martes, 4 de agosto de 2015

6.12. JV number one



   Senillar ya tiene nuevo Ayuntamiento y un novel alcalde. No queda claro si los vecinos se han apercibido que también tienen un nuevo cacique. Gimeno, el actual hombre fuerte, tiene en su mente decenas de proyectos y planes para mejorar el pueblo en todos los ámbitos. Está especialmente interesado en un proyecto que, paradojas de la vida, combatió en tiempos no demasiado lejanos: la posibilidad de dotar al pueblo de industrias, aunque sean pequeñas, para que los jóvenes no tengan como único futuro el trabajo agrícola. Sabe que va a ser una aventura complicada, pero no se arredra fácilmente y diseña un plan para intentar que se instale alguna industria. Visto el fracaso que tuvo el plan de Paco Vives para crear fábricas de cerámica, opta por instalaciones más modestas y que puedan aprovechar las materias primas del pueblo: conserveras de productos vegetales o de envasado de frutos secos; en fin, industrias que ofrezcan nuevas y más prometedoras salidas laborales que las actuales. El plan lo presentará en el Gobierno Civil el alcalde, a quien acompañará. Tiene una duda: piensa que serán muchos los que recordarán el pasivo papel que jugó en el similar proyecto que, no hace demasiados meses, planteó Paco Vives. ¿Qué dirán ahora, qué pensarán? Como siempre que le asaltan dudas lo debate con su esposa.
- José Vicente, no debes de preocuparte por lo que vayan decir. La gente habla por hablar. Opino que debemos de ir acostumbrándonos a llevar adelante los proyectos que entendamos que son interesantes para nosotros y, por supuesto, para el pueblo sin dar ningún valor al qué dirán.
- Estoy de acuerdo, Lola, aunque no deja de fastidiarme que seguramente tendré que soportar algún que otro puyazo malintencionado.
- Eso forma parte de tu trabajo. Te recuerdo esa frase que sueles repetir: que un político tiene que desayunarse todas las mañanas media docena de sapos.
- Claro, claro, pero seguirá dándome mil patadas cuando oiga aquello de que cuando el plan fue de otro me opuse y ahora que es nuestro lo apoyo
- Eso es el pan nuestro de cualquier político. Cuando está en la oposición sostiene unas posturas y al llegar al poder defiende las contrarias. En cambio, a mí lo que me preocupa es el propio proyecto, no tanto por su contenido sino por el momento en que vais a presentarlo. El país está en bancarrota y supongo que las arcas estatales solo deben de tener polvo. No sé si no tendríais que esperar, pero, en fin, tú resuelves. Y otro aspecto que tampoco me parece prudente es que acompañes a Fernando. Debías de enviarlo solo, al fin y al cabo el alcalde es él.
- Se lo prometí, Lola. Es la primera vez que visita el Gobierno Civil y está más nervioso que un flan. No quiere quedar mal y temo que el ambiente le imponga. No puedo dejarle solo, cariño. Tengo el compromiso y hasta el deber de arroparle.
   Marín y Gimeno presentan al Gobernador el que han denominado Plan de Proyectos Industriales Senillenses que, naturalmente, necesitará para su puesta en marcha financiación y créditos de las entidades oficiales. El poncio escucha muy atentamente la explicación sobre el proyecto que José Vicente realiza con su acostumbrada fogosidad y brillantez. El resultado no puede ser más decepcionante para los dos munícipes. La primera autoridad provincial, después de celebrar las excelencias del plan y felicitarles por la magnífica idea que dice mucho de su interés por el pueblo, no tiene más remedio que echar agua al vino de sus afanes. El país continua viviendo en una dramática situación: sigue la enorme carencia de productos básicos apenas paliada por las cartillas de racionamiento, prosigue la pertinaz sequía que provoca unas escuálidas cosechas y que genera que la situación eléctrica se mantenga tan difícil como en años anteriores pese a la continua construcción de nuevas centrales térmicas e hidráulicas… El Gobernador sigue desgranando el rosario de penalidades y carencias que aquejan a la España de la posguerra pese a los ingentes esfuerzos del Régimen que, bajo la suprema dirección del Caudillo, terminarán por convertir a la nación en un país que será la envidia del mundo entero, pero mientras llegue ese día habrá que apretarse el cinturón, por lo que planes tan ambiciosos y con tanto futuro como el presentado tendrán que esperar a que llegue su momento.
