martes, 29 de abril de 2025

“El masover”17. ¿Derechas? ¿Izquierdas?

Zaca ha estado jugando con sus amigos y al acercarse la hora de cenar se dirige a la calle del Horno donde encuentra a sus hermanos sentados en el bordillo de la puerta trasera del jardín de la señorita Cristina Clará, justo enfrente de casa.

   -¿Qué hacéis aquí fuera?

   -Madre nos ha echado. Nos llamará para cenar.

   -¿Habéis hecho alguna trastada?

   -¡Qué va!, padres están discutiendo por algo referido a ti –a Charito, que tiene algo de pelusa a su hermano, le gusta chincharlo-. He oído decir a padre que de dónde van a sacar los veinte duros de tus estudios.

   Lo que acaba de soltar su hermana le sienta al chico como una puñalada trapera. Sus padres discutiendo por él y sus futuros estudios… ¡y por veinte cochinos duros!, y eso que, desde que se ha convertido en escrivent, entra algún dinerillo extra en casa, sobre todo en forma de especies. En ese momento se da cuenta de lo apretada que debe estar la economía familiar cuando el hecho de que vaya a estudiar o no depende de cien puñeteras pesetas. Si sus padres no las consiguen, adiós al bachillerato. Lo mismo tendrá que repensarse si la solución que propuso mosén Fumadó, de ingresar en el seminario tortosino, es la única posible. La propuesta del párroco sigue sin hacerle ninguna gracia, pero si la familia no consigue los veinte duros de marras, quizá no va a tener más remedio que agachar la cabeza y aceptarla. Porque el chaval, que nunca pensó en cursar más allá de las enseñanzas de primaria, desde que la tía Emilia y el tío Paco le dijeron que, como es muy listo, debía estudiar el bachillerato, ha interiorizado dicha opinión y está firmemente convencido de que ese debe ser su camino. ¿Podría yo ganar esos veinte duros?, se pregunta, ¿pero cómo?, vuelve a preguntarse. Ante su impotencia, algo se remueve en su interior y unos lagrimones gordos como cañamones se deslizan mejillas abajo.

   -Tete, ¿qué te pasa, por qué lloras? –pregunta, sorprendida, Charito.

   -No lloro, es que me ha entrado algo en el ojo.

   -Esta noche hay sopa de arroz –le informa la hermana para animarle, pues sabe que otras clases de sopa le cuestan tragarlas Dios y ayuda.

   El chico está en un tris de responder a las palabras de ánimo de su hermana diciéndole: y yo no me burlaré si te haces pis en la cama, pues Charito sufre de enuresis, pero piensa que no es el momento. Un rato después, madre asoma a la puerta.

   -Niños, a cenar.

   La cena discurre en un inusual y hosco silencio. El más contrariado es Zaca pues, si lo que ha contado Charito es cierto, el hecho de que sus padres estén enfadados por su culpa le hace sentirse mal. Como con quien mejor se entiende es con madre, piensa que lo tendrá que hablar con ella. Cuando al día siguiente vuelve de la fuente del mercado a la que ha ido por agua, encuentra a madre sola en casa y aprovecha la ocasión.

   -Madre, ¿es verdad que ayer discutió con padre porque vaya a estudiar?

   -No, hijo. No discutimos, estuvimos hablando de cómo ganar más dinero, y al mismo tiempo tener menos gastos porque ahora somos uno más y, naturalmente, necesitamos más ingresos. Tú no debes preocuparte, lo que has de hacer, como te dijo el tío Paco, es, a partir de septiembre, dedicarte solo a estudiar.

   Al chaval, que tenía pensado contarle a madre lo que caviló el día anterior sobre si aceptar la propuesta del párroco, no acaba de convencerle la respuesta, pero opta por dejar las cosas como están y esperar a ver qué pasa. Una vez más muestra su indeterminación.

   La madre le ha contado una verdad a medias. Lo que tuvo el matrimonio fue una discusión a cara de perro de cómo allegar más dinero –la madre- y cómo gastar menos –el padre-. Al final de un agrio debate, el cabeza de familia decidió que pedirá a la LUTE y también a Les Hostaleres –las dueñas del cine Novedades donde trabaja de proyeccionista- que le aumenten el sueldo. A su vez, madre ha prometido que tratará de recortar, en la medida de lo posible, los gastos del hogar y lo primero que hará será despedir a Elvira, la muchacha que le ayuda en las tareas caseras. Y hablando de gastar menos hizo una petición al marido.

