viernes, 3 de junio de 2016

32. Próxima estación: Delicias



   Una vez localizados los domicilios de varios de los trabajadores del Museo de América que tenían acceso a las cámaras de seguridad y entre los que, de acuerdo con la hipótesis del excomisario, debe de estar el cómplice que las desbarató, los jubilados se reúnen en casa de Grandal para establecer las líneas de actuación en los próximos días. El jefe del grupo insiste en que lo hay que buscar es aquella o aquellas personas que están viviendo por encima de las posibilidades de un empleado corriente. Buscad la guita es la frase que repite Grandal.
- Yo tengo otra duda sobre lo de gastarse la guita, Jacinto. Por cierto, hacía la tira de tiempo que no escuchaba ese palabro – dice Ponte -. Bueno, a lo que iba. Podría ocurrir que el dinero no se lo gaste el tipo al que compraron los atracadores o sea, el cómplice. Podría ser que quien maneje la pasta ni siquiera sea alguien de su familia directa, su mujer, sus hijos o sus padres. Podría tratarse de un primo, de un cuñado, hasta de un amigo.
- Esa duda está muy bien traída, Manolo – Grandal está aprendiendo que estos ayudantes que tiene ahora no son como los de antes que se limitarían a decir a sus órdenes y punto final. A estos de vez en cuando hay que pasarles la mano por el lomo y reírles las ocurrencias -. Por tanto, atentos al parche: no solo hay que investigar a los objetivos y a su familia próxima, sino también a lo que podríamos llamar como segundo anillo familiar y, por supuesto, a los amigos más cercanos.
- Oye, Jacinto, danos algunas instrucciones sobre cómo llevar la investigación. Me refiero a qué cosas hacer para obtener información sobre los objetivos – pide Ballarín.
- Se trata de ir acumulando datos sobre cuál es el nivel de vida del sospechoso, si vive por encima de sus posibilidades, si gasta en lujos y caprichos, si es el que siempre paga las copas cuando sale con los amigos, etcétera. Al mismo tiempo ir preguntando, como al desgaire y de forma indirecta para que no levante sospechas, a la gente del barrio sobre el fulano en cuestión y su familia. Es todo un arte lo de preguntar sin parecer que se pregunta que no es fácil enseñar y que iréis aprendiendo con el tiempo. De momento, conformaros con no cometer demasiados errores y, eso sí, en cuanto notéis que alguien se pone en guardia con vuestras preguntas pasad inmediatamente a otro tema. 
- No va a ser fácil – comenta Ponte.
- Nadie dice que lo sea, pero ¿quién fue aquel que dijo que una gran marcha comienza con un solo paso? Ah, otro dato importante: el mejor sitio para preguntar son los bares, tabernas, cafeterías, etcétera. No sé si sabéis que nuestro país ostenta el record mundial en porcentaje de bares por número de habitantes. Este es un pueblo que pasa buena parte de su tiempo tapeando, tomando cañas o cafelitos. Y en la barra de un bar la gente suele hablar con una naturalidad y falta de prejuicios como en ninguna otra parte. O sea, que tendremos que tomar muchas birras – remata Grandal.
- Otra cosa a resolver es quienes forman las parejas – apunta Ballarín.
- Por mí nos emparejaremos como queráis – ofrece Grandal.
   Un incómodo silencio se adueña del saloncito. Ocurre que en el fondo  ninguno de los otros tres quiere ir de pareja con Álvarez, pero nadie se atreve a decirlo, hasta que Ballarín rompe el impasse:
- Yo no tengo ningún problema para emparejarme con cualquiera de vosotros, pero a raíz de la investigación sobre aquella familia gitana que nos mandó buscar Jacinto, comprobé que Manolo y yo formamos un buen equipo. Nos llevamos bien y conseguimos hablar con uno de los patriarcas que nos indicó donde encontrar a los García Reyes. Por eso, y  a reserva de otras opiniones, creo que una pareja podría ser la de Manolo conmigo.
   Ponte se ve en la obligación de respaldar a Ballarín y al tiempo dejar patente que tampoco él tiene problema alguno en emparejarse con cualquiera de los demás. Por asentimiento se acepta la propuesta de Ballarín, aunque Grandal matiza que el emparejamiento adoptado no debe ser óbice para que, en función de las circunstancias, las parejas cambien de composición.