   Cuando Gimeno le cuenta el resultado de la visita al Gobierno Civil, Lola más que consolar a su marido puntualiza:
- No quisiera repetir esa frase tan odiosa de ya te lo dije, José Vicente, pero tal y como presumía hemos cometido un doble error: primero, presentar un plan para el que el país, y en eso estoy de acuerdo con el Gobernador, no está preparado todavía, y segundo, acompañar a Fernando en la presentación. Tendrías que haberle mandado solo, así hubiese sido el único en estrellarse. Deberías de hacerme más caso y no cazar con tanta alegría, aunque también podemos extraer una lección: hay que analizar con más detenimiento los asuntos que vayan a presentarse al Gobierno Civil. 
- Bueno, amor, lo hecho ya es historia. Lo importante ahora es estudiar qué vamos a hacer porque la mayoría de nuestros planes giraban en torno al proyecto de industrialización.
- Lo que hay que hacer ahora es sentarse y esperar a que cambie la situación, que mejoren las cosas, que la economía funcione, que todo vaya normalizándose.
- Pero eso puede durar años.
- Es posible, pero ¿por qué darnos tantas prisas?, si el que manda en el pueblo ya eres tú.
- Sí, pero mandar por mandar no tiene mucho sentido. Se supone que los que tenemos poder es para usarlo en beneficio de los ciudadanos y para eso hay que hacer obras, actuaciones, planes; en fin, que la gente vea que nos movemos – arguye Gimeno.
- En teoría supongo que será así, pero ese principio habría que matizarlo. Se pueden y se deben hacer proyectos cuando hay medios para ello, pero si no los hay lo mejor es esperar a que cambie el signo de los tiempos. No hay nada más frustrante que comenzar una obra y dejarla a medias porque se han agotado los fondos. En la situación actual mi opinión es que hay que aplicar la máxima que preconizaba San Ignacio de Loyola: en tiempo de desolación nunca hacer mudanza.
   Lola tiene razón, al menos en parte: su marido se ha convertido, de la noche a la mañana, en el nuevo cacique. El viejo, Benjamín Arbós, sigue teniendo influencias y amigos, pero poder, lo que se dice poder, lo tiene todo Gimeno. Es el jefe local y, en la práctica, también ejerce de alcalde por persona interpuesta. Eso quiere decir que tiene todos los resortes del poder político en su mano. En el plano profesional, aunque teóricamente tiene un superior por encima de él, como secretario de la cooperativa agrícola es quien hace y deshace en los asuntos agrarios de la localidad, que es tanto como decir que también es quien maneja la economía local. A través de Bosch, sino decide sí influye igualmente en los asuntos del coto arrocero. El juez lo ha designado él y por mucho que Lapuerta sea un hombre independiente le debe el cargo. Hasta el párroco, mosén Bautista, que es bastante cazurro y le gusta muchísimo el poder, ha sabido entender que a quién hay que bailarle el agua es a José Vicente. Al fin, y gracias en buena parte al maquiavelismo que ha sabido desplegar Lola, es el número uno. Su esposa es la primera en ser consciente de ello, por eso con motivo de su onomástica elabora una tarta, con la ayuda de su amiga Fina, en la que se puede leer: JV number one.
- ¿Y eso qué quiere decir? – pregunta Fina.
- Literalmente, número uno. En otras palabras, que quien manda de verdad en el pueblo es José Vicente.
- No hacía falta que lo pusiéramos en la tarta, eso lo sabe hasta el último gato.

