viernes, 4 de abril de 2014

3.16. No sé cómo lo vamos a pagar

   A Sergio el apartamento elegido por Lorena no le parece gran cosa. Piensa que es un piso como muchos otros y con una decoración realmente hortera, pero se cuida muy mucho de expresar su opinión en voz alta. Va conociendo el genio y las salidas de tono de su pareja y está dispuesto a tragar carros y carretas con tal de no enojarla. Ni siquiera se ha atrevido a comentar un par de aspectos negativos que ha detectado en la vivienda a tenor de su situación en plano. Los problemas surgen cuando entran en el capítulo económico. Al chico, que algo sabe de números, le parece una pasada que por aquel pisito tan guay y tan molón, como lo califica su chica, pidan treinta y seis millones de pesetas. Opina que es una locura pagar aquel dineral por un inmueble de poco más de setenta metros cuadrados, incluida la terraza, y ubicado en la primera planta con lo que las vistas al mar van a ser problemáticas, aunque la vendedora jura y perjura que la visión del Mediterráneo está garantizada en el contrato.

   Todas las objeciones del chico se derriten, como un copo de nieve en agosto, cuando Lorena le pone morritos y le recuerda que le había prometido que lo comprarían.
- Lo que tú quieras, mi vida, lo compramos y no se hable más. Lo que todavía no sé es cómo lo vamos a pagar.
- Mire, caballero – la vendedora no está dispuesta a que se le escape aquella venta -. Tenemos un contrato tipo, que es el que habitualmente manejamos, pero somos flexibles y procuramos adaptarnos a las necesidades y circunstancias de los clientes. En el caso de una pareja joven como ustedes a los que, permítame decirlo, se les ve tan enamorados, estamos dispuestos a facilitarles el acceso a esta vivienda aún a costa de olvidarnos de algunas de nuestras condiciones. Y le pongo dos ejemplos: uno es que la cantidad de la entrada no es imprescindible que sea la que figura en los papeles, la podemos negociar. El otro es el asunto de la hipoteca. Las cláusulas que figuran en el contrato tipo también podrían adaptarse a sus posibilidades de pago. Si necesita otras condiciones distintas, antes de cerrar la compra tendría que hablar con los del departamento de créditos de Cajaeuropa, que es la entidad que financia la promoción. Pese a la mala fama de los banqueros le aseguro que son gente encantadora y comprensiva y estoy segura de que sabrán encontrar una solución a los problemas financieros que pueda plantearles la adquisición. Eso sí, le ruego que haga la gestión lo más rápido posible porque los apartamentos que restan, entre ellos el que le gusta a su encantadora esposa, están muy solicitados y solo puedo prometerles que lo retendré cuarenta y ocho horas. Si tardan más, mucho me temo que cuando vuelvan ya esté vendido.

   A Lorena solo le faltaba oír eso. Insta a Sergio que al día siguiente pida unas horas libres, toda la mañana si hiciera falta, pero que por la tarde, cuando ella salga del restaurante donde ahora trabaja, han de venir sin falta a cerrar el trato del apartamento, no sea que por una de aquellas se queden sin el piso de sus sueños, dónde van a pasar el resto de sus vidas y criar a sus hijos. Como cada vez que le menciona lo de la prole, al chico se le encienden todas las señales de alarma, le promete, poniéndose muy formal, que al día siguiente solucionará sin tardanza el asuntillo de la hipoteca.
   La sucursal de Cajaeuropa en Senillar no tiene nada que ver con la que había cuando se instaló en el pueblo. Para empezar, la sede ha cambiado y ahora ocupa un céntrico y amplio bajo en el que trabajan el triple de empleados que antaño. Hasta tiene un apoderado, que se ocupa exclusivamente de los asuntos hipotecarios, y que recibe el pomposo nombre de jefe del departamento de créditos. Es quien atiende a Sergio, y que no resulta ser tan comprensivo como había asegurado la vendedora.
- Así que quieres comprar un piso en Los Arrayanes. ¿No eres muy joven para eso? – Da la impresión de que al bancario la juventud de Sergio le da mala espina. No le ve como alguien capaz de hacer frente a un crédito.
- Lo de que sea joven no tiene nada que ver con la petición de la hipoteca – contesta Sergio un tanto mosqueado por la falta de tacto que muestra el empleado.
- Bueno, bueno. La cuestión es si podrás afrontar los plazos. Veamos, ¿qué avales vas a presentar?
- Mi salario – responde Sergio tajantemente enseñando al apoderado el documento de su última nómina.
- Bien. Ganas un sueldo sustancioso, pero necesitamos algo más. ¿Tienes propiedades? – Ante el gesto negativo del joven, añade – Si fuera preciso tendrás alguien que te avale, ¿no?
- No tengo avalistas.
   El empleado duda, mira a Sergio y vuelve a pensar que es demasiado joven para concederle un crédito sin ninguna garantía.
- Me lo pones muy difícil. Tendremos que estudiar tu caso detenidamente.
- No puedo posponerlo. Necesito saberlo ya mismo.
- Las prisas no son buenas consejeras, jovencito, y más en cuestiones financieras. Como acabo de decirte, un caso como el tuyo no es fácil y tendría que consultarlo con la central. Esa gestión llevará algunos días.
- Ya le dije que no dispongo de mucho tiempo. La vendedora solo se ha comprometido a retener el apartamento cuarenta y ocho horas y eso fue ayer. Y, por favor, no me llame jovencito.
- En ese caso, lo siento. No estoy autorizado para efectuar operaciones que entrañan el riesgo que supone conceder una hipoteca sin ninguna clase de garantías y… - el empleado vacila antes de continuar – a alguien tan joven como tú. Y conste que no hay nada personal en ello. Son las normas de la caja.

   Cuando Sergio cuenta a Lorena el negativo resultado de su gestión, la joven vuelve a repetir sus lamentos y quejas. Parece que el mundo se ha confabulado contra ellos para que no puedan disfrutar del apartamento en el que tantas ilusiones han puesto. Sergio trata de consolarla. Todavía guarda un as en la manga. Hablará con el señor Francisco, trabaja con la caja y a buen seguro que conocerá a alguien que le pueda echar un cable.
- Pues claro que sí que lo conozco – es lo primero que dice su patrón - . Habérmelo dicho antes de hablar con uno de esos chupatintas que han traído de la capital. La mayoría de las operaciones las hago con la caja y, por la cuenta que les trae, te prometo que esta vez te atenderán con más respeto. Vas a volver a Cajaeuropa y no hablarás con el membrillo del departamento de créditos sino directamente con Agustín Badenes, es el director. Ahora mismo voy a llamarle para que te atienda personalmente. Y te aseguro que o dejo de llamarme Francisco o en un visto y no visto vas a tener firmados los papeles de la hipoteca. Faltaría más. Otra cuestión, por la vendedora de Los Arrayanes no te preocupes, voy a llamar al promotor y le pediré que te guarden el piso el tiempo que haga falta.

