viernes, 18 de octubre de 2024

Libro IV. Episodio 70. Igual puedo ayudaros

 

   Al escuchar los lamentos de Eloísa acerca de los problemas que tienen para conseguir alimentos, la tía Mechita, como quien no quiere la cosa, dice:

   -Igual puedo ayudaros…

   Eloísa vuelve a de casa de la tía Mechita más contenta que un niño con un pirulí. En cuanto se marcha de la farmacia el último cliente cuenta a sus hermanos el motivo de su alegría.

   -¿Sabéis lo que me ha contado la tía Mechita? Que igual nos puede ayudar en lo de procurarnos más comestibles. Resulta que a través de su yerno diplomático, aunque no está en España, nos puede conseguir comida en el economato que los ingleses han montado en el consulado para sus empleados y algunas familias británicas que la guerra ha pillado en Madrid –Al oír lo que cuenta Eloísa el jolgorio que se monta en la farmacia es general hasta que Julio pone algo de orden.

   -A ver, chicos, no vendamos la piel del oso antes de cazarlo. Eloísa cuéntanos cómo piensa ayudarnos la tía Mechita.

   Eloísa les explica que el consulado británico ha autorizado a la tía Mechita que use los vales para comida que le correspondían a su yerno que, al no estar en la capital, no puede utilizarlos. Como en su casa solo son dos personas y mayores todos los meses le sobran cupones…

   -Y al conocer nuestras dificultades, se le ha ocurrido que uno de nosotros la acompañe al economato de la embajada cuando mensualmente vaya a por los comestibles que le corresponden, pero que, en lugar de sacar solo los que ella necesita, los pedirá todos, y los sobrantes nos los pasará a nosotros. Naturalmente, los tendremos que pagar, pero con lo que saquemos del economato cree que no volveremos a pasar hambre. La única pega, es que no son productos frescos sino que vienen envasados directamente desde Inglaterra.

   -¡Bendita pega! –exclama una contentísima Pilar-, con las ganas que tenía de comerme un buen rosbif inglés.

   -¿Y qué clase de comestibles son? –quiere saber Paca.

   -Los he apuntado en un papel –y Eloísa lee-: Full English Breakfast, pudin de Yorkshire, roast dinner, bangers and Mash, fish fingers, chips and beans, chicken Tikka Masala, jellied Eels y un montón más de comidas que no me ha dado tiempo a apuntar. Y a veces también tienen Fish and Chips que tampoco sé qué es.

   -Cuando llegue Luis le diré que nos lo traduzca.

   En cuanto a media tarde aparece Verdú, se apresuran a contarle el extraordinario hallazgo que ha supuesto encontrar a la tía Mechita y le piden que les traduzca los platos ingleses que tiene apuntados Eloísa.

   -Creo que os los puedo explicar casi todos. El breakfast es un desayuno inglés completo, el pudin de Yorkshire es una oblea de masa horneada, el roast dinner  es una especie de asado, el bangers and mash son salchichas y puré de patatas, los fish fingers y chips and beans  son palitos de pescado, patatas fritas y alubias, y las jellied eels  son anguilas gelatinosas. Ah, y el fish and chips es pescado y patatas, el plato británico más popular.

   En el frente de Levante al mal tiempo se le une la importante ayuda internacional de armamento para los republicanos y las fuerzas de Varela vuelven a estancarse. En cuanto cesa el mal tiempo, los nacionales inician tres ataques en paralelo, cuyo principal fruto es que la cuarta división de Navarra ocupa Alcossebre, pedanía en la costa de Alcalá de Chivert. Sin embargo, en la tertulia del Gijón se alegran con las noticias positivas que les llegan de ese frente.

   -Nuestras tropas están contraatacando. Las baterías instaladas en Villanueva de Alcolea, al mismo tiempo que varios carros rusos de combate T-26 con base en Torreblanca, están atacando a los fascistas instalados en la ribera izquierda del río Cuevas.

