martes, 15 de marzo de 2016

09. Pues no se come tan mal en España



   La falta de tacto que ha supuesto la pregunta de Blanchard sobre si el oro de los Quimbayas era el que robaban los españoles ha encolerizado a Bernal. Atienza, que empieza a conocer a su compañero, ve como a éste se le hincha una vena en el cuello y antes de que salte el primer chispazo se adelanta, aunque decide que el galo se merece al menos una banderilla de fuego.
- Ya sabes lo que pasa con los tópicos de los países, Michel, falsos en la mayoría de ocasiones. Por ejemplo: que los españoles somos ladrones y los franceses cornudos. Digo yo que habrá compatriotas honrados y que todos los tuyos no llevan necesariamente cuernos. Aclarado esto, creo que debemos centrarnos en el caso. Como decía, en cuanto a la orfebrería sus obras eran un prodigio de estética y de finos acabados. Hasta tal punto que el nombre quimbaya se ha convertido en un término genérico para referirse a otras piezas y objetos encontrados en las zonas a que me he referido antes. La técnica que usaban para fundir el oro y lograr el grado exacto de pureza para alearlo con el cobre todavía no ha sido descubierta y sigue siendo un misterio sobre el qué arqueólogos y expertos metalúrgicos siguen discutiendo en nuestros días.
- ¿Y dónde radica el misterio de esa técnica de aleación? – pregunta Blanchard que se ha dado cuenta de lo incorrecto de su pregunta y trata de congraciarse con sus colegas.
- Pues que para lograr el nivel exacto de oro y cobre, como el que ellos consiguieron, hubiesen tenido que emplear hornos que tendrían que alcanzar los mil grados de temperatura para fundir las piezas. Y eso, con los conocimientos genéricos de las culturas precolombinas se antoja como imposible. Quizá emplearon otra tecnología distinta, pero desconocemos cual. Ahí está el misterio, uno de los muchos de esta etnia.
- ¡Vaya con los quimbayas! – exclama el francés -. Son una caja de sorpresas.
- Y uno de los objetos culminantes de su orfebrería son los famosos poporos – prosigue Atienza –. El poporo es una especie de pucherillo cuyo uso principal fue servir de recipiente en un ceremonial religioso en el que la principal sustancia usada era el mambe.
   Atienza parece dar por descontado que todo el mundo sabe lo que es el mambe y no se le ve en disposición de dar mayores explicaciones. Su compañero Bernal es la primera vez que escucha tal término, pero le importa un comino la vida de unos indios que pasaron a la historia. Blanchard está en el mismo caso, pero sigue empeñado en corregir su yerro.
- ¿Qué es el mambe?
- Es una mixtura que nace de la combinación de la hoja de coca tostada y hecha polvo con la ceniza de las hojas del yarumo. Y para evitarte otra pregunta, el yarumo o guarumbo es un árbol que se da en varias zonas de América y que vive en climas cálidos, aunque puede crecer a alturas de más de dos mil metros. Los colombianos creen que este árbol, sus frutos, hojas, corteza, etcétera, tiene tantas propiedades farmacológicas que un solo ejemplar vale por toda una farmacia. La ceniza de este árbol tiene como función liberar el alcaloide de la hoja de coca para dejar al descubierto sus propiedades. Una vez que obtenían el mambe lo combinaban con una pasta de tabaco llamada ambil. Esta mezcla era utilizada como medicina y en los rituales religiosos.
- O sea, que lo que hacían era colocarse – afirma Blanchard -, al igual que hacen ahora tres de cada cuatro garçons.
   La expresión que ha usado el policía francés, propia del argot juvenil, hace sonreír a Atienza que precisa:
- No, no se colocaban. Se drogaban, sí, pero en un sentido muy diferente al actual. Para los quimbayas, como para casi todos los pueblos indígenas sudamericanos, la coca es una planta sagrada que da vida, no la quita, es una medicina que cura cuerpo y espíritu y dentro de esta concepción era como la trataban y utilizaban.
