viernes, 26 de marzo de 2021

Libro II. Episodio 85. Es un vaso de agua clara

   Julia ha pensado valerse de que su hermana Consuelo la ha invitado a cenar y, cuando se queden solas, preguntarle sobre su relación con Julio. Una de sus preguntas es si él la quería.

   -¿Qué si me quería? Con toda su alma. Para él también fui su primer amor y eso es algo que jamás se olvida.

   -Y si ambos estabais enamorados, ¿por qué rompisteis?

   Consuelo vacila, da la impresión que duda sobre qué contestar.

   -Yo era muy joven, tenía muchas ganas de perder de vista a nuestra madre, de divertirme, y él… –Aún no ha pronunciado el nombre de Julio, como si algo se lo impidiera- se fue a la mili y a mí me quedaban tres años de guardar su ausencia. ¿Sabes lo que eso supone? Estar tres años, que cuando tienes dieciocho te parecen tres siglos, guardando la ausencia que es como si fueras viuda sin haberte casado. No debes salir de paseo, no puedes asistir a un baile o ir a la feria, te pasas la mayor parte del tiempo en casa como si fueras una monja de clausura, ¡un horror!

   -¿Rompiste solo por qué te aburrías? –La pregunta va cargada de perplejidad.

   -Hubo más motivos. Madre quería que me casara con algún rico heredero y de hecho me buscó varios pretendientes de familias con posibles, a cual más palurdo. Julio –al fin ha dicho su nombre-, entonces no tenía donde caerse muerto. Ya puedes imaginarte que madre lo enfiló desde el primer día, decía que era un cabeza de chorlito y un muerto de hambre. No sé si te acuerdas de las peleas que teníamos. Recordarás, pues tú le abriste el portón, que una noche vino a hablar con madre que le sometió a un interrogatorio como si fuera un robaperas. A pesar de todo seguí con él, pero un día apareció Luis que no tenía nada que ver con los patanes que quería endilgarme madre… y todo cambió. Era amable, parecía encantador y me llenaba de atenciones; encima contaba con el beneplácito de madre…, y Julio estaba tan lejos y tardaría tanto en volver…, y toda esa mezcla de sensaciones y de hechos fue lo que terminó por decantar la balanza.

   -¿Alguna vez te has arrepentido?

   Consuelo al pronto no contesta, cuando lo hace su respuesta es ambigua.

   -Muchas veces me he preguntado si hice bien, pero… a lo hecho, pecho. Si hubiera sospechado lo que me aguardaba quizá no hubiera roto, pero nunca sabes cómo será el futuro. Porque ya ves la clase de vida que llevo: de casa a la tienda y de la tienda a casa. Luis –y baja la voz como si su marido pudiera oírla- de novio era un encanto, pero de marido sabes cómo es, más moro que un sultán -Y dando un giro a sus confesiones, se pone en plan de hermana mayor-. Que te sirva mi experiencia para que no te pase lo mismo. No te enamores de alguien que tenga que hacer la mili, lo de guardar la ausencia es insoportable. No te ennovies con quien no te guste a rabiar, hazlo con alguien que te haga feliz, que te respete, que te haga sentirte segura y querida. Y, sobre todo, no le hagas caso a madre pues te buscará alguien que tenga fanegas, ganaos y duros. Ninguna de esas cosas te hará feliz, te lo digo por experiencia.

   -¿Volviste a hablar con Julio después de la ruptura?

   -Nos hemos saludado de lejos pero nada más. A mí no me ha parecido apropiado hablarle y él no ha hecho gesto de acercarse.

   -¿Ha tenido otras novias?

   -De cuando estuvo en la mili no sé, pero de aquí creo que ninguna en plan formal. Ha salido con alguna que otra moza, pero nunca ha llegado a comprometerse. Lo que cuentan es que ha tenido y tiene muchos líos con mujeres casadas, hasta en alguna ocasión he oído referirse a él como un donjuán.

   -¿Sabes por qué sigue soltero?, igual es que sigue enamorado de ti.

   -Huy, no lo creo, han pasado diez años y eso es mucho tiempo. Supongo que no ha conocido a una mujer que le vaya, y como siempre encuentra algún pendón que le calienta la cama… Veo, Julina, que te interesas mucho, ¿acaso te hace tilín?

   Julia se ruboriza como una colegiala. No sabe por qué, pues no está interesada por Julio en el sentido que pregunta su hermana.

   -Naturalmente que estoy interesada por él, pero no en el sentido que crees. Hasta hace cuatro días era mi competidor y ahora es un aliado comercial. Cuanto más le conozca mejor podré comprenderlo y me resultará más fácil negociar con él. De ahí mi interés.

   -Bueno, tampoco sería tan raro que te atrajera. Sigue teniendo buena planta aunque últimamente se ha puesto algo fondón, es listo y sabe cómo tratar a una mujer, y encima es un buen partido. Aunque para ti es demasiado mayor, lo que necesita Julio es una mujer hecha y derecha y tú todavía eres un huevo a medio cocer.

   La última frase ha escocido a Julia que tiene la réplica en la punta de la lengua…, pero se contiene, piensa que no tiene ningún sentido pelearse con su hermana.

