viernes, 20 de mayo de 2022

Libro III. Episodio 145. El telegrama

 

   A principios de febrero del 21, llega un día Julio al casino y encuentra a sus contertulios discutiendo sobre un problema existente en Barcelona en forma de un rosario de huelgas, como explica don Romualdo.

   -La prensa dice que la primera huelga se ha iniciado en la empresa eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro perteneciente a una compañía extranjera conocida como La Canadiense. Comenzó el cinco de este mes en Barcelona y de momento ha paralizado la ciudad, así como a buena parte de la industria porque se han sumado los obreros del agua, gas, electricidad y transporte.

   -¿Y qué piden? –pregunta don Mauricio.

   -Según La Vanguardia, la huelga se ha originado en solidaridad con varios despedidos del personal de La Canadiense, pero parece que eso es una cortina de humo. Algunos comentaristas especulan que la huelga es realmente una prueba de fuerza del movimiento obrero encabezado por la Confederación Nacional del Trabajo. Y además, se están produciendo boicots y actos de insumisión civil –explica el magistrado.

   -Afortunadamente, Cataluña queda muy lejos y los efectos de la huelga no van a afectarnos –opina el abogado.

   -Perdone que le contradiga, don Mauricio, pero no es así. Mis proveedores catalanes están facturándome la mitad o menos de lo que lo hacían hace unas semanas porque muchos productos han dejado de fabricarse debido a la huelga – se queja Galiana el ferretero.

   Transcurre febrero y, por lo que Carreño lee en los diarios, la huelga de La Canadiense no tiene visos de terminar. Hay que llegar a mediados de marzo para que el gobierno mueva ficha y representantes gubernativos se reúnan con el comité de huelga y la empresa, llegando a una serie de acuerdos: terminar el conflicto, liberar a todos los presos que no estuviesen sometidos a proceso, readmitir sin represalias a todos los huelguistas, y realizar un aumento general y proporcional de los salarios. A ello se suma la mayor conquista obrera: jornada máxima de ocho horas y, como guinda, el pago de la mitad del mes y medio que ha durado la huelga. El paro termina con la promulgación en abril de la jornada de ocho horas, lo que convierte a España en el primer país del mundo en establecerla por ley.

   -¡A dónde vamos a llegar, solo ocho horas de trabajo!, ¿qué voy a hacer con mis gañanes y mis porquerizos? –Quien lanza la retórica pregunta es don Eduardo, el único terrateniente de la tertulia. Nadie responde.

   No es el único hecho reseñable que ocurre en marzo. El doctor Lavilla informa a sus contertulios que, por iniciativa de Lenin, se acaba de fundar en Moscú el Komitern, organización internacional que agrupará a los partidos comunistas de todos los países.

   -¿Y qué es lo que pretenden esos comunistas, que nos carguemos a nuestros reyes cómo ellos hicieron con los zares? –interpela el abogado.

   -¡Joder con los comunistas, van a terminar quitándonos hasta lo que es nuestro! –exclama don Eduardo.

   Aunque la noticia internacional más impactante es la que cuenta don Romualdo, que se ha convertido en el experto de la tertulia sobre Estados Unidos.

   -¡Esto es la bomba!, escuchen –y con voz impostada, al fin y al cabo es juez, lee la noticia-. En Estados Unidos se acaba de conceder el derecho al voto a las mujeres. El Congreso ha aprobado la Decimonovena Enmienda a la Constitución, que estipula que ni los estados ni el gobierno federal pueden denegarle a un ciudadano el derecho de voto a causa de su sexo.

   -A ver, señoría –don Mauricio le da a veces ese tratamiento al juez-, explíqueme un dato de la noticia que no entiendo. ¿Qué es eso de que los estados pueden denegarle a un ciudadano el derecho de voto a causa de su sexo?, ¿A qué estados se refiere?

   El juez piensa en que facultad de Derecho habrá estudiado el abogado para no saber algo tan elemental como es el sistema federal de Norteamérica, pero antes de que pueda responder es don Eduardo quien le plantea otra pregunta.

   -Perdone, don Romualdo, lo que acaba de leernos, ¿quiere decir que las mujeres podrán votar?

   -En efecto, es lo que acaba de aprobar el Congreso estadounidense.

