martes, 21 de febrero de 2017

107. Llama un tal señor Vieques




   La pregunta de Ponte de quien va a cerrar el círculo de interrogantes sobre la ecuación: cubanos, guerrilleros, narcotraficantes en relación al robo del Tesoro Quimbaya, genera unos instantes de pausa en el análisis que está llevando a cabo el cuarteto. Mientras eso ocurre, Ballarín está trasteando en su Smartphone de última generación. Cuando encuentra lo que al parecer anda buscando se lo comenta a sus amigos:
- Un nuevo dato que añadir a lo que estamos analizando. Os leo esta información relativa a las conversaciones de La Habana y que es de hace unos años: “El embajador de España En Bogotá, Ramón Gandarias, dijo que la Unión Europea estudia crear un fondo fiduciario para ayudar a Colombia a financiar el posconflicto. «Incluso, hay dos países europeos no miembros de la UE que ya han manifestado su disposición a participar, Suiza y Noruega». O sea – concluye Ballarín – que nuestro gobierno es de los que apostó desde el primer momento porque las conversaciones siguieran adelante.
- ¿De que año son esas manifestaciones? – pregunta Álvarez.
- No lo pone, pero debieron ser hechas al poco de ser nombrado Santos presidente de Colombia.
- Eso supone que, como has dicho, España estuvo desde el principio a favor de las conversaciones de La Habana – deduce Álvarez -. Si ello es así, ¿a santo de qué vienen ahora los cubanos prometiendo el oro y el moro si nuestro gobierno apoya un acuerdo entre las FARC y el gobierno de Bogotá?
- Esa es una buena acotación, Luis – le jalea Ponte -. ¿Por qué ahora?, ¿acaso el actual gobierno en funciones necesita algún tipo de estímulo para mantener su apoyo al hipotético acuerdo?
- Yo no he leído en prensa nada que lleve a considerar que nuestro gobierno haya cambiado de postura respecto a las conversaciones de La Habana – informa Ballarín.
- Hombre, no todo lo que dice o hace el gobierno lo recogen los medios, sobre todo si se ha dicho o hecho en secreto – apostilla Álvarez.
- Bueno, dejemos esa cuestión que no nos lleva a ninguna parte – Grandal trata de reconducir el análisis a su punto de partida – y volvamos a la pregunta de Manolo: ¿Quién empieza a cerrar el círculo del análisis?
- Puesto que soy el que ha lanzado la piedra al agua, dejadme que comience a cerrarlo yo – se ofrece Ponte -. Tomando como base los dos últimos datos sobre el robo, mis conclusiones son estas. Primera: el llamado clan de los Varelas es el presunto autor, no sabemos si intelectual, ejecutor o ambas cosas del robo del tesoro, y si no es ese clan será otro cártel de narcos, pero todo indica que la autoría se mueve en el ámbito de la droga. Segunda: los narcotraficantes no roban el tesoro para lucrarse con su venta sino para suministrar a las FARC un instrumento con el que presionar al gobierno español, que no hay que olvidar que es un gobierno en funciones, de que siga apoyando las conversaciones de La Habana. Tercera: va de suyo que los narcos no pueden negociar con un gobierno democrático, por eso utilizan la mediación del gobierno cubano para que haga llegar al español el ofrecimiento de que si se porta como desean se le restituirá las piezas quimbayas robadas. Y… - Ponte duda – no se me ocurre cual podría ser la cuarta.
- La cuarta podría ser – le ayuda Álvarez -: aceptando que las piezas robadas las han chorizado unos narcos, la pregunta es ¿dónde las tienen?
- Luis, lo siento, pero eso no es una conclusión, es una pregunta – Ballarín acaba de hacerle un roto al ego de Álvarez.
