martes, 16 de diciembre de 2014

2.2. Recuerda lo del caballo de Troya


   En la reunión vecinal convocada por el Ayuntamiento para tratar sobre la erradicación de los mosquitos en el humedal y la marjalería, el alcalde ha introducido un nuevo tema: en ambos parajes se podría cultivar arroz. Tras las palabras del regidor una exclamación de asombro surge del auditorio. En el pueblo jamás se cultivó ese cereal y poco o nada se conoce de su laboreo. Todos saben que esa gramínea se da, entre otros lugares, en la Albufera y en el Delta del Ebro, pero resulta impensable que pueda criarse allí. Varias voces se hacen audibles:
- ¿Y qué coño sabemos aquí de cultivar arroz? – pregunta uno despectivamente.
- No creo que haya agua suficiente en toda la Marina para un cultivo que la necesita a mares – comenta otro sentenciosamente.
- Yo sé de buena tinta que cultivar arroz es caro y más si se trata de campos nuevos. Hay que gastarse muchos miles de duros para ponerlos en condiciones. ¿De dónde sacaremos el dinero? – En las reuniones siempre hay alguien que echa las cuentas.
   El alcalde trata de poner orden, algo que le resulta bastante complicado porque en la sala se ha montado un auténtico guirigay. Tras ímprobos esfuerzos consigue reconducir la situación.
- ¡Callaos, coño!, si hablamos todos a la vez no va a haber manera de que termine de contaros lo que tengo que decir. No vayáis a creer que hago las cosas a humo de paja. Lo he pensado mucho y me he asesorado de gente que sabe de arrozales. Vamos por partes. Primero, el Ayuntamiento ofertará parcelas de cuatro fanegadas, en una de las partidas de la Marina de propiedad comunal, a un precio casi regalado, pero solo se podrá adquirir una y con la condición de que su propietario la explote durante, al menos, diez años. En el resto del humedal se podrán adquirir fincas más grandes al precio que en su momento se tasará. En cuanto a lo del agua, según el ingeniero del que os hablé antes, hay suficiente para regar un coto arrocero de muchas hectáreas. Lo que sí tendrá que hacerse será construir acequias para canalizar el agua e instalar uno o dos motores para bombearla y que llegue a todas partes. Sobre el asunto del dinero para poner en marcha los nuevos campos, hice gestiones con el Instituto Nacional de Colonización y se podrá contar con créditos baratos y a largo plazo que facilitarán mucho las cosas. En cuanto a que aquí no sabemos nada de arrozales es verdad, pero no nos vamos a acobardar por eso. A la gente de este pueblo le sobran co… redaños para cultivar arroz y lo que se tercie.
   Un rotundo aplauso interrumpe la disertación de Vives que, como no está acostumbrado a esas muestras de entusiasmo, las recibe con una mezcla de asombro y satisfacción.
- Gracias, gracias…, pero todavía me falta algo por decir. También por mediación del Instituto de Colonización nos van a enviar a unos expertos para que nos expliquen todo lo que hay que saber sobre el arroz y la manera de cultivarlo. Y otra cosa que no quiero que me se olvide: hay que tener en cuenta que el arroz es un cultivo muy productivo y que tiene la venta asegurada. Finalmente, quiero decir que en el Ayuntamiento se va a abrir una ventanilla para todos los que estén interesados en lo del coto arrocero, allí os darán toda la información y os resolverán las dudas que podáis tener sobre el asunto. Y que conste que todo esto lo hago en beneficio del pueblo. He dicho.

