viernes, 3 de julio de 2020

Libro I. Episodio 47. Una cagalera del carajo


   En Plasencia, doña Pilar sigue muy atareada con su pluriempleo. Últimamente, y por lo que le cuenta a Julio en sus cartas, le ha dado por hacer planes de futuro. Piensa en el establecimiento que su hijo podría montar cuando vuelva de la mili. Julio le ha sugerido que localice cual sería el municipio más idóneo donde ubicarlo. El azar, en forma de un accidente sufrido por el tío Bronchales, le ha deparado la ocasión de conocer mejor otros pueblos y ciudades extremeñas. El usurero fue atropellado por un carro, los mal pensados creen que aposta. Fuera adrede o no, a resultas del atropello le tuvieron que escayolar una pierna y anda, malamente, apoyado en una muleta. Debido a lo cual, y aprovechando los fines de semana y festivos, ha tenido que acompañarle en algunos de sus viajes por los pueblos y ciudades de la región; de ahí la maestra ha sacado el ranking de los municipios extremeños con más habitantes que está encabezado por Badajoz, luego le siguen Cáceres, Mérida, Plasencia, Don Benito, Almendralejo y Villanueva de la Serena. Piensa que en todas esas ciudades, Julio se sentirá forastero y aislado pues no conoce a nadie; hay una excepción, Plasencia. La ciudad del Jerte es el centro neurálgico del norte de la provincia cacereña. El municipio placentino está rodeado por poblaciones de seis comarcas: el valle del Jerte, La Vera, Monfragüe, valle del Alagón, valle del Ambroz y Trasierra-Tierras de Granadilla, de las que es su capital natural. La ciudad es sede episcopal y capital de partido judicial, y al ser la urbe más poblada del norte de Extremadura acoge diversos servicios tanto estatales como regionales, lo que incrementa el número de visitantes que recibe. La economía del municipio se basa principalmente en el sector servicios, pues en la ciudad hay numerosos establecimientos comerciales. Por tanto, la localidad placentina por su emplazamiento, población y tráfico mercantil es la más idónea para establecerse. Y además cree que el chico no se sentirá forastero, ha estado muchas veces en ella y tiene amigos y conocidos; a lo que hay que añadir un dato más importante, ahora también ella vive en Plasencia.

   Cuando Julio recibe la carta de su madre en la que le cuenta su análisis sobre la posible localización de su futuro, y todavía desconocido negocio, situándola en la ciudad que tiene como lema Ut placeat Deo et hominibus (para agradar a Dios y a los hombres), no puede menos que alegrarse de lo inteligente y sagaz que es su progenitora. En su respuesta le dice que está de acuerdo con ella. Ya tiene un problema menos, el de dónde establecerse, ahora falta por definir el qué, cuestión que no es moco de pavo, pues sigue sin tener claro qué clase de negocio podría montar, aunque cada vez se decanta más porque sea un establecimiento donde vender…, solo le falta definir el qué.

   El 29 de septiembre es la festividad de San Rafael, Patrón de los Mutilados Militares. Con tal motivo, el Capitán General ha invitado a todo el personal de la Almudaina a un almuerzo extraordinario a celebrar en el comedor del cuartel de caballería. Julio, que está en época de vacas flacas, piensa que si va se ahorrará una comida. El almuerzo extraordinario consiste, para no perder la costumbre, en unas paellas en las que sobresalen las gambas arroceras, algún que otro langostino y abundantes mejillones. La comida discurre entre el natural bullicio de la gente joven. El mañego no es de los que más come porque la paella sabe más a rancho cotidiano que al genuino plato valenciano; así se lo confirma un levantino de pro, su amigo Chimo Puig, que en un aparte le dice:

   -Esto tiene de paella valenciana lo que yo de obispo.

   Otro motivo que ha propiciado que Julio acuda a la celebración es que hoy está de cabo de guardia en la compañía de servicios. Como un par de horas después del fin del almuerzo, tiene que dar cuenta al sargento de guardia de la primera baja, un soldado que sufre fuertes retortijones y una diarrea persistente. En las horas siguientes hay un goteo de bajas que se ven incrementadas al atardecer. Los síntomas son similares en todos los casos: diarrea, acidez gástrica, incontinencia, y en los casos más graves sangrado, náuseas, vómitos y fuerte dolor abdominal. El dormitorio de la compañía de destinos más parece un hospital que un habitáculo para dormir. Antes de que anochezca, Julio presenta al sargento de guardia el parte con la relación de bajas.

