viernes, 9 de septiembre de 2022

Libro III. Episodio 161. Si quieren preguntar, levanten la mano

   La prueba de idiomas para el ingreso en la Escuela Naval, a escoger entre inglés, francés y alemán, consiste en la traducción al español de un texto de la lengua elegida. A los que, como Álvaro, han elegido el inglés les ponen un fragmento de Moby Dick​, la conocida novela de Herman Melville. Da la casualidad de que Carreño ha leído la obra y, aunque lo hizo en su versión española, el conocerla le ayuda lo suficiente para elaborar una traducción bastante aseada. En la propia aula, el tribunal informa a los opositores que ya se ha fijado en el tablón de avisos del cuartel las fechas de las siguientes pruebas sobre los conocimientos teóricos y problemas de física, análisis  matemático, geometría y cálculo: comenzarán el lunes de la siguiente semana, 29 de junio, y se desarrollarán en cuatro sesiones, una por cada materia. Es la prueba más temida ya que arroja el mayor número de suspendidos, pero no debería ser el caso de Álvaro al que el año que cursó exactas le está viniendo muy bien.

   -Quien te lo iba a decir que el curso que hiciste en Sevilla te iba a servir tanto. Con la de pestes que echabas –comenta Pilar.

   -Tienes razón. Como diría la abuela Pilar no hay mal que por bien no venga. Bueno, tengo por delante cuatro días para seguir empollando. Ah, se me olvidaba –Álvaro estrecha a su hermana entre sus brazos y le planta dos sonoros besos-, enhorabuena, hermanita, un pajarito me ha soplado que has aprobado el primer curso con unas notazas de campeonato. ¿Cuándo pensabas decírmelo?

   -Cuándo acabaras la oposición, para no distraerte.

   -Supongo que querrás irte al pueblo inmediatamente.

   -Pues no, pienso quedarme en Madrid hasta que termines. Anteayer hablé por conferencia con mamá y le conté que era mejor quedarme a tu lado para darte apoyo moral. Estuvo de acuerdo. Por tanto, tendrás que aguantarme hasta que todo este rollo termine.

   -Gracias, hermanita, con la primera paga que cobre te pienso regalar lo más pocholo que encuentre. Y como supongo que conocerás boticarios, ¿me puedes conseguir unas pastillas de esas que quitan el sueño?, así podré estudiar más horas.  

   -Ni se te ocurra tomar estimulantes, es lo peor que podrías hacer. Es cierto que existe una nueva droga llamada anfetamina que algunos ejércitos, como el norteamericano, usan para combatir la fatiga de combate, pero en España no es fácil encontrarla y, además, no están estudiados sus efectos secundarios. Mi profesor de Química Analítica, hablando un día de los estimulantes, nos dijo que era preferible unas horas más de sueño y reposo que cualquier droga. Por tanto, aplícate el cuento. Estudia, pero descansa y duerme todo el tiempo que el cuerpo te pida. Por cierto, te he preparado una caldereta de cabrito, al estilo del que guisa Paca, que te vas a chupar los dedos.

   La semana pasa en un abrir y cerrar de ojos y el lunes 29 amanece. Hace un sol radiante propio de finales de junio y Álvaro se ha enfundado un traje de lino de dos piezas. Pilar le mira de arriba a abajo para darle su visto bueno.

   -Quítate esa corbata, no combina con el traje, demasiados colorines. Te voy a elegir otra –Pilar revuelve en el armario ropero de su hermano hasta que encuentra la corbata que cuadra con el traje. Tras ponérsela, le pregunta-. ¿Quieres que te acompañe?

   -Gracias, hermanita, pero no. Mejor que te quedes y me prepares un almuerzo apetitoso porque voy a venir con un hambre de lobo.