- Otra cosa, Jacinto – dice Ponte -. Amadeo acaba de citar a los García Reyes y es algo que tenemos pendiente. El Tío Ginés el Rubio dijo que los Reyes seguramente están ahora por la provincia de Castellón en la campaña naranjera. ¿Qué hacemos al respecto?
- Por ahora, la caja común solo da para birras y poco más – dice Grandal, sin que quede claro si habla en serio o en broma -. No podemos permitirnos desplazamientos más allá del entorno de Madrid. Por consiguiente, lo de la localización de los García Reyes queda aplazada hasta nueva orden, como decimos en el Cuerpo.
- ¿Y cuándo empezamos a investigar la vida y milagros de los objetivos? – pregunta Álvarez.
- A partir de ya. Cada pareja deberá ponerse de acuerdo y elaborar un calendario de trabajo, cronograma le llamamos en el Cuerpo. Otra cosa que se me olvidaba: es mejor ir dos que uno, es más fácil pasar desapercibidas dos personas que van charlando, pero si en algún momento hay uno de la pareja que, por lo que sea, no puede acudir, ello no debe ser obstáculo para que el otro siga la investigación.
   La siguiente cuestión que el grupo se plantea es repartirse los objetivos a investigar. El criterio que siguen es que, salvo Ballarín en el caso del sombrero tirolés como humorísticamente lo han bautizado, cada pareja investigará a los empleados asignados para localizar donde viven, si es que no lo han hecho ya. Asimismo, quedan de acuerdo que la siguiente reunión la tendrán el próximo martes en la que harán balance de los resultados obtenidos.
   Ponte y Ballarín han acordado comenzar sus investigaciones al día siguiente, jueves y continuarlas el viernes. El sábado y domingo lo tendrán de asueto. Ballarín tiene un chalé en Villaviciosa de Odón en el que suele pasar los fines de semana y al que también acuden sus hijos y nietos, por tanto tendrán que aprovechar los días hábiles que les quedan. En cuanto a Grandal y Álvarez acuerdan que van a comenzar la vigilancia de uno de los sospechosos que tienen adjudicados esa misma tarde.
   Como habían quedado, después de almorzar Álvarez y Grandal se dirigen hacia el madrileño distrito de Arganzuela en que está ubicada la calle Ferrocarril donde vive el empleado del museo cuyo seguimiento lo hizo Álvarez. Cogen el metro en la estación de Argüelles y toman la línea 3. Durante el viaje, Álvarez que, en ocasiones peca de redicho, le cuenta a su compañero de partida que la calle que van a recorrer es un ejemplo de cómo el ferrocarril puede cambiar la fisonomía de una población. Durante muchos años por dicha calle discurrió el tendido férreo que se dirigía desde la Estación del Norte hasta la de Atocha, las dos estaciones de ferrocarril más importantes de Madrid hasta que se construyó la de Chamartín. El tendido del ferrocarril partía la calle en dos y hasta marcaba uno de los límites de la ciudad. En la actualidad, sigue contando Álvarez, bajo la calzada discurre una doble vía electrificada que une las estaciones de metro de Príncipe Pío con Méndez Álvaro, y en la superficie lo que era una especie de desfiladero por donde transitaban los trenes ahora es una calzada de cinco carriles para automóviles.
- Pues yo – dice Grandal un tanto harto de las explicaciones de arqueología ferroviaria de su compañero – de la calle Ferrocarril no puedo contarte nada, pero sí de esta línea de metro. Allá por los años sesenta y tantos vivía en una pensión por Cuatro Caminos y trabajaba en Legazpi. Todas las mañanas cogía la línea 10 hasta Sol y allí cambiaba a la línea 3. Y para memorizar las estaciones que venían después de Sol me inventé una frase para recordarlas, decía así: los Lavapiés de los Embajadores de Palos causan las Delicias de Legazpi.
- ¿Y sin eso no te acordabas? – pregunta, un tanto burlón, Álvarez.
   La megafonía del metro anuncia: próxima estación, Delicias.
   Fin de trayecto, se dice Grandal, puesto que Delicias es la estación más cercana a la calle Ferrocarril.

