Zaca, dado que la decisión de quedarse en el Mas o volver al pueblo ha de ser suya, piensa que lo más sensato es evaluarla sin prisas y para ello es mejor estar solo, sin recibir presiones externas. Se refugia en su habitación y comienza una larga y tortuosa reflexión. Se le amontonan los pros y contras que parecen tener ambas posibilidades, su búsqueda la hace de forma caótica a medida que va cavilando. Llega un momento en que su natural reflexivo y ordenado le lleva a sistematizar su meditación, y decide hacer una lista. Abre una página en blanco de la libreta en que anota sus pensamientos y traza una línea vertical que divide la plana en dos columnas: en la de la izquierda escribe A favor de quedarse. En la derecha A favor de irse. Y comienza a escribir…
En A favor de quedarse el primer punto es… SISCA y lo escribe con mayúsculas para realzarlo. Solo escribe el nombre, no necesita más, sería una redundancia innecesaria describir los motivos de que la pubilla sea la primera baza para quedarse en el Mas. El segundo es el dinero que va a ganar si se queda, siempre una cuestión importante sobre todo para los que no lo tienen como es el caso de su familia. El tercero es una consecuencia del segundo: con lo que puede ganar sus padres estarán en condiciones de comprar una casa propia y ellos y sus hermanos podrán vivir dignamente cuando padre se jubile. El cuarto es el cariño que ha cogido a los moradores del Canònge, en el que incluye el que tiene a sus alumnos masoveritos. En el quinto valora las vivencias que está experimentando y que no tendría en el pueblo: los lunes del mercat y el trajín de Los Masos de La Plana Alta. El sexto y último, por ahora, la vida serena, tranquila y placentera que le proporciona el modus vivendi masovero. Y ahí se queda.
En A favor de irse el primer punto es su familia: el amor de su madre, los consejos de padre, la devoción que le tiene Pedrito, verá cómo crece Chimet, hasta echa de menos sus peleas con Charito. En el segundo anota los amigos: volverá a mantener las interminables charlas con Pifa, se burlará de las boutades de Queralt, se reirá con los chascarrillos de Pitarch. El tercero es el cine: recobrará su pasión cinéfila. Para el cuarto piensa en sus maestros, pero acaba tachándolo, la verdad es que casi los ha olvidado; aunque paradójicamente le gustaría volver a ir al Grupo escolar. El punto anterior le lleva a recordar sus paradas en la terraza del Pincho y lo mucho que aprendía de los contertulios; por lo que en el cuarto pone el Pincho. En el quinto va a escribir las amigas, pero recapacita: ninguna de las chiquillas que son sus amigas oficiales le suscita una gran simpatía, y el punto, de momento, se queda en blanco.
Antes de comparar ambos inventarios ya sabe el resultado: el peso de la lista de A favor de quedarse
es infinitamente superior al de A favor de irse. Si eso se lo cuentan cuando a fines de junio se decía que dos meses en una masía pasan pronto, en relación a su estancia en el Mas en julio y agosto, lo hubiese tomado por una broma de mal gusto.
Tomada la trascendental opción de quedarse, Zaca solo tiene un pensamiento en mente: contárselo a Sisca. Vuelve a la escuela y en el corto trayecto se cruza con la Beltrana que le pregunta:
-¿Te has decidido?
-Ahora vuelvo y se lo cuento.
En el aula, Sisca está con las dos masoveretas enseñándoles a zurcir.
-¡Sisca. Me quedo!
-¿De verdad?
- De verdad de la buena.
La muchacha se arranca y se abraza a Zaca con todas sus fuerzas y, lo más inesperado: le planta un casto y apasionado beso en la boca. Cuando el muchacho quiere devolvérselo, Sisca ya se ha apartado y está gritando:
-¡Se queda, se queda, se queda! ¡Dios mío que alegrón! Cuéntame cómo ha sido.
-Luego te lo cuento. Antes he de decírselo a la abuela y a los masoveros.
La noticia ha llegado antes al cuarto de estar, el señor Zacarías la ha previsto y se la ha contado a los allí reunidos. Cuando llega Zaca, le dan un corto y sonoro aplauso y la abuela, en su nombre y en el de los presentes, le felicita.
-Bachiller, en nombre de todos, gracias por haber aceptado la oferta. Creo, y es una opinión personal, que has elegido la mejor opción. Tu padre nos ha contado que, además de tus otras obligaciones, piensas seguir con el bachillerato. Considero que es una sabia decisión y desde ya te anuncio que contarás con toda nuestra ayuda para que puedas aprobar el cuarto curso. Amigos -agrega dirigiéndose a los masoveros-, estáis invitados a comer. Le diré a Concha que mate unos pollos y que haga una paella que os vais a chupar los dedos. Hay que celebrar la decisión del Bachiller que nos hace felices a todos. Quedaos aquí y os traerán algo para ir haciendo boca. Ah, y un clarete del Mas del Carreró que entra sin pedir permiso. Voy a acercarme a la cocina.
