viernes, 21 de julio de 2017

10. La tragedia de las dos Españas



   El lunes, veintisiete de junio, tal como habían quedado, los cuatro jubilados se reúnen por la tarde en casa de Grandal. Presentan sus respetos a Chelo como si fuera la señora de la casa pues si no lo es de iure si de facto, al menos los lunes, y luego alrededor de la mesa del comedorcito se disponen a comentar el resultado electoral del día anterior. Quedaron en que cada uno traería un periódico para ver qué dice lo que se conoce como la opinión publicada.
-A ver, Amadeo, tú has traído El País, ¿no?, pues adelante –le insta Grandal.
   Ballarín engola la voz y lee los titulares de portada:
-A cinco columnas, el titular es “El PP se refuerza y el bloque de izquierdas pierde terreno”. Y debajo lleva un gráfico de cómo ha quedado el parlamento: 137 diputados el PP, 85 el PSOE, 75 Unidos Podemos y 32 Ciudadanos. Y luego el puñado de escaños que sacan los partidos nacionalistas catalanes y vascos.
-Luis, a ver qué cuenta El Mundo.
-Primero trae dos gráficos con los datos de escaños nacionales y por provincias. Su titular principal, también a cinco columnas, es muy diferente del que acaba de leer Amadeo. Dice: Rajoy quiere gobernar con Pedro Sánchez.
-¿Y eso qué es, una noticia, un rumor o un deseo? –pregunta Ponte.                    
-Vete a saber –responde Ballarín.
-Hombre, si ese titular se confirmara no sería mala noticia. Una grosse koalition, al estilo de lo que hacen los alemanes, no le vendría nada mal al país. Sería la mejor manera de poner en su sitio, de una vez por todas, a los nacionalistas catalanes y vascos que siguen empeñados en romper una nación que tiene más de quinientos años de historia –opina Grandal.
-Bueno –es el turno de Ponte-, ahora me toca a mí y al ABC. Su portada gráfica trae una foto del presidente del PP con su esposa saludando a los seguidores que le jalean y el titular principal es: España quiere que gobierne Rajoy.
-Ya sabemos lo que cuenta y hasta lo que opina la prensa, ahora viene el turno de uno que no ha votado –apunta Grandal-. Si sumáis los resultados veréis que España sigue partida en dos, por un lado las derechas, por otro las izquierdas. PP más Ciudadanos suman ciento sesenta y nueve diputados. PSOE y Podemos Unidos cuentan con ciento cincuenta y seis, a lo que habría que añadir los diputados nacionalistas que se declaran de izquierdas. Este panorama me recuerda aquella especie de maldición que versificó el poeta:
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Cien años después de que Machado escribiera el poema seguimos con la tragedia de las dos Españas
-Y lo que te rondaré, morena –remacha Ponte que puntualiza-. Otro que tampoco ha votado piensa que dado el resultado habrá que hacer coaliciones, ¿pero cuáles?: ¿el PP más PSOE?, ¿el PP más Ciudadanos, más un tercer partido?, ¿el PSOE, más Podemos, más otro partido?
-También podría gobernar un solo partido en minoría –comenta Ballarín.
-Eso solo lo podría hacer el PP que es, con diferencia, el partido que ha sacado más votos y escaños –puntualiza Álvarez.
-En resumen, que estamos más o menos como estábamos en la elección de diciembre del dos mil quince –resume Grandal-. Podríamos decir aquello de que para este viaje no hacían falta alforjas. Nuestros políticos se han pasado medio año mareando la perdiz sin ser capaz de pactar entre ellos y los ciudadanos han tenido que ir a las urnas dos veces. Todo ello para volver a estar como antes. Desde luego, a estos politicastros que tenemos habría que mandarlos a picar piedra porque no creo que sirvan para mucho más.
   Lejos de Madrid, Curro Salazar, que ya está en Torrenostra, ha seguido el desarrollo electoral con mucho mayor interés que el cuarteto de jubilados. Tiene motivos, ha sido un sindicalista politizado y sigue teniendo muchos conocidos en las listas electorales que el PSOE, su partido, presentó por las provincias andaluzas. En la terraza del hostal donde se hospeda después del almuerzo se suelen formar dos tertulias. En una juegan al dominó y ha estado tentado en acercarse, pero no le ha parecido oportuno, piensa que ya tendrá tiempo para ello. En la segunda tertulia, que está al lado de su mesa, se habla del tema del día: el resultado electoral. No entiende casi nada de lo que dicen porque los tertulianos, todo gente mayor, hablan en valenciano. Vaya broma se dice, me voy de Portugal porque no les entendía y con lo grande que es España aterrizo en un lugar donde tampoco los entiendo. Es que no doy una a derechas. En ese momento, a la tertulia política se le suman dos nuevos miembros y, ¡oh sorpresa!, los integrantes dejan de hablar en valenciano y pasan al castellano aunque alguno de ellos le arrea cada zapatazo al diccionario de la RAE que tiembla el misterio. Uno de los recién llegados, alto, dotado de una prominente nariz y con el pelo encanecido está sentando cátedra sobre el resultado electoral.
