martes, 7 de marzo de 2017

111. Marchando una de criadillas



   Ponte hace muchos días que no abre la prensa digital. Como suele ocurrirle a menudo, no sabe ni en qué día está. Mira el ángulo inferior derecho de la pantalla y ve la fecha.
- Vaya, estamos a uno de abril – dice en voz alta. La data le lleva a la memoria que hasta mil novecientos setenta y cinco, año de la muerte del Caudillo, el uno de abril era llamado el Día de la Victoria, pues en tal fecha de mil novecientos treinta y nueve el general Franco firmó el último parte de la Guerra Civil Española. Era un breve texto que su excelente memoria recuerda perfectamente, decía: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Ya han pasado setenta y siete años de aquella carnicería, quien lo diría, piensa el viejo. Se deja de añejos recuerdos y abre El Mundo.
   La portada on line del rotativo madrileño está llena de colorido y de noticias. Tantas que es fácil perderse ante tamaño despliegue informativo. Va picando en los titulares como si fuera una abeja libando flores. De la información nacional se queda con dos que se refieren a la falta de gobierno: Iglesias presiona al PSOE: “si no cede, iremos a elecciones”. La otra es: Rivera se da quince días para ver si hay gobierno o nuevas elecciones. Estamos donde estábamos, se dice el viejo. Llevamos la tira de tiempo sin gobierno y el país sigue funcionando igual. Lo mismo es que los políticos sobran. De internacional se queda con otros dos: Un hacker dice que ayudó a Peña Nieto a ganar las elecciones. Tiene que hacer un esfuerzo memorístico para recordar que el tal Peña es el presidente de Méjico. La otra se refiere a las dos grandes potencias: Rusia veta el pacto nuclear al no ir a la cumbre en EEUU. Más de lo mismo, piensa, y hasta ahí llega.
   Mientras Ponte se informa, poco y mal, de cómo está el mundo, Grandal no ceja de darle vueltas a la idea que les contó a sus amigos el día anterior: la existencia de algunos flecos del robo que, en su día, no fueron investigados exhaustivamente y que podrían ayudar a su esclarecimiento. Uno, el tiroteo en el polígono de Fuenlabrada; el otro, el secuestro de María Victoria. Llega a la conclusión de que si él y sus amigos actúan solos no irán a ninguna parte. La única solución es que los Sacapuntas les echen una mano, aunque tendrá que ser bajo cuerda. Una vez ha despejado sus dudas llama a Atienza.
- Juan Carlos, si hoy tienes un hueco me gustaría echar una parrafada contigo. Hay algo que quiero contarte.
- ¿Qué si tengo tiempo?, todo el del mundo. Aquí me tienes, mano sobre mano. Cambiando papeles de un sitio a otro para hacerme la ilusión de que trabajo. Puedes venir cuando quieras. Ah, una pregunta, que contigo nunca se sabe, ¿se trata de una charla privada o pueden participar Eusebio y Michel?
- Por lo que a mí respecta no hay inconveniente en que estéis todos. ¿Te parece bien que me pase mañana?, ¿sí?, pues mañana nos vemos.
   Lo primero que detecta Grandal en el despacho que sirve de cuartel general al grupo coordinador del Caso Inca es que está muy ordenado. Donde antes había papeles, carpetas y cajas apiladas por cualquier parte, ahora todo parece pulcro y recogido. En algo tendrán que invertir el tiempo, piensa el excomisario, que es recibido como si hiciera un siglo que no le hubiesen visto. Y por la pregunta que le hace Bernal no parece que tengan muchas ganas de trabajar.
- ¿Comisario, vas cogido de tiempo o lo tienes para tomarte unas birras con estos parados de tapadillo que ni siquiera están registrados en el INEM?
   A Grandal no le da tiempo a contestar la jocosa pregunta porque Blanchard se le adelanta:
- ¿Qué es el INEM?
- Vamos a ver, franchute - dice Bernal en un tono en el que el despectivo sinónimo de francés no suena como tal -, ¿tú a qué has venido a España?, ¿a colaborar en el Caso Inca o a perfeccionar tu español coloquial? – y antes de que Blanchard pueda decir nada, le explica -. INEM es la sigla de Instituto Nacional de Empleo, organismo que gestiona el servicio público de empleo. Todos los parados deben inscribirse en el mismo para encontrar un nuevo curro. Y ahora que este filólogo aficionado ha satisfecho, por el momento, su voracidad insaciable de nuevos vocablos, ¿valen esas birras? No tenemos que ir lejos, el bar está en la esquina.
