viernes, 3 de diciembre de 2021

Libro III. Episodio 121. Los Carreño, sin competencia


   Julia no se quita de la cabeza la determinación de su amiga Maribel de casarse sin estar

enamorada. Sabe que Manolo, su futuro marido, es una buena persona y no le dará el más

mínimo disgusto, pero casarse con alguien a quien no se quiere es algo que no acaba de

entender. Comprende las razones que ha esgrimido su amiga para llevar a cabo el enlace:

que son amigos, que se conocen desde siempre, que se tienen confianza y cariño, pero…

Entonces le viene a la memoria una frase que le dijo Etelvina: los matrimonios de amigos

suelen durar más que los de amantes. Que suerte tuve, piensa, el mío fue, y es, un matrimonio

de amigos y… de amantes, ahí está mi retoño y un segundo que viene de camino que, por

cierto, se lo tengo que decir a Julio.

   Cuando dos días después llega su marido de las Vegas Altas, Julia le cuenta la noticia: está esperando. El hombre la estrecha amorosamente y Julia siente como el corazón de su esposo late más fuerte de lo normal. Sellan el abrazo con un beso interminable. La otra noticia que le cuenta deja de ser importante: que Maribel Quirós va a casarse con Manolo del Pino, y que les han invitado a la boda; aunque hace honor a la palabra dada, y no dice nada de la confesión de Maribel de que no está enamorada.

   -¿Ese Manolo no era uno que te ponía ojitos de cordero degollado?

   -Pobrecito, es más tímido que un seminarista.

   La boda de la bellísima señorita Quirós con el ilustre heredero de la distinguida familia de los del Pino -como escribe la prensa local- es todo un acontecimiento social al que asisten las familias de más rancio abolengo, tanto de la ciudad como de la región, e incluso llegan invitados de la capital del reino. El oficio religioso tiene lugar en la catedral nueva y bendice la unión el señor obispo. Entre tantos apellidos ilustres, el matrimonio Carreño se siente al principio un tanto fuera de lugar hasta que algunas de las señoras y de las jóvenes invitadas comienzan a saludar a Julia, pues son clientas conocidas desde que creó la sección Pour la femme. Y hasta los novios tienen el detalle de hacerse una foto con los Carreño.

   Antes de partir a su próximo viaje, Julio se da una vuelta por el casino para charlar con los amigos y ponerse al día sobre las noticias y rumores que suelen comentarse en la tertulia y, ante su asombro, uno de los contertulios le da la enhorabuena por el embarazo de su esposa, mientras otro añade:

   -No me extraña, de soltero tenías fama de donjuán.

   -No lo niego, pero desde que me casé lo de ir de cama en cama se ha terminado para mí. Soy de los que cree firmemente que, cuando se hacen votos tan solemnes como los del matrimonio, la monogamia es la única regla válida. Además, buena es mi mujer para admitir ni el más mínimo chicoleo, como se enterara de que me voy de picos pardos me ponía en la puerta de la casa.

   -No me digas.

   -Lo que te cuento.

   Para desviar la atención y no seguir hablando de un tema tan personal, Julio cuenta a los tertulianos una noticia que leyó días atrás.

   -¿Sabéis que en Estados Unidos acaba de ponerse a la venta un nuevo automóvil que, según los expertos, revolucionará el mundo del motor? –Y sin esperar respuesta les explica que la Ford acaba de sacar un nuevo coche, llamado modelo T, cuyas especificaciones técnicas les detalla: motor de 4 cilindros y 20 caballos de potencia, alcanzando una velocidad máxima de 71 kilómetros hora y que consume 1 litro de gasolina cada 5 kilómetros.

   -¡Qué pasada! –exclama uno.

   -Y tanto, como que en cuanto lleguen a España las primeras unidades pienso hacerme con uno. El modelo T, al lado de mi Fiat, será como tener un purasangre en lugar de un pollino.

