martes, 19 de agosto de 2025

33. El masover”. Les festes de Sant Antoni i Santa Llúcia

 

 

   Entre las múltiples fiestas que ofrece el santoral cristiano, una de las más populares es la de San Antonio Abad, cuya festividad se celebra el 17 de enero. Día en que existe la tradición de bendecir a los animales domésticos y las mascotas. En algunos lugares, en ese día también se ofician fiestas laicas, organizándose cabalgatas con animales y carruajes y celebrándose diversas clases de festejos. En Torreblanca estas fiestas tienen la particularidad de que, además de festejar a Sant Antoni el del porquet, también se homenajea a Santa Llúcia. Es una fiesta muy arraigada en el imaginario popular, pues se celebran a pie de calle. Y nunca mejor dicho, dado que, al revés que las fiestas patronales reguladas por el ayuntamiento, éstas, como manda la tradición, las organiza cada doce años los vecinos de una calle o de varias cuando las rúas son pequeñas. Este año, les festes de Sant Antoni i Santa Llúcia, le corresponde organizarlas a los vecinos de la calle San Antonio, también conocida como el Raval. Es la calle más larga de la localidad y una de las dos que está asfaltada, pues su trazado forma parte de la carretera nacional Valencia-Barcelona. También es una de las más ricas, pues algunos de sus vecinos se cuentan entre las familias más acomodadas del pueblo. Y a ello hay que agregar que es la arteria por la que al atardecer pasean los adolescentes, convirtiéndola en una especie de campo de justas donde no se exhiben armas sino el palmito de ellas y la gallardía de ellos. Todo lo cual la transforma en la vía más importante del callejero local.

   Cuando se terminaron las fiestas de San Antonio del pasado año, que le correspondió a la calle San Jaime, lo primero que hicieron los vecinos del Raval fue nombrar una comisión con el encargo de organizar las próximas fiestas. Para reclutar a los miembros de la comisión no hubo elecciones ni sondeos, sino algunas reuniones informales y, como todos los vecinos se conocen, se propusieron nombres; unos aceptaron, otros no pero, tras los clásicos tiras y aflojas, al final se constituyó la comisión. En general, la mayoría de comisionados son gente joven, con alguna excepción.

   -Hay que nombrar también a alguien que sea mayor, que sea persona conocida y que ponga unas gotas de seny.

   -Yo propongo al señor Zacarías. Más conocido no puede ser. Y ya no es un jovenzuelo.

   El llumero, en primera instancia se ha negado aludiendo a sus muchas obligaciones, pero ante la insistencia de sus convecinos, y aunque a regañadientes, ha tenido que aceptar. Las casas del Raval están todas electrificadas y a los abonados hay que tenerlos contentos.

   -Y ahora que tenemos comisión hay que elegir al clavari. Y ya que tengo la palabra, propongo a Pepe el Randero –la propuesta es aprobada por unanimidad al contar con el asentimiento del propuesto, un respetado comerciante local. Como Zaca nunca ha sido festero pregunta que es un clavari. Su tío Antonio le explica que es el presidente de una cofradía o gremio, responsable de organizar sus fiestas. En este caso, será el presidente de la comisión.

   El mayor problema que se le plantea a los  comisionados es el que tiene todo comité que ha de organizar unos festejos: el económico, puesto que al ser fiestas callejeras han de ser sus residentes los que las paguen. Y como todo el mundo habla de hacer esto y lo de más allá y epatar a las otras calles, pero nadie suelta un duro, los comisionados han de esforzarse en encontrar maneras de recoger fondos. Al principio recurren a los medios habituales: organizan rifas, revenden décimos de lotería, especialmente de la de Navidad, montan verbenas y bailes, organizan un torneo de tiro al plato y consiguen que el equipo local de fútbol juegue un partido contra el equipo de Alcalá de Chivert, y cuya recaudación será destinada al fondo común de las fiestas. Aun así, han de reestructurar el programa de festejos, pues los fondos recogidos no cubren todos los actos que habían previsto. La mayor dentellada a los presupuestos la dan los toros. En el pueblo existe una ley no escrita, pero tan vigente como los impuestos, que dicta que sin toros no hay fiesta que merezca ese nombre. Tendrán que sacrificar otros festejos, pero els bous al carrer ni tocarlos.

   Como el 17 de enero cae en domingo, planean que las fiestas comiencen el día anterior, sábado, y se prolonguen hasta el 20, miércoles. Cinco días de fiestas son más que suficientes para epatar al resto de calles de la localidad. Sobre todo, si en tres de esas fechas hay toros hasta para aburrir. Tras mucho debate y algún que otro recorte, el programa queda así:

   -Día 16, sábado: charanga de la despertà. A mediodÍa comida vecinal. Por la tarde carreras de caballos y mulos desde el Rivet a la Plaza de la Iglesia. Y verbena popular por la noche.