   -¡La rehostia, adónde vamos a llegar, las mujeres votando! ¡Esto es el acabose! Espero no vivir lo suficiente para ver que eso pueda pasar en nuestra patria.

   Tras el exabrupto del terrateniente, es el comandante Liaño quien toma la palabra. Su semblante muestra preocupación.

   -Pues yo tengo información sobre noticias bastante menos pintorescas que la que nos acaba de ofrecer don Romualdo. Me refiero a lo que ya es una guerra abierta en nuestro Protectorado de África. Desde la firma del Tratado de Fez ha ido creciendo exponencialmente la resistencia de las poblaciones rifeñas contra la presencia española y el conflicto pinta cada vez peor. Este mes nuestro ejército ha consolidado puntos estratégicos en el Rif, pero no puede decirse que haya sofocado el conflicto. Mucho me temo que los moros seguirán dándonos disgustos -La pesimista información del militar apenas causa impacto entre los contertulios, tienen la misma sensación de hartazgo de todo lo que se refiere a la guerra contra los moros que el resto de españoles.

   Los Carreño vuelven de Pinkety y comienzan los preparativos para el curso escolar 1920-1921. Aunque Julián sigue emperrado de que no quiere estudiar, los padres han decidido que curse el bachillerato y en septiembre, junto con

Álvaro y Pilar, se lo llevan a Cáceres.

   Cinco días después los Carreño reciben un telegrama: Julián desaparecido. Punto. Avisada Guardia Civil. Punto. Director residencia. El telegrama provoca un verdadero seísmo en la familia Carreño.

   -Ya te lo dije, si Julián no quería estudiar lo mejor era dejarlo en el colegio del pueblo hasta que cumpliera los doce, y luego ya veríamos lo que hacíamos con él –reprocha Julio, muy enfadado, a su mujer; ésta, que no ha perdido los nervios, trata de ser práctica.

   -Este no es momento de reproches, de eso hablaremos más tarde. Lo que hay que hacer es irse inmediatamente a Cáceres para averiguar qué ha pasado y sobre todo buscar a nuestro hijo, ¡qué Dios sabe, dónde puede estar! ¿Vas tú o voy yo?

   -Esto es cosa de hombres. Prepárame un maletín con lo imprescindible que ahora mismo cojo la camioneta y me voy a Cáceres. Y mientras… -a Julio se le acaba de ocurrir algo-. Llama a Paca y dile que vaya al cuartel de la Guardia Civil, que pregunte por el teniente Conde y le explique…; no, déjalo, voy a ir yo. Tú prepara mis cosas que ahora vuelvo.

   Julio se dirige al cuartel de la Benemérita y pregunta al guardia de puertas por el teniente jefe de línea de Plasencia. Llevado ante el oficial, y antes de que pueda hablar, este le suelta a bocajarro:

   -Usted es Carreño, el de la droguería, ¿verdad?, y viene a preguntar por su hijo Julián,

   -¿Cómo lo sabe? –Julio se asombra de que el guardia civil sepa el motivo de su presencia en el cuartel.

   -Porque acabo de recibir un telegrama de la comandancia de Cáceres en el que se me informa que un chiquillo, que dice llamarse Julián Carreño Manzano, ha sido encontrado por la pareja que estaba de servicio en la carretera de Casar de Cáceres, a casi ocho kilómetros de la ciudad. El chico está bien, no se preocupe. Si no hubiese venido iba a mandarle un número para que le informara.

   Julio muestra su gratitud al teniente y se vuelve a casa mucho más tranquilo. ¡Diantres de chiquillo!, dijo que si lo enviábamos a Cáceres se iba a escapar y lo ha hecho. Desde luego redaños no le faltan, se nota que es un Carreño, se dice con cierto orgullo.

   -Julia, no te preocupes. Han encontrado a Julián y está bien, iba por el arcén de la carretera de Cáceres a Plasencia. De todos modos, ahora mismo me marcho a ver qué ha pasado y por qué coño se ha escapado.