   Álvaro va andando hasta la esquina de Raimundo Fernández Villaverde con la Castellana, donde ha quedado que le recogerá el padre de su compañero Andrade que lleva a su hijo y sus amigos a las pruebas. En la puerta del cuartel del Infante don Juan hay un nutrido grupo de opositores esperando que se les permita el acceso. Álvaro calcula a ojo de buen cubero el grupo, cuando termina el recuento se dice que han suspendido pocos en las pruebas anteriores porque, de cerca de los doscientos y poco que firmaron la oposición, todavía deben quedar unos ciento ochenta. Dado que la convocatoria de este año oferta 67 plazas, significa que todavía deben de suspender algo más de ciento diez. Eso si no ocurre lo que en alguna convocatoria –contadas- en la que el tribunal de turno aprobó menos opositores que el número de plazas convocadas.

   Unos 15 minutos antes de las 9 se abren las puertas del cuartel y los opositores al ingreso en la Escuela Naval pueden acceder a su interior. Delante de la puerta de la dependencia donde van a examinarse, hoy toca teoría de la física, está el secretario del tribunal que vocea:

   -Caballeros, acérquense, por favor –Cuando los opositores se arremolinan a su alrededor, prosigue-. A medida que vaya leyendo sus nombres, que lo haré por orden alfabético de apellidos, vayan entrando en la sala. Los vocales les indicarán donde deben sentarse. Tengan preparadas sus cédulas personales o el pasaporte para su identificación. ¿Alguna pregunta? –Ante el silencio de los jóvenes, que aguardan expectantes, inicia la enumeración-. Ábalos Moreno, José Vicente; Andrade Beamonte, Santiago… -Y va desgranando apellidos hasta que grita-.Carreño Manzano, Álvaro.

   El placentino, con su cédula personal en la mano, entra en la sala amueblada con unos bancos corridos y sus correspondientes pupitres. Uno de los vocales del tribunal, tras comprobar su cédula, le indica donde debe colocarse. Los opositores están separados como unos tres metros entre sí y ubicados al tresbolillo, como si fueran una plantación de ciruelos. En el fondo de la sala hay una mesa alargada en la que charlan tranquilamente el presidente y el vicepresidente. Todos los miembros del tribunal van debidamente uniformados, pero sin lucir condecoraciones. Dos de los compañeros del CHA, que están situados cerca, le miran y le guiñan el ojo, guiño que es correspondido por el joven que esboza una sonrisa en la que se mezclan la expectación y el temor. Cuando todos los opositores están debidamente ubicados, el secretario reclama silencio.

   -¡Atención, silencio!, les va a hablar el presidente del tribunal, capitán de navío D. Jorge Villavicencio de Cominges.

   El presidente se levanta, tiene el gesto adusto en un semblante sereno y, tras carraspear para aclararse la garganta, comienza su discurso.

   -Caballeros, se puede decir que hasta hoy, en lo referente a la oposición, han navegado ustedes con marejadilla, cuando se forman olas cortas aunque bien marcadas y comienzan a romper las crestas formando una espuma de aspecto vidrioso, pero a partir de ahora lo harán con mar gruesa, cuando se forman olas altas, las zonas de espuma blanca cubren una gran superficie y al romperse producen un ruido sordo. Con un mar así hay que aferrarse a la caña y saber sacar partido del aparejo. Es lo que les deseo, que tengan buena singladura y una feliz arribada a puerto. Ahora el secretario les dará las últimas instrucciones.

   Tras la parrafada del presidente, le toca turno al secretario, un joven teniente de navío que luce un bigotillo deshilachado.

   -Cada uno de ustedes tiene seis folios delante. Si no fueran suficientes, levanten la mano y se les facilitarán los que necesiten. Si quieren preguntar algo levanten también la mano. Huelga decirlo, porque presuponemos que son unos caballeros, pero si se cogiera a algún opositor copiando o pasando respuestas a un compañero será inmediatamente expulsado y el hecho constará en su expediente. Van a tener ustedes tres horas para contestar las preguntas que voy a leerles. ¿Alguna pregunta, alguna duda?