   El coloquio sobre el nuevo producto de la Ford termina en cuanto el tertuliano que sigue leyendo el periódico lee en voz alta una noticia realmente curiosa: en una apartada zona de Siberia, llamada Tunguska, se ha producido una gigantesca explosión que ha aplastado millones de árboles en un área de más de 2000 kilómetros cuadrados. Se desconoce el origen de la implosión lo que ha dado lugar a multitud de teorías.

   Días después, Lupe, la dependienta del Bisojo, vuelve a presentarse en la tienda de los Carreño, en cuanto la ve Julia la nota alterada, no debe ser portadora de buenas noticias.

   -Julina, al fin reventó el pobre Elías. Como no ha encontrao a quien traspasar el negocio con las condiciones que exigía, ha decidido liquidar las existencias y alquilar el local. Parece que se ha comprometido con un industrial textil de Béjar que va a instalar una tienda de ropa.

   -Sí que siento que el señor Elías tenga que cerrar, pero sí es su decisión habrá que respetarla. Entonces, ¿te vas a quedar sin trabajo?

   -Eso parece, pero hoy no vengo a pedirte trabajo, traigo otro asunto más urgente. Elías piensa saldar las existencias aunque sea tirando los precios, lo que os hará un roto en las ventas hasta que termine de saldarlo todo…, pero le he recordao que un saldo puede tardar mucho tiempo en liquidarse y he acabao convenciéndole que puedo vender el stock de los artículos que restan a mejor precio que si los convierte en saldo. Y, naturalmente, en quien primero he pensao como posibles compradores ha sido en vosotros.

   -Con lo enfilado que tiene el señor Elías a mi marido dudo mucho que acepte vendernos ni un litro de disolvente.

   -Eso era antes pero la situación ha cambiao, y es que necesitao te veas, como reza el dicho. Cuando le dije que me veía capacitada para vender la mayoría de artículos a mejor precio me dijo que bien, pero que no quería saber a quién lo vendía. El tío Elías está viejo y derrotao, pero no es tonto, sabe perfectamente que los únicos interesaos en su stock solo podéis ser vosotros, pero si hace como que no se entera sufrirá menos.

   -Ojos que no ven, corazón que no llora. No se sufre por lo que no se sabe o pretende no saberse. ¡Otra vez el puñetero orgullo de los hombres! –sentencia Julia.

   -Sí, hija, sí. Así son los tíos o, al menos, la mayoría. ¿Os interesa la operación?

   -En principio sí, Lupe, pero tengo que hablarlo con Julio. ¿Hay algún plazo para rematar la operación?

   -No, pero cuanto antes la hagamos mejor. No sea que salga otro postor o que el viejo cambie de idea.

   -¿Cómo lo haríamos?

   -Dado lo enfrentaos que están el Bisojo y tu marido, lo mejor sería excluirlos de cualquier tipo de contacto. Esto podría quedar en un acuerdo entre nosotras y hacerlo con la mayor rapidez posible y sin dar tres cuartos al pregonero. ¿Qué te parece?

   -Que muy bien, Lupe, y gracias por acordarte de nosotros. Te has ganado con creces un puesto en la tienda. Vuelve mañana y entraremos en detalles -Al quedarse sola, Julia piensa en la gratísima sorpresa que le va a dar a su marido: al fin va a ser propietario de la única droguería de la ciudad. Un sueño impensable hasta hoy, el de quedarse sin competencia.

   A todo eso, el primogénito de los Carreño ha tenido poco tiempo para gozar de la sinecura de ser hijo único. Su madre ha dado a luz, en esta ocasión sin tantos problemas como en el primer parto, a una niña. A la neófita se le ha impuesto el nombre de su abuela paterna con gran contento de la interesada. Realmente la aragonesa se lo ha ganado, al haber sido la persona que más se ha implicado para que el mañego y la chinata hayan terminado en el tálamo nupcial.

   -Bueno, Pilar, estará contenta, va a tener una nieta que se va a llamar como usted –La abuela materna, no puede ocultar la pelusa que siente.