   La explicación que da el muchacho a su padre es simple: ha huido porque no le gusta estar encerrado en la residencia y además no quiere estudiar, ya lo había dicho. Julio trata por todos los medios que el muchacho comprenda que si está allí no es un castigo, que tanto su madre como él lo hacen pensando en su futuro. Y que es lo mejor para él, que debe seguir los pasos de sus hermanos mayores. El chico apenas argumenta, solo repite que si se queda volverá a escaparse. Julio habla con el director de la residencia, al que todavía no se le ha quitado el susto de haber perdido a un interno, y le pide su opinión.

   -Señor Carreño, en los años que llevo de director no me había ocurrido un suceso tan lamentable como el protagonizado por su hijo. Y sepa que los guardias que lo encontraron me han contado que les ha dicho que la siguiente vez que se escape no lo hará por una carretera nacional para que los civiles no puedan pillarle. Usted verá qué hacemos con él.

   El pobre padre no sabe qué hacer, tiene que ser Álvaro, que le acompaña, quien le dé la solución.

   -Papá, Pilar y yo hemos intentado repetidamente hacer comprender a Julián lo bueno que puede ser para él que estudie, pero se cierra en banda y se niega siquiera a escucharnos. Y aunque tanto Pilar como yo hemos procurado no perderlo de vista, en cuanto ha tenido la primera oportunidad se ha escapado.

   -¿Y tú qué harías, hijo?, porque estoy hecho un verdadero lío.

   -Si lo dejas aquí volverá a huir, por lo que Pilar y yo creemos que lo mejor es que te lo lleves a casa.

   -¡Pero en Plasencia solo puede cursar el primer ciclo del bachillerato! –se lamenta Julio. Álvaro por toda respuesta se encoge de hombros, lo que tenía que decir ya lo ha dicho.

   Julio se vuelve a casa. En la cabina de la camioneta lleva un acompañante, Julián Carreño que, aunque serio, muestra un aire triunfante, se ha salido con la suya. Julio piensa que carácter no le falta al chiquillo. Durante el viaje lo que no ha conseguido de su primogénito, que se pronuncie sobre qué le gustaría ser de mayor, el tercero de sus hijos le cuenta con toda naturalidad lo qué quiere ser en el futuro.

   -Papá, ¿cuándo sea mayor podré ayudaros a mamá y a ti en la tienda?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 146. Moros, marroquíes, rifeños…

viernes, 13 de mayo de 2022

Libro III. Episodio 144. ¿Tú qué quieres ser de mayor?

   En cuanto los invitados del cumpleaños de la abuela Soledad se van, y una vez que Julia y Paca acuestan a los niños, el matrimonio Carreño comenta la celebración.

   -¿Crees que mis hermanos se han ido satisfechos?

   -Ya lo creo. La comida ha sido espléndida y todo ha estado a la altura de las circunstancias. Y lo que es tu madre creo que ha quedado más que satisfecha, seguro que en sus setenta años de vida nunca disfrutó de un cumpleaños así.

   Cuando han terminado de repasar los acontecimientos del día, Julio, que continúa inquieto desde que su concuñado le interrogó sobre la posibilidad de que su hija curse el bachillerato, refiere a su esposa la conversación y su falta de respuesta ante la pregunta de si las mujeres deberían estudiar.

   … y la verdad es que no he sabido contestarle. Nunca me he planteado si Pilar debería completar el bachillerato o es suficiente con que haga los tres cursos del ciclo elemental. Como estoy convencido que tú si lo has pensado, dime tu opinión.

   Julia se demora un poco como si quisiera reordenar sus ideas para dar una respuesta cabal.

   -Tu madre, Dios la tenga en su santa gloria, mantenía al respecto que las mujeres tenemos las mismas capacidades que vosotros y por tanto podemos llegar a lo que cualquier hombre. Como opino lo mismo que tu madre creo que Pilar debería llegar a lo máximo que pueda alcanzar. Dicho de otra forma y yendo al grano, la niña debería estudiar el bachillerato completo.

   -¿Es lo qué quiere?

   -Ahí me has pillado. No lo he hablado con ella.

   -¿No crees qué se lo deberíamos preguntar? –plantea Julio.

   -Por supuesto, ¿cuál de los dos lo hace?

   -Tú te entiendes mejor con ella…

   -Se lo preguntaré, pero… todavía es  muy chica. ¿Por qué no lo dejamos para el año que viene y que mientras complete el primer ciclo? ¿Qué te parece?

