viernes, 5 de agosto de 2016

50. Elecciones 2015: lío general, gordo e inédito

   Grandal y Ponte, tras dejar a la familia gitana que les ha facilitado el paradero actual del Tío Josefo, el patriarca de los García Reyes, recogen en Marina d´Or a Chelo que se muestra un tanto desencantada de la urbanización.
- Vicki la había puesto tanto por las nubes que la verdad es que me ha decepcionado un poco. Hay muchos bloques y están demasiado juntos para mi gusto y la playa tampoco es como para tirar cohetes, es mejor la de Benidorm. Lo que sí es una pasada es el hotel-balneario. No sé porque no habéis querido entrar, os hubiera gustado. No podéis imaginaros como está decorado y, según me ha contado un señor muy amable, la de celebraciones que hacen y además…
   Chelo sigue contando cuanto ha visto en la llamada Ciudad de Vacaciones. Es increíble la cantidad de datos que ha podido recopilar en las pocas horas que ha durado su visita. Grandal y Ponte apenas la escuchan, cada uno de ellos tiene otras cuestiones más interesantes en qué pensar. El excomisario ya está planeando como mover los hilos en Madrid para encontrar a los García Reyes, mientras Ponte, a falta de otro tema más interesante, sigue dándole vueltas al interrogante de si los gitanos votan y a quien.
   Al volver al Hotel del Golf se plantean si retornar ese mismo domingo a Madrid, pero dado lo avanzado de la tarde deciden que es más sensato esperar al día siguiente. El lunes, veintiuno, Ponte se ha levantado tan temprano como acostumbra. Desayuna y, como no ve a ninguno de sus dos compañeros de viaje, se entretiene echando una ojeada a la prensa que encuentra en la cafetería. Siente curiosidad por conocer lo que dicen los medios escritos sobre los resultados electorales que, a groso modo, ya conoce por los informativos de la televisión. Comienza con El País, cuyo el titular a cuatro columnas que abre la portada dice: La pérdida de la mayoría del PP abre espacio a los pactos. Y debajo un gráfico con la nueva composición del Congreso. En la columna de salida tres subtitulares, el primero reza así: La gobernabilidad del país depende de posibles acuerdos. El segundo: Los dos grandes partidos apenas superan el 50 %. Y el último pone: Ada Colau refuerza su liderazgo con una clara victoria. Luego coge El Mundo. En primer lugar aparecen las fotos de los líderes de los cuatro partidos que más escaños han logrado. El titular principal, a cinco columnas, es: España tumba el bipartidismo y deja en el aire el Gobierno. En el faldón otro titular: Iglesias: “Lo que se ha votado es un cambio de sistema”. Después pasa al ABC. Ocupa casi toda la primera portada una composición gráfica del mapa de España mostrando cual ha sido el partido ganador en las diferentes provincias y un titular: España deja en el aire su gobierno. Casi el mismo titular que El Mundo, piensa. En el faldón dos subtitulares: El PP gana las elecciones y es el más votado en 38 de las 52 provincias, pero sus 123 escaños no suman mayoría absoluta con los 40 de Ciudadanos. El segundo dice: El empuje de Podemos, al lograr 69 diputados, compensa el peor dato del PSOE; con 90 escaños, solo vence en seis circunscripciones, lo que limita las opciones de Sánchez. Y para terminar ojea un periódico local, El Mediterráneo. El gran titular, a cinco columnas, es mucho más sinóptico que los de los rotativos de ámbito nacional: Lío general. Debajo las fotografías de los cuatro líderes principales. En el faldón dos noticias, una local: Cuatro partidos llevan diputados de Castellón al Congreso. Y otra regional: Oltra y Podemos superan al PSPV, mientras el PP resiste. Cuando comprueba los escaños que corresponden a cada formación no puede menos que pensar que a partir de ahora los partidos tendrán que ponerse las pilas, si quieren gobernar, para formalizar pactos entre dos, tres o más formaciones. Se van a imponer gobiernos a la italiana, se dice. A ver si con ello cambia la situación para mejor, es su último pensamiento, puesto que Grandal y Chelo, hechos unos pimpollos, acaban de encontrarle. Han terminado de desayunar y están prestos para el viaje de vuelta.
   Entre unas cosas y otras, no se ponen en marcha hacia Madrid hasta media mañana. Esta vez han cambiado las posiciones dentro del coche, Chelo se ha instalado detrás armada con un montón de revistas gráficas y Grandal y Ponte van delante, tienen que hablar sobre cómo encontrar al Tío Josefo.