- Bueno, de acuerdo – admite Álvarez que no parece haberse molestado por la rectificación de su amigo -. Entonces la cuarta conclusión podría ser que ya sabemos porque nuestro gobierno ha dado la orden de parar las investigaciones sobre el robo. Porque sabe quién lo hizo y, posiblemente, esté negociando con los ladrones para recuperar las joyas.
- Sois los mejores, machotes. Tenéis una sesera de primera división – les jalea Grandal muy proclive a incentivar a sus vejestorios amigos -. Creo que habéis cerrado el círculo de la ecuación cubanos, guerrilleros y narcotraficantes en relación al robo. Es tan formidable vuestro análisis que, con vuestro permiso, voy a llamar a los Sacapuntas para contárselo. Van a flipar en colores.
- Esa es la historia de nuestra vida – se lamenta Álvarez -. Nosotros cardamos la lana y otros se llevan la fama.
- Sí, pero, y lo bien que lo pasamos. Eso no tiene precio – replica Ballarín.
   Aquella misma noche, Grandal llama a Blanchard y le cuenta la reunión que ha tenido con sus amigos en la que han analizado los extremos de la conversación que ambos mantuvieron el día anterior. Le explica, sin entrar en detalles, que han llegado a unas interesantes conclusiones y que estima conveniente que también debería contárselas a Bernal y Atienza. El francés lo acepta de buen grado, solo le pide que no les diga el tête à tête que mantuvieron ambos.
   Al día siguiente, Grandal se pone en contacto con Atienza, le cuenta que han estado analizando los últimos datos que hay sobre el robo, que han sacado algunas conclusiones y que le gustaría compartirlas con ellos. Quedan en verse por la tarde en la Brigada. Poco después de la llamada del excomisario, el inspector de Patrimonio recibe otra. Le llama un tal señor Vieques. Antes de coger el teléfono, Atienza repasa su bloc de notas. Un tal Vieques le llamó el pasado día veintiséis, hablaba español con un ligero acento caribeño, podría ser dominicano, portorriqueño, cubano o de por esos pagos. Y no lo tiene anotado, pero recuerda que la llamada le puso de los nervios, no sabría muy bien decir por qué.
- Soy Juan Carlos Atienza, dígame.
- Buenos días señor Atiensa. Permítame presentarme: soy Kevin Vieques, siudadano portorriqueño, me ha dado su teléfono un amigo común. Tengo interés en hablar con usted de un asunto que nos preocupa a ambos. Sería una conversasión privada por lo que es más oportuno que la tengamos fuera de la Brigada.
- Señor Vieques, antes que nada querría saber quién es el amigo común que le ha dado mi teléfono, así como ese asunto que nos preocupa a ambos.
- Estaré encantado de contestar a ambas preguntas y a cualquier otra que quiera formularme, pero no me parese pertinente hablarlo por teléfono. ¿Podría reunirse conmigo esta tarde, sobre las diesiséis horas, en la cafetería del Hotel Barseló Emperatris de la calle Lópes de Hoyos, cuatro?
   Atienza se lo piensa dos veces antes de responder. Las formas que usa su interlocutor son corteses, pero hay algo en el timbre de su voz y en el hecho de que sea el desconocido quien plantee el horario y lugar de la cita que denotan una cierta prepotencia. Cómo tampoco tiene nada mejor que hacer acepta la invitación del portorriqueño. Nada más colgar, recuerda que por la tarde se ha citado con Grandal. Entre quedar mal con el desconocido que acaba de llamarle o con el excomisario, no lo duda. Llama a la centralita de la Brigada.
- Soy Atienza, ponme con el señor Vieques, acaba de llamarme.
- Lo siento, Juan Carlos, te ha llamado desde la calle. Tengo el número de la cabina y su ubicación, pero no creo que siga en la misma.
   Le fastidia, pero como a Grandal sí que puede llamarle es lo que hace.
- Comisario, lo siento, pero me ha surgido una cuestión imprevista. No puedo reunirme esta tarde, ¿te viene bien que lo hagamos mañana?