martes, 31 de mayo de 2016

31. Un perseguidor con sombrero tirolés



   La primera portada de ABC del dos de diciembre trae una fotocomposición con los rostros de los líderes que, al decir de las prospecciones electorales, van a ser los candidatos más votados en la próximas elecciones generales. Junto a cada uno de ellos aparece el número de diputados que una encuesta encargada por el diario madrileño les otorga. A Rajoy, mejor dicho a su partido, le vaticinan 128 escaños, al partido de Sánchez 88, al de Rivera 55 y al de Iglesias 37. Y el titular que resume todo ello es: El desgaste de Podemos frena la caída del PSOE. Si sale un resultado así, piensa Ponte, no sé quién coño podrá gobernar. Este pueblo es la releche. No sé si es que somos tontos del culo o los más clarividentes del mundo mundial. En su segunda portada el titular que ocupa las cuatro columnas es sobre el mismo tema, las previsiones electorales: Las circunscripciones pequeñas serán decisivas el 20-D con sus 102 escaños. O sea, que según esto, dice el viejo en voz alta, la cosa se va a dilucidar en provincias como decíamos antes los catetos del foro. En el centro aparece la foto de la panorámica de un Madrid difuminado con un título que explica la borrosa fotografía: Madrid mantiene la alerta por la contaminación. A buenas horas, mangas verdes, comenta Ponte. Si esto se parece cada vez más a Londres, vamos a acabar teniendo el famoso puré de guisantes londinense. En la columna de salida dos recurrentes noticias sobre Cataluña: Mas recurre ante el Tribunal Supremo las condiciones del préstamo del Estado a Cataluña. El Constitucional tumba hoy por unanimidad la resolución de ruptura. No hay día que estos nois no aparezcan en los papeles, que cansinos son es su último comentario antes de cerrar el ordenador.
   Hoy, el grupo de jubilados metidos a policías aficionados tiene reunión general. Sentados alrededor de la pequeña mesa del saloncito de estar del piso de Grandal se disponen a debatir las tareas pendientes en sus investigaciones sobre el robo del tesoro.
- Bien, caballeros – Es Grandal quien toma la palabra -, lo primero es hacer un recuento de cómo se han desarrollado las investigaciones pendientes. Por lo que a mí respecta, os informo que ayer, con la inestimable ayuda de Manolo, localizamos el domicilio de uno de los objetivos que nos faltaba. Ahora vosotros. Empecemos con Luis, ¿qué tal te ha ido con tu primero?
- Sin problemas – informa Álvarez, al tiempo que deposita en la mesa una hoja de bloc -. Ahí estás sus señas, vive en la calle Ferrocarril.
- ¿Ningún contratiempo? – quiere saber Grandal.
- Ninguno. Durante todo el viaje, tanto callejeando como en el metro, hasta su casa fue leyendo el Marca. Le hubiera podido seguir todo un regimiento y no se hubiera enterado.
- Muy bien. Tu turno, Amadeo. ¿Tuviste algún problema con tu objetivo? – pregunta Grandal.
   Ballarín explica que sí lo tuvo. Fue un error por su parte que piensa no volver a cometer. Cuenta que para pasar más desapercibido cogió una vieja gabardina reversible porque así en algún momento le daría la vuelta y parecería otra persona, aunque no llegó a ponérsela porque el tiempo era casi más primaveral que invernal.
- ¿Y dónde estuvo el problema si no llegaste a ponértela? – inquiere Álvarez.
- Estuvo en el sombrero. Me puse también un sombrero tirolés y ahí la cagué. Mientras el objetivo anduvo por la calle no pasó nada, ni se enteró de que le seguía, pero cuando se metió en el metro empezaron los problemas. En Moncloa cogió el Circular hasta Príncipe Pío, allí se cambió a la línea 10 en dirección sur. No sé si habéis tomado alguna vez la 10, pero es una de las líneas de recorrido más largo. A partir de Cuatro Vientos el vagón comenzó a vaciarse de pasajeros y entonces me di cuenta de que mi tirolés desentonaba, era el único que llevaba sombrero. Algunos me miraban, yo creo que de manera rara, hasta el objetivo me miró un par de veces. Estuve a punto de bajarme, pero lo que hice fue quitarme el sombrero y en la Puerta del Sur, donde cambiamos a la línea 12, subí a un vagón distinto al que se montó la presa.
