viernes, 23 de agosto de 2019

118. Me recuerdas a La Parrala de la copla


   Después de dejar a Chelo en Marina d´Or, Grandal se dirige a Torrenostra para jugar la cotidiana partida. Encuentra a tres de sus amigos, pues Ramo no está, jugando al chamelo en espera de que llegue él. En la partida por parejas, el excomisario juega rematadamente mal pues tiene la cabeza en otra parte. Al terminar Álvarez, que ha sido su compañero, no se priva de echarle una bronca.
-Mea culpa, Luis. Todos sabemos que para jugar bien hay que prestar atención y yo tengo la cabeza en otro sitio.
-No le hagas caso, Jacinto –le consuela Ponte-, cuando Luis tiene uno de esos días en los que se siente una prima dona del dominó no hay nadie en el mundo mundial que según él esté a su altura.
-No me vengas con chuflas, Manolo. Si es que no ha dado ni una. ¿Y se puede saber dónde tienes la cabeza, figura? –inquiere Álvarez.
   El excomisario les cuenta la conversación que tuvo por la mañana con el sargento Bellido y que ante la pregunta de: en definitiva, ¿quién asesinó a Curro?, no ha sabido responder. Cree que tiene casi todas las piezas del puzle, pero no es capaz de encajarlas debidamente. Es más, ni siquiera está seguro de que se trate de un asesinato.
-Entonces, ¿Salazar murió de muerte natural? –inquiere Ballarín, tan sorprendido como decepcionado.
-No lo descartaría aunque tampoco lo aseguraría –es la ambigua respuesta de Grandal.
-¡Coño, Jacinto!, un día parece que si lo sabes todo y al día siguiente que no sabes nada. Me recuerdas a La Parrala de la copla -Y ante la general sorpresa, Álvarez se arranca a cantar y no lo hace nada mal-. Unos decían que sí, otros decían que no, y pa dar más que decí La Parrala así cantó: Que sí, que sí, que sí, que sí, que a La Parrala le gusta el vino; que no, que no, que no, que no, ni el aguardiente ni el marrasquino… ¿Quién me compra este misterio?… (*)
-No conocía esa faceta tuya, Luis, estás hecho un cantaor de tronío –se burla Ponte.
-Pero vamos a ver, Jacinto, - es Ballarin quien mete baza- te creo cuando dices que no sabes quién asesinó a Salazar, pero a estas alturas si tendrás una idea, aunque sea aproximada, de lo que ocurrió en la habitación 16 la tarde de la Asunción, ¿o no es así?
-La tengo, pero lo que no tengo claro es si se llegó a ejercer una violencia tal sobre Salazar como para acabar con su vida.
-Jacinto, eso merece una explicación –exige Ponte.
-¿Qué queréis que os cuente?
-Todo lo que sabes y lo que no sabes pero sospechas –precisa Ponte.
   Grandal entrecierra los ojos tratando de concentrarse cuando vibra su móvil, es el sargento.
-Perdonad, el sargento, tengo que atenderle. ¿Alguna novedad, Bellido?
-Sí, comisario. Dos, una positiva y otra negativa, pero las dos tienen enjundia. Me gustaría contárselas personalmente.
-Estoy en Los Prados con mis amigos y no me voy a desplazar ahora a Marina d´Or para que me lo cuentes –Grandal está harto de la obsesión del sargento de hablar con él fuera del territorio de su comandancia.
-Si está ahí nos podemos ver…, por ejemplo en el chiringo El Olivar, el mismo en el que ya estuvimos y que está subiendo a Torreblanca a mano derecha. A estas horas no habrá nadie. Será cuestión de quince o veinte minutos a lo sumo.
-Bien, Bellido, pero veinticinco minutos como máximo. Salgo para allá –Grandal informa a sus amigos-. Tengo que entrevistarme con el sargento, pero en media hora estaré de vuelta. ¿Vais a seguir aquí?
   Cuando llega el antiguo comisario, el suboficial ya está esperando.
-Comisario, gracias por venir. Como anda corto de tiempo, voy directamente al grano. La primera novedad es que sigue sin haber noticias de Grigol Pakelia. Al final, la señora jueza ha dictado orden de busca y captura, pero los compañeros de la comandancia de Málaga no dan con él. Se sospecha que la mafia a la que pertenece debe tener algún topo infiltrado entre los nuestros y no hay manera de echarle el guante. La última vez que se le vio fue en el puerto de Algeciras, por lo que sospechan que haya podido huir del país vía Marruecos. Va a ser muy complicado dar con él porque si sale del país dudo que la jueza firme una euroorden de busca y captura puesto que en principio se trata solo de un testigo.
-Eso se venía venir –comenta Grandal-. De todas formas, Pakelia está muy al final de la cadena de hechos que se sucedieron en la habitación 16. Su testimonio no es el decisivo ni mucho menos.
-La otra noticia es que el laboratorio de toxicología, que ha estado analizando las vísceras de Salazar, ha emitido su informe final. Han encontrado rastros de droga en el organismo del difunto. Se trata de leves restos de un producto llamado brometalina, un veneno que actualmente se suele emplear en los raticidas pues ataca el sistema nervioso central de las ratas causándoles la muerte. El informe también indica que los restos encontrados no eran lo suficientemente potentes como para producir daños significativos en el organismo humano. Me ha comentado un abogado que con esos indicios la jueza podría pasar a Espinosa de imputado por el presunto delito de la omisión del deber de socorro al de acusado por presunto intento de asesinato, pero que las pruebas contra el zamorano son solamente circunstanciales por lo que lo tendrá complicado.