   Una mano se levanta.

   -Dígame.

   -¿Y si necesitamos ir al baño?

   -Levanten la mano y un vocal les acompañará a las letrinas. ¿Alguna otra pregunta? –Ante el silencio, el secretario coge un par de folios de encima de la mesa-. Vayan tomando nota, procuraré leer lentamente para que todos puedan copiarlo -y comienza a leer los ítems que conforman el examen de teoría de la física.

   Álvaro, por consejo del tío Luis, se quita el reloj de muñeca, que le regalaron sus padres cuando acabó el bachillerato, y lo pone a las doce, así controlará mejor el tiempo. En un primer vistazo juzga que conoce la mayoría de respuestas a las preguntas planteadas, lo que le da gran tranquilidad. Sus dos cursos de preparación en el CHA, más el año de matemáticas que cursó en la Universidad de Sevilla parece que van a dar fruto. El examen, como anticipó desde el primer momento, está discurriendo plácidamente para Álvaro, únicamente se ha topado con un par de ítems que le han dado más guerra de la que preveía, pero ha terminado contestándolos todos, cree que correctamente. Cuando finaliza, y antes de entregar su examen, echa un vistazo a su alrededor y encuentra de todo: la mayoría de sus coyunturales compañeros están absortos intentando responder a los ítems de la prueba, a otros se les ve con la cabeza entre las manos como si fueran incapaces de contestar debidamente, hasta hay algunos con los ojos cerrados como si trataran de recordar algún teorema o postulado, y también ve que hay unos pocos que, como él, parece que han terminado y están haciendo tiempo para entregar sus exámenes. Recuerda el consejo del tío Luis: no seas el primero en entregar tu examen, tampoco el último. Por lo que no se levanta y espera que haya alguien que se le adelante.

   A medida que los opositores van entregando sus exámenes, salen de la sala y se quedan en uno de los patios comentando la prueba que acaban de pasar. Se oyen comentarios para todos los gustos.

   -¡Joder, vaya putada de examen!, si lo paso será un milagro. Me tendré que encomendar a la Virgen del Carmen, patrona de la gente de mar.

   -Pues a mí me ha parecido tirado, mucho más fácil de lo que me habían dicho que suele ser.

   -No he visto a nadie levantar la mano, ¿y vosotros? -pregunta el inevitable cotilla.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 162. Un aprobado pedo perdido

 

viernes, 2 de septiembre de 2022

Libro III. Episodio 160. Que Dios reparta suerte

   Pilar está ayudando a tranquilizar a Álvaro antes de las pruebas de ingreso en la Escuela Naval y, tras hacerle un estudio, concluye:

   -Si Descartes no falla, tienes que aprobar por bemoles -Más que el experimento en sí, lo que ayuda a Álvaro a templar los nervios es la seguridad que le transmite Pilar en sus posibilidades.

   Unos días después, el tío Luis informa a Álvaro de las últimas nuevas sobre la oposición que ya ha firmado el joven.

   -El reconocimiento médico lo vais a pasar en el Hospital Militar de Carabanchel y las demás pruebas se celebrarán en el cuartel del Infante Don Juan que acaba de inaugurarse; tiene la entrada por el Paseo de Moret, frente al Parque del Oeste. Ahora solo falta que se publique la composición del tribunal. ¿Cómo van esos nervios?

   -Estoy algo más tranquilo. Pilar me hizo una prueba según la cual tengo seis probabilidades sobre seis de aprobar –y Álvaro le cuenta a su tío el método cartesiano que le aplicó Pilar.

   -Esa hermana tuya es un fenómeno. Todo lo que tiene de descarada lo tiene de ingenio. Lástima que sea mujer, si fuera un macho llegaría donde quisiera.

