martes, 10 de mayo de 2016

25. ¡Con estos mimbres menudo cesto haremos!



   El ABC del 25 de noviembre lleva como noticia en su primera portada la composición fotográfica de dos aviones y un gran titular: Rusia y Turquía torpedean la resolución internacional al yihadismo. Mal enemigo se han buscado los turcos con los rusos y más con el Putin ese que actúa como si fuera un zar de los de antes, se dice Ponte mientras pasa a la segunda portada. No acaba de convencerle el nuevo formato que desde hace cierto tiempo, no recuerda cuanto, tiene el periódico. Eso de las dos portadas, la fotográfica y la informativa, por llamarla de alguna manera, no le gustan. Supongo que lo habrán estudiado, piensa. Es una manera de diferenciarse del resto de los demás diarios. En esa segunda portada la noticia   internacional que destaca el periódico es: Asesinados doce militares en un atentado en Túnez, noticia que poco le inspira al viejo por repetitiva. Otro titular de internacional con tipografía más pequeña dice: Macri quiere que Cristina Kirchner le facilite una transición de poder ordenada. Esta si merece un comentario, se dice Ponte, los peronistas tienen que montarla, ganen o pierdan, sobre todo si pierden. En cuanto a informaciones nacionales son tres las que merecen el honor de la portadilla. Una de sociedad: El black friday adelanta las rebajas a noviembre. Al final para enterarte de lo que cuenta un rotativo habrá que tener a mano un diccionario de inglés, que manía tienen con usar palabros que los que tenemos más de cincuenta tacos desconocemos porque lo que estudiábamos antes era francés. Entre unos y otros terminarán cargándose nuestra lengua. Otra noticia es de economía: CC.OO. y UGT no pasan el primer examen abierto para dar cursos de formación. ¡Anda que te rondaré, morena!, exclama mentalmente Ponte, estos sindicatos son un vivo espejo del resto de los que viven de los dineros públicos, que todos terminan especializados en la figura del egipcio faraónico, con una mano delante y otra detrás bien abiertas para ver si les cae algo.
   Ponte se levanta de la cama de un salto; bueno, de la forma más parecida al salto que puede dar un octogenario. Hoy es el día en que va a comenzar la labor de seguimiento del objetivo que le ha sido asignado y está más nervioso que una jovencita de las Hijas de María en su noche de bodas. Eso será por la tarde, por la mañana tiene otra misión: la de pasear a su nieto Julio. Mientras se está afeitando, se mira en el espejo del cuarto de baño. Tiene razón Jacinto, se dice, tendré que ponerme algo en la cabeza para ocultar el pelo, esta melena blanca es demasiado llamativa. Una vez vestido busca en su menguante guardarropa algo para la cubrirse. Se prueba el único sombrero que tiene, y que le regaló su hijo David. Ya nadie lleva sombrero, piensa, si me lo pongo llamaré más la atención que si no llevara nada. Tras probarse un gorro deportivo y una vieja boina negra se queda con una gorra de visera.
- ¿Y esa gorra? – pregunta Clarita al darle el carrito en el que ya está instalado el bebé.
- Hoy hace algo de fresco y ya sabes que por donde más se va el calor del cuerpo es la cabeza.
- Ah, en la bolsa del carro hay un paquete de pañuelos. Julio tiene mocos. Ya sabes que no le gusta nada que le toqueteen la nariz, pero aunque llore un poco tú límpiasela. ¿Dónde piensas ir?
- Al Parque del Oeste.
- Con la niebla de esta madrugada la tierra estará húmeda y se pegará barro a las ruedas, mejor que vayas por la acera hasta Rosales – Cuanto le gusta mandar a esta hija mía, piensa el viejo.
   Como hoy es miércoles, el museo permanece abierto hasta las tres, por lo que Ponte se dice que tendrá que comer algo más pronto que lo acostumbrado para no estar con la pesadez de la digestión cuando tenga que hacer el seguimiento de su objetivo.
- Felisa, ¿que tenemos hoy para comer? – le pregunta a la asistenta.
- Espaguetis.