-Serán circunstanciales pero muy indiciarias. Sabemos que compró un matarratas. Sabemos que estuvo en la habitación de Salazar donde Rocío y Anca le sorprendieron dándole de beber coñac cuando ciertamente el gaditano ya se encontraba muy tocado. El mayor problema que tendrá la jueza es cómo probar que el veneno estuviera desleído en el licor.
-Le hablé de dos noticias, me olvidé de una tercera: las declaraciones de Pacheco y Sierra.
-¿Han declarado lo que te conté?
-Sí, no sé si literalmente, pero a grandes rasgos han vuelto a repetir el contenido de su informe. Sierra ha confirmado que cuando entró en la habitación ya se encontró a Salazar muy mal. Y luego ha contado lo de que primero pensó en avisar de su estado para que llamaran a un médico, pero luego se echó atrás cuando el Chato se asomó a la puerta. La jueza ha dictado su libertad pero con cargos: el de la omisión del deber de socorro y el de falso testimonio pues faltó a la verdad en su primera declaración. Queda Pacheco, que es quien lo tiene más crudo pues ha declarado que riñó con el gaditano porque este ofendió gravemente a su esposa, y durante la pelea le dio un empujón que provocó que Salazar chocará contra el canto del respaldo de un sillón y le diera un colapso pulmonar. La jueza le ha dejado en libertad con cargos: el de homicidio involuntario, el de la omisión del deber de socorro y el de falso testimonio pues también mintió en su primera declaración. Asimismo, ha dictado una citación a nombre de la mujer de Pacheco para que declare como testigo. Algo que si la esposa se acoge al derecho a no declarar contra un familiar directo, según el artículo 146 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, puede no testificar. Y eso es todo… Ah, y hay otra noticia: la pareja de la UCO se ha vuelto a Madrid. ¿Nos vemos mañana para que me cuente como ha quedado el puzle?
-Gracias, Bellido. Te llamaré y quedaremos para tener una última charla. Ahora tengo que dejarte que estoy con unos amigos.
   Grandal regresa al grupo y les cuenta lo que el sargento acaba de relatarle.
-¿Eso quiere decir que el expediente del guiri sigue en blanco? –pregunta Álvarez tan curioso como siempre.
-Pues sí, pero aunque no sabemos que intenciones tenía Pakelia al ir a ver a Salazar, si sabemos que el proceso que llevó a la muerte al exsindicalista no lo inició él porque a la hora que se le ubica en la habitación Salazar ya estaba muy enfermo.
-Entonces, ¿el extranjero queda descartado de toda culpa? –quiere saber Ponte.
-No me atrevo a asegurarlo, aunque tampoco puedo decir lo contrario. Y lo digo a pesar de que Luis vuelva a acusarme de que actúo como La Parrala de la copla. Lo que si tengo es una hipótesis sobre porqué estaba Pakelia en la habitación y qué es lo que estaba haciendo o, al menos, intentaba hacer cuando los pichones le sorprendieron.
-Anda, Jacinto, cuéntanos esa hipótesis –pide Ballarín.
-Si os la cuento fuera del contexto del relato global que estoy construyendo sobre la muerte de Salazar igual os perdéis –se excusa Grandal.
-Bueno, si nos perdemos sacaremos la brújula o, mejor aún, nos pondremos con el brazo derecho mirando al Mediterráneo y automáticamente sabremos donde está el norte, como nos enseñaban en los campamentos de verano del Frente de Juventudes –replica Ponte.
-¡El Frente de Juventudes!, pues no es antiguo eso ni na –exclama Álvarez que es de los más jóvenes del grupo-. Yo solo conocí la OJE.
-¿Qué es la OJE? –pregunta Ballarín que nunca perteneció a movimiento juvenil alguno.
-Es no, era la Organización Juvenil Española y sustituyó al Frente de Juventudes en 1960, aunque prácticamente hacía lo mismo con la salvedad de que tenía un carácter voluntario –explica Ponte.
-O sea, una organización juvenil franquista –aclara Ballarín.
-Anda tú, ¿y en la década de los sesenta que coño iba a ser? –se mofa Álvarez.
   Grandal contempla divertido como sus viejos amigos discuten sobre que fue mejor, si el FJ o la OJE. En esas están cuando aparece Ramo que se mete de lleno en la discusión sobre las organizaciones juveniles falangistas. Como es la de la misma edad que Ponte, también recuerda al Frente de Juventudes. Y explica que bien cerquita de donde están, en Alcossebre, había un campamento llamado Jaime I en el que estuvo en turnos de veinte días varios veranos de su niñez. Era el único veraneo que conoció mientras vivió en Torreblanca. Están los viejos tan entretenidos en sus añejos recuerdos que Grandal piensa que no van a volver a darle la tabarra para que les cuente su hipótesis sobre la muerte del antiguo sindicalista, cuando inesperadamente, y dándole un tajo a los recuerdos de sus amigos más viejos, Ballarín pregunta:
-Pero vamos a ver, Jacinto, ¿nos cuentas tu hipótesis sobre el guiri o qué?

