Está lloviendo en Madrid y en casi toda la
península ibérica. Desde hace unos días, una borrasca atlántica impulsada por los
vientos ábregos se ha colado por el golfo de Cádiz y está regando con generosidad
las habitualmente resecas tierras peninsulares. Pero realmente no quería
hablaros de eso en este post, si lo hago es porque me ha distraído el
repiqueteo de la lluvia en los cristales de la ventana. Lo que quería deciros
es que el blog ha llegado a las 12.000 páginas descargadas. No es que sea un
youtuber con millones de seguidores. Lo mío es más de andar por casa, pero lo
acepto tal como es. Lo acepto, me alegro y me estimula. Las páginas vistas en
el último mes han sido casi cuatro mil. Para mí son cuatro mil alegrías.
Gracias a mis desconocidos lectores.
Este blog contiene las novelas de Zacarías Ramo Traver. Un octogenario que no escribe por fama ni dinero, sino contra la soledad. Contiene: “Las dos guerras de Aurelio Ríos”; “La pertinaz sequía”; “Apartamento con vistas al mar “; “Los Carreño. Julio y Julia”; “Los Carreño. Los hijos”; “Los Carreño. El yunque de las guerras”; “El robo del Tesoro Quimbaya”; “Una playa aparentemente tranquila” y “El masover”. Los martes se publica “El masover” y los viernes “Los Carreño. El yunque de las guerras”.
domingo, 23 de octubre de 2016
viernes, 21 de octubre de 2016
Capítulo 14. Nuevos personajes de la trama.- 72. Entra en juego la Guardia Civil
Cuando Bernal y Blanchard llegan al Polígono
Cobo Calleja, la policía ya ha acordonado el perímetro del área donde se ha
desarrollado el tiroteo. A su vez, la Policía Municipal de Fuenlabrada ha
dispuesto un cordón de un mayor radio a fin de contener a los curiosos que,
como moscas ante un plato de miel, se agolpan ante las vallas y cordones
perimetrales para no perderse ni una sola acción policial a la par que intentan
saber más del suceso. Antes que la Policía Científica empiece a recoger cuantas
pruebas encuentre en el lugar de los hechos, han llegado las primeras
furgonetas de los distintos canales de televisión que rápidamente despliegan
cámaras, micros, cables, antenas y toda la parafernalia propia de los medios
televisivos. Con menos despliegue de medios pero también presentes las emisoras
de radio se hacen notar, al igual que un nutrido grupo de fotógrafos de prensa que,
cámara en ristre, se esfuerzan en captar todos los detalles de cuanto ocurre. Tanto
los periodistas de las teles cómo los radiofónicos, micro en mano, preguntan a
cuantos se les ponen a tiro, les da igual que sean policías, presuntos testigos
o curiosos que merodean por allí.
Bernal
ha de enseñar su placa a un policía municipal que custodia uno de los accesos
del segundo perímetro para poder pasar. Blanchard no se le despega. En cuanto
llegan a la primera línea que delimita el área en la que ha ocurrido el suceso,
el policía de la Judicial se encuentra con la desagradable sorpresa de que quienes
están investigando el caso son agentes de la Guardia Civil, exactamente de la
Unidad Central Operativa del instituto armado.
- ¡La hemos
jodido! – exclama Bernal al ver la indumentaria de color verde, tradicional en
el centenario cuerpo que inmortalizó en sus versos García Lorca y no siempre de
forma benévola.
- ¿Qué pasa,
por qué la hemos jodido? – inquiere Blanchard, un tanto sorprendido.
- Porque
están los picoletos y no mis compañeros, y sacarles una sola información a los
del tricornio resulta más duro que sacarte una muela.
El francés ya no pregunta más, es conocedor
de la enconada rivalidad existente entre los dos cuerpos de seguridad más
prestigiosos de España: la Guardia Civil y la Policía Nacional. No se extraña,
algo parecido ocurre no solo en un su país sino en otros muchos.
