Tras meditarlo detenidamente, Pilar llega a
la conclusión de que, aunque su hijo pueda enfadarse si algún día se entera,
tiene que intervenir para que el chico no lo eche todo a perder. Y eso le lleva
a entrevistarse con el tío Elías antes de que Julio le plantee su ultimátum.
Medita sobre cómo enfocar la entrevista con el Bisojo del que sabe que es un
pillo negociando. Deberá ser más hábil que el droguero si quiere sacar algo en
limpio. En cuanto tiene bien trabados sus argumentos se planta en casa del
Bisojo para interesarse por su salud, es su pretexto.
-¡Doña Pilar, usté por aquí, cuanto me
alegro de verla! Que bien está; en cambio yo, ya me ve, hecho un eccehomo –se
lamenta Elías.
-Pues por su cara nadie diría que está usted
con los arrechuchos de la artritis –La maestra comienza a darle jabón al
droguero.
-No, si de la cara no me quejo, pero mire
como tengo las manos y la pierna, y además con una ciática que me lleva por la
calle de la amargura. Pero ya está bien de quejas, que esas no me van a curar.
Tiene que saber que estoy muy satisfecho con el trabajo de su hijo. Se ha
revelao como un chico cumplidor como el que más, y honrao a carta cabal –El
Bisojo se ha enterado de las pernoctaciones que le cobra el mañego cuando
duerme en el carro, pero como es consciente de lo poco que le paga prefiere
hacerse el ignorante-. Y, por lo que me cuentan, tiene mano izquierda pa tratar
con las clientas. Una joya, vamos.
-No sabe la satisfacción que me da al hablar
así del chico, y eso me hace más cuesta arriba lo que vengo a decirle –La
aragonesa aprovecha sin dudarlo el pie que le acaba de dar, sin pretenderlo, el
droguero.
-Usté dirá –El Bisojo se ha puesto en
guardia, algo le dice que la visita de la maestra no es únicamente para
interesarse por su salud.
-Verá, señor Elías, no voy a andarme por las
ramas, vengo a pedirle disculpas.
-¿Pedirme disculpas, usté?, ¿por qué?, si no
me ha hecho na.
-Yo no, pero mi hijo sí. O mejor dicho, se
lo hará. Y como usted se portó tan bien con nosotros, creo de ley que, como el
chico no lo hará, debo hacerlo yo.
-Sigo sin entenderlo, doña Pilar, ¿qué es lo
que me hará Julio?
Y la aragonesa le cuenta que su hijo está
muy contento con el trato que le dispensa, y que cada día que pasa le gusta más
su trabajo, tanto cuando viaja como cuando trabaja en la tienda, pero…
-… ya sabe usted como es la gente joven, son
culos inquietos y no tienen apego a na. Resulta… -Pilar hace una estudiada
pausa- que le han ofrecido un empleo en el que ganará casi el doble de lo que
usted le paga y lo ha aceptado o está a punto de hacerlo. Y como él igual no lo
hace, tengo que ser yo la que le pida perdón por esa falta de lealtad.
El Bisojo acusa la noticia, inmediatamente
calcula el estropicio que le puede causar Julio si se va en estos momentos. El
médico le ha dicho que no se va a curar a corto plazo, con su mujer sigue sin
poder contar, y contratar a un nuevo empleado significa que, por espabilado que
sea, tardará semanas, sino meses, en ponerle al día acerca de los múltiples y
diferentes artículos de la droguería. Y mientras se forme, ¿qué? No le queda
otra que atajar de inmediato la anunciada renuncia, pero para eso necesita más
información.
-¿Y se puede saber quién le va a pagar al
chico el doble?, ¿es alguien conocido?
-Desconozco quien pueda ser el que le va a
pagar tanto al chico, pero parece que es de aquí.
-No me diga más, debe de ser el malasombra
de Manuel Galiana que lleva tiempo fanfarroneando de que quiere ampliar su
ferretería con una sección de droguería. Y si lo hace, necesitará de alguien
experto en el ramo. Por eso le habrá ofrecio a Julio el oro y el moro, pero ya
sabe usté que una cosa es predicar y otra dar trigo.
-No puedo asegurarle que sea ese Galiana del
que habla, pero lo que dice está bien traído.
-Sabe usté que menos la muerte to tiene
solución en la vida. ¿Cómo podríamos arreglar este desaguisao antes de que sea
demasiao tarde?
La maestra sabe que, hasta el momento lo que
han hablado han sido fuegos de artificio, a partir de ahora es cuando va a
comenzar la negociación de pillo a pillo. Y se apresta a ello, para lo cual
debe de ser el Bisojo quien lleve la voz cantante y quien parezca que marca las
reglas del juego.
-No tengo ninguna experiencia en cuestiones
como la que nos ocupa, señor Elías, pero a buen seguro que, en su larga vida de
comerciante, usted debe habérselas visto en más de una ocasión con problemas
como este y más complicados aún –Pilar devuelve la pelota al terreno de su
oponente.
-Pues, aunque pueda parecerle raro, le diré
que es la primera vez que me pasa. Julio es mi primer empleao. Hasta el
presente, yo y mi mujer nos las hemos apañao solos, pero los años no pasan en
balde… Así que el doble eh, ¿y del sueldo o de la comisión?
-Eso no me lo ha contado el chico –Pilar
insiste en llamar a su hijo el chico, como si estuvieran ante la travesura de
un adolescente y no de un hombre hecho y derecho-, pero imagino que será el
doble del montante del salario y de la comisión que usted le abona.