   -Y como tengan otra, algo que no debemos descartar, seguro que le pondrán el suyo. Soledad es un nombre precioso -Los felices padres, que están presentes en la charla, se miran a los ojos y sin palabras se entienden: no, ninguna otra hija, si la tienen, se llamará como su abuela materna.

   La pequeña, a la que han decidido llamar Pilarín para que no haya confusiones con la abuela, parece más brava que su hermano mayor y se cría sin problema alguno. Ambos hermanitos han quedado desde el primer momento al cuidado de Paquita, la criadita de San Martín que ayuda a Julia en las tareas caseras. Paquita ha crecido en años, y sobre todo en quilos, por lo que, sin que en la familia se hayan puesto previamente de acuerdo, han pasado a llamarla Paca, apelativo que cuadra mejor a su oronda figura. Al ser persona de toda confianza, pues tanto doña Pilar como el propio Julio conocen a su familia de siempre, la mucama les ha resuelto a la pareja un problema delicado al tomar a su cuidado la prole. Y eso es algo que necesitaban porque Julia, transcurridos los tres meses del puerperio, se ha vuelto a poner al frente de la tienda, mientras Julio, con su camioneta, recorre las comarcas de la región y aún más allá vendiendo los productos de la droguería, de la que ahora pregona que es la mejor de Plasencia…, como que es la única.

   Mil novecientos nueve comienza para los Carreño con el viento soplándoles a favor. Los críos están creciendo sin mayores problemas. La relación de la pareja es mejor que nunca, parecen vivir en una permanente luna de miel. Y los negocios les son muy favorables, pues desde que se han convertido en la única droguería de la ciudad las ventas se han multiplicado.

   Ha llegado el verano y doña Pilar, como disfruta de las vacaciones escolares, se pasa más tiempo en casa de sus hijos –pues a Julia la considera más una hija que una nuera- que en la suya. Así puede echarle una mano a Paca con los niños. Una noche del tórrido agosto, Julia llega cansada a casa y se encuentra a su suegra acunando a Pili, a la que las altas temperaturas la llevan a mal traer.

   -¿Cómo está mi niña? –Pilar ha cogido a la pequeña que se abraza a su madre- ¿Has pasado mucho calor?, ay pobrecita mía. La mamá como sabía que estás un poco pocha te ha traído algo que sé que te gusta mucho –y le da un helado que ha comprado al salir de la tienda-. Ahora vas a ser buenecita y te vas a ir con Paca que te va a bañar y si te portas bien luego la mamá te dará más helado.

   Después de salir Paca con la niña, Julia se confiesa con su suegra.

  -Tengo que contarte algo, Pilar, y solo lo sabe Julio.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, publicaré el episodio 122. La mujer honrada, en casa y…

viernes, 26 de noviembre de 2021

Libro III. Episodio 120. Una boda sin amor

   La cerrazón del Bisojo de no aceptar la propuesta que Julia le ha sugerido para solucionar los problemas que tiene en su negocio, la ha enojado.

   -¡El puñetero orgullo de los hombres! –No puede por menos que exclamar mientras vuelve a casa-. Con tal de no dar su brazo a torcer son capaces de echarse piedras a su propio tejado. ¡Estúpidos!

   Cuando llega a casa le explica a su marido la negativa del tío Elías a alquilarles la tienda, pese a que su propósito era ayudarle.

   -No me gusta repetir lo de que ya te lo dije, pero las personas son como son y el Bisojo es un viejo rencoroso que no se aviene a razones. Aunque puedes tener la conciencia tranquila, has hecho todo lo que has podido. Sigamos con lo nuestro y olvidémonos del puñetero viejo hasta que le acompañemos en su último viaje –recomienda Julio.

   Al día siguiente, Julia recibe en la tienda una visita que le alegra la mañana. Está en la trastienda repasando unos albaranes, cuando Antonina le dice que una clienta pregunta por ella. Nada más ver quien es a Julia se le alegra la cara, se trata de Maribel Quirós.

