martes, 5 de noviembre de 2013

2.21. Nadie da duros a cuatro pesetas

   El pueblo que Andrés el Punchent está describiendo a su nieto Sergio está a punto de sufrir un cambio radical. A Senillar, aunque tarde, ha llegado el boom inmobiliario y va a dejar de ser uno de los contados pueblos mediterráneos cuyo litoral está prácticamente virgen. Una poderosa empresa constructora, BACHSA, ha puesto los ojos en su costa tras ser empujada a ello por la caja de ahorros Cajaeuropa. Una de las primeras acciones a llevar a cabo por los empresarios es contactar con los poderes locales, fácticos y políticos.

   Agustín Badenes, el director local de la caja, es el responsable de montar la reunión para que los delegados de BACHSA, Juan Antonio Cardona y Rodrigo Huguet, tengan un primer contacto con el alcalde, Jaume Pellicer, y el concejal de urbanismo, Guillem Armengol. El hombre de la caja no asiste, prefiere que hagan de anfitriones José Ramón Arbós y Amador Garcés, que actúan como muñidores e intermediarios de los constructores. El almuerzo es espléndido y la charla distendida. Cuando llega la hora del café, las copas y los habanos es el momento que elige Cardona para poner encima de la mesa el motivo que les ha llevado allí.
- Alcalde, concejal, antes que nada quiero agradeceros que hayáis aceptado nuestra invitación. Y sin más preámbulo paso a contaros el proyecto que tenemos para vuestro pueblo. Representamos a un grupo de empresarios que tenemos la intención de convertir vuestro municipio en una meca del turismo, tanto a nivel nacional como internacional. Estamos convencidos de que, en poco más de una década, Senillar puede sobrepasar o, al menos, igualar a vuestros vecinos Benialcaide y Albalat. La riqueza y los puestos de trabajo van a crecer exponencialmente – al darse cuenta del gesto de ignorancia del concejal, Cardona decide utilizar un lenguaje más coloquial -. Se van a multiplicar por cien, que digo cien, por mil las ofertas de trabajo. Naturalmente, para conseguir esa meta no basta con realizar grandes inversiones, para lograrla es indispensable contar con la ayuda de la corporación municipal – y dirigiéndose específicamente a Pellicer añade -.Tú puedes ser el alcalde que podrá pasar a la historia local como el hombre que transformó Senillar, puesto que, de un pequeño pueblo que es hoy en día, se convertirá en un emporio del turismo que traerá fortuna, trabajo y bienestar para todos vuestros paisanos en cantidades auténticamente millonarias.

   Cardona sigue desgranando las enormes ventajas de todo tipo que el plan traerá a la localidad. Su exposición es seguida atentamente por los munícipes. Cuando termina, es Garcés el primero en tomar la palabra:
- Desde luego, sólo con que se lleve a cabo la mitad del proyecto, ese plan supondrá para el pueblo mucho más que si nos tocara el gordo de Navidad, la primitiva y una quiniela de catorce, todo junto.
- He de admitir que lo que nos has explicado suena a música celestial – confiesa el alcalde -, pero mi padre, que era casi analfabeto pero más listo que el hambre, solía decir que nadie va por ahí dando duros a cuatro pesetas.
- Y nosotros tampoco, alcalde – asevera Huguet interviniendo por primera vez -. Somos empresarios y si pretendemos llevar adelante este proyecto es para ganar dinero, no para hacer caridad. Usando tu misma frase, diré que nuestra intención es cambiar duros, al menos, a cinco cincuenta y, si es posible, a más. Cuando un empresario gana, no es el único que se beneficia, a su alrededor son legión los que también se comen una parte del pastel. Los proveedores, subcontratistas, la gente de los oficios, los trabajadores en general, las propias corporaciones municipales…, todo un mundo. Piensa sólo en los ingresos que podrá percibir el Ayuntamiento por los permisos y licencias de obras. Y no solamente eso, el IBI de los próximos años se va a disparar. Y todo ello porque por cada peseta que se invierta, unos céntimos irán a parar a las arcas municipales. Y estamos hablando de miles y miles de millones. En conclusión, si este proyecto sigue adelante, como es nuestro deseo, aquí habrá pasta para todos. Y digo bien, para todos – recalca mirando fijamente al alcalde -. Un último detalle: fijaos si el proyecto pinta bien qué nuestra principal fuente de financiación es Cajaeuropa.
- ¡Hombre, haber empezado por ahí! – exclama el alcalde -. Si la caja está metida en esto es que hay negocio seguro. Esos no dan puntada sin hilo, pues buenos son. Y quiero dejaros algo claro, no creáis que desconfío porque sí. Tengo buenos motivos para no creerme a pies juntillas todo lo que me cuentan. Por aquí ha pasado más de un forastero que ofrecía el oro y el moro y luego si te he visto no me acuerdo. Aunque reconozco que vosotros venís bien acompañados – concluye, mirando a Garcés y Arbós.
- Jaume – interviene José Ramón -, ¿tú crees que los Arbós participaríamos en un proyecto como éste si no tuviera todos los visos de ser un negocio seguro y rentable?