   Pero las lanzas pronto se tornan cañas y un mes después el signo de la guerra cambia.

   -Buenas noticias –anuncia Infantes-, el 11 de junio los nuestros ocuparon en la costa el pueblo de Torreblanca, por lo que la línea defensiva XYZ formada alrededor del cauce del río Cuevas ha desaparecido. Esas conquistas han costado muy pocas bajas.

   -¿Y eso a qué se ha debido? –pregunta Julio.

   -A que los rojos habían abandonado sus posiciones el día anterior ante el peligro del avance de los nuestros hacia Borriol. Aunque las ofensivas de los tres Cuerpos de ejército resultan bastante desiguales: las que más han avanzado han sido las fuerzas de Valiño que han ocupado el vértice del Peñagolosa, la cota más alta de la provincia de Castellón –contesta Infantes.

    El 13 de junio los nacionales alcanzan los primeros arrabales de Castellón. Como algunos vecinos se anticipan a la llegada del grueso de las fuerzas nacionales haciendo flamear banderas rojigualdas, unidades republicanas se ensañan con la población civil. Al día siguiente las fuerzas del Cuerpo de ejército de Galicia desfilan ante el general Aranda en Castellón, para dirigirse después hacia Almazora y Villarreal de los Infantes.

   La tía Mechita ha avisado a sus sobrinos de que el próximo jueves se repartirán en el economato británico los comestibles que los ingleses proporcionan a su personal en Madrid. Que decidan quién la va a acompañar y que se acuerden de traer un talego o cesto para meter las latas y paquetes. Los Carreño discuten sobre quién debería ir, pero Pilar se pone muy terca en su propuesta de que debería ir ella que, además, piensa ir acompañada por Luis, porque como habla inglés les puede ayudar con los funcionarios del consulado.

   -Pero, hija, que vayas tú, pase, al fin y al cabo eres una civil y puedes alegar que eres sobrina de la tía, ¿pero cómo vas a llevar al lado a un soldado republicano? Seguro que los ingleses se niegan a daros los comestibles –objeta Julio.

   -Papá, lo tengo todo pensado. Si preguntan, a Luis le haré pasar por otro sobrino de la tía. Y no sabrán que es soldado, irá vestido de civil.

   -¿Y a la tía Mechita no le puede parecer mal? –Julio sigue siendo renuente a la sugerencia de su hija mayor.

   -Pasado mañana iremos Luis y yo a visitar a la tía. Se lo presentaré y, en cuanto le cuente que es notario y que además habla inglés, con lo que gusta a la tía presumir de amistades pijas estoy convencida de que congeniarán enseguida.

Dos días después aparece Verdú a recoger a Pilar vestido de tal guisa que casi no lo reconocen, lleva un traje de tres piezas con corbata a juego y calza unos zapatos bruñidos como si de charol fuesen. Al verle, Paca no puede contenerse.

   -Ahí va, Luis, ahora sí que pareces un notario.

Como suponía Pilar, la tía Mechita y Luis congenian enseguida. Cuando termina la visita, la tía insta a la pareja a que la visiten más a menudo, así le harán compañía. Antes de irse, en un aparte, la tía pregunta a Pilar:

   -Este chico ¿está soltero o casado?

   -Casado, tía.

   -Es una lástima, formáis una magnífica pareja. Y te diré más, si no está enamorado de ti le falta el canto de un duro -Pilar se dice que la tía podrá estar vieja, pero que su percepción se mantiene joven.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 71. Los rojos han cruzado el Ebro

viernes, 11 de octubre de 2024

Libro IV. Episodio 69. La llegada al Mediterráneo


   Tras conquistar Morella, los nacionales se dirigen hacia Alcanar, ya en tierras catalanas. A mediados de abril, las fuerzas nacionales tienen a tiro de fusil la carretera y el ferrocarril de Valencia a Barcelona. La llegada al Mediterráneo, la cuenta Valdés a sus compañeros de tertulia.