   Bernal, que empieza a conocer la pasión indigenista de su compañero, sabe que cuando Atienza se lanza a explicar lo mucho que conoce sobre las culturas precolombinas el tiempo se le pasa sin darse cuenta. Decide intervenir.
- Caballeros, es la hora de hacer un receso, como diría un sudaca, y tomarse unas birras o lo que toméis los parisinos antes del almuerzo. Por tanto, vamos a cerrar la barraca.
   Cerrar la barraca, repite el francés, ¿a qué barraca se referirá?
   Los policías españoles llevan a su colega galo a una taberna cercana a la Dirección General de la Policía donde se toman unas cañas. El francés pide un perroquet. Como el barman confiesa su ignorancia, Blanchard le explica que es una mezcla de pastís con jarabe de menta y agua. El camarero lo lamenta, lo único francés que tiene es pernod, se tendrá que conformar con ello. La pareja española ha pedido algo para acompañar las cervezas: un plato de encurtidos, unos mejillones en salsa picante y unas cazuelitas de callos a la madrileña que al gabacho le pican como demonios. El francés piensa que en asuntos de mesa sus colegas tienen mucho que aprender, pero recuerda el viejo proverbio de en Roma como los romanos y se abstiene de formular objeciones, no es cuestión de volver a meter la pata. Cuando terminan el aperitivo, Blanchard se pone en plan castizo y exclama:
- Y ahora que hemos comido, vuelta al curro. ¿No es así como lo decís? – El francés ha querido demostrar a sus colegas hispanos que también conoce términos del argot español. Lo que sus paisanos llamarían boulot.
   Atienza y Bernal no pueden por menos que sonreír ante la ingenuidad del francés.
- Lo que hemos tomado no ha sido más que para abrir boca. Comer, lo que se dice comer es lo que vamos a hacer en Casa Nicomedes – le explica Bernal.
   Blanchard no sabe si sus colegas están hablando en serio o en broma, pero enseguida lo descubre cuando llegan al restaurante del tal Nicomedes. El restorán no está nada mal para ser español, piensa el galo; es un luminoso chalé con cristaleras, tiene un cierto aire colonial y una terraza-jardín en la que, en el templado otoño madrileño, se debe estar de maravilla. Pero lo que deja touché al galo es el menú elegido por sus anfitriones, puesto que le han dicho que, dado que es su primer día, la cuenta corre a cargo de la Dirección General. De entrantes toman un tartar de salmón con mango, luego unas anchoas de Santoña con helado de tomate y twister de langostino con salsa agridulce. Como plato fuerte unos raviolis de rabo de toro con muselina trufada de patata violeta. Todo ello regado con un Somontano que lleva al francés a tomar nota de la etiqueta de la botella. Y de postre tarta de manzana con crema de Idiazábal y helado de pacharán. El francés ha de reconocer que el menú no ha estado mal, desde luego a mil  leguas del aperitivo, aunque como buen gourmet opina que los raviolis de rabo de toro no han estado a la altura del resto del almuerzo.
- Pues no se come tan mal en España – admite el galo.
- ¡Nos ha jodido mayo! – replica Bernal -. Lo que pasa es que hoy los barandas se han estirado algo más que de costumbre. Con las dietas que cobramos estos comederos los vemos solo de lejos. Ya verás, ya verás en los próximos días las cafeterías de menús baratos a las que te vamos a llevar.
   Lo que ahora tiene un tanto preocupado al francés es cómo va a poder trabajar mientras sus jugos gástricos luchan para hacerse con los nutrientes del colmado almuerzo. Bueno, piensa, me dejaré llevar y a ver como este par de…, no sabe cómo calificarlos, de excéntricos llevan la sesión de la tarde. Para justificar su posible merma de rendimiento en la segunda parte de la jornada prefiere ponerse la venda antes que la herida:
- Os confesaré algo, no sé si después de un almuerzo tan completo me quedarán arrestos esta tarde para seguir trabajando – confiesa Blanchard.