   En Plasencia, todos los Carreño anda pendientes de la oposición del primogénito. Los padres se plantean si ir a Madrid unos días para prestar apoyo moral a su hijo, pero tras discutirlo optan por no ir, piensan que su presencia podría distraer al chico. De todas maneras, Julio dice que le pedirá consejo a don Enrique, por lo que por la tarde se dirige al casino con la seguridad de que allí encontrará al médico. Resulta que el doctor Lavilla no está, pero el resto de contertulios están debatiendo la última noticia que les ha facilitado el comandante Liaño. 

   -Los rifeños de Abd el-Krim han atacado zonas de Marruecos bajo protectorado francés y se han hecho con algunas posiciones de las que han desalojado a las guarniciones francesas.

   -A este paso el líder rifeño se va a apoderar de todo el norte de África –vaticina don Mauricio. 

   -Sin embargo, desde mi punto de vista –objeta Liaño-, Abd el-Krim ha cometido un burdo error estratégico.

   -¿Y por qué, comandante? –quiere saber Galiana.

   -Porque el gobierno francés se mostrará ahora más dispuesto a colaborar con el español para poner fin a la rebelión rifeña. Y por muchos hombres que tenga Abd el-Krim y de que la orografía del Rif no sea la más propicia para el despliegue de grandes contingentes de tropas, le va a resultar imposible aguantar la embestida conjunta de dos ejércitos.

   -Pero para eso antes tendrían que ponerse de acuerdo Francia y España –objeta don Mauricio.

   -Y no dudo que terminarán haciéndolo. No les queda otra. Además, tengo entendido que Primo de Rivera mantiene muy buena relación con el generalato francés.

   La Gaceta de Madrid ha publicado la resolución del Ministerio de Marina nombrando el tribunal que ha de juzgar la oposición. Lo presidirá el capitán de navío, D. Jorge Villavicencio de Cominges, al que acompañarán un vicepresidente,-capitán de corbeta-, y tres vocales -tenientes de navío-, el más joven de los cuales ejercerá de secretario. El tío Luis le comenta a Álvaro lo que sabe del tribunal.

   -No hemos tenido mucha suerte con su composición. Solamente conozco a Villavicencio. Está destinado en la base de Ferrol y pertenece a una familia de gran raigambre marinera. Uno de sus antepasados, Juan María Villavicencio y de la Serna, fue Capitán General de la Armada española y, si no recuerdo mal, sus restos están enterrados en el Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando. Jorge tiene fama de ser un comandante tan exigente como justo. Con él las recomendaciones van a tener escaso valor, por lo que creo que será más prudente no decirle nada.

   Como todo en la vida, llega el momento de la oposición. Unos días antes de la primera prueba -el reconocimiento médico-, Álvaro todavía mantiene pequeñas dudas, una de ellas es como ir vestido. Y una vez más recurre a quien tiene más cerca, su hermana.

   -Oye, Pilar, ¿cómo debería vestirme para las pruebas?, ¿de sport, de calle, o me pongo el traje cruzado que me compró mamá para la primera comunión de Concha?

   La joven se piensa la respuesta.

   -Creo que deberías ir vestido según la prueba. Para el reconocimiento médico de calle, pero con corbata por supuesto. Para las pruebas físicas, de sport pero llevando en una bolsa ropa deportiva y unas zapatillas de tenis; ah, y el bañador y una toalla. Para las demás pruebas traje y corbata, pero no te pongas el cruzado, resulta demasiado solemne.

   -Y si algún miembro del tribunal me pregunta algo, ¿cómo debo tratarlo?

   -Haces preguntas de bombero, tato. De usted y de señor, y con la mayor cortesía, pero sin achantarte, no vayan a tomarte por un mequetrefe. Tranquilo y, como dicen los toreros, que Dios reparta suerte.