martes, 1 de abril de 2014

3.15. Meterse a redentor es problemático

   En la charla dominical de esa mañana, Pascual Tormo acaba de explicar cómo son los trámites urbanísticos.
- La tramitación, tanto de un PGOU como de un PAI, realizada por el Ayuntamiento es gratuita para los propietarios de los terrenos que, en cambio, si tienen que rascarse el bolsillo en la fase de urbanización. El proceso obliga a cada propietario a ceder una parte de su terreno al propio Ayuntamiento para que éste pueda cumplir con las necesidades de dotar a la urbanización de viales y equipamientos sociales. Los propietarios deben abonar una cantidad fija por cada metro cuadrado que les haya quedado para costear entre todos el coste de urbanizar. ¿Ha quedado claro, alguna duda?
- Pascual – comenta un asistente con pinta de jubilado y en plan confianzudo -, a mí claro me ha quedado, pero por lo que nos contó el otro día Blay en todo ese proceso puede haber mucho gato encerrado.
- No lo niego. Ahora bien, si las cosas se hacen correctamente, y con escrupuloso respeto a la normativa, los beneficiados pueden ser la mayoría de los afectados por el plan.
- Ahí está la madre del cordero – interviene otro -, si las cosas se hacen bien, pero lo que es aquí creo que se están haciendo muy mal. A mí me han contado otra gatada que ha hecho la empresa urbanizadora. Al parecer los terrenos pertenecientes a los espacios públicos como caminos, cañadas, acequias y demás pertenecen a los propietarios del territorio al que sirven; es decir, tendrían que ser de todos, pero resulta que se los ha apropiado la urbanizadora y los del Ayuntamiento se han hecho los locos. Y solo la superficie que ocupan los caminos supone miles de metros cuadrados que los promotores se meten en el bolsillo.

   Otra vez vuelven los murmullos que Tormo intenta acallar retomando su exposición, pero antes concede la palabra al tío Blay que ha levantado la mano.
- La última vez me dejé algunas cosas en el tintero para no hacerme pesado, por ejemplo no os conté lo que ha pasado con el reparto de las parcelas urbanizadas. Yo, infeliz de mí, creía que me iban a dar el trozo de mi huerto que quedaba después de lo que me habían quitado, pero qué va. Me dieron una parcela donde Cristo perdió los zapatos. Más lejos del mar y muy mal comunicada.
- Eso que cuenta el tío Blay es una muestra de la cantidad de oscuros recovecos que tiene el urbanismo – comenta Tormo -. Naturalmente, cada proceso urbanizador es una historia diferente, como es distinto el talante con el que la administración los ejecuta. Desde los consistorios que se atienen a la normativa, los menos, hasta los que actúan en función de los intereses de los promotores, los más – Llegado a este punto tiene que hacer un esfuerzo y morderse la lengua para no soltar que eso es lo que está pasando en el pueblo. Meterse a redentor siempre ha sido problemático.

   La curiosidad de Sergio le lleva a repreguntar:
- Y una vez urbanizada una zona, ¿quiénes son los que realmente se benefician de ello?
- El primer beneficiado es el Ayuntamiento. Al cambiar el concepto del impuesto de bienes inmuebles, más conocido por IBI, de rústica por el de urbana, al ser la tributación de esta última mucho más elevada obtendrá un notorio incremento en sus ingresos. Los segundos beneficiados son los propietarios de los terrenos rústicos que hayan participado en la urbanización, puesto que el valor de la parcela que les corresponda aumenta mucho de precio, dependiendo lógicamente de la demanda de solares. En tercer lugar, los constructores que, aunque sean los últimos en participar, son los que suelen arramblar con parte del león.
- Lo que acabas de explicar ¿siempre es así? Es decir, ¿cuándo se urbaniza siempre ganan todos? – inquiere interesado el joven.
- No necesariamente. Es cierto que el precio del metro cuadrado de rústica se multiplica cuando se urbaniza y que con su posterior venta se puede ganar mucho, pero esto hay que matizarlo. Si el propietario de una parcela urbanizable tiene dinero en efectivo y puede prescindir de él hasta que la venda seguramente podrá obtener un beneficio considerable. Al contrario, aquel que no disponga de efectivo e hipoteque sus bienes, para ganar posteriormente con la venta, corre el riesgo de que no pueda vender la parcela porque haya exceso de oferta o porque decaiga la demanda, entonces se encontrará con el problema de hacer frente a los gastos de la hipoteca, que quizá no pueda asumir, y correrá el riesgo añadido de que le embarguen la parcela y tenga que seguir pagando la hipoteca. Aunque he de precisar que esto no ocurre muy a menudo – al llegar aquí prefiere no entrar en más disquisiciones para no enredar peligrosamente la madeja.

   Tormo no contaba con la insaciable curiosidad, así como con la agudeza de su joven alumno para separar la paja del trigo:
- Profesor, creo que sólo has contestado la mitad de mi pregunta, has hablado de los que ganan y también de los que pueden perder, aunque no siempre, pero no has dicho nada de si, al urbanizar un terreno en un pueblo como éste, hay algunos que siempre pierden. ¿Los hay?
   Ante una formulación tan directa a Tormo no le queda otra que coger el toro por los cuernos:
- Sí, los hay. Unas veces los que pierden son personas de carne y hueso. Otras, son aspectos inmateriales o intangibles o naturales. Pondré algunos ejemplos. Personas que pierden: cuando los costes de urbanizar un territorio son tan elevados que muchos de los propietarios, como expliqué antes, no pueden costearlos, por lo que han de hipotecar sus bienes o malvenderlos para poder hacer frente a tales gastos. Otra clase de perdedores son los de aquellos propietarios que, por los motivos que fuese, no querían que se urbanizara sus propiedades y han tenido que doblegarse puesto que la norma así lo impone. Es el caso del tío Blay. En alguna medida esa normativa tiene un cierto carácter confiscatorio y eso atenta contra la libre opción de cada propietario a urbanizar o no. Naturalmente que hay perdedores, podría citar más ejemplos, pero creo que con los mencionados son suficientes. ¿Aclarado?
- Aclarado el supuesto de las personas que pierden, pero has hablado de que también pueden ser perjudicados aspectos inmateriales, intangibles o naturales. Eso no lo has explicado – insiste Sergio.
   Tormo piensa que deberá tener una conversación privada con ese chico para que no siga pasándose de listo, pero acepta el envite:
- Empecemos por los aspectos naturales. Urbanizar supone alterar profundamente el paisaje: arrancar árboles y plantas, eliminar cultivos y pastos, derruir cabañas, casetas de campo, parideras, majadas; en fin, todo cuanto los urbanizadores cataloguen como un estorbo. Y luego están otros efectos, claramente perdedores con el urbanismo. Por ejemplo: la impresión de desolación, de proyecto inconcluso que producen aquellas urbanizaciones en las que, por múltiples causas, no llegan a construirse inmuebles. Todos habéis visto alguna urbanización del tipo al que me refiero. Esos terrenos urbanizados en los que no hay más que solares sin viviendas, puntos de luz que no se encienden porque no hay nada que alumbrar, viales sin coches, aceras sin peatones, etcétera, producen una especie de profunda tristeza. Podría poner muchos más ejemplos, no lo voy a hacer por dos motivos: el primero es que lo de meterse a redentor no va conmigo y puede ser problemático, el segundo y más importante – y lo que dice a continuación lo acompaña con una sonrisa cómplice con sus alumnos - es que hemos cumplido con creces el horario. Por consiguiente, que tengáis un feliz domingo y hasta la próxima charla que, os recuerdo, será la última.

