domingo, 16 de octubre de 2016

*** Once mil y subiendo




   Si el dos de este mes decía en un post informativo que el blog se dispara, hoy confirmo tal noticia. En esta semana, en la que por cierto cumplí 81 años, el número de páginas leídas ha superado la cifra de 11.000. Según se desprende de la información del servicio de estadísticas de Google, ello es debido posiblemente a un grupo de internautas norteamericanos que acceden semanalmente al blog con una fidelidad digna de premio.
   Mi gratitud y mi deseo de comunicarme con ellos de algún modo, por ejemplo: por medio de los comentarios que se pueden escribir en el blog. Los contestaré inmediatamente.

viernes, 14 de octubre de 2016

70. ¿Cui prodest?



   El veinte por la noche, Juan Carlos Atienza llama al resto de los integrantes de la tormenta de ideas que están llevando a cabo en relación al robo del Tesoro Quimbaya. Tendrán que aplazar veinticuatro horas la siguiente sesión del debate porque el veintiuno la Brigada de Patrimonio en pleno va a estar muy ocupada: han detenido un barco de buscadores de tesoros que estaban saqueando unos pecios en la bahía de Cádiz. La nueva convocatoria es el veintidós, a las diez horas.
   Ese inesperado día en blanco es aprovechado de diversas formas por los demás miembros del grupo. Blanchard piensa hacer un viaje de ida y vuelta para conocer el pueblo de su madre: Herrera del Duque, en la provincia de Badajoz. Invita a Martín-Rebollo y a Grandal a viajar con él. Ambos declinan su invitación con diferentes excusas pues resulta que la pareja ha programado otro viaje. La profesora tiene interés en conocer el madrileño pueblo de Patones de Arriba, con importantes restos arqueológicos y un castro carpetano del siglo II a.C. El excomisario se ha brindado a ser su guía, aunque en realidad no ha estado nunca en Patones, algo que ha obviado decir a María Victoria. Por su parte, Bernal ha decidido tomarse un día sabático y atender sus asuntos domésticos. Sus hijos se lo agradecerán.
   A las ocho y pico de la mañana del veintiuno suena el móvil de Grandal. Hace rato que se levantó para preparar el viaje programado.
- Jacinto, buenos días, ¿no te habré despertado? – es María Victoria quien le llama.
- En absoluto, hace más de una hora que estoy en pie. Te recogeré a las diez y media en el hotel como habíamos quedado.
- De eso va la llamada. No vamos a poder ir a Patones. Me acaba de llamar el decano de la facultad. Se ha presentado una reclamación contra el tribunal de tesis doctoral que presidía.
Por ese motivo tengo que volver a reunir a los miembros del tribunal para ver cómo capeamos el recurso.
- No te preocupes, Mariví. Espero que habrá más ocasiones para que te pueda enseñar esa maravilla de piedra y pizarra – Cualquiera diría que Grandal se conoce Patones como la palma de su mano -. Oye, se me acaba de ocurrir que si termináis antes de la hora del almuerzo, me llamas y estaré encantado en invitarte a comer.
- Me temo que tampoco podrá ser. No localizan al ponente y mientras nos reunimos, debatimos y, en su caso, rehacemos nuestro pronunciamiento se nos va a ir la mañana y hasta es posible que parte de la tarde. Lo siento, me hacía mucha ilusión conocer Patones, pero habrá otros días para visitarlo
   Grandal se queda compuesto y sin compañera de viaje. ¡Con la ilusión que le hacía! Como hombre práctico que es, decide cambiar el programa. Llamará al resto de cuarteto a los que, entre unas y otras cosas, hace días que no ve. Tiene un buen motivo para charlar con ellos: contarles cómo se ha desarrollado hasta ahora la tormenta de ideas en torno al robo. Quizá a los viejos se les ocurran ideas que los Sacapuntas y sus amigos no hayan podido tener en cuenta. El trío de jubilados, como un solo hombre, se presenta enseguida en casa de su Jefe, están impacientes para que les ponga al día de cómo se está desarrollando la tormenta. El excomisario les hace un resumen de lo que ha dado de sí el debate que sostienen en la Brigada de Patrimonio.
- O sea, que al final, como dicen los valencianos, de forment ni un gra – dice Álvarez que, desde que su hijo Santiago veranea en Torrenostra, visita frecuentemente las tierras levantinas.
- Pues la verdad es que sí. El punto en el que ahora estamos atascados es el planteamiento que sugeristeis vosotros sobre la relación entre el robo e internet.
   De pronto, a Grandal se le ocurre algo en lo que no había pensado anteriormente.
- ¿Os apetece que montemos aquí y ahora un debate paralelo? – pregunta Grandal, no demasiado convencido que de ello saque algo en claro.
- ¿Y por qué no? Hasta la hora del almuerzo ninguno de los cuatro tiene nada más que hacer. Por probar nada se pierde.