   El día antes del reconocimiento médico, la dirección del CHA informa a sus alumnos que este año les realizarán una prueba que es la primera vez que se hace en la Armada española: un test psicológico que, según les explican, es un instrumento experimental que tiene por objeto evaluar los rasgos generales de la personalidad de cada aspirante. Como se desconocía que iban a efectuar dicha prueba en el CHA no los han preparado para afrontarla, por lo que el temor cunde entre las filas de los opositores. Álvaro, que se ha encerrado en casa dando el enésimo repaso a las materias del examen, se lo cuenta a Pilar. 

  -No estamos preparados para esa prueba, no sé qué puede pasar. Lo que me faltaba para que me pusiera más nervioso.

   -Tranquilo, tato, el test no es más que otro elemento del reconocimiento médico, y supongo que no se valorará individuamente sino en conjunto con las demás pruebas. Al final imagino que lo que valdrá es si estás sano o no, y tú tienes una salud de hierro.

   -A mí lo que me tiene mosca es que el test sirve para conocer la personalidad. Y si sale que tengo una personalidad que no encaja con lo que debe ser un oficial de la Armada, ¿qué pasa?

   -Mira, hermanito, si hay alguien que tenga una personalidad firme, un carácter prudente y buenas dotes para mandar, ese eres tú.

   -O sea, que soy un mandón.

   -No he querido decir eso, sino que eres una persona a la que por tu carácter y personalidad es fácil seguirte y obedecerte.

   -De todas formas, Pilar, estoy acojonado. ¿Qué me aconsejas?

   -No soy una experta en psicología, pero te aconsejo que seas tú mismo, el de siempre. No trates de engañar, contesta con sinceridad y cuando dudes en un ítem aplica el sentido común, que de eso andas sobrado.

   Por fin llega el 22 de junio de 1925, lunes. Los opositores a ingresar en la Marina española, han sido convocados por el tribunal a las 9 de la mañana para pasar el preceptivo reconocimiento médico en el Hospital Militar de Carabanchel. El padre de Santiago Andrade, uno de los compañeros de Álvaro en el CHA, se ha ofrecido a llevar en coche a su hijo y sus amigos al centro médico. Para entretenerles, en el viaje les cuenta que la creación del hospital se remonta a una Real Orden de 1887 que declaraba la necesidad de construir tres hospitales: uno situado al norte, otro al este de Madrid y el último en el pueblo de Carabanchel Bajo, cuyo ayuntamiento ofreció  gratuitamente un extenso solar en los alrededores de la localidad.

   En el hospital, previa identificación de cada uno de los opositores, les hacen quedarse en calzoncillos, y un equipo de médicos y sanitarios del Cuerpo de Sanidad Militar comienza a practicarles las pertinentes pruebas. Los tallan, los pesan y van pasando por distintos especialistas que les examinan y les hacen pruebas optométricas y audiológicas. Y no todos las pasan, un compañero de Álvaro es rechazado porque le detectan un soplo cardíaco, y otro opositor, al que no conoce, por padecer una hipoacusia de grado medio. Los demás, entre ellos el joven Carreño, son declarados aptos para presentarse a la oposición. Álvaro llega a casa resoplando, se ha quitado un peso de encima. Pilar le está esperando para conocer el resultado.

   -Te lo dije, tato, estás más que sano, sanísimo. Y ahora a por la siguiente prueba que, por lo que me contaste, es la de nadar, los saltos y todo lo demás.

   -Bueno, el primer peldaño lo he subido sin tropezar, veremos el resto. Voy a darme una ducha y me encierro en la habitación a seguir empollando.

   -Lo de la ducha es lo suyo, pero lo de encerrarte en tu cuarto no me parece buena idea. La siguiente prueba, la de los ejercicios físicos, ¿cuándo es?

   -Pasado mañana.

   -Pues lo que deberías hacer ahora, después de ducharte, es darte un paseo para estirar las piernas y mañana acercarte al gimnasio, practicar unas tablas sencillas de gimnasia y hacer unos largos en la piscina para estar en plena forma para el miércoles.