   -Día 17, domingo: charanga de la despertà, misa cantada y sermón por un canónigo de Tortosa. Luego, el párroco bendecirá los animales delante de la puerta del Clavari y se repartirán cocas bendecidas. Por la tarde, procesión, con las imágenes de Sant Antoni i Santa Llúcia, desde la iglesia a la casa del Clavari, a las que acompañarán parejas de jóvenes ataviados con trajes regionales y a lomos de caballerías. Por la noche encendido de una hoguera vecinal en els Quatre Cantons y para acabar el día verbena popular.

   -Día 18, lunes: charanga de la despertà y cierre de todas las intersecciones de la calle para que los toros puedan deambular de un extremo a otro. Cada vecino deberá ocuparse de que su casa tenga la puerta cerrada para que un animal no se le cuele dentro. Por la tarde bous al carrer y cuando se acaben los toros, las puertas se abrirán para ofrecer a parientes, amigos y conocidos algunas muestras de la repostería local y unas copitas de moscatel o de lo que se tercie. Por la noche verbena popular.

   -Día 19, martes: charanga de la despertà. Traslado de las imágenes de Sant Antoni i Santa Llúcia desde casa del Clavari a la iglesia parroquial. A mediodía concierto de música a cargo de la banda municipal. Por la tarde bous al carrer. Por la noche cena de cocas i cocs para los vecinos de la calle en la carpa de la fiesta. Finalizando con verbena.

  -Día 20, miércoles: charanga de la despertà. Solemne misa en honor de los difuntos de la calle oficiada por el señor cura párroco. A mediodía, comida comunal a base de paellas. Y vino de Villahermosa del Río a cargo del Clavari. Por la tarde bous al carrer y, como broche, el último toro que se suelte cuando las estrellas ya brillen por encima de los tejados, será un bou embolat –también pagado por el señor Clavari- que, con las antorchas flameando en sus cuernos, iluminará las primeras sombras callejeras. Por la noche, la compañía de aficionados al teatro, Juventud Alegre, representará la obra cumbre de don Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura, Los intereses creados. Y al finalizar, gran castillo de fuegos artificiales como colofón de las fiestas.

   Como retoños de uno de los miembros de la comisión organizadora, a los dos Clavijo mayores les ha tocado participar de forma activa en uno de los actos fiesteros: la procesión del día 17 con la imagen de los santos, a los que acompañan parejas de jóvenes ataviados con trajes regionales. Zaca lleva de pareja una prima suya, Milieta la Gascona, y embutido en un traje alquilado de huertano, ha cabalgado, con cara de pocos amigos, en un mulo enjaezado con una gualdrapa de las que fabrican en Masanasa. Charito también participa, y se coge con fuerza a la cintura de Tico Persiva que es su acompañante.

   En las verbenas que se organizan al anochecer es donde Zaca se estrena como bailarín y, una vez más, constata desolado que su torpeza física también es extensible a la danza. Baila agarrotado y rígido y, con más frecuencia de la que sería deseable, pisa a sus ocasionales compañeras. Araceli, la encantadora hija pequeña del jefe de la estación del ferrocarril, tras el enésimo pisotón, le aconseja de la manera más diplomática que sabe.

   -Si bailas más suelto y sigues el ritmo de la música te vas a divertir más y no tropezarás con tu pareja.

   Zaca traduce lo que la chiquilla le está aconsejando: no bailes como si fueras un buzón de correos y no sigas pisándome que ya está bien. La consecuencia: el chico deja de bailar y se limita a mirar con negra envidia a los muchachos que se deslizan por el asfaltado de la calle como si no hubiesen hecho otra cosa en su vida.

   Aunque la Fábrica está al final de la calle y el recorrido de los toros no llega hasta allí, los Clavijo han abierto su puerta a los parientes, amigos y conocidos para que degusten unas pastas remojadas con una copichuela de moscatel o algo más fuerte si se tercia, pues el señor Zacarías se ha sentido obligado al ser de la comisión, aunque su aportación ha sido de escasa entidad. Madre ha aprovechado la ocasión y ha sacado a relucir sus dotes de repostera, elaborando una buena cantidad de dulces: magdalenas, almendrados, blanquitos y negritos, rossegons, galletas y su gran especialidad, pastissos de boniato. Un amigo de Benicásim les ha regalado unas botellas de moscatel que ayudarán a trasegar las pastas. En el trozo de entrada del pasillo que hace las veces de recibidor, Rosario ha puesto la mesa camilla con unas bandejas con los dulces y unas copichuelas para los vinos. Así, los visitantes conversan con los Clavijo, mientras degustan las muestras de la repostería casera de la señora de la casa.