- En cuanto lleguemos, voy a hacer unas llamadas a ver si hay suerte y en alguna comisaría o puesto de la Guardia Civil los tienen localizados – explica Grandal.
- ¿Y si no es así? – quiere saber Ponte.
- Pues que tendremos que volver a patearnos los núcleos chabolistas de los suburbios. No queda otra.
- Oye, Jacinto, se me acaba de ocurrir que quizá podamos seguir otra pista. Si el nieto del Tío Josefo siguiera enfermo, como nos dijo el pariente, podríamos mirar en los hospitales. Si localizamos al nieto también encontraremos al abuelo – sugiere Ponte.
- ¡Coño, Manolo!, estás saliendo un alumno aprovechado. Tus habilidades deductivas son de nota.
- Eso se lo dirás a todas – replica Ponte con humor, pero sin poder ocultar cuanto le ha satisfecho el reconocimiento de Grandal hacia sus aptitudes detectivescas.
- Mira, es lo primero que haré. Llamar a los centros de la seguridad social para ver si está el nieto del Tío Josefo. Por cierto, ¿sabes cómo se llama el chaval?
- Si no recuerdo mal, creo que Frasquito.
- Supongo que eso de Frasquito vendrá de Francisco, o sea, que será Francisco García. ¿Su segundo apellido será Reyes o llevará el de su madre? ¿Tú sabes cómo manejan los gitanos lo de los apellidos de la prole?
- Jacinto, de los cañis sé mucho menos que tú. Yo creo que lo mejor es preguntar por el clan de los García Reyes, también conocidos como los Estepeños.
- Bueno, si el crío en cuestión está hospitalizado, y siendo el hijo mayor del primogénito del patriarca, la mitad de la familia estará en su habitación y la otra mitad en los pasillos. No puedes imaginarte lo solidarios que son los calés con sus parientes enfermos – asegura Grandal.
   Como parece que ya se lo han dicho todo respecto a los planes inmediatos de búsqueda de los gitanos, Ponte cambia de tercio.
- ¿Y qué me dices de los resultados electorales? En toda mi vida, y ya es larga, no había visto un reparto de escaños como el de esta vez. Parece que se acabaron las mayorías absolutas.
- Solo sé lo que he visto en los telediarios. No me ha dado tiempo a hojear la prensa. Esta mañana – y baja la voz señalando atrás – la princesa estaba juguetona.
   Ponte le hace un resumen de lo que ha leído en la prensa y termina su compendio plagiando el titular de El Mediterráneo:
- Como dice el periódico de aquí, tenemos como resultado un lío general.
- Lío general, gordo e inédito – Grandal añade más adjetivos.
- ¿Qué puede pasar? – inquiere Ponte.
- Vaya usted a saber. Lo que está claro es que con esos resultados no puede haber un gobierno monocolor. Tendrá que ser un multipartito, como dicen los italianos. Ahora va a ser un buen momento para ver la cintura de nuestros políticos, sobre todo de los dos grandes partidos. Veremos si son capaces de hacer una grosse koalition, al estilo de los alemanes o formar un tripartito.  Porque que se junten cuatro lo veo más complicado.
- O sea, que tendrán que negociar – resume Ponte.
- No les queda otra.
- ¿Y si las negociaciones fracasan?
- Entonces, lo mejor que pueden hacer nuestros políticos es marcharse del país. Yo lo he pensado más de una vez. Tenemos unos políticos que solo piensan primero en sus intereses personales, después en los de sus familiares y amigos, luego en los de aquellos a quienes deben favores o que se los puedan hacer en el futuro, en cuarto lugar en su partido, en quinto, aunque pueda parecer sorprendente, en los de sus rivales políticos por si algún día están en la oposición y puedan necesitarles y, en última posición, en la gente de la calle, incluidos los pobres jubilados como nosotros.
- Yo creía que era un escéptico en lo que atañe a la política y a los políticos, pero veo que tú me ganas de largo – confiesa Ponte.
- Porque he tenido que convivir con ellos durante muchos años. Hay alguno bueno, pero es tan difícil encontrarlo como lo de la aguja en el pajar.
- O sea, que hoy nuestros prohombres estarán comenzando a negociar.
- A negociar o a ver como se hacen la santísima entre ellos, nunca se sabe con esa clase de pájaros.

martes, 2 de agosto de 2016

49. ¿Los gitanos votan?