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 119. ¿Lo entendiste o te lo explico con bolas de colores?
(*)https://www.youtube.com/watch?v=Z3Gd_W2k7hw à Link para escuchar la canción de La Parrala.

lunes, 19 de agosto de 2019

*** Post info 5. El daño ha sido mayor, pero al menos tengo título



   En contra de lo que decía en el post del pasado lunes, el fallo cometido, al recordar erróneamente las fechas en que iniciaron su noviazgo los progenitores de la familia que voy a novelar, ha ocasionado un daño mayor del que esperaba. He tenido que rehacer el guion del Libro I de la nueva novela, al tiempo que no he tenido más remedio que desechar páginas que ya había escrito. Novela que, según mis cálculos y si no cometo más errores, podré comenzar a colgar en el blog hacia mediados de otoño cuando termine la que estoy publicando en estos momentos, Una playa demasiado tranquila.
   En compensación, tengo una buena noticia, tras darle una y mil vueltas al título de la narración, aún sin escribir, al final me he decidido por uno, aunque de momento tiene carácter provisional. Si no cambio de idea la próxima novela que colgaré en este blog se titulará Los Carreño, que es uno de los apellidos reales  de la familia que protagoniza la historia. Creo que ese título ya indica que se trata de una familia y en consecuencia la historia versará sobre una saga familiar. Y por otro lado es corto y alude al contenido de la novela, pues los Carreño son los personajes protagonistas de la novela.

viernes, 16 de agosto de 2019

Capítulo 28. Nada es lo que parece.- 117. En definitiva, ¿quién asesinó a Curro?