   -¡Maribel, que alegría verte!, hacía tiempo que no venías. Y como siempre, llevas un vestido de lo más elegante, sigues siendo la mujer más chic de la ciudad.

   -Mi querida Julia, no me dores la píldora. Con razón dicen que eres la mejor vendedora de Plasencia, y oyéndote he de darles la razón –responde Maribel adornándolo con una sonrisa que deja ver su inmaculada dentadura-. Pero hoy no vengo a comprar, traigo algo que prefiero dártelo en privado.

   -Vamos a la trastienda.

   -He querido traer personalmente la invitación de boda. Está a nombre de tu marido; bueno, realmente pone señores de Carreño –explica la joven.

   -¿La boda?, ¿de quién? –inquiere, sorprendida, Julia.

   -Ah, ¿pero no lo sabes?... La mía. Creía que era de dominio público, pero claro, estás demasiado ocupada como para perder el tiempo en bobadas de ese calibre.

   -De verdad que no sabía nada. ¿Te vas a casar? ¿Y quién es el afortunado?

   -Un antiguo conocido tuyo, Manolo del Pino.

   -¡¿Me estás tomando el pelo?! –El asombro de Julia es real.

   -Veo que reaccionas igual que todos, lo que me tranquiliza.

   -Pero Maribel, no me digas que te has enamorado de Manolo –Julia sigue sin salir de su asombro.

   -No, por supuesto. Ah, y antes de que lo preguntes, él tampoco lo está de mí. Creo que de quien sigue enamoriscado es de ti.

   -¡Jesús, María y José, qué me dices! –Julia está todavía más desconcertada ante la confesión de Maribel-. ¿Y tu familia qué dice de ese enlace?

   -¿Mi familia?, encantados de la vida. Se van a quitar de encima a una hija que se ha cansado de rechazar pretendientes y que ahora va a casarse con el heredero de una de las mayores fortunas de la ciudad. Lo dicho, encantados; bueno, salvo mi hermano Juanjo que, desde que me prometí con Manolo, no me dirige la palabra. Dice que voy a cometer la mayor estupidez de mi vida.

   -Maribel, respeto tu decisión, pero no sería leal contigo sino te dijera que no lo entiendo. Eres joven y bonita, tienes clase para dar y tomar, eres divertida y culta, perteneces a una de las familias más distinguidas…, podrías casarte con quien quisieras y lo vas a hacer con Manolo -Al llegar ahí, Julia trata de suavizar su discurso-… que también tiene muchas virtudes, pero que le falta el carácter y el empuje que a ti te sobran. No lo entiendo, pero tú sabrás…

   -Verás, Julia. Lo que te voy a contar es solo para ti y no debes comentarlo a nadie, ni a tu marido. Hace tiempo que estoy enamorada de un hombre casado con el que he mantenido un affaire…, hasta que me cansé de ser la otra, ya que en este atrasado país el matrimonio es para toda la vida. Es cierto que he tenido pretendientes, la mayoría cazadotes que se han acercado al olor de la fortuna de mi familia y que, naturalmente, he rechazado. Los pocos que han querido cortejarme sin otras miras no han logrado que me interese por ninguno de ellos. Mi futuro apuntaba a que terminaría siendo una solterona… hasta que un día me llamó doña Carlota…

   -¿La madre de Manolo? -pregunta Julia.

   -La misma. Fue ella quien me propuso casarme con su hijo. Me explicó que estaba muy preocupada por si falleciera sin que Manolo hubiese contraído matrimonio. Era consciente de que, debido a su falta de carácter, su hijo correría el riesgo de caer en manos de cualquier lagartona que posiblemente le arruinaría y, lo que es peor, le amargaría la vida. Estuvo adulándome diciendo que Manolo necesitaba de una mujer fuerte que fuera la que llevase las riendas de la casa. Que nos conocíamos desde niños, lo que es cierto, que nuestras familias mantienen una antigua amistad y que aunque no hubiese amor entre nosotros sí había amistad, respeto y confianza. Estuve en un tris de mandarla a paseo, pero luego me lo pensé… y aquí tienes el resultado –y saca la invitación de boda-. Te lo digo sinceramente, tanto a Manolo como a mí nos complacería mucho que asistierais al enlace.