viernes, 31 de julio de 2015

6.11. Cariño, eres un genio



    Tras el cambio de impresiones entre José Vicente y Lola sobre el candidato buscado para relevar a Vives, él se marcha a la cooperativa y ella a la Moda de París. Uno de los acuerdos que tomaron antes de casarse fue que, mientras no llegaran los hijos, ella seguiría ayudando a su madre en el modesto establecimiento de modas. Realmente hace más que ayudar, es Lola quien lleva prácticamente el negocio. Las tareas de la casa nunca le gustaron demasiado y, por el momento, cuenta con una muchacha, Laurita, que se encarga de los trabajos más rudos. Continuar tratando a las clientas le permite mantener un contacto fluido con el mujerío local, aspecto a cuidar por parte de la esposa de quién se ha convertido, prácticamente, en el cacique del lugar.
   Cuando a mediodía Gimeno vuelve a casa, tras dar un par de besos a su mujer le cuenta lo que ha pensado sobre como arropar al candidato a alcalde que han elegido con concejales idóneos:
- Lola, ¿sabes en quién he pensado cómo posible concejal? En Julio Bosch. ¿Qué te parece?
- Le tengo poco tratado, pero, hasta donde sé, creo que tiene muchos de los perfiles que dibujamos para los candidatos. Lo que ya no sé es si será de los que termine creyéndose que un concejal manda. También desconozco de qué pelaje es su mujer.
- A él le conozco bastante bien. Es hombre tranquilo, serio, poco dado a ponerse plumas y más bien apolítico. En el pueblo tiene fama de buena gente y está bien considerado, tan es así que ostenta el cargo de vicepresidente de la comunidad de regantes del coto arrocero. Si contáramos con él tendríamos el apoyo, al menos indirecto, de los arroceros. En cuanto a su mujer, la verdad es que poco puedo decirte de ella. 
- En principio me parece un buen candidato. De su mujer no te preocupes, ya me encargo de enterarme de dónde le aprieta el zapato. ¿Has pensado en más gente?
- Sí, pero no acabo de decidirme.
- En cuanto a Bosch, ¿piensas hablar en seguida con él?
- De momento no le diré nada. No sea que comience a correr el rumor y la liemos. Voy a esperar a hablar con el Gobernador a ver qué me dice. No sea también que Germán se haya pasado de revoluciones y tengamos una desagradable sorpresa. ¿No lo ves así, Lola?
   Como le sopló el secretario de la Jefatura Provincial, Gimeno es convocado a Valencia y el Gobernador, sin demasiados preámbulos, le comunica que ha resuelto nombrarle alcalde. José Vicente, que ha preparado exhaustivamente la entrevista al alimón con su mujer, explica a su jefe que, naturalmente, está a disposición de lo que ordene el mando, pero que entiende que sería más oportuno, en estos momentos, que los dos cargos más importantes de la localidad no concurriesen en la misma persona. Por eso se permite el atrevimiento de proponer el nombre de una persona de absoluta confianza política, un hombre de derechas de toda la vida, y que tiene buena fama y mucho prestigio en el pueblo. Responde de él y le garantiza al jefe que si le designa alcalde se acabarán los problemas políticos en Senillar. Termina convenciendo al preboste y sale del Gobierno Civil con su propuesta aceptada. Inmediatamente se pone a trabajar para reunir a un equipo de concejales lo más compacto y aparente posible. Al pensar en ello a Gimeno se le ocurre otra idea:
- ¿Sabes qué he pensado, cielo? Que voy a hablar con Lapuerta a ver si le convenzo para que acepte formal parte del nuevo Ayuntamiento como concejal.
- ¡Caramba, José Vicente, esa si qué puede ser una buena jugada! Don Manuel es el hombre con mayor prestigio en el pueblo. Nunca habría pensado en él.
- Ya ves que tu marido está haciendo progresos.
- Y es bien cierto. Aunque te adelanto que no te va a resultar fácil convencerle. Don Manuel es un hombre complejo. ¿Sabes qué decía de él aquel maestro del que te hablé?, que era uno de los espíritus más libres que había conocido, pero que también era un hombre lleno de contradicciones.
- De todos modos lo voy a intentar, todo será encontrarle una gatera por donde entrarle.