   Cardona, tras un intercambio de miradas con Huguet, decide poner fin por el momento a la reunión:
- Caballeros, dada la hora que es y que todavía queda mucha tela que cortar propongo que finalicemos la reunión y que mañana a una hora decente, por ejemplo las doce, retomemos el asunto – y agrega --. Si no tenéis inconveniente propongo que nos reunamos en el hotel Airesol. Ya reservé uno de los comedores privados. ¿De acuerdo?
   Cuando los constructores se quedan solos, Huguet pregunta a su socio:
- ¿Qué impresión te han producido los tipos del Ayuntamiento?
- Pues el alcalde, pese a ser maestro, más bien parece el clásico labrador de estas tierras, cazurro, desconfiado y sin excesivas luces. Lo que me lleva a suponer que Garcés se lo llevará al huerto sin mayores problemas. El otro, el concejal de urbanismo, es otro cantar. Parece ladino y retorcido. Nos puede causar problemas. Y tú, ¿qué opinas?
- Casi lo contrario. Si alguien nos puede dar algún quebradero de cabeza será el alcalde, precisamente por cazurro. En cuanto al concejal, o mucho me equivoco o va a ser pan comido. En cuanto se huela lo que podemos ofrecerle se nos pondrá de alfombra. Y si no, al tiempo.

viernes, 1 de noviembre de 2013

2.20. La reina mora no contesta

   El primer trimestre del curso 1993-94 es para Sergio un periodo en el que su estado de ánimo oscila entre la desazón y la esperanza. Como prometió, escribe una carta semanal a Lorena, a veces alguna más. Cartas llenas de cariño, ternura e ilusión. Cartas escritas con un estilo que raya entre lo cursilón y lo romántico. Cartas repletas de promesas y juramentos de amor y de vagos y utópicos proyectos para una futura vida en común.

   Nunca antes había escrito Sergio una carta de amor. El primer día que, en el silencio de su habitación, se enfrenta a la cuartilla en blanco no sabe cómo empezar, ni siquiera cómo encabezar el escrito. Prueba distintos inicios: mi amor, cariño, mi vida, Lorena mía, tesoro, mi cielo, mi amada, mujer de mis sueños… Los va desechando uno tras otro hasta que recuerda una expresión que hace años usaba su padre para llamar a su madre: reina mora. Le gusta, no es habitual ni mucho menos y a Lorena le pega. Es morena, tiene el pelo negro como el azabache y unos ojos también oscuros que, cuando le miran, tienen como un brillo pícaro que le fascina. Y así encabeza su carta y las otras muchas que la seguirán a lo largo del curso.

   Desgraciadamente para Sergio la reina mora no contesta. De ahí que la esperanza del muchacho se convierta en inquietud. Ese desasosiego le lleva a una situación que nunca antes le había ocurrido: en el primer trimestre  suspende dos parciales. La decepción que refleja la cara de su padre es tal que el joven le hace la firme promesa que no volverá a suceder. Y cumple su palabra, sigue escribiendo a Lorena, piensa en ella las veinticuatro horas del día, pero no vuelve a pinchar.
   La falta de respuesta de la reina mora lleva al muchacho a tomar la decisión de marchar al pueblo en las vacaciones de Navidad, así podrá hablar directamente con ella y saber por qué no contesta sus cartas.
- ¿Qué quieres irte al pueblo? De ninguna manera, la Navidad es para pasarla en familia y no para irse por ahí – deniega su padre rotundamente.
- Papá, no me voy a ir por ahí. Lo que quiero es irme al pueblo a pasar la Navidad con el abuelo para que no esté tan solo.
- Tu abuelo no va a estar solo. Precisamente será él quien se venga a Madrid para pasar las fiestas con nosotros. Por tanto, olvídate de ir al pueblo.

   Sergio, aunque a regañadientes, acepta la decisión paterna. Así ha sido educado, en su familia son los padres quienes deciden lo qué se va a hacer y a él, le guste o no, no le queda otra que obedecer. Pese a todo, está una temporada enfurruñado hasta que llega su abuelo con el que siempre se ha llevado muy bien. Hasta ahora, Sergio no se había preocupado por conocer aspectos, costumbres y personas del pueblo de su madre, pero ahora que tiene su corazón puesto en una muchacha de allí considera que es llegado el momento de conocer más cosas de Senillar. Su afán de saber también tiene un propósito oculto: conocer más cosas de Lorena y su familia.
- Abuelo, háblame del pueblo.
- ¿Y qué quieres saber?
- No sé… Por ejemplo, cuéntame cómo vive la gente.
- Huy, pues supongo que como en otros pueblos. Hay gente que vive bien, los que tienen posibles, otros que tienen un pasar que ni fu ni fa, como tu abuelo, y hay otras personas que lo pasan más bien mal. Sin llegar a pasar hambre, claro. En los pueblos de agricultura de regadío siempre hay algo que llevarse a la boca.
- ¿Y qué es lo que más se cultiva?

   El abuelo se queda mirando a su nieto con aire de sorpresa.
- Pero qué preguntas haces, hijo. Llevas yendo al pueblo desde que eras un crío ¿y no sabes qué se planta en los campos?
- Sé que hay naranjos, más de una vez me has llevado a tu huerto. También sé que hay almendros, viña, olivos…
- Y algarrobos, aunque cada día quedan menos, frutales y, sobre todo tierra campa donde se planta hortalizas y verduras entre otros cultivos. Antes, la mayor parte del término se regaba con norias, luego se pusieron motores y el campo se llenó de regueros y sifones por donde llegaba el agua. Todo eso está desapareciendo y muy rápido. ¿Por qué? Porque la agricultura no recibe ayuda del gobierno, porque se han encarecido los abonos, el agua de riego, los insecticidas y sobre todo la mano de obra. Y como las fincas que hay son casi todas muy pequeñas no resulta económico meter en ellas un tractor o una cosechadora. Hay que hacerlo todo a mano y eso es la ruina para los labradores.
- Has hablado de insecticidas, ¿qué tienen que ver con los campos?
- Hijito, cómo se nota que has crecido en la ciudad. No puedes imaginarte la cantidad de plagas que atacan a plantas y árboles. Si muchos cultivos no los fumigaran no se recogería nada. Te voy a poner un ejemplo. Mi huerto, que algún día será de tu madre y de tus tíos, sufre como los demás la invasión de un montón de plagas: cochinillas, pulgones, moscas, minadores, ácaros, arañas, caracoles y Dios sabe cuántos bichos más. Tienes que fumigar los naranjos para que todos esos animalejos no los ataquen. Por si faltaba algo para completar el cuadro cada equis años aparece una nueva plaga que, hasta que los que estudian a los bichejos que la producen no descubren cómo contrarrestarla, te jeringa el arbolado.
   El señor Andrés no tiene tiempo para contarle más cosas del pueblo al nieto, su hija les interrumpe para anunciar que la comida está en la mesa.
- Luego te cuento más.