- ¿Pero conseguiste o no localizar su domicilio? – pregunta Álvarez cuya virtud de la paciencia es perfectamente descriptible.
   Ballarín no se da por interpelado y prosigue con su relato:
- Se bajó en la estación de El Bercial. Yo, además de no llevar ya sombrero, me había puesto la gabardina. Eso supongo que debió servir para que no volviera a fijarse en mí hasta que llegó a su casa. En el momento de entrar en el portal, se volvió y echó una mirada atrás.
- ¿Miró hacia dónde estabas? –pregunta Grandal.
- Creo que no, que fue una mirada como diría, como panorámica. De todas maneras, yo seguí andando como si nada.
- ¿Y dónde está el problema? – vuelve a inquirir Álvarez.
- Que quizá si me viera otra vez me reconocería.
- No pasa nada, Amadeo – le tranquiliza Grandal -. No te va a reconocer porque, curándonos en salud, no volverás a investigar a ese objetivo. Si necesitamos nuevas indagaciones sobre él, las haremos alguno de los otros. En lo que atañe a ti, respecto al empleado que seguiste, se te considera un agente quemado como se dice en el argot policial. Lo importante, y por lo que te felicito, es que conseguiste llevar adelante la misión encomendada.
- Jacinto, ¿tienes alguna birra en la nevera? – pregunta Álvarez.
- Me parece que va a ser que no, pero puedes bajar al bar de la esquina.
- Hablando de cervezas – interviene Ponte -. Algo que no hemos hecho y que habría que hacer ya mismo es constituir un fondo común para los gastos generales, como por ejemplo comprar una caja de cervezas o una botella de coñac, de wiski o de lo que se tercie. Una cosa es que Jacinto haya puesto su casa a disposición de todos y otra muy distinta es que encima le saqueemos la nevera.
- Ahora, le llaman frigorífico – corrige Ballarín.
- Bueno, pues que le saqueemos el frigo.
   La sugerencia de Ponte es aceptada por unanimidad y en un periquete se ponen de acuerdo en la cantidad a aportar por cada uno para el pozo común. Además, y puestos ya en harina, nombran a Ballarín para que haga de tesorero del grupo y se encargue de la intendencia. Resueltas las cuestiones de administración, Grandal retoma la palabra.
- Ya tenemos los domicilios de varios de los sospechosos y presuntos secuaces que pudieron manipular las cámaras del museo el día del robo. Aquí tenéis – y pone encima de la mesa unas fundas de plástico – los dosieres que he podido reunir de cada uno de ellos. No es que haya muchos datos, pero poco a poco los iremos completando. Nos vamos a dividir por parejas, cada una tendrá un par de objetivos a investigar. La etapa que comenzamos ahora será algo más complicada y tediosa que la anterior. Cuando los tengamos localizados todos, cada pareja deberá rondar los respectivos barrios en los que viven cada uno de los investigados y reunir toda la información posible, no solamente sobre ellos también de su familia, parientes próximos y amigos.
- ¿Y todo eso para qué? – quiere saber Álvarez.
- Para descubrir cuál o cuáles de ellos ayudaron a los ladrones del tesoro. Mi tesis es que, probablemente, quien inutilizó las cámaras más que un cómplice integrado en el grupo de atracadores es alguien a quien pagaron para que hiciera ese trabajo. Si la hipótesis que manejo es cierta, eso significa que el compinche de marras tiene dinero fresco en cantidad y sin que haya tenido que derramar una gota de sudor. Y cuando se dan esas características es muy difícil no hacer ostentación de él. Por consiguiente, cuando encontremos a alguien que gasta la pasta a manos llenas habremos encontrado a nuestro hombre.
- O a nuestros hombres – precisa Ballarín.
- Puede que sean más de uno, pero me da en la nariz que se trata de un solo fulano. – puntualiza Álvarez.
- Puede ser pero, como he dicho, si tienes mucha guita conseguida casi gratis va contra la humana naturaleza no hacer uso de ella y darte los caprichos que todos tenemos y que, generalmente, solo son sueños que nunca se convierten en realidad. O sea, que como os dije en su día: buscad la pasta – remacha Grandal.