Zaca, que lleva media mañana pensando a cien por hora, cuenta a los masoveros algo que le ha aconsejado padre.
-Aunque no lo he contado antes porque mi padre me lo ha sugerido después, quiero que les quede claro que mi compromiso de quedarme es hasta el verano del año que viene. Después, en función de cómo me hayan ido los exámenes de cuarto decidiré, junto con mi familia, si me quedo para el siguiente curso o no. Deben entender que me estoy jugando mi futuro.
-No te amohínes, chaval. De aquí al siguiente verano pueden pasar un millón de cosas y nadie tiene la vida asegurada –sentencia el Largo.
-Hablando de cosas prácticas –mete baza el Rizos-. Necesitaremos que antes de comenzar, un día o quizá dos, no des escuela. Queremos volver a encalar la sala y hemos de traer más pupitres y otro armario. Ah, Demetrio, tenemos que hablar con los de la Hispano de Fuente En Segures para contratar un autobús más grande.
-Habrá que ir a Benassal. Por cierto, maestro –recuerda el Largo-, repito lo que te dije en julio. Con los críos mano dura, que les quede claro desde el primer día que el que manda eres tú. Y si alguno se pone chulito, nos lo dices y un guantazo a tiempo es mano de santo, se quedan más suaves que la seda –El Largo repite lo que ya dijo en julio.
-No tenga cuidado, Demetrio. Los guantazos sobran. Los chicos son muy obedientes y no he tenido ningún problema disciplinario. Me perdonarán, pero tengo que volver a la escuela.
Al llegar, los alumnos, a quienes Sisca ha contado que Zaca les seguirá dando escuela el nuevo curso, le reciben aporreando los pupitres y se escuchan algunos gritos de bravo y viva el maestro. Cuando se calman, Antoniet Prades, el mayor de todos, se levanta.
-Señor maestro, quiero decirte que, aunque yo no volveré porque he cumplido los quince y he de ponerme a trabajar, estoy muy contento, y todos lo están, porque sigas dando escuela. Eres el mejor maestro que he tenido, que hemos tenido. Y eso es todo lo que quería decir.
Un aplauso cierra la intervención del decano del grupo. Una de las dos niñas de la clase levanta la mano.
-Dime, Fernandina.
-Quiero preguntar si Paquita nos seguirá enseñando costura.
-Claro que sí, Fernandina. Si el señor maestro no se opone –responde Sisca. Zaca le gasta una broma a su amiga del alma.
-Todas las alumnas que quieran que Paquita siga con las clases de costura que levanten la mano -Dos bracitos se alzan. No hay más niñas en el aula.
-Aprobado por unanimidad. Paqui seguirá con nosotros.
-Señor maestro. ¿Qué quiere decir esa palabra: unani… no sé que?
No todos están felices por la decisión tomada por Zaca, hay al menos dos excepciones: una es madre, que reprocha a su marido y a su hijo que hayan tomado la resolución de que el chico se quede sin haberlo hablado antes con ella.
-Madre, perdóneme, pero había que decidirse sobre la marcha. Aunque lo cierto es que no se me ha ocurrido hablarlo con usted, como estaba padre…
-Claro, yo siempre soy la última mona en enterarme de los asuntos familiares. Pero cuando las cosas salen torcidas ¿a quién acudís para que os consuele?
-Rosario, no le riñas, el chaval no tiene la culpa. Estaba muy presionado y he creído que mi opinión contaría con tu apoyo. No ha sido nuestra intención hacerte de menos.
El otro miembro de los Clavijo que está que echa las muelas porque su Tete va a quedarse en el Mas es Pedrito.
-Pues por mí que no se quede. Tete, te vas a aburrir más que un mejillón. Estarás sin amigos y creo que aquí no hay cine.
-Pedri, espero que cuando vaya a visitaros, algo que de vez en cuando pienso hacer, me cuentes todas las pelis que hayas visto y así, aunque sea de forma oral, será como si las hubiese visto.
-No pienso contarte ninguna.
En un aparte, Pedrito explica a su hermano mayor la verdadera razón del por qué está tan rabioso por que se quede.
-… y ahora, Charito será la mayor. ¿Cómo les voy a contar a mis amigos que tengo de Tete a una chica?
La abuela tiene interés en hablar con el señor Zacarías de un asunto profesional antes de que se vayan.
-Verá, señor Zacarías. Primero llegó la electricidad a los pueblos. Y ahora hay algunos masos, los más cercanos a las poblaciones, a los que está llegando. Hace unos meses estuve un día en el Mas de Roures de la Vall d´Alba y me impresionó lo que ha ganado con la luz eléctrica. Estoy dándole vueltas sobre traer la electricidad al Canònge. Usted, que es llumero, ¿cuánto estima que me podría costar traer la luz?
-Dependerá de lo lejos que esté la conexión con una línea de media tensión, que es una red que transporta electricidad a un voltaje entre 1.000 y 35.000 voltios. No conozco las redes que hay en esta zona, pero supongo que… ¿Cuál es el pueblo más cercano al Mas?