Al llegar a las primeras vallas, Bernal, que
ha tomado la protocolaria precaución de prenderse la placa que le identifica
como inspector de policía, recibe el reglamentario saludo del guardia civil que
vigila el acceso y a quien se presenta:
- Soy el
inspector Eusebio Bernal, de la Policía Judicial, ¿quién está al mando?
- El capitán
Fernando Peña, segundo jefe del Departamento de Investigación Criminal III de
la UCO.
Bernal sabe bien de lo que está hablando el
guardia. Ese departamento de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil es
el que investiga los delitos relacionados con las drogas y el contrabando.
- ¿Dónde
puedo encontrarle? – pregunta Bernal.
- Es el que
está hablando con aquel ciudadano de origen chino – contesta el guardia
señalando a un oficial que está vuelto de espaldas y que, en efecto, está
interrogando a un asiático.
Estos
pipiolos de guardias jóvenes los forman tan modositos que hasta emplean un
lenguaje de lo más políticamente correcto, se dice Bernal, mientras espera que el
capitán termine de interrogar al chino con la ayuda de un intérprete. En esas alguien
le palmea la espalda mientras una bronca voz exclama:
- ¡Coño,
Berni!, ¿tú por aquí?, ¿qué se te ha perdido por estos andurriales? Creía que
seguías en lo del robo del museo.
- Hombre,
Sandi, no me digas que estáis los de tu grupo metidos en este tomate. Mira, te
presento a Michel Blanchard, es un colega francés que colabora en lo del robo
del tesoro de los cojones. Ricardo Sandoval, compañero de promoción y un tío
cojonudo.
Blanchard no presta demasiada
atención porque en lo que piensa es en la cantidad de veces que sus colegas
hispanos usan las diferentes versiones del aparato reproductor masculino para
adjetivar personas, cosas, hechos y hasta opiniones. Recuerda que ya decía su
madre que en su tierra natal, Extremadura, también era así. Mientras, el tío
cojonudo está contando a Bernal lo que sabe del suceso.
- Lo poco
que me han contado los picoletos es que han llegado al almacén unos gitanos
preguntando de muy malos modos por el baranda de la empresa. Al parecer, les
mandaron a freír espárragos. De los gritos pasaron a los empujones. En algún
momento alguien sacó un arma y se montó una balacera del copón.
- ¿Y por qué
son los picos los que llevan la investigación?
- Según he
podido saber vigilaban a los chinos del almacén pues presuntamente forman parte
de una red dedicada al tráfico internacional de mercancías al tiempo que eluden
el pago de los correspondientes impuestos. Y como los chinorris están en eso de
la globalización, también se dedican al blanqueo de capitales, al tráfico
ilegal de mano de obra y a no sé cuántas cosas más. Por lo que cuentan hace más
de dos años que los tienen en el punto de mira.
- Todo eso
no me interesa, por lo que he venido ha sido por lo del tiroteo, ¿es verdad que
han participado en el mismo unos gitanos? – pregunta Bernal.
- En efecto
y eso es lo que nos tiene mosca a todos. Además, son conocidos nuestros, sobre
todo en la Brigada de Estupefacientes.
- Estás
hablando de los Corrochanos, ¿no? – afirma-pregunta Bernal.
- Sí señor,
una gente de tronío y con mala leche como para parar un expreso. Aunque han
salido malparados de la refriega. Se han dejado un fiambre y dos heridos, uno
de ellos bastante grave.
- Y los que
se les han enfrentado, ¿quiénes eran, los chinos?
- ¡Qué va! Sus
guardaespaldas, dos autóctonos expresidiarios y un par de sudacas. ¡Manda
cojones! Con los millones que mueven estos chinos y que no se gasten lo que
haga falta en tener un servicio de seguridad como mandan los cánones.
- ¿Has dicho
sudacas? – el tono de la voz de Bernal indica que esa información le interesa.
- Parece que
sí, pero todo esto es un sindiós y nada es lo que parece. Hasta que los
picoletos se dignen pasarnos las diligencias previas no sabemos más que retazos
y ni siquiera estoy seguro de que lo poco que nos han contado sea fidedigno.