   -Pues que es una buena idea. Démosle un año de plazo.   

   Una vez pasados los Reyes Magos, los Carreño retoman su vida habitual. Álvaro y Pilar son los primeros en hacer las maletas, pues deben volver a Cáceres y, al despedirse de sus hermanos, le dicen a Julián:

   -Julianillo, ve preparándote, en septiembre te vendrás con nosotros.

   -No iré ni aunque me lleven los civiles –El niño se mantiene en sus trece de que no quiere cursar el bachillerato.

   -Los civiles no, pero papá con una garrota dalo por descontado –le augura Pilar, tan poco diplomática como acostumbra.

   A mediados de enero del nuevo año de 1920, don Romualdo, que se está especializando en noticias sobre los Estados Unidos, informa a sus contertulios de que en Norteamérica se acaba de aprobar una ley que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas, y a la que la prensa ha bautizado cómo la Ley Seca.

   -Pues como aquí hagan lo mismo, ¿qué vamos a hacer con los cántaros de pitarra que el que más y el que menos guarda en su bodeguilla? –Quien formula la retórica interrogación es don Eduardo con fama de tener una de las mejores y más surtidas bodegas de la región.

  -Estos yanquis es que no dan una a derechas, se les ocurren unas patochadas como para partirse de risa. Es un país que, a pesar de que cuentan que es muy rico, nunca llegará a ninguna parte haciendo gilipolleces como esa –profetiza don Mauricio.

   Ahora, los fines de semana Julio ya no los pasa en los pueblos donde vende, sino que vuelve a Plasencia para pasarlos con la familia. Y en esos días no puede faltar su visita al casino donde los compañeros de tertulia continúan despotricando de todo, especialmente de la política y si es de la nacional, mejor. Hoy es Liaño quien les está leyendo un suelto que trae la prensa sobre una noticia no importante pero si curiosa: el gobierno ha publicado un decreto por el que se crea una nueva unidad militar armada con la denominación de Tercio de Extranjeros. Y el comandante amplía la escueta nota de prensa.

   -Esta es una idea a la que llevaba tiempo dándole vueltas mi colega de infantería Millán-Astray. La unidad se dividirá en tercios y estará formada por soldados profesionales y no de reemplazo. En el fondo no es más que una copia de la Legión Extranjera francesa.

   -Y ahora que ya no tenemos colonias, ¿para qué coño queremos más tropas? –pregunta don Mauricio.

   -Tener una unidad de soldados profesionales nunca viene mal. Tenga en cuenta que los soldaditos de reemplazo en cuanto oyen un tiro se cagan en los calzones. Y los moros siguen dándonos problemas y más que nos pueden dar como no se les pacifique –augura el comandante.

   Mientras, Julio no deja de darle vueltas a la pregunta que le hizo su concuñado Arturo y a la que no supo responder. Incluso, después de charlar sobre ello con su mujer continúa sin tenerlo claro. Y por asociación de ideas, piensa que tampoco le ha preguntado a su hijo mayor si le gustaría seguir estudiando. Desde el momento que Álvaro aprobó el ingreso del bachillerato ha dado por sentado que terminaría ese ciclo de estudios, pero no se ha planteado qué hará después. Conociendo a su esposa se malicia que ella si debe haberse estrujado las meninges al respecto, por lo que se dice que cuanto antes se lo pregunte antes saldrá de dudas, pero escoge un momento inoportuno, Julia tiene un mal día.

   -Julia, tú que le das tantas vueltas a todo, a buen seguro que habrás pensado más de una vez sobre si Álvaro piensa seguir estudiando después de hacerse bachiller. Cuéntame lo que has rumiado al respecto.

   -Cariño, rumiar lo hacen los rumiantes y tu mujer no pertenece a ese suborden de animales.

   -Huy, que picajosa estás. Seguro que tienes la regla. Decía lo de rumiar en su sentido de pensar detenidamente una cosa.

   -Ah, bueno, haber empezado por ahí –Julia se hace la desentendida--. Pues sí, alguna que otra vez lo he pensado.

   -Bueno, ¿y se puede saber qué diantres has pensado? –Julio está comenzando a mosquearse, sabe que cuando su mujer se pone en ese plan no es nada fácil dialogar con ella.