   -Y también podíamos ahorrar algo no renovando la suscripción de Las Provincias. Puesto que vas al café todos los días puedes leer allí el periódico por un precio bien módico, cero patatero –al padre no le ha hecho ninguna gracia la propuesta, pero se calla, no está el horno para bollos.

   En el café del Pincho, adonde sigue yendo Zaca a ver las partidas de ajedrez, los contertulios hablan cada vez con mayor frecuencia de política. Parece que el clima político de la nación se enrarece por momentos según cuentan los diarios que se reciben en el pueblo -Las Provincias, Diario de Valencia, Heraldo de Castellón y La Vanguardia- y lo que se escucha en todas las emisoras de radio. Los tertulianos comentan que los políticos republicanos y los que se llaman monárquicos sin rey, así como numerosos juristas, denuncian que la vuelta a la normalidad constitucional es imposible. Y así se va fraguando la convergencia de partidos republicanos cuyos líderes se reúnen en San Sebastián el 17 de agosto. De lo que se trató en dicha reunión, promovida por Alianza Republicana, a la que asistieronn representantes de casi todos los partidos de signo izquierdista, solo se conoce lo que, a través de una nota oficiosa, publica al día siguiente El Sol. En la nota se hace un llamamiento a las demás organizaciones políticas y obreras para que se sumen a la acción contra el vigente régimen político. Eso es lo que hoy comentan en la tertulia del Pincho los ajedrecistas en cuanto terminan las partidas.

   -Uno de los que tienen carrera ¿quiere explicarnos qué supone ese llamamiento de los partidos republicanos? –pide Julio el barbero.

   -Lo que en definitiva piden los republicanos es que se establezca la base de una estrategia para poner fin a la monarquía de Alfonso XIII y proclamar la segunda república –explica don Rodolfo el maestro.

   -Y no solo lo piden los republicanos, también las organizaciones socialistas, como el PSOE y la UGT .agrega don Avelino el veterinario.

    -¿Y se sabe qué acciones concretas piden los republicanos? –pregunta Piñana, el ayudante del llumero.

   -No han concretado demasiado, pero os puedo decir, y lo sé de buena fuente, que republicanos y socialistas tienen el propósito de organizar una huelga general, que acaso iría acompañada de una insurrección militar, para meter a la monarquía en los archivos de la historia y establecer la república sobre la base de la soberanía nacional representada en una Asamblea Constituyente –dice don Rodolfo el maestro, ahondando la explicación dada por el veterinario.

   Zaca, que es un atento escucha, se hace un lío con tantos conceptos que desconoce: monárquicos sin rey, normalidad constitucional, república, huelga general, soberanía nacional…, palabras y frases que va apuntando en su cuaderno secreto para preguntar sobre ellas cuando le sea posible. De lo oído en el café, al chaval solo le ha quedado una cosa clara: y es que los políticos del país se dividen en dos grandes grupos: los de derechas y los de izquierdas, división que no le dice gran cosa, por lo que se arma de valor y se lo pregunta a padre que, por primera vez, no le riñe sino que acepta el envite.

   -Te lo voy a explicar con gestos. Los políticos de derechas son los que hacen esto  –y, tarareando la Marcha real y su lenta cadencia, realiza el gesto de llevarse algo al bolsillo-. Los políticos de izquierdas lo que hacen es -y, salmodiando el Himno de Riego y su rápido compás, vuelve a realizar el gesto de llevarse algo al bolsillo, pero a un ritmo más rápido que el anterior-. ¿Te ha quedado claro?

   El chaval, bastante confuso, tiene que admitir que no lo ha entendido.

   -No mucho, padre.

   -Pues que todos los políticos, sean de derechas o de izquierdas, son corruptos. Lo único que les diferencia es que unos roban a mayor velocidad que otros.