   A Julio le ocurre algo parecido que a Julia, se interesa por ella, por su pasado y sobre todo por su presente y quiere saber más. La única persona de confianza a la que puede preguntar sobre la adolescencia de la muchacha en Malpartida es su amigo Argimiro. Para justificarse le cuenta un pseudomotivo.

   -Sabrás que he llegado a un pacto con el Bisojo; bueno, en realidad con quien he pactado ha sido con tu paisana, Julia Manzano, que es la que lleva la tienda. De esa muchacha, a pesar de que vive con mi madre, no sé casi nada y me interesaría conocerla a fondo, pues de un medio socio, como no sepas cómo respira, te la puede jugar. Dada la amistad de tu mujer con la familia Manzano supongo que Carolina conocerá la vida y milagros de la chiquilla. Pregúntale que puede contarme de ella sobre su vida en el pueblo, especialmente a partir de que se hizo mocita.

   -¿Qué quieres saber exactamente?

   -Pues todo, qué hacía, que amistades tenía, si salía con chicos, que cosas le gustaban, que manías tenía…; en fin, como he dicho su vida y milagros mientras estuvo en el pueblo. Ah, y lo que hace y con quien va cuando vuelve por navidad y en verano. Cuanto más sepa mejor podré entenderla y me resultará más fácil negociar con ella –Sin saberlo, Julio ha dado las mismas razones que dio Julia para indagar sobre su vida.

   Unos días después Argimiro le cuenta que según su esposa, que la conoce desde niña, la vida de Julia en Malpartida es como un vaso de agua clara. Siempre fue una niña como las demás, quizá algo revoltosa, aplicada en la escuela y devota en la iglesia. Y de mozuela no se le conoce que haya tenido novio ni coqueteo con mozo alguno.

   -Entonces, ¿solo eso? –demanda Julio, que por una parte se siente defraudado y por otra aliviado de que la muchacha no tenga una historia tras ella.

   -Bueno, tú conociste a la señora Soledad, tenía a sus hijos en un puño. Y ya que cito a su madre, te contaré un rumor que también afecta a Julina. Dicen las chismosas que la Sole le dio permiso pa irse del pueblo porque estaba celosa de ella. Al parecer, el tío Timoteo, un viejo rico del pueblo, cortejaba a Soledad hasta que comenzó a fijarse demasiao en Julina. Carolina sospecha que eso lo aprovechó la muchacha, que es bastante ladina, pa presionar a su madre y marcharse de casa.

   -Gracias, Argimiro. Si te enteras de algo más ya me contarás.

   Resueltas las pesquisas de la vida de Julia en su pueblo, Julio piensa que la persona que mejor ha de conocer las andanzas de la muchacha en Plasencia debe ser su madre. También es consciente que preguntarle sobre las correrías de su pupila puede ser un arma de doble filo. Lo primero que querrá saber es el porqué de tales preguntas. Y a partir de ahí, los interrogantes se encadenarán. Por lo que opta por no preguntarle. ¿A quién hacerlo?, piensa en su amigo  Cándido pero lo desecha, mejor que sea una mujer. Repasa mentalmente la relación de clientas con quienes tiene mayor confianza… hasta que por asociación de ideas surge un nombre: es discreta y leal, aunque no es amiga suya pero sí su empleada. Le pedirá a Antonina, su dependienta, que haga indagaciones reservadas sobre la vida social de Julia en la ciudad. Utiliza el mismo pretexto que usó con Argimiro.

   -Antonina, sabes que he pactado con el Bisojo. Bueno, en realidad con quien lo he hecho ha sido con Julia, su encargada. De esa muchacha, a pesar de que vive con mi madre, no sé casi nada y me interesaría conocerla a fondo, pues de un medio socio, como no sepas cómo respira, te la puede jugar. De su biografía comercial lo sé todo, pero de su historia como persona sé muy poco. Quiero que, de manera discreta y sin que llegue a enterarse, preguntes por ahí sobre su vida y milagros: con quien sale, con quien entra, que clase de amigos y amigas tiene, en qué emplea sus ratos libres…, en fin todo lo que pueda ser relevante sobre su forma de ser. E insisto, todo ello hecho con la mayor reserva.

   Las indagaciones de Antonina no le llevan demasiado tiempo. A pesar de que Plasencia cuenta a principios del siglo veinte con algo más de ocho mil habitantes, no deja de ser un pueblo en el que todo el mundo se conoce. La investigación de Antonina ofrece un resultado similar al proporcionado por Argimiro. Por decirlo con las mismas palabras: la vida de Julia es un vaso de agua clara. No tiene muchas amigas pero si leales. La rondan varios mozos pero no parece que haya intimado con ninguno. Sus ratos de esparcimiento son contados pues tiene mucho trabajo. Tiene fama de ser buena persona, divertida e ingeniosa y muy religiosa. Puesto que el Bisojo le paga un buen sueldo como encargada con plenos poderes del negocio se la considera un buen partido en el entorno mesocrático de la ciudad. Y poco más. La información de su dependienta provoca en Julio el mismo efecto que la de Argimiro: decepción y alivio. Decepción por tan pocos resultados y alivio por ello.

   -Por lo que cuentas, veo que esa muchacha tiene una vida muy plana, por decirlo de algún modo, ¿no te parece?

   -Es posible, pero ya me dirás que clase de vida puede tener con la de horas que echa en la tienda –comenta con sorna Antonina.