-Han ganado los que tenían que ganar, pero sin sacar los diputados que tendrían que haber sacado. El PP es el único partido que puede conseguir que España salga de la crisis. Todos esos que se llaman a sí mismo progresistas no conseguirán más que aumente el paro, que se incremente la deuda pública y que vascos y catalanes sigan en sus trece de dividir el país –Sus argumentos pueden resultar peregrinos, pero nadie parece llevarle la contraria.
   El desconocido continúa desgranando las bondades del PP y despotricando sobre las funestas consecuencias que afectarán al país como los partidos de izquierdas logren formar un gobierno de ese signo. Hasta que llega un momento en que Curro, desoyendo a su otro yo que le susurra que no se meta en camisa de once varas, se levanta de su mesa y se sienta en una de las sillas vacías de la tertulia para dar su opinión sobre lo que deberían hacer los partidos políticos tras el resultado electoral, pero antes de que pueda hablar, otro de los tertulianos dueño de una potente voz de bajo echa su cuarto a espadas:
-Discrepo frontalmente de la opinión de Miguel. Es cierto que el PP ha logrado la mayoría minoritaria de diputados, pero si se suman a todos los partidos de izquierdas estos han sacado más votos y más diputados que los de la derecha porque la mayoría social de este país sigue siendo de izquierdas, digan lo que digan los periódicos y los paniaguados de la tele. Y como la mayoría de la gente es progresista, el que gobierne debe ser un partido de progreso, como ocurre aquí. Porque a ver: ¿quién manda en este pueblo?, pues una coalición de partidos progresistas como son el PSOE y Compromís.
-Te has olvidado de los concejales expulsados de Ciudadanos y que también se han unido a la coalición. ¿Esos también son progresistas? –pregunta un tertuliano.
   El partidario de los populares parece que no se ha tomado a mal que se le lleve la contraria porque con tono pausado y cortésmente pregunta:
-Entonces, Alberto, según tú, ¿qué debería ocurrir después del resultado de ayer?
-Lo que tienen que hacer ahora los partidos es un pacto de progreso para que no sigan mandando los amigos de los capitalistas sino los de los trabajadores. Porque vamos a ver, ¿cuántos capitalistas hay aquí? Que yo sepa, ninguno. En cambio, ¿cuántos trabajadores?
Lo somos todos o, al menos, lo hemos sido –matiza al ver que la mayoría de los contertulios deben haber alcanzado la edad de la jubilación-. O sea, que como los que curramos somos más nos deben gobernar los que nos representan.
-Oye Alberto –pregunta uno de los oyentes con un cerrado acento valenciano-, ¿y quiénes son los que nos representan?
-Eso es tan claro como el agua clara. Los que nos representan son los partidos de la clase obrera. En cabeza el PSOE al que debe juntarse Unidos Podemos.
-Pero con eso no se llega a la mayoría absoluta –objeta alguien.
-Lo sé, pero seguro que los socialistas convencerán a Ciudadanos para que también se una al pacto de progreso y entonces habrá ochenta y cinco diputados socialistas, setenta y uno de Podemos, más treinta dos de Ciudadanos, lo que suman ciento ochenta y nueve votos, muchos más de la mayoría absoluta que son ciento setenta y seis. Ese ha de ser el nuevo gobierno que el país necesita.
-¡Sí, señor, bien dicho! –exclama uno de los oyentes que se ha enardecido con las explicaciones del llamado Alberto.
   Es oír que jalean al que parece ser de su cuerda cuando Curro comprende que menuda metedura de pata si llega a intervenir, ese no es el papel de un fugitivo. Si pretende pasar desapercibido en su nuevo refugio tendrá que reprimir sus impulsos. En ese momento, alguien que debe estar cansado del tema político le da una larga cambiada a la conversación echando mano de un tema que siempre triunfa en las tertulias de los varones españoles.
