domingo, 16 de febrero de 2025

7. Cuando son otros los que deciden por ti

 

Donde les aprieta el zapato a los Clavijo es en el peculio. Una vecina de la tía Paca la Francesa resumió su situación con estas palabras: hambre, lo que se dice hambre no pasan, pero lujos los justitos. Y justitos gracias a que Rosario hace precarios equilibrios para llenar el puchero. Y lo llena con más legumbres y hortalizas que con tajadas. Y porque la ropa se estira hasta que pasa de uno a otro hermano o hay que teñirla para que no se noten tanto los dobladillos o los acortamientos. De ahí que el último argumento del párroco, para convencer a los Clavijo de que lo mejor para Sacarietes y para la familia es que ingrese en el seminario diocesano de Tortosa, va por ese camino.

   -Y además, hay una última cuestión que debéis valorar… Si algún día el Señor decide que el chico llegue a cantar misa, no tendréis que volver a ocuparos de él, pues tendrá un trabajo fijo mientras viva. Y, más aún, si sus deudos lo necesitasen, estará en posición de echarles una mano o las dos si fuese necesario -En la España de los años treinta la influencia del clero es significativa en todos los órdenes. La recomendación o petición de un religioso suele ser atendida casi siempre, de ahí la sibilina referencia del párroco.

   Los Clavijo vuelven a casa con la cabeza caliente y los pies fríos, como suele decirse. La verdad es que los razonamientos del mosén les han impactado y, si todo discurriera como les ha descrito, los problemas que se les plantean con lo de que el chico pueda o no estudiar se resolverían de un plumazo si ingresa en el seminario. No solo podría estudiar, sino algo tan o más importante: el día de mañana estaría en condiciones de ayudar a sus hermanos y esto es algo que los Clavijo valoran enormemente.

   -Mira por donde, si dentro de unos años Zacarías llega a ser retor y Charito no se casara, podría hacerle de ama de llaves con lo que tendría el pan asegurado. Y todos los curas necesitan de alguien que se ocupe de los asuntos domésticos –razona el padre. En efecto, es habitual que los párrocos, ecónomos, coadjutores y vicarios destinados en los pueblos tengan con ellos a un familiar, generalmente una hermana, tía, sobrina o prima que les hace de ama de casa porque, al fin y al cabo, un sacerdote es un hombre y los hombres, como es propio de su sexo, no saben nada de las tareas propias de un hogar, eso queda reservado a las mujeres.

   -A mí que tengan tres comidas aseguradas y abundantes es lo que más tilín me ha hecho  -opina madre-. Y luego, es cierto que al haber una cuchara menos los demás tendrían raciones mayores. Aunque visto desde otra perspectiva, me preocupa que, al ser tan fetiller, si no tiene cerca alguien que le obligue a comer podría acabar tísico o algo peor.

   Los padres no tienen que debatirlo mucho, los argumentos del párroco les han convencido. Tan solo les queda una última duda: ¿querrá el chico?, pero están convencidos de que, en el supuesto de que se niegue, podrán hacerle entrar en razón. Se equivocaron, el chiquillo se cerró en banda y no hubo manera de que escuchara las razones paternas. Hasta que el llumero se cansó y quiso imponerse por las bravas, un mocoso de nueve años no le iba a faltar el respeto que se le debe a un padre.

   -Hasta aquí hemos llegado, Zacarías. En septiembre, te guste o no, ingresarás en el seminario.

   La respuesta del chaval era lo que menos podía esperar el padre que considera a su hijo más bien apocado.

   -Pues, si me mete en el seminario, me escaparé.

   Al oír la bravata, -algo inaudito en un chaval tan cuitado- la primera reacción del señor Zacarías fue cruzarle la cara, pero la señora Rosario se interpuso.

   -No le pegues, marido, ¿qué va a decir la gente cuándo se entere de que el encargado de la luz pega a su hijo porque no quiere entrar en el seminario? Posiblemente, hasta al propio mosén Fumadó no le guste, pues de alguna manera su nombre puede verse involucrado. Se le puede convencer por otros medios.