   -Hoy, Viernes Santo, tropas de la IV división de Navarra han llegado al Mediterráneo por Vinaroz y Benicarló, y han dividido en dos la zona republicana, quedando Cataluña aislada del resto de España.

   Los republicanos de la tertulia del Gijón solo pueden agarrarse, para que el desánimo no cunda, a la última iniciativa que el presidente Negrín hace pública el último día de abril.

   -El presidente del gobierno ha expuesto su programa político, al que han bautizado como los Trece puntos de Negrín, donde formula las condiciones para alcanzar una paz negociada con la España franquista.

   Tras la llegada al Mediterráneo, los estrategas de salón de las tertulias se plantean la gran pregunta: ¿hacia dónde atacarán ahora los nacionales, al norte o al sur? En el Gijón parecen tenerlo claro.

   -No hay ninguna duda, al norte. Cataluña es la única región industrial que nos queda y a través de su frontera con Francia es por donde entran las armas y los suministros que tanta falta hacen a nuestro ejército.

   Por una vez, en la tertulia de la perfumería opinan lo mismo.

   -Cataluña es ahora la zona a batir y su premio final será la toma de Barcelona. En cuanto la conquistemos, los rojos se quedarán sin industria y tendrán que rendirse –explica Infantes.

   Ante el asombro de todo el mundo, Franco ordena a sus tropas que giren hacia el sur, en dirección a Valencia. Algo que la mayoría, incluidos los militares, no entienden.

   -Sinceramente, caballeros, no entiendo esa estrategia –Al comandante Yela se le ve confuso-Atacar el sur me parece un error estratégico de primera magnitud. ¿Por qué? Además de que la región valenciana apenas cuenta con industria, está el problema geográfico. La agreste orografía del Maestrazgo y la estrecha llanura costera hacen de la zona norte valenciana un buen terreno para la defensa, pues las maniobras de grandes masas de hombres han de resultar difíciles. No lo entiendo… salvo que el Caudillo tenga datos o intenciones que los demás desconocemos.

   En la tertulia de la perfumería, el siempre inabarcable Valdés apunta una de las posibles causas de la sorprendente decisión tomada por el Generalísimo.

   -Hasta donde he podido enterarme, el hecho de que los nacionales ataquen el sur puede tener motivaciones no estrictamente estratégicas. Un conocido sostiene la teoría de que en esa decisión han podido influir motivos de carácter internacional. Dice que hay que tener en cuenta que el gobierno francés, liderado por el socialista León Blum, es decidido partidario de la II República y no vería con buenos ojos que la guerra llegara hasta las puertas de su frontera sur. Y añado más, mientras nuestra guerra continúe, la atención internacional está distraída con ella y no fija su atención en los continuos desmanes anexionistas de Hitler y Mussolini que son los grandes aliados de Franco…

   Infantes explica a sus compañeros que los tres Cuerpos de ejército que se dirigen a Valencia logran, pese a la tenaz resistencia de los republicanos, conquistar Peñíscola y Lucena del Cid.

   -Julio, ¿qué te cuenta tu hijo Julián que está por allí? –pregunta Ramírez.

   -Pues qué va a contar: penalidades, piojos, algún rato de gazuza y con unas ganas locas de que se acabe la guerra –responde Julio, que añade-. Y todavía se conforma porque, como sigue en el Tren de transporte, se queda lejos de donde se cuecen las empanadas de tiros.

   -Desde luego, conquistar Valencia no va a ser fácil. Ahí, Franco se equivocó, debería haber mandado sus tropas hacia el norte y no al sur –pontifica Infantes.

   Desde finales de abril y casi todo mayo, la campaña de Levante se estanca ya que  el Ejército de Galicia, que avanza por la costa, detiene su avance frente a la línea defensiva asentada en el curso del río Cuevas al norte de Castellón, que más que río es una rambla.