   Está colgando el teléfono cuando entran Bernal y Blanchard que en los últimos tiempos parecen haber enterrado la mutua antipatía que se tenían al principio de la llegada del francés.
- Hombre, llegáis como caídos del cielo, a ver que opináis de esto.
   Atienza cuenta a sus colegas las dos llamadas que ha tenido en la mañana, la de Grandal y la del tal Vieques. Y que al no poder volver a comunicarse con el portorriqueño, ha tenido que posponer el encuentro del comisario con los tres.
- … y respecto a la entrevista con Vieques, ¿qué opináis? Estoy pensando que he accedido con demasiada alegría a encontrarme con él. Tal y como está el Caso Inca, reunirse con sudamericanos no estoy muy seguro de que sea lo mejor que puedo hacer.
- Hombre, Juan Carlos, el hecho de que te cite en la cafetería de un hotel de cinco estrellas situado en el centro de la ciudad parece descartar algún tipo de encerrona. Otra cuestión es lo que pretenda ese tipo – cuestiona Bernal.
- Opino lo mismo que Eusebio – secunda Blanchard -, pero si tienes alguna prevención podemos estar apoyándote en la retaguardia. No creo que ese tal Vieques nos conozca ni a Eusebio ni a mí.
- Gracias, pero no lo creo necesario - afirma Atienza -. En todo caso, estad localizables en el móvil por si os necesitara. ¿De acuerdo? 

viernes, 17 de febrero de 2017

Capítulo 21. La CIA se apunta al sarao.- 106. Las preguntas empiezan a tener respuestas



   Grandal, en principio, no se planteó contar a sus jubilados amigos la conversación que sostuvo con Blanchard en la que analizaron las dos últimas novedades relativas al Caso Inca. Tras mucho pensarlo, decide hacerlo. Es grande la confianza que tiene en la capacidad analítica de sus tres compañeros del dominó, a pesar de su avanzada edad.
- El pasado sábado estuve hablando con los Sacapuntas – opta por no contarles que solo habló con Blanchard – y me contaron los últimos datos relacionados con el robo del tesoro y que, realmente, son sorprendentes.
- Del caso del robo a mí no me sorprende nada – asegura Álvarez que parece estar de buen humor -. Me recuerda a aquel viejo chiste en el que un aficionado a los toros contaba a otro, con la intención de tomarle el pelo, que aquella tarde iban a torear en la Monumental el Ministro de Industria, el Embajador de Inglaterra y el Arzobispo de Madrid. La respuesta del embromado fue: ¿y de que divisa son los toros? Pues yo, lo mismo. Cuentes lo que cuentes, esa sería mi pregunta: ¿de qué ganadería son los toros?
   Grandal cuenta a sus atentos oyentes los hechos en cuestión. El primero, la oferta hecha por un miembro de los servicios cubanos de inteligencia a un agente del CNI de que si el gobierno español, aunque estuviera en funciones, seguía apoyando decididamente las conversaciones de La Habana podría devolverse a España unas joyas que le pertenecían, presuntamente las piezas quimbayas robadas. El segundo, la instrucción emanada de la cúpula policial de que se parasen las investigaciones sobre el caso hasta nueva orden.
- Y ahora os pregunto: ¿qué análisis hacéis de estas dos noticias?
   Transcurren bastantes minutos mientras el trío digiere la información, hasta que el decano del grupo se arranca.
- Poniendo sobre el tapete el mensaje de los cubanos y la orden de parar las investigaciones, tenemos a cuatro posibles candidatos como presuntos autores del robo: las FARC, los gobiernos colombiano y cubano, y un hipotético cártel del narcotráfico – y Ponte repite los argumentos contados por el propio Grandal para descartar los tres primeros -…, por consiguiente, estoy de acuerdo contigo que ese desconocido cártel de narcos es quien tiene más papeletas de ser el autor del robo, perpetrado directamente por su gente o encargado a otra banda. Esto, a su vez, lo ligo con el tiroteo de Fuenlabrada sobre el que el amigo del CNI de Atienza contó que existía una alianza entre una empresa china del polígono, la familia gitana de los Corrochanos y uno de los cárteles más agresivos que quedan actualmente en Colombia, el llamado clan de los Varelas. Entonces… - y Ponte deja en el aire la frase.
