viernes, 10 de enero de 2014

2.40. Paciencia y barajar

   A Sergio las elecciones le importan un rábano, de hecho ni siquiera piensa votar, tendría que ir a Madrid para hacerlo pues es donde está empadronado. En lo que está ahora es en ponerse el mundo por montera si fuera necesario y romper con su pasado, hacer lo que sea para que Lorena no le abandone. Una vez que ha dado carpetazo a los libros lo que más le urge es encontrar trabajo.
   El tío de Verónica cumple la promesa que le hizo a su sobrina y admite a Sergio en su empresa familiar de instalaciones eléctricas. A Dimas, el capataz y hombre de confianza de Francisco Solbes, le basta una jornada para constatar que el chico está muy verde y no tiene ninguna experiencia.
- Francisco, el chaval que me has mandado, sirve de poco. Por lo que me habías dicho creía que podría desenvolverse medianamente bien, pero no es así. Tú verás que hago con él. 
- ¡Coño!, pues eso no es lo que me contó mi sobrina. Según ella iba para ingeniero del ramo.
- No digo que no, pero para el trabajo que hacemos está más verde que un espárrago.
- Bueno, pues cuando llegue mañana al tajo dile que se vuelva por donde ha venido, que no nos sirve.

   Dimas tiene la costumbre de llegar al trabajo antes que ninguno de sus operarios. Así tiene tiempo de evaluar la faena del día anterior y de preparar las tareas a realizar en la jornada. Cuando llega al bloque donde están trabajando se encuentra con la sorpresa de que alguien se le ha adelantado, Sergio.
- ¿Cómo tan temprano, chaval?
- Me gusta ser puntual, y además quería hablar con usted antes de que llegasen los demás.
- No me trates de usted, no soy tan viejo.
- Viejo no lo es, pero uno de mis profesores nos decía que hay que tratar de usted y con mucho respeto a las personas mayores en edad, dignidad y gobierno.
- Eso suena a catecismo de los de antes. Lo de respetar a los mayores me parece bien y más ahora que los jóvenes tratan a todo el mundo como si fueran de la misma quinta. De todas maneras, en el curro no nos andamos con protocolos ni zarandajas y todos nos tuteamos. Y bien, ¿de qué me querías hablar?

   El día anterior Sergio se dio cuenta rápidamente de que sus conocimientos teóricos le servían de bien poco, al menos por el momento, para la instalación de líneas de distribución eléctrica de baja tensión. Sin conocer la conversación mantenida entre sus jefes, sospecha que pueden prescindir de su concurso y antes de que eso ocurra ha pensado que la única persona que le puede salvar es el capataz.
- Ayer me di cuenta de que una cosa es la teoría y otra la práctica. Usted sabe mucho mejor que yo que en este momento no estoy preparado para hacer el mismo trabajo que cualquiera de sus oficiales, pero le prometo que puedo aprender y que estoy dispuesto a hacer lo que sea para demostrarle que puedo ser útil a la empresa.
- Vaya, me gusta la gente que es capaz de reconocer sus limitaciones. Hay que ser muy hombre para admitir que, pese a tener estudios, uno no sabe hacer determinadas cosas. Dice mucho a tu favor, pero hay un problema, eres demasiado mayor para cogerte de aprendiz.
- Aprendiz no, pero sí ayudante o auxiliar de instalador.
- ¿Y tú sabes lo que hace un ayudante? – pregunta un escéptico Dimas.
- Sí señor. Entre otras tareas, la carga y descarga de material, el empotrado de tubos, paso de cables, montaje y desmontaje de andamios, mantenimiento de herramientas y medios auxiliares, limpieza de los locales en que se trabaja, etcétera.
- Veo que sí lo sabes. ¿Y estás dispuesto a llevar a cabo todas esas faenas?
- Sí señor. Esas y cualesquiera otras que usted pueda, perdón, que puedas mandarme – es la rotunda respuesta de Sergio.
- Me dijiste que terminaste la formación profesional de grado superior, ganarías más dinero y estarías mejor considerado si trabajaras en lo tuyo.
- Sí pero entonces tendría que irme del pueblo y eso es lo último que pienso hacer.
   Una intuición cruza la mente de Dimas: este tío está encoñado con alguna chavala de por aquí y por eso no quiere irse. No sabe el capataz que atinada es su impresión. Todavía hace una postrera tentativa:
- De ayudante vas a ganar poco y trabajar mucho.
- Lo de ganar poco me fastidia, pero me aguantaré, en cuanto a trabajar mucho es algo que no me asusta.

   Cuando Dimas tiene la diaria charla con el patrón le da su opinión:
- Francisco, creo que me equivoqué con el chico que recomendó tu sobrina. No vale para oficial, pero si no estoy desencaminado lo valdrá en unos meses. Es joven, pero bragado, de los que se viste por los pies.
- ¿Has pensado que es demasiado mayor para cogerlo de aprendiz?
- Claro, pero nos servirá como ayudante. Y, ya te digo, o estoy perdiendo olfato o en medio año lo puedo convertir en un buen instalador.
- Pocas veces te equivocas, Dimas, pero si le hago un contrato de ayudante va a ganar cuatro perras. Y mi sobrina me contó que buscaba un curro para alquilar un piso e irse a vivir con su novia.
- Ese ya no es mi problema, jefe. Los contratos y los sueldos son cosa tuya. Te repito que a mí me vale como ayudante, en todo lo demás ni entro ni salgo.
   Como Francisco tiene una fe absoluta en la capacidad de Dimas para juzgar al personal no lo duda y contrata a Sergio como ayudante de oficial electricista. Y le da un plazo de seis meses para que demuestre si es capaz de aprender el oficio lo suficiente para convertirse en oficial. Por el momento, además de las tareas propias de todo ayudante, y dado que tiene una formación académica que no posee nadie en la empresa, le encarga de dos tareas específicas: lo relativo a la seguridad y salud en el trabajo y la prevención de riesgos laborales. La poca atención que le ha prestado a esos apartados le ha valido una multa de la inspección de trabajo que le hizo jurar en arameo. No está dispuesto a que le vuelva a pasar y quizá el chico pueda solucionárselo, desconoce el oficio, pero sabe de papeles.

   Para Sergio ha sido un duro palo enfrentarse con la realidad del mundo laboral y sus exigencias. No se atreve a contarle a Lorena que, por ahora, de instalador electricista nada de nada y que no lo va a tener fácil, pero si se lo confía a su abuelo.
- Hijo, las cosas son como son. No tienes ninguna experiencia, por eso te han puesto de aprendiz. Un oficio hay que aprenderlo desde abajo.
- Abuelo, eso pasaría cuando tú eras joven, pero ahora las cosas sin distintas o, mejor dicho, deberían de serlo. ¿Para qué me sirve entonces el título de técnico superior en la rama de electrónica industrial? ¿Para qué me valen los estudios de la escuela de ingenieros?
- Mira, Sergio, yo no entiendo mucho de estudios ni de títulos, pero sé cómo funcionan las cosas en el mundo de los oficios. El hecho de que tengas un título de formación profesional y hayas hecho parte de los estudios de ingeniero supone que sabes bastante teoría, seguro que mucho más que los oficiales que tiene Francisco, pero de práctica apuesto a que estás pez. Y es natural, no has trabajado nunca. Y una cosa es saber algo de teoría sobre un oficio y otra muy distinta poder realizarlo en la práctica.
- ¿Entonces, qué hago?
- Paciencia y barajar, hijo, paciencia y barajar.