- Hoy he quedado con un amigo a las tres. Si no le importa, prepare la comida un poco antes que lo habitual.
- ¿Le parece bien a la una y media? – Se conocen desde hace un montón de años, pero siguen tratándose de usted.
- Estupendo. Así, podré estirarme un ratito antes de salir.
   Los espaguetis, de Barilla número cinco como siempre prefería su fallecida esposa, están tan ricos como de costumbre y sobre todo la salsa de tomate con la que Felisa los acompaña. Ponte se sienta en el cómodo sillón orejero ubicado delante del televisor y pone los pies en el puf que hace juego con el sillón. Pone la alarma del móvil a las dos treinta. Tiene media hora de margen para echarse un poco de agua en la cara, componerse y acercarse al museo. Tiempo más que suficiente. Enciende la tele, baja el volumen y cierra los ojos. No conoce mejor inductor del sueño que los telediarios, tienen un poderoso efecto narcótico. A eso es lo que él llama echarse un ratito…
   Alguien le sacude suavemente el hombro. El viejo abre los ojos.
- Papá, ¿puedes quedarte con Julio media horita?, he de salir un momento – es su hija Clara quien le habla.
- Sí…, mejor dicho, no. Tengo un compromiso a las tres – Ponte todavía está un tanto adormilado.
- Como que a las tres, papá. Sí son las cuatro y cuarto.
- ¿Las cuatro y cuarto? No puede ser, tenía puesta la alarma y… - El viejo está tan confuso como aturullado.
- Y habrá sonado, pero claro no la has oído. Te he dicho mil veces que te has poner las orejas – Así llama Clara a los audífonos que Ponte usa para paliar su creciente pérdida de capacidad auditiva. Ante las protestas de su padre, Clara continúa con su reprimenda:
- Mira, papá, por las mañanas una de las primeras cosas que haces es ponerte las gafas, ¿no?, ¿y por qué? Porque si no te las pones no ves ni torta. Pues has de acostumbrarte a hacer lo mismo con las orejas. Si no te las pones no oyes ni mu. Estoy harta de repetírtelo, pero eres un cabezón. Siempre dices que sí, que lo harás, pero luego nada de nada.
    El viejo calla y aguanta lo mejor que puede el chaparrón dialéctico que le cae encima. Sabe que su hija tiene razón, pero no acaba de acostumbrarse a los audífonos.
- ¿Era importante ese compromiso que tenías a las tres?
- Bueno, hasta cierto punto. Supongo que podré hacerlo mañana.
- Entonces te dejo a Julio y en media horita estoy de regreso.
   Ponte piensa que tendrá que llamar a Grandal para contarle que no ha podido realizar la misión que le había encomendado. Duda de si explicarle el motivo del por qué no ha hecho el seguimiento del objetivo marcado o achacar su fallo a otra causa que no sea tan humillante como haberse dormido. Entre tantas cavilaciones el tiempo pasa volando y tras la media horita que su hija le ha pedido, y que se ha convertido en una hora larga, regresa Clara.
- Gracias, papá. Hasta luego y si no te veo hasta mañana – Clara da un beso a su padre, coge al niño y se marcha.
   Suena el teléfono. Es  Grandal.
- Manolo, ¿qué tal ha ido tu primer seguimiento?
- Verás, Jacinto… - Ponte duda, le avergüenza contarle la verdad, pero al final decide no mentir -. No ha habido seguimiento. Hoy Felisa me hizo espaguetis y, como de costumbre, comí demasiados y encima tomé un vasito de vino. Puse la alarma del móvil por si me dormía… Total, que me dormí y no escuché la alarma. Lo siento. Estoy avergonzado, pero tenía que contarte la verdad.
- No te preocupes, Manolo, el mejor escribano echa un borrón – le tranquiliza Grandal -. Mañana será otro día y si no puedes mañana pues pasado mañana. Tenemos la ventaja de que no hay ningún comisario jefe que nos apriete las clavijas. Ya me informarás cuando hayas cumplido tu misión. Un abrazo.
   Cuando Grandal cuelga no puede por menos que comentar en voz alta:
- ¡Con estos mimbres menudo cesto haremos!
- ¿De qué mimbres y cestos hablas? – pregunta la mujer mientras acaba de quitarse los pantys.

