Zaca continúa estrujándose las meninges sobre el proyecto del nuevo puesto del mercat del dilluns. Revisando la idea de confeccionar un rótulo para el bisoño proyecto, piensa que debería ser, para que pesara menos, de una tela fuerte y apta para que se pintaran en ella algunos de los futuros masos colaboradores. Incluso ha pensado en la persona que puede hacerlo: el tío Ricardo, el ferretero, cuya tienda está al lado de la iglesia parroquial de Torreblanca, y al que se le da bien el dibujo y es pintor aficionado. Alguien tendría que describirle como son los masos, o suministrarle unas fotografías de los mismos. Y como el título de Los Masos de La Plana Alta es bastante largo, se le ocurre que habría que buscar un acrónimo, pero piensa que resultará complicado que la gente lo entienda, pues en los masos apenas existe la cultura de los acrónimos, por lo que lo desecha. En cuanto a los anuncios, habría que ponerlos en los periódicos locales con más tirada que, por lo que sabe, son dos: El Heraldo de Castellón y el Diario de Castellón. De lo que no sabe nada es de las emisoras que hay en la ciudad. Tendrá que enterarse. Al pensar en los diarios se acuerda de lo que dijo Sisca en la reunión sobre el asunto de Los Masos: que la abuela leía diariamente el Diario de Castellón. “¿Se recibe en el Mas ese periódico?”, se pregunta. Él no lo ha visto. Se lo tendrá que preguntar a Sisca. Y la propaganda en los medios, ¿qué debería decir? Pues que todos los productos que venden Los Masos de La Plana Alta se cultivan, crían y elaboran en las masías; en consecuencia, son naturales, frescos, sin productos químicos y que van del productor al consumidor, sin intermediarios, por lo que sus precios son relativamente baratos y, por tanto, altamente competitivos. Luego piensa en cómo serán los nuevos vendedores que, conociendo a la abuela, probablemente se tratará de mujeres. Otra cuestión que se plantea es: Paca y Sisca que son las que cobran, al ampliarse el puesto, ¿se apañarán para vender y al tiempo cobrar las operaciones que hagan los otros vendedores? Habrá que buscar una solución, pues si no el proceso de cobrar y de dar el cambio puede formar un cuello de botella que podría ralentizar las ventas.
El domingo, la abuela convoca otra reunión para seguir profundizando en el asunto del nuevo puesto del mercat. Los asistentes son los mismos que la vez anterior. Valerio hace un resumen de su visita a las masías asociadas al negocio del mercadillo. Ha cerrado los acuerdos que había negociado con los masoveros y ofrece un dato esperanzador: seis de los masos que, en principio, habían optado por no participar, han cambiado de opinión y se han sumado al proyecto. Julia es la que tiene más noticias de las que informar.
-Tenemos –habla en plural lo que hace que el resto de asistentes se sientan copartícipes del proyecto- en cartera siete posibles nuevas vendedoras –como había pensado Zaca, la abuela se decanta por las mujeres-. Mis dos sobrinas de Villanueva, una de las primas de Manuel que vive en Cabanes, y cuatro masoveras de las masías asociadas. Quizá se necesiten más porque mi hija y mi nieta se dedicarán solamente a cobrar. De entrada y de manera provisional, he planeado que la distribución de las vendedoras será la siguiente: dos se dedicarán a vender aceite, puesto que es el producto que más demanda tiene; una se encargará de los pollos, gallinas y conejos con el apoyo de Anselmo que seguirá de matarife; otra, venderá solo harina, producto también muy demandado; dos venderán los vegetales, y otras dos los productos animales elaborados, me refiero a los embutidos, quesos, miel, conservas, etcétera.
-Abuela –la interrumpe Zaca- según acaba de explicar me salen ocho vendedoras.
Da la impresión de que a Julia no le ha sentado nada bien la interrupción, pues lanza una torva mirada al muchacho.
-Hasta ahí llego, Bachiller. Siete nuevas vendedoras más Pili suman ocho. Paca y Paquita, además de cobrar, estarán de retén por si alguna de las vendedoras necesita que en momentos puntuales se le eche una mano. La cuestión no resuelta, y que no me deja dormir, es como lograremos tener más clientes, porque sin más compradores lo que estamos planeando es como hacer surcos en el agua. Y ahí es donde entra el asunto de la propaganda que sugirió Sacaríes –y dirigiéndose al chico le pregunta-: ¿Se te ha ocurrido algo más sobre lo que llamas publicidad?
-Sí, señora Julia, pero he de ser sincero: tengo más preguntas que respuestas.
-Bien, Bachiller, hay que tener mucho cuajo para admitir que uno se plantea preguntas, pero no tiene respuestas. Hay que tener coraje y ser honesto con uno mismo y con los demás. Eso dice bien y mucho de ti.