- ¿Y por qué crees que aquí se inventó la siesta? – pregunta un risueño Bernal a quien el ágape ha puesto de buen humor.

viernes, 11 de marzo de 2016

08. Oro que robaban vuestros antepasados



   A Bernal, que le ha caído mal el franchute, le alegra que pese a su dominio de la lengua desconozca los vocablos poco usuales del español. Pero no se molesta en aclararle el significado de frisar, es Atienza quien lo hace:
- Frisar quiere decir acercarse o estar próximo a algo, especialmente a una determinada edad, en este caso que estaba a punto de cumplir los cuarenta. Prosigo. Como decía, se casó con Purificación Carreño, de profesión sus labores. Tuvieron dos hijos: Clara, nacida en mil novecientos setenta y ocho y David dos años después. Hasta que nació el benjamín, la familia vivió en un piso que tenían en Sevilla la Nueva y que Manuel heredó de sus padres, luego compraron un chalé pareado en Villaviciosa de Odón. La esposa de Ponte falleció en el dos mil cinco. Unos años después vendió la vivienda de Villaviciosa y compró dos pisos en Hilarión Eslava, una calle del barrio de Gaztambide que es limítrofe con la Ciudad Universitaria. Su hija Clara, que se había casado, se quedó a vivir en uno de los pisos con su marido e hijos y Ponte en el otro, donde algún día vivirá su hijo David que está de profesor de español en Estados Unidos. En el plano profesional, el año noventa y dos fue un momento importante para Ponte puesto que su empresa de toda la vida, Hidrola, se fusionó con Iberduero para dar lugar a Iberdrola, la compañía eléctrica más importante del país. A raíz de esa fusión hubo un ere…
- Un expediente de regulación de empleo – aclara Bernal que ya se ha dado cuenta que los acrónimos del español de nuestros días tampoco son el fuerte del franchute.
– Y una oferta de prejubilaciones – prosigue Atienza - con buenas condiciones. Ponte fue uno de los que se acogió a la oferta y al año siguiente, con cincuenta nueve tacos, causó baja en la compañía y engrosó el mundo de los prejubilados. En la década siguiente, viajó bastante, tanto por España como por el mundo, en compañía de su esposa hasta el fallecimiento de ésta. Desde entonces ha llevado una vida tranquila y reglada. Tiene una asistenta que lleva con la familia hace muchos años y que se encarga de la casa y de prepararle las comidas. Por las mañanas, a primera hora, el viejo sale a comprar el pan y de paso se toma un cafelito en cualquiera de los bares cercanos. A media mañana, si hace bueno, saca a pasear a sus nietos. Precisamente en uno de esos paseos fue cuando se topó con el suceso del museo. Este año, como el nieto mayor va a la guardería, solo pasea con el pequeño. Los jueves come con unos amigos jubilados en algún restaurante del barrio y dos días a la semana, martes y jueves juegan por la tarde unas partidas de dominó en el Centro de Mayores de La Moncloa. Y poco más. Como ves, lleva una vida plana y sin mayores incidencias que los alifafes propios de una edad tan avanzada como la que tiene.
   El francés está a punto de preguntar que son alifafes, pero se contiene, lo que hace es ahondar en la imagen que se va formando del testigo:
- ¿No tiene ninguna cuenta pendiente con la justicia?, ¿tiene un expediente limpio?
- Cuenta ninguna si exceptuamos alguna multa por aparcamiento indebido, pero eso en una ciudad como Madrid le ocurre al mejor de los ciudadanos.
- ¿Se le conocen vicios o aficiones que necesiten de mucho dinero para satisfacerlos?