viernes, 28 de marzo de 2014

3.14. Esgarraet versus esqueixada

   Los consejeros de BACHSA se interesan por él nuevo equipo del gobierno municipal en su habitual visita semanal a Senillar.
- ¿El nuevo alcalde nos creará problemas con las recalificaciones? – pregunta Huguet.
- Ninguno. Además de correligionario es viejo amigo mío. Vamos, que me come en la mano. Hará lo que yo le diga – alardea Arbós.
- ¿Y el concejal de urbanismo? ¿Es el mismo, no?
- A ese habrá que atarlo corto. Temo que Armengol quiera aumentar su cuota de participación en las operaciones – comenta Garcés usando un lenguaje donde el eufemismo es la norma.
- En los últimos meses nos han dicho del estudio del arquitecto que en el Ayuntamiento, sin oponerse frontalmente a ningún proyecto, les plantean bastantes pegas técnicas, todas solucionables pero que suponen retrasos y por tanto costes adicionales – se queja Cardona.
- Es que el secretario y los dos técnicos también quieren un aumento de prima – les informa Garcés.
- ¿Cómo habéis pensado persuadirlos a todos para que colaboren con más entusiasmo? – quiere saber Cardona.
   Arbós y Garcés intercambian una mirada. El primero hace el gesto de dar la palabra a Amador.
- Hemos acordado que con el alcalde trate José Ramón, que para eso son compañeros de partido. De Armengol se encargará Badenes, ya lo hizo anteriormente. En cuanto a los técnicos seré yo quien les haga entrar en razón. Al final, ocurrirá lo de siempre: un tira y afloja sobre las cantidades a percibir que terminará con acuerdo. Procuraremos que sea lo menos gravoso para nuestros intereses.
- Me parece bien, pero no seáis cicateros con las primas. Una operación como ésta no puede verse comprometida por un punto arriba o abajo – puntualiza Cardona.

   Arbós no tiene problema alguno con Blasco. Rápidamente se ponen de acuerdo en el monto de lo que irá a parar a las arcas locales del partido, unas migajas, y las compensaciones que va a recibir el alcalde por sus desvelos en pro de unas recalificaciones absolutamente necesarias.
  Badenes lo tiene más crudo con Armengol. Este ya se conoce el teatrillo y no está dispuesto a vender sus prerrogativas en urbanismo por cuatro perras. La negociación es dura, pero acaban llegando a un acuerdo. A ambos les va mucho en ello. Garcés, a quien le han encargado tratar con los funcionarios y técnicos municipales, también consigue un razonable acuerdo.

   Atadas y bien atadas las voluntades de todos los actores que intervienen, de uno u otro modo, en la política municipal relativa al suelo y resueltos los contados flecos que quedaban sueltos, es llegado el momento de visualizar el nuevo acuerdo para la legislatura que acaba de ponerse en marcha. A tal efecto se reúnen políticos, funcionarios, constructores y muñidores para celebrarlo. También han invitado a Agustín Badenes, pero el director de Cajaeuropa ha declinado la invitación, le parece más prudente no dejarse ver. La reunión empieza con mal pie por culpa de los malos modos de Bricart. La camarera que está sirviendo, una chica joven de buen ver, al pasar junto a él le roza involuntariamente. El consejero delegado le da un cachete en el culo.
- Como vuelva a tocarme le parto la cara – es la contundente y áspera respuesta de la joven.
- Niña, tampoco es para que te pongas así. Un culito como el tuyo bien vale una buena propina – y sacando un fajo de billetes pone uno de mil pesetas en el bolsillo del delantal de la camarera.
- El dinero se lo puede guardar para sus fulanas – dice con gesto iracundo la muchacha, pero sin devolver el billete.
   Ante el pequeño revuelo que se ha formado acude presto el maître que ordena:
- Lorena, vuelve adentro, ya me encargo de atender a los señores.
 
   Resuelto el enojoso incidente, Arbós, que adopta el papel de anfitrión aunque la cuenta la pagarán los constructores, es el primero en tomar la palabra:
- Caballeros, antes de que entremos a desollar el toro que nos ha traído aquí, creo que deberíamos pedir, así podremos seguir charlando mientras comemos – ante el asentimiento general prosigue -. ¿A alguien no le gusta el pescado? Lo digo porque he visto al entrar unas cocochas de merluza que aquí las preparan como Dios. Y para quien prefiera la carne les diré que tienen la mejor ternera de la provincia. ¿De acuerdo? Y de entrante, ¿qué os parece unos langostinos de Vinaroz? Ah y un esgarraet de bacalao que es una de las exquisiteces de nuestra cocina.
- ¿Qué es eso? – pregunta Bricart que se precia de gourmet.
- El esgarraet – explica Arbós - es un plato típico de la cocina de esta tierra. Es una especie de ensalada hecha con pimiento rojo asado, bacalao en salazón, ajos y aceite. Aquí también le suelen poner aceitunas negras. Ya veréis como os gustará, el sabor salado del bacalao contrasta con el dulzor del pimiento. Su nombre, literalmente desgarrado en castellano, indica que para prepararlo hay que desgarrar en finas tiras tanto el bacalao como el pimiento. En algunos pueblos de Castellón le suelen añadir berenjena al horno. Algunos chefs modernistas preparan una variante en la que en vez de bacalao ponen mojama, pero para mi gusto no es lo mismo.
- Se parece a la esqueixada catalana – comenta Bricart.
- De eso, nada – niega tajantemente Arbós.
- No es que se parezcan, es que es el mismo plato solo que con nombres distintos – afirma, empecinado, Bricart.
- Puedo aceptar que se parezcan, pero no es lo mismo, el pimiento le da un sabor muy diferente al que le da el tomate y que no tiene punto de comparación – puntualiza Arbós.
   Bricart está a punto de replicar, pero la mirada de Cardona lo detiene, no conviene complicar las relaciones por un quítame allá un plato regional.

