viernes, 13 de mayo de 2022

Libro III. Episodio 144. ¿Tú qué quieres ser de mayor?

   En cuanto los invitados del cumpleaños de la abuela Soledad se van, y una vez que Julia y Paca acuestan a los niños, el matrimonio Carreño comenta la celebración.

   -¿Crees que mis hermanos se han ido satisfechos?

   -Ya lo creo. La comida ha sido espléndida y todo ha estado a la altura de las circunstancias. Y lo que es tu madre creo que ha quedado más que satisfecha, seguro que en sus setenta años de vida nunca disfrutó de un cumpleaños así.

   Cuando han terminado de repasar los acontecimientos del día, Julio, que continúa inquieto desde que su concuñado le interrogó sobre la posibilidad de que su hija curse el bachillerato, refiere a su esposa la conversación y su falta de respuesta ante la pregunta de si las mujeres deberían estudiar.

   … y la verdad es que no he sabido contestarle. Nunca me he planteado si Pilar debería completar el bachillerato o es suficiente con que haga los tres cursos del ciclo elemental. Como estoy convencido que tú si lo has pensado, dime tu opinión.

   Julia se demora un poco como si quisiera reordenar sus ideas para dar una respuesta cabal.

   -Tu madre, Dios la tenga en su santa gloria, mantenía al respecto que las mujeres tenemos las mismas capacidades que vosotros y por tanto podemos llegar a lo que cualquier hombre. Como opino lo mismo que tu madre creo que Pilar debería llegar a lo máximo que pueda alcanzar. Dicho de otra forma y yendo al grano, la niña debería estudiar el bachillerato completo.

   -¿Es lo qué quiere?

   -Ahí me has pillado. No lo he hablado con ella.

   -¿No crees qué se lo deberíamos preguntar? –plantea Julio.

   -Por supuesto, ¿cuál de los dos lo hace?

   -Tú te entiendes mejor con ella…

   -Se lo preguntaré, pero… todavía es  muy chica. ¿Por qué no lo dejamos para el año que viene y que mientras complete el primer ciclo? ¿Qué te parece?

   -Pues que es una buena idea. Démosle un año de plazo.   

   Una vez pasados los Reyes Magos, los Carreño retoman su vida habitual. Álvaro y Pilar son los primeros en hacer las maletas, pues deben volver a Cáceres y, al despedirse de sus hermanos, le dicen a Julián:

   -Julianillo, ve preparándote, en septiembre te vendrás con nosotros.

   -No iré ni aunque me lleven los civiles –El niño se mantiene en sus trece de que no quiere cursar el bachillerato.

   -Los civiles no, pero papá con una garrota dalo por descontado –le augura Pilar, tan poco diplomática como acostumbra.

   A mediados de enero del nuevo año de 1920, don Romualdo, que se está especializando en noticias sobre los Estados Unidos, informa a sus contertulios de que en Norteamérica se acaba de aprobar una ley que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas, y a la que la prensa ha bautizado cómo la Ley Seca.

   -Pues como aquí hagan lo mismo, ¿qué vamos a hacer con los cántaros de pitarra que el que más y el que menos guarda en su bodeguilla? –Quien formula la retórica interrogación es don Eduardo con fama de tener una de las mejores y más surtidas bodegas de la región.

  -Estos yanquis es que no dan una a derechas, se les ocurren unas patochadas como para partirse de risa. Es un país que, a pesar de que cuentan que es muy rico, nunca llegará a ninguna parte haciendo gilipolleces como esa –profetiza don Mauricio.

   Ahora, los fines de semana Julio ya no los pasa en los pueblos donde vende, sino que vuelve a Plasencia para pasarlos con la familia. Y en esos días no puede faltar su visita al casino donde los compañeros de tertulia continúan despotricando de todo, especialmente de la política y si es de la nacional, mejor. Hoy es Liaño quien les está leyendo un suelto que trae la prensa sobre una noticia no importante pero si curiosa: el gobierno ha publicado un decreto por el que se crea una nueva unidad militar armada con la denominación de Tercio de Extranjeros. Y el comandante amplía la escueta nota de prensa.