   Abuelo y nieto han vuelto a retomar la charla que interrumpió la madre de Sergio. El señor Andrés termina de contar lo de las plagas y sus consecuencias y vuelve a insistir en que la agricultura está arruinada:
- … la consecuencia de todo eso es que son muchos los propietarios que tienen sus fincas abandonadas como es el caso de tu abuelo. Otro resultado es que desde hace ya bastantes años la gente joven se ha desentendido de la tierra y se ha ido a trabajar a las fábricas, al comercio, o a donde sea. Cualquier cosa menos el campo.
- ¿Por eso se fue mamá?
- Fui yo quien la aconsejó que se fuera. En el pueblo no tenía ningún porvenir, salvo acabar de camarera en algún hotel de Albalat o de asistenta de alguna familia acomodada.
- ¿Y la mamá por qué no estudió?
- Porque para hacer una carrera tenía que irse a Valencia y en casa siempre andábamos justos de perras. A mí ya me hubiera gustado que ella o alguno de sus hermanos hubiesen estudiado, pero entre la falta de posibles y que a ninguno de ellos les gustaba demasiado los libros… - El abuelo deja el final de la frase en el aire para retomar su exposición en otra dirección -. Tú eres el primer Punchent que tienes estudios, que vas a tener un título y estoy muy orgulloso de ello. ¿Y sabes por qué has podido estudiar?
- ¿Por qué, abuelo?
- Pues, entre otras cosas, porque tienes la suerte de vivir en la ciudad. Si vivieses en Senillar te hubiera resultado mucho más difícil. Por eso le has de dar las gracias diariamente a tu madre porque no se quedó en el pueblo.
- Bueno, a mamá, a papá y también a ti – apostilla el chico mirando cariñosamente a su abuelo.
- ¿A mí, por qué?
- Hace un momento que acabas de contarme que fuiste tú quien aconsejó a mamá que se fuera del pueblo. Si no hubiese sido por ese consejo no habría conocido a papá y yo no estaría en este mundo. Por tanto, también a ti tengo que darte las gracias. Y además por ser un abuelo tan, tan… - Sergio no encuentra el adjetivo adecuado y acaba diciendo en voz baja -, tan cojonudo. Y no le cuentes a tu hija lo que acabo de decir porque me va a echar un chorreo – Y acompaña la frase con un cómplice guiño.

   Sergio se entretiene con su abuelo, pero sin olvidar un momento la inquietud que le lleva a mal traer. La reina mora sigue sin responder. Algo tendrá que hacer, ¿pero qué?

martes, 29 de octubre de 2013

2.19. Nos vamos a forrar

   Los dirigentes de BACHSA resuelven aceptar la propuesta del director local de Cajaeuropa de que José Ramón Arbós y Amador Garcés sean los representantes oficiosos de la empresa en Senillar. Bricart y Cardona vuelven al pueblo para entrevistarse con ellos, pero antes visitan a Badenes.
- Estamos de acuerdo con tu sugerencia. ¿Cuándo podemos charlar con esa pareja?
- Ahora mismo, si queréis. Sé dónde encontrarles. Mientras os tomáis algo en la cafetería de la esquina voy a llamarles.

   Badenes llama primero a Arbós, está en Valencia y no volverá hasta media tarde. Le hace un somero resumen del motivo de la reunión y le insiste en que, en principio, no es imprescindible su asistencia, que ya se encarga él de velar por sus intereses. Le mantendrá informado. Llama a Garcés y le insta a que se acerque inmediatamente.
- Están los promotores esperándonos en la cafetería de la Rubia. En principio les he convencido de que ARBOGAR sea su referente local. Ahora te toca a ti rematar la faena. He llamado a José Ramón, que está en Valencia, le he dicho que no es necesario que venga, que ya le informaremos. En cuanto a nuestro acuerdo privado sigue en pie, por descontado.

   Tras presentar a Garcés, Badenes excusa la ausencia de Arbós. La impresión que causa Amador en los constructores es positiva. Parece ser tal como lo ha pintado Badenes: un individuo cauto, que escucha más que habla, que sabe cuál es su sitio y qué se espera de él. Rápidamente llegan a un acuerdo a falta de concretar un puñado de flecos y firmar el correspondiente contrato. La primera operación consistirá en que ARBOGAR monte un equipo de agentes de la propiedad, a ser posible de la localidad, que se dedicarán a comprar fincas rústicas que respondan a una serie de parámetros: que estén ubicadas cerca de la costa, que tengan fácil acceso y cuanto más grandes sean mejor. Al mismo tiempo, tendrán que maniobrar ante el Ayuntamiento para conseguir que se modifique el Plan General de Ordenación Urbana y lo que ahora es suelo rústico recalificarlo como urbano.