   -Rosario, nadie hace los almendrados tan ricos como tú. Me has de dar la receta, pero antes dime qué necesitaré.

   -Es muy fácil. Necesitas huevos,  azúcar,  una pizca de sal, ralladura de limón,  canela, mucha almendra molida y unas obleas de barquillo.  Para hacerlos, mientras se calienta el horno, colocas en un cuenco el azúcar con la ralladura de limón, la canela y la pizca de sal. Frotas para que el azúcar coja los aromas e incorporas la almendra molida y la mezclas. Bates aparte los huevos y los combinas con los ingredientes secos, hasta formar una masa maleable. Con una cucharilla formas bolitas y las colocas encima de cada oblea. Las horneas durante unos veintitantos minutos. Esperas un par de minutos antes de trasladarlas a una rejilla para que se enfríen y ¡hala, a servirlas!

   -No parece tan fácil como dices, pero lo probaré. ¿Y con qué se acompañan mejor?

   -Con moscatel,  mistela, licor dulce, café, té, chocolate a la taza, un vaso de leche... las opciones de maridaje son muchas. A mí me gusta tomarlos con mandarinas, ya ves.

   Lo más demandado de las fiestas que son els bous al carrer, a Zaca le parecen un tostonazo de cuidado. Porque no tienen nada que ver con la lidia que se practica en las plazas de toros. El animal de turno vaga de una punta a otra de la calle –que es casi recta- en pos de los mozos que gritan o enseñan un trapo al cornúpeta para que les embista, pero en cuanto éste hace el mínimo gesto de arrancarse los presuntos toreros corren a refugiarse en alguna de las muchas barreras existentes a lo largo de la calle o en una de las puertas cerradas con picaporte. Y vuelta a empezar. En alguna ocasión, si la comisión organizadora lo autoriza, atan al cuello del animal una larga soga de la que tiran los mozos para conducir al bicho por donde haya más espectadores. Y aguantar así las más de cuatro horas que dura el espectáculo es como para aburrir al más pintado; al menos, eso es lo que piensa el muchacho. Pese a que el peligro de una cogida por el toro siempre flota en el ambiente, ocurre en contadas ocasiones porque el miedo es muy superior a las ganas de lucirse, pero cuando pasa es motivo de comentarios de toda laya mientras duran los festejos. Y mientras les festes de Sant Antoni i Santa Llúcia encaran la recta final, Zaca desea con toda el alma que se acaben cuanto antes, porque divertirse, lo que se dice divertirse, no lo hace demasiado; lo que por otra parte es lógico, pues un tímido e introvertido personajillo como el muchacho tiene escasas posibilidades de encontrar divertidas unas fiestas bullangueras en las que los toros y las verbenas son las principales atracciones. Acaban las fiestas de San Antonio y Zaca las despide, sin pena ni gloria, hasta dentro de doce años en que volverán al Raval. Quizá para entonces haya madurado y sea capaz de encontrarlas divertidas. Todo puede ocurrir, hasta que el tímido e introvertido muchachito haya dejado de serlo. Cosas más difíciles se han visto.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 34, de la novela “El masover”, titulado: El pozo

martes, 12 de agosto de 2025

32. “El masover”. De Paqui a Sisca

   La asiduidad de las visitas de las masoveras a casa de los Clavijo ha hecho que la relación entre ambas familias se haya estrechado, especialmente la de Rosario y Paca, que han terminado haciéndose amigas. En muchas ocasiones, Paquita –a la que suelen llamar Paqui- acompaña a su madre en las visitas a la Fábrica, aunque como es muy tímida apenas si abre la boca. La niña es de mediana talla y constitución fibrosa. Tiene el pelo castaño que usualmente peina con trenzas rematadas por lazos de colores. La carita ovalada y la frente despejada, cejas bien trazadas y ojos del color de la miel que se corta en otoño. Nariz recta y boca bien dibujada que alberga unos dientes parejos. En los pómulos tiene un racimo de pecas que le hacen la cara más aniñada de lo que realmente es, pues tiene solo unos meses menos que Zaca. Su rostro lo remata una barbilla voluntariosa. En cuanto a su tez es de un blanco marfileño con tornasoles dorados. No es una beldad, pero tiene su aquel. Su carácter es contradictorio, y en ocasiones hasta espinoso, pues unas veces se muestra como una pubilla ególatra, caprichosa y malcriada y, en otras, como una muchachita gentil, tímida y tierna.

   Zaca considera a la masovereta –así la llaman en el pueblo- un muermo a la que no hay manera de sacarle una palabra, y cuando se dirige a ella lo único que consigue es que se ponga colorada como un tomate y que balbucee palabras ininteligibles. Por lo que hace tiempo que desistió de mantener cualquier tipo de relación con la chiquilla.