   El médico, como apuntó Lola, resulta un hueso duro de roer. A los argumentos que esgrime Gimeno, les da la vuelta con absoluta facilidad. No está dispuesto a servir de corifeo a un alcalde que, como sabe perfectamente, no será más que un títere en manos del joven político. José Vicente está a punto de abandonar su intento cuando recuerda algo del historial del médico que puede ser el portillo por donde penetrar en su fortaleza. Ya que no concejal tratará de persuadirle de que forme parte del poder local en otro puesto.
- Pues me das un disgusto al no aceptar, Manolo, pero respeto tu decisión, aunque, si he de serte sincero, no comparto muchos de los argumentos que expones. Y puesto que no concejal, le harías un gran favor al pueblo si aceptases ser juez.
   Lapuerta ya fue juez del pueblo antes de la guerra civil y nunca ocultó que no le importaría volver a serlo, le gusta y lo considera un cargo en el que se puede ayudar a la gente.
   En cuanto regresa a casa, a Gimeno le falta tiempo para dar a su mujer la buena nueva:
- ¡Albricias, Lola, lo conseguí en parte! Acabo de fichar al médico, pero para juez. Solo nos faltan tres nombres para completar el equipo. Uno de ellos he pensado que podría ser un Almiñana. Por un lado le pago los favores hechos y al mismo tiempo tendremos a nuestro lado una de las familias más largas del pueblo.
- Fantástico. A mí se me habían ocurrido dos nuevas posibilidades, a ver que te parecen. Opino que tendrías que proponer a un hombre de la confianza de los Arbós. Eso cubriría el flanco del clan y no alteraría el poder real en el Ayuntamiento. Siempre dices que los concejales poco o nada pueden hacer acerca de las decisiones que tome el alcalde.
- Cariño, eres un genio. El día que me dijiste que sí me toco una quiniela de catorce.
- No me adules tanto que me lo voy a creer. La segunda persona que te propongo espero que merezca tu placet. ¿Qué te parece el nombre de José Vicente Gimeno para concejal?
- ¿Yo, concejal? – El asombro de Gimeno es patente -. Me convenciste para no ser alcalde, ¿y ahora pretendes qué sea concejal? Eso es un contrasentido.
- Lo he pensado muy detenidamente. Antes sabías de lo que se trataba en el Ayuntamiento porque Severino Borrás te lo contaba y también te informaba de cuánto se decía en el grupúsculo de los amigos de Vives. Ahora esperemos que sea Marín quién te cuente lo que se dice y se hace en la corporación, pero no podremos estar seguros si nos dice todo lo que hablan de forma oficiosa o fuera de los plenos. En cambio, si formas parte del Ayuntamiento estarás al cabo de la calle de todo. Dicho de otro modo, será mejor estar dentro del consistorio para poder controlar más eficazmente todo cuanto ocurra. Además, así podrás vender a Fernando y al resto de concejales que la mejor demostración de que estás con ellos al cien por cien es que serás uno más del equipo. Otro dato a tener en cuenta es que puede ser una excelente escuela para aprender de manera directa cómo se maneja el Ayuntamiento.
   Algunos días después se constituye el ilustrísimo Ayuntamiento de la villa de Senillar, con la siguiente composición:
Alcalde-Presidente: Fernando Marín
Concejales: Diego Almiñana
                     Julio Bosch
                     José Vicente Gimeno
                     Antonio Vidal

   El pueblo ha entrado en una nueva era, al menos desde una perspectiva política, y en esa era el matrimonio Gimeno-Sales son los indiscutibles reyes.

martes, 28 de julio de 2015

6.10. Necesitamos un hombre de paja



   Veinticuatro horas después de la conversación entre el matrimonio Gimeno-Sales sobre las opciones que tienen ante la posibilidad de que nombren a José Vicente alcalde de Senillar, Lola da con una posible salida que, en el peor de los casos, puede aportar nuevas ideas. Sugiere a su marido que hable con Benjamín Arbós quién, como cacique del pueblo durante muchos años, es posible que tenga algo que decir sobre el recambio en la alcaldía. A esa propuesta su esposo le encuentra pegas.
