martes, 3 de enero de 2017

93. Sana y salva



   La portada gráfica del ABC del lunes, catorce de marzo, le parece a Ponte sorprendente. Resulta que en España, el país al que la inmensa mayoría de extranjeros identifica con el mundo del toreo, hay ahora gente exigiendo que se proteja a la llamada fiesta nacional. El titular así lo confirma: Multitudinaria manifestación en Valencia. Clamor en defensa de la fiesta. Miles de aficionados exigieron libertad y reivindicaron la Tauromaquia “como un bien cultural amparado por la Constitución”. ¡Qué país este!, es cuanto al viejo se le ocurre. De la segunda portada no le llama la atención ningún titular salvo un cintillo que dice: La falta de agua de calidad pone en riesgo la huerta mediterránea. Al final tanto turismo, tanto apartamento con vistas al mar y tanto crecimiento urbano del arco mediterráneo y no vamos a tener agua ni para beber, se dice Ponte. Cuando va a ver la portada de El Mundo, suena el móvil. Mira la pantalla, es Chelo.
- Chelito, buenos días. ¿Ya se ha despertado el dormilón de Jacinto?
- No lo sé. Ayer me llamó para decirme que se iba a Barcelona para asistir al funeral de un sobrino.
- No sabía que tuviera familiares en la Ciudad Condal – A Ponte se le notan los años hasta en su lenguaje. Ya nadie llama a Barcelona así. Habría que ver como se pondrían los nacionalistas catalanes.
- Estoy convencida de que no los tiene. Se ha debido ir a Zaragoza, que es donde vive esa fulana que le tiene sorbido el seso.
- Es raro que haya viajado en domingo y además esta tarde íbamos a reunirnos en su casa para que nos contara lo último que se sabe del robo del tesoro. Comentó que a ti no te molestaba que nos juntáramos un lunes.
- Y no me molesta, pero ya ves, ni siquiera os ha llamado para disculparse por su ausencia porque no creo que esté de vuelta por la tarde.
- Lo que me cuentas tiene todos los visos de ser un viaje precipitado. Algo debe de haber ocurrido, pero bueno, lo que sea ya nos lo contará a su vuelta. Y ahora, dime bonita, ¿te puedo ayudar, necesitas algo?
- Gracias, Manolo. Solo te llamaba para contarte lo del viaje de Jacinto y por si tú sabías algo más, pero ya veo que no. Perdona por haberte llamado tan temprano, igual te he despertado.  
- No hay nada que perdonar, Chelo, hace mucho rato que estoy despierto. Si sé algo de Jacinto ya te llamaré. Que tengas un buen día y no te preocupes.
   El que sí que está preocupado es Grandal. En el apartamento de María Victoria la policía no ha encontrado otras huellas que no fueran las de la profesora, su hermana María Eugenia y la asistenta. Con la ayuda de la hermana han determinado que Mariví salió de casa con lo puesto. En el apartamento no falta nada, por tanto no se trata de un robo con violencia, como al principio se pudo sospechar. Preguntados los vecinos de la finca y de los edificios contiguos solo han encontrado a una persona que la vio el día de su desaparición: una viejecita que desde su ventana vio como subía a un coche en compañía de dos hombres. Del vehículo solo supo decir que era de color negro o de un azul muy oscuro, no pudo precisar más. De los hombres, que llevaban chaqueta pero sin aportar más detalles. Si dio alguno más sobre el atuendo de la profesora: llevaba un traje chaqueta y un fular en el cuello y juraría que zapatos de medio tacón. No se pudieron hacer con más informaciones.
   Paco Lucientes, el comisario jefe de la Policía Judicial zaragozana, lo comenta con Grandal.
- Reconozco, Jacinto, que es una desaparición un tanto extraña. La señora Martín-Rebollo no tiene enemigos del fuste como para secuestrarla, ni es tan joven como para que algún enamorado en un momento de apasionamiento haya decidido llevársela Dios sabe dónde. Por otra parte, hasta el momento nadie ha llamado para exigir un rescate por ella.