   En tanto se acercan al establecimiento, Blanchard va contando a Grandal que ha leído que España es el país europeo con mayor número de bares por habitantes. Solo en Madrid hay más bares que en toda la Europa central y nórdica. Por eso aquí siempre encuentras un bar a la vuelta de la esquina. En éste, dado como les saluda el camarero, parece que los policías son viejos clientes.
- Paco, unas birras para toda la basca y algo para echarse a la boca.
- Hoy tengo como plato especial unas criadillas de cordero al estilo de la casa que están de toma pan y moja – anuncia el de la barra.
- Antes de que empiece a incordiarme – dice Bernal -, explícale aquí al franchute que son y cómo preparas las criadillas. 
   El dueño del bar, pues tal es el que sirve en la barra, le cuenta a Blanchard que las criadillas son el nombre gastronómico que reciben los testículos de cualquier animal de matadero, en este caso de cordero. Su mujer, que es quien las prepara, usa una receta que le enseñó su abuela. Primero filetea las criadillas y las salpimentea al gusto, también espolvorea un poco de perejil. Luego, machaca en el mortero unos dientes de ajo para que suelten todo su jugo y con ello remoja los filetes para que cojan sabor. Echa en la plancha unas gotitas de aceite, de oliva por supuesto, deja que se extienda y pone las criadillas a hacerse. Finalmente, cuando están bien doraditas y cuajadas las retira y ya pueden servirse.
- Están como para mear y no echar gota – remacha el del bar.
   Blanchard, muy en su papel de recopilador de recetas populares españolas, ha tomado nota de cuanto le ha explicado el dueño mientras sus compañeros degustan las criadillas. Cuando termina sus notas ve que, afortunadamente para él, solo queda uno de los filetes que se lo toma haciendo de tripas corazón e intentando que no le den arcadas, algo que consigue en un alarde de voluntad. Cuando terminan con el tentempié, vuelven a la Brigada donde Grandal les explica su plan.
- … y vosotros no podéis ni debéis hacer nada, pero a mí y a mis vejetes no hay quien nos pueda prohibir actuar, salvo que sea algo ilícito y no es el caso. Podemos seguir investigando tanto lo del polígono como lo del secuestro, pero para ello necesitaremos que en algún momento nos echéis una mano. Nada oficial. Solo os pediremos que, cuando os lo indiquemos, hagáis unas cuantas llamadas a algunos compañeros anunciándoles que iré a visitarles y quizá que busquéis en los archivos algún dato que pueda hacernos falta. Todo dentro de la mayor discreción, sin dejar rastros que puedan inculparos y sin dar un cuarto al pregonero. Si me decís que no lo entenderé y no habrá ningún reproche. Si estáis de acuerdo, os lo agradeceré y os mantendré informado de la marcha de las investigaciones que realizaremos con el máximo sigilo posible.
   Los policías discuten entre ellos sobre la propuesta del excomisario. Atienza cree que no es una buena idea, si se descubriera que ayudan a los jubilados les podía caer encima un marrón de cagarse. A Bernal, en cambio, la propuesta le parece cojonuda. Sería una manera de compensar su frustración por tener las manos atadas y de darles en los morros a sus jefes. Blanchard no opina, pero al final es quien decanta la disyuntiva.
- Yo, aquí solo soy un invitado, pero ésta es una situación que me recuerda a otra parecida que tuvimos hace tiempo y en la que recordé una frase famosa de vuestra historia, aquella de ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. En este caso, mi señor; mejor dicho, nuestro señor es el deber profesional. Somos policías, nos encargaron la investigación de un delito y nuestro deber era y sigue siendo esclarecerlo. Si yo tuviera que hacer alguna de esas llamadas que pide el comisario, tengo muy claro lo que contestaría – y hasta ahí llega el francés.
- ¡Olé tus cojones, gabacho! – exclama Bernal tan dado como siempre al uso de las partes pudendas en las imprecaciones.
   Visto lo cual, Atienza claudica, le ayudarán, pero pide al excomisario que al primer indicio de que pueda haber la más mínima fuga informativa, corte de raíz cualquier investigación.
- Os mantendré informados – anuncia el excomisario.