- Es hombre bastante moderado en todo. Suele beber un vaso de vino en las comidas y se toma alguna que otra caña, es exfumador, no juega salvo alguna semana que echa una primitiva y en cuanto a mujeres personalmente me da la impresión que ya no se le levanta. En resumen: está más limpio que una patena – afirma Bernal.
- Entonces, ¿ninguna incidencia, nada fuera de lo corriente?
- Nada. El mayor sobresalto que habrá podido tener en los últimos años será que le hayan ahorcado el seis doble en alguna partida – comenta Bernal echándole guasa a su respuesta.
   Otra vez con el español coloquial, se dice Blanchard. Tendrá que sugerirles en algún momento que procuren utilizar la lengua normativa y no la de la calle. ¿Qué será eso de ahorcar el seis doble? Aunque la palabra partida le induce a suponer que se debe tratar de algún juego.
- Alors, ya me habéis descrito la biografía del testigo, ahora solo falta que me contéis los datos del robo que no figuran en el dossier que enviasteis a París.
- ¿A qué datos te refieres? – pregunta Bernal.
- A cuales van a ser, a los del Tesoro de los Quimbayas.
   Blanchard algo sabe del tesoro. Durante el viaje a Madrid entró en internet buscando información sobre el mismo. Después de desechar diversas webs se limitó a leer lo que la Wikipedia recogía sobre esa muestra de la cultura precolombina. Sospecha que sus colegas hispanos saben mucho más de lo que han incluido en el expediente que enviaron a Paris, por eso les pregunta sobre ello. Antes de contestar al francés, Atienza y Bernal se miran. El de la judicial se encoge de hombros y le pasa la pelota a su compañero:
- Lo del tesoro de los indios mejor te lo cuenta Juan Carlos, que de eso lo sabe todo.
   Atienza asiente e inicia su exposición, se le nota que está en su elemento.
- Antes de hablar del tesoro, te voy a dar algunas pinceladas del pueblo y la cultura que fue capaz de fabricar esa maravilla. La de los quimbayas fue una etnia que vivió en parte del territorio de lo que hoy conocemos como Colombia. Cuando llegaron los españoles estaban organizados en una suerte de federación cuyo centro principal se ubicaba en los alrededores de la actual ciudad de Chinchiná, situada en el oeste del país, y cuyo nombre, en lengua indígena significa río de oro. Los quimbayas opusieron una tenaz resistencia frente a los conquistadores españoles que, tras duras batallas, consiguieron derrotarles. No tanto por su superioridad en número de guerreros, pero sí en lo concerniente al armamento y a las tácticas militares. Tras ser vencidos, los quimbayas continuaron existiendo, pero finalmente como grupo organizado y como cultura desaparecieron hacia principios de mil setecientos.  
- ¿En qué partes del territorio colombiano dices que se asentaron? – quiere saber el galo a quien, al parecer, le gustan las precisiones.
- Sobre la localización exacta hay lagunas, lo que está más documentado es que vivieron en algunos de los actuales departamentos de Colombia, tales como Caldas, Quindío, Risaralda y el Valle del Cauca. En cuanto a su cultura lo que más se conoce de ella es la minería, fundamentalmente aurífera, y la orfebrería. Llegaron a contar con unas técnicas metalúrgicas muy avanzadas para procesar el oro, especialmente para combinar cobre con oro que no abundaba en su región. Esa combinación de oro y cobre, llamada tumbaga, la llevaban a cabo de manera que fueron capaces de dotar a las piezas que elaboraban de un brillo, durabilidad y atractivo realmente espectacular. Fueron unos verdaderos maestros en la fabricación de objetos con metales preciosos, especialmente con el oro.
- Oro que luego se lo robaban vuestros antepasados, ¿no? – pregunta el gabacho con su miajita de mala leche.

