viernes, 16 de agosto de 2024

Libro IV. Episodio 61. Los Carreño chicos en Cádiz


   En cuanto los Carreño se instalan en el modesto pero espacioso piso de La Viña, una de las primeras acciones que Álvaro piensa es en inscribir a Andrés como marinero voluntario mientras dure la guerra. Antes pide consejo a un compañero que está en la sección de Personal.

   -¿Dónde crees que podrá estar mejor y tendrá más tiempo libre?, porque en cuanto yo vuelva a embarcar tendrá que hacer de hombre de la casa.

   -En el arsenal de La Carraca, allí siempre faltan manos. Además, muchas tardes las tendrá libres y, sobre todo, estará lejos de las trincheras.

   Solucionado el problema más acuciante, matricula a Ángela y Froilán en el instituto de bachillerato, aunque el curso ya comenzó, pero su uniforme de oficial de la Marina obra milagros. Luego ha de lidiar con el empeño de su madre: Julia quiere trabajar.

  -Álvaro, hijo, ¿por qué no quieres que trabaje aunque solo sea media jornada? Estar todo el día mano sobre mano no se ha hecho para mí. Ten en cuenta que desde los dieciocho trabajo y estoy hecha a ello.

   -Mamá, no me des la tabarra con el trabajo, ya te dije que gano lo suficiente para manteneros. Lo que tienes que hacer es descansar que bastante has trabajado en tu vida.

   -Pero, por lo que me han contado, los militares no ganáis tanto. Igual te vendría bien que pudiese aportar algún dinerillo para ayudarte a pagar los gastos de la casa. Ten en cuenta que somos cinco, seis cuando tú estás, y solo en comida se va un dineral.

   -Mamá, qué pesada te pones a veces. Ten en cuenta que me paso la mayor parte del tiempo a bordo del Canarias y además del sueldo cobro los pluses por estar embarcado, lo que es suficiente para pagar los gastos de la casa, la comida y lo que sea necesario. Por tanto, no necesitas trabajar, ni lo necesitas ni te he traído para ello. Lo único que te ruego es que te cuides y atiendas al resto de los chicos como siempre has hecho.

   -¿Y de Concha, qué hacemos?

   -Tampoco tiene que trabajar, bastante tarea tendrá en cuidar de la casa y hacerte compañía, salvo que tenga un decidido deseo de hacer algo. Mira, se me acaba de ocurrir, puede prestar servicios voluntarios en el Auxilio Social, ayudará a los más necesitados y le quedará tiempo suficiente para lo que quiera.

   Pasadas unas semanas, Andrés le plantea a Álvaro un problema de otra índole. El mozo ha descubierto que ser marino tiene muchas ventajas, sobre todo si eres oficial, y una de ellas es  que las mujeres se rifan a los marinos jóvenes. Se ve llevando el traje de oficial de la Marina y, con su buena planta y la de picardías que ha aprendido, no habrá mujer que se le resista. Lo único que le da pereza es pensar que tendrá que aprobar el ingreso en la Escuela Naval Militar. Pero en alguna parte ha oído que para ingresar en la ENM tendrán preferencia aquellos marineros voluntarios que hayan ido embarcados en alguno de los buques de la Flota, por lo que su estancia en el arsenal no le aporta mérito alguno. Por lo tanto, debería embarcar, y ¿quién mejor que el tato para conseguirle un buen enchufe en alguno de los buques con base en Cádiz? Y así se lo plantea a su hermano.

   -Así que quieres enrolarte en un buque. ¿Tú sabes lo que me estás pidiendo? El arsenal es el mejor sitio para que no te hagas ni un rasguño por mucho que dure la guerra; por el contrario, si embarcas pueden herirte, puedes naufragar y hasta morir.

   -Lo sé, pero si te acuerdas de la abuela Pilar recordarás que decía: el que algo quiere, algo le cuesta.