- Lo que está claro, Paco, es que los indicios apuntan a que no se fue por propia voluntad. Según su hermana salió con lo puesto. No se llevó absolutamente nada, ni siquiera el bolso de banderola que siempre suele llevar. ¿Conoces alguna mujer que cumplidos los cincuenta salga de casa sin una polvera o una barra de labios? Pues, al parecer, ni siquiera eso llevaba. Es raro, muy raro. ¿Qué hipótesis manejáis en la Judicial?
- ¿Hipótesis?, por ahora ninguna. Nos atenemos a los hechos constatados: mujer adulta, de edad madura, a la que se ha visto subir a un vehículo aparcado en doble fila ante la puerta de su domicilio en compañía de dos sujetos. La única testigo que la vio no pudo percibir que se la estuvieran llevando a la fuerza. Por otra parte, en su apartamento no hay huellas de violencia, ni falta nada, ni se allanó la morada, por lo que descartamos el robo. Y hasta el momento nadie se ha puesto en contacto con la familia para dar noticias de la desaparecida o exigir alguna clase de rescate. Hemos llamado a todos los centros hospitalarios de la ciudad y hasta al Instituto Anatómico Forense y no ha ingresado ningún paciente o cadáver que se ajuste a los datos de la profesora.
- De acuerdo, esos son los datos que tenemos, pero insisto: ¿tenéis alguna hipótesis? – reitera Grandal.
- Hombre, Jacinto, la hipótesis más verosímil es la de un secuestro. ¿Motivos? Esa es la parte débil del presunto rapto. No parece que pueda ser para pedir un rescate económico, ni la desaparecida ni su familia tiene dinero para ello. Tampoco tiene edad para que estemos ante un caso de trata de blancas por mucho que se empeñe su hermana. Que se sepa no cuenta con enemigos reconocidos. Al parecer, no se droga ni es jugadora ni tiene deudas pendientes. Su familia y amistades son de lo más normal, su única excentricidad es que sea amiga de un comisario jubilado – añade con una sonrisa irónica Lucientes -. Entonces, un secuestro ¿para qué?
  Grandal pasa por alto la sardónica mención de su persona que ha hecho su colega e introduce una nueva perspectiva en la conversación.
- Estoy pensando que María Victoria intervino en una tormenta de ideas sobre el robo del Tesoro Quimbaya que se celebró en la Brigada del Patrimonio en Madrid. Allí fue donde nos conocimos. Me pregunto si ello tendrá algún tipo de relación con su desaparición. ¿Te importa que llame a la Brigada a ver si localizo a Juan Carlos Atienza, que es uno de los inspectores que coordina el caso del robo?
- Hombre, Jacinto, que cosas dices. Llama al Sacapuntas.
- ¿También hasta aquí ha llegado el mote que les han puesto?
- Ya sabes que en el Cuerpo los chismes corren como la pólvora.
   Mientras, Grandal ya está marcando.
- Hola. Soy el comisario Jacinto Grandal, necesito hablar con Juan Carlos Atienza.
   Se produce una pausa hasta que Atienza se pone al aparato.
- Juan Carlos, estoy en el despacho del comisario Paco Lucientes de Zaragoza. No sé si sabes que María Victoria Martín-Rebollo ha desaparecido. El pasado jueves la vieron subir a un vehículo en compañía de dos desconocidos y desde entonces nadie ha sabido nada de ella. No, no han pedido ningún rescate. Realmente, no estamos seguros de que la hayan secuestrado, aunque los indicios apuntan a ello. Me preguntaba si su desaparición podría tener algo que ver con el Caso Inca. ¿Qué opinas?
   Tras escuchar atentamente lo que le contesta Atienza al otro lado del hilo telefónico, Grandal le da las gracias y cuelga, luego le resume a Lucientes lo que le ha contado el inspector de Patrimonio.