   Después de recibir la información del Seprona de que en dos pueblos próximos hay algunas familias gitanas trabajando en la recolección de la naranja, Chelo, Grandal y Ponte, que están de visita en Peñíscola, tras almorzar toman la A-7 en dirección sur. Salen de la autopista por Oropesa del Mar para dejar a Chelo en Marina d´Or, urbanización que quiere conocer. Quedan citados en el Hotel Balneario Marina D´Or-5, que es uno de los lugares que le ha recomendado a Chelo una amiga que tiene un apartamento en la llamada Ciudad de Vacaciones.
   Tras dejar a Chelo, Grandal y Ponte toman la carretera 340, la nacional más larga de España pues va desde Cádiz a Barcelona siguiendo el litoral mediterráneo, para dirigirse al cuartel de la Guardia Civil de Torreblanca donde esperan que el comandante de puesto les pueda informar donde encontrar a gitanos que puedan darles noticias sobre los García Reyes. El sargento del puesto pone un número a su disposición para que les guie por los caminos rurales del municipio hacia los campos donde se está recolectando naranja, pero duda que encuentren a alguien.
- Hoy, con lo de las elecciones y el hecho de que sea domingo, no creo que encuentren a nadie trabajando, pero supongo que por probar no pierden nada.
   La predicción del suboficial se cumple. En los huertos de naranjos solo encuentran pilas desordenadas de cajas y capazos esparcidos aquí y allá como muestra de que la recolección está en marcha, pero ni un solo trabajador. El guardia que hace de guía les hace un somero plano de los caminos que tendrán que recorrer por la zona de la Ribera de Cabanes ya que él no puede acompañarles más. Tendrán que volver a coger la 340 y salir por donde encuentren un indicador que ponga Torrelasal, un pequeño núcleo de casas a orillas del mar, mucho antes de llegar a Oropesa. Van pasando naranjales con el mismo panorama que en Torreblanca, encuentran varias fincas con huellas de que la recolección está en pleno apogeo, pero sin ningún bracero. Parece que la gente, como buenos ciudadanos, está cumpliendo con sus deberes electorales. Hasta que ya cerca del mar se topan con un grupo de trabajadores que están apilando cajas de naranjas a la vera del polvoriento vial. Algunos de sus rasgos y hasta su manera de vestir les delatan, son gitanos. Mientras Grandal trata de aparcar el coche en el estrecho arcén que queda a la vera del camino, Ponte se acerca parsimonioso al grupo de calés que en principio no le prestan demasiada atención.
- A las buenas tardes – saluda Ponte.
   Unos murmullos ininteligibles constituyen toda la respuesta que recibe, pero cuando se acerca más he ahí que de pronto una voz rotunda exclama:
- ¡La hostia, pero si es don Manué!
   Ponte se acerca al hombre todavía joven que ha pronunciado su nombre.
- ¿Me conoce?
- ¿Qué si le conosco? Claro como el agua clara, don Manué. No m´acuerdo de su apellio porque entonces yo era un mosito, pero usté era el mandamás de las obras de la lus en Móstoles hase la tira de años. Y que fue usté, por medio del Tío Josefo, quien nos dio curro a más de media parentela.
   Cuando la pareja de jubilados estaba a punto de entregar la cuchara, he ahí que la diosa Fortuna les acaba de hacer un guiño. Han encontrado a alguien que no solo se acuerda de Ponte, sino que acaba de citar al patriarca de los García Reyes. Ponte ni siquiera espera que llegue Grandal y se lanza a recordar con el gitano aquellos tiempos en que gracias a la actuación de la familia García Reyes y sus amigos acabaron con los robos de los cables de cobre en la electrificación de las nuevas urbanizaciones de Móstoles.
- Por cierto, el Tío Josefo ¿también está por aquí? – pregunta Ponte sin poder evitar que un cierto trémolo de ansiedad impregne su voz.
- Quia, estuvo hasta hase unos dies días. Tuvo que irse con Curro, su hijo mayor, y toda su tropa. El churumbel más chico del Curro, Frasquito es su grasia, cogió un catarro que aluego se complicó en neumonía y el crío se puso chungo de verdá.
- Entonces, ¿han vuelto a Salamanca?
- Quia, ya no paran allí. Ahora están en los Madriles que es adónde se han vuelto. Allí están los mejores hospitales y eso al churumbel del Curro le vendrá como agua de mayo.
   A todo eso, Grandal ya se ha integrado en el grupo después de que Ponte le presente como amigo y compañero suyo de Hidrola y les cuente que realmente se han parado para preguntarles por dónde se va al Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal, centro que querían visitar.