   Por mucho que Álvaro le describe las ventajas que conlleva continuar en el arsenal y los peligros que encierra formar parte de la dotación de un buque de guerra, Andrés no cede en su empeño. Vista la tozudez de su hermano, Álvaro cede y busca cuál será el mejor navío en el que enrolar al chico. Al principio piensa en el Canarias, pues teniéndole cerca podrá controlarle, porque sigue sin fiarse mucho de Andrés, pero un compañero le hace ver la incomodidad que supondrá para el resto de la dotación e incluso para los mandos dirigirse a un marinero que es  hermano de uno de los oficiales del buque. El siguiente destino en el que piensa es el crucero Baleares, que tantas veces navega junto al Canarias. Al final, y antes de que acabe el año, Andrés Carreño se embarca como marinero voluntario en el Baleares por la duración de la guerra.

   El 30 de noviembre el gobierno republicano traslada su sede de Valencia a Barcelona. Lo que se ve de forma diferente en uno y otro bando. En la tertulia del Gijón lo consideran lógico, dado que la capital catalana es la ciudad más importante del territorio republicano. En la tertulia de la perfumería lo ven como una muestra de que el gobierno de Negrín quiere estar cerca de la frontera francesa por si ha de tomar las de Villadiego. También especulan sobre cuál será el siguiente objetivo que se marcarán los nacionales.

   -Puesto que lo de Belchite acabó en tablas, para mí que Franco atacará Barcelona, es donde existe la mayor concentración industrial de la república –opina Infantes.

   -Tengo alguna información –Valdés siempre oculta sus fuentes informativas- que apunta a que el Estado Mayor de Franco puede estar preparando una ofensiva de invierno sobre Madrid. Al parecer, Franco está obsesionado con la capital.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 62. Teruel existe


viernes, 9 de agosto de 2024

Libro IV. Episodio 60. El reencuentro


    Ante la desazón de Álvaro, termina octubre y el placentino todavía aguarda la respuesta a su solicitud de permiso. Indaga discretamente y el edecán del comandante le explica que, hasta que el buque no fondee en el arsenal de Cádiz, no es probable que reciba respuesta a su oficio. Por fin, el 5 de noviembre le llega la tan anhelada concesión del permiso. El problema que ahora tiene es como ir de Cádiz a Santander, pues tanto la red de carreteras como la de ferrocarriles tienen muchos tramos intransitables debido a los destrozos provocados por la guerra. Lo mejor sería la vía marítima.

   Álvaro tiene suerte, se entera de que un buque de apoyo logístico de la Armada zarpará de Cádiz a Santander, transportando armas, municiones y pertrechos para el Ejército del norte. Pide, y se le concede, viajar en el mismo. Y casi sin enterarse, pues le vence el sueño, se planta en el puerto santanderino. Luego, en un camión del Ejército de tierra prosigue el viaje hasta Suances, el último domicilio conocido de su familia. Su alegría es inmensa cuando el tío Fulgencio, el casero de los Carreño en el pueblo, le cuenta que a los suyos no les ha pasado nada y que, desde hace un tiempo, residen en Santander, informándole asimismo que viven en el barrio de pescadores de la capital, aunque desconoce el nombre de la calle. Vuelto a Santander, el oficial recorre el barrio de pescadores preguntando a toda persona con la que se cruza si conoce a una familia madrileña apellidada Carreño, y además va explicando los rasgos de su madre y hermanos para dar más datos que puedan ayudar a reconocerlos. Los resultados son negativos hasta que una vecina se acuerda de algo.

   -Hay un mozuco que a veces anda por el barrio vendiendo leche y que, por su modo de hablar, podría ser de Madrid; si le encuentra, pregúntele, a lo mejor le puede dar más noticias sobre familias madrileñas.

   Ese mismo día, Ángela, terminada la cotidiana limpieza de la casa, sale a la calle, escoba en mano, para barrer el trozo de acera correspondiente a la fachada de la casa, pues el espacio entre los bordillos es de tierra, por eso hay que barrerla casi todos los días como es costumbre local. En esas está la joven cuando ve a un oficial de marina recorriendo la calle a paso nervioso. Visto por detrás, piensa la jovencita, el marino se parece un montón a su tato. Cuando el oficial, que ha llegado al final de la calleja, se vuelve, Ángela cree estar soñando, no da crédito a lo que ven sus ojos, hasta que se repone y, mientras corre hacia el marino, comienza a gritar a todo pulmón:

   -¡¡Álvaro, Álvaro, tato!! 