   El proyecto del coto arrocero se convierte en la noticia estrella. La gente, como es tradición inveterada, se divide en dos bandos: unos a favor y otros en contra. Estos últimos son mayoría. Los campesinos suelen estar muy apegados a sus costumbres y la introducción de un nuevo cultivo, del que nada saben, les asusta y cuando algo asusta la reacción que suele provocar es el rechazo.
   Gimeno ha sido uno de los primeros sorprendidos ante la iniciativa del alcalde. Piensa que un nuevo cultivo puede ser algo bueno para la cooperativa, habrá más trabajo y eso supone más ingresos y cuando se mueve dinero es fácil que algunas pesetas vayan a parar al bolsillo del que lo gestiona, pero ahora que ha entrado en política no da un solo paso sin contar con el consejo de su mentor. Se reúne con el patriarca de los Arbós.
- Señor Benjamín, ¿qué opina sobre lo del arroz?
- Que es una buena jugada de Vives, lo que aún le torna más peligroso.
- Entonces, les diré a nuestros partidarios que se opongan y además que no compren ni un palmo de tierra.
- No. De momento será mejor esperar y ver en qué termina esta historia. Si en algún momento hay que cargarse el invento se consigue mejor desde dentro.
- Pero, señor Benjamín, si el proyecto funciona los resultados pueden ser catastróficos – iba a decir para mí, pero rectifica a tiempo - … para nosotros. Vives se puede convertir en el amo del pueblo.
- José Vicente, tú habrás estudiado algo de la Grecia clásica, ¿verdad? – y sin esperar respuesta añade -. Recuerda lo del caballo de Troya. Pues eso mismo es lo que vamos a hacer. La única manera de contrarrestar a Vives será teniendo a nuestra gente dentro del plan. O sea, que de torpedear el proyecto nada. Más bien lo contrario: hay que animar a la gente a que se apunte. En política siempre conviene tener un plan B por si el A no funciona. Si el plan de nuestro amigo Paco funciona y tenemos a muchos de los nuestros dentro terminaremos controlando el asunto. Si, por el contrario, fracasa será mayor el número de descontentos por haberle hecho caso a Vives. 
   La alusión al mito clásico hecha por Arbós es en lo que está pensando Gimeno cuando por la tarde, como tantas otras, ha subido hasta el Calvario. Quizás con algo de suerte pueda encontrar a Lolita a la que no puede quitarse de la cabeza, pese a sus desplantes. Cuando la ve se le acerca y, sin darle tiempo a nada, le espeta:
- Perdón, Lolita, pero quiero preguntarte algo: tú que eres de aquí ¿qué opinas de lo del coto arrocero? – no es que tenga ningún interés en lo que pueda opinar la joven, es que no se le ha ocurrido nada mejor para pegar la hebra.
   La joven se le queda mirando, un tanto desconcertada ante la interpelación.
- ¿Lo del coto arrocero? Ni lo sé ni me importa – la respuesta es tan desabrida como siempre.
- Alguna opinión tendrás. Si el proyecto sigue adelante puede ser algo muy positivo para el pueblo.
- Es posible que tenga razón – sigue hablándole de usted -. Si se mueve el dinero los que tenemos establecimientos lo notaremos. Y ahora, si me perdona, es hora de volver a casa.