- Pues iban bien encaminaos, pero no sigan. Hoy es domingo y el sentro está serrao. Solo debe estar el personal de mantenimiento.
- ¿Qué hacemos con de lo del coche? – interroga Ponte a Grandal en clara referencia a que si les preguntan si saben algo de lo del furgón blindado.
- ¿El coche? Lo mejor que podemos hacer es cogerlo e irnos a Marina d´Or a por la Chelo – El mensaje es explícito, Grandal no cree oportuno preguntarles sobre el asunto del robo del tesoro. En cambio, hace otra pregunta a Bartolillo, que así se llama el gitano que ha reconocido a Ponte.
- ¿Y desde cuándo están en lo de la naranja?
- Vinimos a prinsipios de noviembre.
   Ponte que ha cazado al vuelo la intencionalidad de Grandal al plantear la pregunta, formula otra:
- ¿Y el Tío Josefo y los suyos también se vinieron a principios de noviembre?
- Quia, llegaron algo más tarde. Casi un mes endespués.
- ¿Ya han votado ustedes? – pregunta Ponte por decir algo. La mirada que le echa Grandal es reveladora: esa pregunta sobraba.
   Los gitanos se quedan mirando a Ponte con una mezcla de perplejidad, ironía y hasta un cierto desdén. Bartolillo es quien le contesta:
- Nosotros no nos metemos en política, don Manué. Eso queda pa los payos. Porque gane quien gane las elecsiones, si se pierde algún guantaso de los picoletos nos lo van a endiñar a nosotros. Mire usté, a mi abuelo Bartolo, por él me pusieron el nombre, cuando la guerra le quisieron vestir de caqui, primero los rojos y endespués los de Franco. Se escapó las dos veses. Cuando le preguntaban porque huía siempre contestaba lo mismo: ¿y qué me se ha perdio a mí en este fregao? Quien la haya liao que la deslíe, que yo no he sio. Pues nosotros, lo mismo.
- Su abuelo tenía más razón que un santo. Yo hubiera hecho igual – asegura el excomisario.
   Grandal reparte entre los varones la cajetilla de Ducados negros que siempre lleva encima, aunque dejo de fumar hace ya unos cuantos años. Después se despiden de la tropa de calés deseándoles una buena campaña recolectora. En cuanto se meten en el coche, caminito de Marina d´Or, Ponte quiere reafirmar su intuición sobre la intención del excomisario al preguntar cuando llegaron los García Reyes a la zona. Grandal contesta afirmativamente:
- Esa era la idea. Si el Tío Josefo y su gente hubiesen estado aquí cuando se produjo el robo del tesoro habría menos posibilidades de que supieran algo sobre si unos tocayos tuvieron algo que ver con el furgón de marras, pero el hecho de que por aquellas fechas estuvieran en Madrid aumenta las probabilidades de que puedan saber algo.
   Ponte mueve la cabeza en señal de asentimiento y sin que venga mucho a cuento, quizá por influencia del día en que están, pregunta:
- Jacinto, ¿tú sabes si los gitanos votan?
- ¿A qué coño viene esa pregunta? – se extraña Grandal.
- Pues la verdad es que no lo sé, curiosidad seguramente. Quizá sea porque hoy son las elecciones y los únicos que estaban trabajando eran esos gitanos, claro que han podido votar por la mañana, pero lo dudo. Y además porque cuando yo votaba jamás vi a un calé en el colegio electoral.
- Eso es porque votas en el distrito de Chamberí, si vivieras en Fuencarral, Moratalaz, Vallecas, Vicálvaro… En fin, en los distritos en los que vive más gente de esa etnia es posible que te los encontraras votando. Aunque supongo que los gitanos, como todos los grupos de excluidos sociales, son poco dados a votar. Y los pocos que lo hacen, hasta donde yo sé, no tienen una intención de voto definida, igual votan, al PSOE, que al PP, que a Izquierda Unida. Vete tú a saber.
- ¿Y es posible que también voten a los nuevos partidos? Me refiero a Podemos y a Ciudadanos.
- Manolo, para ser un desencantado de la política preguntas demasiado sobre ella. ¿A ti que más te da que los gitanos voten o no?
- Me has pillado, pero no me negarás que sería una pasada saber si los gitanos votan y a quien.

viernes, 29 de julio de 2016

48. Investigando por La Plana



   Cuando Ponte le cuenta a su hija que piensa acompañar a Grandal a Castellón donde tiene que arreglar unos asuntos, la respuesta de Clarita es terminante:
- Será un viaje de ida y vuelta, supongo.