   La argumentación de Rosario hizo que el llumero se controlase, pero no que desistiese en su empeño. Ese verano, gracias a la intercesión y el consejo de las tías Paca y Emilia, los Clavijo tomaron una decisión: le darían al chaval un plazo para que, al cumplir los diez, se convenciera de que ingresar en el seminario era la mejor, y acaso la única  solución, para que pudiese estudiar y, al mismo tiempo, hacerle un favor a su familia. Y esa especie de ultimátum diferido, es lo que le lleva a mal traer, porque en abril de este año de gracia de 1930 ha cumplido los diez. Y a todo ese cúmulo de recuerdos, se une ahora la llamada del tío Paco Roca que quizá se haya puesto de acuerdo con el cura –dicen de él que es un meapilas-, y entre todos quieran meterlo en el seminario. Al chaval se le ponen los pelos de los brazos como escarpias solo de pensarlo, pero sospecha que no podrá hacer nada ante fuerzas tan poderosas, y ya se ve en Tortosa.

   Unos días después madre le avisa.

   -El tío Paco te espera a mediodía en su casa. Tienes que

ponerte la ropa de los domingos.

   -Madre, no voy a ponerme el pantalón de golf con el calor que hace.

  -No es necesario, pero sí los zapatos nuevos. Y la camisa que te regaló el tío Joaquín por tus notas. Y que la raya te salga recta y no lleves ese revoltijo de pelo. Y antes de irte quiero echarte un vistazo para asegurarme de que vas a ir como Dios manda. Y no te olvides: has de llevarle tus cuadernos de la escuela, las notas y la enciclopedia que estudias.

   -¿La enciclopedia también? –se extraña el muchacho.

   -Es en lo que más ha insistido el tío. Ah, y sé muy respetuoso y ni se te ocurra llevarle la contraria. ´

   Los Roca-Traver viven en una gran casa, aunque bastante vieja, en la zona alta de la Plaza de la iglesia y en la que solo residen cuando van a pasar el verano, pues durante el resto del año viven en Castellón en un caserón de la calle Mayor.

   El chico abre la persiana de listones, asoma la cabeza y llama.

   -¿Se puede? –Parece que no le ha escuchado nadie, por lo que vuelve a insistir- ¿Se puede? –repite elevando el tono.

   Una mujer de unos cuarenta años aparece en la entrada y se le queda mirando. Ante ella hay un chicuelo de unos diez años, delgadito y poquita cosa, bajito y cetrino, con pelo renegrido y una carita afilada en la que destacan unos gruesos labios y un gesto preocupado.

 -¿Eres el hijo de la prima Rosario? 

 -Sí, señora. Don Paco quiere verme.

 -Ven conmigo –La mujer lleva al chicuelo a un despachito que está casi enteramente ocupado por una mesa de madera tallada, de estilo castellano, y dos sillones del mismo porte.

  -Siéntate, que aviso a papá. Enseguida vendrá. ¿Quieres un caramelo?

   -No, señora, muchas gracias.

   A los pocos minutos aparece el tío Paco. El chaval hace dos años que no le veía y le encuentra más viejo. El poco pelo que le queda lo lleva cortado a cepillo, ahora usa gafas y está un poco más grueso de lo que recordaba, pero sigue teniendo el mismo porte de seguridad en sí mismo y de ser de los de ordeno y mando. Al muchacho le impone.

   -Sobrino, tenía ganas de verte. El año pasado creo que no te vi. Has crecido y eres casi un hombre –el muchacho no sabe qué hacer, si darle la mano o besársela como hace con mosén Fumadó. Su tío le resuelve el problema dándole un fugaz beso en la mejilla-. Vamos a ver qué traes.

   El chicuelo le enseña las notas de curso a las que el tío apenas presta atención porque, como habilitado de los maestros de la provincia, sabe mejor que nadie que el concepto de evaluación sistémica no figura en el currículo de la enseñanza española. Prácticamente, hace lo mismo con los cuadernos de clase, pero en cambio se queda con la sobada enciclopedia, de gruesas tapas de cartoné, de Dalmáu-Carles que es la que estudia el chaval. Y sin ningún tipo de preámbulo le dice:

   -Siéntate. Te voy a hacer unas cuantas preguntas y las vas contestando y, si no las sabes, lo dices. No pasa nada. 

   El tío cambia de gafas, coge la enciclopedia cíclico-pedagógica de grado medio y la abre al buen tuntún, salen matemáticas.