   Al final Julio se queda con la expresión de Argimiro: Julia es un vaso de agua clara. ¡Ojalá nunca se enturbie!, musita.

  

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 86. A vueltas con el sexto

 

viernes, 19 de marzo de 2021

Libro II. Episodio 84. ¿Él te quería?

 

   El Bisojo no ha tenido más remedio que aceptar el acuerdo pactado por su empleada, tuvo que hacerlo cuando Julia le amenazó que si no lo refrendaba le dejaría. Piensa que si tuviera menos años y mejor salud nunca lo hubiese aprobado, pero en las actuales circunstancias considera que es un mal menor. Es consciente de que sin la joven encargada su tienda se iría a pique en cuestión de poco tiempo. Y cuando algún amigo le pregunta que como ha transigido pactar con Carreño su respuesta suele ser la misma.

   -Pues porque más vale un mal pacto que una buena guerra –para a renglón seguido explicarse-. Y eso es lo que mantenía con el judas de Carreño, una jodida guerra comercial de la que estaba hasta los huevos.  

   El Pacto de la Pilarica, como en broma lo denominan los firmantes del mismo en clara alusión a su autora, comienza a producir efectos desde el día siguiente de su puesta en marcha. En el terreno mercantil supone el inicio de una época de paz en la guerra comercial que enfrentaba al viejo y al joven droguero. Cada uno se ha especializado en determinados sectores y se han acabado las temporadas de rebajas en las que llegaban a tirar los precios. El mayor beneficiado con el pacto ha sido Julio que partía de una situación privilegiada, pero al tío Elías tampoco le ha ido mal pues sus cifras de ventas, aunque más modestas, se han consolidado. Con el paso de las semanas la entente entre el mañego y la chinata se ha hecho más sólida y han logrado nuevas ventajas comerciales; una de ellas ha sido que, al unificar sus pedidos de compras y hacerlas en mayor cantidad, han conseguido de los proveedores mejores descuentos. Incluso han ido más lejos, cuando un cliente pide un determinado artículo que no tienen le indican que lo tendrá a su disposición en unas horas, entonces lo que hacen es pedirlo a la otra tienda repartiéndose la ganancia. Esta última práctica al Bisojo le sentó a cuerno quemado, pero ante la firme postura de Julia tuvo que callarse.

   -Señor Elías, en mi pueblo dicen que el que algo quiere algo le cuesta. Y si queremos mantener el pacto, que tan bien nos va, no tenemos más remedio que transigir en cuestiones como esta que además ha sido idea mía –Es lo que hace Julia continuamente, de cada una de las novedades que van incorporando al acuerdo afirma que se le ha ocurrido a ella, con lo que al Bisojo no le queda otra que asumirla.

    Las consecuencias comerciales no han sido las únicas del Pacto de la Pilarica. Otro efecto ha sido la buena relación que se está forjando entre los dos hacedores del acuerdo. Casi todos los domingos, Julio almuerza con su madre y Julia, y las sobremesas se alargan hasta mediada la tarde. Al principio hablaban casi exclusivamente del negocio, pero a medida que han ido pasando las fechas los temas de conversación han ido mutando, pues ahora charlan sobre cualquier cuestión, salvo una parcela en la que aún no se han atrevido a entrar: la vida personal. Y no lo hacen porque Julia de ese campo tiene poco que contar y Julio porque es consciente de que sus turbios lances amorosos no son los más adecuados para relatarlos a una jovencita que en asuntos de sexo está más verde que una novicia.

   Hay domingos en los que se les une una cuarta invitada a los almuerzos, Etelvina. Cuando forman un cuarteto suelen echar alguna partida al parchís, por lo que en más de una ocasión las sobremesas se alargan hasta el anochecer. Julia disfruta como una chiquilla con el juego, en el que pone la misma pasión e intensidad que en sus actividades mercantiles. Julio asiste complacido al ver el entusiasmo que las tres mujeres demuestran ante el tablero. Y más de una vez se ha preguntado: ¿qué dirían mis amigos si me vieran pasando los domingos con dos señoras que van para viejas y una jovencita que se emociona y grita como una quinceañera cuándo gana? Mejor que no lo sepan porque sería el hazmerreír del casino. Otra consecuencia del pacto es que ahora Julia sale menos a pasear que antes, está más atareada y tiene menos interés en flirtear con los mozos que la siguen rondando. En cuanto a Julio le ocurre algo parecido: asiste con menos frecuencia a la tertulia del casino, visita menos los burdeles y sus aventuras amorosas van declinando.

   La tercera en discordia en esas tardes dominicales, Pilar, está encantada de cómo se desarrollan los acontecimientos. En ocasiones toma parte de las charlas, pero frecuentemente deja solos a ambos jóvenes con el pretexto de que va a echar una cabezadita. Y es que, domingo a domingo, otro plan comienza a germinar en la fértil imaginación de la aragonesa: unir a sus dos seres más queridos, no ya en los negocios sino en los sentimientos. Cada vez es mayor su convencimiento de que Julia quizá sea la única mujer que conoce capaz de conseguir que el balarrasa de su hijo siente la cabeza. A mis años y estoy pensando convertirme en una celestina, se dice. A pesar de esa percepción no hace nada, ni piensa hacerlo, para que ambos jóvenes se enamoren, le da tiempo al tiempo y, eso sí, reza para que su deseo se haga realidad. A la única que ha hecho partícipe de su anhelo es a Etelvina, quién sí es partidaria de forzar la situación.