   Cuando Lolita llega a casa le espera una sorpresa, la causante es su madre.
- Te estaba esperando, María Dolores. ¿Piensas ir esta noche al Ayuntamiento?
- ¿Al Ayuntamiento, y qué se me ha perdido allí? 
- Habrá una reunión en la que van a explicar lo del cultivo del arroz – aclara la señora Leo.
- Pero mamá, ¿y que nos interesa a nosotras lo del arroz?
- Creo que deberías ir porque te enterarás mejor que si voy yo. Van a traer gente de fuera para enseñarnos como se cultiva – explica la señora Leo.
- ¿Qué quieres decir con eso de enseñarnos?, ¿es qué vas a comprar algún campo de las que se van a vender en la Marina? – inquiere sorprendida Lolita.
- Todavía no estoy segura, pero hace unos días estuve en la cooperativa de San Isidro y ese chico forastero que está de secretario me dijo que puede ser una inversión interesante y que él también va a adquirir una parcela.
- El secretario se llama Gimeno y por lo que me cuentas se parece cada vez más al perejil, le gusta meterse en todas las salsas. Y ahora hablando en serio, mamá. Ninguna de las dos sabemos nada de agricultura. Las cuatro finquitas que tienes sino se las hubieras arrendado a Herminio estarían convertidas en un erial. ¿Y pretendes comprar otro campo?
- Verás, María Dolores, el chico ese, Gimeno, me explicó las posibilidades que podría dar de sí el nuevo cultivo si llegase a prosperar. Me contó que los productos agrícolas más ordinarios van dejando paso a otros más selectos, lo cual puede suponer el declive del boniato. El estraperlo sigue floreciendo pero se ha tornado más selectivo, ahora las estrellas son las medias de cristal, la penicilina, el tabaco rubio, el pan blanco… En esas condiciones, el arroz podría convertirse en el cultivo alternativo que los labradores locales necesitan desesperadamente y una inigualable oportunidad de ganar muchos duros. Y he pensado que las cuatro perras que tenemos y por las que la caja de ahorros nos da un interés miserable estarían mejor invertidas en la compra de una finca en la Marina. Por descontado ninguna de las dos va a poner un pie en ella. Se la arrendaremos a Herminio, y si todo marcha bien dentro de diez años podremos venderla y, como posiblemente se habrá revalorizado, ganaríamos unos buenos dineros que nos vendrían como agua de mayo. 
- Mamá, nunca dejarás de sorprenderme – es cuanto se le ocurre decir a lolita.

viernes, 12 de diciembre de 2014

CAPÍTULO II. Arroz y gambusias 2.1. De parte del señor alcalde se hace saber



   El alguacil del pueblo, que también ejerce de pregonero, detiene la bicicleta en la intersección de las calles Rabal y San Roque y toca el rudimentario clarín, emblema de su función. Una vez que algunas vecinas han salido a las puertas de sus casas comienza el bando:
- De parte del señor alcalde se hace saber – pausa para cerciorarse de que ha conseguido la atención de los convecinos -: que mañana por la noche, a las nueve y en la sala de plenos del Ayuntamiento, habrá reunión de los propietarios de fincas de la Marina y la marjalería. Si el público no cabe la reunión se realizará, una hora más tarde, en el cine Novedades. Por la importancia del asunto que se va a tratar, el señor alcalde pide que acudan todos los vecinos afectados – vuelve a tocar el clarín, toma aliento y prosigue con otra información -. Esta noche, a las nueve y en San Isidro, se convoca a los regantes que tienen acciones del pozo de la partida del Torreón – y da otro clarinazo. Fin del bando.

   El motivo de la reunión que ha pregonado el alguacil ha supuesto otra fricción entre el alcalde y el jefe de Falange, discrepancia auspiciada en la sombra por el patriarca de los Arbós. Paco Vives sostiene que se trata de una actuación encaminada a mejorar la salubridad municipal y por tanto es competencia plena del Ayuntamiento. José Vicente Gimeno insiste en que ha recibido un encargo directo del Jefe Provincial del Movimiento y, por consiguiente, no puede declinar el cumplimiento de una orden del mando, le corresponde llevarla a cabo. Al final, gracias a la intervención del juez municipal, llegan a una solución de compromiso: el acto lo presidirán conjuntamente, el alcalde lo abrirá y el jefe lo cerrará.
   Los propietarios concernidos por el bando han acudido mayoritariamente y la reunión, como se había previsto, tiene que celebrarse en el cine. Entre los asistentes está Lolita, flanqueada por su amiga Fina, ambas son propietarias de sendos majales. En el escenario se ha montado una improvisada mesa y sentados tras ella las autoridades locales. El acto comienza con más de media hora de retraso porque continuamente están entrando asistentes y no lo hacen precisamente en silencio. Paco Vives abre el acto:
- Señoras y señores…, vecinos todos, he convocado esta reunión para tratar un asunto de gran importancia, no solo para los que estáis aquí, sino para todo el vecindario. Cómo sabéis, en este pueblo hay muchos mosquitos. En verano son una plaga y lo malo no son sus picaduras, lo peor es que contagian las tercianas y otras enfermedades. Aquí, que tenemos mucho terreno con aguas estancadas, las tercianas y el tifus son males que hay que combatir. El Gobierno Civil ha dado orden de que en todos los pueblos que tengan terrenos pantanosos se pongan en marcha medidas para combatir los mosquitos. De eso se trata…, de matar mosquitos… – evidentemente el alcalde no es un Demóstenes y comienza a repetirse –. Y a continuación, los detalles del plan los explicará Gimeno. He dicho.