   -A sus órdenes, mi sargento, el parte de bajas; hasta el momento son 34 y aumentando. Solo falta añadir una más, la mía –El mañego sufre idénticos síntomas que sus camaradas y apenas se puede tener en pie.

   En vista de que el caso se ha convertido en una epidemia, todos los afectados son recluidos en el dormitorio de la compañía y posteriormente ingresados en el hospital militar de Palma, que hasta 1847 fue el monasterio de Santa Margarita. El diagnóstico fue bastante rápido: se trataba de un severo proceso gastrointestinal producido por algún ingrediente tóxico de las paellas del cuartel de caballería, puesto que todos los afectados habían comido allí. Julio fue de los últimos en caer, pero quizá por eso su estado fue uno de los más críticos, llegó a estar más de diez días sin probar nada sólido, siendo nutrido e hidratado a través de un gotero. Como suele ocurrir, no todos los que comieron las fatídicas paellas enfermaron, Chimo Puig fue uno de los que no se contagió, y fue la segunda cara amiga que vio Julio cuando despertó del estado semicomatoso en el que llegó a estar. Aunque el primer rostro que vio, muy demacrado, fue el de uno de los hermanos Salinas.

   -Pijo, creía que no volverías a abrir los ojos.

   -¿Dónde estoy? –pregunta Julio con una voz apenas audible.

   -Donde está o ha estado media Capitanía, en el hospital militar.

   Al oírle, el mañego recuerda que presentó su propia baja al sargento de guardia, que lo metieron en uno de los catres de la compañía de servicios… y ya no recuerda más.

   -¿Cuántos días llevo aquí?

   -Desde el maldito 29 de septiembre.

   -¿Tú también estás enfermo?

   -Sí, pero mañana me dan el alta. A mi hermano se la dieron ayer.

   -¿Y qué hemos tenido?

   -Los médicos han dicho un nombre de esos que manejan y que no entiende nadie. De mí para ti, que lo que hemos tenido ha sido una cagalera del carajo.

   -¿Y a qué fue debida la cagalera? –El tono de voz de Julio poco a poco va entonándose.

   -Todavía no lo saben, pero la Voz de Capitanía ha hecho correr el rumor de que la causa fue una partida de mejillones en mal estado. Han abierto un expediente y dicen que rodarán cabezas, pero al final echarán tierra al asunto y no pasará ni pijo, como siempre. Eso sí, a nosotros nos han dejado bien jodidos. Hombre, mira quien está aquí, el cartero valenciano. Te dejo con él.

   Chimo Puig saluda a su amigo y deja encima de la mesilla unos libros.

   -Me han dicho que te vas a poner bien y que en cuanto controles lo de ir al váter te darán el alta. Te he traído unos libros y saludos de Carbonero y su gente. Vinieron a verte, pero como estabas inconsciente no pudieron hablar contigo.

   En ese momento, Julio se da cuenta que de la Secretaría de Justicia no ha venido nadie a verle, al menos hasta hoy. Y creía que eran sus amigos.

   -Según Salinas hemos tenido una cagalera del carajo y, al parecer, la causa fueron unos mejillones podridos –comenta Julio.

   -Es posible. Los médicos dicen que habéis sufrido un proceso gastrointestinal severo. O si lo prefieres, una infección de collons, pero que ya estáis fuera de peligro. No todos habéis corrido la misma suerte. ¿Recuerdas al pelirrojo catalán que trabajaba en la sección de cartografía?, pues la ha palmado. La intoxicación le provocó una peritonitis aguda y no pudieron hacer nada por él, murió en el quirófano. Pero tú, tranquilo, en tres o cuatro días te darán el alta y estarás rebajado de servicio otro par de semanas más –y el morellano agrega lo que sabe que será el mayor aliciente para ayudar a la recuperación del mañego-. Y hasta se dice que es posible que a los afectados os den un permiso especial. Por tanto, ponte bien cuanto antes que con algo de suerte la próxima Navidad puedes pasarla en casa.

   La información de Puig, como se temía el propio morellano, no se confirmó y Julio ha tenido que pasar la Navidad de 1891 lejos de su casa. En un momento dado recuerda que durante los días que estuvo grogui apenas pensó en Consuelo, sin embargo sí lo hizo de su madre y de los amigachos de los tiempos en que alijaba por la Raya. El recuerdo le provoca una sonrisa irónica y le hace pensar: creo que ya estoy en condiciones de probar más pomelos.