- Cariño, te recuerdo que hace poco ya hablé con el patriarca por lo del puerto y, como te conté, el viejo tahúr se me escurrió como una anguila; eso sí, siempre con buenas palabras, pero al final no dijo nada que no supiéramos.
- De todas formas, José Vicente, creo que debes volver a intentarlo. Pídele que, en la hipótesis de que algún día cesaran a Vives, te dé su opinión sobre quién podría ser la persona más indicada para sustituirle. Si ese zorrón dijera que tú podrías ser ese hombre, pese a lo que hablamos ayer, sería cuestión de plantearse sí aceptar el cargo.
- ¿Y si lo que me aconseja no nos conviene?
- Bueno, tú tírale de la lengua y luego haremos lo que nos parezca más conveniente. En cualquier caso, alguna pista nos aportará. Recuerda que más sabe el diablo por viejo que por diablo.
   Los argumentos de su mujer terminan convenciendo a Gimeno, que acaba siguiendo su consejo al pie de la letra. Benjamín, que algo debe de barruntarse, le deja hablar sin apenas interrumpirle. Como ha ocurrido en otras ocasiones, el baqueteado cacique no suelta prenda. Llega un momento en que a José Vicente no le queda otra que plantear la cuestión descarnadamente:
- Si se encontrara en la tesitura de tener que dar un nombre como nuevo alcalde, siempre y cuando Vives no siga, ¿quién le parecería que podría ser el hombre adecuado?
   Benjamín se queda mirando a Gimeno, con los ojos semientornados, como si quisiera leerle el pensamiento, y demora su respuesta. Detecta que su interlocutor está un tanto ansioso y cree intuir lo que espera su joven amigo, pero fiel a su instinto de avezado político le da una larga cambiada:
- Verás, José Vicente, la respuesta a tu pregunta no es fácil. En primer lugar, tú mismo dices que el cese de Vives no es seguro ni mucho menos. En segundo, nadie nos garantiza que, en el supuesto de que lo cesen, el Gobernador no tenga ya en cartera un nombre de repuesto. Por tanto, todo esto no es más que hablar por hablar y no creo que nos conduzca a nada.
   Gimeno comprende que no le queda más remedio que soltar más información si quiere obtener respuestas concretas de su taimado interlocutor:
- En confianza, Benjamín, tengo noticias de buena fuente, y por favor que no salga de aquí lo que voy a decirle, de que el relevo de Vives puede estar al caer. Si eso ocurre, y todo apunta a que sí, creo que sería bueno para el pueblo y, ¿por qué no decirlo?, también para nosotros, que el nuevo alcalde fuera una persona de nuestra total confianza. A mí, ya se lo he comentado en varias ocasiones, me gustaría que el alcalde volviera a ser usted, pero dado su estado de salud comprendo que no quiera retornar a la política activa. Por eso he venido a pedirle consejo y a que me sugiera a alguien que sea muy cercano a nosotros – a José Vicente solo le falta añadir ¿y quién más cercano que yo?
   Después de hacerse rogar, Arbós suelta un nombre: Antonio Vidal. Gimeno no puede evitar que un mohín de disgusto se le pinte en el semblante. Después de tanto florete dialéctico resulta que quien propone el viejo cacique es uno de sus hombres de m-máxima confianza, que le profesa una fidelidad casi perruna.
   Concluida la conversación con Arbós, Gimeno vuelve a casa más irritado que otra cosa. Su esposa recibe las noticias que le da su marido casi sin inmutarse, como si las esperase, y deja que el hombre se desahogue antes de dar su opinión:
- Mira por donde, la astucia del viejo nos va a servir. Vamos a seguir su consejo.
- Pero, Lola, ¿estás loca?, ¿crees que es buena idea darle al Gobernador el nombre de uno de los lacayos de Arbós, que no irá ni a mear sin su permiso?
- No estoy pensando en él, pero de la sugerencia del patriarca hay que extraer la conclusión de que ahora somos nosotros quienes hemos de buscar a nuestro particular Vidal.
- ¿Cómo qué a nuestro Vidal?