   De la mímica de padre y de su posterior explicación, al muchacho le ha quedado claro que, al parecer, todos los políticos son unos robaperas, pero la diferencia entre los que son de izquierdas y los que son de derechas sigue sin saberla, pues lo del robo generalizado no acaba de creérselo, ya que siempre ha oído que hay gente de toda clase en todas partes y supone que en el mundo de la política debe de ocurrir lo mismo, unos serán ladrones, otros, honrados. Pregunta a su tío Miguel que le da una larga y confusa explicación que todavía le desconcierta más. Se le ocurre preguntarle a don José Domingo que se lo quita de encima de forma tajante.

   -Esas no son preguntas para niños.

   El chico piensa que lo de las derechas y las izquierdas debe ser una pregunta incómoda para los adultos o quizás sea pecado hablar de ello, por lo que decide guardarlo en su cuaderno secreto y seguir buscando alguien que se lo explique.

   La respuesta se la ofrece quien menos podía esperar. Desde que, una vez a la semana, mosén Florencio le da la asignatura de Religión, el muchacho ha establecido una corriente de empatía con el vicario, que es persona de buena cultura y hombre afable y bondadoso. Hoy, el mosén le está hablando del Reino de Dios y, por asociación de ideas, el muchacho se acuerda del Rey. Y se atreve a plantear la pregunta:

   -Mosén Florencio, ¿puedo preguntarle algo que no es de religión?

   -Poder, puedes, pero ya es muy tarde, dejémoslo para otro día.

   Vaya manera de quitarse el muerto de encima, `piensa el chaval. Otro que tampoco me lo va a explicar. Busca en quien no le va a fallar, su diccionario enciclopédico Sopena, y entre las varias acepciones de derecha hay una que le ofrece un rayo de luz: Conjunto de personas que profesan ideas conservadoras. Sobre las izquierdas encuentra: Conjunto de personas que profesan ideas reformistas o, en general, no conservadoras.

Bueno, ya tiene un hilo de dónde tirar, ¿pero que conservan los conservadores?, ¿y cuáles son las ideas reformistas? Eso no viene en el Sopena. Está donde estaba. Se plantea una pregunta que es pura curiosidad: ¿y qué seré de mayor, de derechas o de izquierdas? ¿Y por qué he de ser una cosa u otra? ¡Vaya tontería! Lo mejor es que sea unas veces de derechas y otras de izquierdas. Así quedaré bien con todos. Mira que fácil.

 

PD.- El próximo martes  publicaré el episodio 18, de la novela “El masover”, titulado: La Fábrica de la llum  

viernes, 25 de abril de 2025

Libro IV. Episodio 97. La perfumería de Gran Vía


   En la tertulia de la perfumería de Ramírez comentan que los soviéticos atacan a las fuerzas nazis, y en el plazo de un mes limpian Ucrania de la presencia alemana. Luego, las tropas soviéticas golpean a Rumanía y después a Bulgaria. En el frente occidental, los alemanes comienzan a usar las bombas volantes para atacar el sur de Inglaterra y de Bélgica.  Primero usan la V-1, más tarde, emplean el cohete V2, un misil balístico guiado. El enigmático Valdés define las nuevas armas de esta guisa:

   -Estamos ante el armamento que se utilizará en la III Guerra Mundial.

   En Europa, la logística del avance aliado es un grave problema porque los suministros aún son desembarcados en Normandía. Para solucionarlo, los Aliados pretenden llegar al Rin, pero son frenados. Semanas después, los canadienses aseguran la entrada al puerto de Amberes con lo que la llegada de suministros se aligera. Entre tanto, Hitler ha estado planeando una contraofensiva, el objetivo sería capturar nuevamente Amberes. La ofensiva empieza a mediados de diciembre golpeando a través de las Ardenas. El ataque tiene un progreso lento, pero una de sus avanzadillas consigue penetrar en las líneas yanquis. Llegan al vital nudo de carreteras de Bastogne y los alemanes sitian la ciudad, pero no consiguen tomarla. El Tercer ejército de Patton golpea el flanco sur alemán y a finales de diciembre libera Bastogne, pues el clima ha mejorado permitiendo que la aviación aliada detenga el ataque. Esa batalla es la última ofensiva alemana en el frente occidental. En el frente europeo oriental, a últimos de diciembre los soviéticos despliegan sus fuerzas en Polonia. La ofensiva rusa rompe las defensas que cubren Prusia Oriental, dejando el frente alemán en un completo caos.