   Le ha escrito a su madre contándole sus desventuras, pero que ya está bien aunque un poco más delgado. Lo de un poco es un decir, se ha quedado en la piel y los huesos, tanto que el primer día que salió del hospital, Chimo, que fue a recogerle, le embromó.

   -Macho, tienes las orejas tan transparentes que se puede ver a su través.

   Doña Pilar se ha llevado un susto de muerte al saber de la enfermedad de su hijo, aunque este no ha cargado las tintas sobre su dolencia. Como mujer práctica lo que ha hecho es mandarle un cajón bien surtido de sabrosos productos de la tierra, para que coma hasta hartarse y recupere peso y ganas de vivir. Incluso ha metido en el paquete un par de botellas de vino enriquecido con quina y dotado de supuestos efectos saludables y estimulantes del apetito. Será por el vino, por las viandas caseras o por la sensación de que la mili está dando sus últimas boqueadas, al menos para los de su quinta pues pronto cumplirán tres años en el ejército, lo cierto es que Julio se ha puesto bien con bastante rapidez, aunque le ha quedado una secuela: en cuanto prueba pescado, marisco o cualquier otro producto del mar que esté un pelín pasado tiene tendencia a sufrir procesos disentéricos, en general poco severos.

   -No volveré a probar mejillones en toda mi vida. Dios quiera que para el poco tiempo que me queda de mili no vuelva a pasarme nada -implora Julio.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro I de Los Carreño, publicaré el episodio

48. ¡Así habla un Carreño, hijo!

martes, 30 de junio de 2020

Libro I. Episodio 46. Metáforas

   Para que pueda cumplirse la condena de la pena capital de José Marzá, es necesario que el gobierno de la nación dé el preceptivo enterado, tras el correspondiente informe del Consejo Supremo de Justicia Militar. Mientras no llegue la resolución gubernativa, los compañeros del peluquero de Capitanía mantienen la esperanza de que la pena de ser pasado por las armas sea condonada por la de cadena perpetua.

   Precisamente, en el lapso en el que, con el alma en vilo, esperan sus compañeros saber el final de la dramática historia del Pelos, es cuando Julio recibe la carta de su madre respondiendo a su requerimiento de que le diera noticias sobre la vida que está llevando Consuelo. La respuesta de doña Pilar es muy explícita. Comienza justificándose de por qué no le ha contado nada sobre la joven. Le habían llegado rumores, de que si habían visto a Consuelo paseando con un forastero, pero no le dio mayor importancia. Creía que la moza seguía siéndole fiel a Julio, pero al leer la carta de ruptura ha indagado a fondo y lo que ha descubierto es que está saliendo con un chico de Plasencia, llamado Luis Campos, al que por cierto conoce aunque muy someramente. Y no solo eso, personas allegadas a los Manzano le han dicho que Consuelo y Luis han formalizado su relación y que en unos meses tienen previsto contraer matrimonio. Añade que, por lo que comentan las citadas personas, el noviazgo cuenta con la aquiescencia de ambas familias. Y que la madre de Consuelo va pregonando por el pueblo que ahora su hija mayor tiene un novio como ella quería, formal y con duros como para parar un tren, y se ha olvidado del mañego muerto de hambre que la pretendía, y que realmente nunca tuvo la menor oportunidad de llevarla al altar. Al final de su detallado relato, doña Pilar se permite darle un consejo: sé que esto te va a doler, pero olvídate de Consuelo, es ella la que no te merece pues no ha tenido el tesón necesario para esperarte; tú vales mucho más, y estoy convencida de que en cuanto te licencies lo vas a demostrar.

   La carta de su madre supone la definitiva paletada que entierra todas las esperanzas de Julio. Un océano de tristeza, rabia y desilusión le anega. Todos sus proyectos, sus esperanzas, sus afanes se han ido por el desagüe de la flaqueza de una mujer que no ha tenido el temple necesario para cumplir lo que prometió con tanta unción ante la Virgen de la Luz. El joven está unos días como perdido. No sabe qué hacer, no sabe qué pensar, solo hace que enrabietarse por lo que para él es un drama insondable. En la Secretaría se comporta como un autómata, a los contados amigos los trata con una mezcla de brusquedad y silencios, y a los clientes de la bisutería los atiende con malos modales. Chimo Puig, que no conoce el contenido de la carta de doña Pilar pero que lo supone, ha intentado dialogar con el extremeño, pero el resultado ha sido una respuesta tan abrupta como desconsiderada.

