al día siguiente, los alumnos de la Escuela reciben su mejor premio: les dan francos de ría toda la jornada; lo que aprovechan para acercarse a Bilbao que solo está a unos diez kilómetros. Como están cansados de tanto monumento lo que hacen es callejear. Recorren la Plaza Nueva, corazón del centro histórico; el Arenal, donde les gusta pasear a los bilbaínos de pura cepa; se montan en el funicular de Artxanda, en la zona más alta de la ciudad, y acaban recorriendo las Siete Calles; en ellas Álvaro aprende su única palabra en vascuence: eskerrik asko.

   El 28 de julio termina la singladura del Cataluña donde comenzó, en el puerto de Cádiz, y los aspirantes desembarcan. Álvaro ni se plantea ir a casa pues les han avisado que deberán presentarse en la Escuela el 1 de agosto. Puesto que solo tiene tres días de permiso piensa que únicamente tendrá tiempo de ver a los que están en Los Caños de Meca. Se echa atrás cuando un compañero le informa que Los Caños están a unos 75 kilómetros de la capital gaditana. Se ha de contentar con poner una conferencia telefónica a Plasencia y hablar con su padre, a quien le hace un resumen de los principales sucesos de la travesía.

   Cuando le llamó su hijo, Julio estaba precisamente en trance de hacer efectiva la compra de acciones de la empresa alemana Bergwerk  Spanisch que explotará minas de wolframio en la cacereña localidad de Torrecilla de los Ángeles. Previamente, ha buscado segundas opiniones sobre la bonanza de esa compra y le han ratificado que, en principio, parece una inversión sólida. La aposición le resulta preocupante y al preguntar cómo debe de entenderla la respuesta es simple.

   -Ten en cuenta, Carreño, que los negocios, como tantas cosas en la vida, se sabe cómo empiezan pero no cómo acaban. Los alemanes son gente seria y no realizan inversiones a humo de pajas, pero en una explotación minera pueden ocurrir muchos contratiempos.

   A Julio la explicación le parece de cajón; sin embargo, antes de efectuar la compra, alguna que otra noche se la ha pasado medio en vela pensando en si comprar o no. La gota que resuelve sus dudas es lo que le cuenta don Mauricio, el abogado que forma parte de su tertulia.

   -Si Josemari está metido en ese negocio es porque hay dinero a ganar. En la facultad se decía de él que era capaz de afeitar un huevo y sacarle pelo. No te digo más sobre el olfato que tiene el jodido para los negocios.

   El droguero se pone en contacto telefónico con el abogado de Llerena y quedan citados en Cáceres para efectuar la operación. Julio adquiere acciones por valor de 25000 pesetas, las que le ha prestado Adelina la usurera. El letrado le reitera la excelencia de la compra y, como el diez por ciento de capital nacional que la administración pública exige a la compañía está prácticamente cubierto, ahora solo falta el pertinente permiso del Consejo de Economía Nacional para que comience la explotación de la mina. En cualquier caso Julio que, como católico practicante, tiene a todo el santoral en la cabeza, invoca al Santo Patrón del trabajo y las oportunidades.

   -San Martín Caballero, a ti me encomiendo, te ruego que salga bien lo de la mina. Amén.

   El 13 de septiembre, tercer aniversario del golpe de estado que le ha llevado al poder, Primo de Rivera realiza un plebiscito informal para demostrar que cuenta con el respaldo popular y al tiempo presionar al Rey para que acepte su propuesta de convocar una Asamblea Consultiva, no elegida. A pesar de que el pseudoplebiscito es votado por mayoría, o al menos eso dice el gobierno, Alfonso XIII se resiste al principio a firmar la convocatoria que estará compuesta por miembros elegidos por los ayuntamientos, las diputaciones provinciales, los órganos del estado, representantes de la administración, el ejército, la justicia y la Iglesia, junto a otros del trabajo, el comercio, la cultura y las artes, y pretende ser la expresión de un modelo tripartito de representación, con raíces en el corporativismo clásico y en el fascismo italiano.

   Álvaro está deseando que lleguen las vacaciones navideñas para poder estar con los suyos a quienes no ha vuelto a ver desde que se despidió de ellos para embarcar en el crucero Cataluña. En compensación, les escribe con frecuencia. En una de las cartas les ha contado que les han llevado a visitar la central eléctrica del Arsenal de La Carraca, sito en el mismo San Fernando, y que es un centro militar destinado a la construcción y reparación de buques y al almacenamiento y distribución de armamento y munición.

   Dado que el curso 1926-27 ya comenzó, se ha producido la desbandada de los hermanos Carreño que estudian fuera de Plasencia. Pilar, desde que se quedó la casa solo para ella, y aunque sigue teniendo a la murciana Fuensanta como compañera de piso, goza de una amplia libertad que dedica a la participación en toda clase de eventos sociales, culturales y recreativos. Entre su amplia red de compañeros y conocidos se la considera una chica muy pochola, muy à la page y muy liberal. No se pierde un estreno de obras teatrales, conciertos y películas. Y tiene amigos, muchos, con alguno de los cuales ha llegado a intimar, pero sin llegar a emparejarse de manera convencional.

   Otro de los hermanos Carreño para quien el nuevo curso ha supuesto un cambio radical ha sido Julián. Puesto que ha cumplido los dieciséis años y ha terminado sus estudios en la academia Magister ha comenzado su aprendizaje de droguero en la tienda familiar y en ocasiones también le echa una mano a su madre en la tienda de regalos. Aunque cuando se lo pasa pipa es cuando su padre se lo lleva en alguno de sus viajes.

   -Papá, ¿cuándo me enseñarás a conducir?

   -Hasta los 18 años no te dan el carné de conducir, por tanto, no hay prisa.

   -Pero de todas formas me podrías ir enseñando cómo funciona el Ford.

   Julio no lo confiesa, pero le gusta que al menos uno de sus hijos vaya a continuar con el negocio familiar. Y el chico muestra buena disposición.

   En noviembre, Primo de Rivera da otro paso más para consolidar su dictadura. Había prometido a los sectores obreros una actitud de paternal intervención para mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, lo que concreta en la creación de la Organización Corporativa Nacional, una institución que regulará las relaciones entre trabajadores y empresarios bajo la supervisión del Estado. Falta saber que recorrido tendrá el invento.

   El año acaba y los chicos Carreño que estudian fuera vuelven a casa. Todos traen buenas noticias pues han aprobado los exámenes parciales del primer trimestre. Álvaro está relativamente contento pues ha aprobado la primera parte del curso, aunque esperaba sacar mejores notas.

   -En electricidad tengo un 8 y en explosivos un 6,8 que son las asignaturas principales. En las accesorias me han dado un 2 en tecnicismo y prácticas de taller y un 1,4 en dibujo lineal. Estas asignaturas puntúan sobre 3.

   -Pues yo tengo en química analítica un 9, en bioquímica un 9,8, en fisiología un 8,3 y en química orgánica un 8,6 –alardea Pilar.

   -¡Qué bestia, vaya notazas! –exclama Julián.

   -¿Y a ti, Jualianillo, cómo te va en la tienda? –le pregunta Álvaro.

   -Estoy la mitad del día haciendo recados, pero cuando me lo paso de muerte es cuando papá me lleva con él a algún viaje. Me ha prometido que un día de estos me enseñará a conducir.

   -Qué chuli.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 171. Los jóvenes Carreño responden