- José Vicente, cuando te pones de los nervios no das una a derechas. Lo que hemos de hacer es buscar alguien que nos sea tan fiel y leal como Vidal a Benjamín; en definitiva, lo que necesitamos es un hombre de paja. Alguien que se deje llevar, que no sea demasiado ambicioso y que, como dices, aunque es una ordinariez, no vaya a mear sin pedirnos permiso. Cuando lo encontremos, ese será el hombre que tendrías que proponer para alcalde.
- ¿Crees que es mejor eso que aceptar mi nombramiento?
- Estoy absolutamente segura. Teniendo a un hombre de paja en la alcaldía, vas a mandar en el Ayuntamiento y en la jefatura. Por otro lado, no tendrás que soportar las quejas, reclamaciones y gaitas de los vecinos. Irás aumentando tu experiencia política sin desgastarte. Y lo más importante, estarás en situación de afianzar y mejorar tus relaciones políticas en Valencia. Con todo ese bagaje, cuándo dentro de unos años te consideres preparado y haya más bonanza económica, será el momento de acceder a la alcaldía. Si lo piensas, lo único que harás será lo que Benjamín hizo durante muchos años, mandar por persona interpuesta. Creo que es la mejor forma de no quemarse políticamente.
- Sabes, Lola, qué me estás convenciendo… - responde Gimeno, que queda pensativo por unos instantes hasta que un sonrisa le ilumina la cara -. Creo… que ya tengo a nuestro hombre, ¿qué te parece Fernando Marín?
   La mujer reflexiona sobre el nombre que acaba de dar su marido. Es un administrativo de correos ya jubilado. Un hombre sin ambiciones, sin planes de futuro, sin hijos y con una mujer que, por lo que la ha tratado, cree que no es de las que espolean las ambiciones maritales. A todo ello hay que añadir que los Marín, pese a la diferencia de edad, son buenos amigos de los Gimeno y Fernando siente una indisimulada admiración por José Vicente.
- Esposo, estoy orgullosa de ti. Creo que has dado de lleno en la diana. Ya tenemos candidato a la alcaldía.
   A Gimeno le cuesta poco convencer a Marín de que es el hombre más idóneo para ser alcalde: tiene una formación superior a la de la mayoría de la gente del pueblo y todo el tiempo libre del mundo, con lo cual dedicar unas horas al Ayuntamiento incluso le servirá de distracción. Especula, como sin darle importancia, con que seguramente a María Eugenia, la mujer de Marín, le encantará acompañarle en los actos oficiales en los que asistan las esposas y, por supuesto, contará con toda su ayuda, tanto política como personal, en todas las gestiones que haya que llevar a cabo. Para que no le quepa ninguna duda de su absoluta amistad y apoyo todos los días departirán un ratito para ver cómo andan los asuntos locales y entre los dos encontrar las mejores soluciones. Cuando Marín acepta, Gimeno corre a contárselo a su mujer.
- Vida mía, tenemos candidato a alcalde. Me costó un poco convencerle, pero lo conseguí. Solo espero que a María Eugenia no se le suba a la cabeza lo de ser alcaldesa y le coma el coco al marido de que quién manda en el pueblo es él.
- Por María Eugenia no te preocupes. Ya me encargo de ella. Sé cuáles son sus puntos débiles.
- Solo nos resta un fleco por cubrir, rodear a Marín de algunos concejales que tengan buena prensa en el pueblo y que sean bien vistos por la mayoría.
- Bien pensado, marido. A este paso voy a tener que pedir la baja como asesora y conformarme con ser ama de casa.
- Lola, el día que pidas la baja, un minuto más tarde dimitiré del cargo.
- ¿Tanto valoras a la cabecita loca de tu mujer?
- Te lo demostraré esta noche – responde con maliciosa sonrisa.
- Te lo recordaré luego por si se te olvida.
- No te inquietes, no se me olvidará. Lo que si hemos olvidado con tantos juegos florales es concretar qué hacemos sobre el equipo más adecuado para acompañar a Fernando.
- Convendría que fuera gente popular, que todo el mundo conozca, que estén bien vistos y, lo más importante, que sepan quién tiene la sartén por el mango.