viernes, 27 de mayo de 2016

Capítulo 6. Los jubilados en acción.- 30. Siga a ese coche



   El primer día de diciembre de 2015 depara una noticia que pone al Dúo Sacapuntas ante una nueva variante de su investigación que no esperaban. Uno de los agentes de la Brigada de Patrimonio, que forma parte de la unidad de apoyo para el Caso Inca, rastreando por internet ha encontrado una información que ofrece una nueva perspectiva al tan traído Tesoro de los Quimbayas. Encuentra un artículo en el que una prestigiosa especialista en arte precolombino y antigua subdirectora del Museo de América relata que hace tiempo, dado el alto valor económico y artístico de la colección, todas las piezas fueron reproducidas en oro y cobre. De esta manera, mientras las piezas originales han permanecido guardadas en las cámaras acorazadas del Banco de España, las que se han podido ver en algunas exposiciones o en el propio museo son copias de la colección original. El artículo aporta otro dato más: cuando las piezas auténticas salen del Banco de España son siempre custodiadas por la Guardia Civil.
   Puesto que los objetos de la colección cedidos para su exposición al Museo du Quai Branly de París no fueron protegidos por la Benemérita, cabe plantearse si los que se enviaron y posteriormente fueron robados del furgón blindado ¿eran copias o eran las piezas auténticas? Como Bernal y Atienza conocen sobradamente los entresijos de la administración pública española saben que si preguntan directamente a la dirección de Museo de América es posible que no les contesten, que les den largas o incluso que les oculten la verdad. Lo más eficaz, y al tiempo reglamentario, será acudir a la jueza instructora del caso para que sea ella la que adopte las medidas que estime pertinentes para dilucidar si las piezas robadas eran las originales o meras copias. Otro misterio más a sumar al ya de por sí embrollado asunto del robo del Tesoro Quimbaya.
   Ajenos al nuevo dato sobre el tesoro, Grandal y Ponte tienen ese miércoles una tarea específica: averiguar el domicilio de uno de los empleados de la empresa encargada de la seguridad del museo, que es uno de los que ha podido manipular las cámaras de vigilancia, y que hoy ha estado trabajando en el museo adónde ha llegado en su coche. Han quedado en la intersección de Hilarión Eslava con Cea Bermúdez a las dos y media. Ponte tendrá que almorzar un poco antes de lo que suele hacerlo, no sea que ahora que está a punto de ver convertida en realidad la recurrente frase que suena en toda película de acción que se precie: siga a ese coche, no la disfrute plenamente por si le sobreviene la somnolencia que le suele invadir tras el almuerzo. A la hora convenida aparece el comisario a bordo de un Seat León dos puertas, de color rojo y que a juzgar por su matrícula cuenta con una pila de años.
   Ponte se ha metido en internet y ha buscado información sobre cómo acechar a un coche sin que su conductor se aperciba de que es seguido. Ha leído una web titulada: las 10 reglas que debe saber para perseguir un vehículo sin delatarse. Una de ellas es que el color del vehículo perseguidor debe de ser poco llamativo.
- Jacinto, ¿no deberías haber cogido un coche de otro color menos chillón que el rojo?
- Quizá sí, pero este es el único que me quedaba en el garaje. El Maserati de color champagne se lo ha llevado el mayordomo y el BMW gris metalizado lo tiene el ama de llaves – contesta con guasa Grandal -. Manolo, ¿cuántos coches crees que tengo?
- Lo decía para que el objetivo no nos detecte fácilmente – se disculpa Ponte.                               
- Vamos a ver, Manolo, piensa. Un empleado que ha estado currando y que saldrá a las tres con más hambre que un gitano, con unas ganas locas de llegar a su chozo para sentarse a la mesa, ¿crees que tendrá en la chola que un par de viejales como nosotros le vayamos siguiendo por la caótica circulación madrileña del mediodía? Es lo último que podría pensar.
   Viendo que el excomisario no parece estar del mejor humor, Ponte cambia de tema.
- ¿Dónde le vamos a esperar, en el parking del museo?