- Pues no sé, pero igual estamos fuera tres o cuatro días.
- Papá, te recuerdo que el veinte son las elecciones, ¿es que no piensas votar?
- Hija, sabes bien que hace la tira de años que no voto. Y sabes porque: mi opinión sobre nuestros políticos, sean de derechas, izquierdas o mediopensionistas es que dejan mucho que desear.
- Y una vez más, papá, te recuerdo que o tú haces política o te la harán los demás. Ir a votar, votes a quien sea, no solo es un deber ciudadano sino también una necesidad.
- No lo dudo, hija, pero eso es para los que tenéis futuro. Yo solo tengo pasado y algo de presente. Futuro, ninguno. Por eso os dejo a los jóvenes que seáis quienes decidáis que fulano queréis que os pastoree.
- Papá, no nos insultes, los que votamos no somos borregos y por tanto no necesitamos que nadie nos pastoree.
- No era mi intención molestarte, Clarita. Retiro lo del pastoreo, pero sigo en mis trece. Mañana me voy a Castellón con Grandal. Y a los que se presentan a las elecciones que les den.
- ¿Solo con Grandal? – La pregunta de Clara está cargada de suspicacia.
- Hija, no creerás que a mis años tengo un amorío oculto. Únicamente voy a acompañar a un amigo de hace muchos años, y a quien tú conoces, a un inocente viaje a una provincia de la que supongo que debes guardar buenos recuerdos. ¿O no te acuerdas de los años que veraneamos en Benicasim?
   El diecisiete, Grandal, Chelo y Ponte se ponen en viaje hacia la capital de La Plana. Van en el viejo coche del excomisario. Chelo va de copiloto y Ponte en la parte de atrás. De los tres, la que parece más ilusionada con el viaje es la mujer, hasta ha guardado en la maleta un biquini por mucho que Grandal le haya insistido en que el agua estará más bien fría en este final de diciembre. Ponte ha insistido en pagar a medias entre Grandal y él los gastos del viaje y del hotel, pero Jacinto se ha negado en redondo. Harán tres partes y él pagará dos, al fin y al cabo Chelo es su invitada.
   Los viajeros abandonan la A-3, también llamada autovía del Este, a la altura de Motilla del Palancar. Ponte se ha empeñado en ello para comer en el Hostal del Sol, lugar en el que paraba cuando la autovía aún no estaba terminada y el viaje duraba mucho más que ahora. Encuentra el local más remozado pues ha pasado a ser un hotel. Después de comer vuelven a la A-3. Antes de entrar en la ciudad del Turia cogen el llamado Bypas de Valencia, tramo de la autovía A-7, que hace la función de cinturón que rodea la primera corona del área metropolitana de la ciudad, lo que permite circunvalar la capital levantina por el oeste. A la altura de Puzol ingresan en la AP-7 hasta que la abandonan por la salida de Castellón-Sur.
   Grandal, que es quien ha hecho la planificación del viaje, ha reservado dos habitaciones en el Hotel del Golf situado a solo cien metros de la playa del Pinar del Grao de Castellón. Le ha contado a Chelo que, en caso de no poder bañarse en el mar, quizá lo pueda hacer en la piscina del hotel y en el peor de los casos podrá tomar el sol en la terraza de la habitación.
   En cuanto están instalados, dejan a Chelo en la terraza leyendo una revista del cuore. Está decepcionada porque en recepción le han dicho que la piscina está por el momento clausurada y le han aconsejado que no intente bañarse pues el agua del mar está fría. La han consolado asegurándole que mañana se espera buen tiempo y podrá broncearse en la terraza o en los jardines que rodean la piscina. Grandal, antes de iniciar el viaje, llamó al coronel Tresreyes, viejo conocido suyo, jefe de la comandancia de la Guardia Civil de Castellón. Le pidió que le informara de las localidades de la Plana Baja donde hubiera familias gitanas empleadas en la recolección de la naranja. El coronel le dio el teléfono del jefe provincial del Servicio de Protección de la Naturaleza. En el Seprona le facilitaron una relación de pueblos en los que trabajaban temporeros gitanos. La primera localidad de la lista era Burriana y hacia allí se dirigen Grandal y Ponte. No encuentran a los García Reyes ni nadie que les pueda facilitar alguna pista. Lo mismo les pasa en Villarreal y en Nules. Ahí terminan sus pesquisas puesto que el sol se está ocultado tras los cerros que cierran La Plana hacia el oeste.