   La construcción de la casa de los dueños del Mas del Canònge va concluyendo, y en el momento en que los albañiles colocan una bandera en el tejado, indicio de que la construcción ha terminado, a las pocas semanas los dueños dan una modesta fiesta para celebrar el hecho. Del pueblo solo hay tres familias invitadas: la de don Eulogio, pues de soltero estuvo de médico en Benlloch, y conoce a los Villalonga, su hermana Sole y los Clavijo, sus vecinos más cercanos. Es la ocasión en la que Paqui se ha soltado la lengua, quizás animada por el moscatel que ha acompañado a las pastas caseras. Y en la charla que ambos chicuelos mantienen, la muchacha hasta se atreve a preguntar.

   -¿Y tú que quieres ser de mayor?

   -Probablemente, seré maestro de escuela, como mi tía Emilia y mi tío Paco.

   -Mal oficio es ese. Hace unos meses, la abuela echó a un peón por mal trabajador y al despedirlo le dijo que con lo vago que era iba a pasar más hambre que un maestro de escuela.

   -Y qué sabrá tu abuela de los maestros. La tía Emilia es maestra y nunca ha pasado hambre. Y el tío Paco también ha sido maestro y es rico –es patente que a Zaca le ha molestado lo de que pasas más hambre que un maestro de escuela.

   -Mi abuela sabe de todo. Es capaz de contar hasta más de mil y se conoce la tabla de multiplicar de memoria.

   -También la conozco yo y no voy diciendo que los masoveros pasen hambre –el chico decide cambiar de conversación y le formula la misma pregunta que le hizo la muchacha-: ¿Y tú que piensas ser de mayor?

   -Masovera, como mi madre y mi abuela.

   -Pero masovera no es un oficio.

   -¡Anda que sí!, claro que lo es, y si tienes un mas como el nuestro buenos duros que te sacas.

   Esta niña, además de tonta del culo, es más ignorante que un carbonero, piensa Zaca. Vaya mamarrachadas que dice. Y decide fastidiarla[CM1]  por donde a él le duele.

   -¿Y a ti por qué te llaman Paqui? Nombre más vulgar no hay.

   -Para que no me confundan con mi madre.

   -Pero, ¿quién va a confundirse entre una mujer mayor y una cría como tú?

   -No soy ninguna cría, tengo once años –protesta, airada, la muchacha, que añade-: Paqui no es un nombre feo, a mí me gusta.

   El muchacho pretende chinchar a la chicuela y se pone en plan doctoral.

   -Vamos a ver, Paca es un hipocorístico, o forma diminutiva y familiar, del nombre propio femenino Francisca. Es decir, Paca es una alternativa cariñosa e informal de Francisca. Por consiguiente, en lugar de Paquita deberías llamarte Francisquita, nombre que es más cursi que un repollo con lazo, tanto que hasta los tontos se reirían de la chica que lo llevara. Deberías tener un nombre que suene a más moderno, más chic. Déjame pensar y buscar un nombre que te cuadre porque lo de Paquita o Paqui espanta hasta los mosquitos. Veamos, Francisquita… Te podrías llamar Francis o, más corto aún, Fran…, pero también pueden ser nombres de chicos, y lo que te faltaba, que te confundieran con un mozo. Otro nombre podría ser Quita, pero el cachondeo que se armaría al llamarte así sería morrocotudo ¿Sabes qué…? Ya sé cómo te llamaré, al hijo de Pepa la de Amparo, que ayuda a madre, le llamamos Sisco. Así te voy a llamar,  Sisca que suena a nombre moderno y hasta extranjero. Lo de Paqui se ha terminado. Y no es necesario que me des las gracias. No lo hago por ti, sino por tu madre, que se ha hecho amiga de la mía.

   Y ahí termina el esperpéntico diálogo entre ambos chiquillos con resultados muy diferentes. Zaca se reafirma en su opinión de que la niña es tonta del culo y una ignorante como la copa de un pino. Paquita, en cambio, y tras el enfado con el muchacho por haberla llamado cría, queda encantada con el nuevo nombre. Lo de Sisca le ha gustado, no conoce a ninguna chica masovera, ni siquiera del pueblo, que se llame así. Y si el hijo de la señora Rosario, que va para bachiller, le ha puesto ese nombre por algo será. Y piensa que, aunque se cree un sabelotodo, en el fondo es majo y tiene un no sé qué que le hace diferente de los chicos que conoce.