   José Vicente no se queda sentado en la silla, como ha hecho el alcalde, se levanta y rodeando la mesa se planta en el centro del escenario justo al borde del foso. Mira a los asistentes sin decir nada, en pocos segundos el runrún que emergía del patio de butacas es sustituido por un silencio sepulcral. Entonces, comienza a hablar:
- Convecinos, camaradas, ante todo quiero expresaros mi…, nuestro agradecimiento por vuestra asistencia. El problema que vamos a debatir esta noche será imposible llevarlo a cabo sin vuestra colaboración, por eso vosotros sois los auténticos protagonistas de este acto, realmente sois los que deberíais de estar aquí arriba – con el arranque de su discurso el joven político ya se ha ganado a la mayor parte de los asistentes que le escuchan embelesados -. Desde antes de nuestra Gloriosa Cruzada hasta nuestros días las enfermedades infecciosas han experimentado en nuestra patria un notable repunte y significan un azote para la población, especialmente para los más débiles como los niños, mujeres y ancianos. La difteria, la viruela, el tifus exantemático y, lo que más de cerca nos afecta, el paludismo, son epidemias que han causado y siguen provocando muchas bajas. El Régimen Nacionalsindicalista y, al frente del mismo, el Caudillo ha dicho ¡basta! Basta de enfermedades, de sufrimientos, de muertes inútiles. Naturalmente, solo con palabras no se solucionan los problemas, hay que ponerse en marcha, hay que arremangarse y ponerse al tajo. Y eso es lo que me… nos ha ordenado el Jefe Provincial del Movimiento y Gobernador Civil. Como sabéis, ya se ha iniciado la campaña nacional de vacunación contra la viruela y en breve comenzarán otras campañas de vacunación para las demás enfermedades. Pero como ha dicho antes el señor alcalde, a quien quiero agradecer su inestimable colaboración, aquí tenemos un problema específicamente local y somos nosotros quienes debemos de colaborar para intentar solucionarlo… - Gimeno sigue explicando a su entregada audiencia el aludido problema local que no es otro que el paludismo, las tercianas de las que habló Vives. Esa enfermedad infecciosa, explica a su escasamente ilustrado auditorio, es transmitida al hombre por la picadura del mosquito anopheles, que abunda en aquellas zonas donde existe agua encharcada o con escasa corriente, como ocurre en la marjalería y, sobre todo, en el contiguo humedal.
- Lolita, ¿qué puñetas es ese mosquito del que habla Gimeno? – pregunta Fina.
- Pues es un mosquito; mejor dicho, es la hembra del mosquito, que cuando está infectada y te pica puede transmitirte el paludismo – le explica Lolita.
  
   Gimeno prosigue con su disertación: los científicos han descubierto que hay un pececito, la gambusia, originario de América, que se come los mosquitos y sus huevos, y es una especie increíblemente resistente ya que tolera toda clase de aguas incluso salobres como las del humedal. El Instituto Oceanográfico de Madrid, otra insigne obra del Régimen, ha conseguido con notorio éxito la aclimatación de gambusias americanas que, a través de una acción conjunta de los Ministerios de Gobernación, Obras Públicas, Agricultura y de la Secretaría General del Movimiento, se distribuirán en todos los pueblos en los que el paludismo es una enfermedad endémica. En ese supuesto está Senillar. El suministro, transporte y distribución de los mencionados peces corre a cargo de los citados organismos oficiales, pero su implantación en las acequias y canales de la marjalería y en las lagunas del humedal de la Marina deberá de hacerlo el vecindario. Es una tarea a la que están llamados todos los hombres de buena voluntad, especialmente aquellos que sean propietarios de fincas en las mencionadas partidas. Para eso, el Ayuntamiento y la jefatura local han confeccionado una relación de propietarios y se tomará nota de aquellos que no presten su colaboración en tan patriótica empresa. Este aviso a navegantes alerta a más de uno que no estaba por la labor. Cuando Gimeno termina su discurso un rotundo aplauso trufado de vivas y bravos corona su intervención.