   -Descuida, Maribel, asistiremos con mucho gusto y gracias por invitarnos.

   -Ah, en unos días vendré con Begoña Escalante que va a ser una de mis damas de honor, como yo fui de la tuya. Nunca se me olvidará lo emocionada que estabas, y es que casarse enamorada, como tú lo estabas, debe de ser una pasada. Ya que he mencionado a Begoña, ¿sabes que me contó hace unos días? –Y sin esperar a que Julia responda, prosigue-: Una noticia que quizá no sepas porque lo han hecho todo muy en secreto. ¿Sabes quién se acaba de casar? El desgraciado de Toni Cortés. ¿Te acuerdas de aquella chica portuguesa, Assunçao Viqueira, en cuya casa intentó propasarse contigo? Pues resulta que, tras darle tú calabazas, se lio con ella y acabó embarazándola. Parece ser que cuando se enteró el senhor Viqueira se lo tomó muy mal y se presentó en casa de la familia Cortés amenazando con que si el crápula de Toni no reparaba la honra de su hija montaría un escándalo mayúsculo. Según cuentan, Toni negó la paternidad pero Viqueira demostró que tenía pruebas de que ello no era cierto. Los señores de Cortés, que son buena gente, se pusieron serios y al botarate de Toni no le quedó otra que transigir. Hace poco más de dos semanas se casaron en la ciudad de Elvas, de donde son los Viqueira -Julia no hace ningún comentario sobre un tema que solo le trae malos recuerdos, pero se dice que quien mal anda, mal acaba.

   Algunas noches, tras cenar, Julio suele salir para ir un rato al casino a departir con sus amigos y, si viene bien, echar una partida de cartas. Esta noche la tertulia está particularmente animada, no se habla de otra cosa que de los sucesos en Cataluña, a los que la prensa ha bautizado como la Semana Trágica. Un decreto del gobierno de Antonio Maura para enviar tropas al Protectorado español de Marruecos provoca que los sindicatos convoquen una huelga general que, al ser cruelmente reprimida, lleva a que se generalicen los disturbios. Barcelona queda paralizada, sin gas, luz, ni comunicaciones. Enseguida la revuelta se transforma en insurrección y la inicial protesta antibelicista se convierte en anticlerical con el incendio de iglesias, conventos y escuelas religiosas. La insurrección acaba cuando el ejército ocupa Barcelona, mientras la moral de los insurgentes ha ido decayendo a medida que son conscientes de que la rebelión no ha sido secundada en el resto de España. 

   Ha llegado el otoño y Julia no puede permitirse las pausas en el trabajo que se toma su marido, tiene múltiples tareas que atender. La principal es la de cuidar de su hijo, aunque Paquita es la que más se ocupa del crío. Luego, tener contento y feliz a su marido, tal y como le aconsejó su suegra, para que en sus viajes no tenga demasiadas tentaciones. Hacerse cargo de regentar la tienda es lo que menos tiempo le lleva porque, como dijo la Quirós, se ha revelado como una vendedora excepcional.

   Pilar, que hace tiempo que dejó de enseñar a estudiantes de bachillerato, se está pensando jubilarse de maestra, le basta con llevarle las cuentas al Bronchales, pues es la tarea que mayores ingresos le reporta. Ha podido cumplir su sueño y se ha comprado una vieja casita de dos plantas con un pequeño jardín que es más que suficiente para ella, pues desde que se casó Julia vive sola. Alguna vez, charlando con Etelvina, se han planteado la posibilidad de compartir casa, dado que la comadrona también vive sola, pero no acaban de dar el paso, posiblemente porque ambas son demasiado independientes. Lo que si hace, es visitar a menudo a su nieto y de paso echarle una mano a su nuera. Hoy, cuando Julia llega a casa encuentra a su suegra ayudando a Paquita a bañar al niño, algo que prefiere hacerlo ella, pero gestiones de última hora la han retenido en la tienda.