   Ultimados los encargos, y mientras toman unas cervezas, los comensales entran en el motivo de la reunión.
- Como habéis comprobado, estamos cumpliendo lo prometido y la progresión de construcción en la zona del Torreón y aledañas va a un ritmo excelente – asegura Cardona -. Ello ha sido posible en buena medida por el apoyo y las facilidades que ha otorgado el Ayuntamiento. Esa acción mancomunada de las fuerzas locales y de la actividad constructora de BACHSA y sus asociados ha supuesto un río de oro para el pueblo, para muchos de sus ciudadanos y para las arcas municipales – Ni una palabra, por supuesto, de lo que ha supuesto para el bolsillo de los comensales -. Nos reconforta comprobar que el hecho de que se haya producido un cambio político no es óbice para que el nuevo equipo de gobierno siga colaborando y prestando su imprescindible apoyo en la empresa común cuyo principal objetivo es el bien del pueblo.
- La verdad es que, si somos sinceros y aquí todos nos vestimos por los pies, debemos reconocer que BACHSA, tan bien representada en esta mesa, ha supuesto que Senillar haya entrado en el camino de la modernidad y también, por qué no decirlo, de la prosperidad – Arbós se está poniendo solemne -. Por eso propongo un brindis por nuestros amigos Oriol y Juan Antonio, a los que deseo larga vida y próspera fortuna.
   Es la primera de una larga serie de libaciones. Mediada la comida y con los ánimos chispeantes, tras un intercambio de miradas con Bricart, Cardona cree llegado el momento de hincarle el diente al verdadero motivo, al menos para ellos, de aquella comida, que no es otro que comenzar a tantear el terreno respecto a sus inmediatos planes: conseguir recalificar más terreno rústico cercano al mar y, como colofón, obtener la recalificación de la joya de la costa senillarense que no es otra que la partida de los marjales.
- Como sabéis todos perfectamente, tanto en la zona del Torreón como en las contiguas el suelo está en vías de agotarse. Es verdad que hay parcelas que están aún sin edificar, el motivo es la testarudez de sus dueños que siguen empeñados en no venderlas. Lo que piden por ellas creo sinceramente que, hoy por hoy, no está a precio de mercado. Quizá algún día tengan que arrepentirse, pero allá películas. Es su problema, no el nuestro. Esto nos lleva a contemplar otros escenarios y a plantearnos otros campos de actuación. La finalidad no es otra que conseguir que el ritmo constructivo no decaiga y la noria de la actividad económica no se pare porque en cuanto hay un parón en el ciclo productivo las teorías keynesianas afirman que…
- Perdona que te corte, Juan Antonio - le interrumpe Bricart que trata de no parecer demasiado grosero -, pero das tantas vueltas y revueltas que al final no sabe uno de qué vas. Lo que queremos plantear es que necesitamos nuevos terrenos para seguir construyendo y hemos pensado en que uno de los más idóneos es el de los marjales.
   Es oír la palabra marjales y un ominoso silencio se cierne sobre la mesa hasta que Arbós en tono festivo, pero sobre todo para distender el ambiente, pregunta:
- Bueno, ¿qué os parecido el esgarraet, a que es mejor que la esqueixada?

martes, 25 de marzo de 2014

3.13. Las tribulaciones del tío Blay

   En la charla de la siguiente semana sobre el boom inmobiliario en Senillar, el profesor Tormo continúa con su exposición:
- Los cambios que se han producido en España han creado una suerte de revolución socioeconómica originada por variadas causas, pero la principal es el boom del ladrillo. Senillar es un ejemplo. Éste era el clásico pueblo de la huerta valenciana con una economía basada en la agricultura y, en una mínima parte, en los servicios. Un municipio con un pobre y rígido mercado laboral que obligaba a muchos jóvenes a salir del pueblo para conseguir un puesto de trabajo. Todo eso es historia. Al igual que en buena parte del país el auge de la construcción se ha convertido en la locomotora que tira de todo lo demás. Desde hace algún tiempo nuestro pueblo lleva camino de convertirse en un centro de vacaciones de sol y playa y para eso hacen falta apartamentos, viviendas unifamiliares, adosados, hoteles; en fin, inmuebles.

   Aprovechando que el conferenciante hace una pausa para beber, uno de los asistentes, un viejo con gafas como culos de botella, interviene:
- A mí lo que me gustaría saber es qué efectos producirá en el pueblo tanta construcción.
- ¿Efectos que producirá? Ya se están produciendo. El paisaje está cambiando, donde había huertos ahora hay edificios. El pueblo casi ha duplicado su población. De una sucursal bancaria se ha pasado a cinco. Donde no había una sola agencia inmobiliaria se ha superado la docena. La oferta de puestos de trabajo se ha incrementado, algo que es bueno, aunque el trabajo adolece de los defectos propios del sector turístico. Resumiendo, Senillar ha pasado de ser una sociedad rural a una semiurbana, de vivir de una economía agraria a otra basada en la construcción y el turismo, de tener un suelo rural a otro urbanizable… Y luego están las consecuencias que podríamos denominar intangibles: son muchos los jóvenes que dejaron los estudios para trabajar en la construcción, el dinero corre generosamente, la gente gasta sin tino y se endeuda alegremente… y una larga retahíla de efectos que harían la explicación interminable. ¿Alguna duda?
   Lo que formula Sergio no es una duda sino una pregunta que escapa a los contenidos del ciclo:
- Y en ese boom inmobiliario ¿cómo puede influir la victoria del PP en las recientes elecciones generales?
- Bueno… - Tormo vacila, no esperaba la pregunta -, eso está fuera del contenido de las charlas, pero de todas formas te contesto: no lo sé. Indudablemente, el hecho de que en los próximos cuatro años rija el país un gobierno conservador cambiará el discurso político, pero me da en la nariz que respecto a la política urbanística las cosas seguirán como están e incluso es posible que se incrementen. El ladrillo es un señor muy poderoso y los políticos, sean del PSOE o del PP, le rinden pleitesía.

   En la siguiente charla, casi antes de que Tormo tenga ocasión de entrar en faena, Sergio le plantea la primera pregunta:
- Me gustaría que nos explicaras – al principio hablaba al conferenciante de usted, atavismo de su formación, pero el profesor insistió en que le tuteara - como se lleva a cabo el proceso de conversión de terreno rústico en urbanizable.
- Bueno, no soy un experto en temas urbanísticos, pero algo sé. Imaginemos dos escenarios distintos. El primero, una localidad en la que se han agotado los solares y hacen falta viviendas. El segundo, otra en la que, pese a que no se necesitan nuevas viviendas, el Ayuntamiento resuelve, consultando o no a sus ciudadanos, impulsar la construcción inmobiliaria. Si ambos casos se dieran en nuestra región, el consistorio podría servirse de una norma de la Generalitat del noventa cuatro que regula el proceso urbanístico. La corporación municipal, ante la demanda en un caso y la decisión política en el otro, escoge una zona rústica; es decir, un sector compuesto generalmente por campos de regadío, de secano, eriales, etcétera, y la convierte en zona urbana. Una vez seleccionados los terrenos se expone toda la información relativa a los mismos para su aprobación por el Ayuntamiento. A ese proceso se le conoce como Plan General de Ordenación Urbana, más conocido por sus siglas PGOU. Transcurrida la etapa de información, los plazos de presentación de alegaciones y demás requisitos, si todo está de acuerdo a derecho, se aprueba el proyecto y se procede a la realización de un PAI. Aunque tampoco es necesario que haya un PGOU para que se apruebe un PAI.