   La moral de Sergio se viene todavía más abajo cuando recibe su primera paga. Con el magro contenido del sobre que ha recibido le va a resultar imposible alquilar un piso y mucho menos mantener a dos personas. Ya no le puede ocultar a Lorena por más tiempo que sus proyectos van a tener que retrasarse.
- ¡Qué me dices!, ¿sólo te pagan esa miseria?, ¡pues vaya mierda! – la decepción y la rabia de Lorena se plasman en la exclamación que le ha salido de las entrañas. Trata de calmarse -. Hay algo que no me cuadra. ¿Cómo es tan miserable el cabronazo de Francisco para darte esa mierda de sueldo? Yo creía que los oficios de la construcción estaban mucho mejor pagados y no digamos los de un electricista.
- Ese es el problema, que no me pagan como a un oficial, sino como a un ayudante – confiesa Sergio que hasta ahora no se atrevió a contarle la verdad a su novia.
- ¿Y por qué te pagan como ayudante, a ti que eres medio ingeniero?
- Porque ni soy medio ingeniero, como dices, ni conozco el trabajo de un instalador electricista. He de aprenderlo porque lo que hacen no viene en los libros, tengo que ir adquiriendo experiencia y esa sólo la da la práctica.
- Sergio, tú me has estado engañando. Yo que le había dicho a Verónica que te recomendara a su tío porque en cuatro días te ibas a hacer el amo de la empresa y entonces Francisco no iba a tener más remedio que pagarte lo que no está en los escritos, y ahora va y resulta que te tienen de aprendiz. Eres un miserable y encima me has hecho quedar como una gilipollas. No te lo voy a perdonar nunca. Olvídate de mí para los restos – Lorena se marcha hecha una furia y deja a Sergio desconsolado y sin saber qué hacer.

martes, 7 de enero de 2014

2.39. Todos tenemos un precio

   Las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 1995 se aproximan y los aparatos de los partidos se afanan en preparar sus estrategias de última hora. Les preocupa especialmente el problema de los posibles pactos que, dada la singularidad de la ley electoral, son imprescindibles en muchas ocasiones. En Senillar se presentan a las elecciones cuatro partidos políticos: el PSOE, el PP y los nacionalistas de izquierdas del UNES y los de derechas del BANS. Ante las posibles sorpresas que puedan deparar las urnas las directivas de los partidos dedican mucho tiempo a elucubrar sobre previsiones de resultados y de futuras alianzas.
   Las reuniones para analizar los posibles pactos poselectorales no sólo las llevan a cabo las ejecutivas de los partidos, también las efectúan los poderes fácticos que tienen mucho que ganar o perder según qué fuerza política vaya a gobernar el Ayuntamiento. Se trata de controlar no sólo a las formaciones políticas sino también a sus militantes más destacados, en especial a los que van de cabecera del cartel electoral. El hecho de pertenecer a un determinado partido no es tan determinante como la clase de pasta de que está hecho cada dirigente o, como suele decir sarcásticamente Oriol Bricart, su proclividad a ser bizcochable.

   Los directivos de BACHSA, el nuevo poder fáctico emergente en la localidad, han instado a sus representantes locales a que sigan muy de cerca la preparación y desarrollo de la campaña electoral y el cabildeo de los pactos poselectorales si fueran necesarios. Agustín Badenes, el director local de Cajaeuropa, se reúne con José Ramón Arbós y Amador Garcés, ambos muñidores locales de los constructores, para debatir y poner de acuerdo sus estrategias con que obtener réditos para sus intereses sean cuales fueren los resultados electorales.
- Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que nuestro principal objetivo debe de ser dejar atado lo del día después de las elecciones. No podemos correr el albur de que salga un resultado imprevisto y nos reviente el negocio, ahora que todo va viento en popa – pontifica el bancario.
- Por supuesto, Agustín, pero tranquilo que ya lo tenemos medio encarrilado. Y aún en el peor de los casos no será la primera vez que le hemos dado la vuelta a un resultado que no nos gustaba – se ufana Arbós.
-¿Qué pálpito tenéis sobre posibles resultados? – se interesa Badenes.
- Por lo que hemos estado husmeando por ahí creemos que puede haber un empate entre PSOE y PP. Tampoco descartamos que uno de ambos saque un concejal más, pero parece improbable que alguno de ellos obtenga la mayoría absoluta – Garcés es quien responde.
- ¿Ese resultado significa qué los nacionalistas sacarán algún escaño? – quiere saber Badenes.
- Es probable. Lo más parecido que tenemos aquí a una empresa que haga encuestas sobre intención de voto es lo que barrunta el tío Chimo el Saurí, que es un lince para tomar el pulso al ambiente. Anteayer hablé con él y me comentó que es casi seguro que volverán a salir los del UNES y que hasta es posible que puedan sacar un par de concejales – informa Garcés.

   La información parece preocupar a Badenes que vuelve a preguntar:
- ¿Eso presupone una nueva coalición PSOE-UNES?
- No creas que está tan claro. Por una parte dependerá del resultado y por otra de lo que los nacionalistas exijan y de lo que el PSOE esté dispuesto a ofrecerles – responde Arbós.
- Entonces, ¿qué estrategia tenéis pensada?- inquiere Badenes.
- Estamos en ello, pero va ser complicado, aunque de peores hoyos hemos salido. Hemos analizado detenidamente los posibles escenarios que se pueden dar tras las elecciones y, tras darle muchas vueltas, empezamos a vislumbrar posibles salidas que no resulten excesivamente gravosas para nuestros intereses – quien ahora responde es Garcés.
- ¿Y cuál es el escenario poselectoral más probable? – Badenes sigue pidiendo más concreciones.
- El panorama que se vislumbra es el siguiente. Si se confirma, como parece casi seguro, que ni PSOE ni PP logren la mayoría absoluta y que los del UNES obtengan una o dos concejalías, las posibles combinaciones poselectorales quedan reducidas a socialistas más nacionalistas o populares más nacionalistas – explica Garcés.
- Luego los del UNES tendrán la llave de los pactos – resume Badenes y añade -. Si esa conclusión es válida, ¿tenéis pensado cómo controlar a los nacionalistas?