   -Pues que quieres que te diga, Pilar, yo si forzaría la mano para intentar unirlos. Lo de los matrimonios concertados por las familias es una costumbre muy arraigada y no suelen salir mal, sobre todo cuando la pareja llega a cierta edad. Cierto que Julia todavía es muy joven, pero lo que es a tu hijo se le puede pasar el arroz.

   -¿Crees que a mis años voy a hacer de celestina? Ni quiero, ni puedo, ni debo. Todo lo que debería hacer ya lo hago; mejor dicho, lo hacemos, ¿o tengo que recordarte quién me ayudó a conseguir el Pacto de la Pilarica como lo han bautizado los chicos? Además, ya conoces la máxima: casamiento y mortaja del cielo bajan.

   -Yo creo que lo que te pasa es que tienes miedo –replica Etelvina.

   -¿Miedo, de quién o de qué? –inquiere Pilar un tanto mosqueada.

   -De que si terminan emparejándose, tu hijo, por aquello de que la cabra siempre tira al monte, la engañe con la primera que se le ponga a tiro. Y con lo que tú quieres a esa chiquilla sufrirías mucho.

   -Mira, eso es de lo poquito que no me quita el sueño. Si de algo estoy segura es que a Julia no la van a engañar tan fácilmente, ni mi hijo ni el tipo más taimado de estos andurriales. Julia tiene el suficiente sentido común, la astucia y el coraje como para dejar las cosas bien claras desde el día de la boda. La mayoría de los hombres engañan a sus esposas porque no les han puesto los puntos sobre las íes desde el primer día. Y eso es algo que no le ocurrirá a nuestra Julia; podrá errar en otras muchas cuestiones pero no en esa. Al menos si sigue mis consejos.

   Mientras ambas amigas y conspiradoras disienten sobre si sería aconsejable o no empujar a los anteriormente rivales a que den un paso más allá y se conviertan en algo más que amigos, la pareja prosigue sus amistosas charlas, como la de esta tarde en que Julio está contando a su joven amiga anécdotas de su paso por el ejército y casi sin darse cuenta en un determinado momento se refiere a Dolors…

   -¿Quién es Dolors?

   -Ah,… es una chica mallorquina de la que fui amigo durante la mili.

   -¿Solo amigo? –pregunta con retranca Julia.

   -Solo amigo, ¿o es que un hombre no puede tener amigos que sean mujeres?

   -No lo sé, pero no debe ser fácil tener amigos del otro sexo, al menos es lo que pienso.

   -¿Tú no conoces chicos que sean amigos tuyos?

   Julia se lo piensa.

   -Creo que no. Conozco a chicos con los que simpatizo, charlo y bromeo con ellos, pero no los considero amigos, sino simples conocidos.

   -Eso es raro. Vamos a ver, bonita, ¿tú qué entiendes o cómo definirías la amistad?

   Por toda respuesta, Julia se levanta y se dirige al cuartito que Pilar usa como estudio. Retorna al momento con un gordo libro bastante manoseado.

   -El diccionario de la Real Academia Española –indica señalando el mamotreto-. Veamos cómo define la amistad –y lee-: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Eso es lo que entiendo por amigo, una persona por la que sientas ese afecto puro y desinteresado. Y me ratifico, no, no tengo amigos que sean hombres.

   A Julio le impacta la seguridad con la que la jovencita habla y lo claro que tiene las ideas aunque él no las comparta. Un ramalazo de algo que no sabe definir le sacude de la cabeza a los pies. Esta mocosa es una mujer de armas tomar, se dice. El tío que la acompañe al altar se llevará un bombón que además tiene una mente lúcida, pero que también le pondrá las peras a cuarto en cuanto intente desmadrarse un tanto así. No le arriendo las ganancias.

   Julia no ha olvidado su intención de preguntar a Consuelo por su relación con Julio. Una noche en que su hermana la ha invitado a cenar, en cuanto su cuñado las deja solas, pues acostumbra a acostarse pronto, aprovecha la ocasión para preguntarle.

   -¿Sabes que hemos llegado a un pacto con Julio Carreño para dejar de hacernos la competencia?

   -Ah, ¿sí?, ¿y eso para vosotros es bueno o malo?

   -Los pactos suelen hacerse para solventar situaciones espinosas, por lo que se supone que el acuerdo debe ser bueno para ambos. Hablando de Carreño –prefiere aludirle por el apellido como una manera de hablar de alguien sobre quien no tiene mayor interés-, creía que era un borde y un chulo, pero tratándole de cerca es más buena gente de lo que parece. Tú fuiste novia suya o, al menos, saliste con él una temporada. Todavía recuerdo las broncas que madre te echaba. Me pica la curiosidad, ¿por qué rompisteis?

   Consuelo vacila. Duda de si contarle a su hermana la verdad o divagar como forma de no decir nada. Al final opta por la sinceridad.

   -Fue el gran amor de mi vida –y está en un tris de añadir y el único, pero no lo hace-. Y a estas alturas no tengo muy claro por qué rompí, pues fui yo quien le dejó. Me he preguntado muchas veces si hice bien, pero…

   -¿Él te quería?