   Estaba programado que el acto concluyera con la disertación del jefe, pero ante la sorpresa de todos, especialmente de Gimeno, el acalde vuelve a levantarse. Tiene una sorpresa con la que nadie contaba.
- Vecinos. Además de lo que os he dicho antes, el Ayuntamiento que presido va a poner en marcha un proyecto que, por un lado, ayudará a terminar con los puñeteros mosquitos y, por otro, puede representar una nueva fuente de riqueza para el pueblo…
   Se produce un silencio expectante entre el auditorio, lo de la nueva fuente de riqueza ha concitado automáticamente la atención de los presentes y la perplejidad del jefe local que masculla por lo bajo: a ver por dónde va salir este tarugo. Vives, tras apurar un vaso de agua, prosigue su intervención: 
- Como os decía, cuando me explicaron lo de los bichos esos de las gambusias me se ocurrió que si parte de la Marina pudiéramos transformarla en tierra de cultivo habría menos aguas estancadas y por tanto menos mosquitos. Estuve en la Dirección Provincial del Ministerio de Agricultura y un ingeniero agrónomo que conoce la zona me informó que sería posible…, esperar que lo tengo aquí apuntado – saca un papelito y lee - … roturar una parte de las tierras, hasta ahora vírgenes, de la zona pantanosa para convertirlas en tierras de cultivo, pero dadas las características del terreno, y de que el agua de la zona es solo semidulce, el único cultivo que podría prosperar sería… - Paco hace una pausa. Se diría que está aprendiendo rápidamente los trucos de la oratoria – el arroz.

martes, 9 de diciembre de 2014

1.14. Decisión salomónica



   El Jefe Provincial del Movimiento y Gobernador Civil de Valencia recibe a José Vicente Gimeno, jefe local de la Falange de Senillar. Contestando al saludo falangista de su subordinado, el preboste medio levanta el brazo para inmediatamente tender la mano al visitante.
- ¿Qué tal, Gimeno? No te había vuelto a ver desde tu nombramiento. Toma asiento y cuéntame.
   José Vicente le explica los problemas del pueblo, desde su particular óptica, de tal modo que la opción que plantea el alcalde queda como una especie de obra menor que tampoco va tener un impacto social tan importante como asegura Vives. La razón es simple: la obra de la distribución del agua potable, a cargo de las arcas municipales, lleva aparejada una condición y es que la instalación de la misma en cada hogar deberá de ser sufragada por cada propietario, ese gasto no va a poder ser afrontado por todos los vecinos, con lo cual la obra solo favorecerá a las familias que tengan más recursos.
- …y, en cambio, dándole prioridad a la construcción de un nuevo grupo escolar, moderno y eficiente, camarada, empezarías a ganarte a un sector como el del magisterio que tan apartado ha estado de nuestra doctrina y comenzarías a convertir en realidad aquellas palabras de El Ausente – e impostando la voz medio declama –: “Maestros nacionales: ¡Ayudadnos a salvar a España! …enseñad a los niños a creer en Dios, en la Patria y en la obra de salvar a España mediante una alegre vida de trabajo y de milicia” – cuando termina la parrafada, pequeñas gotas de sudor perlan su frente. Es consciente de que su disertación tanto ha podido gustar a su superior como haberle parecido una payasada.
   Al Jefe Provincial, aunque habituado a la farragosa oratoria falangista, que él no prodiga demasiado dada su condición de militar, no deja de impresionarle la fogosidad dialéctica del joven mando. Oyéndole acaba de averiguar el motivo por el qué el alcalde de Senillar también ha solicitado audiencia. Se trata de una riña por el poder. Está acostumbrado a esas peleas tan propias de la política de campanario de la mayor parte de políticos locales. Sabe que según cual sea su fallo estará señalando al vencedor de la pugna.
- Muy bien, camarada. Deja tu propuesta al secretario, la estudiaré y tomaré una resolución. Ahora cuéntame cómo van las cosas en la jefatura.