   Entre tanto, Andrés pasa otro año en la ENM, en un curso que discurre de enero a junio del 44. Lo primero que hace al comenzar el curso es examinarse de Electricidad, materia que había suspendido, aprobándola en esta ocasión. A finales de enero, cesa en la Escuela Naval y embarca en el minador Vulcano, -del que recuerda que Álvaro también estuvo en él- y en el que realiza el preceptivo viaje de prácticas. El minador recorre la mayoría de los puertos españoles, estando entre otros en el Ferrol del Caudillo –aposición añadida a la ciudad natal de Franco-, las Canarias, Cádiz, Cartagena y Valencia. En lo que resta de viaje, los guardiamarinas a bordo del Vulcano visitan los puertos de Barcelona y Palma de Mallorca, para finalmente recalar en Marín. En total, Andrés suma a su hoja de servicio un total de 92 días de mar. En junio desembarca del Vulcano y se reintegra a la Escuela en la que aprueba todas las asignaturas del curso.

   El sexto año de Andrés en la ENM va de julio a diciembre del 44. En agosto es promovido a guardiamarina de primera y en octubre vuelve a salir a la mar, otra vez a bordo del Vulcano, para efectuar prácticas. Su séptimo año en la ENM -pues ha repetido- discurre de enero a julio del 45, en el que aprueba todas las asignaturas del semestre. De febrero a abril sale a la mar para hacer prácticas en los destructores afectos a la Escuela, marchando el 30 de junio a su casa con un mes de licencia. El 14 de julio del 45 es promovido a alférez de navío. Y el 31 de julio del mismo año cesa como alumno de la Escuela Naval Militar y es destinado, con carácter forzoso, a las órdenes del comandante general de la Escuadra. A Andrés le ha costado graduarse mucho más que a su hermano Álvaro pero, aunque sea a trancas y barrancas, ha logrado hacerse oficial de la Marina española. El 1 de agosto embarca en el crucero Galicia, que se encuentra amarrado al muelle de los trasatlánticos de Vigo, de donde parte a Marín. A mediados de mes sale de Marín llevando a bordo a los ministros de Marina, Industria y Comercio en dirección a Vigo. Días después, el buque entra en dique para limpiar fondos y arreglar averías. Los Carreño respiran, Andrés, ¡y ya era hora!, termina la carrera.

  La segunda sorpresa positiva que les depara 1945 a los Carreño es que un día del principio de la primavera, el señor Damián Ramírez, dueño de la perfumería en la que trabaja Eloísa, le pregunta:

   -Vamos a ver, niña, ¿en tu familia quién lleva los asuntos económicos?

   -Mi hermano mayor, Álvaro y, en su ausencia, Julián.

   -Entonces dile a Julián que se pase por la tienda que quiero hacerle una proposición.

   Una tarde, Julián se pasa por la perfumería y la propuesta que le hace Ramírez le sorprende. El perfumista quiere jubilarse e irse a vivir a la tierra de su esposa, Valencia, donde ella tiene varias propiedades. Y antes de irse, quiere vender la perfumería y ha pensado en si a los Carreño podría interesarles. Es en los primeros en quienes ha pensado por dos motivos: uno es que Eloísa no tendría ningún problema para llevar la tienda, otro es el recuerdo de Julio Carreño, a quien siempre consideró como uno de sus mejores amigos.

   -Le agradezco que haya pensado en nosotros, señor Damián, pero antes de comenzar a negociar tengo que hablarlo con mis hermanos, sobre todo con Eloísa, por lo que le atañe, y con Álvaro que es quién tiene la última palabra.

   La propuesta de Ramírez de venderles su perfumería es debatida en el seno familiar. La que con más interés defiende su compra es Eloísa.

   -Esa tienda es un chollo, no podéis imaginaros cuánto vendemos. En un lugar de paso, tan concurrido como la Gran Vía, tener una tienda es un buen negocio, que lo diga si no Jesús. Y os prometo que lo que dice el señor Damián es cierto, creo que estoy más que preparada para llevarla.