-Hablando de otro tema más interesante, ¿vosotros creéis que el Barcelona ha merecido ganar la liga?

PD. Hasta el próximo viernes

viernes, 14 de julio de 2017

Capítulo 3. En la Costa de Azahar.- 9. Fin de trayecto… por ahora



   Lo de la Costa de Azahar que encontró en internet le gustó a Curro, más que nada por el parecido del nombre con el de su pueblo, Zahara. Tecleó información turística y alojamiento en Torrenostra, que era la población más cercana al Parque Natural de Cabanes-Torreblanca, y le salió un aviso que decía: this account has been suspended. Su casi nulo conocimiento del inglés no le sirvió para saber qué decía el aviso, tuvo que recurrir a la traducción de Google: esta cuenta ha sido suspendida. Noticia que le dio mala espina.
-Pues igual es que no hay na de lo que desía la otra web –se dijo.
   Abrió otra página que se titulaba Hoteles Torrenostra. Cuál no sería su sorpresa cuando se topó con un montón de establecimientos hoteleros, algunos con muy buena pinta, pero que estaban ubicados en la playa de Alcosebre, Alcoceber o Alcossebre, que con esas tres grafías denominaban a la población que estaba al norte de Torrenostra y que resultó ser el barrio marítimo de Alcalá de Chivert, pueblo limítrofe con Torreblanca. Al leer más información desechó el sitio, al parecer era otro importante destino turístico de la Costa de Azahar.
   Estuvo abriendo y cerrando páginas hasta que en una web de Tripadvisor encontró un establecimiento llamado Los Prados Hostal, Torreblanca, Castellón y además se indicaba su dirección: Avenida Rey Juan Carlos, Torrenostra. Eso era lo que buscaba, pero la página no daba mucha más información aparte de alguna foto. Si le gustó lo que decía sobre el tipo de viajeros que frecuentaban el establecimiento: casi todos eran familias y parejas, un par de personas solas y nadie por negocios. Tecleo Hostal Los Prados y se abrió una web en cuya introducción se decía: El Hostal Los Prados, el único en la playa de Torrenostra, está situado en primera línea de playa a las faldas del mar. Ofrecemos un trato amable y familiar para que disfrute de unas vacaciones agradables. Por otra parte, nuestro restaurante les brinda una gran variedad gastronómica y la oportunidad de disfrutar de su cena o desayuno mirando al mar. Y a continuación venía una relación de los servicios. Pinchó en la web y las fotos que vio le gustaron, parecía un sitio tranquilo, justo lo que buscaba. Puso el ratón en habitaciones, el hostal contaba con veintidós, las había individuales, dobles con balcón o sin él, lo que le provocó una sonrisa, y cuádruples. La pequeñez del establecimiento fue lo que le decidió, pero antes había que consultar los precios, que parné tenía pero tampoco era cuestión gastarlo a lo loco. En temporada alta, que se reducía a julio y agosto, la habitación individual con pensión completa costaba setenta y cinco euros. En temporada baja, diez menos.
-Algo más caro que en Alvito y en Tavira –se dijo-, pero en todo caso voy a llamar.
   En cuanto le contó a la persona que le cogió el teléfono que, si el sitio le gustaba, pensaba estar unos meses, todo fueron facilidades: que le ofrecían una habitación con balcón y vistas al mar, que si se quedaba más de dos meses se podía renegociar el precio especialmente el de la temporada baja. Cuando le indicaron que para confirmar la reserva debería abonar un depósito del cincuenta por ciento del total y le pidieron la tarjeta de crédito, contestó que no era partidario del dinero de plástico, que prefería pagar en cash, pero que si le daban un número de cuenta les transferiría la cantidad a determinar. La respuesta que recibió fue toda una muestra no sabía si de  falta de profesionalidad o de trato familiar como decía la publicidad.
-Sin problemas, don Francisco –fue lo que le contestó la mujer que se reveló como la directora del hostal-. Solo por su forma de hablar se nota que es usted persona seria, de las que cumple sus compromisos. No es necesario que envíe ninguna cantidad a cuenta. Su habitación queda reservada a partir del uno de julio. Le esperamos.
-Bueno, Curro –se dijo-, tú te vas pa´llá y si no te gusta lo que ves, pues abur y media vuelta.