   Arbós y Garcés se miran para ver quien contesta. Lo hace José Ramón:
- Directamente no los controlaremos, pero esperamos hacerlo a través de los pactos que el PSOE o el PP, esto último poco probable, acuerden con ellos. Ésta, al menos, es mi opinión, aunque Amador discrepa.
- ¿Por qué discrepas? – pregunta Badenes dirigiéndose a Garcés.
- Si se cumplen los pronósticos de Chimo el Saurí – explica Garcés -, el escenario PSOE más UNES es el que nos puede crear más quebraderos de cabeza por la deriva que estoy detectando en la ejecutiva de mi partido y que se puede resumir en que esta vez no piensan ceder la concejalía de urbanismo a los nacionalistas. Si eso ocurre se puede llegar a una situación complicada y, hasta cierto punto, ingobernable. Y lo que necesitamos es tener un gobierno sólido, pero al mismo tiempo con la fragilidad que supone estar atado a una alianza que siempre puede romperse. Por eso, y que lo proponga yo parece un chiste, nuestra mejor estrategia sería conseguir un pacto, en principio contra natura, entre el PP y los nacionalistas del UNES. Algo que, y también parece una broma, José Ramón pone en cuarentena.
- Y lo pongo porque me parece una sandez – reprocha Arbós a su socio -.Los del UNES jamás pactarán con nosotros aunque les ofreciéramos el oro y el moro. Esos pájaros son más rojos que La Pasionaria.
- Serán todo lo de izquierdas que quieras, José Ramón, pero es quienes mejor saben meter la mano en el cajón del pan – replica Garcés -. Por eso, si el PP les hace una oferta que no puedan rechazar se meterán el izquierdismo en el fondo de la faltriquera o donde hiciera falta.
- ¿Tienes datos para estar convencido de ello o sólo es un presentimiento? – inquiere Badenes.
- Estoy razonablemente seguro y me apoyo en un hecho. Por primera vez la gente del UNES ha podido paladear las mieles del poder y por eso creo que harán lo imposible para seguir en el machito.
- ¿Aunque tengan que renunciar a sus convicciones? – pregunta un incrédulo Arbós -. Eso les puede resultar muy duro.
- José Ramón, como dijo no sé quién, no hay nada más duro que estar en la oposición – replica Garcés.
- En todo caso, será cuestión de probar lo que propone Amador, al fin y a la postre todos tenemos un precio – dogmatiza Badenes.

viernes, 3 de enero de 2014

2.38. El nudo gordiano

   Sergio ha decidido dar un tajo al nudo gordiano del dilema que le ha estado amargando en los últimos tiempos. Lorena es lo más importante para él y todo lo demás: familia, estudios, futuro queda arrumbado. No piensa regresar a Madrid, hará lo que le pide su amada, se quedará en el pueblo. Así se lo asegura a la joven una y otra vez:
- Mi amor, sólo de pensar que puedo perderte me vuelve loco. Quiero tenerte a mi lado, quiero pasar el resto de mi vida junto a ti. Me quedo en el pueblo, buscaré un trabajo y en cuanto gane el suficiente dinero te pediré que vengas a vivir conmigo.
- ¡Qué alegrón me das, cariño! Ahora sí que demuestras que me quieres de verdad. Este es el hombre del que me enamoré locamente. ¿Ya se lo has dicho a tus padres?
- Les he escrito una carta, ¿quieres leerla?

   Lorena lee la carta:
   Queridos padres: Lo primero que voy a deciros es que os quiero mucho y que nunca podré pagar lo mucho que habéis hecho por mí. Os digo esto por si os sirve de consuelo y porque sé que lo que voy a contaros os va a disgustar.
   Sabéis que estoy enamorado hasta el alma de Lorena, la maravillosa chica de que os hable. Cuando no la veo, cuando no estoy a su lado, cuando no oigo su risa y sus palabras parece que me falta el aire. No puedo vivir sin ella. Por eso he decidido no volver a Madrid y quedarme en el pueblo. De momento voy a estar con el abuelo, pero pienso buscar trabajo y en cuanto lo tenga alquilaré un piso y le pediré a Lorena que viva conmigo. Espero que me diga que sí, me hará el hombre más feliz del mundo.
   Os pido que me comprendáis y me perdonéis. Y no dudéis que os sigo queriendo más que nunca.
   Vuestro hijo Sergio.

   El chico se queda mirando a su amada y pregunta con cierta timidez:
- ¿Qué te parece?
- Guay, me parece guay. Qué bien escribes, podrías ser novelista. Yo pondría otra cosa para que se quedaran un poco más tranquilos. Les diría que no renuncias a tu carrera y que en cuanto puedas reanudarás los estudios.
- Pero sin dejarte – puntualiza Sergio.
- Claro, mi vida. Nosotros no nos separaremos nunca – asevera Lorena en una afirmación de la que no está tan segura -. Y tu abuelo, ¿qué te ha comentado de lo nuestro?
- Todavía no se lo he dicho. Voy a hacerlo esta noche. ¿Y tus padres, qué piensan de que vayamos a vivir juntos?
- Me pasa como a ti, pero no es algo que me preocupe. Digan lo que digan me lo voy a pasar por el forro.

   El señor Andrés el Punchent escucha atentamente y cuando el nieto termina su relato, se toma un tiempo para formular su opinión. Lo primero que hace es intentar cambiar la decisión de Sergio.
- Déjame decirte que la determinación que has tomado es, como poco, un tanto temeraria. Dices que te vas a quedar en el pueblo. Ese es el menor de los problemas, si quieres puedes vivir conmigo, pero tú sólo, no con un chica con la que no estés casado. Perdóname, pero estoy chapado a la antigua y hay cuestiones que ni entiendo ni apruebo. Otra cuestión que veo espinosa es lo de buscar trabajo, ¿de qué?, ¿qué sabes hacer?, ¿crees que sin tener un oficio o un título encontrarás trabajo fácilmente?
- Lorena me ha dicho que en la construcción hay trabajo para todo el mundo.
- Para trabajar en la obra hay que ser albañil, fontanero, escayolista, carpintero; en definitiva, tener un oficio, ¿tú que eres o qué sabes hacer?
- Sé bastante de electricidad, podría trabajar de instalador electricista.
- Suponiendo que encuentres trabajo de electricista, que es mucho suponer,  sigue habiendo dos problemas y muy gordos. ¿Has pensado en el enorme disgusto que vas a dar a tus padres?, ¿has valorado que les vas a amargar la vida? Y por otra parte, ¿qué hay de tus estudios, de tu carrera, de tu ilusión de ser ingeniero? ¿Todo eso lo vas a tirar por los suelos?
- Mira, abuelo, toda esa retahíla de preguntas que me haces ya me las he planteado una y mil veces y la respuesta siempre es la misma. Entre disgustar a mis padres y perder a Lorena, lo siento por ellos, pero me quedo con Lorena. Entre continuar mi carrera y dejar a Lorena, al diablo con la carrera. ¿De qué me valdría ser ingeniero y no ser feliz?
- Bueno, hijo – el abuelo decide no forzar la mano -, parece que lo tienes todo muy meditado. Sabes que siempre podrás contar conmigo, pero te vuelvo a pedir que antes de dar el paso lo pienses detenidamente. Y no lo hagas ni a la buena de Dios ni por orgullo porque puedes hace un pan como unas hostias.