   Julián está de acuerdo con su hermana, pero Jesús objeta que todavía tienen que pagar dos créditos, los de las farmacias de San Bernardo y de Peligros; y meterse en un tercero no parece que sea la mejor idea del mundo. Tras debatirlo, la resolución final es la de siempre: que sea Álvaro quien decida. En cuanto el marino tiene el primer permiso reglamentario y vuelve a Madrid, una de las primeras cuestiones que le plantean es la posible compra de la perfumería. Tras oír las opiniones a favor y las objeciones, sobre todo económicas, pide unos días para pensarlo. Lo primero que hace es hablarlo con Pilar, el marino tiene en alta estima la opinión de su hermana y, sobre todo, las buenas relaciones bancarias de Verdú.

   -Pilar, por lo que cuenta Eloísa, la perfumería es un saneado negocio y se cree capacitada para que lo siga siendo. Y entre hacer oposiciones al Cuerpo del Magisterio Nacional y ser la dueña de esa tienda no hay color. Julián opina lo mismo y, en cierto modo, Jesús también, aunque objeta que puede ser un problema para la economía familiar pedir un tercer crédito.

   -Ese aspecto deberías hablarlo con Luis –sugiere Pilar.

   -Como los asuntos financieros no son mi fuerte, dile que haremos lo que él crea más idóneo. En ese terreno, para mí, lo que diga Luis es palabra de rey -La postura de Álvaro de supervalorar la opinión de Verdú tiene un trasfondo familiar: sabe que lo que más agrada a su hermana es que los Carreño valoren en su justa medida los conocimientos, experiencia y olfato financiero del notario.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 98: Buena se pondrá Carla

 

martes, 22 de abril de 2025

El masover”. 16. El corazón tiene razones que…

Si alguno de sus amigos le llega al alma a Zaca es Joaquín Pifarré, el amigo entre mil. Y eso que más diferentes no pueden ser. No sólo físicamente, también de carácter y temperamento. Algunas cosas les igualan: los padres son empleados de compañías foráneas y no son oriundos del pueblo. Son los primogénitos y su futuro, dada la carencia de bienes raíces de sus familias, y las aspiraciones de sus padres, no parece que vaya a estar ligado al cultivo de la tierra. En todo lo demás, las diferencias son notables, pero como escribió Pascal: el corazón tiene razones que la razón no comprende.  Acaso por ser tan distintos y, a la vez,  complementarios, o por lo que fuera, lo cierto es que desde muy niños se convirtieron en inseparables.

   -¿Qué te pasa. canijo, tienes murria?

   -Madre me ha reñido porque le he pegado unas collejas a Pedrito. Me ha dicho que, como vuelva a hacerlo, vendrá el Hombre del Saco y se me llevará. ¿Tú sabes adonde lleva los niños el Hombre del Saco?

    Pifa se encoge de hombros y no contesta, porque desde muy niño ha sido refractario al Hombre del Saco, al Coco y al Tío Camuñas. El espìgado amigo de Sacarietes no le tiene miedo a nada y a nadie. Bueno, acaso un poco a su padre que gobierna la familia con mano firme.  

   Pifa no es un cero a la izquierda para los demás, como lo es Zaca. Porque tiene la voluntad de un hombre; se le tiene en cuenta en su casa y en la calle. Y es que, pese a sus pocos años, posee personalidad y un talante hiperactivo que le lleva a pelearse con frecuencia con otros chavales y casi siempre sale victorioso, aunque a veces con algún que otro moratón. De hecho, esa fue la causa por la que se hicieron amigos. La cosa ocurrió tal que así.

   Uno de los grandullones de la escuela, un tal Plácido, en el partidillo del recreo, sin que mediara provocación alguna de Zaca, le empujó y lo echó al suelo. El chico, en vez de defenderse, lloriqueó y protestó tímidamente. Cuando el abusón fue a patearlo, otro niño,  tan alto como Plácido, y nuevo en la escuela, se encaró con el atacante.

   -Oye tú, déjalo. No te ha hecho nada. Vale con el empujón.

   -¿Y tú quién eres para decirme lo que le puedo o no hacer al mierda este?

   -Uno que no le gusta que se aprovechen de los canijos.

   -¿A que te doy una mano de hostias?

   -Pruébalo, si eres tan loco.

   Fuera por el gesto decidido del chaval, erigido en defensor del caído, o por el brillo acerado de sus ojos, el abusón optó por no meterse en peleas.

   -Te puedes quedar con ese tonto del haba. Foraster tenías que ser para meterte a salvador de mierdecillas.