martes, 8 de marzo de 2016

Capítulo 2. La policía en acción 07. Un dúo con franchute añadido



   Tras el rapapolvo de su hija conminándole a que nunca más vuelva a hacer declaraciones a los medios, Manuel Ponte le jura y perjura que no volverá a suceder. El viejo coge a su nieto mayor de la mano y se van al parque. Al pasar por delante de la cerrajería que está en uno de los bajos de la finca donde vive, el cerrajero le llama:
- Don Manuel le he visto en la tele. Ha estado usted cojonudo. No sabía que había sido testigo del robo del museo. Me lo tiene que contar.
- Gracias, Marcos. Otro día te lo contaré. Ahora me voy con Gaby al parque.
   Desde la cafetería Rionegrito, uno de los clientes habituales que le conoce y que está tomando una caña en la puerta le grita:
- Señor Ponte, hay que tener un par de pelotas para enfrentarse a los atracadores como usted lo hizo. Bien hecho, sí señor.
   Y así, cada vecino y conocido con los que se cruzan le paran para felicitarle por la entrevista y por su valiente comportamiento en el suceso. Cuando al fin, abuelo y nieto llegan al parque les espera el último y desagradable encuentro.
- ¿Don Manuel Ponte, verdad? Somos de Antena 3 y queremos hacerle una entrevista sobre su testimonio en el robo del furgón blindado.
   El viejo da media vuelta y se marcha como si hubiese visto al diablo. Buena se pondrá su hija como se entere de que le acosa la prensa, mejor será no decirle nada.
   Mientras, la investigación sobre el caso del Museo de América, que en la jerga policial ha pasado a denominarse “Caso Inca”, sigue adelante a trancas y barrancas. Los dos inspectores encargados de coordinarlo han sido rápidamente bautizados por sus compañeros. Lo han tenido fácil. Les han puesto de mote el Dúo Sacapuntas, por un cierto parecido con una pareja de humoristas españoles que se hicieron famosos en la década de los noventa. Atienza es alto, delgado, desgarbado y con cara de ratón de biblioteca, apariencia a la que ayudan unas gafas montadas al aire y una nariz larga y afilada. Ello no impide que sea considerado como uno de los más agudos integrantes de la Brigada de Patrimonio. Bernal es bajo y rechoncho. Tiene la cara redonda en la que lo más destacado es una nariz aplastada, como la de un boxeador, y unos ojillos a los que parece que no se les escapa detalle. Sus colegas de la judicial le consideran un policía competente y tesonero. Hoy están reunidos en la Comisaría General, el jefe les va a presentar a un inspector que ha mandado la Dirección general de la Policía Nacional de Francia puesto que el furgón robado procedía de París, ciudad en la que el Tesoro Quimbaya había sido expuesto durante unos meses en el Museo du Quai Branly y francesa era  la empresa que transportaba el cargamento.
   El inspector galo se presenta como Michel Blanchard, del Servicio de Cooperación Técnica Internacional de Policía (SCTIP). Es de mediana edad y, dado como viste parece que acaba de salir de un tailleur du Faubourg Saint-Honoré. Por lo demás, parece una persona correcta aunque un pelín autosuficiente. No tiene problemas para entenderse con sus colegas pues habla un excelente español. No es raro, su apellido materno es Prieto, de los Prietos de la extremeña villa de Herrera del Duque, aunque es un dato que oculta celosamente a lo que le ayuda que en Francia se pierde el apellido materno. Eso sí, cuando habla en español tiene la propensión de usar de vez en cuando expresiones de su lengua paterna.
   Una vez hechas las presentaciones, los españoles le hacen un resumen de cuanto han averiguado hasta el momento sobre el robo del furgón y la posible identidad de los atracadores. La explicación es breve: tienen varias líneas de investigación abiertas, pero ningún resultado de momento. Desconocen la identidad de los delincuentes y no han encontrado el furgón. Precisamente, hallar el vehículo es una de sus prioridades pues están casi seguros de que el coche no ha salido de España y, posiblemente, ni siquiera de Madrid, lo que hace que su radio de búsqueda sea relativamente más factible.