   El reencuentro provoca tal cúmulo de sensaciones, de emociones reprimidas, de anhelos largamente deseados que, al principio, los hermanos Carreño casi ni pueden hablar, se abrazan, se besan, lloran y se vuelven a abrazar. Cuando el resto de la familia llega a casa, la que más emocionada está es Julia, la de veces que ha deseado que este día llegara y una vez arribado no encuentra palabras para expresar su alegría. Es Álvaro, el más sereno, quien ha de poner una cierta mesura en la cadena interminable de abrazos, besos y hasta llantos de alegría.

   -Bueno, mamá, chicos, todo llega y al fin volvemos a estar juntos. Sentaos, tomaos un respiro y os explico lo que tengo pensado. Ya tendremos tiempo de contarnos todas las cosas que nos han pasado en estos meses. Por lo pronto veo que estáis bien y eso es lo más importante, ahora…

   El marino no puede proseguir porque su madre le interrumpe.

   -Álvaro, hijo, ¿qué sabes de papá y de los hermanos de Madrid?

   -Están bien, mamá, no te preocupes por ellos –y Álvaro les cuenta el ardid utilizado para cartearse con los de Madrid y que también envió cartas a Suances pero, que al parecer, no les llegaron-. Hay algo que urge hacer antes de que el buque que me ha traído emprenda el regreso. Necesito vuestras cédulas personales para que la comandancia de Marina del puerto me extienda los pasaportes de viaje para que podáis volver conmigo a Cádiz.

   -¿Vamos a vivir en Cádiz? –pregunta la madre.

   -De momento sí, pues allí tiene la base el crucero Canarias en el que estoy destinado. He alquilado un piso que espero que os guste.

   -Tato –el pequeño Froilán no puede contenerse-, antes solo llevabas un galón en la bocamanga, ¿por qué ahora llevas dos?

   -Porque ahora soy teniente de navío y los tenientes llevan dos galones.

   Álvaro ha conseguido meter a su madre y hermanos en el mismo buque de apoyo logístico que le trajo a Santander, y ahora viajan todos a Cádiz. Antes de partir les ha dado tiempo para despedirse de los Bermejillo que se alegran tanto como ellos de que al menos se hayan podido reunir con alguien de la familia. Se hacen promesas de que, cuando vuelvan a Madrid, se reunirán más a menudo para recordar tiempos pasados. Otra cuestión que no ha olvidado Julia es pedir dinero a su hijo para devolver a su casero de Suances el mes de anticipo que le pidió que le devolviera, más el coste del tiempo que siguieron viviendo en la casita.

   -Señora Julia, muy agradecido. Desde el primer día que la conocí me di cuenta de que es usted de buena casta, de las que paga con la cara como decimos por estos pagos.

   -Señor Fulgencio, la abuela paterna de mis hijos siempre nos recordaba que de bien nacidos es ser agradecidos. Y usted siempre se portó bien con nosotros.

   Durante el viaje a Cádiz, Álvaro piensa en lo que han cambiado los suyos en estos meses. Quien más lo ha hecho es Andrés: se ha estirado, debe de medir algunos centímetros más que él, y ha pasado de jovenzuelo imberbe a todo un hombre y, como ya cumplió los dieciocho, piensa que tendrá que meterle de voluntario en alguna unidad militar antes de que lo recluten. A Concha se la ve mayor y con más seguridad, y en cuanto a los pequeños dejaron de ser niños y son dos prometedores jovencitos. Su madre es quien le ha causado la impresión más penosa, se ve que el sufrimiento y las penalidades pasadas le han pasado factura, ha envejecido, tiene arrugas que no recordaba y se cansa fácilmente. En el transcurso del viaje, Álvaro cuenta a los suyos que no sabe cuánto tiempo residirán en Cádiz porque, más pronto que tarde, el nuevo fondeadero del crucero Canarias será Mallorca, pues el Mediterráneo es el único mar que les queda a los republicanos.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 61. Los Carreño chicos en Cádiz

viernes, 2 de agosto de 2024

Libro IV. Episodio 59. Una solicitud de permiso

   A Pilar y Luis que, a espaldas del resto de los Carreño, hacen más que manitas, apenas si les interesan las noticias de la guerra, pero sí otras que son consecuencia de la misma.

   -No sé si te vas a librar por ser una profesional, pero te hago saber que los nacionales han creado el Servicio Social Obligatorio para mujeres solteras entre 17 y 35 años –cuenta Luis.