  

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 85. Es un vaso de agua clara

viernes, 12 de marzo de 2021

Libro II. Episodio 83. Pacta sunt servanda

 

   La semana se le hace larga a Julio, no deja de pensar en el plan de su madre sobre la especialización de ambas droguerías y en todas las consecuencias y problemas que puede conllevar. Pero más que en el plan a quien no puede quitarse de la cabeza es a Julia, no tanto como competidora sino como mujer. La joven le ha sorprendido en todos los aspectos: como mujer de negocios está seguro de que no tiene parangón, como interlocutora no conoce ninguna que sepa escuchar como ella, y como mujer no es que sea la más guapa de la ciudad, se dice, pero que tengan el brío, la inteligencia y el saber estar de su antagonista no debe de haber tantas, si es que hay alguna. Lo que no deja de asombrarle es que la muchacha se ha hecho mujer a su vera y no se ha dado cuenta. Quizá sus aventuras amorosas le han tenido tan entretenido que no ha sabido ver lo que hasta un ciego hubiese visto. Al haber suscitado Julia su interés, pregunta por la fama de la muchacha a uno de sus amigos, del que sabe que es un consumado correveidile.

   -Oye, Cándido, ¿qué es lo que se cuenta por ahí de la encargada del Bisojo?

   -¿Y tú me lo preguntas?, si vive en casa de tu madre. La debes conocer mejor que nadie.

   -Solo la veo de uvas a peras, suelo visitar a mi madre por las tardes y la muchacha todavía está en la tienda.

   -De muchacha na, está hecha una paloma más rica que el dulce de leche. Y lo que mayormente se cuenta de ella es que es una lagartona de mucho cuidao.

   -Explícame eso de lagartona –inquiere Julio, preocupado, pues también se denomina así a las fulanas.

   -Pues que es más taimada que una vieja casamentera. Según cuentan tiene a varios mozos que van tras ella como perritos falderos y que a todos les pone buena cara, pero nada más, en cuanto alguno le dice de pasearle la calle contesta que está muy atareada y no tiene tiempo para más.

   La respuesta tranquiliza a Julio, no es lo que imaginaba. Hasta que se da cuenta de algo: ¡cómo no habré caído en ello!, se dice, la mocosa es digna alumna de mi madre. Apostaría doble contra sencillo que esas ideas se las ha imbuido Pilar. O sea, que está esperando a su príncipe azul, ¿quién será el afortunado? El último pensamiento le hace sonreír, si hace tan solo una semana alguien le hubiese dicho lo que está pensando de Julia se habría carcajeado.

   A Julia le ocurre algo parecido que al mañego, no se lo quita de la cabeza. Siempre le tuvo respeto, por ser mucho mayor que ella y porque sabe mucho más, tanto de los negocios como de la vida. Sus amigas le han contado la fama que tiene Julio en la ciudad: que es más listo que el hambre, que sabe llevar muy bien el negocio, y que en asuntos de faldas le pierden las casadas con las que ha tenido numerosas aventuras. También en más de una ocasión, ha sido testigo y confidente de los disgustos de doña Pilar por el comportamiento poco edificante de su hijo. Lástima, se dice, que un hombre con tantas cualidades se eche a perder por no saber contener sus apetitos más bajos. A pesar de eso, le considera una buena persona, aunque como a la mayoría de miembros del sexo masculino a veces le pierda la vanidad. Y hasta tiene buena planta, reconoce. Lástima que sea tan viejo, pues ya cumplió la treintena. Aunque sabe que muchas de sus amigas le pondrían buena cara porque también tiene fama de ser un buen partido. Y como hizo Julio, también pregunta por él a la más cotilla de sus amigas.

   -Tere, ¿qué es lo último que se cuenta de Carreño?

   -¿Y tú me lo preguntas?, si vives en casa de su madre. Lo debes conocer mejor que nadie.

   -No creas, solo le veo de Pascuas a Ramos. Casi siempre la visita cuando estoy en la tienda.

   -Pues que está hecho un golfo, dispara a todo lo que se le pone a tiro. Parece que su última conquista es la mujer del señor Prados.

   -No sé quién es.

   -Uno de los terratenientes más ricos de la ciudad. El hijo de tu maestra parece que se está aprovechando de que Prados ya chochea y su esposa debe estar en la treintena. Es un tenorio de tres al cuarto que lo único que le gusta es pasar el rato sin comprometerse.

   -¿Y no ronda o ha rondado en plan serio a alguna chica soltera?

   -¿Y tú me lo preguntas?, si dicen que la única novia en serio que tuvo fue tu hermana Consuelo.

   Julia se queda sin respuesta. ¿Cómo ha podido olvidarse de la relación que tuvo Julio con su hermana? Aún recuerda, siendo niña, que Julio fue a su casa a pedir permiso a su madre para cortejar a Consuelo. Y también recuerda cuando iba a casa de Carolina, la mejor amiga de su hermana, a recoger las cartas que Julio enviaba desde Mallorca. Lo que nunca supo, porque no se interesó por ello, es por qué rompieron y quién lo hizo. De pronto le entran unas ganas locas de conocer la vida sentimental de su hermana mayor. Lo mejor será preguntarle, se dice, pero antes debe ocuparse de lo que es más urgente: convencer a su patrón del plan de Pilar, insistiendo que ha sido idea suya. Debe de obtener su consentimiento por si al final llega a un acuerdo con Julio, algo que le gustaría pues le daría una tranquilidad que comienza a hacerle falta, dado que ya no se le ocurren más ideas para mejorar el negocio.