   Antes de irse definitivamente de Tavira ha estado sopesando en si pasar o no por Sevilla. Tendría que recoger algunos objetos personales que había echado de menos en su periplo portugués y sobre todo tenía que reponer dinero, el que se llevó cuando se fue casi se le había agotado. Seguía pagando todo a tocateja, nada de cheques, tarjetas y demás medios bancarios que dejan más huellas que un vaquero cojo. La imperiosa necesidad de reponer el moni gastado es lo que le empuja a pasar por la capital andaluza. Lo hace con mucho sigilo y dejándose ver lo menos posible, pero Sevilla no es una ciudad tan grande como para que no se puedan producir encuentros fortuitos. Y ese es el caso. En un solitario callejón del castizo barrio de Triana se topa, cara a cara, con Francisco José, el mayor de sus hijos, veinticinco años cumplidos. Y el saludo no ha sido cordial precisamente.
-¡Coño, el hijo de la gran puta de mi papa!, si creíamos que la habías espichao porque hase mucho que nadie sabe de ti.
-¿Cómo está tu madre? –es lo único que se le ocurre preguntar a Curro que prefiere no enzarzarse con su primogénito.
-Cómo va a estar, jodía, pero a la ves contenta, porque nos cuentan que de la trena que te va a salir de lo del juisio del ERE no te va a salvar ni Jesús del Gran Poder.
-Bueno, tengo prisa, hasta más ver.
   Cuando Curro intenta proseguir su rumbo, su hijo le retiene por el brazo.
-Espera un minutito, cacho cabrón. Por ahí también disen que tienes pasta como para empapelar la Giralda. Te podías acordar de tu mujer y tus hijos que están pasando muchas fatigas desde que nos dejaste tiraos como a perros sarnosos.
-Ya os paso la pensión que señaló el jusgado –se justifica Curro.
-Pero la vida sube cada año y la pensión no. En lugar de gastarte el dinero en putas como la Rosío tendrías que acordarte más de los que, te guste o no, llevan tu sangre.
-Tengo prisa –repite Curro y hace la intención de continuar su camino.
-Mala puñalá te den, hijo de Satanás. No sé si sabes que las malas lenguas, o más bien buenas, disen que hay gente en Sevilla dispuesta a pasaportarte. Si por mí fuera, les ayudaría con mucho gusto. Ojalá la endiñes pronto, mal nasio.
   A Curro el áspero diálogo mantenido con su hijo mayor le deja mal cuerpo. No es tan insensible como supone su primogénito el cual, para mayor pena suya, se le parece como una gota de agua a otra. En aquel mismo momento decide marcharse de la ciudad, ya. Ni siquiera irá a ver a su amante como había pensado. Coge sus bártulos, sus buenos fajos de billetes y se pone en marcha hacia la Costa de Azahar. Piensa alquilar un coche, el que alquiló en Portugal lo dejó al volverse a España, pero tras meditarlo decide hacerlo en Madrid, alquilarlo en Sevilla sería dejar un rastro para aquellos sevillanos que parece que le buscan las vueltas.
   El viaje lo hace por etapas. Desde Sevilla a Madrid en AVE, viaje que le permite hacer las paces con el ferrocarril del que guarda un mal recuerdo de cuando en su niñez hizo un viaje  con su madre hasta Barcelona y que resultó interminable. En la capital del país está un par de días. Una de las gestiones que lleva a cabo es alquilar un coche. Como en Portugal, alquila un vehículo cómodo pero que no llame la atención. Termina contratando un Seat León de color blanco con dos puertas con el que se desplaza hasta Valencia. Puesto que en Madrid ya tuvo problemas con su falta de documentación, solo sigue enseñando su falso carnet de conducir, opta por no quedarse en la ciudad del Turia y continua viaje. El tránsito, primero por la A-3, la autovía de Valencia, y luego por la AP-7, la autopista costera, resulta un paseo y en poco más de cuatro horas llega a Torreblanca. En la caseta de pago de la salida pregunta la ruta para llegar a Torrenostra.
-En la primera rotonda póngase en el carril más externo y antes de terminar el medio giro verá un cartelito marrón que pone Torrenostra, fíjese bien porque es pequeño. Tome esa salida que le lleva inmediatamente a otra rotonda más pequeña. Una de sus salidas lleva a un puente que salva el ferrocarril. Coja ese camino y todo recto le llevará a la playa. No tiene pérdida.
   O las instrucciones no han sido muy precisas o Curro no ha prestado la atención debida porque se equivoca. Toma una salida que le lleva a la N-340. A poco menos de un kilómetro se encuentra con la población de Torreblanca, donde abandona la nacional. Desde el pueblo va siguiendo las indicaciones que señalan la playa, hasta que en menos de diez minutos se encuentra en Torrenostra.