   -¿Cómo se ha portado mi niño?, ¿has hecho rabiar mucho a Paquita?, ¿y a la abuela cuántos besitos le has dado?

   Mientras la muchacha saca al crío de la tina para secarlo, Pilar pregunta por dónde anda Julio.

   -No lo sé muy bien, pero pensaba dormir en Don Benito –le cuenta Julia.

   -Don Benito queda muy lejos, debe estar al menos a doscientos kilómetros –se extraña Pilar.

   -A ciento ochenta y cinco exactamente, pero es que con la camioneta las distancias no cuentan. Y es una plaza importante, ronda los veinte mil vecinos y además, al ser el centro económico de las Vegas Altas, suele hacer muy buenas ventas –tras una pausa, Julia cambia de tema y se confiesa con su suegra-. Pilar, vas a ser la primera en saberlo…, vuelvo a estar encinta.

   -¡Vaya notición, enhorabuena, Julia!, ¿pero no es un poco pronto?, ¿de cuánto estás?

   -El doctor Lavilla dice que de seis semanas y que saldré de cuentas a mediados de junio. Se llevarán unos veintidós meses, que no es tanto.

   Haber mencionado su embarazo lleva a Julia a pensar en la próxima boda de Maribel, lo que le hace preguntarse: una boda sin amor, ¿cómo influirá en los hijos?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 121. Los Carreño, sin competidores

 

viernes, 19 de noviembre de 2021

Libro III. Episodio 119. ¡Y no hay más que hablar!


   El Bisojo confiesa a Julia que el negocio no puede ir peor. Al tiempo que escucha a su antiguo patrón, la joven madre está pensando qué podría hacer para salvarlo.

  -Sí que está complicado, señor Elías, pero de peores apuros ha salido usted. ¿Se acuerda de lo mal que estaba el negocio cuándo me contrató y como, aunque fuera a trancas y barrancas, salimos de aquel pozo?

   -Salimos porque te pusiste al frente de la tienda, si no te hubiese tenido no sé si habría sido capaz de salir por mi cuenta. Y eso es lo que no le perdonaré jamás a tu marido, que se te llevara. Lo de casarse contigo, pase, pero lo de obligarte a que dejaras de trabajar conmigo, eso es lo que me ha llevado a la ruina.

   -Perdone, señor Elías, pero no fue así. Me iba a casar con Julio y ¿cree que era de recibo que teniendo el que iba ser mi marido una droguería yo siguiera de encargada de otra que era su directa competidora? Eso era un total contrasentido. Y le recuerdo, porque se lo he dicho otras veces, que Julio no me obligó a que le dejara, fui yo la que optó por irse. No podía hacerle la competencia a mi marido durante el día y luego acostarme con él por la noche.

   El Bisojo no responde a las razones de Julia, pero continúa mostrando su disgusto pues sigue pensando que su marcha fue una acción desleal y el origen de su decadencia. Julia, que sabe lo cabezón que se puede poner el viejo, decide no seguir por el camino de remover viejas heridas y centrarse en el problema que ahora aqueja a su antiguo patrón.

   -Mire, señor Elías, tanto Julio como yo queremos ayudarle en la medida de nuestras posibilidades. Como ahora no se me ocurre qué se podría hacer para remediar su problema, denos un tiempo y entre los dos trataremos de encontrar el remedio. Y ahora tengo que despedirme pues es la hora de bañar al niño.

   -¿Bañas al crío todos los días? –pregunta, sorprendida, la señora Florencia.

   -Naturalmente, los niños se ensucian fácilmente y hay que lavarlos todos los días para que la roña no se los coma.