- Entonces – Álvarez es quien recoge la tácita invitación de Ponte -, son los Varelas los que tienen más probabilidades de ser los autores del robo. ¿No es ahí adónde querías llegar?
   Aunque lo único que ha hecho Ponte es reproducir el razonamiento que hizo el propio Grandal, este le jalea:
- Manolo, te felicito. Creo que tu razonamiento es impecable. Y aceptando esa teoría, opino que tendríamos que extraerle todo el jugo posible. Supongamos que son los narcos quienes perpetraron el robo. Hay un dato que podría avalarlo: los que secuestraron a la profesora Martín-Rebollo para que autentificara unas piezas quimbayas eran latinoamericanos. Ahora bien, ¿cuál puede ser la conexión entre los narcotraficantes y la inteligencia cubana? Otros interrogantes: ¿qué sacan los narcos de que España apoye las conversaciones de La Habana?, ¿pueden estar los narcotraficantes conchabados con las FARC?, porque no creo que el gobierno colombiano esté también metido en el ajo y, pensándolo bien, tampoco el cubano aunque sean sus servicios de inteligencia los que hayan hecho llegar el mensaje al CNI – concluye el excomisario.
   Ballarín mete baza en el coloquio.
- Metidos en esa espiral de hipótesis, vamos a fabular sobre lo que podría haber ocurrido mezclando lo que sabemos con lo que imaginamos. Es conocido que las FARC se valen de algunos clanes de narcotraficantes para vender la coca que se cultiva en las áreas que dominan y en las que cobran el llamado Impuesto al Gramaje a otros grupos de narcos y de cocaleros. Ahí tenemos una interesada conexión entre la guerrilla y los narcos. Podría ser, podría ser – repite – que las FARC hubieran pedido a una banda de narcos que robaran el Tesoro Quimbaya, no para venderlo sino para presionar a España de que mediara ante el gobierno colombiano en el sentido de que las conversaciones que se mantienen en La Habana alcancen un resultado positivo. Y si eso ocurre, sean cuales fueren las cláusulas del acuerdo de paz, siempre supondrá un triunfo de los guerrilleros. Si aceptamos este argumento, se convierte en la respuesta a la segunda pregunta de Jacinto sobre ¿qué sacan los narcos de que España apoye las conversaciones de La Habana?
- Brillante, Amador – le felicita Álvarez -. Y si se me permite trataré de contestar al tercer interrogante de Jacinto. ¿Pueden estar los narcos conchabados con las FARC? La respuesta también está en la argumentación de Amador. El hilo que conecta a ambos grupos es el común negocio de la coca. Guerrilleros y narcos tienen negocios comunes que pueden verse alterados si el gobierno colombiano en lugar de optar por la paz, cediendo ante los narcoguerrilleros, decide seguir una política de exterminación de cualquier grupo armado que opere en su territorio. Las FARC se juegan que no se les tenga en cuenta los miles de muertos que llevan a sus espaldas y los narcos poder seguir con su fabuloso negocio. Resumiendo, narcos y FARC están conchabados.
- Luis, tu argumentación no tiene que envidiar nada a la mía – aplaude Ballarín.