   Al día siguiente, ya dieciocho, la pareja detectivesca deja a Chelo tomando el sol en la terraza de la habitación y marchan hacia Onda donde les ocurre lo del día anterior. Ni rastro de los García Reyes. Pasa lo mismo en Vall de Uxó y Moncofar. A mediodía toman un tentempié y prosiguen su viaje hacia Chilches, La Llosa y Almenara. El más rotuno fracaso es el resultado de su exploración. A cuantos gitanos preguntan se topan con las mismas respuestas: nadie sabe nada, nadie ha visto nada, jamás han oído hablar de los García Reyes.
- Tratar con los cañís es peor que ir al dentista. Mienten más que respiran. No me creo de ninguna manera que nadie sepa nada de un clan tan conocido como los García Reyes – se lamenta Ponte.
- Son muy suyos los gitanos. Recuerdo que cuando les interrogabas la mayoría te enredaban con largas parrafadas, te liaban contándote unas historias inverosímiles y al final no te daban ninguna información. Es lo que nos pasa ahora. Para mí que ya debe de haber corrido la voz de que hay dos payos buscando a los García Reyes y no los vamos a encontrar aunque nos pateemos toda la provincia, suponiendo que estén aquí que hasta eso empiezo a ponerlo en cuarentena – se explaya Grandal.
- Entonces, ¿qué hacemos, nos volvemos a Madrid?
- Para volver siempre estamos a tiempo. Le dije a Chelo que íbamos a estar hasta el lunes. Por tanto, nos quedan un par de días para terminar de visitar las localidades que faltan. Claro que si quieres volverte, puedes hacerlo cuando quieras. Además, así podrías votar el domingo.
- No, no, me quedo. Y en cuanto a lo de votar ya sabes lo que pienso de los políticos en general y de los nuestros en particular. El mejor, escardando cebollinos.
   El diecinueve, día anterior a las elecciones también llamada jornada de reflexión, la pareja de jubilados visitan los dos últimos núcleos de la Plana Baja con abundancia de naranjales, Villavieja y Alquerías del Niño Perdido. El resultado de sus pesquisas, el mismo de siempre: cero. Parece como sí los García Reyes no hubiesen existido nunca. Grandal tira la toalla, se acabó lo de buscar a los gitanos. Para el veinte han programado una excursión a Peñíscola y a la vuelta visitarán Marina d´Or, donde una conocida de Chelo tiene un apartamento que, según cuenta, lo compró a precio de ganga y le interesa conocer la urbanización. 
   La vieja y amurallada ciudad de Peñíscola, pese a que desde 2013 forma parte de la red de los pueblos más bonitos de España, no le dice gran cosa a Chelo. Lo de las murallas, el castillo del Papa Luna y todo el posible encanto medieval de la localidad, la dejan fría. Lo que más le interesa es visitar los escenarios donde se rodó la superproducción El Cid pues fue una fan de Charlton Heston. Están tomando el aperitivo cuando un número de la Guardia Civil se presenta preguntando por Grandal. El guardia le entrega una nota que le manda la Oficina Técnica provincial del Seprona informándole que hay al menos tres familias gitanas que están recolectando naranja entre los términos municipales de Torreblanca y Cabanes. Cuando se retira el número, a Ponte le falta tiempo para preguntar:
- ¿Y cómo han sabido que estábamos en Peñíscola?
- Llame anoche al coronel Tresreyes para despedirme y decirle que íbamos a pasar el día aquí, pero aunque no le hubiese dicho nada puedes apostar a que nos han tenido controlados, no puedes imaginarte como son los del tricornio.
- ¿Entonces no me vas a llevar a Marina d´Or? – pregunta Chelo poniendo un mohín de disgusto.
- Claro que sí, princesa – la tranquiliza Grandal.
- Además, Chelo, los pueblos que han dicho nos pillan de camino. A la vuelta, pasaremos por Santa Magdalena de Pulpis, Alcalá de Chivert, Torreblanca, la Ribera de Cabanes y después Oropesa del Mar – explica Ponte, haciendo gala de sus conocimientos de la comarca donde pasó muchos veranos cuando sus hijos eran unos críos.
- Mejor cambiamos el plan – sugiere Chelo -. Me dejáis en Marina d´Or y vosotros os vais a buscar a los gitanos. Cuando terminéis venís a buscarme.
- Santa palabra – enfatiza Grandal con su pizca de sorna.