   Garcés interrumpe la exposición que están haciendo los constructores con una información que desconocen:
- Senillar no tiene PGOU.
- ¡Vaya, eso si que es toda una novedad! Debe de ser uno de los contados pueblos de la comarca que no cuenta con un Plan de Ordenación Urbana. ¿Y a qué se debe esa rareza? - indaga Cardona.
- Hace muchos años - explica Garcés - se intentó elaborar un PGOU, pero el Ayuntamiento fue incapaz de aprobarlo. Desde aquellos días el urbanismo funciona en Senillar con las Normas Subsidiarias de 1987.
- Bueno, eso tiene una parte buena y otra mala – opina Cardona -. Trataremos de sacar partido de lo que sea más aprovechable de la normativa del 87, pero para llevar adelante nuestros proyectos, que son a largo plazo, tendréis que ponerles las pilas a vuestros regidores y convencerles de que es de todo punto imprescindible que Senillar apruebe su Plan.
- Tendremos que ser muy persuasivos – apostilla Garcés en un comentario que más parece una reflexión para sí que para sus interlocutores.
- No creo que os resulte tan complicado. Te voy a dar algunos argumentos para que vayas soltándolos en la trastienda del Ayuntamiento y allí donde se cuezan los guisos del poder local. Uno, muy retórico pero efectivo, es plantear preguntas del siguiente tenor: ¿por qué Senillar perdió el tren del desarrollo?, ¿por qué los municipios vecinos han crecido tanto y nuestro pueblo lleva toda la vida estancado?, ¿por qué se han hecho ricos los habitantes de Albalat y Benialcaide mientras aquí nos contentamos con que nuestras muchachas se desplacen a ambas localidades para hacer de asistentas? Y de esa guisa podéis plantear un montón de preguntas cuya respuesta es la misma. Porque no tenemos un modelo de desarrollo, porque no tenemos terrenos donde ubicar zonas industriales o residenciales. Cuando tengamos un Plan habremos puesto a nuestro pueblo en las vías del crecimiento. El PGOU es vital para el desarrollo del pueblo y para asegurar el futuro de nuestros hijos.
- Y a todo esto, Amador, ¿qué pasa con tu socio en ARBOGAR?, ¿va a estar de acuerdo con lo tratado? Lo digo porque si va a poner el menor reparo, mejor será que te olvides de esa empresa, en la que en definitiva eres minoritario, y que montes otra por tu cuenta – sugiere Bricart siempre desconfiado.
- No os preocupéis, por parte de Arbós os garantizo que no habrá una sola pega, de eso me ocupo yo. Y... si la hubiera, que no creo, tendría en cuenta tu sugerencia – Es la respuesta de Garcés.

   Después de la fructífera entrevista con los consejeros de BACHSA, Badenes y Garcés se felicitan por el resultado obtenido.
- Me parece, Amador, que hoy es el inicio de la mejor etapa de tu vida, al menos en el aspecto profesional. Si este proyecto sale medianamente bien te vas a forrar.
- Bueno, bueno, menos lobos. Por el momento, no hay más que palabras, aunque reconozco que suenan francamente bien. Lo de que me voy a forrar habrá que verlo y, si es así, tendrás que decir que lo haremos ambos y encima tú sin invertir una peseta. Por cierto, lo último que ha dicho Bricart me da qué pensar, eso de independizarme me tienta.
- No creo que sea buena idea, Amador. Sé que eres perfectamente capaz de llevar este negocio tú solito, pero piensa que resta poco tiempo para las elecciones. ¿Qué pasará si tu partido, por una de aquellas carambolas que a veces se da en la política, queda en la oposición? La respuesta la conoces mejor que yo, Javier Blasco no te puede ver ni en pintura, no sólo él sino muchos otros del PP. Tu capacidad de maniobra será muy limitada. Llegado ese momento, el concurso de Arbós será imprescindible. No sólo le necesitamos  para esa posible, aunque no probable, contingencia, también es indispensable para impresionar favorablemente a mucha gente. No tengo que recordarte el peso que tiene el apellido Arbós en el pueblo.
- Sí, posiblemente tengas razón. Y puestos en esa vía en cuanto llegue a casa voy a llamar a José Ramón para contarle el asunto.
- Sí, claro…, aunque pensándolo mejor creo que será más eficaz que no le digas nada por teléfono. Ya sabes cómo es tu socio, no se distingue precisamente por saber escuchar. Opino que lo mejor será reunirnos en cuanto vuelva de Valencia. Entre los dos, y hablando cara a cara, estoy seguro de que le convenceremos fácilmente y no pondrá ningún reparo.

   Apenas llega a su oficina, es Badenes quien se apresura a llamar a Arbós:
- José Ramón, acabo de despedir a los constructores y me complace decirte que tengo excelentes noticias para ti. En la conversación también ha estado Garcés y hemos quedado en reunirnos contigo en cuanto llegues. Ahora bien, creo que es imprescindible que, antes de la reunión a tres bandas, hablemos ambos en petit comité. Algunas de las cosas que quiero contarte estimo que es mejor que no las sepa tu socio. Ya conoces a Garcés, es un buen tipo y más listo que el hambre, pero siempre quiere acapararlo todo. Además, hemos de dar los últimos toques a nuestra propia empresa, ha llegado la hora de que comencemos a comprar fincas.
- Entonces, ¿ha llegado la hora?
- Ha llegado y nos vamos a forrar, José Ramón, nos vamos a forrar.


viernes, 25 de octubre de 2013

2.18. Le voy a dar carrete

   Sergio no puede quitarse a Lorena de la cabeza. Sus sentimientos hacia la muchacha se desbordan como un torrente. Cuando hace un recuento de sus cualidades la lista le sale cada vez más grande: guapa, salada, desenvuelta, recatada, hasta sabe escuchar y todo ello envuelto en un cuerpazo que da mareos por las curvas que atesora. Y cuando a ello añade el hecho de que no le deja propasarse lo más mínimo, ni siquiera ha conseguido besarla pese a que lo ha intentado, llega a la conclusión de que está ante una mujer de bandera. No puede dejar escaparla, no se ve con fuerzas para pasar otro curso como el anterior. No quiere sufrir más, le tiene que confesar lo que siente por ella, que está locamente enamorado.