   Y dicho y hecho. Los cuatro se sientan alrededor de la mesa del saloncito-comedor y, con Grandal en el papel de moderador, comienzan su particular tormenta de ideas. El excomisario enuncia como primera pregunta, la que no han sido capaces de contestar en la sede de la policía: ¿cuáles pueden ser los motivos del Gobierno para ocultar que lo robado solo son réplicas de las piezas originales?
- Si nos permites, Jacinto, esa pregunta la hemos debatido por nuestra cuenta y opinamos que por ahora es irrelevante. Creemos que es mejor comenzar por este planteamiento: Una persona o personas organizan el robo de unas piezas del Tesoro Quimbaya que resultan ser copias. Hay muchas probabilidades de que supieran que lo que robaban eras réplicas. ¿A pesar de ello por qué las roban? – Ponte es quien ha tomado la palabra.
- Los que organizaron el robo sabían que eran copias – Álvarez es quien contesta a Ponte -, por tanto no estamos ante una operación con una finalidad económica sino de otro tipo que por ahora desconocemos. Ahora bien, ¿los que ejecutaron el robo sabían que robaban réplicas? – se pregunta y él mismo responde -. Es posible, la mano de obra de la operación no tenía porque saberlo.
- Otra pregunta - interviene Ballarín sin hacer caso del moderador -. Si era un robo por encargo, los receptores de lo robado, ¿sabían que iban a recibir copias o los ejecutores pensaban meterles un gol?
- De ninguna manera – contesta Ponte -. Los receptores no iban a aceptar las piezas robadas hasta que una autoridad en arte precolombino las autentificara. ¿Supone eso que los receptores ya sabían que eran réplicas?
- Quizá – contesta Álvarez -, podría ser que receptores y organizadores del robo son los mismos y ya sabían que lo que robaban eran copias.
- Hay una pregunta del millón que, según he leído, es fundamental en toda investigación – explica Ponte – y que se resume en el latinajo de cui prodest?, a quien aprovecha el robo.
   Grandal contempla asombrado como los carcamales de sus amigos están llevando a cabo una tormenta de ideas sui generis sin atenerse a ninguna de las normas de esa técnica grupal ni hacer el más mínimo caso al moderador. Hasta que de pronto se le cae la venda de los ojos. Lo que está sucediendo no es más que una representación: esas preguntas que no se contestan o lo hacen a medias, ese debate que no es un debate; todo eso es algo que sus amigos lo han tratado antes y, por la rapidez de las intervenciones, más de una vez. ¡Menudos zorros!
- Vamos  ver, carrozones. ¿Cuántas veces habéis debatido estas cuestiones? – pregunta con una sonrisa en los labios.
- Pues tantas como días hace que nos abandonaste por esos estreñidos de los Sacapuntas y demás compañeros mártires – contesta un socarrón Álvarez.
- ¿Y se puede saber a qué conclusiones habéis llegado o es mucho pedir? – interroga Grandal.
- Que te lo cuente el de los latinajos jurídicos que es un pico de oro – sugiere con sorna Ballarín, mirando al decano de todos ellos.
   Ponte carraspea para aclararse la voz y saca un papelito de uno de sus bolsillos. Todas las evidencias apuntan a que era algo que los tres jubilados tenían preparado de antemano.
- Como han dicho Amadeo y Luis, el asunto lo hemos discutido ampliamente y al final hemos llegado a unas conclusiones que no consideramos todavía como definitivas, pero que son con las que contamos hasta el día de hoy. Están aquí anotadas – dice Ponte mostrando el papel, una simple hoja de bloc – por si os pueden servir de algo. Otra cosa, esto no es que te lo hayamos ocultado, es simplemente que no habíamos tenido ocasión de entregártelo.
- Por favor – le ataja Grandal -, no tenéis que disculparos por nada. Todo lo que hacéis suele estar bien hecho y siempre con la recta intención de descubrir a los que se llevaron el tesoro… o las copias, que para el caso da lo mismo. Y ahora, Manolo, aparte de que luego me des el papel, ¿querréis hacerme el santísimo favor de contarme de viva voz lo que dice?
- Pues dicho de forma resumida: no perdáis tiempo planteándoos preguntas sobre si los ladrones sabían o no si las piezas robadas eran auténticas o simples copias. Lo supieran o no, el hecho es que cometieron el atraco. También es una pérdida de tiempo cuestionar los motivos por los que el gobierno no cuenta que las piezas robadas son réplicas. A toro pasado, el gobierno quizá se beneficie de alguna manera con no contar la verdad, pero ello no afecta a que el hecho se realizó. En última instancia, lo que hay que buscar es a quien beneficia el robo y no solo me refiero al aspecto económico, quizá haya otra clase de intereses. Lo que importa saber es: ¿quién saca réditos del hecho? Y solo hay una respuesta posible: los que lo organizaron y quienes lo ejecutaron. Todo lo demás es marear la perdiz.

martes, 11 de octubre de 2016

69. ¿Por qué calla el Gobierno?