domingo, 8 de mayo de 2016

*** 7000



Según el servicio de estadística de Google la pasada semana el blog superó la cifra de las 7000 páginas vistas. Digo lo de siempre: no es una cifra espectacular, pero para un blog que solo es soporte de una novela por entregas, de un octogenario y desconocido autor, tiene su aquel. Como lo tiene el que el blog ha sido abierto desde 52 países. Los tres últimos son tan distintos y distantes como Bolivia, Emiratos Árabes Unidos y Letonia. Desde Sudamérica a Asia pasando por Europa. Buen recorrido.
Larga y feliz vida a cuantos internautas lo leen.

viernes, 6 de mayo de 2016

Capítulo 5. Primeras misiones.- 24. Fotógrafo de fortuna



   Cuando Ponte abre El Mundo del lunes 23, encuentra que la principal noticia sigue siendo una de las consecuencias de la masacre parisina del 13-N: Bruselas vive su tercer día de parálisis mientras busca a Salah. Y debajo del titular, la noticia de que el gobierno belga ha prolongado, un día más, las medidas de seguridad excepcionales por riesgo de atentado yihadista. Estos fanáticos, piensa el viejo, van a conseguir paralizar a media Europa y eso en sí ya es una victoria para ellos. El segundo titular que llama su atención es otra noticia que no ha dejado de serlo en los últimos meses: el secesionismo catalán. Debajo de una foto del Ministro de Hacienda, el pie dice: Montoro investigará los 1.300 millones sin contabilizar de Cataluña. Esta es la típica investigación de la que nunca vuelve a saberse nada. Dicen que investigarán pero luego, tanto si encuentran algo punible como si no, jamás vuelve a saberse nada. Espero que nuestra investigación sobre el robo del museo no siga los mismos pasos. El tercer titular que reclama su atención es diferente: Argentina opta por el cambio y consagra a Macri como presidente. A ver si de una vez los argentinos retoman la senda de la sensatez y se dejan de esas milongas del peronismo que no les lleva a ninguna parte. Aunque mi dentista, que es de Rosario, dice que todo argentino lleva un peronista dentro. Finalmente, antes de cerrar el portátil, la noticia en la que se fija es de puro esparcimiento: “Ocho apellidos catalanes”, el mejor estreno del año 2015. Habrá que ir a verla. Supongo que será una especie de refrito de “Ocho apellidos vascos”.
   Hoy tiene doble sesión de trabajo en su faceta detectivesca. Tiene que estar ante la puerta del museo cuando entra el personal para ir quedándose con sus caras. Ballarín ha sacado de una web de museografía los distintos tipos de profesionales que trabajan en un museo: vigilantes de seguridad, personal de limpieza, de mantenimiento, de guardarropía, de atención al visitante, recepcionistas, auxiliares de sala, guías internos y externos, educadores, administrativos, personal de gerencia y dirección, documentalistas, restauradores y conservadores. Aparte de los mencionados, los museos de ciertas dimensiones suelen ofrecer servicios complementarios tales como cafetería-restaurante, tienda o hasta en algunos casos parking. Además de todos estos profesionales que trabajan directamente en el museo, hay que añadir aquellos que realizan trabajos puntuales: museólogos, iluminadores, carpinteros, grafistas, museógrafos, diseñadores, músicos, actores, publicistas, etcétera. No podía imaginarse Ponte que en un centro, aparentemente tan estático como un museo, pudiesen trabajar tantos profesionales distintos. La segunda tarea que le aguarda es por la tarde. Acompañará a Ballarín a fotografiar a varios empleados del museo entre los que sospecha que pueden estar alguna de las personas que cegaron las cámaras de seguridad.
   Hace rato que la pareja de vejetes aguarda en la cafetería de la Fundación Jiménez Díaz que mira hacia la plaza de Cristo Rey. Están esperando a que llegue el personal de museo al que Ballarín ha de fotografiar.
- ¿Cómo piensas hacerlo? – Ponte se interesa por el modus operandi que va a utilizar Ballarín.
- He pensado en tres maneras distintas. La mejor es hacerlo a escondidas sin que se entere ninguno de los objetivos y, si es posible, ningún empleado o cliente de la cafetería. Para ello cuento a mi favor con la pequeñez de la cámara y que parece cualquier cosa antes que lo que es. Si no puedo hacerlo así, tú me servirás como modelo, como si te hiciese una foto, aunque realmente estaré enfocando a uno de nuestros objetivos. Y otra posibilidad es como si nos hiciéramos un selfie, pero lo que haremos será apuntar al objetivo. Y hablando de objetivos, ¿cómo los has identificado? – pregunta Ballarín que parece no valorar demasiado las dotes detectivescas de su amigo.