   Antes de que haya terminado la semana, Sergio ha reunido el valor suficiente para declararse y pedirle que sea su novia. La muchacha le escucha atentamente, pero le para los pies.
- No seas loco, Sergio. ¿Cómo dices que me quieres si sólo hace unas semanas que nos conocemos? Ha de pasar mucho más tiempo para estar seguro de que se quiere a alguien. Claro, igual has pensado que, como soy de pueblo, puedo ser un ligue fácil para pasar el verano. Pues te equivocas de medio a medio. Claro que me gusta divertirme y pasármelo bien, pero en el fondo soy una chica seria, y si alguien se me acerca espero que venga con buenas intenciones y no para pasar el rato. Si buscas a alguien para entretenerte durante las vacaciones, quédate con Mariasun o con alguna parecida. Conmigo o vienes por derecho o te puedes largar con viento fresco.
   Si algo le faltaba al muchacho para considerar a la joven un dechado de virtudes, la declaración de Lorena ha terminado por convencerle de que está ante una mujer como hay pocas. Su incipiente enamoramiento se transforma en pasión. Y así se lo declara a la joven una y otra vez. Él también es un chico serio y nada más lejos de su intención que tener un simple romance veraniego con ella. Le pide que sea su novia, no para pasar el rato sino para siempre. Que en cuanto termine la carrera, lo primero que hará será buscar trabajo y nada más lo tenga la pedirá en matrimonio. La joven parece complacida con las buenas intenciones del muchacho y le promete que se lo pensará.

   Cuando Lorena les cuenta a sus amigas la declaración de Sergio, la rechifla es general.
- Vaya pardillo, desde luego es tonto de baba – Es el primer comentario que se le ocurre a Maribel.
- ¿De verdad te ha dicho que quiere casarse contigo? Ese chorbo no es más tonto porque no entrena. ¡Menudo membrillo el madrileñito! – se mofa Anabelén.
- Yo creía que los de la capital eran más espabilados, pero veo que son más lelos que los del pueblo – comenta Verónica medio entre risas.
- ¿Le contaste lo tuyo con Maxi? – inquiere Mariasun con interés.
- Maxi está muerto y enterrado.
   Lorena miente. Ha sido incapaz de contar a las amigas su secreto más recóndito. Cada vez que se cruza con su ex novio, que indefectiblemente lleva agarrada por la cintura a su última conquista, siente que un ramalazo recorre su cuerpo, no sabría decir si es por celos, rabia o despecho. Todavía sueña con él y en lo más hondo del pozo de sus sentimientos sabe que anida la loca ilusión de que algún día Maxi vuelva a llamar a su puerta.
- ¿Ya te lo has tirado? – Las preguntas  más procaces siempre suelen partir de Mariasun.
- ¿A ese cenutrio? Creo que si le enseñara una teta le daría un pasmo y no te digo nada si me viera el chumino, se caería redondo al suelo. Estoy segura de que ese lelo no ha tocado pelo en su puta vida.

   Las carcajadas se generalizan en el corro, hasta que Anabelén formula la pregunta del millón:
- ¿Y qué piensas hacer con el niñato?
   A Lorena la pregunta le ha sorprendido. En ese momento se da cuenta de que en ningún momento se lo ha planteado. Durante unos segundos el guirigay se silencia y todas las miradas se vuelven hacia la protagonista. La joven da una respuesta que sorprende a sus amigas:
- ¿Que qué voy a hacer? Pues te digo Anabelén que si me lo hubieses preguntado hace un par de días te habría contestado que me había cansado de ese paleto de ciudad, pero he cambiado de opinión. Esta mañana, antes de levantarme, he estado pensando en mi vida y el futuro que me espera.
   Lorena vuelve a mentir. Su cambio de opinión es porque se ha enterado de que Maxi no va a estar en el pueblo durante lo que queda de verano pues su empresa anda muy atrasada con la obra del hotel de Fuengirola.
- No has contestado a mi pregunta, claro que si no quieres hacerlo, pues tú misma – apostilla Anabelén con retintín.
- Te contesto, maja. He decidido que le voy a dar carrete a ese pasmarote y me voy a divertir todo lo que pueda. O sea, que mucho cuidadito con lo que largáis delante del cebollino, no sea que terminéis metiendo la gamba. Yo me encargaré de que la mayor parte de rondas y de las entradas a los festejos de agosto corran a cargo de ese membrillo.

   Sergio se convierte en el pagano de la mayoría de convites, bailes y festejos que en lo que resta de verano se suceden en el pueblo. Aunque el muchacho ha recibido una gratificación extra de sus padres y de su abuelo llega un momento en que se le agotan los fondos. Afortunadamente para él eso ocurre el último día de las fiestas patronales. Cuando el chico confiesa a Lorena, un tanto abochornado, que no le queda una sola peseta, la muchacha está tentada de largarle. Realmente, aunque él la considera y la trata como su novia, ella aún no le ha dicho que lo acepta. Al final, se apiada del chico al que algo de cariño ha cogido porque es tierno como el pan y más dulce que un merengue y le dice que no se preocupe, que todo el mundo sabe que los estudiantes siempre están a la última pregunta y que él no iba a ser la excepción. Que se han acabado los continuos convites a las gorronas de sus amigas y que seguirán yendo a la playa, que eso todavía es gratis.          