    Al volver de entrevistarse con Pacheco y Sierra, Grandal deja en Torrenostra a Ponte y, sin saludar al resto de sus amigos, se vuelve a Marina d´Or. Necesita estar solo para poner sus pensamientos en orden. Ha de analizar detenidamente todo cuanto sabe sobre la muerte de Curro Salazar y encajar las piezas de las que dispone hasta que el rompecabezas esté completo. Aunque lo prioritario es dirimir lo que incluya y lo que no en el informe para Bellido que, íntegro o con algún detalle más, terminará en la mesa de la jueza del Valle. De momento, no debería revelar que habló con Pacheco y Sierra, pero si ha de informar que ambos estuvieron en la habitación del gaditano la tarde de autos. El mayor problema lo tiene con la esposa de Pacheco, ¿qué hacer con ella? Tras darle muchas vueltas opta por decir que testigos fiables, por el momento sin dar nombres, vieron a ambos andaluces en el entorno del hostal. Espera que el exdirector de IDEA declare ante la jueza lo mismo que le contó a él, y que Pacheco no tenga más remedio que confesar que fue su riña con Salazar la que desencadenó el proceso que unas horas más tarde terminaría con la vida del antiguo sindicalista. Cuando lo tiene todo ahormado en su mente teclea el informe y llama al sargento.
-Bellido, tengo el informe de mis últimas investigaciones relativas al caso Pradera. Es urgente que lo leas y se lo remitas cuanto antes a la jueza. Estoy en mi apartamento de Marina d´Or, ¿puedes venir a por él o enviar a un guardia a que lo recoja?
-Gracias, comisario, lo haré personalmente, ¿pero no será mejor que nos veamos?
-Bien, en media hora en el lugar habitual.
   Puntual como un bancario de la City, llega el sargento a la cafetería en la que se reúnen. Grandal le está esperando.
-Aquí me tiene, comisario.
-Creo que este es el último informe que te entrego. Con él se termina mi participación en el caso Pradera. Gracias a tu amable invitación este mes me lo he pasado en grande.
-El agradecido soy yo, don Jacinto –Posiblemente, sea la primera vez que el suboficial no llama comisario a Grandal-. Gracias a su talento y maestría he podido presentar a la Juez Instructora unos minuciosos informes que revelarán lo que pasó en la habitación 16 de los Prados el día de La Asunción, ¿por qué ya no falta nada para completar el puzle, verdad?
-Faltan dos piezas que no están en mi mano conseguirlas. La declaración de Grigol Pakelia es una, la otra es el informe final del laboratorio de toxicología sobre esos restos de raticida del que hablaban en su primera entrega.
-Sobre la localización e identificación de Pakelia se están encargando los compañeros de la comandancia de Málaga. La última información es que siguen su rastro, pero parece que les lleva un paso por delante. Han tenido soplos de que se le ha visto en distintos lugares de la Costa del Sol, pero cuando llega nuestra gente ya se ha largado. Creo que no va a ser fácil echarle el guante. En cuanto al laboratorio de toxicología se espera que los resultados completos estén ultimados mañana o pasado lo más tarde.
-No sé si me dará tiempo a conocerlos, me vuelvo a Madrid pasado mañana.
-Para eso están los teléfonos e internet. Aunque no esté aquí le prometo que le mantendré informado… ¿Me permite hacerle una última pregunta? –Ante el asentimiento de Grandal, el sargento la formula-. En definitiva, ¿quién asesinó a Curro?
   El excomisario no responde de inmediato, se toma su tiempo.
-No estoy muy seguro si se puede hablar de asesinato, al menos hasta que no conozcamos esas dos informaciones que antes he mencionado. Lo que se puede asegurar es que la muerte de Curro Salazar se produjo por un encadenamiento de hechos que por sí solos probablemente no hubiesen sido suficientes para acabar con su vida, pero que el sumatorio de todos ellos desencadenó un proceso que terminó con el fatal desenlace. Algo así como que entre todos lo mataron y él solito se murió.
   La cara del sargento es todo un poema, una mezcla entre desconcierto, incredulidad y desazón.
-Entonces… ¿eso qué quiere decir?, ¿qué hubo varios asesinos o que al final murió por causas naturales?
-Es complicado concretarlo, Bellido. Este caso es como una de esas pinturas modernas no figurativas que permiten que el cuadro se pueda interpretar de muy diferentes maneras. También podríamos decir que es una pintura en la que nada es lo que parece.
-Para serle sincero, comisario, le confieso que no soy capaz de seguirle.
-No me extraña, Bellido, también yo estoy confuso. Entre tanto abstraccionismo también me pierdo. Todavía tengo que darle muchas más vueltas al caso hasta que reordene el puzle, pues creo que hay piezas que las he ubicado en un sitio que no les corresponden. Ahora lo que has de hacer, pues corre prisa, es mandar el informe a la Juez Instructora y te prometo que antes de irme tendremos una última reunión en la que te contaré las conclusiones a las que he llegado, si es que he conseguido descifrar el enigma de la muerte de Salazar. Y lo siento, Bellido, pero tengo una cita inaplazable. Nos volveremos a ver.