A todo esto, el capitán de la Guardia Civil
ha terminado con el asiático y un asistente le avisa de que hay otro inspector
de la Policía Judicial que quiere hablar con él. El oficial con evidente
desgana hace una seña a Bernal para que se acerque.
- Dígame
inspector, pero le ruego que sea breve, todavía tengo que interrogar a otros
testigos.
- Capitán,
soy Eusebio Bernal de la Policía Judicial y coordino con otro compañero el robo
del Tesoro Quimbaya – en última instancia, Bernal decide presentar al galo como
modo de presionar al oficial -. También colabora en el caso el inspector
Blanchard, del Servicio de Cooperación Técnica Internacional de la Policía
francesa, que viene conmigo. Lo que pueda haber detrás de lo ocurrido no me
interesa demasiado, me refiero al tráfico de mercancías y personas, blanqueo de
capitales, etcétera. Lo que me interesa saber son los motivos de la
participación del clan de los Corrochanos en el suceso. Ese interés viene dado
porque ese clan podría estar conectado con el robo del tesoro. Por tanto, le
ruego que me facilite cuantas informaciones tenga que puedan ayudarnos en el
Caso Inca. Ya sabe la prioridad que le ha dado al caso la Secretaría de Estado
– recuerda Bernal para meter más presión al oficial.
El capitán no parece demasiado impresionado
ante la exposición del policía. Se le queda mirando como sopesando los motivos
que le ha contado Bernal. Tras unos segundos, contesta.
- Verá,
inspector. Entiendo su interés, pero éste no es el momento ni el lugar adecuado
para que pueda atenderle. Como le dije, me faltan testigos por interrogar y no
tengo todavía todos los datos en mi mano para tener una idea clara de lo que
aquí ha sucedido. Y usted quiere saber nada menos que los motivos de los
gitanos para liarse a tiros contra medio mundo. Eso, en estos momentos, es
pedirle peras al olmo. Cuando mis hombres hayan redactado las primeras
diligencias, le sugiero que las pida por conducto reglamentario y estaré
encantado de enviárselas. Y ahora, me disculpará pero tengo trabajo que hacer –
Y sin dar ninguna posibilidad de respuesta, el oficial da media vuelta y vuelve
a entrar en el almacén en que se ha desarrollado el tiroteo.
Bernal, rojo de ira, da un primer paso en
pos del capitán, pero no llega a dar el segundo. Le vienen a la mente las
instrucciones, siempre verbales, que los mandos policiales les recuerdan a
menudo: ningún enfrentamiento con la Guardia Civil. Cuando haya un desencuentro
hay que cursar a Jefatura el incidente para que sean los mandos superiores
quienes se encarguen de resolverlo.
Todavía está Bernal pensando qué hacer,
cuando aparece Atienza.
martes, 18 de octubre de 2016
71. Un tiroteo suspende la tormenta
Atienza y Martín-Rebollo,
coordinadores de la tormenta de ideas que se está celebrando en la Brigada de Patrimonio,
al hacer el balance del debate coinciden en que ha suscitado más preguntas que
respuestas. Discuten en si volver al planteamiento que María Victoria hizo en
la presentación o tratar de encontrar una respuesta a la pregunta de: ¿por qué
el Gobierno oculta que lo robado solo son réplicas de las piezas originales? Interrogante
que no encontró una contestación que agradase a la mayoría del grupo. Tras un
denso diálogo se inclinan por la segunda opción, pero añadiendo preguntas del
tipo de: ¿cómo siendo tantas las personas que, presumiblemente, estarían al
tanto del encubrimiento, la noticia no se ha filtrado a los medios? o ¿cómo
respondería la opinión pública española ante la ocultación de la verdad? Y así
es como, la moderadora comienza la nueva sesión:
- Caballeros, Juan Carlos y yo hemos decidido no pasar al tercer
apartado antes de encontrar respuestas a las preguntas que no han sido
contestadas. Ahí las tenéis. Vuestra es la palabra.
Bernal levanta presto la mano.