   Y desde ese día Pifa y Zaca son amigos. Al niño Clavijo no han vuelto a sacudirle. Tiene quien le respalda. El primogénito de los Pifarré, familia recién llegada al pueblo, ya no es un solitario. Tiene un amigo. En el dúo, Clavijo es el reflexivo, el pesimista y el analítico, y Pifa el ejecutor, el optimista y el intuitivo.

   Lo que más suelen hacer es juntarse en la Fábrica o por los alrededores del Camí de l´Estació, pues Pifa vive en la cercanía, en unas viviendas de alquiler que son conocidas como les cases barates. Y emplean la mayor parte del tiempo en conversaciones interminables en las que hablan de todo, pero las charlas más recurrentes son las historias sobre sus familias, las pelis que han visto, lo que quieren ser de mayores, las chicas que les gustan y “eso”, que no es otra cosa que el sexo, pero que ni se atreven a mentarlo por su nombre.

   -Como mi padre es factor del ferrocarril, hemos vivido en muchos pueblos. Por eso cada uno de mis hermanos ha nacido en pueblos diferentes. Lolita nació en Altea, Pepito en Buñol y yo en Chiva.

   -Pues mi padre antes de casarse también vivió en muchos pueblos. Recuerdo que estuvo en Argelita, Fanzara, Artana y alguno más que ahora no me viene a la cabeza. Pero desde que se casó no ha salido de aquí.

   -Yo, de mayor, quiero ser factor como mi padre y trabajar en el ferrocarril. Además del sueldo, puedes viajar gratis.

   -¿A cualquier sitio de España?

   -Bueno, a los sitios donde el tren es de la compañía para la que trabajes. ¿Tú qué quieres ser?

   -A padre le gustaría que fuera ingeniero o, al menos, perito. A madre que fuera médico. Lo de ingeniero no sé, pero médico no me gusta. Me da miedo la sangre.

   -Pero a ti, ¿qué te gustaría?

   A Zaca le cuesta abrirse hasta con su amigo del alma.

   -A mí me gustaría ser abogado o trabajar en las películas. Padre quiso que fuera al seminario de Tortosa, pero a mí no me hubiera gustado ser cura.

   -Anda, a mí tampoco, pero médico no me importaría. Ganan mucho dinero. Y como hablamos de gustos, ¿qué chica del pueblo te gusta más?

   -No lo sé. Todas me parecen unas birrias. Bueno, menos Milieta y Elvira.

   -¿Quiénes son?

   -Milieta a veces me cuidaba de crío y Elvira nos cuidaba cuando madre tuvo a Chimet.

   -Pero esas no valen. Si te cuidaban de crío ya deben de ser muy viejas. Me refiero a las chavalas que pasean por el Raval -Zaca es incapaz de confesar que no le gusta ninguna.

   En primavera y verano, Clavijo y Pifa suelen sentarse, al caer la tarde, en cualquier leve prominencia, algunas veces en la Pedra de la Lliura, y desde allí contemplan el negro tendido del ferrocarril y el trazo gris de la carretera que son como dos blancas estelas abiertas entre los campos de naranjos, de almendros y de huertas de tierra campa que rodean el pueblo. Pifa, dada la profesión de su padre, es un entendido en trenes y cuando pasa un convoy de pasajeros –ora hacia el norte, ora hacia el sur- va indicando su nombre: el expreso de Valencia, el correo de Barcelona, el ligeret de Tortosa, el borreguero de Tarragona. Los trenes sin nombre y sin horario fijo son los convoys de mercancías que suelen arrastrar incontables vagones.

   Les gusta contemplar el conglomerado de campos, divididos en pequeñas fincas, salpicados de casetas de campo y en el que destacan las manchas verdes de los huertos de naranjos o las manchas más oscuras de los algarrobales. Y, sirviendo de telón de fondo, el trazo azulado del mar que cierra el horizonte por el este. Muchas tardes pierden el sentido del tiempo y la noche se les echa encima. La bóveda del firmamento va poblándose de estrellas y ambos chavales a veces se enredan en diálogos sobre una suerte de filosofía astral. En estos casos es cuando a Pifa se le ocurren ideas muy raras que cuenta a Zaca, esperando que éste las resuelva.

   -Zaca, ¿qué pasaría si una de esas estrellas cayera sobre la tierra? 