   Y los últimos días del verano van discurriendo. Sergio cada día más enamorado, si ello es posible. Lorena continúa dejándose querer y riéndose del muchacho a sus espaldas cuando les cuenta a las amigas los apuros que le hace pasar. La joven se dio cuenta desde el primer día que el chico está pez en lo que atañe al sexo. Lo que provoca que, más de una vez, caiga en la tentación de excitarle y ponerle de los nervios, pero curiosamente no le ha dejado que se propase ni un tanto así. Un día que él hizo un vergonzante asomo de acariciarle los pechos, se dio el gustazo de darle un bofetón, algo que jamás había hecho. Le dejó marcados en la cara los cinco dedos. Aquella bofetada fue, para Sergio, la confirmación de que estaba ante un espécimen raro: una mujer seria, cabal y virtuosa.
   Antes de acabar Sergio las vacaciones, le ha prometido mil veces que le escribirá todos los días. Lorena le dice que de ninguna manera. No puede perder tanto tiempo en escribir, debe emplearlo en sus estudios. Con una carta al mes se da por satisfecha. Le oculta que no tiene la más mínima intención de contestar ninguna. Él se marcha un tanto frustrado porque no ha logrado que ella le diga que acepta ser su novia. Por una vez, la muchacha ha jugado limpio. Le explica que es demasiado joven para adquirir un compromiso tan serio y que tiene que seguir pensándolo. Que le espera el próximo verano y que quizá entonces pueda darle una respuesta definitiva.

   Pocos días después de la partida de Sergio, al salir Lorena de la peluquería de Albalat, en la que ha reemprendido el aprendizaje del oficio, hay alguien esperándole subido en un aparatoso quad. Con los ojos brillantes y el corazón desbocado se acerca adónde el motero que ni se ha  despojado del casco.
- Hola Maxi. Creí que no te volvería a ver el pelo. ¿Dónde has estado metido?
   Él no se molesta en contestarle, se limita a hacer un gesto y ella, sumisamente sube al quad y se acomoda junto a la fornida espalda del hombre. No hay diálogo hasta que ella pregunta:
- ¿Dónde me llevas?, ¿qué vamos a hacer?
- A la Marina que por allí no hay nadie y ¿qué vamos a hacer?, te voy echar un polvo que no olvidarás jamás.

martes, 22 de octubre de 2013

2.17. Treinta, setenta

   Una vez que Badenes, el director local de la caja, ha cerrado su particular chanchullo con Amador Garcés, ahora le toca el turno al tejemaneje en el que piensa involucrar a José Ramón Arbós. Le cita en la suite de un hotel y le insta a que no diga una palabra de su reunión, especialmente a su socio. El bancario vuelve a jugar con las cartas marcadas, también conoce a fondo a José Ramón, sabe que no es una lumbrera, pero sí que tiene la zorrería que varias generaciones de la familia más rica del pueblo han debido transmitirle en sus genes. También conoce que a la astucia hay que añadir la codicia que es otro de los rasgos que caracterizan a los Arbós. Con todo, es consciente de que manejarlo no va a ser fácil.

   Badenes comienza presentándose como la persona que vela especialmente por los intereses de Arbós.
- Quiero que sepas que me he encargado de que en las conversaciones con los constructores siempre se hable de ARBOGAR como referente local del proyecto – afirma el bancario -. Dado que eres el accionista mayoritario, de alguna forma estoy velando por tus intereses. No vaya a ser que Amador se lie la manta a la cabeza y quiera montar otra empresa por su cuenta. Tú le conoces mejor que yo y sabes que a veces tiene la propensión de creerse el más listo de la clase.
- Agradezco tu franqueza Agustín, pero ya me dirás dónde va Amador solo. Sin mi apoyo financiero nuestra empresa no es más que un nombre en el registro mercantil y además no tiene el capital necesario para montar otra.
- Por descontado, pero en este proyecto donde al principio se van a ganar muchos duros es en los corretajes y para eso no hace falta un gran capital. Lo podría hacer Garcés o cualquiera, pero hay una segunda parte que es en la que se podrán ganar millones y en la que sí será necesario un soporte financiero considerable. Y ahí es donde José Ramón Arbós puede salir por la puerta grande después de cortar dos orejas y el rabo – Badenes conoce la gran afición a los toros de su interlocutor.
- Has conseguido picar mi curiosidad, cuéntame de qué va el asunto.
-Te lo explico. ARBOGAR deberá dedicarse a la compra de suelo rústico para los constructores. Se llevará la correspondiente comisión y listo, pero hay otra forma de hacer un negocio más redondo – Badenes hace una pausa para cerciorarse de que Arbós sigue su discurso -. ¿De qué modo?, si apareciera una nueva empresa que también comprara terrenos, pero no para los promotores sino para sí, las plusvalías que podría obtener serían fabulosas. Naturalmente, esa empresa necesitaría un capital inicial y ahí es donde entrarías tú.

   La réplica de Arbós no se hace esperar:
- Eso, querido Agustín, tiene dos pegas. Una es que no quiero saber nada de volverme a meter en el negocio de la construcción, demasiadas complicaciones. La otra es que, como sabes mejor que nadie, fincas tengo un montón, pero dudo de tener liquidez suficiente para inversiones de ese monto. Ah, y hay una tercera, ¿cómo le sentaría a Garcés, y a los tipos de BACHSA, incluso a ti mismo, que siendo su socio estuviera al mismo tiempo haciéndoles la competencia? Perdona, pero tu propuesta no tiene ni pies ni cabeza.
- Vayamos por partes, José Ramón, y comprobarás que el plan que te propongo si tiene pies y, por supuesto, mucha cabeza – Badenes se ha puesto didáctico como un viejo maestro de escuela -. En primer lugar, esa nueva empresa no construiría, lo que haría sería calentar el mercado, subir los precios y revender las fincas a precios mucho más elevados de los que las compró. Las plusvalías que se podrían obtener podrían ser fabulosas. Donde está la ganancia segura y, sobre todo, rápida es en la especulación del suelo. Posiblemente, en la construcción se gane más dinero, pero la inversión es mayor, los plazos de amortización más largos y siempre pueden aparecer riesgos incontrolados. En cambio, compras una finca rústica, la mantienes el tiempo necesario para que la recalifiquen en urbana y te llevas una millonada, casi sin enterarte.