   La segunda sesión de la tormenta comienza donde lo dejaron el día anterior. La profesora Martín-Rebollo anota en el folio del mural: ¿Se trata de una banda bien organizada o es un hatajo de chapuceros? Quien primero responde es Atienza:
- A ese interrogante le podríamos aplicar los mismos adjetivos que ayer formuló Michel: por la planificación del golpe parece que estamos ante un grupo bien organizado, pero el fallo de no haber entrado en la red apunta a que son unos incompetentes. ¿Cómo se casa eso?, ¿cómo pueden ser al mismo tiempo tan profesionales y tan chapuceros? Una actuación tan contradictoria es realmente inexplicable.
- Estoy pensando en una derivada – interviene Bernal -. Podría ser que los autores intelectuales del golpe sí supieran que se trataban de copias, pero no se lo hubieran dicho a los que ejecutaron el atraco.
- Es una posibilidad, pero ¿y por qué? - se pregunta Martín-Rebollo y añade -. Los que idearon el asalto, ¿para qué necesitaban robar unas piezas que eran meras réplicas?
- Seguimos en lo de inexplicable y contradictorio – resume Grandal.
- ¿Alguna aportación más? – inquiere la moderadora que, ante el silencio a su pregunta, prosigue – Bien. Otra pregunta de este apartado es: ¿alguien que organiza un atraco de esta naturaleza no cuenta entre su personal hackers que barran en la red cuanto se haya publicado sobre el objeto del robo?
- Para mí – opina Blanchard – la respuesta a ese interrogante es contundentemente afirmativa. No hay ni una sola banda en el campo de los robos de arte de gran entidad que no cuente con uno o varios superespecialistas en informática. Los que planearon el atraco sabían que lo que robaban eran copias y no piezas originales. Ahora bien, volvemos a la misma y desconcertante pregunta ¿y aun así porque llevaron adelante el atraco?
- Si no hay más comentarios – habla la moderadora – la siguiente pregunta es: ¿el hecho de no haber utilizado internet no podría echar por tierra la tesis de que éste es un robo por encargo?
- No, necesariamente – opina Blanchard que se está mostrando muy activo -. Los que planearon el atraco y que, teóricamente, deberían ser los receptores de las piezas robadas, eran conocedores de lo que se llevaban: réplicas y no piezas originales. Aunque yo sigo opinando que éste es un vol personnalisé – define echando mano de su lengua paterna.
   La moderadora mira al resto de integrantes del grupo. No hay nadie que quiera añadir algo más.
- Bien, pues hasta aquí el debate no ha sido demasiado fructífero. Lo resumo. A) El presunto error de los ladrones de no haber entrado en la red es algo inexplicable y contradictorio. B) Ese error induce a pensar que hay algo que no cuadra, pero que no sabemos qué es. C) Creemos que los organizadores del robo sabían que estaban robando copias, pero desconocemos porque siguieron adelante. D) Seguimos creyendo que se trata de un robo por encargo. Como veis, las incógnitas son más numerosas que las certezas. No queda más remedio que proseguir, aunque dada la hora que es, opino que lo mejor sería hacer una pausa para almorzar.
   Atienza informa a sus compañeros de debate que van a comer en un restaurante cercano y se excusa de antemano puesto que se trata de una modesta tasca de barrio, pero con una aceptable cocina de mercado. En la comida, el ambiente es distendido y hasta se ríen algunos chistes que cuenta Bernal. María Victoria se las ha ingeniado para sentarse a la vera de Grandal y aprovechando un momento en que la conversación ha decaído le dice en voz baja:
- Jacinto, me gustaría que un día me contaras con detalle como resolviste el caso de la calle Leganitos.  
- Lo haré encantado – responde Grandal -, aunque ya te adelanto que tuvo que ver más la suerte que mis habilidades detectivescas.
- La prensa no decía eso, sino que la resolución del asesinato fue obra de tu intuición. Mejor dicho, recuerdo que hablaban de tu olfato policíaco.
- Si recuerdas eso también recordarás una viñeta de Diario 16 en que me caricaturizaban como un podenco que va siguiendo un rastro. Y como supongo que tendrás una agenda muy apretada, luego te doy mi teléfono y cuando quieras me llamas. Yo, como todo jubilado que se precie, la tengo prácticamente vacía.
   Después del almuerzo, el grupo vuelve a la Brigada. La moderadora escribe en el portapapeles mural una de las preguntas que enunció en la presentación: ¿Los ladrones sabrán a estas alturas que lo que robaron eran simples réplicas? Bernal es quien primero habla:
- No tenemos datos para contestar con un sí o un no tajante a ese interrogante, pero sí los tenemos para afirmar que es probable que sigan sin saberlo. Razones hay varias, pero creo que esta es suficiente: si supieran que lo que tienen en su poder no son más que copias, ¿por qué asesinaron a Obdulio Romero y a su cuñado? y ¿por qué, al parecer, siguen vigilando a Adolfo Martínez?
- Si no recuerdo mal, Eusebio, esta mañana hemos aceptado que los autores intelectuales del robo sí saben que lo que tienen son réplicas – rebate Blanchard, al que le sigue gustando buscarle las coquillas al inspector de la Judicial -. Y por otra parte, no es lógico que los seguimientos de los cómplices que residen aquí los hagan los ejecutores del robo por su cuenta y riesgo. Algo así no es propio de la mano de obra, sino de los que pagan sus salarios.
- ¿Y por qué afirmas tan rotundamente que aquí solo residen los empleados del museo considerados cómplices?, ¿por qué no puede estar en el país toda o parte de la banda?, ¿acaso tienes datos que los demás desconocemos? – replica un irritado Bernal a quien el francés le cae peor cada día.
- Caballeros, por favor, - María Victoria intenta atajar la discusión sobre la nueva incógnita que ha introducido el galo -. No nos dispersemos, hemos de volver a la pregunta que está en el portapapeples.
   Con el propósito de ayudar a María Victoria a reconducir el debate, Grandal interviene:
- Creo que la pregunta de si los ladrones sabrán a estas alturas que lo que robaron eran simples réplicas es un tanto superflua. Que los atracadores ya sepan o no que lo que afanaron eran copias dudo que nos pueda llevar a deducir algún dato que nos sea útil – comenta Grandal.
- Estoy en buena medida de acuerdo con Jacinto – aduce María Victoria -. Por lo que propongo que, si no hay opiniones contrarias, la incluyamos en el apartado de preguntas a considerar posteriormente. ¿Estáis de acuerdo?
   Nadie dice nada, por lo que Martín-Rebollo continúa con el siguiente interrogante. Escribe: ¿Qué podría pasar si los atracadores se enteraran de que su botín no vale nada o, para ser más precisos, vale lo que valga el oro de las réplicas? Es Bernal el primero en intervenir: 
- Una pregunta que comienza con qué podría pasar no está muy bien formulada que digamos. Poder, podría pasar de todo. Por tanto, cualquier respuesta podría ser válida. Y si nos adentramos en el mundo de las hipótesis podríamos llegar a reconstruir el caso con datos hipotéticos y eso, ¿dónde nos llevaría? A todas partes y a ninguna. Este interrogante o debe reformularse de manera más lúcida o debe parar al cubo de la basura.
   Los otros miembros del grupo se quedan un tanto perplejos ante la innecesaria agresividad de Bernal con la moderadora y también molestos ante la visible incomodidad de María Victoria con la falta de tacto de Bernal. Atienza interviene para que el ambiente grupal no se deteriore.
- Propongo que esta pregunta, remodelada o en su formulación actual, pase al grupo de la segunda ronda.
   Todos, Bernal incluido, aceptan la propuesta de Atienza. La moderadora retoma la palabra:
- Ahora, entramos en el segundo apartado de la presentación basado en el hecho de que las autoridades españolas están ocultando a la opinión pública que las piezas robadas no son las originales. El primer interrogante que se desprende es: ¿Cuáles pueden ser los motivos que llevan al Gobierno a no hacer pública la noticia de que las piezas robadas no son las originales?
   El inspector de Patrimonio es quien contesta:
- Este interrogante podría tener múltiples respuestas. Hay una que corre en el ámbito museístico y que afirma que es el fruto de un pacto reservado entre los gobiernos de España y Colombia. El ejecutivo colombiano, en un momento en que sus negociaciones de paz con las FARC están en su punto álgido, no quiere que la opinión pública del país se distraiga, entre comillas, en otros asuntos. Insisto que es algo no confirmado.
- Quizá otro motivo sea que en este momento tenemos un Gobierno en funciones y eso limita su capacidad de ejercer los poderes propios del ejecutivo – arguye Blanchard.
- Es posible, pero hay que recordar que el robo del tesoro fue el veintidós de octubre del pasado año y en esa fecha el Gobierno estaba en la plenitud de su capacidad ejecutiva. – replica Grandal.
   El debate vuelve a embarullarse sobre los posibles motivos de porque el Gobierno calla. Visto lo cual, la moderadora resuelve que lo mejor es cerrar la sesión y que, quizá tras consultar la almohada, el día de mañana tengan las ideas más claras.