   -Eso del Servicio Social ¿no es algo que ya funciona en la Sección Femenina de Falange?

   -Básicamente sí, pero a partir de ahora será obligatorio para poder acceder a un trabajo remunerado o a un título oficial, pero también se exigirá para unirse a una asociación, obtener el pasaporte o el carné de conducir.

   -¿Y qué pretenden con ello?

   -Más o menos, lo mismo que la Sección Femenina, preparar a la mujer como madre, esposa y ama de casa para el futuro y educarla en la sumisión para que sea la transmisora de dichas pautas a las siguientes generaciones a través de los hijos.

   -O sea que, como diría mi abuela Pilar, que todas las mujeres tengan la pierna quebrada y en casa. A poco que pueda no me van a ver ni por la Sección Femenina ni por ese Servicio –afirma Pilar, al tiempo que piensa que si su padre oyera las conversaciones que mantiene con su novio, le echaría una sonora bronca, como poco.

   La pareja vive su clandestino romance con la ilusión de jóvenes enamorados, aunque no deja de incomodarles que a su edad tengan que comportarse como si fuesen adolescentes escondiendo sus sentimientos frente a los Carreño. Pilar se lamenta de no tener con quien explayarse sobre el romántico momento que vive, hasta que una tarde aparece por la farmacia la esposa de Ramírez, el perfumista.

   -¿Sigues sin saber nada de tu madre y hermanos? No sabes cuánto la echo de menos. Por cierto, el pasado domingo te vi paseando por el Retiro muy amartelada. Me alegro de que, en estas terribles circunstancias, haya tiempo para el amor; quizá sea el único sentimiento capaz de hacer olvidar la guerra.

   Pilar no ha respondido, ha esbozado una forzada sonrisa y ha despachado el medicamento que le había pedido la señora Ramírez. En el primer receso que tiene piensa en lo que le ha comentado la amiga de su madre. Se reprocha que tanto Luis como ella están siendo descuidados, si andaban por el Retiro es porque no es lugar frecuentado por sus hermanos, pero hete ahí que alguien que la conoce les ha visto. ¿Y qué pasa si se lo comenta a papá, asiduo a la tertulia de la perfumería?, querrá saber quién era el hombre que me acompañaba, se dice. Llega a la conclusión de que tendrá que volver a hablar del asunto con la señora Ramírez para ver hasta qué punto peligra su romance. Aprovecha un encargo hecho por Charo y se lo lleva a casa.

   -Pilar, gracias, pero no tendrías que haberte molestado, ya habría pasado por la farmacia a recogerlo. Cuando venía a visitarme tu madre siempre le preparaba té, ¿te apetece uno?

   -Me encanta, señora Ramírez.

   -Por favor, no soy tan vieja para lo de señora Ramírez. Mi nombre es María del Rosario, y los amigos me llaman Charo, espero contarte entre los últimos.

   Ambas mujeres inician un diálogo en el que pronto descubren que, salvo en la edad, tienen mucho en común. Resulta que Charo estudiaba Química en la universidad de Valencia, cuando conoció a quien sería su esposo, se casó y se olvidó de los estudios, pero, aunque no acabó la carrera, su formación universitaria le sale por todos los poros. En un momento de la conversación, sin saber muy bien por qué, Pilar se sorprende a sí misma confesando a su nueva amiga su romance con Luis y cómo ha de ocultarlo al resto de los suyos, pues sabe que les proporcionaría un tremendo disgusto. Charo la escucha atentamente y deja que la boticaria se desahogue. Pilar no se ha dejado nada en el tintero y cuando acaba queda callada, esperando la reacción de su interlocutora. Hay una pausa en la que Pilar está expectante pensando en lo que pueda decirle la amiga de su madre, hasta que…

   -Verás, Pilar, lo primero que quiero es darte las gracias por tu valentía al contarme tu… -busca el mejor nombre posible- romance. Y entiendo las reservas hacia tu familia; a través del trato con tu madre he llegado a conocer bien cómo piensan los tuyos. Y, aunque es cierto que tienes una familia modélica en tantísimos aspectos, también lo es que, en cuanto a liberalidad, a flexibilidad, a talante moderno, dejan que desear. Están muy apegados a tradiciones y formas de pensar demasiado restrictivas y anquilosadas. Y entiendo que, si te has enamorado, quieras formar pareja sin que te importe un ardite el qué dirán. San Agustín, cuya lectura deberías recomendar a los tuyos, decía que todo es amor. Y si lo tuyo con ese hombre, Luis me has dicho que se llama, es amor del bueno y él te paga con la misma moneda, mi consejo es que vivas tu vida, olvídate del qué dirán y ponte el mundo por montera.