   -Pues debes de ser la única de la ciudad que lo hace. A los críos sanos como el tuyo con bañarlos una vez a la semana, como mucho, resulta más que suficiente –pontifica la señora Florencia, que añade-: Tanta agua no puede ser buena.

     En el recorrido hasta casa, Julia piensa en el postrer diálogo con la esposa del Bisojo. Sabe que lo que afirmaba sobre el lavoteo de los niños es opinión general y aún está más extendida en el ámbito rural. Pero la que hoy es su suegra le enseñó que si un niño come, bebe y defeca diariamente también ha de ser lavado todos los días, pues la higiene corporal es tan o más importante que una adecuada alimentación.

   Tras cenar, Julia le cuenta a su esposo la charla con el Bisojo.

   -Ya te anticipé que el viejo no se iba a dejar ayudar y más si yo entro en juego. Está obsesionado conmigo y me han dicho que cada vez que me alude me llama el judas de Carreño –se lamenta Julio.

   -Todo eso no importa. Es un pobre viejo, cuyos mejores días pasaron hace mucho, y que ahora ve como el negocio que construyó desde cero se le está cayendo a pedazos. A mí me ha dado una pena inmensa. Creo que tenemos la obligación moral de ayudarle a que su final profesional no se convierta en un calvario. Si tú no quieres hacerlo, creo que yo sí que debería porque, como suele recordar tu madre, de bien nacidos es ser agradecidos. Y ambos, pero especialmente yo, le debemos mucho al viejo cascarrabias. Claro que si tú no quieres que lo haga… -La mujer deja el final de la frase en suspenso.

   Julio que comienza a entender los sutiles mecanismos de la mente de su esposa intuye que si se niega a que ayude al Bisojo lo acatará, pero… no le va a gustar nada. Y la necesita demasiado y la quiere todavía más, por lo que considera que no complacerla sea una opción cabal, aun así expresa su protesta.

   -Disiento que tengamos la obligación moral de ayudarle, no tiene una enfermedad o no le ha pasado una desgracia, circunstancias en las que no sería caritativo echarle una mano, sino que estamos ante un fiasco empresarial, ante un negocio que fue viento en popa mientras fue el único de la ciudad y que se ha ido al carajo en cuanto ha tenido competencia. En lo que sí estoy de acuerdo es que nos lo enseñó todo sobre el negocio, y en justa correspondencia no me parece mal que trates de ayudarle, pero te pido que excuses mi apoyo. Haga lo que haga para él seguiré siendo el judas de Carreño.

   Y así quedan. Será Julia la que elaborará un plan para ayudar al Bisojo a salvar los muebles, pero sin la participación de su esposo. El problema continúa siendo que no se le ocurre nada sobre cómo solucionar el traspaso de la tienda sin tocar la propiedad del local.

   Llegado el domingo, el matrimonio Carreño-Manzano va a comer a casa de doña Pilar. Han establecido un acuerdo tácito y un domingo comen en casa de la maestra y en el siguiente es ella la que está invitada a casa de su hijo. Tras acabar los postres, Julio se marcha un rato al casino a tomar café, charlar con los amigos y echar una partida. Sigue siendo muy aficionado al juego, aunque antes de casarse le prometió a Julia que no volvería a jugar con dinero por medio y, mal que bien, sigue manteniendo su promesa.

   Después del casino, Julio se pasa por la barbería a que le corten el pelo pues está abierta pese a que es domingo. Mientras espera turno coge una revista atrasada que lleva un amplio reportaje de lo que fue la noticia estrella del pasado año: la boda del rey Alfonso XIII con Victoria de Battenberg, nieta de la reina Victoria de Inglaterra. Hubiese sido una boda real más, pero dejó de serlo al sufrir la comitiva un atentado. Cuando el séquito real se dirigía de la Iglesia de los Jerónimos al Palacio Real, al pasar por la calle Mayor alguien arrojó una bomba oculta en un ramo de flores que tropezó con el tendido del tranvía y se desvió. Los Reyes resultaron ilesos pero murieron veinticinco personas y más de cien fueron heridas. Dos días después cogieron al autor que resultó ser un anarquista catalán llamado Mateo Morral…; no puede seguir leyendo porque le llama el rapabarbas.