   El Bisojo le había dicho que aceptaba que negociara el plan con Carreño, aunque reservándose la última palabra, pero parece que ha cambiado de opinión. Ahora el viejo no admite de ninguna manera que un recién llegado al complejo mundo de la droguería se ponga a su altura.

   -Julia, ¿conoces la expresión de tirar piedras a tu propio tejado?, pues eso supone ese plan pa mí. Llevo más de treinta años al frente del negocio y un novato como el judas de Carreño no me va a imponer un acuerdo que supondría una bofetada pa mi orgullo profesional. ¡Hasta ahí podríamos llegar!

   -Vamos por partes, señor Elías. En primer lugar, el plan no lo impone Carreño, sino que como le he recordado es idea mía. Y en segundo, que esto no es cuestión de orgullo sino de negocios. Usted me ha enseñado que en los negocios tratar de ignorar la realidad sí que es tirar piedras contra tu tejado. ¿Y cuál es la realidad? Pues que se ha descapitalizado intentando frenar la sangría que para nuestra tienda –Julia ahora usa el pronombre en plural para hacerle ver al viejo que se considera parte del negocio- ha supuesto la apertura de la nueva droguería. Si quiere le recordaré el último balance, no estamos en números rojos, pero andamos sobre el alambre. Como usted no aceptó que me fuera, solo mi salario y el de Lupe se comen la mayor parte de los ingresos. ¿Qué supone eso?, pues que en cuanto Carreño abra una campaña de rebajas entraremos en pérdidas. En cambio, si mi plan fuera aceptado por el mañego, algo que dudo que haga, habríamos logrado el cortafuego del que le hablé.

   La aposición, que ladinamente, ha metido Julia dudando de que Julio acepte el plan, concita el interés del Bisojo.

   -¿Y por qué crees que no aceptará tu plan?

   -Porque a Carreño le ocurre lo mismo que a usted, que ha hecho cuestión de orgullo no solamente ser propietario de la nueva droguería de la ciudad, sino también de la única. En cuanto vislumbre el menor resquicio acabará con nosotros. Estoy tan segura como que me llamo Julia.

   -Un viejo amigo que ya murió solía decir que lo que le conviene a mi enemigo no me conviene a mí. Si ese judas no acepta tu plan eso supone que es bueno para nosotros. Negocia con él, pero de igual a igual, nada de ponerse en plan pedigüeño. Pacta y luego decidiré.

   -No, señor Elías, si pacto con Carreño ha de ser con plenos poderes; es decir, que si llegamos a un acuerdo, que como ya dije no creo que acepte, eso tendrá su bendición desde ya –Julia ha decidido ponerse dura, sabe que el Bisojo en última instancia podría volverse atrás-. Doña Pilar me enseñó una expresión latina: pacta sunt servanda, los pactos han de cumplirse. Si firmo el pacto, firmado estará y si usted posteriormente lo revoca se quedará sin pacto y sin encargada. Porque, y eso también lo he aprendido de usted, los hombres valen lo que su palabra; pues bien, también se debe aplicar a las mujeres –Ante la tajante postura de su encargada el Bisojo recula y acepta el planteamiento de Julia. 

   Cuando el domingo ambos competidores se reúnen en casa de doña Pilar, antes de que el almuerzo concluya han llegado a un acuerdo que, con pequeñas variaciones, en esencia es el plan ideado por la aragonesa. Llegada la hora de los postres, y prevenida por la anfitriona, aparece Etelvina con una botella de sidra para brindar por el éxito de las negociaciones y, lo más importante para ambas conspiradoras: para festejar que las dos personas que les son más queridas han hecho las paces. Buena prueba de ello es que la chinata y el mañego departen como si fueran amigos de siempre. En algún momento Julia insinúa si habría que firmar un papel, la respuesta de Julio es tajante.

   -Mi madre me enseñó que un hombre vale lo que su palabra y, aunque no siempre lo he cumplido de lo que me arrepiento, si pienso hacerlo de ahora en adelante. Y doy por descontado que tú piensas lo mismo –y volviéndose a Pilar le pregunta-: Madre, ¿sirve lo de que una mujer vale lo que su palabra?

   -Por supuesto, hijo, Dios hizo libres e iguales a ambos sexos, aunque todavía son legión los zoquetes que opinan lo contrario, incluido el Código Civil.

   -Algo parecido le dije al señor Elías cuando traté de convencerle de que este acuerdo era lo mejor para él y precisamente la cité a usted, doña Pilar.

   -Julia, creo que va siendo hora de que apees lo de doña y me tutees. Para mí eres mucho más que una alumna o una pupila, te has convertido en la hija que siempre deseé y que la prematura muerte del padre de Julio me impidió tener. Y aunque la costumbre en los pueblos es tratar de usted a los padres, yo eduqué a mi hijo para que me tuteara como manera de sentirnos más cerca y comunicarnos más fácilmente. O sea, que ya sabes, Pilar a secas.