viernes, 3 de marzo de 2017

Capítulo 22. El stand by no va con los jubilados.- 110. Los viejos no tiran la toalla



   Grandal cita a sus amigos para contarles la reunión mantenida con los investigadores del Caso Inca. Antes de que pueda decir nada, Álvarez deja caer la propuesta de que al terminar podrían echar una partidita de dominó pues hace días que no juegan.
- Coño, Luis, no hemos venido a echar una partida. Estamos aquí para que nos cuente Jacinto lo que opinaron los Sacapuntas de nuestro análisis sobre las últimas noticias del robo – le reconviene Ballarín.
   El excomisario les explica el encuentro con sus jóvenes colegas y el análisis que hicieron a partir de los dos últimos datos relativos al robo: la oferta de los cubanos y la orden de dejar en stand by las investigaciones. Cuando Grandal termina su relato, Ponte resume lo dicho.
- O sea, que los polis ahora saben a quién tienen que buscar, pero no pueden hacerlo porque se lo han prohibido sus mandos.
- Yo no lo hubiera resumido mejor – admite Grandal a quien le gusta dar jabón a sus veteranos compinches.
- Oye, Jacinto, ¿y los Sacapuntas no podrían hacer como que no hacen nada, pero bajo cuerda seguir investigando? – pregunta maliciosamente Álvarez.
- Pues no, Luis. No pueden hacerlo porque la obediencia a las órdenes es una de las normas básicas del Cuerpo. Si la incumplieran, podrían expedientarles e imponerles una dura sanción.
- Mira por donde, eso es algo que no nos puede pasar a nosotros. No tenemos mandos, aunque a veces llamemos a Jacinto jefe. Por tanto, tampoco hemos de atenernos a ninguna clase de obediencia y no existe nadie que pueda expedientarnos – señala humorísticamente Ballarín.
- Lo que es tanto como decir que nosotros sí que podemos seguir investigando – afirma Ponte.
- Mira, eso es algo en lo que no había caído – admite Álvarez que añade - ¿Y se puede saber qué podríamos investigar? – pregunta, más en plan de guasa que otra cosa.
- A ver, a ver, vamos a centrarnos – pide Grandal -. ¿Estáis diciendo que os gustaría continuar las investigaciones sobre el robo del tesoro?
   Los tres viejos se miran entre sí y casi al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo previamente, exclaman:
- ¡Equilicuá!
- ¿No podéis decir simplemente sí como todo el mundo? – se burla Grandal y cambia de registro al adoptar un tono a medio camino entre la sorpresa y una cierta irritación -. No sé si habéis perdido el poco seso que os debe quedar. ¿Vosotros sabéis lo que estáis diciendo?, ¿os habéis parado a pensar a quién habría que investigar ahora?
- La verdad es que yo no me he parado a pensar qué es lo que podríamos investigar, pero para eso estás tú, apuesto que ya mismo nos lo explicas – afirma despreocupadamente Álvarez.
   Puesto que tanto Ballarín como Ponte secundan la petición de Álvarez, el excomisario se pone en plan didáctico.
- Vamos a ver, mis queridos matusalenes, si os queda claro cómo está el panorama. La situación es la siguiente. Los servicios cubanos de inteligencia, probablemente a instancias de las FARC, han ofrecido oficiosamente al gobierno español devolverles lo que parece ser el tesoro robado si, pese a estar en funciones, continúa apoyando las conversaciones de La Habana entre la guerrilla y el gobierno colombiano. Los analistas del CNI y de la policía dan a la propuesta un alto grado de verosimilitud. Llegados aquí, hay un racimo de preguntas a plantear. ¿Fueron las FARC autoras del robo del tesoro? Respuesta: es posible, pero altamente improbable. Otra pregunta: ¿tienen las FARC en su poder las piezas robadas? Respuesta: es posible, pero sumamente dudoso. Entonces – prosigue el excomisario -, ¿quién robó el tesoro y quién retiene las joyas? Dados los interesados nexos entre la guerrilla y algunos cárteles de la droga, todos los indicios apuntan a que son estos últimos los que efectuaron, o mandaron realizar, el robo y los que se supone que conservan las piezas robadas. Dicho en cristiano para que se me entienda: a quien habría que investigar ahora es a los narcos que presuntamente son los protagonistas de esta historia sin fin.
- Bueno, ya estuvimos investigando a tipos que estaban en lo da la droga. Sin ir más lejos, a los Corrochanos – apunta Ballarín.