   –Las estrellas no pueden caerse. Están como clavadas en el cielo.

   -¿Y tú cómo lo sabes?

   –Porque me lo ha dicho don José.

   -¿Es que tu maestro lo sabe todo?

   –Pues, seguramente, sí.

   –Sabrá de todo, pero mi padre dice que jugando al chamelo es un adoquín.

   Pifa es el que lleva a Clavijo a acometer aventuras que para el chico canijo rayan en la temeridad y hasta en la locura. Como aquella vez que le convenció de que podían darse un atracón de naranjas en el huerto del señor Ventura, encajonado entre el Camí de l´Estació y el Camí de les Marjals. Con tal mala suerte que les pilló el tío Serrano, uno de los guardias jurados de campo. Al ver el guarda que uno de los ladronzuelos era el sobrino de Daniel de Quiquet, el cabo de la unidad, en vez de llevar la pareja de asustados mocosos a la policía municipal, no dio parte y los condujo a casa del cabo para que procediera a su entender. Daniel les echó un buen rapapolvo, les conminó a no repetir la “hazaña” y los dejó que se fueran a casa. Más tarde, y personalmente, informó a los padres de la travesura de sus primogénitos.

   -Todavía me duele el culo de los cintarazos de mi padre. No vuelvo a probar una naranja ni que me la unten de miel. ¿A ti también te han sacudido?

   -Peor. Me han prohibido que toque un tebeo o una novela en quince días.

   -Vaya suerte que tienes.

   -No creas. Habría preferido que me  hubieran cascado.

   -¿Qué hacemos esta tarde?

   -Lo que quieras menos meternos en campos ajenos. 

   -Como ha llovido, ¿por qué no vamos a ver si el

  Engulidor está lleno de agua?

   -A mí el Engulidor me da miedo. Mejor vamos a la

   estación a ver pasar trenes.

   -A estas horas solo pasan mercancías. Bueno, el expreso Sevilla-Barcelona pasará en hora y media.

   Así suele transcurrir la mayor parte del tiempo de ocio de ambos chavales. Cada vez hablan más de “eso”. Pese a que es el de menor edad, Pifa es el que parece saber más de sexo. En cambio, Zaca, teóricamente el listo de la pareja, está hecho un auténtico lío.

   -Entonces, ¿las mujeres llevan los críos en la barriga?

   -No sé si en la barriga, pero por ahí en la panza.

   -¿Y los bebés como llegan hasta la panza?  

   -Eso no lo sé bien. Creo que están ahí desde que el padre los mete.

   -¿Y el padre cómo los mete?

   -Con la pilila.

   -¡¿Con la pilila?!

   -¿Tú has visto como los conejos montan a las conejas?  Pues algo parecido. Y ya está bien, canijo. Eres un plasta. Aburres hasta las ovejas. Déjalo.

      No, Zaca no lo deja. Cuando no entiende algo es incapaz de no parar hasta desentrañarlo. Pero, ¿a quién preguntar? De cuantas personas a las que suele hacerlo, no se le ocurre ni una a la que antes se moriría de vergüenza que le preguntaría sobre “eso”. Quizás Joaquinito, como hijo de médico, pueda explicárselo mejor que Pifa. Cuando lo vea le preguntaré, se dice. Como la impaciencia lo consume, se lía la manta a la cabeza y decide preguntar al único que sabe que no le va a regañar por plantear unas preguntas tan feas.

   -Esa clase de preguntas, Sacarietes, se las debes de hacer a tu madre. Ella te lo explicará mejor que nadie.

   Hasta mosén Florencio se lo ha quitado de encima. Decididamente, “eso” es algo que no debe de tener una explicación sencilla. Pero el chico no ceja. Se dice que con la de críos que hay toda la gente mayor lo debe saber. Si continúa buscando, alguien se lo contará de pe a pa… Y, finalmente, lo encuentra. Quien menos podía suponer. Su hermana Charo a la que se lo ha explicado madre, que sin embargo se lo ha ocultado a él. El hecho de que madre ha sido explícita con su hija y no con su primogénito lo sintió como una puñalada trapera. Tardó mucho en olvidarlo.

  

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 17, de la novela “El masover”, titulado: ¿Derechas? ¿Izquierdas?