- Los Sacapuntas no sabían nada de lo de María Victoria y Atienza opina que, en principio, no cree que haya ninguna relación entre el Caso Inca y la desaparición de Mariví, pero que de todas formas estarán alerta por si surgiera algún indicio que apuntara a ello.
   En esas están ambos comisarios cuando suena el teléfono. Lo coge Lucientes.
- Sí – pausa -. Pásamela – ordena Lucientes mientras le dice en un susurro a Grandal -. Es la hermana de María Victoria – vuelve a atender al teléfono -. Sí, soy Paco Lucientes y en efecto, Jacinto está conmigo. Dígame. ¡¿Cómo?!, ¡¿qué ha aparecido su hermana?! – Se produce otra pausa en la que el comisario escucha atentamente mientras le hace gestos a Grandal de que tenga paciencia -. ¿María Victoria está bien? No, no llame a ningún médico, yo me encargo de que la vea un forense. Usted lo que tiene que hacer es decirle que no se mueva de su casa y que no hable con nadie. Ahora mismo voy para ahí. Sí, no se preocupe, Jacinto me acompañará – y cuelga.
-  Ya lo has oído, hace unos veinte minutos María Victoria ha llegado al piso de su hermana. Al parecer se encuentra bien, aunque está muy nerviosa y un tanto confusa y desorientada, como si le hubieran suministrado alguna droga. No hace más que llorar y reír al mismo tiempo. Espera un momento mientras hablo con mi gente para que localicen al forense y nos vamos a casa de su hermana.
- Lo más importante es que está sana y salva, gracias a Dios – enfatiza Grandal visiblemente aliviado.

domingo, 1 de enero de 2017

*** Feliz año nuevo. Happy New Year



   Es lo que deseo a todos los lectores del blog. En este año que hoy comienza y del que espero lo mejor, en un par de meses aproximadamente veremos el término de “El robo del Tesoro Quimbaya”. Al fin, conoceremos quienes son los misteriosos ladrones que atracaron el furgón blindado delante del Museo de América.
   Una noticia. A la novela actual le sucederá otro relato en el que ya llevo trabajando algún tiempo. Su título, por ahora provisional, es “Un fugitivo, una playa, un crimen”, y en el que vuelven a ser protagonistas los cuatros jubilados que aparecen en el robo del tesoro. Espero que guste tanto como la que se está publicando
   Y un último ojalá. Si el 2017 no es tan bueno como deseo, Virgencita de Lourdes que me quede como estaba.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Capítulo 18. Crónica de un secuestro.- 92. Como si se la hubiera tragado la tierra


   Ponte abre El País del trece de marzo. La portada no le dice gran cosa, la mayoría de los titulares podrían ser de la pasada semana porque casi todos los asuntos, sobre todo el de la formación del gobierno, siguen más o menos igual. Así lo ejemplifica el titular principal en el que una encuesta de Metroscopia indica que las preferencias electorales apenas se mueven respecto al 20-D, día de las últimas elecciones. Otra muestra de que nada ha cambiado es un titular en la columna de salida: El líder del PSOE gallego permanece en el cargo pese a estar imputado. Si llama su atención un pequeño titular de política internacional: Juan Manuel Santos, Presidente de Colombia: “Estoy seguro de que las FARC están decididas a hacer la paz”. El presidente colombiano cree que el acuerdo que pondrá fin a 50 años de conflicto armado no tiene vuelta atrás. Habrá que verlo, se dice el viejo, porque llevan varios años de conversaciones en Cuba y no sé si el acuerdo llegará a cuajar. Claro que alguna vez tendrán que enterrar los kalashnikov, piensa.