- Es que ahora no hablamos de un clan gitano de medio pelo, estamos hablando de unos delincuentes que se encuentran entre los más violentos y sanguinarios del mundo. De unos fulanos que manejan más dinero que los presupuestos de muchos ministerios. De unos tipos cuyo principal territorio de actuación son algunas regiones selváticas de Colombia y Perú, pero que extienden sus garras por medio mundo. Entonces, ¿estáis dispuestos a enfrentaros a gente cuyos sicarios matan por un puñado de dólares?, ¿queréis encararos con clanes que tienen pasta para corromper a políticos, jueces y policías?, ¿estáis preparados para viajar a Sudamérica o adónde sea a proseguir las investigaciones?
   Los contundentes interrogantes de Grandal generan un silencio sepulcral, da toda la impresión de que los viejales no se han parado a pensar en todo lo que el excomisario acaba de explicarles.
- O sea, que si te he entendido bien, Jacinto, a los policías les han mandado parar sus jefes y a nosotros la realidad, ¿no es eso? – resume Ponte.
- Lo has entendido perfectamente.
- Es decir, que tampoco podemos hacer nada – resume Ballarín.
- Algo siempre se puede hacer – objeta Grandal que añade -, pero por vía indirecta. No podemos; mejor dicho, no debemos investigar a los posibles ladrones del tesoro, dado el enorme riesgo que ello supondría. Por otra parte, tampoco tenemos medios para hacerlo. Ahora bien, sí podríamos seguir algunas pistas que de modo tangencial podrían servir para facilitar el desenlace del caso y que están a nuestro alcance y en las que el peligro que podríamos correr digamos que es asumible.
- ¡Y se puede saber a qué diablos esperas para contárnoslo, alma de cántaro! – exclama Álvarez que es muy castizo en sus expresiones.
- Vaya, hombre, me han llamado muchas cosas en mi vida, pero nunca me habían tildado de alma de cántaro, porque soy cualquier cosa menos ingenuo – responde Grandal que mira socarronamente al autor de la frase.
- No es más que una forma de hablar, Jacinto. Si te he molestado, lo retiro y pido disculpas – se excusa Álvarez.
- Dejaros de jueguecitos coloquiales, que parecéis dos chicos de primero de la ESO, y vamos al grano – les reprende sin un grano de acritud Ponte -. ¿Qué pistas son esas en las que podríamos seguir hurgando?
- Veréis – Grandal se repantiga en la silla y adopta una pose más profesoral todavía -. Desde que supe que la Dirección General de la Policía había dado la orden de dejar en stand by las investigaciones sobre el robo, no he cesado de darle vueltas a aquellos flecos, relacionados de alguna manera con el robo, que no han sido investigados a fondo y que, en el supuesto de hacerlo, podrían aportar alguna luz al caso. Y creo haber descubierto, al menos, dos. Uno de ellos ligado con el tiroteo del polígono de Fuenlabrada. El otro, con el secuestro de María Victoria, que en su momento os conté.
- Espera, Jacinto, a ver si te he cogido el hilo – ruega Ponte -. El suceso de Fuenlabrada establece un nudo de unión entre los Corrochanos, una empresa china dedicada al lavado del dinero, y unos narcos colombianos que son, por un lado, los proveedores de droga para el clan gitano y, por otro, clientes de los chinos para lo del blanqueo de la pasta. ¿Te sigo?
- Perfectamente, Manolo – le adula Grandal.
- Lo que no me cuadra – prosigue Ponte – es que tiene ver el incidente de Fuenlabrada con lo del secuestro de la zaragozana, ¿qué pinta en esta historia la especialista en arte indígena?
   El excomisario da cumplida respuesta a las dudas de su amigo-
- Verás, Manolo. En el caso de María Victoria los que la secuestraron para que autentificara unas piezas quimbayas eran latinoamericanos. Y en el tiroteo de Fuenlabrada también participó algún sudamericano. ¿Qué supone todo ello? Pues que hay en España una banda de sudacas que sigue actuando en asuntos que, directa o indirectamente, tienen algún tipo de relación con el robo. ¿Es esa banda la que efectuó el robo? No lo creo, pero si es posible que esté de alguna manera conectada con los que lo llevaron a cabo. Pues bien, esas dos pistas, la de Fuenlabrada y la de Zaragoza, son en las que podríamos seguir hurgando.
- Ya nos dirás cómo – quiere saber Ballarín.
- En eso estoy. Cuando lo tenga claro, discutiremos sobre ello.