   -Enuncia el teorema de Pitágoras.

   -El cuadrado de la hipotenusa de un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los dos catetos –recita el chico de inmediato.

   -¿Lo sabrías explicar matemáticamente?

   -No, señor –contesta el chaval.

   Estamos en lo de siempre, aprenden los teoremas de memoria, pero no les enseñan cómo desarrollarlos. Otro muchacho que terminará odiando las mates, se dice el tío que prosigue abriendo otra página del libro, religión.

  -¿Cuántos hijos tuvo Abraham?

   -Dos, Ismael e Isaac -Otra página, historia.

   -Háblame de la batalla de Las Navas de Tolosa.

   -En la batalla, que tuvo lugar en 1212, se enfrentaron

cristianos y musulmanes, venciendo los primeros bajo el mando de Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra.

   Y el tío va abriendo páginas y el sobrino respondiendo como un disco rayado. El bueno de don Paco desconoce que el chico se sabe la enciclopedia de memoria, tan es así que hasta es capaz de recordar la leyenda que acompaña a muchos de los grabados, algunos de ellos tan pintorescos como el de un insecto, el Phlebotomus papatasi, que transmite la enfermedad cutánea conocida con el nombre de Botón de oriente.

   Llega un momento en el que el tío estima que es más que suficiente. No está seguro si el hijo de su sobrina es un cerebrito o solamente que cuenta con una prodigiosa memoria pero, sea lo que fuere, le vale. Zaca ha pasado el filtro del tío Paco. No lo sabe, ni siquiera lo sospecha, pero acaba de dar un paso que, posiblemente, marcará de forma decisiva su devenir. Es uno de esos momentos en que se decide la vida de una persona sin que el interesado sea consciente de que su futuro está en juego.

   Una vez más se cumple lo que es una constante en la vida del chicuelo: son otros los que deciden por él. Es el sino de los timoratos y Zaquita ¡vaya si lo es!


PD.- El próximo martes publicaré el episodio 8 de la novela “El masover”, titulado: 8. Paco Roca, la última palabra (9804 verano 1930)


viernes, 14 de febrero de 2025

Libro IV. Episodio 87. Pilar se independiza

 

   Alemania empieza los preparativos para invadir el Reino Unido. Los germanos no tienen ninguna esperanza de batir a la poderosa Royal Navy, pero piensan que tendrán una oportunidad de éxito si pueden destruir a la Royal Air Force. Se inicia un intenso combate aéreo, pero la Luftwaffe no puede con la RAF.

   En la tertulia de la perfumería, Julio pregunta qué efectos está teniendo lo que los corresponsales de guerra llaman la Batalla de Inglaterra.

   -Los alemanes no han obtenido los resultados esperados y Hitler, en venganza por el bombardeo inglés de Berlín, ha optado por bombardear las mayores ciudades de Inglaterra y especialmente Londres –informa Valdés.

   En septiembre, Alemania, Italia y Japón firman el Pacto Tripartito aumentando el potencial de los países con ansias expansionistas. Y un mes después, Franco y Hitler se reúnen en Hendaya para tratar asuntos estratégicos. La prensa nacional destaca dicha entrevista como una reunión fundamental para el devenir español, pero no concretan demasiado, aparte de narrar la anécdota de que el líder alemán tuvo que esperar cerca de media hora a que llegara el Caudillo.

   El 40 ha comenzado con mal pie para Álvaro, en marzo es dado de baja en el Canarias por enfermedad, tiene problemas intestinales, y se le conceden dos meses de licencia, prorrogada por otros dos meses, y pasa a situación de reemplazo, abandonando definitivamente el crucero. El primogénito, una vez recuperado de sus dolencias, es destinado al minador Júpiter, embarcando en Valencia el 1 de octubre y desempeñando el destino de director de tiro. Días después, el buque zarpa protegiendo un convoy de tropas a Melilla. Luego, vuelven a Palma de donde zarpan en noviembre con destino a Tánger para incorporarse a la Estación Naval de dicha ciudad internacional, apoyando a las fuerzas terrestres españolas que en junio han invadido la ciudad y desmantelado el gobierno internacional, aprovechando el desconcierto ante la ocupación alemana de París. Unos meses más tarde, Tánger es anexionada al protectorado español de Marruecos y se suprimen los órganos internacionales que hasta entonces habían gobernado la ciudad.