   El hecho de que sea trece y domingo no es el día más idóneo para los supersticiosos, aunque resulta peor si un trece cae en martes. Es lo que está pensando Grandal, después de haberle dado mil y una vuelta a sus cuitas amorosas. Sigue sin resolver el dilema de sí romper con Chelo o no porque en veinticuatro horas la tendrá allí. Y lo suyo con Mariví no acaba de cuajar. La culpa, lo reconoce, es suya pues ella le ha propuesto casarse, así podrían vivir juntos, pero él no se decide a dar el paso. Pesa el hecho de que no fue un esposo ejemplar y teme que podría repetirse su pésimo comportamiento marital. Además, lo de irse a vivir a la ciudad maña no termina de convencerle. No conoce a nadie en Zaragoza y la idea de en qué emplear el tiempo en el que Mariví esté trabajando se le antoja complicad de resolver. ¿Con quién voy a jugar al dominó?, se dice. Es preguntarse eso y esbozar una sonrisa irónica, se está burlando de sí mismo. Como si jugar al dominó fuera lo más importante para la vida en pareja. De esas meditaciones le saca el sonido del móvil, en la pantalla un número desconocido. Como sea un vendedor se va a enterar de lo que vale un peine, musita.
- Diga – Ha usado el tono más cortante de su registro.
- ¿Hablo con don Jacinto Grandal?
- El mismo, pero le anticipo que no compro nada.
- Tampoco yo vendo nada. Soy la hermana de Mariví y le llamo para preguntarle si está con usted.
- ¿Mariví, aquí, conmigo? No, desde que hace casi dos semanas que estuve en Zaragoza no he vuelto a verla, aunque si hemos hablado varias veces por teléfono. ¿Le pasa algo?
- Que ha desaparecido y ya no sé a quién acudir.
- ¿Cómo que ha desaparecido? A ver, cuéntemelo despacio y comience por el principio.
- Pues resulta que el pasado jueves no asistió a un seminario que tenía programado en la facultad y no envío ningún mensaje excusando su ausencia. Yo eso no lo supe hasta el sábado que es el día que suele venir a almorzar con nosotros, pero tampoco apareció. Por la tarde fui a su apartamento y lo encontré como siempre, pero ella no estaba.
- ¿Lo ha denunciado a la policía?
- He estado en la comisaría y me han dicho que tratándose de una persona adulta de momento no pueden hacer nada. Que habrá que esperar. Por eso me he tomado el atrevimiento de llamarle, porque sé la buena amistad que tiene con mi hermana. Me ha hablado muchas veces de usted.
- ¿En casa de Mariví encontró alguna nota en la que explicara su ausencia?
- Nada, no encontré nada.
- ¿Miró su guardarropa, notó si faltaba ropa, zapatos, objetos de higiene personal?
- No noté ninguna falta, quizá un traje chaqueta que es uno de los que suele ponerse para ir a la facultad.
- ¿Miró en su tocador, faltaban sus potingues, cremas, coloretes y todo lo demás?
- El baño estaba como siempre y no percibí que faltara algo. ¿Qué cree que le puede haber pasado, la habrán raptado, se tratará de un caso de trata de blancas?   
   Grandal, pese a la consternación que le ha producido la noticia, no puede menos que esbozar una media sonrisa: trata de blancas, como si Mariví fuera una quinceañera.
- Pues no sé que pensar, pero lo del rapto deséchelo. Lo más lógico es que le haya surgido algún viaje imprevisto o que haya tenido algún compromiso de última hora y eso ha provocado esas ausencias no anunciadas.
- Eso mismo me dije yo al principio, pero he estado telefoneando a sus compañeros de departamento en la facultad y ninguno recuerda que tuviera algún viaje comprometido para este fin de semana. También he llamado a la gente con la que habitualmente se relaciona y nadie la ha visto desde el pasado jueves. Las familias que viven en el mismo piso que mi hermana y que la conocen tampoco la han visto desde hace unos días, posiblemente desde el jueves. Vamos, como si se la hubiera tragado la tierra. Por eso le llamo,  por si usted, como policía, me puede aconsejar que es lo que se puede hacer en un caso como este.