   A todo eso, entre el 17 y el 20 de octubre se produce lo que era un final cantado: una de tantas entidades regionales que funcionan al margen del gobierno estatal, el Consejo Soberano de Asturias y León, decide evacuar el territorio que está bajo su dominio. Un día después los nacionales conquistan Gijón y Avilés.

   En cuanto desaparece el frente norte, Álvaro, con la inestimable ayuda de su segundo en el control de tiro que tiene buena pluma, redacta el oficio dirigido al comandante del Canarias solicitándole un permiso especial para buscar a su familia en la provincia santanderina, ahora que ya es de los nacionales. Tras varios borradores el oficio queda así:

   Ilmo. Sr. Comandante-Jefe del crucero Canarias.

   Julio Carreño Manzano, teniente de navío, ocupando el cargo de primer jefe de la estación transmisora de la dirección de tiro del crucero Canarias, se dirige respetuosamente a V.I. y DECLARA:

   Que estando su madre, Julia Manzano, y sus hermanos, Concha Carreño, Andrés Carreño, Ángela Carreño y Froilán Carreño residiendo en Suances (Santander), donde estaban veraneando cuando se inició el Glorioso Movimiento Nacional, se propone ir a rescatarles para, en el supuesto de encontrarlos, llevarlos a Cádiz, ciudad en la que el que suscribe ha alquilado una casa donde puedan vivir. Los precitados familiares no tienen nadie más que les ampare, pues el resto de la familia reside, desgraciadamente, en Madrid.

   Por lo cual, respetuosamente RUEGA a V.I.:

   La concesión de un permiso extraordinario, siempre sujeto a las necesidades del servicio, de una duración aproximada de quince días, para realizar lo declarado anteriormente.

   Gracia que espera alcanzar del recto proceder de V.I., cuya vida guarde Dios muchos años.

   En el crucero Canarias, a 22 de octubre de 1937. II Año Triunfal.

   Firmado: Julio Carreño Manzano. Teniente de navío.

 

Y ahora, que el Señor me dé suerte, se dice Álvaro.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 60. El reencuentro

viernes, 26 de julio de 2024

Libro IV. Episodio 58. Belchite


   Tras la información de Bermejillo de que el Frente Popular ha hecho un llamamiento a los muchachos de 15, 16 y 17 años para trabajar en las compañías de ingenieros, a Julia le falta tiempo para avisar a su hijo Andrés de que se olvide del reparto de leche y vuelva a casa a esconderse.

   -Mamá, es el peor sitio para esconderme, si vienen a por mí me encontrarán enseguida. Creo que es mejor que vaya a esconderme a la vaquería porque, como está en las afueras y el tío Tomasuco solo tiene hijas, no se les ocurrirá ir por allí.

   En Santander, días antes de la entrada de los nacionales, se produce una desbandada, miles de mujeres, niños y familias enteras huyen a Francia a bordo de barcos británicos. Cuando se entera, Julia piensa en coger los niños y marcharse también a Francia, y luego continuar viaje a Madrid, pero Bermejillo le quita la idea.

   -Ni se te ocurra, Julia, eso es una auténtica locura. De entrada, ¿quieres mezclarte con todo el rojerío que huye de la ciudad? Y luego, ¿quién te asegura que una vez en suelo francés te dejarán volver a España? Lo que deberías hacer es lo que vamos a hacer nosotros: quedarnos aquí y esperar a que se acabe esta maldita guerra y podamos volver a Madrid.

   Julia sigue el consejo de Guillermo y decide quedarse en Santander y esperar a que se acabe la guerra pues, pese al poco tiempo que llevan en la ciudad, se han acomodado y están saliendo adelante. Incluso han podido reponer parte de su guardarropa, y el angustioso problema de la comida, que tuvieron en Suances, ha dejado de quitarle el sueño.