   -Esta es una idea a la que llevaba tiempo dándole vueltas mi colega de infantería Millán-Astray. La unidad se dividirá en tercios y estará formada por soldados profesionales y no de reemplazo. En el fondo no es más que una copia de la Legión Extranjera francesa.

   -Y ahora que ya no tenemos colonias, ¿para qué coño queremos más tropas? –pregunta don Mauricio.

   -Tener una unidad de soldados profesionales nunca viene mal. Tenga en cuenta que los soldaditos de reemplazo en cuanto oyen un tiro se cagan en los calzones. Y los moros siguen dándonos problemas y más que nos pueden dar como no se les pacifique –augura el comandante.

   Mientras, Julio no deja de darle vueltas a la pregunta que le hizo su concuñado Arturo y a la que no supo responder. Incluso, después de charlar sobre ello con su mujer continúa sin tenerlo claro. Y por asociación de ideas, piensa que tampoco le ha preguntado a su hijo mayor si le gustaría seguir estudiando. Desde el momento que Álvaro aprobó el ingreso del bachillerato ha dado por sentado que terminaría ese ciclo de estudios, pero no se ha planteado qué hará después. Conociendo a su esposa se malicia que ella si debe haberse estrujado las meninges al respecto, por lo que se dice que cuanto antes se lo pregunte antes saldrá de dudas, pero escoge un momento inoportuno, Julia tiene un mal día.

   -Julia, tú que le das tantas vueltas a todo, a buen seguro que habrás pensado más de una vez sobre si Álvaro piensa seguir estudiando después de hacerse bachiller. Cuéntame lo que has rumiado al respecto.

   -Cariño, rumiar lo hacen los rumiantes y tu mujer no pertenece a ese suborden de animales.

   -Huy, que picajosa estás. Seguro que tienes la regla. Decía lo de rumiar en su sentido de pensar detenidamente una cosa.

   -Ah, bueno, haber empezado por ahí –Julia se hace la desentendida--. Pues sí, alguna que otra vez lo he pensado.

   -Bueno, ¿y se puede saber qué diantres has pensado? –Julio está comenzando a mosquearse, sabe que cuando su mujer se pone en ese plan no es nada fácil dialogar con ella.

   -Precisamente estas vacaciones de Navidad le volví a preguntar, porque ya lo había hecho antes, si sabía que querría ser de mayor –Y hasta ahí llega la explicación de Julia.

   -¿Y qué coño te contestó el chico?

   -Que no lo sabía.

   Julio desiste de continuar el diálogo, hoy es uno de esos días, que por fas o por nefas, Julia no está por la labor y mejor desistir que seguir interrogándola, pero se dice que cuando vuelva Álvaro para las vacaciones de Semana Santa ha de tener una larga conversación con él, de hombre a hombre.

   A finales de febrero, don Enrique Lavilla, cada vez más aficionado a los asuntos europeos, informa a sus contertulios que Adolf Hitler, el líder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán también conocido como partido nazi, ha dado su primer mitin multitudinario.

   -¿Y quién es ese Hitler?, nunca había oído hablar de él –arguye don Mauricio.

   -Pues es posible que lo oirá más veces porque en Alemania es el fenómeno político del momento. Y podrá ser un bluf, pero también puede tomar la fuerza que está cogiendo Mussolini en Italia –afirma Liaño.

   -¿Pero cuál es la ideología que tienen esos nazis? –repregunta el abogado.

   -Por ahora los discursos de Hitler tienen un poco de todo. Utiliza el término socialismo para intentar atraerse a la clase obrera y así alejarla del comunismo y la socialdemocracia, al tiempo que se llama nacionalista para atraerse a los sectores derechistas y conservadores –explica el médico.

   Es finales de marzo y la Semana Santa está a punto de comenzar, exactamente el veintiocho de ese mes que será domingo de Ramos. Un par de días antes, llegan de Cáceres Álvaro y Pilar dispuestos a pasar las vacaciones del segundo trimestre escolar. En cuanto Julio tiene la primera ocasión se encara con su primogénito y le pregunta a bocajarro:

   -Hijo, ¿tú qué quieres ser de mayor?