   -¡Vete a hacer puñetas y déjame en paz!

   Ha sido Carbonero el primero que consigue hacer entrar en razón a Julio. El brigada le llama a la trastienda y le obliga, de manera expedita, a enfrentarse con su problema.

   -Vamos a ver, Carreño, hace días que te veo desquiciado. No eres el que eras. No pretendo entrometerme en tu vida privada, pero es evidente que algo te pasa. Te doy dos opciones: contármelo, porque en la vida menos la muerte todo tiene solución, o no contármelo, pero si continúas tratando tan mal a los clientes, te voy a poner en la puta calle. ¿Te ha quedado claro?

   El ultimátum del brigada sí le queda claro a Julio. Necesita del dinero que gana en la tienda, no puede echarlo por la borda de sus negros sentimientos. Y opta por contar lo qué le pasa.

   -Verá, mi brigada,… es que mi novia del pueblo me ha dejado.

   La respuesta del militar es la que menos podía esperar el mañego.

   -¿La moza que te ha dejado era tu novia desde cuándo? y ¿cuántas novias has tenido?

   -Ha sido la primera y la única, mi brigada.

   -Carreño, eres un pardillo. ¿A qué la primera vez que probaste la cerveza no te gustó? –Ante el asentimiento del mañego, Carbonero prosigue-. Comenzaste a cogerle el gusto después de haber catado unas cuantas jarras, ¿verdad? .Pues con las mujeres pasa lo mismo. No llegas a saber cuál será de verdad la mujer de tu vida hasta que no has probado unas cuantas. Y a lo de probar le puedes dar el sentido que prefieras. La señora Neus, con quien estoy felizmente casado desde hace casi veinte años, no fue mi primera novia ni mucho menos. Antes estuve paseándoles la calle a todas las mozas que se me pusieron a tiro. Eso es lo que has de hacer tú. ¿Qué te ha dejado? Pues adiós, muy buenas. No te lo tomes como un drama sino como una experiencia, pues solo es eso, una experiencia sentimental. Lo que deberías hacer es intentar ligarte a una de esas vikingas que vienen una temporada a nuestras playas y, como lo consigas, ya verás que pronto te olvidas de la moza del pueblo. Y ahora a poner buena cara a las clientas y a remontar tus ventas que en los últimos días han caído en picado. ¿Entendido?

   La admonición del brigada sirve para que Julio, al menos en la tienda, cambie de comportamiento y se olvide durante las tardes de la frustrante sensación que le embarga. La persona que le da el empujón definitivo para que comience a mitigar su pena es, como no podía ser de otra manera, su mejor amigo en Palma, Chimo Puig. Un domingo en que han quedado, el morellano intuye que el mañego ya está lo suficientemente sereno para hablar de su ruptura. Chimo ha ido conduciendo la conversación hasta lograr que Julio le confiese lo que su madre le ha contado sobre el comportamiento de Consuelo. Ya metido de lleno en la senda de las confesiones, Julio también le refiere el consejo que le ha dado Carbonero.

   -¿Pues sabes lo que te digo? Que nuestro patrón a veces es un poco bruto, pero en lo fundamental creo que lleva razón. Lo de casarse con la mujer que uno conoció de jovencito debe ser muy romántico, pero creo que ocurre contadas veces. Lo más normal parece ser haber tenido varios amoríos hasta que conoces a la que será tu media naranja –Y como Carbonero, Puig también usa un ejemplo de algo que solo gusta después de haberlo saboreado varias veces-. ¿Tú has probado los pomelos?, ¿qué no sabes lo que son? .Pues son unos frutos comestibles, de color amarillo, achatados y parecidos a la naranja pero de sabor muy ácido. Solo empiezan a gustarte después de haber catado unos cuantos. Imagina que las mujeres son pomelos, tendrás que probar varias hasta que encontrarás una que no te importará que sea más o menos ácida. Con esa te casarás y con un poco de suerte, y otro poco de mano izquierda, envejecerás a su lado.