   Llega septiembre y Paqui, que así continúan llamándola todos, pues solo es Sisca para Zaca, es escolarizada. Le toca la clase de doña Visentica, una maestra natural de Villanueva de Alcolea, pero que hace muchos años que ejerce en el pueblo. La masovereta  choca pronto con su maestra, que  es extremadamente religiosa y la chiquilla muy poco. De hecho, ni siquiera ha hecho la primera comunión, algo que, cuando se entera, escandaliza a la docente que se empeña en que tiene que ir al catecismo a prepararse para recibir el sacramento de la eucaristía. Como la niña se niega, doña Visentica llama a la señora Paca y le pide que obligue a su hija a acudir al rebañito parroquial para recibir el adoctrinamiento necesario. Se topa con la sorpresa de que la madre sostiene que eso lo tiene que decidir la xiqueta y que ella no la va a obligar a ir a la iglesia si no le apetece. Consecuencia del enfrentamiento es que la maestra la posterga y las alumnas la acosan y le hacen el vacío bautizándola como la masovera atea. Todo lo cual redunda en que asistir a la escuela se convierte para la niña en un calvario. Hasta que llega un momento en que no puede más y dice a su madre que no piensa volver al colegio ni aunque la lleven a rastras. Ni la madre ni el padre, que también ha intervenido en el asunto, consiguen que la chiquilla cambie de opinión. Al final, es la abuela Julia la que zanja la cuestión.

   -Si la xiqueta se empeña en no volver a la escuela porque su maestra quiere convertirla en una meapilas, estoy de acuerdo con ella. Ya le enseñaré yo las cuentas necesarias para que, cuando le toque, sepa llevar el Mas como Dios manda -Cuando las tensiones llegan al límite, no importa el asunto que sea, en casa de los Villalonga la palabra de la abuela es la última.

   La señora Rosario, enterada de las contrariedades de la masovereta pregunta a Zaca qué se cuenta en la escuela sobre los problemas de la chica.

   -Murmuran que se ha trabado de cuernos con Sor Vicenta por no querer hacer la primera comunión.

   -¿Quién es Sor Vicenta?

   -Doña Visentica, que más que una maestra parece una monja.

   -Pobrecita, que mala suerte ha tenido. No me he atrevido a preguntar a la señora Paca qué piensan hacer.

   Días después del diálogo entre madre e hijo, la señora Paca visita a los Clavijo para despedirse, se vuelven a la masía. La marcha de los Villalonga es un mazazo para los Clavijo, pues además de perder a unos buenos amigos se quedan sin las dádivas que tan bien les venían. La llumera se despide de los masoveros, lamentando su partida y deseándoles lo mejor en el futuro. Zaca no tiene ocasión de decirles adiós, pues estaba ausente cuando les visitó Paca. Rosario saca la impresión de que los masoveros del Mas del Canònge se van para no volver. Se equivoca.

   Unas semanas después vuelven los Villalonga al pueblo para tramitar unas gestiones en el ayuntamiento, y ante la sorpresa y la gratitud de Rosario les llevan una vez más una muestra de sus cosechas y ganados. Preguntada la masovera sobre qué van a hacer con la educación de la xiqueta, la respuesta es que la abuela Julia será la encargada de que prosiga con su formación académica, que bastará con que sepa leer y escribir de corrido y, sobre todo, que sepa manejarse con las cuentas, lo demás importa poco. Pasan los días, transcurren las semanas y meses después una tarde, desde el inicio del pasillo que hace las veces de recibidor, una voz conocida dice la fórmula habitual en el pueblo al entrar en una casa:

   -Ave María Purísima.

   Rosario, que ha reconocido la voz, grita desde la cocina:

   -Sin pecado concebida. Pasa, pasa, Paca, sin miramientos.

   La masovera entra en el comedor acompañada de su hija. Trae una cesta que deposita en manos de Rosario.

   -Como sé que a veces vas estreñida te he traído unas espinacas que son mano de santo para el estreñimiento. Y además, una docena de huevos y un queso de cabra, curado en aceite, que ya verás que bueno es.

   -Que detalle, Paca, cuanto te lo agradezco. No sé qué puedo darte para corresponderte, no se me ocurre nada.

   -Quita, quita, Rosario, no tienes que darme nada. Es solo un pequeño detalle de buena vecindad. Y ya me das tu amistad que eso es algo que no se paga con dinero.

   -No sabes cuánto me alegro de verte, Paca. Te encuentro muy bien, incluso más joven. Y tú, Paquita, estás hecha toda una moza, hay que ver lo que has crecido y lo guapa que te has puesto.

   Lo que ha conseguido Rosario con sus elogios es que el arrebol de las mejillas de la muchacha se coloree más intensamente y que apriete fuertemente los labios en señal de que no piensa decir ni pío. Sigue siendo tan vergonzosa como siempre, piensa Rosario.

   -¿Y se puede saber a santo de qué estáis en el pueblo?