   -Pilar, eres la mejor asesora personal que uno puede tener. Como apruebe creo que tendré que hacerte un regalo de lo más pocholo. Te lo estás ganando.

   Llegado el miércoles, los opositores se concentran en el gimnasio del cuartel donde se realizarán las pruebas físicas. El salto del caballo le da un buen susto a Álvaro pues no lo ejecuta con total limpieza, ya que uno de sus muslos roza el aparato, pero se lo puntúan como válido. Compensa lo del caballo con la subida de la cuerda que ejecuta con gran rapidez y sin apenas ayudarse con los pies. En cuanto a los cien metros de natación, estilo libre, queda el segundo de su serie con un tiempo muy inferior al exigido. La calificación de la prueba es, como la del reconocimiento médico, apto o no apto. Al día siguiente, el secretario del tribunal pincha en el tablón de avisos del cuartel dos notificaciones: una, la relación de los aspirantes calificados como aptos, uno de ellos es Álvaro Carreño Manzano; la otra, la fecha de realización del examen de idiomas que será el próximo viernes, día 26, en el cuartel del Infante Don Juan. ¿Cómo me irá?, se pregunta Álvaro.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 161. Si quieren preguntar levanten la mano

 

viernes, 26 de agosto de 2022

Libro III. Episodio 159. Tienes que aprobar por bemoles

  Julio se ha topado hoy en el casino con que sus amigos debaten sobre un tema que ni conoce ni le interesa: la conversión del Imperio Otomano en la república turca por obra y gracia de un tal Mustafá Kemal Ataturk, un militar que se ha empeñado en occidentalizar un país musulmán como Turquía. Cuando el tema decae, el doctor Lavilla les da la noticia de que ha fallecido Lenin, al que le sucede Iósif Stalin. Les detalla que el fundador de la URSS ha muerto a los cincuenta y tres años y que en su funeral y subsiguiente cortejo fúnebre han participado millones de personas. Como el interés del galeno por lo que ocurre en la antigua Rusia no parece compartirlo nadie, el tema pronto se difumina. En cambio, cuando a fines de febrero Julio llega a la tertulia encuentra a sus amigos metidos en una animada discusión, el motivo es que el dictador, Primo de Rivera, ha clausurado el Ateneo de Madrid y, además, ha desterrado al famoso escritor Miguel de Unamuno a la lejana isla canaria de Fuerteventura, tras desposeerle de su cátedra en la Universidad de Salamanca.

   -¿Y por qué ha hecho esa cacicada? –pregunta don Romualdo.

   -Porque es lo que hacen los caciques. Cierto es que Unamuno no se ha privado de atacar en la prensa tanto a Alfonso XIII como a Primo, pero eso no es motivo para quitarle la cátedra que ganó en una oposición –contesta Lavilla, acérrimo seguidor del pensador vasco.

   -O sea, que de Dictablanda, nada –puntualiza Liaño.

   En lo que respecta estrictamente a la familia Carreño, los últimos meses del curso van a ser decisivos para el futuro del primogénito, pues hacia su final se va a presentar al examen de ingreso en la Escuela Naval Militar, por lo que ha de echar el resto para no defraudar a su familia. Por su parte, Pilar, matriculada en la Facultad de Farmacia, lleva ya los meses suficientes para comprobar que hizo bien en empecinarse en estudiar esa carrera, pues se maneja en los estudios como pez en el agua.

   El primer trimestre de 1925 discurre rápido y llegan las vacaciones de Semana Santa. Este año ha caído tarde, pues el Domingo de Ramos es el 13 de abril. Unos días antes, el doctor Lavilla cuenta a sus contertulios que Adolf Hitler ha sido condenado a cinco años de cárcel por alta traición al intentar deponer por la fuerza al Gobierno bávaro. La noticia queda tapada por otra de la misma fecha: el 1 de abril en España se constituyen los ayuntamientos de todo el país según el nuevo estatuto de régimen local basado en un concepto organicista de la vida social. Y justo en medio de la Semana Santa, don Eduardo lleva a la tertulia una noticia que sorprende a todos, no por la información en sí, que no les dice gran cosa, sino porque es la primera vez que el terrateniente les ofrece una noticia.