-Bueno, los problemas de dinero se
solucionan con dinero. ¿Con cuánto calcula usté que se conformaría el chico pa
no irse?
La aragonesa sonríe para sus adentros.
Evidentemente, el tío Elías es un pillo negociando y trata de que sea ella la
que marque los límites del acuerdo, pero a pillería no le va a ganar.
-Ya le
he dicho que no tengo experiencia en asuntos como este. Solo soy una maestra de
primeras letras, aquí el que sabe de negocios es usted.
El Bisojo, que dista de ser lerdo, percibe
que no va a poder llevar a la maestra a su terreno, por lo que se lanza a
realizar ofertas concretas.
-¿Usté cree que se quedaría si le ofreciera
aumentarle el sueldo veinte duros al mes? Un aumento de cien pesetas es mucho
dinero.
-No, no lo creo –Doña Pilar acepta el envite
del regateo y sabe que en esa fase cuantas menos explicaciones dé mejor le irá.
-¿Entonces…?
-Además de subirle el salario tendría que
subirle también la comisión, es de lo que más quejoso está.
-Sabrá usté, que hace na se la subí hasta el
siete. Y buenos dineros que se está sacando. No puede pedirme más, ¿no le
parece?
La aragonesa da la callada por respuesta.
El droguero, muy a su pesar, intuye que debe subir la apuesta.
-En el mejor de los casos, y sería un duro
recorte pa mis ganancias, podría irme hasta el ocho, lo que puede suponerle una
montonera de dinero, ese porcentaje debería ser más que suficiente, ¿no cree?
Pilar sigue callada, presiente que todavía
puede estirar más la cuerda.
-¿No dice na?, ¿es que el ocho no le parece
bastante?
-Yo estaba pensando en el doce.
-¡Pero que dice usté, buena mujer, ¡¡el doce!!,
solo falta que me diga que le regale la tienda! Así no nos entenderemos, no se
puede negociar pidiendo lo que no se puede dar –El Bisojo parece verdaderamente
escandalizado, aunque la maestra sospecha que está haciendo teatro, algo que
nunca viene mal en una negociación. En lugar de entrar en el clásico tira y
afloja de todo pacto, opta por llevar la discusión al terreno en el que sabe
que se desenvuelve mejor que su interlocutor, el del análisis.
-Vamos a analizar el problema, señor Elías.
Veamos lo que ambas partes pierden y ganan. Comencemos por el chico –Sigue
hablando del chico como si se tratara de alguien ajeno a ella-. Perderá un buen
trabajo en el que se siente muy a gusto, pero ganará otro parecido. Perderá una
paga mensual con la que no está contento, en cambio ganará otra que le supondrá
el doble de sueldo. Y perderá un patrón a quien tiene en alta consideración, y en
su lugar tendrá otro que todavía no sabe cómo le tratará. Veamos qué perderá y
ganará usted. Perderá a un empleado conocedor del negocio, ganará otro que
posiblemente no conozca nada o, en el mejor de los casos, muy poco del negocio.
Se ahorrará dinero con el nuevo empleado, puesto que al ser novato podrá
pagarle menos que al que tiene ahora. Y perderá un empleado del que sabe que
puede fiarse, para tener otro del que no sabrá, hasta que pase un tiempo, si es
tan honrado como el que tiene. Dígame usted quien pierde y quien gana más de
los dos.
-Pos yo veo un empate.
-No hay empate. El chico gana poco, pero
usted va a perder mucho. Analicemos a ese hipotético nuevo empleado –Por el
gesto que ha hecho el Bisojo, la maestra intuye que lo del hipotético nuevo
empleado no lo ha entendido y lo aclara-, me refiero a la persona, sea quien
fuere, que deberá contratar para suplir al chico. Hasta donde yo sé, en toda
Plasencia solo hay dos personas, mejor dicho tres, que sepan de droguería. Una
es usted, que por ahora está fuera de juego y, desgraciadamente, lo puede estar
bastante tiempo. Otra es su esposa, que desafortunadamente está todavía peor. Y
el tercero, aunque a mucha distancia, está el chico. Si emplea a alguien de la
ciudad forzosamente tendrá que ser un novato en el negocio. ¿Cuánto tiempo
tardará en ponerse al día?, ¿dos meses, tres, cuatro?, ¿y mientras tanto qué?
Se lo diré: las ventas caerán en picado y, lo que es peor, puede dar lugar a
que alguien abra una nueva droguería.
-Cualquiera diría que es usté andaluza por
lo exagerá que es. Me basto y me sobro pa poner al día a cualquiera que no sea
una acémila en menos de una semana.
-No soy quien para enmendarle la plana, pero
permítame que lo dude. Por lo que me ha contado el chico la droguería es un
negocio muy complejo y muy diferente a la mayoría de comercios. Por ejemplo, en
una zapatería se venden muchos tipos de zapatos, de diferentes modelos,
colores, materiales, etcétera, pero siempre se trata del mismo artículo,
zapatos. En cambio, en una droguería se venden decenas y decenas de artículos
que se parecen entre sí lo que un huevo a una castaña pilonga. Eso no se
aprende en un mes ni en cinco, por muy bien que usted lo enseñe, y aunque el
que contrate sea el más listo del pueblo.
-Bueno, pues buscaré a alguien de fuera –El
Bisojo tiene siempre la réplica a punto.
PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro
II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 57. Una
alumna deplorable