   El chaval se muestra indeciso ante la pregunta, da la impresión de que no sabe qué responder o de que no quiere, pero su padre le apremia.

   -Alguna idea tendrás de lo qué te gustaría hacer cuando seas todo un hombre.

   -No sé, papá, no lo he pensado mucho.

   -Pero, vamos a ver, te voy a decir algunas de las profesiones que tienen mis amigos de la tertulia: el señor Liaño es militar, don Enrique médico, don Mauricio abogado, don Romualdo juez, el señor Galiana ferretero, don Eduardo…, bueno don Eduardo no es nada, solo rico.

   -De todos los que has dicho a lo mejor me gustaría ser juez, como don Romualdo.

   -Entonces tendrás que estudiar Derecho, hay que ser abogado para ser juez.

   -Eso no lo sabía, y por lo que me han dicho el Derecho es algo para lo que hay que tener un memorión y a mí no me gusta mucho memorizar.

   -¿Entonces?..., algo habrá que te gustaría hacer.

   -Pues…, viajar, de mayor me gustaría viajar.

   -Pero ser viajero no es una profesión.

   -Pues no sé, papá.

   Tras el interrogatorio, Julio se queda como antes, sin tener ni idea de lo que vaya a estudiar su primogénito. Y la Semana Santa acaba y Álvaro y Pilar retornan a Cáceres, y Julio se dice que en verano tendrá que volver a repreguntar a su hijo a ver si mientras tanto le pica el gusanillo de alguna vocación. Se acaba el curso 1919-1920 y, pese a lo que habían pensado de hacer recortes, la familia Carreño vuelve a irse en julio a Punta Umbría y el droguero le pide a su esposa que sondee a Álvaro sobre qué le gustaría ser y a Julián a ver si continúa en sus trece de no querer ir a Cáceres a cursar el bachillerato. Cuando la familia vuelve de la playa la decepción del cabeza de familia es grande, ni el primogénito sabe que le gustaría ser ni Julián da su brazo a torcer, dice que si le envían a la residencia de Cáceres se escapará en cuanto pueda. En agosto, los Carreño se marchan a Pinkety y lo de saber qué quieren ser de mayores sigue en el limbo.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 145. El telegrama

 

viernes, 6 de mayo de 2022

Libro III. Episodio 143. ¿Las mujeres deberían estudiar?

   El matrimonio Carreño acaba aceptando la propuesta de su primogénito sobre las personas que vayan a apadrinar al recién nacido Andrés, y optan porque el padrino sea Argimiro y la madrina, Paca. A la oronda mucama, entrar en ese olimpo familiar que para ella son los Carreño-Manzano le llena de orgullo y gratitud, dado que las madrinas de los demás hijos siempre fueron de la familia de uno de los progenitores. Quizá ese sea el motivo por el que, a partir del bautizo, Andrés se convierta en su ojito derecho y a quién se lo perdona todo.

   Solucionado el problema del padrinazgo, el bautismo de Andrés se lleva a cabo en la iglesia parroquial de San Martín, cuyo párroco, hace un montón de años, medió en el frustrado cortejo de Julio con Amparo Lavilla. Hasta la iglesia es Paca quien lleva al niño. Se ha hecho un vestido nuevo para la ocasión y se la ve radiante y orgullosa como si el crío fuese de ella. En la pila bautismal es Argimiro quien sostiene al neonato mientras el párroco derrama el agua sobre la cabeza del crío al tiempo que musita: Andrés, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