   Esta vez, en lugar de Sergio, es otro asistente el que se anima a preguntar:
- ¿Qué es eso del PAI?
- Significa Plan de Actuación Integrada. En síntesis, es la planificación de los terrenos que se van a urbanizar. Todos los terrenos existentes, salvo aquello que pueda estar protegido, desaparecen como propiedades diferenciadas y se unifican en un solo lote, para que me entendáis en una sola finca, con el fin de redistribuirlo. Entonces la superficie unificada se distribuye en parcelas separadas por viales.
- De eso del PAI, que nos está explicando el Pascual, os podía contar yo un sucedido que es como para mear y no echar gota – dice un vejete.
- Anda, Blay, cuéntanoslo – le anima un compañero sentado a su vera.
- Me tendría que dar permiso el Pascual – puntualiza el viejo, muy circunspecto, dirigiéndose a Tormo.
- Adelante con su historia tío Blay – le anima Pascual.
- Más que historia es un rosario de tribulaciones – precisa el tío Blay -. Pues veréis, mi cuñado Fernando me dijo un día que en la partida del Bordar, donde tenía un huertecillo en el que mataba las mañanas, iban a construir una urbanización y que me expropiarían la finca que heredé de mis padres, que en paz descansen. No le hice mucho caso porque es muy dado a la cháchara, pero cuando empecé a ver gente que iba midiendo y tomando nota de los lindes me lo repensé. Fui al Ayuntamiento y me dijeron que, en efecto, se había aprobado un PAI para aquel sector.
- Pero, tío Blay, al ser usted uno de los afectados tendrían que haberle consultado antes, en la fase de redacción técnica del plan – le interrumpe Tormo.
- Algo parecido les dije, que por qué no me habían informado antes. Su respuesta fue que lo del PAI se había puesto a exposición pública en el Ayuntamiento y que el plazo para reclamar había pasado. ¡Cómo si uno no tuviera otra cosa que hacer que ir a ver el tablón de anuncios! Pero hay más, han tasado la finca por debajo de su valor real. Por otra parte, y según los que saben de esto, la empresa urbanizadora ha presentado un presupuesto como si fuera a urbanizar en medio de la Plaza Mayor. Un presupuesto tan exagerado supone que la cuota de urbanización para cada propietario va a ser muy alta, tanto que muchos no vamos a poder pagarla.

   Sorprendentemente quien pregunta, dirigiéndose a Tormo, es una de las pocas mujeres asistentes:
- ¿Se ha de pagar mucho? De eso de la cuota de urbanización, digo.
- A priori es complicado dar una cifra pues depende de las dificultades que haya en la zona – Tormo sabe que entra en un terreno resbaladizo y opta por no dar cifras concretas -. A más obstáculos para urbanizar más habrá que pagar. A propósito, antes se me olvidó decir que una vez finalizadas esas fases se procede a distribuir las parcelas en función de los metros que aportó cada propietario en su día.
- Esa es otra – añade el tío Blay, quien se va calentando a medida que explica lo sucedido -. De cada parcela edificable, la empresa que urbaniza se ha quedado casi la mitad, o sea que además de dejarme sin huerto encima el terreno urbanizado que me devuelven es mucho más pequeño que antes.
   Son muchos los asistentes que acompañan las últimas palabras del tío Blay con comentarios reprobatorios sobre la manera en que se ha producido el proceso urbanizador que ha castigado a su convecino. Visto que aquello no hay quien lo pare, Tormo decide dar por finalizada la sesión.

viernes, 21 de marzo de 2014

3.12 Un apartamento con vistas al mar

   La promoción de Sergio ha sido recibida por Lorena con tanta sorpresa como satisfacción. Piensa que no va a tener más remedio que cambiar la opinión que tiene de su pareja. No debe de ser tan blando como pensaba cuando el tío de Verónica lo ha ascendido. Porque bueno es el Francisco, en el pueblo tiene fama de negrero y de ser más duro que el pedernal. Y si le ha hecho nada menos que capataz por algo será. Pragmática como siempre, por lo primero que se interesa es por conocer a cuánto ascenderá su nuevo salario. Su segundo paso es echar cuentas y planear en qué gastar los dineros que su chico va a ganar.

   Lorena pronto decide en qué invertir los nuevos ingresos de la pareja. Resuelve olvidarse de los electrodomésticos, y hasta de la compra del BMW, y retoma la antigua idea de cambiar de piso. Claro que ahora no se va a conformar con uno de alquiler. Es la hora de comprar y, por supuesto, nada de segunda mano, quiere estrenar casa. Como sabe demasiado bien donde le aprieta el zapato a su chico, opta por no decirle nada por el momento. Lo que sí hace es tomar inmediatamente dos provisiones: comienza a disminuir gastos a mansalva para poder pagar la entrada y decide visitar a su madre, pues aunque no la tiene en gran aprecio aún considera que con su experiencia de la vida puede ayudarla ante la gran decisión que ha tomado. Tras contarle lo que quiere su madre le aconseja:
- Has de buscar un piso que tenga, al menos, salón-comedor, cocina, dos habitaciones, dos baños, uno puede ser solo con taza y lavabo, y una terraza que, por descontado, debe tener vistas al mar. Sería una memez que viviendo en Senillar no vierais la costa, aunque solo fuera un cacho. Ah, también importa la orientación. Y no te conformes con que te muestren los planos y las fotos esas como pinturas que ponen en la propaganda. Y cuando te enseñen el piso piloto comprueba que las calidades que vienen en los catálogos son las mismas que las del piso, que hay mucho sinvergüenza suelto que solo busca engañar a los incautos. Y aunque te den un precio cerrado y digan que no pueden rebajar nada regatea, siempre les sacaras algo.
   Lorena descubre en seguida que su madre se ha quedado desfasada. Por ejemplo, los pisos piloto ya no existen. En una de las primeras oficinas de información y ventas que visita, una vendedora le informa que hace años que ya no se montan, fueron sustituidos por las maquetas que también han desaparecido. Ahora toda la venta se hace sobre plano, con infografías que ilustran los catálogos, las webs de internet y con la ayuda de las memorias de calidades de los inmuebles.