   Tienen otra pista aún más prometedora: las cintas de las cámaras de seguridad están en blanco. El día del asalto, las dos cámaras apostadas en el ángulo izquierdo del museo, según contemplas la fachada, no funcionaban. Fueron las dos únicas cámaras que estaban estropeadas esa jornada. Hecho que les induce a pensar que posiblemente los atracadores tengan algún cómplice entre los empleados del museo. Han interrogado a todo el personal del centro, así como a los técnicos de la empresa encargada del mantenimiento de los sistemas de seguridad sin haber obtenido resultados concretos, pero siguen insistiendo en esa pista.
   Mientras, el único testigo del caso hace ya días que no abre el Kiosko. Con tantos lances y emociones lo de repasar la prensa ha quedado postergado. El miércoles, 28 se decide a hacerlo. Pulsa la web de El Mundo. La portada, con todo su colorido se despliega ante sus ojos. La foto que hoy le llama la atención es la instantánea que recoge el momento en que Pau Gasol le pone un tapón a Le Bron, una de las estrellas de la NBA. Este chico es realmente bueno, piensa el viejo. En la columna de la izquierda un rosario de noticias sobre el secesionismo catalán: Cataluña Sí que es Pot apuesta por el referéndum para frenar a Junts pel Sí y la CUP, La desconexión de Cataluña va en serio, Cuatro causas judiciales contra la familia Pujol y siguen más informaciones y artículos de opinión sobre el mismo asunto a los que ya casi no presta atención. Estos van a terminar siendo independientes a base de aburrirnos a todos, se dice. Otro titular concita su atención: Austria construirá una valla en la frontera con Eslovenia para detener a los refugiados. No será con vallas como vais a parar a esa marea humana que huye de la guerra y del hambre, piensa. Y hasta ahí llega.
   En tanto el viejo está cumpliendo con uno de sus diarios ritos, los dos inspectores encargados del Caso Inca siguen contando al policía francés que se les ha unido como van las investigaciones sobre el suceso. Cuando concluyen la exposición, Blanchard sintetiza lo más significativo en una sola frase:
- O sea, que solo hay un testigo ocular, el viejo que estaba en el exterior del museo.
- Bueno, también tenemos las cintas de las cámaras de seguridad del Faro de Moncloa, que esas sí que funcionaban. Lo que ocurre es que dada la altura del faro y el ángulo cenital en que están colocadas lo que se ve en las cintas es una visión muy escorzada, lo que las hace poco valiosas. Asimismo, contamos con las cintas de las cámaras de videovigilancia de la Agencia de Cooperación, el edificio contiguo al museo, en las que solo se ve el paso de los vehículos, pero que nos has permitido determinar la hora de la llegada de los atracadores – explica Bernal.
- Por tanto, la mejor y hasta ahora única fuente que contamos sigue siendo la del viejo. Contadme más de él – insiste Blanchard.
   Atienza abre una carpeta y hace un resumen de los muchos datos que tienen sobre la biografía del testigo del que, prácticamente, lo saben todo.
- Manuel Ponte Fernández, natural de Sevilla la Nueva…
- ¡Un andaluz! – exclama el franchute, como si el hecho de ser de la tierra de María Santísima fuera un dato importante para la investigación
- Sevilla la Nueva es un pueblo de la Comunidad de Madrid que está a unos cuarenta kilómetros de la capital – explica Bernal con una media sonrisa pelín irónica.
   El gabacho no parece molesto por su ignorancia de la geografía española, se limita a asentir. Atienza prosigue:
- Hizo estudios primarios, bachillerato y un grado de formación profesional en centros públicos. Muy joven entró en la empresa Hidroeléctrica Española como lector de contadores. Fue ascendiendo en la compañía hasta llegar a dirigir el Servicio de Reclamaciones, actualmente reconvertido en Departamento de Atención al Cliente. Se casó tarde, frisando los cuarenta…
- ¿Frisando? – inquiere el gabacho, cortando la exposición de Atienza.