   A pesar de que el Ejército Popular lanza una ofensiva en el frente de Aragón, con el objetivo de parar la progresión nacional en el norte, a fines  de agosto las tropas navarras e italianas entran en la provincia de Santander. Las últimas tropas republicanas se rinden y, en Santoña, las unidades vascas, que estaban a bordo de barcos ingleses, se ven obligadas a desembarcar. Julia, que lleva más de un año esperando este día, no puede contenerse, abandona la recepción de la clínica y se lanza a la calle para vitorear a las tropas que desfilan por la ciudad. No está sola, miles de santanderinos han hecho lo mismo y las calles se pueblan de personas que, brazo en alto y cantando el Cara al sol, hacen pasillo a los vencedores.

   Unos días después de la entrada de los nacionales, Julia se pone en contacto con el gobierno militar de la ciudad y trata de conseguir noticias de Álvaro, aduciendo que es la madre de un alférez de navío de la Armada nacional, cuyo último destino después del 18 de julio fue el destructor Velasco con base en Marín. A pesar de sus gestiones no consigue ninguna pista dado que, entre el Ejército de tierra y la Armada, la comunicación no es todo lo buena que debería ser.

   En tanto, las fuerzas nacionales siguen adentrándose en la provincia santanderina con la mira puesta en la vecina Asturias. Mientras, en el hasta ahora semidormido frente aragonés la situación se ha puesto al rojo vivo; a fines de agosto el Ejército popular lanza una ofensiva con un doble objetivo: capturar Zaragoza y parar la acometida en el norte. Pese a que para lo último han llegado tarde, los republicanos, bien dotados ahora de hombres y armamento, atacan una zona pobremente defendida.

   En la tertulia republicana del café Gijón, los tertulianos celebran las buenas nuevas.

   -Hemos tomado Quinto y Belchite ha sido rodeada, pero parece que los fascistas se están defendiendo con uñas y dientes.

   Cuando Valdés lo cuenta en la tertulia de la perfumería, Infantes le da la vuelta a la información.

   -Habría que añadir que nuestras tropas aguantan los ataques republicanos, pues, al parecer, Franco ha ordenado la resistencia en la zona y ha enviado refuerzos.

   En la tertulia del Gijón, Valdés se entera de unas informaciones que no aparecen en la prensa republicana.

   -Nuestro Estado Mayor reconoce que es imposible conquistar Zaragoza. La orden que ha dado es defender y consolidar el terreno conquistado en Aragón pero, al mismo tiempo, seguir atacando Belchite y, aunque una división de los fachas ha intentado llegar al pueblo, ha sido frenada por el fuego de nuestra artillería.

   Las noticias sobre Belchite que se comentan hoy en el Canarias son malas para los nacionales.

   - Los republicanos han entrado en Belchite y se combate en las calles. Nuestro mando ha autorizado a las tropas a huir al no poder enviar una columna de socorro. Al parecer, al amparo de la noche, un grupo de resistentes han conseguido huir, pero la localidad puede darse por perdida.

   Lo último lo confirma uno de los asistentes a la tertulia del Gijón en medio del general alborozo.

   -Después de una larga lucha, los nuestros han tomado Belchite. Junto con el coronel San Martín, defensor de la plaza, han quedado varios centenares de heridos, población civil y cientos de soldados.   

   Con el empate que ha supuesto en realidad la batalla de Belchite las armas han quedado en silencio, pero en el frente del norte continúan oyéndose disparos, pues los nacionales cierran el frente de Santander y logran cruzar el río Deva,​ que marca el límite entre Asturias y Santander. Luego, siguen avanzando en Asturias. Los republicanos, una vez más, intentan una maniobra colateral y lanzan una ofensiva en el Pirineo oscense con el objetivo de tomar Jaca, además de cortar la carretera que une dicha ciudad con Pamplona. Consiguen tomar varios pueblos y cruzan el río Gállego, y cortan el ferrocarril entre Huesca y Jaca. Los nacionales llevan a ese frente nuevas fuerzas con las que logran taponar la ofensiva republicana.

   Al tiempo que eso ocurre, en la tertulia del Gijón comentan las últimas noticias.