   Lorena todavía no les ha dicho nada a sus padres sobre irse a vivir con Sergio. Piensa hacerlo en el último momento. En cambio, si lo comenta con sus amigas más íntimas, entre las que hay variedad de opiniones.
- Estás loca, Lorena, ¿irte a vivir con ese pardillo?, pero si no le quieres – afirma Anabelén.
- Pues yo creo que lo que piensa hacer Lorena es guay. ¿Os imagináis?, ser la señora de tu casa, no tener que dar cuentas a nadie y disponer a tu antojo de un chorbo que besa el suelo que pisas y que está dispuesto a partirse el lomo para que vivas como una reina. Un chollo como ese para mí lo quisiera – comenta Verónica.
- Yo creo que las dos tenéis algo de razón. Lo que dice Verónica es como el guión de una película de amor en tecnicolor, sólo tiene un pero que lo acaba de apuntar Anabelén, que no le quieres. ¿Serás capaz de meterte todos los días en la cama con un tío que no te da ni frío ni calor? – pregunta Maribel.
- No os voy a mentir, es cierto que no estoy enamorada de él, pero Sergio es un cielo. Es un chico tierno, cariñoso, incapaz de engañarme y que, como habéis dicho, se partirá el alma trabajando para que no me falte de nada. Si conocéis una salida mejor decídmelo.
- ¿Y qué pasará cuando vuelva Maxi? – la pregunta de Maribel pone un rictus de despecho en el semblante de Lorena.
- Cuando vuelva el cerdo de Maxi, y con él la puta de Mariasun, no pasará nada. Ese es un capítulo de mi vida que está muerto y enterrado – es la acerada respuesta de Lorena y, para que no se le note su crispación, cambia de registro -. Oye, Vero, ¿te acordarás de recordarle a tu tío Francisco que si le puede encontrar un curro a Sergio?
- Descuida, esta misma noche se lo digo.

   La determinación del joven ha supuesto para sus padres un terrible mazazo. No saben cuál de las decisiones de su hijo les resulta más dolorosa y todas juntas son como una carga explosiva que dinamita todos sus sueños y proyectos. Le han razonado, le han expuesto argumentos de todo tipo para que vea el increíble disparate que va a cometer. Han instado, rogado, suplicado, amenazado; todo ha sido en balde. Sergio no da su brazo a torcer, la pasión que siente por la muchacha puede más que las desesperadas súplicas de su madre, que los serenos razonamientos de su padre. Está consternado por darles tamaño disgusto, pero su decisión no tiene vuelta atrás.   
   El único consuelo que les queda a los padres es la vaga promesa del chico de que, en algún momento que no precisa, piensa terminar la carrera. Lo que por ahora parece ser una decisión inquebrantable es que deja los estudios, se queda en Senillar, se va a poner a trabajar y en cuanto gane su primer jornal alquilará un apartamento, en el que vivirá con Lorena. Punto final.  Por fin ha decidido cortar el nudo gordiano que atenazaba su vida. 

martes, 31 de diciembre de 2013

2.37. ¡Para maná éste!

   Los miembros del consejo de administración de BACHSA, Rodrigo Huguet e Íñigo Arechabaleta, vuelven a desplazarse a Senillar para evaluar sobre el terreno el enfoque y desarrollo de la campaña de compra de terrenos. En la reunión que mantienen con sus apoderados locales, José Ramón Arbós y Amador Garcés, concretan más detalles de la operación.
- Como ya os dijimos, hay que seguir comprando fincas en los sectores del norte. De momento necesitaremos, aproximadamente, un millón de metros cuadrados. ¿Lo veis factible? – inquiere Huguet.
- Sin problemas – contesta Arbós, quien a su vez plantea –. Esto ya os lo pregunté anteriormente, pero vuelvo a insistir en ello, ¿en la partida de La Marina, no pensáis comprar? – a José Ramón no le importa repetirse pues, junto con su oculto socio Badenes, tiene mucho invertido en terrenos de ese sector.
- Por supuesto pero, como también ya os indicamos, de manera discreta, sin forzar la mano. Eso sí, marjal que se os ponga a tiro lo adquirís. Otra cuestión, ¿cuál es el procedimiento habitual en el pueblo en la compraventa de fincas? – quiere saber Huguet.
- Aquí las fincas se venden y se compran por fanegas, que es la medida agraria que se ha utilizado toda la vida – responde Arbós.
- Y la fanega ¿cuánto mide y cuál es el precio medio que se suele pagar por una? pues – pregunta Arechabaleta.
- Una fanega tiene ochocientos treinta y tres metros con treinta y tres centímetros, cuadrados naturalmente. Si es de secano venía a costar unas doscientas cincuenta mil pesetas, la de regadío algo más. Naturalmente, me refiero a los precios que regían antes de que la gente se oliera la tostada – informa Garcés.

   Arechabaleta hace un rápido cálculo mental:
- O sea, que suponiendo una finca que tenga cuatro fanegas y la convertimos en metros sale algo más de tres mil trescientos metros, lo que a mil pesetas el metro supone más de tres millones, el triple que antes. Por consiguiente no deberíais tener ningún problema para comprar el terreno que de momento necesitamos pues.
- Siempre que se cumpla la premisa – precisa Arbós - de que el precio se mantenga en las mil pesetas metro, que eso está por ver.
- Y que esa empresa fantasma, que está comprando fincas, no se nos adelante o aumente su oferta. Si es así, nos puede tocar los huevos, pero que bien tocados – se lamenta Garcés.
- Nos dijisteis que ya no pagan al contao como al principio. Ahí tenéis vuestro punto fuerte. Nuestros corredores irán con el dinero en mano y ante la vista de los billetes no es fácil resistirse pues – afirma con rotundidad Arechabaleta.
- Entonces, ¿nos mantenemos en las mil por metro? – inquiere Garcés.
- En efecto, por ahora ni una peseta más – confirma Huguet -. Manejad el dato que daba antes, que los precios ya han subido el trescientos por cien y que es difícil que suban mucho más. A ello debéis añadir que os han marcado un tope para la compra de terrenos, dad la cifra de unos doscientos cincuenta mil metros, y por consiguiente en cuanto se haya alcanzado esa cota posiblemente no habrá más compras y en consecuencia los precios bajarán. Quien no venda ahora puede quedarse compuesto y sin novia.