   -Estamos para quedarnos otra vez porque a Paquita, por mediación de don Eulogio, le va a dar repaso –así llaman en el pueblo a las clases particulares- la maestra doña Carlota, al menos durante este curso, el próximo ya veremos.

   -Cuanto me alegro de volver a teneros de vecinos. Y cualquier cosa que necesitéis ya sabéis, nos tenéis a vuestra disposición, los amigos estamos para eso.

   Pasado un rato de charla trivial, la señora Paca envía su hija a casa, pues quiere hablar sin su presencia. Lo que cuenta a Rosario es una historia propia de adolescentes, acentuada al tratarse de una hija y nieta única, de una pubilla que heredará una saneada fortuna.

   -Estamos muy disgustados, Rosario. La xiqueta se ha hecho una adolescente insoportable, respondona y malcriada, hace lo que le da la gana y no hay quien le aguante. Ni siquiera la abuela, y mira que tiene genio, ha sido capaz de hacerse con ella. Precisamente, ha sido la abuela la que ha pensado que quizás una nueva maestra la pueda domar. Como ya no tiene edad de ser escolarizada hemos recurrido a las clases particulares. A ver si  doña Carlota, además de intentar domarla, consigue que lea y escriba de corrido y maneje bien las cuatro reglas…  Porque si no, ¿cómo se va a manejar por el mundo? Algún día será su responsabilidad gobernar el patrimonio familiar y no lo va a poder hacer teniendo una formación tan pobre como la que tiene.

   No creo que nadie la dome, piensa Rosario. Se equivoca y el domador será la persona más imprevista. Pero no adelantemos acontecimientos, dejemos que la trama fluya a su propio ritmo, y démosle tiempo a Paqui para que vaya asumiendo, entre otras cuestiones, que tiene un nuevo apelativo, Sisca, al menos para el mayor de los Clavijo. ¿Los nombres cambian a las personas o son éstas las que influyen en los nombres? ¿Ese cambio, mínimo en apariencia, tendrá consecuencias? Está por ver si las hay y, si ocurre, cuáles serán. En cualquier caso, de Paqui a Sisca, hay todo un mundo de diferencias o, al menos, eso parece.

 

PD. El próximo martes publicaré el episodio 33 de la novela “El masover”, titulado: Les festes de Sant Antoni i Santa Llúcia

 [CM1]

martes, 5 de agosto de 2025

31. “El masover”. Fiestas patronales

 

   Las primeras elecciones generales convocadas por la II República en junio del 31, han coincidido con los exámenes de primero de bachillerato del mayor de los Clavijo, por lo que el muchacho no les ha prestado ninguna atención; su cabeza y su interés están en lo que deben de estar: en los exámenes. No les ocurre lo mismo a los asistentes a la terraza del Pincho que, desde la llegada de la República, más que jugadores de ajedrez se han convertido en tertulianos y lo que está ocurriendo en el país es su leitmotiv más recurrente. Las noticias políticas discurren para el chaval sin que les preste la menor atención, pues el verano le brinda la posibilidad de estar mayor tiempo con sus amigos y eso es lo que cuenta para él. Sin embargo, en el plano político el primer Gobierno republicano continúa tomando medidas de un sesgo claramente izquierdista, y una de las que causa mayor impacto, no tanto en la sociedad civil pero sí en el ejército, es la de clausurar la Academia General Militar de Zaragoza, desatando el enfado de la mayoría de la oficialidad, pues en ella se fragua el espíritu de compañerismo, una de las virtudes castrenses más acrisoladas.

   Agosto es un mes en el que un buen número de pueblos de la vieja piel de toro celebran sus fiestas patronales. En el calendario agrícola del levante español, agosto es, en cierto modo, un mes de transición: los cereales se segaron ha tiempo, es pronto para las siembras de los cultivos de invierno y la plantación de hortalizas y verduras no es una cuestión crucial. Debido a eso, es un mes magnífico para tener unas jornadas de holganza, y qué mejor que descansar disfrutando de unos días de alborozo y festejos. En ese supuesto está el pueblo de Torreblanca, del que es santo patrón San Bartolomé, uno de los doce apóstoles de Jesús, y cuya festividad se celebra el día 24. En esa fecha, o a veces un día antes, comienzan las fiestas patronales que la juventud local espera con ansia, dado que en unos días se concentran más festejos que en el resto del año. Hasta ahora, al chico de los Clavijo las fiestas de agosto le decían poco, pero este año, por primera vez, participa en la algazara que mete la chiquillería. Acompaña a la charanga que, de madrugada, toma parte en la despertà. Acude a ver pasar la entrada de los toros y vacas cerriles a las doce de la mañana. Contempla, desde lo alto de uno de los carros –llamados cadafales-, que conforman el coso, la prova de los toros que se correrán por la tarde. Es un mirón en la subasta de los emplazamientos del rudimentario coso que formarán los carros de los labradores y sobre los cuales, con unas tablas de madera, se monta la plataforma en la que parientes y amigos tomarán asiento para ver los toros. En esa subasta, las pandillas de amigos y familiares pujan por las mejores ubicaciones de la futura plaza y cuando dos postores se pican por una concreta posición la subasta alcanza cifras impensables. Y alguna noche asiste, junto a sus padres, a la representación de una zarzuela o de una compañía de varietés en la plaza de toros, reconvertida en foro teatral y en las que las vicetiples son las artistas más aplaudidas. Representaciones en las que, al ser gratuitas, el aforo de la plaza se llena de un público bullanguero.