   Julio está interesado en saber qué le va a contar al Bisojo del acuerdo, la respuesta de Julia, con un guiño de ojo para Pilar, es:

   -Pues que pacta sunt servanda.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 84. El Pacto de la Pilarica

viernes, 5 de marzo de 2021

Libro II. Episodio 82. Llegar a un quid pro quo


   En la comida que Pilar y Etelvina han preparado para celebrar el presunto cumpleaños de esta última, Julia ha logrado tejer un diálogo con el mañego preguntándole sobre sus conocimientos enológicos. La joven, siguiendo el consejo de su mentora, tira de la lengua a Julio de modo que acapare la mayor parte de la conversación.

   -Entonces, ¿cuántos tipos de Jerez hay? –sigue preguntando Julia.

   -Pues la manzanilla, el amontillado, el oloroso, el palo cortado, el dulce de Jerez y la crema de Jerez

   -¿Tantos?, yo creía que había menos. De los vinos del resto de España, como famoso solo me suena el rioja, pero supongo que debe haber más.

   -Hay muchos y en muchas partes, pero posiblemente los más conocidos, además del jerez y el rioja, son los vinos de la Ribera del Duero, los tintos manchegos, los caldos del Priorato y los blancos gallegos como el ribeiro o el albariño. La lista sería interminable.

   Cuando el tema de los vinos, de los que Julio no sabe tanto como presume, se agota Julia vuelve a dar pie al droguero para que siga hablando.

   -Tu madre me ha contado que cuando estabas de vendedor ambulante te ocurrieron montones de anécdotas de lo más graciosas. ¿Por qué no nos cuentas alguna?

   -Ah, no, os voy a aburrir. Además hace rato que acaparo la charla.

   -Anda, por favor, cuéntanos algún sucedido –intercede Etelvina-, pero que no sea picarón para que Julina no se nos ruborice.

   Ante unas oyentes tan atentas, a Julio se le olvida la inquina que le tiene a su competidora y se lanza a contarles algunos de los sucesos que le pasaron en su deambular por la región extremeña. Cada instante que transcurre se encuentra más cómodo. Terminados los postres y antes del café y los licores, Etelvina, con aparente candor, formula la pregunta que debe marcar el camino sobre el real propósito del banquete.

   -Y hablando de otros temas, ¿cómo os van los negocios?

   A Julio la pregunta le ha pillado totalmente desprevenido y tuerce el gesto. Julia simula que tampoco la esperaba. Pero antes de que ninguno de ambos pueda responder, Pilar cuenta la anécdota de la charla que escuchó en el mercado, aunque la remodela de acuerdo a los fines que persigue.

   -Hablando de negocios, ¿sabéis qué escuché el otro día en el mercado? –Y cuenta lo que decían de la habilidad de Julia vendiendo artículos pour la femme para terminar agregando-… y lo más curioso es que momentos después las mismas comadres dijeron algo parecido de Julio, poniéndole por las nubes sobre lo que sabe de productos medicinales y lo bien provista que está su tienda de esa clase de artículos… Esa charla me dio que pensar. Ambos sabéis, pues los dos habéis sido alumnos míos, que cuando se me atraviesa una idea no hago más que darle vueltas como si en vez de cabeza tuviese una noria… y esto es lo que se me ha ocurrido…-Y sin más les plantea si han pensado en repartirse la clientela y explica detalladamente su propuesta de especialización.

   Julio, desconcertado y receloso al principio, escucha atentamente a su madre de la que sabe que no da puntada sin hilo. Julia también escucha con atención a su maestra, pero sin perder de vista las reacciones del mañego. El primer pensamiento de Julio es rechazar de plano la propuesta materna, pero Pilar, que parece haberlo intuido, no le da ocasión de que hable al preguntar primero a la joven.

   -¿A ti qué te parece, Julia?

   La joven tiene la respuesta preparada.

   -Antes que nada, quiero darle gracias de corazón por interesarse por nosotros. En cuanto a su plan tendría que pensarlo con más calma, hacer números y consultarlo con mi patrón, pero creo que en este asunto la opinión más importante y cualificada es la de Julio. Yo, a su lado, no soy más que una novata, tanto de los negocios en general como de la droguería en particular. Para mí lo que él diga será palabra de rey, porque estoy convencida de que no dirá nada a humo de paja, sino que su opinión estará fundada en su profundo conocimiento del negocio y su conocido sentido de la realidad.

   Los elaborados elogios de la chinata tienen el efecto de que Julio se repiense lo que iba a decir: que se opone radicalmente al plan de su madre. En su lugar, hace suyas las palabras de la joven.

   -Como ha dicho Julia, gracias madre por el esfuerzo que has hecho y quiero que sepas que tu plan, tan brillante como todos los tuyos, lo valoro enormemente. Dicho esto, coincido con Julia en que lo más prudente será pensarlo detenidamente, analizar pros y contras y echar cuentas. Al fin y al cabo, estamos hablando de negocios. Por cierto, Julia, tengo una pregunta a bote pronto, ¿qué crees que opinará del plan de mi madre el Bisojo?

   La joven se toma un tiempo como si tuviera que pensarse la respuesta.

   -Sabes mejor que yo que el señor Elías le da mil vueltas a las cosas y tratándose de su negocio con mayor motivo, pero hay un sentimiento que le impide pensar con la cabeza fría cuando se trata de cualquier hecho en el que tú estés involucrado. Y es que, como supongo que sabes, te detesta como no puedes imaginarte, por lo que basta que le cuente que has opinado del modo que sea para que opine lo contrario.