   Como han pedido los representantes de BACHSA a sus comisionistas éstos aceleran la compra de terrenos. De entrada los corredores encuentran el mercado un tanto alborotado por las adquisiciones que ya ha realizado la empresa foránea, y de cuyos propietarios nada se sabe. El precio que ofrecen es goloso, mil pesetas por metro son muchas pesetas, y más teniendo en cuenta el valor que tenían las fincas unos meses antes. Son muchos los que optan por vender, especialmente los propietarios de los campos de secano cuya rentabilidad es bajísima. Hay otros que especulan con una futura escalada de precios y se resisten a vender. A veces ocurre que dentro de la familia propietaria hay posturas encontradas, como pasa con la de Pascual Tormo. Sus padres tienen una pequeña finca en la partida de Albalat y, según cuenta en casa el cabeza de familia, les han hecho una oferta.
- Hoy ha venido a verme Laureano, dice que tiene un comprador para el campo de almendros de Albalat. Me ha ofrecido mil pesetas por metro – le cuenta Vicente Tormo a su mujer – y ha añadido que un precio así es como robar el dinero.
- ¡A mil pesetas! Eso es un dineral, le habrás dicho que sí.
- ¡Qué va! Le he contestado que me lo pensaré, pero creo que no voy a vender, estoy convencido de que los precios se van a disparar y podemos sacar mucha más tajada.
- La codicia rompe el saco, Vicente. No seas avaricioso y véndelo. Nunca veremos tanto dinero junto. Además, la almendra ya no es lo que era, ahora vale bien poco. Siempre te estás quejando de que no sacamos ni para los impuestos.
- A lo mejor tienes razón, pero me da en la nariz que el precio que me ha ofrecido Laureano no se va a quedar ahí. De hecho, ayer me contaron en el casino que hay corredores de fuera que ya ofrecen algo más de las mil pesetas, pero con el inconveniente de que son compras con los pagos aplazados.
- Vicente, hazme caso, no le des más vueltas y vende. Que son más un millón y medio de pesetas, ¿cuándo hemos visto tanto dinero junto?
- No te preocupes, mujer. Vamos a esperar un tiempo y a ver qué pasa.

   Las compras, al principio, han ido razonablemente bien, pero pronto el ritmo se ralentiza, los propietarios se resisten a vender a mil pesetas metro. Para hacerse con el volumen de terreno que BACHSA necesita será necesario subir el precio de la oferta. La compañía da su visto bueno y el nuevo tope se fija en las mil quinientas pesetas metro. La enorme subida del valor de la tierra apenas si se nota en el mercado, las ventas siguen estancadas. Quien más quien menos se dice que si de un día para otro el coste se ha disparado un cincuenta por ciento, si espera un tiempo el precio puede subir aún más. Los constructores optan entonces por otra estrategia: negociar la compra de cada finca de manera individualizada sin ponerse un límite concreto. El resultado de esa política de compras tiene un efecto perverso: los precios entran en una espiral vertiginosa que parece no tener fin. La escalada de los costes le inspira a Garcés una idea que se apresura a consultársela a Badenes.
- Agustín, se me ha ocurrido que con esta locura de precios, en la que lo que hoy vale diez mañana cuesta veinte, podríamos incrementar nuestros beneficios si cocinamos un poco las cuentas que presentamos a los de BACHSA.
- ¿Qué quieres decir con cocinar las cuentas?
- Cargar, por ejemplo, un diez por ciento de más al precio real que hemos pagado por una finca. Además de la comisión nos llevamos otro pico. Nuestros beneficios se dispararían.
- No es mala idea, pero eso también supone jugar a la ruleta rusa, ¿te has planteado qué pasaría si los de BACHSA se enterasen?
- No llegarán a saberlo, los corredores que tengo son gente de absoluta confianza y no se irán de la lengua porque, además de la comisión de corretaje, se sacarán un plus con el sobrecoste. Lo tengo todo calculado. Además, con esa política que han marcado de negociar finca a finca nos lo están poniendo como a Fernando VII.
- Tu idea es tentadora, Amador, pero creo que por el momento es mejor ser prudente y no arriesgarnos, no sea que vayamos a matar a la gallina de los huevos de oro. Aunque no descarto que, cómo el tobogán de precios siga tan loco, algún día la pongamos en práctica.

   El precio de los terrenos, lo que serán los futuros solares, sigue escalando cotas hasta que al llegar a las cinco mil pesetas metro parece tomarse un respiro. Recibir mil duros por un metro cuadrado de tierra, en la que caben poco más que media docena de macetas, les parece a muchos de los labradores locales una locura, pero si hay gente dispuesta a pagarlos allá películas. Y son muchos los que venden sus campos por ese precio, ¡nada menos que mil duros! Como cuenta el bueno de Chimo el Saurí, de profesión pocero y demóscopo de vocación, a sus compañeros de dominó:
- Toda la puta vida arrastrándome por esos andurriales alumbrando aguas para ganarme las habichuelas y resulta que el mejor pozo lo tenía al lado ¡y yo sin enterarme! ¿Sabéis cuántos millones me han dado por el baldío que tengo en la partida de Freginals, mejor dicho que tenía, y que estaba abandonado porque es poco más que un roquedal? Mejor no os lo digo porque os puede dar un patatús de envidia. Cuando vi la morterada de billetes encima de la mesa me acordé de aquello que nos contaba mosén Arcadio de la travesía de los judíos en el desierto, lo del maná que les llovía del cielo. ¡Pues para maná, éste!

viernes, 27 de diciembre de 2013

2.36. Se acabó el dilema

   Las conversaciones entre Lorena y Sergio han pasado a ser monotemáticas, ella insistiendo en que puede trabajar en la construcción como electricista y él aduciendo que no está preparado para ese oficio. Lorena es cada vez más terca, en cambio Sergio está cediendo en su negativa ante el empuje y la tenacidad que demuestra la joven.
   Llega un momento en que la situación se torna tan tensa que coloca a Sergio ante el mayor dilema de su existencia: o renuncia a su carrera, y en cierto modo a su familia, o renuncia al amor de su vida. Sabe que no hay componenda posible. A la disyuntiva de por qué opción decidirse se une otra cuestión que ha ido posponiendo hasta ahora: hablar con sus padres, a los que ni siquiera ha dicho que está saliendo con Lorena. Algo que resuelve hacer antes de que sus progenitores retornen a Madrid.
- Papá, mamá, tengo que hablar con vosotros de un asunto muy importante para mí.
   La parca introducción es suficiente para que a su madre le dé un vuelco el corazón. Su instinto maternal le dice que su hijo les va a dar un disgusto mayúsculo y que la causante será el pendón de la chica de los Vercher. El padre, en cambio, no sospecha nada y es quien recoge el envite:
- Tú dirás, hijo, pero quiero añadir algo a lo que acabas de decir. Cualquier asunto que sea importante para ti has de saber que también lo es para tus padres.
- Eso ya lo sabía, papá. Veréis, hace ya unos años conocí a una chica de aquí, al principio solo fue una más de las amigas de verano, pero con el tiempo pasó a ser alguien muy especial para mí…; en fin, lo que quiero deciros es que me he enamorado.