   Nunca leyó tanto Lorena como durante las semanas en que dedicó casi todo su tiempo libre a la búsqueda de apartamento. Devoró folletos y más folletos, que se cuidó muy mucho de no llevar al piso para evitar que Sergio pusiera pie en pared. En aquellos días se sorprendió de lo complicado que resultaba decidirse. Ella que tomaba una determinación en un abrir y cerrar de ojos, ahora parecía haberse convertido en la persona más irresoluta del mundo. ¡Y es que los apartamentos eran todos tan parecidos! ¡Y los catálogos y propagandas estaban tan bien hechos! ¡Y las vendedoras eran tan persuasivas! Y luego estaba el asunto de los dineros, aunque por ahí no había problema. Todas las promociones ofrecían unas condiciones aparentemente, tan ventajosas que convertían la compra en una auténtica ganga. Solo era necesario pagar una entrada, cuya cuantía era negociable aunque no solía decirse en los anuncios, y de lo demás se encargaba el banco o la caja que financiaba la construcción. No había que firmar más que una montaña de papeles y poco más. La hipoteca cubría el resto.

   Tras semanas de ver promociones, de comparar calidades, de contrastar precios, equipamientos y un montón de variables, Lorena sigue sin decidirse. Cuando está segura de que ha encontrado el piso ideal, de pronto descubre que hay otro que es mucho más molón, o más barato, o está mejor orientado o tiene una carpintería mucho mejor o… Parece el cuento de nunca acabar. Hasta que el azar en forma de la hija de una amiga de su madre le da la elección resuelta.
- ¿Sabes que la hija de Rosita, mi amiga de la colla, se ha comprado un piso en una urba que se llama Los Arrayanes? Dice que es monísimo, todo de primera calidad y con unos acabados que no los va a haber en todo el pueblo. Según ella será lo más de lo más. Unos pisos ideales para gente con clase y con billetes.
- Pues será lo más como dice, pero para gente con clase eso habrá que verlo. Porque la chica de la Rosita tiene la clase en el culo, que lo tiene tan gordo que no podrá pasar por las puertas como no las hagan para tallas especiales. Y en cuanto a billetes, tampoco sé de qué presume, su chorbo no es más que un miserable alicatador, o sea que no puede estar montada en el dólar. Lo que tiene esa cantamañanas es más imaginación que un peliculero.
- Quizá tengas razón, pero algo debe haber de cierto porque según cuentan se los quitan de las manos. Yo creo que no perdías nada en echarles un vistazo.

   Lorena hace caso a su madre y se acerca a la oficina de información y ventas de Los Arrayanes. Pese a que va con el prejuicio de que si allí va a vivir la hija de la Rosita tienen que ser unos apartamentos de medio pelo, nada más hojear la propaganda algo le dice que al fin ha encontrado lo que tanto buscaba. Lo primero que le impacta es la decoración. Resulta tan abigarrada y barroca que deja en un segundo plano el resto de la construcción. Está llena de dorados, de espejos que imitan falsas cornucopias, de volutas de escayola en el doble techo, de una carpintería de estilo renacimiento castellano que no casa con el resto de la decoración, pero que a la joven le parece de lo más guay. Otro detalle que le encanta es el alicatado, que presenta unas cenefas y unos motivos florales que le parecen de lo más molón. Y lo que termina de arrebatarle, y que no ha visto en ninguna otra urbanización, es el hogar que hay en el salón comedor, pequeño pero coqueto, con sus ladrillos refractarios de imitación y una especie de cenefa de hierro bordeando la boca del hogar.
   La vendedora le explica que realmente la urbanización está pensada, más que en veraneantes, para gente que vaya a vivir allí buena parte del año, por eso el interiorista que ha plasmado el diseño ha tenido el detalle de dotarlos de una chimenea en la que pasar el invierno al calor de la lumbre.

   El apartamento también tiene aspectos negativos. Entre ellos que la segunda habitación es poco más que una caja de zapatos, el segundo baño es solo un modesto aseo, que el piso cuesta bastante más que la mayoría de los que ha visitado y que las obras van muy atrasadas por lo que tardarán en entregar las llaves. Todavía descubre otra desagradable sorpresa: pese al elevado precio resulta que la mayoría de la promoción está vendida y solo quedan los apartamentos peor orientados y ubicados en la planta baja o en el  primer piso. Pese a las facetas negativas, a Lorena el piso le ha entrado por los ojos casi nada más ver la infografía. Y toma la determinación sin pensarlo más, al fin ha encontrado la casa de sus sueños. Ahora solo falta convencer a su pareja, pero sabe que eso no va a ser problema.
- Más, más. Así, así. No pares, no pares – la joven grita como una posesa.
   Cuando Sergio hace un supremo esfuerzo y eyacula, ella lanza un postrer gemido como si también hubiese tenido el orgasmo de su vida.
- Muy bien, mi amor. Hoy has estado súper. Hacía tiempo que no me echabas un quiqui tan guay. Cada día me das más gusto. No sabes cuánto te quiero.
   Al chico no le queda resuello ni para contestar. Se ha quedado completamente vacío, pero es feliz. Ni recuerda el tiempo que hace que la joven quedase tan contenta con sus hazañas amatorias. Es el momento que ha estado esperando la lagartona de Lorena para contarle lo del maravilloso apartamento de Los Arrayanes. En esas circunstancias: desnudos en la cama, tras una sesión de sexo que, al parecer, ha sido todo un prodigio y con una mujer que se ha convertido en una gatita mimosa y agradecida por tener a su vera a un súper macho, Sergio es incapaz de decir no a lo que pida la joven. Comprarán el apartamento con vistas al mar. 

martes, 18 de marzo de 2014

3.11. Prisma rectangular de barro cocido

   Sergio ha estado reflexionando sobre la última recomendación que le hizo Dimas, cuando le pidió que le aconsejara sobre cómo actuar mejor en su nuevo puesto de capataz. Llega a la conclusión de que nunca se ha detenido a analizar cuanto  sucede alrededor del mundo del ladrillo. Le queda claro que lo primero que precisa es información: ¿por qué se edifica en Senillar ahora y no se hizo antes?, ¿por qué el ritmo de la construcción es tan acelerado?, ¿por qué los precios de los apartamentos se disparan día tras día?, ¿por qué…? Ahora tiene la oportunidad de encontrar respuestas a sus interrogantes. El Ayuntamiento patrocina un ciclo de conferencias, bajo el título de “Senillar, presente y futuro”, que se impartirán los domingos por la mañana y cuya asistencia es gratuita. Su teórica finalidad es explicar, de manera sencilla y al alcance de todos, el fenómeno urbanístico en el que está inmerso el pueblo. El objetivo oculto, al que aspiran las autoridades locales, es extender entre sus convecinos la idea de que la urbanización de la zona costera es lo mejor que le ha ocurrido al pueblo. La encubierta finalidad del gobierno municipal pincha en hueso pues se han equivocado de medio a medio al elegir el conferenciante.