   Se acerca el fin de año y Julia, se afana por preparar las fiestas navideñas. Álvaro, con los trece cumplidos, podría echar una mano en casa, pero la tradición manda que las tareas domésticas sean solo cosa de mujeres, por lo que son las niñas las que ayudan a su madre, sobre todo Pilar al ser la mayor. Julia, al ver la buena disposición de la chiquilla, comienza a introducirla en los secretos de la cocina regional en la que priman más los sabrosos ingredientes de la tierra que el arte culinario. Álvaro, junto con Julián y Jesús, se va a la droguería a ayudar a su padre pues eso si es tarea de chicos. Los Carreño están educando a sus hijos en el principio, para ellos irrevocable, de que la familia es lo primero y todos han de echar una mano en las tareas comunes. Lo que conlleva a otro fundamento que viene a ser como la piedra angular de su convivencia: familia que convive unida, permanece unida para siempre. De acuerdo a dichos principios, tanto la Navidad como las demás festividades las celebran todos juntos, hermanados como una piña. Y aunque en ocasiones, los padres han recibido invitaciones de amigos y conocidos para asistir a alguno de los saraos que suelen montarse en esa época del año, las han agradecido pero nunca las aceptaron. Como sentencia Julio:

   -Las fiestas son para estar con la familia.

   A lo que Julia remacha:

   -Y los días de diario, también.

   Precisamente, este año ha surgido un pequeño dilema sobre lo de que las fiestas son para estar con la familia. La madre de Julia acaba de cumplir los setenta y con dicho motivo sus hijos han pensado en celebrar el cumpleaños justo el día de Navidad, lo que supondrá que los Carreño tendrán que desplazarse a Malpartida, donde sigue viviendo la señora Soledad. Julio entiende la situación y, aunque no le gusta un pelo, acepta ir al pueblo de su esposa a participar en el homenaje que los Manzano van a brindar a su madre. Sin embargo Julia, que es a la que la celebración le toca más directamente, se opone frontalmente. No está dispuesta a romper el principio de que las fiestas son para estar con la familia. Ambos cónyuges discuten sobre qué hacer.

   -Si vamos al pueblo seguiremos estando en familia –argumenta Julio.

   -Sí, pero no en nuestra casa –replica Julia.

   No acaban de ponerse de acuerdo hasta que a Julio se le ocurre una posible salida.

   -¿Y por qué no cambiamos de sitio? Es decir, en lugar de comer en casa de tu madre, ¿por qué no la invitamos, así como a tus hermanos, cuñados y demás familia a que coman en la nuestra? Así matamos dos pájaros de un tiro, celebramos los setenta tacos de tu madre y al tiempo estamos con toda la familia sin salir de casa.

   -Como se nota que no eres ama de casa. ¿Sabes el trabajo que una comida con tanta gente puede conllevar?

   -Pero, reina mía, te sobran redaños para sacar adelante esa comida y otras mucho más numerosas. Además, podemos buscar ayuda externa para ese día. Contratamos dos o tres mujeres, o las que hiciesen falta, para que hagan el trabajo más pesado. Mejor todavía, ¿por qué no encargamos la comida y el servicio a uno de los restoranes locales?

   -Eso puede costar un riñón –Julia siempre es muy considerada en todo lo que sean gastos que considere superfluos.

   -Mujer, no será por dinero –fanfarronea Julio.

   A Julia la solución propuesta por su esposo acaba por no parecerle mal, pero aun así pone pegas.

   -¿Y mis hermanos no se van a enfadar?

   -No tienen por qué y más si sabemos venderles nuestra propuesta. Por otra parte, de los cuatro hermanos las tres chicas vivís aquí. Solo tendría que desplazarse Andrés con su familia y, por supuesto, tu madre. Además, se me acaba de ocurrir que podría ir con la camioneta al pueblo para recogerlos a todos, así no tendrían excusa para no venir.

   -Creo que es una buena salida, cariño. Me voy a poner en contacto con Consuelo para que me ayude a convencer a Andrés y a Luisa.

   Con la ayuda de su hermana mayor, Julia logra convencer al resto de sus hermanos que la celebración del cumpleaños de su madre se haga en su casa. Julio se compromete a traer y devolver a Malpartida a su suegra, a Andrés y a su familia. En cuanto a la comida en sí, ella se encarga de todo, los demás hermanos solo habrán de ponerse de acuerdo en el regalo que le van a hacer a la matriarca. La comida navideña de 1919, en casa de los Carreño, es realmente extraordinaria por el familión que se reúne alrededor de la mesa; mejor dicho, de las mesas, porque tienen que repartir a los asistentes en dos, una para los adultos y otra para los chavales bajo la vigilancia de la omnipresente Paca.