   El padre queda un tanto desconcertado, no esperaba una declaración de ese tipo, en cambio la madre se ha quedado lívida y aprieta con fuerza los dientes como para que no se le escape el lamento que le sube a la boca desde las entrañas.
- Enamorado…, eso son palabras mayores, pero bueno, estás en edad de amoríos y las vacaciones son el mejor momento para eso – opina Lorenzo dando a su comentario un tono de trivialidad.
- No es un simple amorío de verano, papá, os estoy hablando de la mujer de mi vida, de la mujer con la que quiero estar, de la mujer sin la cual no puedo vivir.
- Hijo, sí que te ha dado fuerte. ¿Y por qué no nos lo has contado antes? Porque, a ver ¿cuánto tiempo hace que sales con esa chica? Y otra cosa, todavía no has dicho quién es. ¿La conocemos? Si he de ser sincero, todo esto me parece, no sé cómo calificarlo, un tanto precipitado. Ni siquiera sabíamos – Lorenzo mira a Lola que sigue tan callada como pálida – que estabas saliendo con alguien.
- Llevo saliendo con ella bastante tiempo. Se llama Lorena y es de aquí. Y no creo que la conozcáis. Quien sí la conoce es el abuelo y… - de pronto Sergio se corta, no se atreve a contar a sus padres el verdadero dilema en el que está metido -. Bueno, luego os contaré más, ahora tengo que irme que me está esperando Lorena.

   No es cierto que le espera Lorena, realmente la joven lleva varios días esquivándole, pero Sergio sabe dónde encontrarla.
- Mi vida, tenemos que hablar.
- Mira, Sergio, ya nos hemos dicho todo lo que teníamos que decirnos.
- Un profesor del Santa Ana siempre repetía que hablando se arreglan las cosas y que…
- Tú y tu cole de curas – le ataja Lorena -. Yo sólo he ido a la escuela del pueblo, pero no es necesario ser un cerebrito para saber que hay momentos en que las cosas no se arreglan con palabras sino con hechos y, sobre todo, con sentimientos. Hemos llegado a un punto en que lo único que vale es que, de una vez por todas, te aclares: ¿me quieres o no me quieres? Todo lo demás no importa.
- ¿Cómo puedes dudar de mi amor si estoy loco por ti? – protesta Sergio.
- Mira, bonito de cara, mi padre dice que los hombres de verdad se miden por lo que hacen, no por lo que dicen. O sea, que aplícate el cuento. Y lo que hay que hacer está claro como el agua clara. O te vuelves con tus papaítos, tus libracos y tus Madriles o te quedas conmigo. Lo que hagas demostrará de qué pie cojeas, si eres un tío de los que se visten por los pies o sólo eres un monicaco.
- Pero mi amor…
- Ni mi amor ni leches – le corta Lorena, aparentemente hecha una furia -. Toda tu palabrería no es más que una excusa para justificar que te quieres volver a Madrid y dejarme compuesta y sin novio. Al fin y al cabo no soy más que una tonta de pueblo que confío en ti y que te dio lo que una mujer sólo puede dar una vez en la vida. No eres más que un malparido que me has deshonrado y me vas a dejar tirada. ¿Sabes qué? No quiero saber más de ti. Ni eres hombre ni vales nada.
   Lorena da media vuelta y se marcha sin dar tiempo al chico a reaccionar. La jugada es peligrosa y puede salir mal, pero ha sido un riesgo calculado. Ella sabe que lo tiene bien cogido. A estas alturas de la relación son muchas las redes en que la joven lo ha envuelto. A medida que Lorena le ha ido iniciando en nuevas experiencias sexuales, el deseo de Sergio llega a alcanzar cotas inimaginables. Beso a beso, caricia a caricia, postura a postura la joven le va convirtiendo en un adicto al sexo y le va a resultar muy difícil desengancharse. También está comenzando a emporrarlo. Él que apenas fumaba algún que otro cigarrillo, ahora se está aficionando rápidamente a darle al canuto.

   La frase de ni eres hombre ni vales nada, que Lorena le ha repetido más de una vez, cala hondo en el ánimo de Sergio y, sorprendentemente, es la que precipita que el dilema que ha sido su pesadilla en los últimos tiempos deje de serlo. La jugada le sale bien a Lorena. Al día siguiente Sergio le está esperando a la salida del chiringuito donde trabaja. Su actitud dice más que mil palabras, está completamente entregado. Hará lo que ella le pida sin rechistar. Trabajará en lo que sea. Lorena se hace de rogar, pero al fin le perdona. Le explica que Verónica le habló a su tío de él y de sus estudios y el hombre aseguró que en menos de una semana se comprometía a convertirlo en un instalador electricista fetén. No sólo eso, sino que le iba a dar trabajo en su empresa y que si curraba duro ganaría un montón de pasta, no menos de doscientas mil pesetas mensuales. Y todavía le dijo más: si cogía obras a destajo el monto de la paga podía llegar a los sesenta mil duros y aún sobrepasarlos.
- ¿Crees que seré capaz? – todavía pregunta un dubitativo Sergio.
- Tú eres capaz de todo. Y a dónde no llegues, yo te ayudaré a conseguirlo.
- Tendría que dejar la carrera – se lamenta el joven.
- ¿Y para qué quieres una carrera? En la construcción vas a ganar más pasta que de ingeniero y te la embolsarás ya mismo, no dentro de tropecientos años. No lo dudes, cariño, el futuro está en el ladrillo, eso es lo que dice todo el mundo y todos no pueden equivocarse.

martes, 24 de diciembre de 2013

2.35. Comienza la cuenta atrás

   La acusación del consejero delegado de BACHSA de que desde Cajaeuropa se ha filtrado la noticia del interés de la empresa en la urbanización del litoral de Senillar es rechazada de plano por el director general adjunto de la caja. Como Oriol Bricart no puede probar la imputación, su enfrentamiento con Gaspar Moltó queda en tablas. Ambos directivos hacen de la necesidad virtud y concluyen en que lo mejor para sus respectivas entidades es acortar los tiempos e impulsar los trabajos previos a la urbanización de la costa lo más rápidamente posible. Les urge iniciar la compra de terrenos antes de que los desconocidos compradores que se les han adelantado adquieran las mejores fincas y, al mismo tiempo, encarezcan notablemente el precio de las mismas.