   José Ramón sigue sin verlo claro y así lo manifiesta:
- Aun así quedan dos peros que resolver.
- A ello voy. Dices que dudas de tener liquidez suficiente para las inversiones que tendrían que hacerse. Ahí es donde entro yo. Dado que van a ampliar el límite que ahora tengo para conceder préstamos, te facilitaría una cuenta de crédito con unos intereses blandos. Si en la central me preguntasen les explicaría que la necesitas para instalar el riego por goteo en tus fincas o cualquier explicación de ese porte. Luego, cuando revendieses los terrenos comprados, se liquidaría la cuenta y quedaría un saldo netamente positivo. Y, finalmente, preguntabas ¿qué cómo le sentaría a Amador, y a los constructores, que siendo su socio estuvieras al mismo tiempo haciéndoles la competencia? La respuesta es simple, no lo sabrán. La nueva empresa estaría comandada por hombres de paja, que yo me encargaría de buscar, aunque su propietario real, entre otros, serías tú.
- Bueno, eso que cuentas pinta muy bien, pero es mejor que pongamos los puntos sobre las íes desde ya mismo y prefiero no andarme por las ramas, ¿qué ganas tú con todo esto?
- Te contesto con la misma franqueza. Una parte de la empresa será mía, aunque mi nombre, como el tuyo, no aparecerá jamás por motivos obvios. Además, todas las operaciones de esa compañía, así como las de ARBOGAR se deberán canalizar a través de la caja y no, como ha ocurrido en el pasado, que el grueso de vuestros negocios lo hacíais con la Caja Rural.
- Tu segunda petición la veo razonable, en cuanto a la primera me parece que el plan está todavía un tanto verde. De todas formas, ¿no estás sobrevalorando tu importancia en este proyecto? 
   Badenes ha estado esperando esa réplica y tiene bien ensayada su respuesta y hasta el tono de la misma. Con su voz más enérgica responde:
- ¿Qué me estoy sobrevalorando?, no lo creo, la verdad. Piensa que este proyecto realmente lo he parido yo. Fui yo quien alertó a mis jefes de las inmensas posibilidades urbanísticas y turísticas que podía tener Senillar. Soy yo la persona en la que confían los promotores porque únicamente ven en mí al director de una sucursal de la caja que es la entidad que va a financiar la operación. Finalmente, soy yo, Agustín Badenes, quien te está poniendo en bandeja la oportunidad de ganar millones a espuertas. Si crees que estoy poniendo el listón muy alto me lo dices y buscaré otro socio que no tenga legañas en los sesos ni miedos injustificados.

   Ante la rotundidad de la parrafada de Badenes, más por el énfasis con que lo ha dicho que por su contenido, Arbós se arruga.
- Bueno, me has convencido y voy a aceptar tu propuesta. Hablemos de porcentajes en esa empresa, ¿tu participación qué podría ser, de un veinte por ciento?
- Yo había pensado en un treinta, setenta – replica el bancario.
- Un treinta es mucho para quien, si he entendido bien, no va a poner un solo duro.
- Vuelves a confundirte, José Ramón, el treinta es para ti.

domingo, 20 de octubre de 2013

2000


El blog ha llegado a las 2000 visitas. Como decía cuando alcanzó las mil, la cifra debe ser una minucia para los blogueros famosos. No es mi caso. Para un blog que sólo es soporte de una novela por entregas, de un desconocido autor, tiene su pequeño mérito. Por cierto que, entre los 35 países desde los que se ha visitado el blog, el ranking de los diez en los que más visitas se han hecho ha sufrido algunas variaciones, lo encabeza España con un 57 % y la siguen Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Indonesia, Países Bajos, Ucrania, Alemania, Colombia y China.


viernes, 18 de octubre de 2013

2.16. Aún quedan alcahuetas

   Sergio no ha dicho a sus padres que está saliendo con Lorena, intuye que no les va a gustar. Lo que no puede imaginar es que su madre tiene metida entre ceja y ceja la idea de encontrarle novia en el pueblo. A Lola no se le oculta que la mayoría de jóvenes de la localidad no están a la altura de lo que ella pretende para su hijo, pero naturalmente hay excepciones y dentro de ese grupo espera encontrar una jovencita adecuada para su retoño. Hace unas indagaciones discretas preguntando a cuñadas y primas.
- ¿Una buena chica para tu hijo? Las hay, pero no tantas. ¿Estás pensando en un arreglo familiar?
- No sé qué decirte, no creas que lo tengo tan clarito.
- El pueblo ya no es el que era cuando vivías aquí, Lola. Los chicos de ahora van a su aire y lo de los arreglos entre los padres ya no se estila. Alguno se apaña, pero son contados y casi siempre de parejas a las que se les está pasando el arroz. Que no es precisamente el caso de tu hijo, vamos.
- ¿Lo que me estás diciendo es que me olvide de un apaño?
- Difícil es, pero nunca se sabe. Yo de ti hablaría con la Rajolera, si en el pueblo hay alguien que te pueda dar luces sobre ese asunto es ella.