- ¡Jo, macho!, esto parece un concurso de pelotas, pero como nadie ha contestado al primero de mis interrogantes voy a hacerlo yo – dice Grandal -. Preguntaba: ¿cuál puede ser la conexión entre los narcos y la inteligencia cubana? Por lo que he leído en internet, los contactos de las FARC con sucesivos gobiernos colombianos se remontan a principios de mil novecientos ochenta. Incluso se llegaron a firmar pactos, como “Los acuerdos de La Uribe”, rotos más tarde. Luego, a lo largo de la década de los noventa, durante la presidencia de Andrés Pastrana, el gobierno colombiano mantuvo continuas conversaciones con la guerrilla para logar un acuerdo de paz. Representantes de ambas parte llegaron a reunirse en varios países europeos. En esa época, incluso llegaron a entrevistarse el presidente Pastrana y Manuel Marulanda, el jefe histórico de las FARC. Hubo múltiples acuerdos que acabaron siendo rotos por una u otra parte, siendo la guerrilla la más activa en los rompimientos. Durante todos esos años fueron muchos los organismos internaciones que actuaron como mediadores en el conflicto, la OEA, la UE, el gobierno estadounidense, el Grupo de Río, etcétera, pero por unas u otras causas nunca se logró un acuerdo que fuera respetado por ambas parte – Grandal toma un buche de café que ya se quedó frío y prosigue -. En dos mil dos, es elegido presidente de Colombia Álvaro Uribe, decidido partidario de combatir frontalmente a los grupos violentos. La actividad de las guerrillas, entre las que también había que contar con las AUC o Autodefensas Unidas de Colombia, se incrementó, así como la conexión de los grupos guerrilleros con los narcotraficantes. A finales de la primera década del dos mil hubo fuertes tensiones entre Venezuela y Colombia, al acusar el gobierno de este país a Hugo Chávez, presidente venezolano, de amparar a las FARC. Todo siguió más o menos igual hasta la llegada al poder del actual presidente colombiano, Juan Manuel Santos, que ya en el dos mil once manifestó a la guerrilla su intención de retomar las discusiones para lograr una paz duradera. Ello dio lugar al establecimiento de reuniones presenciales en Cuba de ambas partes en conflicto. Conversaciones que a fecha de hoy siguen manteniéndose y que, al parecer, tienen traza de llegar a buen puerto.
   Aprovechando que Grandal apura su segunda taza de café, Ponte le interpela.
- Jacinto, no te lo tomes a mal, pero la lección que nos estás dando sobre los problemas colombianos más o menos ya la sabemos, ¿por qué no das directamente la respuesta a tu primera pregunta?
- Tienes toda la razón. ¿Qué conexión puede haber entre las FARC y los cubanos? Para mí es evidente. El gobierno de los hermanos Castro es el más fuerte valedor de la guerrilla colombiana que siempre ha alardeado de su marxismo y que tiene a Cuba como referente de esa doctrina política en el continente americano. Un triunfo de las FARC es tanto como un triunfo de la política cubana. Esa es la conexión.
- Entonces, solo nos falta cerrar el círculo que ha iniciado Jacinto con sus preguntas – afirma Ponte -. ¿Quién empieza a cerrarlo?

martes, 14 de febrero de 2017

105. Tirar con pólvora del rey



   Blanchard le ha dado muchas vueltas sobre lo que quiere contar a Grandal, pero tras sopesar pros y contras decide hablarle con total franqueza acerca de lo que les ha dicho el Director Adjunto. El excomisario le escucha atentamente y cuando el inspector francés termina su relato queda en silencio, como rumiando lo que acaba de oír, hasta que se arranca:
- Estimado colega, no me extraña un pelo lo que acaba de contarme. Hasta los carrozas de mis amigos se olieron hace tiempo que había algo raro en este robo, algo que daba mala espina. Y lo que ha dicho Carranza viene a confirmarlo.
- Si estuviera en nuestra piel, ¿qué haría? – indaga Blanchard.
- Pues en primer lugar, cumplir la orden del Director que además viene probablemente del Secretario de Estado o del propio Ministro. Y en segundo, no haceros mala sangre. No vais a conseguir nada con ello.
- ¿Nada más? – inquiere el francés, evidentemente decepcionado con la respuesta de Grandal de quien esperaba una contestación más rotunda y más distinta.