- Tampoco ha sido tan difícil. Ten en cuenta que nuestros objetivos, como tú les llamas, llevan uniforme y una placa que pone Vigilante de Seguridad – explica Ponte sin darse importancia.
   No pasa demasiado tiempo cuando entran en la cafetería tres hombres, uno de ellos uniformado y ostentando la placa a la que aludió antes Ponte.
- Mira, ahí está, es el que lleva uniforme.
   Los recién llegados se acomodan en una mesa tras pedir en la barra su comanda. Una vez que los tiene emplazados, Ballarín busca el mejor ángulo desde el que hacer la foto. Lo encuentra en otra mesa que, afortunadamente está vacía, y desde la que tiene una excelente visión del rostro del vigilante. No tiene ningún problema para tomar varias instantáneas con la microcámara sin que, al parecer, se haya dado cuenta nadie.
- ¡Qué sangre fría tienes, Amadeo! Hay que ver lo bien que te has desenvuelto. Yo no sé si hubiera sido capaz. Solo he actuado de señorita de compañía y todavía estoy más nervioso que un flan – confiesa Ponte.
- Confesión por confesión. El que está como un flan soy yo. Aún me tiemblan las canillas, aunque reconozco que no ha sido tan difícil. Claro que con este chisme – dice señalando a la minicámara – hacer fotos sin que nadie se dé cuenta es un juego de niños.
   En los siguientes días la improvisada pareja de detectives consigue grabar en la cámara que maneja Ballarín a otros cuatro vigilantes de seguridad. Todo transcurre sin que pase ninguna incidencia, pese a que en una ocasión se llevan un pequeño susto. Una de las camareras que suele atenderles y que se ha quedado con sus caras les pregunta un día:
- No suelo hacer preguntas a los clientes, ¿pero se puede saber qué es ese chisme tan curioso que les he visto manejar a veces? – y lo dice mientras señala la minicámara que Ballarín se ha dejado descuidadamente encima de la mesa.
   Quien reacciona primero es Ponte:
- Es un microprocesador para controlar el ritmo del marcapasos que lleva instalado mi amigo. Cuando está en lugares cerrados como este y que tienen el ambiente un tanto cargado ha de vigilar el ritmo del cacharro que lleva dentro.
- ¡Un microprocesador para marcapasos! En el tiempo que llevo aquí nunca había oído hablar de semejante chisme. ¡Cómo avanza la medicina!
   Al vigilante número seis no tienen que ir a ninguna parte para fotografiarle. Es un fumador compulsivo y cada cierto tiempo sale a la puerta del museo, enciende un cigarrillo, le da unas cuantas caladas apresuradas y se vuelve a meter. Los dos últimos objetivos, en el nuevo léxico que maneja el dúo de jubilados, los cazan en la cafetería Sicilia ubicada en el cuarenta y cuatro de Isaac Peral adónde suelen ir a tomar el desayuno de media mañana. Después de unos días Ponte, que es quien sigue apostado en los alrededores del museo, llega a la conclusión de que no hay más vigilantes a los que fotografiar. Solo queda el que ha sustituido al que asesinaron el día del robo, pero que únicamente vigila las oficinas de la administración. Así lo informa al resto del equipo.
- Bien, Manolo, has hecho un trabajo espléndido. Al igual que Amadeo con la cámara. Os felicito. Ahora, que tenemos los nombres y los rostros, viene la segunda fase: la de averiguar dónde viven. Voy a repartir el seguimiento de los objetivos entre los tres, exactamente de los que usan transporte público. De los que llegan al museo en coche propio me encargaré yo.
- ¿Y si nos descubren? – pregunta Ballarín con tono de cierta preocupación.
- Os daré unas instrucciones sobre cómo seguir a un individuo sin que él lo note. Por lo demás, una vez metidos en el metro o en el autobús es fácil mantenerse invisible.
- ¿Podemos disfrazarnos para seguirles? – pregunta Ponte con ojos brillantes de emoción.
   Grandal no puede menos que soltar una carcajada y mira con ternura al decano del grupo.
- Manolo, no necesitas disfrazarte, lo que sí has de hacer es ocultar esa melena blanca que te gastas, es demasiado llamativa.