   Las fiestas patronales tienen dos partes nítidamente diferenciadas: la religiosa, que se celebra el 24, festividad de San Bartolomé, y el 25, celebración del Santísimo Sacramento. Días dedicados, principalmente, a los actos religiosos: misas cantadas, sermones por un orador sagrado de cierta fama y procesiones encabezadas por las autoridades locales y en las que abunda más la participación femenina que la masculina. En la procesión del Santísimo Sacramento participan los niños que ese año o el anterior tomaron la primera comunión. Por ese motivo, madre desempolva el traje de marinerito con el que Zaquita tomó su primera eucaristía. Lo del trajecito para que, vestido de tal  guisa, el chico participe en la procesión repatea al chaval, pero no es capaz de negarse. Cuando madre abre la caja en la que guarda el traje de marras se topa con que las polillas han hecho de las suyas y el traje no está presentable. Con lo que, para contento del chico, va a la procesión con chaqueta y pantalón largo. El que se lleva un disgusto es Pedrito que contaba hacer la primera comunión vestido de marinerito.

   La segunda parte de las fiestas patronales se destina a los festejos laicos. El día comienza con la despertà, y los años que el ayuntamiento tiene las arcas repletas, monta una enorme parrilla en el Rivet del Raval donde se ofrece a los vecinos sardinas asadas y un vaso de vino. Como todo lo que es gratis tiene el público asegurado, se establece una larga cola de gente portando un plato y un vaso. Pero el evento que más esperan los torreblanquinos son los toros o exhibición de reses cerriles, como dice la prosa administrativa que los autoriza, o bous al carrer como se denominan en valenciano. Y que constituyen el núcleo esencial de las fiestas, pues los torreblanquinos no conciben las fiestas sin toros. Pese a que algunos pocos, como Zaca, opinan que son monótonos y aburridos hasta decir basta. A las doce en punto –la única vez que la puntualidad aparece en las fiestas- se dispara el cohete que anuncia la salida de la torada, la llamada eixida y que es un patético remedo de los Sanfermines. A quien primero sacan es al manso, un toro castrado que sirve de guía al resto de animales, al cual un pastor lleva atado con una soga. Minutos después sale el grupo de cornúpetas –con más vacas que toros- que recorre los setecientos metros de la calle San Antonio, desde el corral al coso, en grupo y sin embestir al público pegado a las casas, puesto que recorridos así los animales los han hecho en más de la mitad de pueblos de la región y tienen la lección sabida. La carrera no tiene nada que ver con la de las calles pamplonicas, pues los participantes corren a prudente distancia de la torada. Luego viene la prova, en la que se exhiben algunos de los bichos que se torearan por la tarde. Y a las cinco –como manda la tradición- comienzan los toros en los que no hay el menor atisbo de tauromaquia ni de valentía. Los mozos se limitan a gritarle y azuzar al animal y cuando éste arranca corren a refugiarse. El público prorrumpe en gritos cuando algún cornúpeta está a punto de coger a un mozo que, en última instancia, logra esquivar al animal resguardándose en lo alto de los carros o en el banc, un armatoste de robusta madera sito en medio de la plaza. Y así, durante algo más de tres horas bajo un sol inclemente, con una pausa a media tarde para merendar. Lo más divertido ocurre cuando sueltan una vaquilla –la llamada vaca confitera- con los cuernos aserrados que cuando se acerca al cadafal del ayuntamiento el concejal de fiestas lanza al ruedo peladillas y caramelos que recogen los mozos procurando que el animal no los pille. Otro punto culminante de los festejos taurinos es cuando al anochecer se corre un bou embolat. El toro embolado o toro de fuego porta sobre sus astas un herraje, sobre los cuales se colocan estopas engrasadas a las que se prende fuego. El espectáculo lo da el toro con sus bramidos de terror al sentir las llamas tan cerca, mientras los mozos tiran de la cuerda en la que va ensogado. Un espectáculo bárbaro ayuno de arte y emoción. Y la presencia de los toros acaba al atardecer cuando los animales salen en grupo del corral instalado en la calle en la que nacieron los chicos Clavijo, la calle Horno, produciéndose la llamada eixida con las mismas características que la entrà. Pese a todo, la mayoría de torreblanquinos siguen pensando que sin toros no hay fiestas. Tan es así, que el postrer día de toros, y al acabar de torear el último animal, la juventud se agolpa ante el cadafal del ayuntamiento voceando bous, bous, bous y, ante el silencio del alcalde o del edil de fiestas, irrumpe en abucheos por no complacerlos; en cambio, cuando algún año el concejal saca un pañuelo blanco, señal de que da el sí a la petición, los aplausos se oyen hasta en Torrenostra.