- Si la señora moderadora me lo permite – dice con marcado retintín -,
me gustaría comenzar con la pregunta de cómo respondería la opinión pública si
supiera que lo robado son copias. Creo que eso a nosotros nos debe tener sin
cuidado. Conociendo a nuestros paisanos, si hay cuarenta y tantos millones de
españolitos habrá otros tantos millones de opiniones. Por tanto, creo que éste
es otro ítem que se puede echar a la papelera.
- Yo, al revés que Eusebio, no conozco a todos los españoles – ironiza Blanchard
-, pero os aseguro que si esto pasara en Francia se montaría un escándalo
político de puta madre como decís aquí. Y pido disculpas a Mariví por el uso de
un lenguaje tan barriobajero.
- Sin que sirva de precedente, tengo que decir que estoy de acuerdo con
Eusebio – la moderadora trata de rehacer los puentes del buen entendimiento con
el inspector de la Judicial -. Creo que esta cuestión puede eliminarse o
quedarse para una segunda ronda. Opiniones al respecto.
El debate es breve. Acuerdan
por unanimidad dejar la pregunta para una hipotética segunda ronda de debate.
Tras el acuerdo, Martín-Rebollo vuelve a tomar la palabra:
- Siguiendo el mismo criterio que para la pregunta que acabamos de
postergar, opino que podíamos hacer lo mismo con el ítem de ¿cómo siendo tantas
las personas que, presumiblemente, estarían al tanto del encubrimiento, la
noticia no se ha filtrado a los medios? Aunque descubriéramos la respuesta
correcta dudo mucho que eso nos condujera a alguna pista para el
esclarecimiento del caso. ¿Qué pensáis al respecto?
Todos están de acuerdo por lo que la pregunta
va a la papelera virtual del debate. Con lo cual, la moderadora retoma la
pregunta inicial.
- Bien, señores. Volvemos a la primera pregunta: ¿por qué el Gobierno
oculta que lo robado solo son réplicas de las piezas originales? Recapitulo lo
que se dijo ayer: según Juan Carlos, citando fuentes museísticas, se rumorea
que no se ha hecho pública la verdad por un pacto entre nuestro Gobierno y el
de Colombia. Motivo: los colombianos no quieren que el robo del Tesoro Quimbaya
distraiga a sus ciudadanos del tratado de paz con las FARC. Michel alegó que la
causa podía estar en que ahora tenemos un Gobierno en funciones, a lo que
replicó Jacinto recordando que en la fecha del robo el Gobierno estaba en la
plenitud de funciones. Eusebio puso en tela de juicio que encontrar la
respuesta a la pregunta en cuestión pudiera servirnos de algo, opinión que yo
rebatí. Hasta aquí, la sinopsis de lo que se dijo ayer.
Hay un breve lapso de silencio hasta que Grandal levanta la mano. Les
cuenta a sus compañeros de debate la reunión que mantuvo el día anterior con el
trío de jubilados y las conclusiones a las que ellos habían llegado.
- O sea, que les vieillards vienen a opinar que lo hecho
hasta hoy ha sido poco menos que perder el tiempo – es el resumen que hace
Blanchard.
- Exactamente, lo que dijeron era que estábamos mareando la perdiz –
contesta, socarrón, Grandal.
- Tantas opiniones me recuerdan lo que dice Clint Eastwood en una de
sus pelis: las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno – La
cinematográfica cita es obra de Bernal.
La moderadora hace un gesto de
desagrado ante el escatológico lenguaje del policía, pero prefiere continuar
como si nada:
- Bien, hemos oído lo que opinan los amigos de Jacinto y lo que opina
nuestro amigo Eusebio. ¿Continuamos? – su tono de voz muestra señales de que su
paciencia está sufriendo una dura prueba.
Atienza, que las caza al
vuelo, intuye que la moral del grupo se está resquebrajando por momentos, por
lo que propone un receso para que se remansen las aguas. Incluso, va más allá:
en lugar de que les traigan las bebidas a la sala, sugiere que podrían
acercarse al bar más próximo y de paso estiraban las piernas. Proposición que
es inmediatamente aceptada. Martín-Rebollo se queda recogiendo sus notas.