- Lo primero que tiene que hacer es tranquilizarse y, si no tiene inconveniente, desde ahora me hago cargo del caso; bueno, de la desaparición. Voy a llamar a Zaragoza a ver si encuentro alguien de cuando estaba en activo y les pido que muevan el culo. ¿Cómo se llama? – pregunta Grandal.
- María Eugenia y hábleme de tú, por favor, no soy tan vieja.
-Bien, María Eugenia, ¿tu número es el que aparece en la pantalla?, ¿sí? Pues entonces cuelga y te llamo en un rato. Hasta ahora.
   Nada más colgar, Grandal piensa que con la sorpresa de la noticia se ha olvidado de dar a la hermana de Mariví unos cuantos consejos elementales. La llama.
- María Eugenia, soy Jacinto, ¿hay alguien más que tenga llaves del apartamento de Mariví?
- La asistenta, seguro, y es posible que nuestro hermano Juan Antonio.
- Llama a ambos y diles que no vayan al apartamento de Mariví. Tú tampoco debes volver a pisarlo, así cuando vaya la policía científica quizá pueda encontrar huellas aparte de las de tu hermana y la asistenta. Otra cosa, procura dejar libres tus teléfonos por si llama Mariví o alguien dando noticias de ella. ¿De acuerdo? Pues en cosa de media hora vuelvo a llamarte.
   Las gestiones de Grandal intentando localizar en Zaragoza a gente que le conociera tardan bastante más de media hora. El hecho de que sea domingo no ayuda. Hasta que tras muchas llamadas puede dar con el comisario jefe de la Policía Judicial, el cual muchos años tras llegó a trabajar a sus órdenes. Una vez conseguido que la policía zaragozana se ponga en marcha, mete algo de ropa y sus enseres de aseo personal en una pequeña maleta. Cuando lo tiene todo dispuesto para viajar a la ciudad maña, vuelve a llamar a la hermana de Mariví.
- María Eugenia, perdona, pero me ha costado más de lo que suponía encontrar a gente amiga en la ciudad. Como es domingo las comisarias están con lo justo. Al final, he podido localizar a un viejo amigo que me ha prometido que en un rato enviará a dos inspectores a echar un vistazo al apartamento de Mariví. Antes te llamará, me he permitido darle tu número, para entrevistarse contigo y que les acompañes al apartamento. Yo me voy ahora mismo a la estación de Atocha para coger el AVE. Calculo que antes de mediodía estaré en Zaragoza. En cuanto llegue, te llamaré. Mientras, tú quédate en casa y espera la llamada de la policía. Espero verte esta tarde. Hasta luego.
   Antes de salir, Grandal todavía hace una última llamada, a Chelo. Le dice que ha de partir urgentemente a Barcelona donde acaba de fallecer un sobrino. Que  a la vuelta la llamará. No le da más explicaciones. El AVE le lleva a Zaragoza en algo menos de hora y media. Lo primero que hace es llamar a María Eugenia, está acompañando a dos policías que están registrando el apartamento de Mariví. Grandal coge un taxi y se va para allá. Cuando llega, los inspectores han terminado el registro y no han encontrado indicios de violencia, ni hay signos de allanamiento de morada. Le dejan sus tarjetas a Grandal y le anuncian que el lunes irá un técnico al piso de María Eugenia para que monte un dispositivo de escucha en su teléfono por si hubiese alguna llamada relacionada con la desaparición de María Victoria.
   Tras la marcha de los policías, María Eugenia cuenta a Grandal que ha vuelto a hablar con los ocupantes de los apartamentos contiguos al de su hermana, pero que nadie ha visto nada sospechoso ni han oído ruidos de pelea ni siquiera gritos. Lo que le han repetido es que desde el jueves nadie ha vuelto a ver a Mariví.
- Es como si se la hubiera tragado la tierra – repite una desconsolada María Eugenia.