   Pascual Tormo es la persona menos indicada para conseguir el objetivo al que aspira el Ayuntamiento. Es un ecologista moderado y contrario al desarrollismo salvaje que ha invadido su pueblo, pero en estos momentos se debate entre sentimientos encontrados. Es consciente de que es uno de los contados senillarenses con capacidad y prestigio para encabezar un movimiento ciudadano de protesta ante los desmanes que se están produciendo, pero también sabe que hay muchos intereses creados y habrá una parte de del pueblo que, al estar involucrada en los mismos, los defenderá con uñas y dientes. Su propia familia es una de las que está interesada en el proyecto ya que es propietaria de una finca que los constructores han intentado comprarles en varias ocasiones. Además, como suele ocurrir en las pequeñas comunidades, están los lazos de parentesco, su madre es prima de Javier Blasco, el alcalde. Ninguno de esos argumentos logra calmar su desasosiego por no adoptar una actitud más valiente en contra del urbanismo desbocado que se está viviendo.

   Un conocido le ha comentado a Sergio que Tormo es un tío brillante y que tiene gran claridad expositiva. Sergio no lo duda y se inscribe. No sabe si va a encontrar las respuestas que busca, pero decide asistir a un par de charlas y en función del resultado optará por continuar o no. Como comienza a conocer bien las reacciones de Lorena y presume que no entenderá su verdadera motivación le da otras razones sobre su inscripción.
- Estas majara, ¿a quién se le ocurre ir un domingo a escuchar no sé qué rollos? Estarías mejor descansando que falta te hace y echándome un polvo mañanero que siempre sabe a gloria.
- No creas que me apetece ni tanto así, pero me lo ha sugerido el señor Francisco – prefiere citar a su patrón y no a Dimas - y no puedo desairarle. Le debo mucho.
- No le debes nada – salta como una tigresa Lorena -, lo que se dice nada de nada. Lo que te paga te lo ganas y bien ganado. Lo que tendría que hacer el Francisco es cotizar mejor las horas extras y no chupar la sangre a pipiolos como tú.

   Pascual Tormo, además de impartir lengua española y literatura en el CEU valenciano, dedica unas horas algunos fines de semana a dictar pequeñas charlas para elevar el horizonte cultural de sus convecinos. Lo hace de forma voluntaria y gratuita. Cuando el Ayuntamiento le propuso el tema del ciclo se sorprendió de que hubiesen pensado en él. Suponía que era de dominio público su apoyo a los movimientos ecológicos. No sabe si la invitación es porque los integrantes del gobierno municipal desconocen su faceta de conservacionista o porque buscan una voz crítica que compense, de alguna manera, el laissez faire, laissez passer de los políticos locales en cuanto atañe al urbanismo.
   Tormo, dejando a un lado sus prejuicios, decide que explicará a sus escasamente letrados alumnos lo que es el boom inmobiliario y todo lo que supone para el pueblo, la región y el país, tanto en sus aspectos positivos como negativos. Como acostumbra, en la primera charla inicia la exposición lanzando un anzuelo para concitar la atención de sus oyentes:
- Os propongo un acertijo, a ver si lo acertáis. ¿Sabéis qué es un prisma rectangular de barro cocido cuyas dimensiones permiten que se pueda manejar con una sola mano?
   Generalmente no hay respuestas a sus preguntas, sin embargo, y ante su sorpresa, un chico, a quien no conoce e inusitadamente joven en contraste con sus alumnos habituales, levanta la mano.
- Creo que es la definición del ladrillo.
- En efecto, el ladrillo. De él trata, en buena medida, el contenido del ciclo. Otra pregunta, ésta mucho más difícil. La palabra boom, que a muchos os sonará, es de origen inglés, ¿qué traducción tendría en español?
- Auge, también podría traducirse por expansión – responde el mismo joven de antes.

   Tormo esperaba que nadie supiera lo que significaba el anglicismo, el que al menos uno de los asistentes lo sepa le hace pensar que la media cultural del alumnado está creciendo.
- Acertada traducción. Bien, las palabras sobre las que he preguntado no son más que un mero pretexto introductorio a nuestro tema: el auge inmobiliario y su impacto en la sociedad civil. Como de costumbre, podéis interrumpirme en cuanto tengáis una pregunta que formular. ¿Alguna duda?
   Ante el silencio del auditorio, Tormo prosigue su explicación:
- Primero, una somera introducción. España siempre fue un país más bien pobre, con un paro muchos puntos por encima de la media europea y con escasa capacidad competitiva. A finales de los sesenta, la economía autárquica… –  hace una pausa, piensa que no debe utilizar vocablos que con toda seguridad no conoce su alumnado, por ello se apresura a rectificar – o, mejor dicho, la economía del tipo de Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como, que había primado durante el franquismo se fue diluyendo en la medida que el país se fue abriendo al extranjero y el capital foráneo comenzó a invertir en nuestra nación. Fue con la llegada de la democracia cuando comenzó a fraguarse lo que ha venido a llamarse el milagro español, que no es otro que el espectacular crecimiento económico que se está produciendo. El país, que retraté antes en cuatro brochazos, está cambiando a ritmo vertiginoso. El dinero fácil, consecuencia del crédito barato, genera un auténtico derroche consumista. La amplia demanda de todo género de productos exige una intensa actividad industrial y comercial, lo que provoca una abundante oferta de puestos de trabajo. Y, sobre todo, el espectacular crecimiento inmobiliario se ha convertido en el principal motor de la nueva economía. Ese rosario de causas y efectos convergen en conseguir el logro de ese llamado milagro…
   La mayoría de los asistentes se aburren, son contados los que entienden todo cuanto el universitario les está explicando, Sergio es uno de esos pocos.