-Benlloch.
-Imagino que será Benlloch donde se podrá hacer la conexión. Pero de todos modos, voy a enterarme y ya le contaré.
-¿Usted me recomienda que pongamos la luz?
-Señora Julia. Tener electricidad será como pasar de la noche al día. Y para un mas como el Canònge el beneficio de tener electricidad será doble o es posible que triple. Me explico. Ustedes necesitan bombear el agua, tanto para el consumo casero como para las huertas, tienen una pequeña almazara y un molino de trigo. Todo eso puede funcionar con motores eléctricos que son menos contaminantes, más seguros y económicos que los de gasolina o de fuel. Aparte de que no necesitarán más candiles, velas, petromax y demás artilugios para tener luz. Solo tendrán que dar un cuarto de vuelta a un interruptor, se encenderán las bombillas y habrá luz. Es como vivir en otro mundo. Y no se preocupe por lo que pueda costarles la instalación. El dinero invertido lo recuperarán en poco tiempo y el salto en su calidad de vida será espectacular.
-¿Usted cree?
-Totalmente. Se lo digo, no como llumero sino como el buen amigo que soy. En cuanto llegue a Torreblanca me informaré y le escribiré aconsejándole los pasos que deben dar. Y si quiere, le pondré en contacto con un instalador electricista conocido de Castellón para que le haga un presupuesto de lo que les puede costar electrificar el Mas. E insisto, si pueden y, según me ha contado el chico, sé que tienen poderío para eso y para mucho más, no lo duden: instalen la electricidad y les cambiará la vida. Para bien.
Rosario acuerda con Paca que el próximo lunes irá a Castellón y les hará llegar los libros de cuarto curso de su hijo, así como la ropa de invierno y cuanto necesita para pasar los siguientes meses en el Mas. Antes de la partida, la abuela propone a los Clavijo que en lugar de volver a Torreblanca, vía Benlloch- Castellón, para lo que han de coger hasta tres transportes distintos, Valerio los puede llevar directamente al pueblo con las mulas. Irán por los atajos que cruzan Villanueva de Alcolea y allí cogerán la carretera comarcal que lleva hasta Torreblanca. Si salen a primera hora, para comer pueden estar en el pueblo y al mayoral le dará tiempo a volver al Canònge antes de que cierre la noche. Y se ahorrarán dar un rodeo tan grande. Charo y Pedrito que nunca han hecho un viaje así piden a padre que acepte la invitación de la abuela.
-Ande, padre, dígale que sí. Tiene que ser un viaje de lo más chuli.
-Pero, ¿cómo va a tener Valerio tantos mulos para llevar a cinco personas?
-El Tete, me ha contado que los mulos no son del señor Valerio, que son del Mas. Y que tienen muchos y, además, que son muy mansos –aclara Pedrito.
-¿Y a los Villalonga eso les parecerá bien?
-El Tete dice que quien manda en el Mas es la abuela Julia, que el señor Manuel y la señora Paca no pintan nada –apunta Charito.
-Niña, ten cuidado con lo que dices. Que no te oigan los Villalonga que se pueden molestar.
-Solo repito lo que el Tete me ha dicho. Y si él lo dice por algo será.
Padre acaba por aceptar la oferta de la abuela y acuerdan que adelantarán un día el viaje de vuelta y que se marcharán el jueves, 31. En la cena de la última noche, la señora Concha echa los restos. Prepara un menú que más se parece a los fastuosos banquetes de un palacio real que a los humildes ágapes de una masía de La Plana Alta.
El 31, con el sol asomándose por las crestas de las lomas que bordean el levante de la masía, Valerio tiene cinco mulas debidamente enjaezadas esperando a los Clavijo en la puerta del Mas. Sienta a la señora Rosario, que llevará con ella a Chimet, en la acémila que parece más mansa. Al señor Zacarías, con el que irá Pedrito, le hace montar un mulo equino, el más grande de los cinco animales. A Charito la instala en una mula burdégana, la más chica de todas. En las otras dos mulas va la impedimenta de los Clavijo y el mar de regalos -la mayoría en forma de los frutos que crecen en la masía- que los Villalonga les han hecho y que, por mucho que se negaron a recibirlos, han tenido que aceptarlos ante la insistencia de los anfitriones. Y, bien guardados en la cartera, el llumero lleva los primeros cien duros que su hijo aporta a la cuenta familiar para comprar, cuando tengan ahorrado lo suficiente, la ansiada casa en propiedad.
Los Clavijo se van y su primogénito se queda. Una expectante, aunque incierta, etapa de su vida comienza para Zaca. ¿Con renglones rectos o torcidos? Chi lo sa. El futuro está por escribir y los vericuetos por los que el chico vaya a caminar son imprevisibles. Pero Zaca piensa que, como dice el proverbio popular: el que no se moja no pasa el río.
Si hay que mojarse, se mojará. Adelante, pues, y en definitiva que sea lo que tenga que ser.
PD. El próximo martes publicaré el episodio 82 de la novela “El masover” titulado: El postre del músico
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