-Fin de trayecto –se dice Curro-. Al menos, por ahora.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 7 de julio de 2017

8. Día de elecciones



   Manuel Ponte, como hace habitualmente, después de desayunar y lavarse los dientes se vuelve a meter en la cama, coge el ordenador y se dispone a echar un vistazo a las portadas de alguno de los periódicos que suele leer. Poco a poco ha ido restringiendo la lectura de la prensa y ahora se limita generalmente a echar una ojeada a los titulares. Comienza abriendo El País. El titular principal, como no podía ser de otro modo dada la fecha, se refiere a las elecciones a Cortes Generales que precisamente se celebran hoy, veintiséis de junio: España vuelve a votar tras un largo bloqueo y sin pactos claros. Y en tipos más pequeños: La polarización de la campaña y la falta de propuestas generan dudas sobre la falta de gobernabilidad. La crisis europea agrava la incertidumbre. Eso le retrotrae a la discusión que mantuvo ayer con su hija Clara sobre si votar, además de un derecho, era o no un deber cívico. Su hija mantenía que sí, él ponía en duda que fuera una obligación ciudadana.
-Si no votas, luego no te quejes de que el partido que salga elegido no hace las cosas que debiera –apunta Clara.
-Me conformaría que los que ganen, sean los que fueren, lleven a cabo la mitad de sus promesas electorales, pero no caerá esa breva. Ya verás cómo una vez que estén instalados en las poltronas se olvidarán de los curritos que los han llevado al poder. Por eso hace tantos años que no voto, porque todos los partidos políticos y repito, todos, me han defraudado. En la campaña electoral prometen el oro y el moro y luego si te he visto no me acuerdo.
-O sea, que una vez más, no piensas ir a votar –acusa Clara.
-No, hija, no pienso y, además, cuando gobiernen quienes sean, si lo hacen mal, que puedes apostar a que será así, naturalmente que me quejaré y les pondré a caer de un burro.
   En el fondo, piensa que posiblemente su hija tenga razón y votar sea un deber cívico, pero son muchos sus años y está cansando de que los políticos le sigan tomando el pelo; bueno, a él y a otros cuarenta y tantos millones de españolitos. Deja los recuerdos y sigue con la portada. De política internacional, un titular llama su atención: Europa presiona a Londres para que acelere su salida de la Unión. El gobierno británico dice que se tomará “unas semanas de reflexión”.  La noticia le provoca un comentario en voz alta:
-Estos ingleses siguen en sus trece: si hay una tormenta en el Canal de La Mancha, el que está incomunicado no es el Reino Unido sino el resto de Europa. Para mí lo que pasa es que los británicos continúan creyéndose el gran imperio del mundo. Se les paró el reloj hace mucho y todavía no se han enterado.
   Está en un tris de abrir otros diarios, pero se lo piensa mejor y opta por levantarse. A las doce ha quedado con Álvarez, Ballarín y Grandal para tomarse unas cañas en una de las terrazas del Paseo de Rosales y comentar cómo va la jornada electoral. Cuando sale de casa, en el portal de la finca tropieza con su hija y su yerno que vienen del colegio electoral, también están sus dos nietecillos a los que promete que les va a traer unas chuches.
-Ya hemos cumplido con nuestro deber cívico –dice su hija con retintín y suelta una puya cuyo receptor no puede ser otro más que él -. A ver si otros aprenden.
   Ponte se hace el sordo, lo está realmente, y tras besar a los niños se despide, sus amigos le aguardan. Cuando llega a Rosales, solo encuentra a Grandal. Jacinto es de su cuerda, otro de los que tampoco creen en los políticos y que, por consiguiente, no vota o lo hace en blanco. El motivo que da para justificar su posicionamiento es que después de más de treinta años de trabajar codo a codo con gobernantes de todos los colores, desde los jerarcas franquistas, pasando por los de la efímera Unión de Centro Democrático, luego con los socialistas, después con los chicos del Partido Popular, otra vez con el PSOE y nuevamente con el PP, ha llegado a la conclusión de que no hay ninguno bueno, todos son ganado que no ha superado la tienta y como no sirven para otra cosa se meten a políticos que es una forma de vivir a costa de los demás.
-Que les vote su santa madre, pero lo que es mi menda no voy a perder el tiempo con ese hatajo de membrillos –remacha Grandal su discurso.