   -El doctor Negrín ha viajado a Ginebra para participar en la Asamblea de la Sociedad de las Naciones y pedir que se levante el embargo, se restablezca el libre comercio con la República y se prohíba la ayuda extranjera para equilibrar las fuerzas.

   -A ver si de una puta vez los nazis y los fascistas italianos se vuelven adonde vinieron, que aquí no se les ha perdido nada.

   El pseudo gobierno asturiano, en previsión de futuros avances de los nacionales, lleva a cientos de niños al puerto de El Musel para ser evacuados a la URSS. Mientras, las fuerzas nacionales, ahora mandadas por Muñoz Grandes, alcanzan los lagos de Covadonga. Visto lo cual, las autoridades republicanas deciden centrar sus esfuerzos defensivos en la ciudad de Gijón.

   En la perfumería los tertulianos comentan otras noticias.

   -¿Sabéis que La Junta de Burgos ha establecido el 1 de octubre como la Fiesta Nacional del Caudillo para celebrar su ascenso a la jefatura del estado? –pregunta Julio.  

   -Me parece que comienza a haber entre los nuestros un exceso de culto al personalismo –opina Infantes ante la sorpresa de sus amigos-. Nadie discute a Franco sus victorias, pero de eso a dedicarle un día creo que es pasarse.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 59.  Una solicitud de permiso

viernes, 19 de julio de 2024

Libro IV. Episodio 57. Álvaro, teniente de navío


   El 22 de agosto, fecha en que la flota republicana abandona Santander, Álvaro recibe el nombramiento de su nuevo empleo, ha sido ascendido a teniente de navío, capitán en el ejército de tierra. Con ese motivo recibe la llamada de su comandante que, además de felicitarle por su ascenso, le confirma en su puesto de jefe de la estación transmisora de la dirección de tiro. ¡Acaba de convertirse, de iure, en el primer artillero del Canarias, pues de facto ya lo era! Álvaro piensa en lo orgullosos que se sentirían los suyos si pudiesen ver que en la bocamanga de su uniforme en vez del único galón que portaba como alférez de navío ahora lleva dos. A través del británico Boris Wourky ha recibido una carta por la que sabe que su familia de Madrid está bien; quienes le preocupan son los de Suances de los que no ha recibido noticia alguna, pese a que les ha mandado varias cartas. Lo cual refuerza su intención de que, en cuanto la provincia santanderina sea liberada, debe solicitar permiso para desplazarse hasta allí e intentar recuperar a su madre y sus hermanos chicos.

   Entretanto, Pilar y Luis intentan por todos los medios vivir de espaldas a la guerra; como mucho, comentan noticias curiosas, anecdóticas o superficiales, pues pese a que el ruido de los sables no cesa, el río de la vida sigue fluyendo.

   -¿A que no sabes de qué me enteré ayer? Que un cuadro mural de Picasso, llamado El Guernica, se ha mostrado por primera vez en el pabellón español de la Exposición Internacional de París –cuenta Luis.

   -No conocí a Picasso hasta que llegué a la Institución Libre de Enseñanza, pero fue verlo y me enamoré de su pintura. Por cierto, ¿sabes a cómo estamos hoy?

    -A 18 de julio, ¿por qué?

    -Porque mi padre nos ha recordado esta mañana que es el aniversario del Alzamiento y día de la Fiesta Nacional que da inicio al II Año Triunfal en la zona nacional. 

   La pareja en ocasiones también comenta las noticias no estrictamente bélicas que depara la existencia de dos gobiernos en el mismo estado.

   -Los nacionales han copiado al gobierno de la República y han creado una obra benéfica en la Falange llamada Auxilio Social, una especie de Socorro Rojo aunque es más bien azul -comenta Pilar.

   -Yo tengo otra también de los nacionales: el gobierno de Burgos ha decretado la depuración, de todas las bibliotecas públicas y centros de cultura, de aquellas obras que contengan ideas nocivas para la sociedad, y se han dictado normas para regular la literatura pornográfica –cuenta, a su vez, Luis.

   -¿Y esa depuración en qué se traducirá?

   -Ya puedes suponerlo, en la quema de libros. Me temo que los que tu padre llama los nuestros pretendan resucitar la Inquisición. No lo vamos a tener fácil con ellos -Es uno de los muchos rasgos de Luis que valora Pilar. Pese a la fama de conservadores que arrastran los notarios, el murciano tiene un notable talante liberal.