- Si hemos terminado, podríamos echarnos una partidita, ¿vale? – reitera Álvarez.
- Luis, majo, eres más repetitivo que un tornillo pasado de rosca – le apostrofa Ballarín.

martes, 28 de febrero de 2017

109. Una larga cambiada



   Atienza, tras dejar a Bernal y Blanchard a quienes les ha contado su entrevista con el miembro de la CIA, se apresura a ponerse en contacto con la persona que le ha dado su teléfono a Connolly: Pérez Recarte, su antiguo amigo y compañero de estudios que trabaja en el Centro Nacional de Inteligencia. Quiere saber más cosas del norteamericano.
- Lupe, buenas noches, soy Juan Carlos Atienza.
- Hola, Juanca. ¿Qué tal estás, cómo te va la vida? Supongo que querrás hablar con Quique, pero no está, tiene guardia de noche y no regresará hasta mañana. Le pondré una nota de que le has llamado porque hasta que vuelva de dejar a los niños en el cole y hacer la compra no le veré – le explica la mujer.
- Gracias, Lupe, pero no es necesario que le dejes ninguna nota. Quiero preguntarle algo, pero no es nada urgente. Ya le volveré a llamar. Un besazo.
   Bueno, se dice, Atienza, pues llamaré a Grandal con quien tengo una cita pendiente. Queda con el excomisario que se reunirán al día siguiente, treinta de marzo, en la Brigada de Patrimonio. Acto seguido pone sendos WhatsApp a los dos compañeros con los que comparte la coordinación del Caso Inca informándoles de la reunión con Grandal a quien según han acordado no le contarán nada sobre que la CIA también está interesada en el caso.
   El excomisario, que sabe cómo trabajan sus jóvenes colegas, se ha hecho una especie de chuleta en la que ha sintetizado las principales conclusiones extraídas de su conversación privada con Blanchard y a las que ha sumado las de sus ancianos amigos. Conclusiones basadas en los últimos datos conocidos del robo del tesoro: la oferta de los cubanos y la orden dejar en stand by las investigaciones sobre el caso. Después de los saludos de rigor, el excomisario pide que pongan un folio en blanco en el portapapeles.
- Como supongo que os ha contado Juan Carlos, anteayer estuve reunido con mis amigos, a los que también se les podría llamar analistas extraoficiales del caso, y estuvimos estudiando las dos últimas noticias sobre el robo del tesoro: la oferta de los cubanos y la orden dejar en stand by las investigaciones – al ver la cara de sorpresa de Atienza y Bernal y la de disgusto de Blanchard, Grandal se da cuenta de que acaba de cometer un fallo garrafal. Oficialmente, él no tenía que saber ninguna de ambas noticias, si las conocía era porque en una conversación tête-à-tête el policía francés se las reveló. Rápido de reflejos, da lo que en el mundo taurino se conoce como una larga cambiada y que en lenguaje coloquial es cambiar de conversación para evadirse  o enmascarar el tema anterior -. Dicho esto, os preguntaréis, ¿y cómo conoce Jacinto esas noticias? Respuesta: la de los cubanos la conozco a través de mis amistades del CNI, que no es Juan Carlos el único que tiene amigos en la Casa; en cuanto a la segunda, ya sabéis que en el Cuerpo los chismes corren como la pólvora y a las pocas horas que os mandaran parar las investigaciones la noticia ya se comentaba en la mitad de las comisarías de Madrid. En mi opinión creo que guardar un secreto no es una de las virtudes más acreditadas de la policía española. Una de las asignaturas que siempre he echado a faltar en la Escuela Nacional de Policía es la relativa a aprender a contener la lengua y que no sé cómo coño podría denominarse. Bien, aclarado el conocimiento de los últimos datos sobre el robo, prosigo.
   Sin preguntar si alguien quiere saber algo más sobre las fuentes que le han hecho saber ambas noticias, Grandal coge un rotulador y se acerca al portapapeles.
- Las conclusiones a las que he aludido, fundamentadas en el análisis de las noticias mencionadas son las siguientes – y en mayúsculas escribe en el folio: ¿Por qué os mandan parar? -. Respuesta: posiblemente, porque estabais acercándoos al desenlace y los que tienen autoridad para ello han optado por no intranquilizar a quienes parecen tener en su poder lo robado, no sea que cambien de opinión y decidan no devolver el tesoro. Una segunda conclusión: probablemente, la autoridad que ha dado la orden de parar esté, directa o indirectamente, en contacto con los que tienen el tesoro robado en su poder, ¿Preguntas?