   La cita inaplazable de Grandal es con Chelo. Como es el último domingo de agosto le ha prometido a su novia salir a comer fuera. Ni siquiera ha tenido tiempo de reservar mesa, espera que Chelo lo haya hecho, sabe que le encanta hacer esas cosas por él. Se ha preguntado muchas veces como es posible que con la escasa formación que recibió Chelo, que no pasó de la escuela primaria de su pueblo, se maneje relativamente bien navegando por la red. Como si le hubiera leído el pensamiento, es lo primero que la mujer le pregunta.
-¿A qué no te has acordado de reservar?
-Eres bruja, me lees el pensamiento hasta a distancia. Viniendo hacia acá es lo que pensaba, pero déjame adivinarlo… ¿a qué lo has hecho tú? –pregunta con una sonrisa.
-Eres un pícaro y un vago. Igual te has acordado, pero has pensado que como lo haría yo, ¿para qué molestarse? ¡Ay, los hombres!, que poco detallistas sois.
-Palabrita del patrón de los policías que no me acordé. He tenido una mañana de lo más movida –y sucintamente, y sin entrar en detalles, le cuenta todas las gestiones que ha realizado a lo largo de la mañana.
-Bueno, basta de palabrería porque vamos a comer a las tantas. Para cambiar de tanto mar, he reservado mesa a las tres en el Mas de Roures. Es una masía que está en la Vall d´Alba, un pueblo del interior que se encuentra a unos veintiocho quilómetros.
   A Grandal maldita la gracia que le hace volver a meterse en el coche, pero después de las molestias que se ha tomado Chelo es incapaz de contradecirla. En cuanto pone los datos en el GPS la voz robotizada del aparato le informa que ha de salir a la nacional 340 y a un kilómetro y medio coger a la izquierda el Camino de les Foyes, y tras cruzar la CV-10 le conducirá hasta la Vall d´Alba. Luego han de atravesar el pueblo para tomar la CV-156 que les dejará en el Mas de Roures. El Camino de les Foyes tiene un principio aceptable, pero luego se transforma en una vía tercermundista. Afortunadamente, tras llegar a la CV-10 el camino tiene un pavimento algo menos malo.
   El restorán, que también funciona como casa rústica, está ubicado en una masía formada por varios edificios. El salón es pequeño y encima está abarrotado. Grandal piensa que para ese viaje no hacían falta alforjas, pero una vez más calla y pone buena cara. Resulta que Chelo al hacer la reserva hasta encargó el plato que quiere probar: cabritillo al horno, dado que su adecuada cocción requiere de al menos tres horas.
-¿Qué vas a pedir? –quiere saber Chelo al ver que su novio mira la carta con desgana-. Uno de los platos que más fama tiene aquí es el conejo a la brasa con alioli.
-¿El alioli no será demasiado fuerte?
-No, creo que el que sirven está rebajado, será más una mayonesa que un verdadero alioli.
-¿En qué se diferencian el alioli y la mayonesa? –pregunta Grandal a quien le importa una higa la cocina sea alta, baja o nouvelle. De lo que se trata es de tener un tema intrascendente del que charlar.
   Chelo, a quien si le apasiona la cocina y por eso lo que más ve en la televisión son los programas de cocineros y los concursos de Masterchef, se lanza a explicarle que el alioli, que en valenciano significa ajo y aceite, es una salsa típica mediterránea y está formada por la emulsión de aceite de oliva y ajo. Se prepara machacando mucho los ajos, para sacarles el jugo ya que es eso lo que liga con el aceite. Luego hay que ir añadiendo el aceite, casi gota a gota para que no se corte, a la vez que la masa se va removiendo con el mazo del mortero. Para suavizarlo se le puede añadir una yema de huevo crudo. En cambio, la mayonesa o mahonesa se prepara cascando un huevo en un vaso batidor, se agrega un chorrito de vinagre, sal y una buena cantidad de aceite, se introduce el brazo de la batidora hasta el fondo y se tritura sin levantar el aparato hasta que la mezcla emulsione.
-O sea, que son dos emulsiones diferenciadas en que en una hay ajo y en la otra no –resume Grandal.
-Pero que listo es mi rey –Y como se ha acercado la camarera, Chelo hace la comanda-. Encargué cabritillo al horno y el señor tomará conejo a la brasa con alioli. Jacin, ¿por qué no elijes tú los entrantes?
   Después de almorzar, cogen el coche para volver a Marina d´Or, pero Chelo todavía tiene otra propuesta que también ha descubierto en la red cuando buscó el restorán.
-¿Te gustaría ver un arco de cuando los romanos? Nos viene de paso.
-¿Un arco romano?, ¿y dónde está?
-Es un arco de triunfo romano construido en el siglo II después de Cristo. Está en un sitio llamado el Pla del Arc, a unos dos kilómetros y medio de un pueblo que se llama Cabanes, junto a la antigua Vía Augusta y la actual carretera CV-157. Lo he leído en internet –explica Chelo, toda ufana.
-¡Hay qué ver la de cosas que sabes, nunca dejas de asombrarme! –la jalea Grandal, pero realmente en lo que no deja de pensar es en la última pregunta de Bellido: En definitiva, ¿quién asesinó a Curro?

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 118. Me recuerdas a La Parrala de la copla