   Los Carreño de Santander han ido acomodándose a su nueva vida en la capital cántabra. Las aportaciones de Concha, Andrés y Froilán están siendo significativas para complementar el sueldo de Julia, de manera que se encuentran mejor de cómo estaban en Suances. Además, tienen un motivo poderoso para estar esperanzados, el avance de las fuerzas nacionales desde Vizcaya parece imparable. Julia, que ha retomado sus visitas a casa de los Bermejillo, pide a la esposa del médico que le cuente las últimas noticias que ha escuchado en Radio Nacional de España.

   -Las Brigadas de Navarra partieron de Palencia en dirección a Reinosa y días después entraron en la localidad, y unidades italianas han llegado al Valle del Pas.

   -¿Entonces los nuestros llegarán pronto a la ciudad? –pregunta, esperanzada, Julia.

   -Dice Guillermo que dependerá mucho de la posición que adopten las fuerzas vascas porque, al parecer, hay conversaciones entre líderes del Partido Nacionalista Vasco y agentes italianos para tantear la posibilidad de una paz separada para Las Vascongadas.

   Y en efecto, el dirigente del PNV, Ajuriaguerra, se reúne con los responsables de las tropas italianas en España para firmar el llamado Pacto de Santoña, que establece los términos de rendición del Ejército de Euskadi, y días después representantes vascos firman la rendición incondicional ante las tropas italianas, pero el general Dávila desautoriza a los italianos y no acepta el pacto de rendición del Ejército vasco. El general Gamir, jefe republicano del Ejército del norte, al constatar la defección de los vascos, ordena el repliegue de sus tropas hacia Asturias.

   Pese a la inmediatez de la entrada de los nacionales en Santander, en el último momento Julia tiene otro motivo de grave preocupación pues, como le cuenta Bermejillo, la República está tomando medidas drásticas.

   -Los nuestros van a entrar en la ciudad en cuestión de días si no de horas, pero los jóvenes como tu hijo Andrés corren peligro ya que, ante la imposibilidad de movilizar nuevas quintas, el Frente Popular ha hecho un llamamiento a los muchachos de 15, 16 y 17 años para trabajar en las compañías de ingenieros.

   -¿Entonces se me lo van a llevar?

   -No, si lo escondes hasta que lleguen los nuestros.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 58. Belchite

martes, 16 de julio de 2024

RECUERDOS DE UN OCTOGENARIO. A la mar en carro.

 

   Recuerdo que hace ochenta años y más, la festividad de la Mare de Déu del Carmen, para muchos torreblanquins de entonces era una de las fechas en las que iban a la mar. Aparejaban el mulo al carro, cargaban la familia y …a la mar ens anirem a vore les marineres que cusen sense didal i tallen sense tisores. Cuando llegaban al codolar –playa no había- desengachaban el mulo y todo el mundo a remojarse, incluida la acémila a la que metían mar adentro y que le servía para desparasitarse. Ellos se bañaban con los calzones largos a rayas blancas y azules o grises, ellas en viso –lo de los bañadores, y no digamos los bikines, eran una rareza- y la chavalería con calzones cortos o en porreta. Nadie se metía mar adentro porque eran escasos los que sabían nadar y le tenían un reverencial temor al agua.

   Els torreblanquins, hasta la década de los setenta, vivían de espaldas a la mar y solo  la visitaban cuatro o cinco días al año: Sant Pere, la Mare de Déu del Carmen, Sant Jaume i la Mare de Déu d´Agost. Este dato hoy puede parecer poco creíble, pero es tal cual lo cuento.

   A mediodía se solía cocinar una paella –el plato por excelencia de los días de fiesta- junto al codolar, y con el sol todavía con recorrido para ocultarse cargaban la familia y los trastos y camí al poble por la carretera de tierra que unía Torrenostra con Torreblanca. Y salvo algún caso aislado no se mezclaban con los pescadores –els mariners-, que no dejaban de ser unos tipos raros que no tenían terres, llamaban popa al trasero y jugaban al fútbol con los pies descalzos. ¡Qué tiempos aquellos, no fueron ni mejores ni  peores, solo diferentes!