-Gracias, señora Julia. Solo he pensado que una forma simple y barata de propaganda sería poner una especie de cartel en el puesto del mercat que le diera nombre propio al puesto. Algo así como LosMasos de La Plana Alta. El nombre se inscribiría en una banda en la parte superior del puesto. A izquierda y derecha del rótulo irían pintados el Canònge y algunos de los masos asociados. Y conozco a la persona que puede hacerlo por cuatro perras. En los laterales descendentes del cartel iría la relación de los principales productos que vamos a vender –Zaca, consciente o inconscientemente, también emplea el plural al referirse al proyecto.
-Bien, Bachiller. Lo del cartel del puesto me parece adecuado y más si hacerlo es económico.
-Me tranquiliza oírle eso, abuela. Me olvidé contar que también he pensado que la publicidad debería decir que todos los productos que vendemos se cultivan, se crían y se elaboran en las masías: en consecuencia, son naturales, frescos, sin productos químicos y que van del productor al consumidor, sin intermediarios, por lo que sus precios son razonablemente baratos. Finalmente, que la publicidad deberíamos insertarla en los dos periódicos de más tirada de Castellón, El Heraldo y el Dario, y también en las emisoras, caso de haberlas, algo que desconozco.
-Al menos hay una, llamada Radio Castellón, que la acaban de poner en funcionamiento –informa Julia-. ¿Sabes cómo funciona lo de poner anuncios en diarios y radios? –la pregunta va dirigida a Zaca.
-No, señora Julia. No lo sé.
-Paca, habla con don Vicencio y que se informe sobre la cuestión de la propaganda, de cómo se maneja y cuanto nos podrá costar poner unos anuncios.
-Don Vicencio -susurra Sisca a Zaca- es el secretario del ayuntamiento de Benlloch y es quien nos lleva los asuntos de las leyes y de la relación con los organismos oficiales.
-Paquita, déjate de cuchicheos y presta atención –la amonesta la abuela-. Bachiller, lo que se te ha ocurrido sobre la propaganda está bien, pero lo veo muy largo y algo incoherente. Tengo entendido que la propaganda se hace con frases cortas para que la gente pueda retenerlas. Tendrás que meter la podadera. Otra cosa. Aparte de la posible propaganda, he pensado en otros medios para atraer a más compradores. Se me ha ocurrido al recordar la venta de saldo que solemos hacer al final del mercat. Uno de ellos sería el siguiente: cada lunes pondríamos uno o dos productos, de los que tengamos en mayor cantidad, al precio más barato del mercat, como mínimo uno o dos reales menos por kilo, con el añadido de que se vendería a ese precio mientras quedaran existencias. Y eso tendría que conocerlo la gente, incluso antes de abrir el mercat, por lo que la propaganda sería indispensable.
-Madre – es la primera intervención de Paca-explícanos mejor eso de los saldos porque no acabo de entenderlo.
-Pondré un ejemplo. Supongamos que es la época de los guisantes y que tenemos muchos. El precio medio al que se vende el kilo es de una peseta y veinte céntimos. Nosotros lo venderemos al precio mínimo para no perder dinero, pero que sea mucho más económico que el de otros puestos. Pero no pondremos a la venta todos los guisantes que tenemos, solo digamos que la mitad o dos terceras partes. Y si la gente viene por el tirón de los guisantes baratos, una vez en el puesto es probable que aproveche para comprar otros productos.
-O sea, que los guisantes serían como el cebo que se pone en el anzuelo –comenta Zaca.
-Equilicuá, Estudiante.
-Julia, lo de vender el mismo producto que otros puestos a precio más barato no va gustar un pelo a la Asociación de Comerciantes del Mercat. Y es posible que nos llamen la atención –objeta Valerio.
-Ya he pensado en eso, pero… ¿qué nos pueden hacer?, ¿tirarnos de las orejas?, ¿ponernos de rodillas cara a la pared cómo hacían en la escuela? El mercat es libre y la competencia siempre ha funcionado. Probémoslo, y a ver qué pasa. Dejadme un calendario para ver que día podemos empezar con el nuevo puesto. El próximo lunes será el 17. No estaremos preparados. El siguiente será 24 y el último lunes de julio el 31, Lo mejor sería que pudiéramos inaugurar la nueva etapa del mercat el 24 y, si no, el 31 como fecha límite. ¿Alguna sugerencia al respecto?
-Abuela, creo que alguien tendría que encargarse de redactar el anuncio a insertar en los periódicos y a publicitar en la radio –sugiere Zaca.
-Espero que lo hagas tú, Bachiller. De todos los presentes eres quien más cultura tienes. Y también más experiencia en lo de escribir, el trabajo en tu pueblo como escrivent lo atestigua.
-Pero no es lo mismo escribir una carta a un quinto o a un familiar que redactar un anuncio. Nunca he escrito ninguno y no sé cómo hacerlo.
-Bueno, ya se te ocurrirá algo. De todos modos, habrá que esperar a que don Vicencio nos cuente cómo funciona el asunto de la propaganda y entonces decidiremos si lo haces tú o lo encargamos a alguien de fuera. En cualquier caso, échale un pensament. Ah, se me olvidaba: hija, hay que montar una habitación para las nuevas vendedoras, pues se quedarán en el Mas la noche del domingo y, probablemente, también la del lunes si el mercado acaba tarde. Ya he convenido con ellas que estarán un mes a prueba. Después seguirán o las despediremos, en función de si valen o no como vendedoras. Valerio, hay que preparar espacio en el almacén para guardar la mercancía que nos va a llegar y has de encargar más jaulas para los pollos y conejos de los masos asociados. Y no sé si harán también falta más garrafas para el aceite. Míralo a ver como está. No sé si me olvido de algo.