- Nada más.
- De acuerdo – acepta Blanchard -, pero permítame, comisario que, aunque sea a título de un simple ejercicio policial, hagamos un análisis meramente especulativo de lo que puede haber detrás de esa orden, como si fuese una clase de las que creo que daba usted en la Escuela de Ávila. Un análisis no solo de la orden del Director Adjunto sino también de la información que le dio a Atienza su amigo del CNI. ¿Le importa?
   Grandal, tocado en su fibra de viejo policía por la desmedida valía que el inspector galo parece dar a sus dotes analíticas, accede.
- Vale, analicemos lo que puede haber detrás de la orden, pero ya le adelanto que solo sacaremos hipótesis que no creo que vayan a servir de mucho. Usted pregunta y yo contesto. O si lo prefiere, lo hacemos al revés.
- Estoy tan confundido que sería incapaz de dar una sola respuesta. Si no tiene inconveniente, seré yo quien plantee algunas de las preguntas que no me dejan dormir.    
- Okey, dispare – acepta Grandal.
- ¿Por qué nos mandan parar? – es la primera de las preguntas de Blanchard.
- Posiblemente porque, aunque a primera vista no pueda parecerlo, es probable que estuvieran acercándose al desenlace del robo. Y los que tienen autoridad para ello han optado por no contrariar a quienes parecen detentar lo robado, no sea que cambien de opinión y decidan no devolver las piezas del tesoro. Es solo una respuesta hipotética.
- ¿Presupone eso que la autoridad, sea la que fuere, que ha dado esa orden está en contacto con los que tienen el tesoro robado en su poder?
- Posiblemente, sí. Bien sea de forma directa o, lo que es más probable, a través de intermediarios que es seguramente el papel que puedan estar jugando los cubanos. Y sigue siendo una hipótesis – insiste Grandal.
- Admitido. ¿Es posible que la gente que planificó el robo y que luego lo ejecutó, directa o por medio de otros individuos, es la que tiene las piezas del tesoro en su poder y la que está negociando con el gobierno español?
- Esa no es una pregunta sino al menos tres, pero respondo. No sé si los que planearon el robo son los mismos que lo llevaron a cabo. Tampoco sé si continúan teniendo el producto del robo en sus manos o lo vendieron o cedieron a terceras personas. Y desconozco si son los que están en negociaciones con mi gobierno. Si no se ciñe a los datos estrictos – le reconviene Grandal -, el análisis solo conducirá a respuestas como las que acabo de darle.
- Bien, le daré datos concretos, aunque me aparte algo de las premisas iniciales. El dictamen de la doctora Martín-Rebollo de que eran meras réplicas las piezas que le mostraron, ¿presupone que los que tienen lo robado estén tratando de engañar al gobierno español ofreciendo como recompensa un material que no es el original?
   Esta pregunta, que Grandal no esperaba, le hace meditar. Cuando contesta su tono no tiene la seguridad de anteriores respuestas.
- Lo ocurrido en el secuestro de Martín-Rebollo da pie para suponer que los que tienen las piezas robadas dudaban de su autenticidad. ¿Qué si son los mismos que están negociando con mi gobierno? Es probable, pero no con una seguridad del cien por cien.
- De acuerdo. Sigo. Si los que negocian con el gobierno español saben que las piezas que tienen son simples réplicas, ¿acaso no se han planteado que el gobierno ya conozca ese extremo?, me refiero a la no autenticidad de las piezas. Y otra pregunta ligada a la anterior: si el gobierno sabe que no son piezas originales, ¿por qué negocia por un material que no vale nada?