- No, ahí seríamos demasiado visibles. Como el museo no tiene más que una salida hacia la Avenida de los Reyes Católicos y desde ahí solo se puede continuar hacia el Arco de la Victoria, nos apostaremos en la Plaza del Cardenal Cisneros, que es la primera rotonda en la que puede cambiar de sentido, bien para seguir por la Avenida de la Complutense, por la de Puerta de Hierro que desemboca en la carretera de A Coruña, o para torcer por la Avenida Juan de Herrera que le puede llevar, entre otros destinos, a la M-30. A partir de la rotonda de Cisneros es donde nos vamos a pegar a su trasero y precisamente será en ese trecho donde estaremos más al descubierto. Luego, en cuanto entre en una vía de mayor tráfico seguirlo sin que se aperciba será pan comido. Además, como te he dicho, dudo mucho que el tipo pueda sospechar que le van siguiendo. En cualquier caso, voy a procurar que entre ese fulano y nosotros haya, al menos, otro vehículo.
- ¡Caray, Jacinto, cómo se nota que eres un profesional! A mí no se me habría ocurrido pensar en todo eso – comenta Ponte con un dejo de admiración que tiene la virtud de disipar el mal humor de Grandal.
   A los doce minutos de espera aparece un Renault Clio, con motor diésel, de un azul metalizado que conduce el empleado objeto del seguimiento. Como había previsto Grandal, en la rotonda de Cardenal Cisneros el objetivo gira en dirección a la Avenida Juan de Herrera. El excomisario se le pega detrás. Al final de Juan de Herrera toma la calle a su izquierda, la de Martín Fierro, que desemboca en la Avenida de Séneca, en ella los perseguidores ya llevan otro vehículo entre el suyo y el de la presa. Al final de Séneca, el perseguido coge la M-500 para acceder inmediatamente a la M-30. A la altura del Parque Zoológico sale de la autovía para adentrarse en la Avenida de Portugal, al término de la cual entra en la siempre congestionada Autovía de Extremadura. Grandal no deja que otro vehículo se interponga entre su objetivo y ellos. La densidad de tráfico de la A-5 es enorme y además tiene muchas salidas, por eso le sigue como un galgo a una liebre, pegado a su culo.
- ¿No vamos demasiado cerca? – pregunta Ponte mirando con recelo las luces traseras del Clio.
- En esta carretera lo que hay que hacer es tener los cinco sentidos fijos en la conducción, no si te siguen o dejan de seguir. ¿Es que no sabes que es una de las entradas; bueno, en este caso, salidas más peligrosas y congestionadas de Madrid?
   En ese mismo momento, el Clio enciende el intermitente indicativo de giro a la derecha. Los paneles informativos indican que la próxima salida es la número 11, hacia San José de Valderas/Centro Comercial/San Martín de Valdeiglesias. El empleado se mantiene a su izquierda en la bifurcación en dirección a San José para tomar la Avenida de los Castillos, ya en el municipio de Alcorcón. En la segunda rotonda gira a la derecha para coger la calle Padrón, pasa otra rotonda tras la que accede a la calle Ribadeo en la que disminuye notablemente su velocidad que hasta el momento ha mantenido regularmente.
- Hemos de tener cuidado, está buscando donde aparcar – explica Grandal que ahora le ha dado un amplio margen de distancia al Clio.
   Casi en la esquina de Ribadeo con Carballino, el objetivo encuentra un hueco bastante estrecho, pero en el que con varias maniobras consigue aparcar. Mientras, Grandal ha estacionado su coche a la entrada de lo que parece la puerta de un garaje con un rótulo de prohibido aparcar y, por si hubiera duda, le acompaña un letrero que pone: avisamos grúa. Desde allí ven como el empleado se acerca en su dirección andando sin prisa, da toda la impresión de que sigue sin percibir que es objeto de seguimiento.
- Que viene, que viene – dice Ponte que por momentos se está poniendo nervioso.
- Tranquilo, Manolo. Si llega a nuestra altura, simularemos que estamos charlando, pero pon la mano apoyada en la sien, de forma que te tape media cara.
- Pero igual puede reconocernos.
- Manolo, no digas simplezas. A mí no me ha visto nunca, ¿cómo va a reconocerme? Y en cuanto a ti, ¿tú crees que va a recordar a un señor mayor que a veces tomaba café donde él suele hacerlo? Además, con las luces interiores apagadas y la escasa luz que tiene esta calle desde fuera apenas si verá más que dos personas que están manteniendo una amistosa charla.
   Los temores de Ponte no se materializan, antes de llegar hasta ellos, a la altura de la calle Cambados, el objetivo entra en un portal. La misión que podría denominarse de siga a ese coche ha terminado por el momento.