   En la primera quincena de diciembre, y haciendo buena la balandronada lanzada a la familia, Andrés aprueba el curso preparatorio, tras lo cual recibe una licencia reglamentaria hasta el 20 de enero en que será nombrado aspirante del Cuerpo General de la Armada y realizará el primer curso de la Escuela Naval que discurrirá de enero a junio de 1941. 

   Y mientras, la guerra, a la que ya se denomina la II Guerra Mundial, se propaga e intensifica.    

   Pilar y Luis han terminado las gestiones para trasladarse a Barcelona, en donde han alquilado un espacioso piso en la calle Lauria, esquina a Valencia, del burgués barrio del Eixample. Pilar, que quiere despedirse de sus hermanos, se plantea si despedirse también de su padre; lo consulta con Luis.

   -Deberías hacerlo, aunque te siga poniendo mala cara. Si estás en el mundo a él se lo debes. Ah, y puedes decirles a tus hermanos, de mi parte y supongo que también de la tuya, que en Barcelona tienen nuestra casa abierta y serán bien recibidos siempre.

   -Otra cuestión que debemos dilucidar es qué hacemos con mi título. Te diré lo que he pensado y luego me das tu opinión. En principio, pienso dejárselo, por qué si no, ¿de qué van a vivir? Al menos, hasta que Jesús termine la carrera y haya otro título en la familia. ¿Qué te parece?

   -Que haces muy bien. Es una forma de demostrar a los tuyos, sobre todo a tu padre, que no eres la arpía que dice que eres. Les devuelves bien por mal, y eso lo hacen las personas de buen corazón. Y para que lo valoren más, les puedes contar que yo no estaba de acuerdo, pero que tú dijiste que era una condición sine qua non para irte conmigo.

   -Eso último no pienso decirlo, no quiero que se formen una opinión equivocada de ti.

   Esa misma noche, Pilar se presenta en la casa familiar. La despedida es altamente emotiva y hasta hay alguna lágrima de agradecimiento cuando Pilar les explica que les deja el título para que puedan seguir regentando la farmacia. Al final, hasta el padre la besa y le desea que sea feliz en Cataluña.

   Pilar y Luis han amueblado y decorado el piso de la calle Roger de Lauria y están comenzando a hacer nuevas amistades, pues llevan una vida social muy activa. No se pierden ninguna exposición, ningún estreno de una obra teatral o la premier de una nueva película. Suelen salir a cenar varias veces por semana, aunque Luis continúa prefiriendo los exquisitos platos que Pilar ha aprendido a cocinar.

   -Cariño, ¿qué tenemos hoy de almuerzo?

   - Sopa de cebolla, ancas de rana y ratatouille.

   En la guerra, el control del sur de Europa, del Mediterráneo y de África del norte es muy importante para el Imperio británico, pues depende en gran parte del tráfico a través del canal de Suez. Tras la rendición de Francia, los británicos atacan la Armada francesa por temor a que pueda caer en manos alemanas. Después, la Royal Navy combate contra la Flota italiana por la supremacía en el Mediterráneo. Precisamente, sobre ese frente, Infantes tiene noticias.

   -Las tropas italianas han pasado a Egipto desde Libia para atacar las bases británicas y capturar el canal de Suez, pero los británicos los han derrotado. Dado el fracaso italiano, las fuerzas alemanas, bajo el mando del general Erwin Rommel, han desembarcado en Libia para renovar el asalto contra Egipto.

   -Yo traigo hoy noticias de los americanos –señala Valdés.

   -¿No me digas que los yanquis también se han metido en la guerra? –pregunta Julio.

   -No y sí –Vista la cara de Julio de no entenderle, Valdés se explica-. Tras la rendición de Francia, el Reino Unido se ha quedado sin recursos económicos para seguir combatiendo. Para ayudarles, el presidente de EEUU, Franklin Roosevelt, ha convencido al Congreso de que apruebe una Ley, llamada de Préstamo y Arriendo, que proveerá al Reino Unido y a otros países de equipo militar y otros suministros. Los americanos han entrado en la guerra con su dinero, pero no con sus soldados.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 88. La segunda farmacia