- Aquí hay dos planos diferentes. Uno es que, sean originales o no las piezas robadas, quienes las tengan en sus manos seguro que se habrán planteado el hecho de que nuestras autoridades conozcan tal extremo, pero algo tienen que ofrecer en el supuesto de ese hipotético acuerdo con el gobierno. Respecto al otro plano, ¿de por qué el gobierno negocia si sabe que las piezas son falsas?, no tengo respuesta. Mejor dicho, lo que tengo son más preguntas. ¿De verdad está negociando el gobierno? Sabemos de una oferta, pero nadie ha dicho de manera explícita que el gobierno haya aceptado tal proposición. Y otra, si es cierto que el gobierno está negociando nunca lo haría por unas réplicas, ¿puede eso suponer que las piezas robadas son las auténticas? Daría la próxima paga extra por saberlo – concluye Grandal.
- Entonces, aquí ¿quién está engañando a quién? ¿Los ladrones al gobierno tentándolo con  una recompensa que no vale nada? ¿O el gobierno a los ladrones haciéndoles creer que no sabe que se trata de simples copias?
- Eso de quien engaña a quien me ha hecho recordar unas estrofas que, a usted que es un enamorado de la lengua española, seguro que le va a encantar oír. Se refieren al usual trapicheo de los gitanos en la Feria de Jerez, pero aquí vienen al pelo – y Grandal imposta la voz y declama -. Rumbo y elegancia de esta raza vieja que gasta diez duros en vino y almejas vendiendo una cosa que no vale tres. Pues aquí parece que está ocurriendo lo mismo. Los ladrones y/o el gobierno se han gastado por valor de más de diez tratando de vender algo que no vale ni tres. Algo muy propio de nuestros políticos que siempre tiran con pólvora del rey, pero no tanto de los amigos de lo ajeno que no suelen dar puntada sin hilo – y al ver la cara de desconcierto del francés, añade -. Dicho de otro modo: no sé quién engaña a quién. Quizá estén intentando engañarse ambos, todo podría ser.
   La siguiente pregunta de Blanchard es la que menos podía esperar Grandal.
- ¿Le importa decirme quien es el autor de esa frase que acaba de citar?
- José María Pemán.
- ¿Pemán? Nunca oí hablar de él.
- No me extraña. Fue un periodista, poeta y dramaturgo gaditano muy famoso en la postguerra española. Su compromiso con el gobierno de Franco hizo que con la llegada de la democracia su nombre y su obra pasaran al olvido más absoluto. Hoy, posiblemente no haya casi nadie con menos de cincuenta años que haya oído hablar de él. Pero a lo que estamos, ¿le queda alguna otra pregunta?
- Sí, y aunque supongo que no tiene respuesta para la misma se la hago. Jugando otra vez con los dos últimos datos conocidos, el mensaje que viene de La Habana y la orden de que dejemos de investigar, si tuviera que apostar sobre la identidad de los ladrones, ¿por quién apostaría?, ¿por las FARC, por un cártel de narcotraficantes, por el gobierno cubano o por el colombiano?
   Grandal no puede menos que esbozar una sonrisa. Piensa que el franchute es mucho más listo de que le gusta aparentar. Y opta por seguirle el juego.
- Puestos en el terreno de las meras hipotésis, le contesto. De los cuatro candidatos a quien adjudicarles el robo descarto a los dos gobiernos citados. Cuba, al menos eso creo, jamás daría el paso de robar a otro estado soberano. La posición del gobierno cubano es más frágil de lo que aparenta. Y en un casus belli como el del robo perdería mucho más que ganaría. En cuanto al gobierno colombiano, va de suyo que no puede ser el autor. Es un gobierno demócrata y, por consiguiente. no cometería un delito, más contra un país como España a la que necesita como puerta de entrada a la UE. Respecto a las FARC, también las descarto. Bastante tienen con lograr un acuerdo de paz con su gobierno antes de que se mueran de viejos sus líderes sin conseguir ninguno de los objetivos por los que dicen luchar. Nos quedan los narcos. Yo apostaría por un cártel o por varios unidos en una especie de joint venture. Y no siga preguntando más porque a mí me pasa lo mismo que a usted y a sus colegas, que por cada respuesta tengo mil preguntas.