   -¿Saben que anteayer se constituyó en Madrid la Compañía Telefónica Nacional de España?, de la que por cierto me ha aconsejado el director de la Caja de Badajoz que compre acciones pues en poco tiempo subirán como la espuma –Julio, que es de los pocos que tiene buenos ahorros, sí presta atención a la noticia.

   Terminada la Semana Santa, Pilar y Álvaro retornan a Madrid. Para la joven el último trimestre del curso se presenta cómodo pues hasta ahora ha aprobado cuantos exámenes parciales ha hecho. Para su hermano se presenta duro puesto que la Gaceta de Madrid ya ha publicado la convocatoria de la oposición para el ingreso en la Escuela Naval. El tío Luis le ha anticipado la noticia.

   -Sobrino, en unos días se va a publicar la convocatoria para San Fernando. Por lo que me han dicho, van a salir sesenta y tantas plazas. Confío que una de ellas sea para ti. Y para ello los próximos dos meses nada de salidas, enciérrate en casa y échale codos. Aunque conviene que de vez en cuando hagas unos largos de piscina; sería una broma pesada que te suspendieran en la prueba física.

   -Ah, ¿pero es que la prueba física también es eliminatoria?

   -Naturalmente, como las demás. Pero tampoco te preocupes demasiado, básicamente lo más importante de la prueba es la natación y me has dicho que sabes nadar muy bien. Aunque cada año suele haber dos o tres aspirantes que se tiran a la piscina, se hunden como plomos pues no saben nadar y tienen que sacarlos medio ahogados.

   La inminencia del ingreso coadyuva a que Álvaro esté cada vez más volcado en el mundo de la náutica y específicamente en el de la Armada. Y entre el variopinto mundo de cuestiones que desconocía descubre que la Marina española está frecuentemente en contacto con otras marinas de países europeos, sobre todo con la Royal Navy que en ese primer tercio del siglo es un referente para las demás marinas de guerra. Ahora comprende porque en la Armada le dan tanta importancia al conocimiento del inglés. Otro descubrimiento que hace es que la política internacional influye, directa e indirectamente, en el desarrollo de las flotas navales, por lo que comienza a interesarse por lo que ocurre más allá de las fronteras.

   El mes de junio está a la vuelta de la esquina, como quien dice, y los nervios de Álvaro, ante la inminencia de la oposición, están más tensos que la piel de un tambor. Para colmo de males, la primavera le ha ocasionado un brote alérgico que le provoca picores en la nariz y que los ojos le lagrimeen. Preocupado, le pregunta al tío Luis si eso puede influir en el resultado del reconocimiento médico.

   -Una simple alergia no presupone que no tengas una salud de hierro. De todos modos no pierdes nada yendo al médico y que te recete algo para eliminar el brote o, al menos, para que no estornudes tanto. Y aplaca los nervios que eso no te va a ayudar.

   Álvaro acata el consejo de su tío y va al médico quien le receta unas grageas que le ayudarán a paliar los efectos de la alergia. Pero para los nervios parece que no hay pastillas que los curen. Es Pilar quien le da los mejores consejos para calmar sus temores.

   -Mira, tato,  lo que debes hacer es algo que me enseñaron en la IlE. Haz un cuadro cartesiano, con dos columnas en las ordenadas, una que ponga a favor y otra que ponga en contra. Y en la abscisa vas anotando todas las cuestiones que creas necesarias para aprobar la oposición, y a cada una de ellas le pones una cruz en la columna vertical que estimes que tiene más probabilidades de que sea así. No te lo sé explicar mejor, pero creo que habrás entendido el sentido básico del método.