   Un ceremonioso y obeso secretario, entrado en años, calvo, algo miope y vestido con un terno gris en cuyo cuello se adivinan motas de caspa introduce al alcalde al despacho del excelentísimo señor Gobernador Civil de la provincia. Vives entra con paso un tanto inseguro y se queda de pie ante la enorme mesa del preboste que está leyendo la ficha, que previamente le han pasado de la secretaría particular, en la que constan los datos del alcalde. El Gobernador alza la vista y medio levantándose del sillón le da la mano al tiempo que señala una silla.
- ¿Qué tal…- el jerarca echa un vistazo a la ficha – Vives? ¿Cómo está usted? ¿Cómo van las cosas por  Senillar?
- Gracias por recibirme tan pronto, señor Gobernador. Ya sé lo muy ocupado que está y le agradezco muchísimo que me haya hecho un hueco entre sus visitas. Cuando vuelva al pueblo y les cuente a los vecinos lo bien que se ha portado conmigo estoy seguro de que…
   El Gobernador corta amablemente, pero con firmeza, el parloteo de Vives:
- Perdone, alcalde. No hago más que cumplir con mi deber, pero vaya al grano. ¿A qué se debe su visita?
   Vives le explica el proyecto de abastecimiento de agua que el Ayuntamiento, que tiene el honor de presidir, piensa llevar a cabo. Es una obra de evidente calado social y de gran importancia para el pueblo en todos los órdenes. Significaría un extraordinario paso adelante en la modernización del municipio.
- Me parece una excelente idea que solo puede contar con el beneplácito de todos – refrenda el Gobernador.
- Ahí está la madre del cordero, señor Gobernador, y perdone la forma de hablar. Que no todos están de acuerdo con el proyecto.
   El alcalde le refiere como el jefe local se opone a la obra; mejor dicho, no se opone, al menos de manera directa, pero si exige que la primera actuación que se realice en el pueblo debe de ser la construcción de un nuevo grupo escolar. Y claro, el Ayuntamiento no tiene presupuesto para llevar a cabo ambos proyectos al mismo tiempo. Ahí es donde reside el problema y por eso ha solicitado audiencia. Espera que el señor Gobernador…
- … con su superior criterio valorará cuál de las dos obras, ambas importantes, es más necesaria y urgente para el pueblo. Lo que decida su excelencia a buen seguro que será lo mejor, pero si me permite decirlo, señor Gobernador, la traída de aguas sería una de esas obras de reconstrucción que tanta falta hacen en nuestra patria y en particular en mi pueblo.
   El Gobernador asiente un tanto distraídamente mientras recuerda la intervención de Gimeno. Es mucho más político el jefe que el alcalde, que no es más que un palurdo de pueblo; eso sí, lleno de buena voluntad y de ganas de hacer cosas por los suyos. No tiene dudas sobre la pugna: el abastecimiento de agua potable, diga lo que diga José Vicente, es una obra más necesaria y más urgente para la población que la construcción de unas escuelas, pero… cuando no tiene una idea clara de cuál es la fuerza con la que cuenta cada uno de los contendientes, suele adoptar soluciones salomónicas. Aparca sus reflexiones porque el alcalde sigue con su cháchara:
- … también quiero aprovechar esta visita para informarle de los problemas que las continuas restricciones están acarreando a los vecinos en general y al comercio en particular. Si su excelencia tuviera a bien hacer una gestión ante la compañía de la luz sería de mucha utilidad para el pueblo que algunos días se suavizasen un poco los apagones. Esto es algo que seguramente podría hacer el encargado del pueblo, pero es más tozudo que una mula y no quiere o no sabe entender que el comercio tiene su horario y que no siempre se adapta al calendario de restricciones que aplica. Si le dieran un toque o pusieran otro encargado tendríamos menos problemas y…
- Bien, bien, señor alcalde – vuelve a cortarle el Gobernador -. Veré lo que se puede hacer al respecto. Y ahora, si me disculpa, tengo muchas visitas pendientes.
   Nada más terminar la audiencia, el Gobernador llama a su secretario:
- Valenzuela, pida a Germán que mande los papeles que dejó en jefatura el jefe local de Senillar. Compárelos con estos y me prepara un informe. Ah, hable con la dirección de la compañía eléctrica y que le expliquen qué pasa con las restricciones.