-Yo lo que peor llevo no es que sean incompetentes, que lo suelen ser, sino que encima muchos de ellos son corruptos. Su posición favorita es la del egipcio, con una mano delante y otra atrás para ver que les cae –afirma, a su vez, Ponte.
   En esas están, poniendo a caldo a la mal llamada clase política, cuando aparecen Álvarez y Ballarín que vienen discutiendo; el último de modo más sereno, pero Álvarez de manera acalorada.
-A ver, caballeros, haya paz –proclama Grandal en plan grandilocuente-. Que no llegue la sangre al río. ¿Se puede saber a qué viene tanta palabra subida de tono?
-Este merluzo que a estas alturas de la película cree que votar a otro partido distinto al PP es una opción a considerar –explica Álvarez, enojado.
-¿Y por qué no puede ser así? Vivimos en un país libre, al menos eso es lo que cuenta la propaganda oficial aunque yo tengo serias dudas. Como otra opción es no votar a nadie como hacemos Jacinto y yo –replica Ponte.
-Bueno, y a todo esto, ¿a quién coño has votado? –pregunta Grandal encarándose con Ballarín.
-El voto es secreto –se defiende el exferretero.
-Os lo diré yo, ha votado a los marxistas de Podemos –acusa Álvarez.
-No jodas, ¿en serio que has votados a esos muchachitos? Pues como se entere tu mujer te va correr a gorrazos –advierte Grandal que sabe lo católica que es la esposa de Ballarín.
-No es cierto, he votado a Ciudadanos y mi mujer también –confiesa Ballarín al verse acorralado.
-Entonces tranquilo, Luis, los chicos de Rivera no son marxistas. No corres peligro con ellos –Ponte intenta calmar a Álvarez.
-No serán comunistas, pero no son ni carne ni pescao que es casi tan peligroso como si fueran rojelios.
-Bueno, y a todo esto, ¿quién creéis que va a ganar? –pregunta Grandal desviando la conversación para eludir la controversia.
-Según las últimas encuestas ganará, como minoría mayoritaria, el PP, seguido por Podemos y muy cerca de éste quedará el PSOE. El resultado que pueda sacar Ciudadanos está por ver porque las empresas de encuestas no se ponen de acuerdo –informa Álvarez.
-Entonces, ¿ningún partido tendrá mayoría absoluta? –inquiere Ponte.
-Con la aparición de Ciudadanos y Podemos se ha alterado el tablero político y creo que los tiempos de las mayorías absolutas de socialistas o populares han pasado a la historia. Ahora habrá que ir a coaliciones, lo complicado es saber a cuáles –afirma Ballarín.
-Lo que sea, sonará –resume Grandal que decide dejar atrás el tema político para ir a otro más pragmático y gratificante- ¿Y qué hay del veraneo?, ¿lo tenéis todo preparado? Chelo y yo nos vamos a Marina d´Or este fin de semana, ¿vosotros cuándo pensáis viajar?
-Manolo y yo hemos decidido que nos iremos el uno de agosto –informa Álvarez.
-Yo pasado mañana llevo a mi mujer a Huesca. Me quedaré allí unos días para hacer el paripé de que me llevo de maravillas con mi yerno, pero en cuanto tenga la mínima oportunidad me reuniré con vosotros. Calculo que en los primeros días de agosto….
-Estoy pensando que ¿por qué no nos volvemos a juntar mañana? –pregunta Álvarez que añade-. Así podríamos comentar los resultados de las elecciones y algunos merluzos podrían comprobar que han echado su voto a la alcantarilla –dice sin mirar a Ballarín que es el objetivo de su puyazo.
-Yo, por la mañana no puedo, tengo que cuidar a los nietos –les informa Ponte.
-Bueno, pues nos juntamos por la tarde. Casi mejor, lo hacemos en el Centro y así nos echamos unas partidas, igual son las últimas hasta que nos reunamos en la playa –sugiere Álvarez.
   Grandal pone alguna pega, los lunes es el día en el que Chelo descansa de su trabajo de escort de lujo y lo pasa en casa del excomisario como si fuera su mujer, por lo que propone otra alternativa:
-¿Por qué en vez de juntarnos en el Centro no lo hacemos en mi casa? Le diré a Chelo que prepare algo para merendar. Así matamos tres pájaros de un tiro: jugamos, merendamos y ponemos a parir a los que hayan ganado las elecciones porque son los que nos joderán en los próximos cuatro años.
   Y en eso quedan, se juntarán al día siguiente en casa Grandal para ver que ha dado de sí el día de las elecciones.

PD.- Hasta el próximo viernes