   -Pero si soy juez y parte, al mismo tiempo, lo más probable es que no sea objetivo –objeta Álvaro tan riguroso como siempre.

   -Vamos a hacer una cosa. Te voy a ayudar, tú serás la parte y yo seré la juez.

   Así lo hacen. Es Pilar quien hace el cuadro de doble entrada y luego debaten sobre las cuestiones que deben figurar en las ordenadas.

   -¿Cuál crees que debería ser la primera cuestión? –A la pregunta de Pilar, su hermano duda, por lo que es la joven quien toma la iniciativa-. Para aprobar una oposición, como para aprobar cualquier examen, lo fundamental es ir bien preparado. Entonces, la primera cuestión sería: ¿estoy bien preparado?, ¿cuál es tu respuesta? –Álvaro no lo duda.

   -Lo estoy –y Pilar marca una cruz en la columna de a favor y prosigue-. ¿Cómo son los exámenes, escritos u orales?

   -Son todos escritos, salvo la prueba física, naturalmente.

   -Entonces, ¿cómo andas de ortografía?, porque si la tienes mala te podría restar puntuación.

   -Ando bien, se me escapa alguna tilde, sobre todo en los pronombres relativos, y a veces me armo un lío con las comas, pero en general bien. Recordarás lo pesada que se ponía la abuela Pilar con lo de la ortografía y la de dictados que nos hacía –Pilar pone otra cruz en la columna de a favor.

    -No se me ocurren más cuestiones. Pero vamos a ver, ¿de qué partes consta la oposición?

   -Pues lo primero es un reconocimiento médico, luego…

   -No sigas, vamos por partes. Tú estás sano, el reconocimiento lo pasarás sin problemas, ¿verdad?, pues otra marca a favor. La prueba siguiente es…

   -La prueba física. Has de saltar el caballo, trepar por una cuerda de ocho metros en la que puedes apoyar los pies y nadar cien metros en menos de dos minutos.

   -¿Y todo eso crees que lo superaras?

   -Sin ningún problema, lo hemos entrenado en el CHA y recordarás, pues nos hemos bañado muchas veces juntos, que nado muy bien.

   -Bien, otra marca a tu favor. Las siguientes pruebas son…

   -El examen de un idioma extranjero que, según nos han contado, suele ser flojito y además no es eliminatorio. Y en el CHA nos han apretado mucho en inglés por lo que creo que lo voy a superar sin mayores problemas.

   -Estupendo, otra cruz a tu favor.

   -Luego viene la parte más difícil y donde suspende más gente: los exámenes de física, análisis  matemático, geometría y cálculo, que tienen una parte de teoría y otra de problemas, y que se puntúan globalmente. Si no apruebas la teoría quedas suspendido, si la apruebas pasas a los problemas.

   -Un inciso, ¿exactamente qué es el análisis matemático?, es lo único que no he dado hasta ahora.

   -Es una rama de las matemáticas que estudia los conjuntos matemáticos, tanto desde el punto de vista algebraico como topológico, así como las funciones entre esos conjuntos y las construcciones derivadas.

   -¿Y cómo vas en esas materias?

   -Entre los que nos preparamos en el CHA soy de los mejores, ten en cuenta que hice un año de exactas y eso me ha ayudado mucho. Estaba algo pegado en geometría, pero después de dos cursos preparándome creo que la puedo aprobar sin mayores problemas.

   -Pues otra marca a tu favor. ¿Qué más pruebas hay?

   -Son las últimas, si las apruebas ingresas directamente en San Fernando.

   -Bien, veamos que dice el recuento, seis marcas en la columna de a favor y cero en la de en contra. O sea que, como diría el tío Luis, tienes que aprobar por bemoles, hermanito.

   -¿Estás segura?

   -No soy infalible augurando, pero el método cartesiano sí.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 160. Que Dios reparta suerte