   El matrimonio Carreño se siente realmente orgulloso al ver a su prole y a sus primos hermanos sentados en la misma mesa. Para ese día, Julia ha contratado, tanto el almuerzo como el servicio, a uno de los mejores restoranes de la ciudad, por lo que puede permitirse el lujo de dedicarse solamente a ejercer las funciones de anfitriona. . En cuanto a Julio por primera vez tiene juntas, codo con codo, a las dos mujeres de las que se enamoró. Y, casi sin quererlo, no puede por menos que compararlas. Se dice que el destino, la fortuna o lo que tenía que ser se conchabaron para que al final se haya quedado con la mejor de las hermanas, porque entre una y otra no hay color. En silencio musita una plegaria de gratitud a la Virgen de Guadalupe a la que, como buen extremeño, le tiene gran devoción. En cuanto a Julia, el motivo de su satisfacción es doble: por un lado, por haberse salido con la suya en lo de no salir de casa en un día tan señalado; por otro, en observar a la familia de su niñez y a la de su madurez juntas y bien avenidas. No se le escapa otro detalle: pese a que sus hermanos están en general bien situados, ninguno de ellos ha alcanzado el estatus económico del que ella disfruta, pues se ha convertido en la más rica de la familia Manzano con diferencia, y sus hijos están estudiando o estudiarán para ser hombres y mujeres de provecho, pudiendo alcanzar una cota de cultura como ningún otro Manzano haya podido lograr, con la excepción del tío Luis Manzano, el único hermano de su padre que estudió.

   El almuerzo discurre apaciblemente y al final todos los asistentes brindan por su madre, abuela y suegra, deseándole que cumpla muchos más años. Y hasta le cantan una coplilla que, a rebufo de la radio y del cine, se va popularizando: Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, todos te deseamos cumpleaños feliz. La señora Soledad no lo puede remediar y una furtiva lágrima serpentea por su mejilla.

   Terminado el almuerzo, mientras las mujeres se afanan en recoger la vajilla, los cubiertos y demás adminículos que restan en la mesa, los hombres se fuman unos caliqueños y charlan de todo un poco: de los negocios, la política, los toros, la familia… Es hablar de temas familiares y el marido de Luisa le plantea a Julio una pregunta que le pone en un aprieto.

    -Oye, Julio, tú que tienes experiencia en lo de enviar los chicos a Cáceres pa que estudien, ¿qué me aconsejas que haga con Mariluz, que en unos meses cumplirá los diez? ¿La mando a la capital pa que estudie el bachillerato o la meto en el colegio de las monjitas de aquí pa que le den un baño de cultura general?

   -Depende de lo que tengáis pensado que haga la niña en el futuro. Me explico, Arturo, si aspiráis a que la chiquilla haga una carrera universitaria tendría que hacer el bachillerato. Si solo deseáis que tenga una culturilla para andar por casa, el colegio de las monjitas le valdría.

   -Joder, cuñao, pareces un abogao que hablan y hablan, pero que nunca se mojan.

   -Es lo que hay, Arturo. Si no concretas difícilmente te puedo aconsejar mejor.

   -Te lo planteo de otra manera –insiste Arturo-. Tu Pili está haciendo el bachillerato, ¿eso quiere decir que pensáis enviarla a la universidad?

   A Julio la pregunta de su concuñado le coge a contramano. En ese mismo momento se da cuenta de que nunca se ha formulado preguntas referentes al futuro de su hija mayor. ¿Estudiará Pilar todo el bachillerato o le valdrá con cursar el ciclo elemental?, y si se hace bachiller, ¿hará una carrera universitaria?; eso supondrá tener que enviarla a Madrid o a Sevilla que son las ciudades más cercanas donde se pueden cursar estudios universitarios. Es cierto que ha pensado que Álvaro acabe el bachillerato y luego, si le gusta estudiar, que curse la carrera que prefiera, pero eso no se lo ha planteado respecto a Pilar. Lo tendrá que hablar con Julia, que ella seguro que ha rumiado en más de una ocasión si las mujeres deberían estudiar.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 144. ¿Tú qué quieres ser de mayor?