viernes, 14 de marzo de 2014

3.10. Sergio promociona

   El señor Francisco, subcontratista para el que trabaja Sergio, le ha mandado llamar. Lo recibe en el cuartucho al que socarronamente llama su despacho.
- Pasa Sergio, siéntate. ¿Un cigarro o prefieres un purito canario de los que yo gasto que son cosa fina?
- Gracias, señor Francisco, con los puros todavía no me atrevo.
- Vamos al grano que el tiempo es oro. Te he llamado porque quiero decirte dos cosas. La primera es que estoy muy satisfecho contigo. Según me cuenta Dimas en este año y pico que llevas con nosotros te has portado con mucha profesionalidad. Has demostrado ser un tipo serio, responsable y con redaños.  
- Muchas gracias otra vez, señor Francisco. No sabe cuánto significan para mí sus palabras. La verdad es que el trabajo nunca me asustó y procuro arrimar el hombro todo lo que haga falta.
- Sí, señor. Eso es lo que asegura Dimas que, además, añade que eres el mejor de su equipo. De ahí la segunda cosa que quiero decirte. Me he quedado con la subcontrata de la instalación de los nuevos bloques de la última promoción de BACHSA. Y, por tanto, necesito montar otra cuadrilla de instaladores. Voy a contratar a unos rumanos que dicen que trabajaban de electricistas allá en su tierra, pero no me fío mucho de esos extranjeros, casi todos se dan muchos humos de que si han hecho esto o lo otro, pero luego en cuanto les pones al tajo resulta que para montar una simple caja de conexiones se hacen la picha un lío. Además, está el problema del idioma. Según ellos aprenden pronto el español porque dicen que su lengua tiene el mismo origen que el castellano, pero de momento solo se enteran de una de cada cuatro cosas que les dices. Te cuento todo esto porque Dimas asegura que, de todo el personal, tú eres el mejor preparado para entenderte con los dichosos rumanos. Por eso, y por todo lo demás, he resuelto nombrarte capataz del nuevo equipo. Tendrás más obligaciones, pero también ganarás más billetes, no tanto como los otros capataces, pero todo se andará.

   A Sergio la propuesta le deja sin aliento. Capataz y con solo veintiún años. Un sentimiento de orgullo le baila por todo el cuerpo. No sabe cómo reaccionar.
- Señor Francisco, esto no me lo esperaba. No sé qué decirle.
- No hay nada que decir. Esta noche te pasas por aquí y te presentaré a los  rumanos. Tendrás que fijarte bien en si valen o no. Y el que no dé el nivel a la puta calle, aunque debes de ir con tiento y tener paciencia antes de largarlos porque encontrar buenos operarios se está convirtiendo en un problema de tres pares de cojones. La chica de administración te dará luego la relación con sus nombres.
- Señor Francisco, ¿usted cree que sabré hacerlo bien? – pregunta el joven que todavía no acaba de asimilar su ascenso laboral -. Y encima con extranjeros.
- Claro que sí. Dimas tiene buen ojo para calibrar al personal y si te ha señalado con el dedo por algo será. Y ya que citas a los extranjeros. Ninguno de esos rumanos tiene los papeles en regla, por tanto tendrás que andarte con mucho ojo por si vienen los hurones de la inspección de trabajo. En cuanto veas a alguien trajeado, que no conozcas, acercarse al tajo los largas o los camuflas a toda pastilla. Que ya me abrieron un expediente el año pasado y todavía está el abogado presentando recursos en lo del laboral, que me traen frito con tanta documentación como piden. Y con una vez que te coja el toro hay más que suficiente.

   En cuanto Sergio llega a casa se apresura a darle la buena nueva a Lorena.
- Mi amor, siéntate porque tengo una sorpresa que darte que te puedes caer de culo.
- Yo también tengo otra – es la respuesta de la joven -, y como eres tan galante y siempre dices que las señoras primero me toca dártela la primera. Por tanto, el que se tiene que sentar eres tú.
   Lorena entra en la cocina y sale con una bandejita de plástico, de esas que venden en los bazares chinos de todo a cien, encima de la cual hay dos vasos, copas todavía no tienen, y una modesta botella de cava de Utiel-Requena. La abre, llena los dos vasos del espumoso y brinda:
- Por el capataz más guapo, más joven y más guay de España.
- ¿Ya lo sabes? – se sorprende Sergio -, ¿cómo es posible? Si me lo acaba de decir el señor Francisco.
- Hace veinticuatro horas que lo sé. Me lo dijo anoche Verónica, se lo contó el Francisco. No sé de dónde saqué el cuajo para no habértelo contado antes, pero quería que lo oyeras por primera vez de labios de tu jefe. Pero no seas pasmao, coge el vaso y brindemos. Por el capataz más molón del mundo mundial.
   A Sergio que su pareja conociera la noticia antes que él le ha molestado, no sabe muy bien por qué, pero no le ha gustado porque esa anticipación hace que le entren dudas sobre si los auténticos motivos de su promoción profesional serán los que enumeró su patrón o tendrá algo que ver el hecho de que Verónica sea, por una parte, sobrina del señor Francisco y, por otra, una de las mejores amigas de Lorena. Todavía está dándole vueltas a la molesta sospecha cuando la muchacha, de un salto, se enrosca en su cuerpo, pega su boca a la suya y le introduce la lengua hasta la glotis. Ahí se acaban las conjeturas del novel capataz y comienza el preludio de una tórrida unión.

   Al día siguiente Sergio madruga, quiere llegar a la obra antes de que aparezcan los operarios, prefiere darle las gracias a Dimas sin demasiados testigos.
- Dimas, no sé qué decirte y cómo decirlo para que sepas lo agradecido que te estoy. Sé perfectamente que sin tu ayuda, tus consejos, tu ejemplo y también con la paciencia que mostraste conmigo al principio nunca hubiese aprendido el oficio con tanta rapidez. Y, por supuesto, gracias de todo corazón porque sin tus informes y tu apoyo el señor Francisco nunca me hubiese nombrado capataz, a mí que soy uno de los últimos en llegar a la empresa. Nunca te lo agradeceré bastante.
- Estudiante, ¿no te has pensado lo de meterte a político? Lo digo porque tienes un pico de oro que da gusto escucharlo y que para decir algo en el que basta con una palabra, tal cual gracias, empleas más de un centenar. Lo dicho, en política ibas a hacer un carrerón, piénsatelo. Y no, no tienes que agradecerme nada. Lo que tienes te lo has ganado a pulso.
- No pienso llevarte la contraria, pero tú y yo sabemos que en la empresa no se mueve ni un pelo sin que tú lo hayas supervisado. O sea que gracias, una y mil veces – al ver el gesto del capataz jefe, Sergio cambia su discurso –, y te prometo que no lo voy a volver a repetir más, pero sí hay algo que quiero preguntarte ¿qué consejo me das para hacerme con la gente de la cuadrilla? Te lo pido por favor porque de mi nuevo puesto no sé un pimiento.
- Lo de dar consejos me repatea casi tanto como lo de los agradecimientos, pero bueno, ahí va un ramillete de ellos – Dimas hace una breve pausa para ordenar sus ideas -. No mandes nada que tú no sepas hacer. No le grites a la gente, cuando tengas que abroncar a alguno de tus oficiales hazlo mirándole a los ojos y hablando en voz baja y grave. Si exiges puntualidad debes ser puntual. Si pides eficacia haz de ser eficaz. Y antes que nada debes ser paciente y más en tu caso con una cuadrilla de extranjeros. Y ya está bien, que cuanto más viejo me hago más me parezco al consultorio de la señorita Francis. Ah, una última recomendación, creo que para redondear tus conocimientos sobre el mundo de la construcción y cuanto le rodea te resultaría útil asistir a un ciclo de conferencias que van a dar próximamente en el pueblo. Y ahora vete de una puta vez que los rumanos te estarán esperando.