   -Señor Carreño, su turno.

   En casa, tras acostar al niño, suegra y nuera charlan de todo un poco. En un momento de la conversación, Julia cuenta a su antigua mentora el problema que tiene el tío Elías y la decisión que han tomado de ayudarle.

   -… y lo que más me desespera es que no se me ocurre nada. Su pretensión de no vender el local lo complica todo.

   La vieja maestra queda pensativa y así está unos minutos hasta que formula una pregunta.

   -¿Por qué no se la alquiláis? –propone la aragonesa y se explica-. Le alquiláis la tienda y el local. Él se deshace del negocio y cobra el traspaso y un alquiler mensual, pero sigue siendo el dueño del local. En cuanto a vosotros, podéis montar allí una sucursal. En más de una ocasión le he oído comentar a Julio que debería ampliar la droguería pues la tienda se os está quedando chica. Ahora tenéis la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro, solucionáis el problema de Elías y os convertís en la única droguería de la ciudad.

   A medida que Pilar ha ido desgranando su propuesta, Julia no puede por menos que admirarse de lo aguda e inteligente que es su suegra.

   -Pilar, déjame decirte que por ti no pasan los años; es más, creo que a medida que los vas acumulando eres cada vez más sabia y perspicaz. Ni en cien años se me habría ocurrido lo que acabas de explicar, cuando bien mirado lo que propones es la solución más lógica y posiblemente la más eficaz.

   -Vamos, vamos, Julia, no es para tanto –Pilar se hace la modesta, pero en el fondo está que revienta de orgullo ante los elogios de su nuera-. Si no se te ha ocurrido es porque tienes muchas preocupaciones: el niño, la casa, la tienda…

   En cuanto Julio regresa de la barbería, a Julia le falta tiempo para contarle la idea de su madre. La propuesta no parece hacerle demasiada gracia, pero se dice que antes que rechazarla de plano se lo tendrá que pensar detenidamente. No se ve con ánimos de oponerse al plan de las dos mujeres. Quizá con su madre podría, pero si a ella se le suma su mujer piensa que es mucho mujerío para un solo hombre.

   -Sería una propuesta a estudiar y habría que hacer números. Como bien sabes, en estos momentos estamos pagando los plazos de la camioneta con el préstamo que nos concedió la Caja de Ahorros y para lo que tuvimos que hipotecar el Karrascal. Y por nada del mundo quisiera volver a solicitar otro crédito. De todas formas, como digo, hay que pensarlo, pero antes de emprender ninguna acción convendría saber lo que opina el tío Elías sobre esa solución.

   -Era algo que pensaba hacer, pero antes tenía que consultártelo. En cuestiones de negocios eres tú quien tiene la última palabra –afirma Julia.

   Que lista es la condenada, se dice Julio, cualquiera que la oyera creería que aquí las grandes decisiones las tomo yo. Por eso me enamoré, porque es tan inteligente que a veces se hace pasar por tonta. Cuando me aceptó me tocó el premio gordo.

   Al atardecer del día siguiente, Julia va al domicilio del Bisojo y le cuenta la propuesta que se le ha ocurrido…, y no lo oculta, a su suegra.

   -… y creo, señor Elías, que es la mejor solución a su problema. Recibirá el alquiler mensual, pero el local seguirá siendo de su propiedad; bueno, y también el negocio, aunque lo explotemos nosotros.

   La respuesta del Bisojo es contundente.

   -Ni aunque me ofrecierais todo el oro del mundo mi tienda no acabará en manos del judas de tu marido. ¡Y no hay más que hablar!

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 120. Una boda sin amor