   A Julio ni la metáfora de la cerveza de Carbonero, ni la de los pomelos de Puig le convencen demasiado, incluso se pregunta: ¿qué tendrán que ver las mujeres con los pomelos o con la cerveza?, y sigue cariacontecido. Mientras, la espera sobre la sentencia de Pepe el Pelos toca a su fin. Llega el enterado del gobierno de la nación. Y una ventosa mañana de marzo, en la fortaleza de Isabel II, nombre oficial del edificio que popularmente se conoce como el penal de La Mola, sito en la entrada del puerto de Mahón, un pelotón de fusileros termina con la vida del desgraciado peluquero. Una representación de militares de todos los regimientos de las islas ha sido trasportada a Menorca para que sean testigos del cumplimiento de la condena. El sargento Fernández preguntó a Carreño si quería que le incluyera en la relación de comparecientes, pero el extremeño rechazó la oferta. No creía tener estómago suficiente para ver cómo era fusilado un compañero con el que llegó a salir a la caza de turistas.

   Ha llegado la primavera de 1891 y Julio todavía no ha conseguido quitarse de la cabeza a su exnovia, pero piensa en ella cada vez menos. La herida parece que va cicatrizando y el mañego, siguiendo los consejos de Carbonero y de Puig, se dice que tendrá que tomar más jarras de cerveza y comer más pomelos hasta que encuentre la mujer de su vida. Por eso, los domingos, solo o acompañado, suele ir a las playas cercanas a Palma a ver si liga. Hoy se ha acercado a la playa de S´Arenal, lugar donde al parecer veranean muchas extranjeras. Ha estado más tiempo tomando el sol que dentro del mar, pues el agua es un elemento en el que se desenvuelve mal, no sabe nadar. En algún momento de la tarde sus ojos se han cruzado con los de una extranjera muy cerca de donde está, no muy guapa ni demasiado joven pero con buen cuerpo, y que le ha sostenido la mirada. El mañego no ha sabido cómo tomárselo ni qué hacer. En un determinado momento la mujer saca de su bolso un cigarrillo que se lleva a los labios, sigue buscando en el bolso, supone que para encontrar el encendedor, pero no parece que dé con él, entonces la extranjera se dirige a Julio:

   -Avez-vous du feu?

   El extremeño, que ha entendido la petición, se apresura a ofrecerle el chisquero de mecha y piedra que, aunque no fuma, lleva generalmente encima cuando va a ligar. Es el inicio de una charla que, entre las cuatro palabras de francés que sabe Julio y otras tantas de español que conoce la belga, pues esa es su nacionalidad, les lleva a comenzar una relación que durará las dos semanas que le quedaban de vacaciones a Camille. Dos días después de haberse conocido, la belga lo metió en el cuarto de la pensión en la que estaba alojada. En los once días que estuvieron juntos, la extranjera le enseñó al mañego más artimañas sexuales de las que nunca pudo imaginar. Incluso le mostró el libro, primorosamente encuadernado, del que extraía todas sus habilidades amatorias: el Kama-Sutra, un antiguo texto hindú que trata sobre el comportamiento sexual humano. Con posterioridad, Carreño intentó encontrar el volumen en las librerías de la ciudad, pero no lo consiguió. Tras la partida de la belga, el mañego se dijo que ahora que sabía cómo se conseguían los pomelos todo sería coser y cantar. Craso error, fue el primer y último pomelo que cató en la isla.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro I de Los Carreño, publicaré el episodio

47. Una cagalera del carajo

domingo, 28 de junio de 2020

*** Post info. 11 Durante el verano el blog se publicará una vez a la semana

 

   Al igual que hice otros veranos, a partir del 1 de julio y hasta el 31 de agosto, el blog solamente lo publicaré una vez a la semana, los viernes. El motivo es obvio, ha llegado el verano, al menos en el hemisferio norte, y con los calores lo que apetece es viajar, hacer turismo, deporte, bañarse, etc., y no quedarse en casa. Por eso en verano el consumo de internet suele descender y, por consiguiente, los lectores de los blogs también disminuyen.

   Dejo Madrid con unas temperaturas tórridas, algo propio de su clima continental, y me voy a mi villa de Torrenostra (Torreblanca) a orillas del mar, donde la influencia del Mare Nóstrum aplaca a Febo.

   El calendario de los días que se colgará el blog es el siguiente. Mes de julio: 3, 10, 17, 24 y 31. Mes de agosto: 7, 14, 21, y 28. A partir del 1 de septiembre, el blog volverá a aparecer bisemanalmente, los martes y los viernes, como de costumbre.

   Feliz verano a todos los lectores. Y, per favore, tengan cuidado, el bicho sigue vivo. Addio.