   Rodrigo Huguet e Íñigo Arechabaleta son los dos directivos que la empresa constructora envía a Senillar con el encargo de poner inmediatamente en marcha la operación de compra de terrenos e iniciar los contactos previos para incoar el proceso de recalificación de los mismos. Los constructores se reúnen con sus representantes en la población, Amador Arbós y José Ramón Garcés.
- Supongo que tendréis preparao todo el operativo para la adquisición de terrenos, es así, ¿no? – ante el mudo asentimiento de sus comisionados, Arechabaleta les insta –. Explicarnos los detalles pues.
   Es Garcés quien le da cumplida respuesta:
- Hemos formado un equipo de cinco corredores de fincas, es como aquí se llama a los agentes de la propiedad inmobiliaria – aclara innecesariamente -, para que comiencen a ponerse en contacto con los propietarios de terrenos que se encuentren en la franja de un kilómetro y medio a partir de la línea costera.
- A ese equipo – añade Arbós -, que dirigirá Amador, me sumaré yo cuando haya algún propietario que se muestre especialmente reacio a vender. Por tanto vamos a ser siete personas las que nos dedicaremos a la compra de fincas.
   Interviene Huguet para conocer otros detalles que afectan al operativo:
- ¿Qué pasa con esos misteriosos compradores que se nos han adelantado, se han hecho con muchas fincas?
- No tantas cómo pretendían – informa Garcés -. En ello han sido decisivos los rumores que hice circular sembrando dudas entre la gente sobre la solvencia de unos compradores que siguen sin dar la cara. En los primeros días compraban con suma facilidad porque pagaban a tocateja, pero se ve que han tenido problemas de tesorería, pues en cuanto han dejado de poner los billetes encima de la mesa y han ofrecido pagar a plazos las ventas se han ralentizado considerablemente.
- ¡Una idea cojonuda lo de sembrar bulos! ¿Y a cuánto está ahora el metro cuadrao? – pregunta Arechabaleta.
- Empezó pagándose a quinientas el metro, eso duró unos días, luego comenzó a subir el precio y en este momento está estancado en mil pesetas, aunque temo que esa cota pronto quedará atrás – contesta Garcés.
- Pues hay que aplicarse en las compras antes que los propietarios se suban a la parra. Debéis comenzar comprando en la partida de El Torreón, será el primer sector en el que construiremos – informa Huguet, que añade-. Al estar algo más alejado de la costa y ser fincas de secano podréis adquirir los terrenos a precios más bajos.
- ¿Comprar en El Torreón? – pregunta un desconcertado Arbós -. Yo…, nosotros creíamos que lo que más os interesaba era la partida de La Marina, que es donde están los marjales.
- Por supuesto que nos interesa, y finca que se ponga a tiro en ese sector no hay que dejarla escapar, pero creo que hemos empezado mal. Lo primero que deberíamos haber hecho es contaros los principales acuerdos que aprobó hace unas fechas el consejo sobre la estrategia a seguir en Senillar. A ver, Íñigo, hazles un resumen a nuestros amigos.

   Arechabaleta hace una breve sinopsis de los acuerdos tomados por el consejo de BACHSA respecto a la urbanización del litoral:
- Como ha dicho Rodrigo, empezaremos a construir en la zona norte, en lo que aquí llamáis la partida de El Torreón. Además de lo que él ha contao, hay otro factor a tener en cuenta: según nuestros técnicos, ese es el sector que tiene más probabilidades de que la recalificación del suelo sea más fácil de conseguir. Respecto al humedal, de momento ni mencionarlo, no hay que levantar la liebre, aunque, como también ha dicho Rodrigo, comprar todos los marjales que os ofrezcan, pero sin pagar una peseta de más respecto a las ofertas que hagáis en otras zonas.
- Perdona que te interrumpa, Íñigo, - se excusa Garcés -, pero no creo que nos vendan una sola finca a menos de mil leandras el metro.
- Mil pesetas es un buen precio – admite Huguet -, apalancaros en esa cantidad todo el tiempo que podáis. Haced correr la especie de que no estamos dispuestos a pagar ni una peseta de más por encima de las mil. Y mientras sea posible aguantad el tirón.
- Bien, prosigo – continúa Arechabaleta -. Lo primero que construiremos serán urbanizaciones de bajo coste para poder vender a precios más baratos que en Albalat y, sobre, todo, que en Benialcaide. En una fase posterior, y cuando los figuras del marketing hayan lograo que el público sepa situar a Senillar en el mapa, edificaremos apartamentos de mejores calidades y emprenderemos igualmente la construcción de plazas hoteleras. Otra cuestión, las adquisiciones se harán a tocateja, lo cual os debería facilitar enormemente vuestra labor y de paso chafarles la guitarra a esos compradores desconocidos que nos han querido madrugar. ¿Entendido, pues? Rodrigo, ¿me he dejao algo en el tintero?
   Huguet toma el relevo de su socio en las explicaciones a sus representantes locales:
- Correcto, Íñigo, sólo añadir que, en principio, además del nombre de BACHSA, también aparecerá el de una empresa inmobiliaria, que acabamos de constituir, denominada Mercantil Urbanizadora Senillar, sociedad anónima, que será la encargada de urbanizar. Por cierto, su acrónimo es MUSSA, os lo digo para que os vayáis familiarizando con el nombre. Y hay otro asunto de la mayor trascendencia del que aún no hemos hablado: la cuestión de la recalificación de los terrenos. Tenéis que poneros en contacto inmediatamente con vuestros amigos del Ayuntamiento para instarles a que recalifiquen cuanto antes, sobre todo, los terrenos de la partida de El Torreón. Recordadles, en petit comité, que hay mucho dinero a ganar, e insistir en que habrá pasta para todos. Como sé que todo ello no siempre es fácil de manejar con la debida discreción, y no es que dude de vuestra capacidad, lo mejor será que nos organicéis una reunión con la gente del consistorio.
- Mejor que sea una comida, Rodrigo, con la panza llena es cuando se hacen los mejores negocios pues – sugiere Arechabaleta quien, dado el diámetro que tiene su cintura, tiene toda la pinta de ser un adicto a la buena mesa.

   Terminada la reunión, y una vez que se deshace de Garcés, lo primero que hace Arbós es llamar a Badenes:
- Agustín, me parece que nos hemos columpiado. ¿Sabes lo que nos acaban de confirmar los tíos de BACHSA?, pues que van a comenzar a construir en la partida de El Torreón.
- ¡No jorobes! Este es el segundo palo que nos dan en pocos días. Primero fueron los cagados del departamento de créditos de la central llamándome la atención por la cuenta de crédito que te concedí y obligándome a recortarla y ahora esto. También es mala suerte, con lo bien que iba todo.
- ¿Qué hacemos? – pregunta un Arbós al que la camisa no le llega al cuello.
- De momento, que no compren ni un marjal más, pero que sigan ofertando por fincas de la zona de El Torreón, siempre que la operación sea a plazos. El cash que nos queda en la cuenta ya es muy poco, pero tranquilo, José Ramón – el bancario intenta levantar la moral de su oculto socio -, que la cuenta atrás ya comenzó y verás cómo nos vamos a forrar.