-Abuela –interviene Paquita-, creo que si los clientes aumentan tanto como piensas, madre y yo no sé si daremos abasto a cobrar. Quizá habría que pensar en una tercera persona. Acaso Pili…
-Pili es honrada a carta cabal –la corta Julia- y sería una cobradora fiable, si no fuera porque de números anda muy justita y lo de calcular de cabeza no se le da nada bien. Habría que pensar en otra persona. Mejor si es de la familia o de nuestra total confianza, pues el dinero suelto es muy goloso. Lo pensaré.
De esta segunda reunión Zaca piensa lo mismo que de la primera: interesante y productiva, pero caótica y falta de orden, han pasado de un tema a otro sin un guion previo al que ceñirse y él ha sido uno de los que ha contribuido a ello. Y aunque le acusen de pedante o de Pepito Grillo, estima que es el momento de poner encima de la mesa la lista de asuntos sobre Los masos de la Plana Alta que bosquejó. Aunque, curándose en salud, lo hace realzando la importancia que tienen los demás en el asunto del que están tratando.
-Si me permiten, de todo cuanto se ha hablado en las dos reuniones que hemos tenido, y teniendo en cuenta las interesantes aportaciones que todos han hecho, posiblemente se podría deducir el orden en que deberían abordarse los asuntos a tratar sobre Los masos de la Plana Alta en una próxima reunión, si la hubiese. Y que las personas con más experiencia en el mercat del dilluns, como son la señora Julia y la señora Paca, sacasen las conclusiones pertinentes.
La lista ordenada de cuestiones que expone Zaca, basada en los seis servidores de Kipling, es bien recibida por el grupo que toma buena nota para abordarlas de forma sistemática en la próxima reunión. Tras lo cual, Julia da por finalizada la sesión.
-Hala, a trabajar, que nos queda mucho tajo.
Al terminar la reunión, Sisca y Zaca salen emparejados, y la muchacha comenta:
-Hace mucho tiempo que no veía a la abuela tan ilusionada. Lo de Los Masos de la Plana Alta parece que la ha rejuvenecido. Y eso te lo debe a ti.
-Yo solo dejé caer una idea que me surgió por casualidad. Todo lo que ha venido después se lo ha guisado y se lo ha comido tu abuela –afirma el muchacho.
-No seas modesto, Zaquita. Tienes una chola que carbura más que una locomotora. Al menos, eso es lo que dice la abuela. Y como lo de Los Masos de la Plana Alta salga bien, te la habrás ganado para siempre. ¡Ojalá sea así!
-Y tú que lo veas.
En cuanto el muchacho se queda solo piensa que debe terminar el análisis de los servidores honestos de Kipling. El último que analizó fue el de dónde o lugar de la actividad del proyecto. Del aspecto espacial piensa que en el proyecto hay varios espacios lógicos: el mercado, para vender; el Canònge para reunir y almacenar las aportaciones de los masos asociados, y los puntos de recogida de la mercancía procedente de los demás masos. Sobre el espacio del mercado habrá que pedir permiso al ayuntamiento de Castellón para ampliar el puesto. Habrá que preguntar a Valerio si las actuales instalaciones del Canònge tienen capacidad suficiente para almacenar los productos de los masos asociados, si no fuera así, tendrán que plantearse soluciones alternativas, sin desechar la posibilidad de construir nuevos almacenes. En cuanto al espacio de los puntos de recogida es un tema a tratar con Valerio y el tío Tonellaes. Respecto al como las posibilidades son casi ilimitadas, por lo que deja su análisis para otro momento, Finalmente, respecto al por qué van a llevar adelante el proyecto también le plantea muchas dudas: ¿para enriquecerse?, ¿para tener más actividad?, ¿para fomentar la unidad con otros masos?, ¿para…? No encuentra respuestas. El análisis de los seis servidores honestos ha resultado ser más complejo y difícil de lo que pensaba. Es evidente que tiene más dudas que respuestas, por lo que decide no exponer el resultado del análisis al resto del núcleo duro del proyecto hasta que vuelva a pensarlo con mayor hondura. En cualquier caso, sigue creyendo que falta orden y método en la práctica de su idea. ¡Su idea! Un ramalazo de orgullo le culebrea por el espinazo. Con solo trece años ha sido capaz de concebir una idea que puede convertirse en una realidad con mucho futuro. Y con ese pensamiento tan confortable cierra los ojos y se duerme. No lo sabe ni siquiera lo sospecha, pero el proyecto de Los masos de La Plana Alta le ha madurado, y más que un adolescente es casi un precoz adulto.
PD. El próximo martes publicaré el episodio 69 de la novela “El masover” titulado: ¿Qué querrán de Zaca los visitantes?
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