- Suponiendo que tus conclusiones sean ciertas, ¿por qué nuestros mandos no nos han dicho lo que acabas de explicar? – inquiere Bernal.
- No lo sé, supongo que piensan que cuanto menos sepan lo que de verdad está ocurriendo menos probabilidades de fugas informativas habrá. Una aclaración antes de que formuléis más preguntas: habréis reparado que ambas conclusiones las he iniciado con sendos adverbios, posiblemente y probablemente. Que es tanto como decir que puede ser así, pero en lo que no hay una certeza del cien por cien. ¿Más preguntas?, ¿no?, entonces vamos con la segunda cuestión – y escribe en el folio: La oferta de los cubanos.
   Una vez ha escrito el dato de los cubanos, Grandal prosigue:
- La oferta de los servicios cubanos de inteligencia de que si el actual gobierno español, que no olvidemos que está en funciones, sigue apoyando las conversaciones de La Habana se le devolverán unos objetos históricos de gran valor, nos lleva a suponer que es bastante probable que alguno de los que intervienen en esa conferencia sea quien tiene el tesoro robado en su poder. Si partimos de esa premisa cabe preguntarse ¿cuál de ellos puede ser?
   Atienza, cual alumno aplicado, levanta la mano.
- ¿Quién tenga lo robado en su poder también es el que perpetró el robo?
- No, necesariamente. Es más, apostaría a que los que asaltaron el furgón blindado no son los mismos que actualmente custodian las piezas robadas. Y aclaro, es más una intuición que una certeza – responde Grandal, que sigue con su explicación -. Retomo el hilo de mi argumentación sobre quien puede tener el tesoro. Los interlocutores de las conversaciones son dos: el gobierno colombiano y las FARC. Y el intermediario principal, el gobierno cubano.
Analicemos a estos tres actores. El gobierno colombiano no puede ser quien tiene las piezas robadas. Es un gobierno legítimo y, por consiguiente, no cometería un delito, más contra un país como España con el que mantiene excelentes relaciones y al que necesita como puerta de entrada en la UE. Las FARC también las descarto. Bastante tienen con lograr un acuerdo de paz con su gobierno antes de que mueran de viejos sus líderes sin conseguir ninguno de los objetivos por los que dicen luchar. En cuanto a Cuba, creo que jamás daría el paso de robar un bien de otro estado soberano. La posición del gobierno cubano es mucho más frágil de lo que aparenta. Y en un casus belli, como el del robo, perdería mucho más que ganaría. Queda, pues, descartado.
- Si aceptamos tu tesis de que ninguno de los tres actores de las conversaciones de La Habana son los que retienen las piezas robadas, ¿entonces quién es? – inquiere Bernal.
- Esa es la pregunta del millón. Respuesta: es bastante probable que sea un cuarto actor que de manera presencial no aparece en la conferencia de La Habana, pero que apoya con todo su poderío a uno de los interlocutores. Me refiero a los cárteles colombianos de la coca. Y hablo en plural porque es posible que se hayan unido varios en una especie de joint venture. Es un dato probado que existe un interés mutuo entre las FARC y muchos de los narcos colombianos. Ambos tienen en el cultivo y distribución de la coca su principal fuente de ingresos. El principio que manejan es: lo que es bueno para los guerrilleros es bueno para los narcos.
- ¿Entonces…? - Atienza deja en el aire el final de su pregunta.
- Entonces, la última conclusión sería: buscar entre los principales cárteles colombianos. Ahí encontraréis quien planificó, posiblemente también ejecutó, y que probablemente es quien detenta el tesoro robado.
- ¿No crees, comisario, que utilizas otra vez demasiados adverbios? – pregunta con su habitual ironía Blanchard.
- Touché, estimado colega, pero es lo que hay.
- Os recuerdo que en el tiroteo del polígono de Fuenlabrada participó uno de los cárteles colombianos más agresivos, el llamado clan de los Varelas, que según mi fuente del CNI es quien proporciona la droga a los Corrochanos – puntualiza Atienza.
- Entonces, cuando se termine lo del stand by ya sabéis por dónde empezar a tirar del hilo – concluye Grandal.
- ¿Y por qué unos narcos iban a robar el tesoro? – inquiere Bernal.
- Esa es una buena pregunta, pero creo, amigo Eusebio, que ya sabéis la respuesta.