viernes, 20 de diciembre de 2013

2.34. Que Dios te dé suerte

   Sergio se debate en un océano de dudas. Por un lado está Lorena y la irresistible atracción que siente por ella. Por otro, su carrera, sus padres, su futuro. No sabe qué hacer, está hecho un verdadero lío. En ocasiones así es cuando más echa en falta no tener un hermano con quien poder compartir sus dudas e inquietudes. Lo que quiere la mujer de la que está enamorado lo tiene claro, pero sólo de pensar en el disgusto que puede darles a sus padres se le abren las carnes. Sabe lo orgullosos que están de él y de cómo lleva sus estudios. Y aunque su padre se lo prohibió, es conocedor que su madre anda presumiendo por el pueblo que su hijo va para ingeniero. No se engaña, a él también le gustaría terminar la carrera y obtener el diploma de ingeniero superior. Y su padre, pese a su postura de no alardear de ello, también reventaría de satisfacción. Todo se ve agravado por el hecho de que no encuentra con quien confesarse. Al final se decide a hacerlo con la persona que sabe que no le va a fallar.
- Abuelo, si te contara algo y te pidiera que no se lo dijeras a mis padres, ¿me prometes que así lo harás?
   El señor Andrés el Punchent se queda mirando al chico. De toda su prole es su nieto preferido y haría cualquier cosa por él. Más que por la pregunta en sí, es por el tono con que la ha formulado y por la gravedad de su semblante lo que le da la pista de que el muchacho está hablando muy en serio. Debe de tener algún problema – piensa -, lo más probable es que haya una muchacha por medio. Su respuesta no puede de ser otra:
- Prometido. Lo que me cuentes, sea lo que fuere, queda entre abuelo y nieto. Algo así como cuando dicen en la tele lo de que esta confidencia queda entre abogado y cliente.
- Gracias, abuelo. Sabía que podía confiar en ti. Lo que no sé es por dónde empezar.
- Hay un sistema que no suele fallar. Comienza por el principio.
- No sé si por el principio o por el final, pero la verdad es que estoy hecho un verdadero lío. Tengo un rompecabezas gordísimo y no encuentro manera de solucionarlo.
- Siempre hay formas de solucionar los problemas, sean los que fueren.
- Ya lo sé, pero la cuestión es que opte por la solución que opte voy a hacer sufrir a personas a las que quiero.

   La inicial sospecha del abuelo de que su nieto tiene un lío de faldas se resquebraja. No debe ser un problema con alguna muchacha, debe de tratarse de algo más gordo y decide allanarle el camino para que vea que él también se ha encontrado ante tesituras espinosas:
- Verás, hijo, siempre es duro hacer sufrir a alguien que te quiere, pero en ocasiones la vida nos pone en el disparadero de tener que hacerlo. Llegado ese momento lo que hay que procurar es hacer el menor daño posible y, si se tiene la oportunidad o se puede, intentar explicarlo a la persona a la que has perjudicado. Te voy a poner un ejemplo personal por si te sirve. Cuando aconsejé a tu madre que aquí no tenía futuro ninguno y que lo mejor para ella era que se marchara a la ciudad, sabía que con mi consejo iba a hacer sufrir a tu abuela. Lola era la única hija que teníamos y la abuela contaba con ella para que nos cuidara en la vejez. Le expliqué que la muchacha tenía derecho a tener una vida y un futuro mejor que el de quedarse en el pueblo. Tu abuela, que era muy suya, no lo entendió y me armó una zapatiesta de aquí te espero Baldomero. Yo me tragué la bronca, pero insistí a tu madre que lo mejor era que se marchara y que no se preocupara por la abuela, ya la se pasaría.
- ¿Y se le pasó? – pregunta Sergio interesado por el relato de su abuelo.
- Tardó muchos años, pero cuando llegaron tus padres a enseñarnos el niño que habían tenido y cuando la abuela te tuvo en sus brazos, en ese momento supe que el enfado se le había pasado. El tiempo es un poderoso ungüento capaz de cicatrizar la mayoría de las heridas.

   Tras escuchar el relato de su abuelo, Sergio le cuenta el dilema en el que se debate. La primera opción, la que sabe que es más razonable, es volver a Madrid, continuar sus estudios, tener contentos a sus padres, pero que si la elige perderá a Lorena. La otra alternativa es quedarse en el pueblo, trabajar en lo que pueda, posiblemente en la construcción, e irse a vivir con la joven. Si opta por lo primero hará sufrir a su amada. Si se decide por lo segundo, serán sus padres los que sufrirán. Y elija una u otra opción él también lo pasará mal porque hará padecer a personas a las que quiere.
   El abuelo piensa que su primera sospecha era cierta: mujer habemus, aunque el problema se las trae.
- Vamos a ver, Sergio, ¿desde cuándo conoces a esa muchacha?
- Desde hace tres veranos, pero salir con ella desde el año anterior.
- Poco tiempo es ese – sentencia el abuelo.
- Pues a mí me parece que ha pasado un siglo.
- ¿Y tanto la quieres?
- Más que a mi vida, abuelo.
   Las últimas palabras del chico le han dado al señor Andrés la referencia de que el asunto es serio y que no resultará sencillo darle la vuelta a la tortilla.
- Te voy a decir algo que no voy pregonando por ahí, pero que sospecho que ya sabes. De entre todos los nietos que tengo tú eres mi preferido. Hagas lo que hagas contarás siempre con mi apoyo – el señor Andrés hace una pausa meditando cómo proseguir -. Dices que la quieres más que a tu vida, ¿y ella cuánto te quiere, también más que a su vida?
- Ella también me quiere muchísimo, abuelo. Me lo ha demostrado.
- ¿Cómo?
- No te lo puedo contar, pero cuando una mujer hace lo que ella ha hecho es porque quiere a un hombre de verdad.

   El abuelo duda en decir lo que piensa, pero es mucho lo que se juega su nieto y decide lanzar un tiro a ciegas y ver qué pasa:
- ¿Se acostó contigo?
   Sergio también vacila, hay ciertas intimidades que no deben contarse ni siquiera al abuelo de uno, pero puesto en la senda de la franqueza se sincera:
- Sí. Y fue el primer hombre que conoció.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque me lo dijo ella.
- ¿Y tú la creíste?
- Naturalmente, abuelo. Lorena jamás me engañaría.
   El señor Andrés se queda mirando a su nieto y piensa que tan cándido como es va a recibir muchas bofetadas en la vida y muchos disgustos de las mujeres, pero estando tan enamorado como se le ve, ¿qué diablos va a aconsejarle?
- Mira, hijo, la verdad es que no sé qué aconsejarte porque en asuntos de sentimientos siempre resulta difícil acertar por una sencilla razón: el que quiere el consejo lo pide con el corazón y el que aconseja suele hacerlo con la cabeza y eso es algo como intentar mezclar el agua con el aceite. Lo único que se me ocurre es que no deberías tomar tu decisión en caliente, tómate tu tiempo – Y el abuelo añade para sus adentros: y que Dios te dé suerte que la vas a necesitar.