Grandal se le acerca.
- No sabes, Mariví, cuanto sentí que no pudiéramos hacer el viaje a
Patones – se lamenta el excomisario.
- Pero bien que empleaste el día – es la seca respuesta de la
profesora.
- ¿Te ha molestado que contara lo que me dijeron ayer mis amigos? –
inquiere un sorprendido Grandal.
- Molestarme, no, pero a fuer de sincera si te digo que esas
interrupciones, y es la segunda que protagonizas, en el desarrollo de la
tormenta no hacen más que prolongar y embarullar el desenlace del debate. Esto
se va pareciendo cada vez más al mito de Sísifo, cuando parece que hemos
llegado a una conclusión sólida, llegas tú y lo echas todo a rodar. Y vuelta a
empezar.
- Créeme que lo siento. No era mi intención torpedear el desarrollo del
debate. Al contrario, lo que deseo es que todo este enredo se solucione de la
mejor forma posible y cuanto antes.
- Te creo, pero lo que más rabia me da es que voy a tener que volverme
a Zaragoza sin haber terminado esta maldita tormenta. Las fechas que tenía para
lo del tribunal se han terminado y mis clases y alumnos me reclaman. Además,
soy la directora del departamento y mi eventual sustituto es de los que se
ahoga en un vaso de agua.
- Dentro, aproximadamente, de un mes tengo que ir a Zaragoza porque hay
unos pequeños asuntos que he de resolver – Grandal está improvisando sobre la
marcha. Ni tiene que ir a la ciudad de La Pilarica, ni tiene ningún asunto que
resolver. Lo que si tiene es la necesidad de volver a ver a María Victoria. Es
la primera vez que siente la exigencia de ver a una mujer desde hace un montón
de años.
- ¡Estupendo! – exclama la profesora, sin disimular la alegría que le
da la noticia -.¿Conoces la ciudad?
- Sí, pero de pasada.
- Entonces ya tienes guía para enseñarte todos los rincones zaragozanos.
Tienes mi número. Llámame antes de venir y te prepararé unas rutas mejores que
las de una agencia de viajes.
El coloquio es interrumpido
por un Atienza acalorado y nervioso.
- Mariví, Jacinto, tenemos que suspender la tormenta hasta nueva orden.
Acaban de llamar de Jefatura. Se ha producido un tiroteo en el Polígono Cobo
Calleja de Fuenlabrada. En principio, parece que podría tratarse de un
enfrentamiento entre bandas, pero las noticias todavía son confusas. Eusebio y
Michel han salido para Fuenlabrada. Yo he vuelto para contároslo y me voy para
allá. Os agradezco, especialmente a ti Mariví, vuestra espléndida y
desinteresada colaboración.
Tanto a la profesora como al
excomisario, la noticia de la suspensión les cae como un cubo de agua fría.
Ambos tenían mucho interés en proseguir la tormenta por motivos que poco tenían
que ver con la investigación del Caso Inca. Grandal, como expolicía, está
habituado a cortes como éste en la labor policial, pero Martín-Rebollo no, por
eso es ella la que pregunta:
- Juan Carlos, no acabo de entender porque un tiroteo, en lo que
supongo que es un polígono industrial, ha de aplazar el desarrollo de un debate
que estaba comenzando a dar frutos. ¿Qué tiene que ver eso con el robo del
tesoro?
- Con los pocos datos que tengo no te lo puedo decir con exactitud,
pero si os adelanto que, al parecer, algunos de los participantes en la
refriega son gitanos del clan de los Corrochanos, familia de la que sospechamos
que puede tener alguna conexión indirecta con la venta del furgón blindado. Me
voy. Estaremos en contacto – y dicho esto, Atienza se marcha.
La profesora y el excomisario
quedan tan sorprendidos como desconcertados. Una pelea entre gitanos y chinos,
¿qué tendrá eso que ver con el robo del Tesoro Quimbaya?
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