   -O sea, que si digo que soy favorable al plan dirá que nanay, y al revés.

   -En efecto.

   A todo esto las conspiradoras pretextando que van a fregar la vajilla y los cubiertos los han dejado solos.

   -Aunque antes has esquivado dar tu opinión sobre el plan de mi madre de manera muy elegante y hábil, todo hay que decirlo, ahora que no nos oye nadie me gustaría saber qué opinas de verdad. Y, por favor, no vuelvas a decir lo de que la opinión más importante y cualificada es la mía –lo último lo dice Julio con cierto retintín.

   -Lo siento, Julio, pero he dicho lo que siento. Porque no sé si sabes, pero te tengo un profundo respeto. ¿Te sorprende? –Pregunta la joven al ver el gesto de asombro de Julio-. Pues así es. ¿Cómo no voy a respetar al hombre que partiendo de cero ha logrado situar su tienda como la droguería más importante de la ciudad y hasta de media provincia? Lo ilógico seria lo contrario.

   -Otra vez te estás escabullendo, Julia –Ya ha dejado de motejarla de mocosa-. Insisto, me gustaría saber tu opinión, si es posible, vamos  

   -Si insistes, te diré mi opinión, que de momento solo es eso, una opinión, pues como bien has apostillado el plan hay que pensarlo detenidamente, analizar los pros y contras y echar cuentas –La joven repite casi literalmente algunos de los comentarios del mañego como si fueran conceptos infalibles-. Opino que lo que sugiere tu madre es más beneficioso para ti que para el tío Elías –Julia habla como si en el negocio del Bisojo ella no tuviera papel alguno-. Lo razono. Tú vendes más productos medicamentosos que el tío Elías, no en Plasencia pero sí en el resto de la provincia por la venta ambulante, algo que él no tiene, pero Elías también vende una cantidad nada desdeñable en Portugal a través del puesto fronterizo de Zarza. Por cierto, me han contado que has intentado poner en marcha una operación similar, pero que has tenido muchas dificultades para encontrar un comprador en Portugal. En cuanto a los artículos para la mujer tus ventas son menores que las del Bisojo, con el agravante de que has de tener un stock de existencias a las que solo puedes dar salida poco a poco, lo que incide negativamente en tus cuentas. Por tanto, y para no liarme más, pienso que si llegaras a un pacto con el tío Elías sobre el plan de tu madre y te traspasara los contactos en Zarza y Salvaterra el resultado te sería muy beneficioso. Ah, otra cosa, también deberíais llegar a un acuerdo sobre temporadas de rebajas y ofertas de saldos. En definitiva, firmar un pacto de no agresión y sellar una paz que te coronaría como el número uno del sector en el norte de Cáceres.

   Julio queda pensativo. Esta muchacha es más lista que el que inventó la pólvora, se dice. Y una trapisondista, ¿por qué habla del negocio del Bisojo como si ella no tuviera arte ni parte? De todas maneras, lo que dice tiene lógica, no sé si todo será tan de color rosa como lo pinta, en todo caso tendré que hacer números pues quizá la propuesta sea más interesante de lo que parecía a primera vista. Pero lo que dice es otra cosa.

   -¿Y tú serás capaz de convencer al Bisojo?, estoy seguro de que ni siquiera querrá hablar conmigo.

   -Por supuesto que no querrá verte, pero eso no será problema. El acuerdo, en caso de que lo aceptéis las dos partes, lo sellaría yo. En cuanto a si seré capaz de convencerlo, es fácil, le diré que tú te opones al pacto con lo cual decidirá lo contrario. Por ahí no habrá problemas.

   Lo dicho, piensa Julio. Esta chavala es más maquiavélica que mi madre, ¡que ya es decir! ¡La leche que le dieron!, tan jovencita y lo retorcida que llega a ser, pero que sea así me pone, reconoce. Hace mucho que no me pasaba eso con una mujer. Quizá sea porque está más rica de lo que recordaba, ahora entiendo porque tiene tantos moscones detrás. Piensa eso, pero lo que dice no tiene nada que ver.

   -Gracias por tus explicaciones. Ah, y permíteme felicitarte, por lo que veo el Bisojo te come de la mano, yo nunca llegué a tanto. Algún día me tienes que contar qué has hecho para que se comporte así. Otra cosa, de momento en lo único que ambos estamos de acuerdo es que el plan de mi madre hay que analizarlo detenidamente y hacer números, por eso creo que deberíamos continuar esta charla en otro momento. ¿Qué tal si nos vemos el próximo domingo?

   -Por mí encantada, charlar contigo es como recibir una clase magistral sobre el negocio. Dime el lugar y la hora. Solo una condición: deberíamos vernos en un lugar discreto, no quiero que le llegue a oídos del tío Elías que me estoy reuniendo contigo.

   -Eso es fácil, el domingo iré a comer con vosotras. A nadie le sorprenderá que un hijo visite a su madre. Que tú también estés allí es natural, pues allí vives.

   Y charlando amistosamente los encuentran las conspiradoras que se miran y sonríen, el plan del quid pro quo parece que ha echado a andar.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 83. Pacta sunt servanda