   Julieta la Rajolera, apodada así porque su padre tenía un modesto obrador de alfarería, es un espécimen en vías de extinción en la sociedad urbana, pero que todavía perdura en las comunidades rurales. Su oficio se remonta seguramente a la primera vez que un varón trató de conseguir a una mujer y buscó quien le ayudara en el empeño; en otras palabras: la Rajolera se dedica a la nunca bien ponderada ocupación de la tercería, es la alcahueta del pueblo. Lo de los arreglos casamenteros no sólo es que la ponen, sino que también constituyen una fuente de ingresos, en ocasiones bastante sustanciosos.

   La conversación entre ambas mujeres transcurre en su primera parte recordando los tiempos en que Lola vivía en el pueblo y cuantas cosas han pasado desde entonces. Cuando la Rajolera pregunta por Sergio, Lola ve llegado el momento de llevar la charla al terreno que le interesa.
- … y está estudiando una ingeniería, fíjate tú, ¡quien me lo iba a decir!, un hijo mío ingeniero. Más de una y más de dos podrán presumir de que si tienen fincas y lo esto y lo otro, pero ¿cuántas podrán vanagloriarse de tener en casa a todo un ingeniero?
- Desde luego, Lola, es para que estés orgullosa. Y razón tienes, muchas casas pueden presumir de huertos de naranjos y de fincas de regadío y de muchas propiedades, pero sus chicos serán toda la vida unos gañanes. Oye, ¿y tu muchacho tiene novia en Madrid? – La Rajolera sabe perfectamente que el chico está flirteando con la Lorena, pero su pregunta está determinada por su querencia celestinesca.
- ¡Qué va! Se le va todo el tiempo en los estudios. Y mejor que sea así, porque ya sabes lo que pasa en las ciudades, nadie conoce a nadie, y si se ennovia vete a saber qué clase de chica coge, de qué familia es y el tipo de vida que ha podido llevar. No es lo mismo que si se echara una novia del pueblo, que aquí todos sabemos de qué pie cojea cada quisque.

   A la Rajolera no le coge de sorpresa que Lola no parezca saber nada del idilio que su hijo está manteniendo con la chiquita de los Vercher, por un momento se siente tentada a contárselo, pero puede más su oficio de celestina y coge al vuelo la velada insinuación de Lola.
- Más de acuerdo contigo no puedo estar, Lola. Aquí todos sabemos quién es cada quién. Yo, desde luego, también me quedaría más tranquila si un hijo mío se emparejara con alguien conocido. Y por cierto, en el pueblo no hay muchas chiquitas que estén a la altura de todo un futuro ingeniero, pero alguna hay y con buenas fincas.
- Yo lo que quiero para mi Sergio es una buena chica, que el día de mañana vaya a ser una buena esposa y una mujer de su casa. Y para ser sincera tampoco me importaría que tuviera posibles, que el dinero nunca hizo mal a nadie, y más vale tener que desear.
- Mira, Lola, como te conozco desde niña te voy a hacer un favor, pero antes he de preguntártelo ¿quieres que haga alguna averiguación para ver si una familia en la que estoy pensando vería con buenos ojos a tu chico como futuro yerno?

   Lola, que se conoce el ritual, sabe que es llegado el momento de hacerse la melindrosa.
- La verdad, Julieta, es que me pones entre la espada y la pared. No sé si a mi Sergio le gustaría tener una novia del pueblo y encima que fuera un medio arreglo. Ya sabes cómo son estos chicos de hoy en día. Aunque me pica la curiosidad, ¿en qué familia estás pensando?
- En una que mejor no la hay en todo el pueblo – La Rajolera sabe que ahora le llega el turno de hacerse valer.
- Claro, claro, pero si no me das alguna pista no voy a poder darte una respuesta clara – La réplica de Lola está servida.
- Sólo te diré que es la casa más fuerte del pueblo – Julieta sigue guardándose el meollo de la información.
- Bueno, por probar que no quede. Ya me contarás.
 
   La Rajolera habla con Elvira, esposa de José Ramón Arbós, y el resultado no puede ser más decepcionante.
- Hasta ahí podríamos llegar, que el hijo de Lola la Punchenta aspirara a emparejarse con una Arbós. ¡No hemos caído tan bajo!
- Elvira, que el chico va para ingeniero, nada menos.
- Lo de que llegue a ser ingeniero habrá que verlo y, de cualquier modo, será un ingeniero que no tendrá dónde caerse muerto. ¿Qué tiene esa familia? Lo sé de buena tinta, nada. El padre es un empleado de tres al cuarto y la madre, ¿qué te voy a contar de los Punchent que tú no sepas? Dos o tres finquitas de mala muerte y un caserón que se cae de viejo. En total, de forment ni un gra.

   La alcahueta le cuenta a Lola el resultado de su gestión y su intención de no cejar en el empeño.
- Estos Arbós están cargados de puñetas, Lola. Creen que porque tienen dinero ya lo tienen todo. Y en resumidas cuentas, ¿qué son? Nada más que unos ricos de pueblo con muchas fincas, pero que si no fuera por la gasolinera no tendrían un duro en el bolsillo. Mucho darse postín y, en el fondo, no son más que unos vulgares gasolineros. Hay mejores familias en el pueblo, no tendrán tantas fincas como ellos, pero sí más señorío. Voy a echarle un tiento a Carmen la de Sanchís, que esos además de tener perras son gente de categoría.
- No te preocupes, Julieta, déjalo. Mi hijo cuando sea ingeniero no va a estar por debajo de ninguna chica del pueblo sea de la familia que sea.
- La que no has de preocuparte eres tú. O yo dejo de llamarme Julieta o le encuentro a tu chico una pareja de rechupete. Más vale un arreglo que un noviazgo con Dios sabe qué clase de chica – y al decir esto sólo le falta añadir el nombre de Lorena.