   La disposición que toma el Gobernador es un tanto salomónica, intenta contentar a ambos gerifaltes locales: la instalación del agua corriente será la primera obra a acometer y una vez terminada la obra se presupuestará la construcción de un nuevo grupo escolar. En realidad, tanto los afectados como el resto de vecinos toman la decisión como una victoria de Vives. Pese a que la resolución le sienta a José Vicente como si le hubiesen colocado un par de banderillas negras en todo lo alto, hace de la necesidad virtud y se apresura a felicitar al alcalde por la consecución de las obras que van a cambiar la faz del pueblo. Cuando en privado se queja al secretario de la Jefatura Provincial del desaire que, en su opinión, le ha hecho el jefe, recibe una respuesta que le da qué pensar:
- Mira, José Vicente. Has de tener en cuenta que el jefe es también el Gobernador Civil y tiene que jugar a dos paños. En aquellas localidades en los que el alcalde y el jefe estáis enfrentados se lo ponéis muy difícil. Le obligáis a tomar resoluciones que no dejen mal a uno ni a otro. Si quieres ganar la partida a Vives tienes que hacerte el amo del cotarro, has de conseguir tener más apoyos que tu oponente y eso no se logra en unas semanas, se requiere tiempo, paciencia y mano izquierda.
   Salvados todos los problemas, se acomete la instalación del agua corriente. Se levantan las calles para excavar zanjas en las que se instalan las cañerías de agua potable y la red de aguas fecales. Muchos vecinos se han mostrado recelosos ante lo que supone un cambio importante en la vida cotidiana, recelo que en muchos casos se ha incrementado cuando han tenido que hacer frente al gasto de la instalación en el interior de sus domicilios. Esos recelos se comentan en todos los corrillos vecinales y, como no, hasta en la trastienda de la Moda de París.
- Mi padre está que trina con lo que le ha costado la instalación del agua corriente en casa – comenta Consuelo.
- ¿Y qué pensaba tu padre, que se la iban a poner gratis? – replica Fina.
- Ya veréis como todas las dudas y recelos sobre la obra desaparecerán como por ensalmo cuando, en cuestión de días, nos acostumbremos a que al abrir el grifo mane generosamente el agua – afirma una redicha Lolita.
- ¿Sabéis que voy a echar de menos?, que ya no tendremos que hacer varios viajes al día hasta alguna de las fuentes para llenar los cántaros, sobre todo porque dejarán de vernos los chicos cuando vamos y venimos – se lamenta Consuelo.
- Por ahí se murmura que Gimeno, el de la cooperativa, estaba en contra de lo del agua potable – comenta Fina.
- Ese membrillo no sería más tontorrón si chupara picaportes – apostilla despectivamente Lolita.

   El día que se inaugura la obra, con asistencia de las autoridades provinciales, a excepción del Gobernador que está en Madrid, el alcalde no resiste la tentación de mostrarles el verso, compuesto por un vate local, grabado en el bordillo de entrada de la caseta del pozo y que ya figuraba en el que había antes de la guerra: Neptuno, aquí liberal, /por saciar la sed del mundo, /hizo de un pozo profundo /este bello manantial. 
- Excelente poema, de buena factura y muy bien medido – afirma con gesto grave, y sin dejar traslucir su ironía, el Presidente de la Diputación -. Les felicito por su buen gusto.