   Las fiestas han sido el colofón del verano, pues entre incontables lecturas, charlas y juegos con sus amigos, algún que otro baño en Torrenostra, y aquellos contados días en los que ha echado una mano a padre en la lectura de contadores, cuando Zaca ha querido darse cuenta, ha llegado el nuevo curso 1931-32. A principios de septiembre, don José, el tutor de Zaca, se reúne con don Domingo y mosén Florencio para acordar la programación del nuevo año académico.

   -Este curso, sé cómo lo vamos a comenzar, pero no cómo lo terminaremos. La República parece que tiene intención de meter mano en la educación y todavía no se sabe de qué manera afectará al bachillerato. Domingo, tú, que estás más al día, ¿sabes que cambios piensa introducir el flamante Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes?

   -Las últimas declaraciones de Marcelino Domingo apuntan que eliminarán la separación por sexos y fomentarán la coeducación, las actividades al aire libre, las clases de música y educación física, y el abandono de los castigos físicos. Pero, del bachillerato en concreto aún no han dicho nada.

   Días después, el panorama del bachillerato se clarifica al publicar el Ministerio de Instrucción un decreto disponiendo que en los Institutos de segunda enseñanza –desaparece la denominación de Institutos Generales y Técnicos- se establezcan, durante el curso 1931-1932, los estudios correspondientes a los cuatro primeros cursos del plan de adaptación vigente. Conocido el decreto, los profesores se vuelven a reunir para repartirse las asignaturas de segundo. Don José dará Preceptiva y composición de la Lengua castellana, Geografía especial de España y Caligrafía. Don Domingo Aritmética, Dibujo y Gimnasia.

   -Mosén Florencio, usted seguirá dando Religión, pero no sé por cuanto tiempo, pues en un régimen que se declara laico, la religión no tiene mucho futuro. Una cosa más –agrega don José-: este curso vamos a tener dos nuevos alumnos que comienzan el bachillerato por libre. Como veis, estamos sentando escuela. Se trata de dos chicos; mejor dicho, de un chico y una chica que han sido becados por el ayuntamiento para cursar la segunda enseñanza. Sus nombres son Consuelo Betoret y Joaquín López, hijos de dos familias de las conocidas como de izquierdas de toda la vida. Al chico no le conozco, pero a la niña sí, porque ha sido alumna de mi esposa y que, según me cuenta, es lista y responsable. A ver si los sacamos adelante como a Zacarías.

   -El chico creo que es alumno de Paco, le pediré que me informe -avisa don Domingo.

   Y comienzan otra vez los preparativos para el  año académico. Padre ha comprado los textos de las asignaturas que componen el segundo curso de bachillerato en la librería de  Ballester, donde gracias al tío Paco le hacen una sustanciosa rebaja. Madre ha forrado los libros y el chico comienza a familiarizarse con ellos. Esta vez, lo hace con menos temor que en el pasado. Zaca vuelve a la rutina del curso anterior: estudia en casa la mayor parte del día, hasta que sobre las cinco y cuarto de la tarde se dirige al grupo escolar a recitar la diaria lección al maestro de turno. Esa tarea la alterna con la de sacar las cabras a pastar y la de escrivent. Como sigue siendo vergonzoso y retraído, ha encontrado el medio de no ir saludando a la gente, ahora va a la escuela por un callejón, paralelo a la calle San Antonio, al que dan las puertas traseras de las casas del Raval y que apenas tiene tránsito. A la vuelta hace el mismo recorrido, pero a la inversa. Detalles como este generan que la timidez y la ausencia de socialización se enraícen todavía más en el carácter del muchacho. Y no parece que vaya a cambiar, aunque desde el negociejo de los tebeos algo se ha espabilado. Y eso se ha notado en su mayor participación en las fiestas patronales, aunque como sus amigos forman una pandilla atípica su implicación en los festejos ha sido muy tangencial. Quizás sea más intensa en años venideros pero, dados los rasgos de los integrantes de la pandilla de Zaca, eso está por ver.

 

  PD.- El próximo martes publicaré el episodio 32, de la novela “El masover”, titulado: De Paquita a Sisca