   -Precisamente estas vacaciones de Navidad le volví a preguntar, porque ya lo había hecho antes, si sabía que querría ser de mayor –Y hasta ahí llega la explicación de Julia.

   -¿Y qué coño te contestó el chico?

   -Que no lo sabía.

   Julio desiste de continuar el diálogo, hoy es uno de esos días, que por fas o por nefas, Julia no está por la labor y mejor desistir que seguir interrogándola, pero se dice que cuando vuelva Álvaro para las vacaciones de Semana Santa ha de tener una larga conversación con él, de hombre a hombre.

   A finales de febrero, don Enrique Lavilla, cada vez más aficionado a los asuntos europeos, informa a sus contertulios que Adolf Hitler, el líder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán también conocido como partido nazi, ha dado su primer mitin multitudinario.

   -¿Y quién es ese Hitler?, nunca había oído hablar de él –arguye don Mauricio.

   -Pues es posible que lo oirá más veces porque en Alemania es el fenómeno político del momento. Y podrá ser un bluf, pero también puede tomar la fuerza que está cogiendo Mussolini en Italia –afirma Liaño.

   -¿Pero cuál es la ideología que tienen esos nazis? –repregunta el abogado.

   -Por ahora los discursos de Hitler tienen un poco de todo. Utiliza el término socialismo para intentar atraerse a la clase obrera y así alejarla del comunismo y la socialdemocracia, al tiempo que se llama nacionalista para atraerse a los sectores derechistas y conservadores –explica el médico.

   Es finales de marzo y la Semana Santa está a punto de comenzar, exactamente el veintiocho de ese mes que será domingo de Ramos. Un par de días antes, llegan de Cáceres Álvaro y Pilar dispuestos a pasar las vacaciones del segundo trimestre escolar. En cuanto Julio tiene la primera ocasión se encara con su primogénito y le pregunta a bocajarro:

   -Hijo, ¿tú qué quieres ser de mayor?

   El chaval se muestra indeciso ante la pregunta, da la impresión de que no sabe qué responder o de que no quiere, pero su padre le apremia.

   -Alguna idea tendrás de lo qué te gustaría hacer cuando seas todo un hombre.

   -No sé, papá, no lo he pensado mucho.

   -Pero, vamos a ver, te voy a decir algunas de las profesiones que tienen mis amigos de la tertulia: el señor Liaño es militar, don Enrique médico, don Mauricio abogado, don Romualdo juez, el señor Galiana ferretero, don Eduardo…, bueno don Eduardo no es nada, solo rico.

   -De todos los que has dicho a lo mejor me gustaría ser juez, como don Romualdo.

   -Entonces tendrás que estudiar Derecho, hay que ser abogado para ser juez.

   -Eso no lo sabía, y por lo que me han dicho el Derecho es algo para lo que hay que tener un memorión y a mí no me gusta mucho memorizar.

   -¿Entonces?..., algo habrá que te gustaría hacer.

   -Pues…, viajar, de mayor me gustaría viajar.

   -Pero ser viajero no es una profesión.

   -Pues no sé, papá.

   Tras el interrogatorio, Julio se queda como antes, sin tener ni idea de lo que vaya a estudiar su primogénito. Y la Semana Santa acaba y Álvaro y Pilar retornan a Cáceres, y Julio se dice que en verano tendrá que volver a repreguntar a su hijo a ver si mientras tanto le pica el gusanillo de alguna vocación. Se acaba el curso 1919-1920 y, pese a lo que habían pensado de hacer recortes, la familia Carreño vuelve a irse en julio a Punta Umbría y el droguero le pide a su esposa que sondee a Álvaro sobre qué le gustaría ser y a Julián a ver si continúa en sus trece de no querer ir a Cáceres a cursar el bachillerato. Cuando la familia vuelve de la playa la decepción del cabeza de familia es grande, ni el primogénito sabe que le gustaría ser ni Julián da su brazo a torcer, dice que si le envían a la residencia de Cáceres se escapará en cuanto pueda. En agosto, los Carreño se marchan a Pinkety y lo de saber qué quieren ser de mayores sigue en el limbo.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 145. El telegrama