   En la perfumería, Infantes explica las posibles causas del parón.

   -Más que nada, al cansancio. Nuestros soldados llevan muchos kilómetros a sus espaldas y deben de estar exhaustos; además, es posible que anden cortos de municionamiento. En cuanto se repongan, en unos días tomarán Castellón, pues entre el río Cuevas, donde ahora está el frente, y Castellón solo hay tres poblaciones: Torreblanca, Oropesa del Mar y Benicàssim, y ninguna tiene valor estratégico.

   En Madrid, Pilar ha terminado de elaborar la fórmula magistral que ha preparado para la tía Mechita. Y Eloísa se encarga de llevársela a su domicilio de la calle Lista. Antes de partir, pregunta a su hermana cuánto vale el preparado.

   -No le vamos a cobrar. Dile que es un regalo de nuestra parte.

   -Y si se empeña en pagarlo, ¿qué hago?

   -Como se ponga pesada cóbrale cinco duros.

   El piso de la tía Mechita está en un edificio antiguo, pero bien conservado, y que rezuma señorío por todos sus ladrillos.

   -Hija, muchas gracias y dáselas de mi parte a tu hermana. Casi no me acordaba de ella, pero me causó una grata impresión. A quien vi un tanto envejecido es a tu padre. ¿Cuánto cuesta la pomada?

   -Pilar me ha dicho que, tratándose de usted, nada, que lo considere un regalo de nuestra parte.

   -Ah, no, de ninguna manera. Después de lo que se ha molestado Pilar y de que me la has traído a casa no puedo aceptar que me salga gratis, dime cuánto es.

  Eloisa piensa que la tía Mechita se parece a su pariente Luis, es de las de ordeno y mando, por lo que no rechista y le dice el precio. La tía le da treinta y cinco pesetas y precisa:

   -Las diez pesetas sobrantes son para ti, para compensarte por haber venido hasta aquí. He preparado merienda, espero que me acompañes –y, agitando una campanilla, al momento aparece una doncella, con cofia y todo, y que debe de tener los mismos años que la tía, portando una enorme bandeja en la que hay de todo: infusiones, tostadas francesas, mermeladas, pastas de té y un cestillo con fruta. Eloísa hacía años que no veía semejante festín.

   A la tía le gusta charlar y comienza a contarle a la joven historias de su familia. Tiene dos hijas, una que se casó con un médico canario, Juan José Armas, del que se enamoró cuando él estudiaba medicina en Madrid, y a la que la guerra ha pillado en las islas. La otra se casó con un diplomático británico en Madrid, Henry Wolff, pareja a la que el inicio de la guerra los cogió de vacaciones en Inglaterra. Van pasando de un tema a otro hasta que tocan el problema de la escasez de víveres. Eloísa se sincera y cuenta a su tía las dificultades que tienen para llenar el puchero.

   -Igual puedo ayudaros…

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 70. Igual puedo ayudaros

viernes, 4 de octubre de 2024

Libro IV. Episodio 68. La campaña de Levante

   Eloísa sube presurosa a casa.

   -Papá, en la farmacia está la tía Mechita que ha venido a saludarnos.

   -¡La tía Mechita! Vaya por Dios, de la familia de mamá es con la que menos me he relacionado, se casó con un ingeniero que construía ferrocarriles y han vivido más años en el extranjero que en España.

   La tía está en animada conversación con Pilar y Jesús, pues en la farmacia no hay clientes, lo que no es raro ahora pues, al ser la Gran Vía bombardeada con frecuencia, la clientela ha disminuido. Julio saluda cordialmente a la mujer, la encuentra bien para su edad, pues calcula que debe estar por los setenta. Se mantiene firme y va bien vestida, quizá abusa del maquillaje y da la impresión de que tiene la cabeza en su sitio. Lo primero que ha hecho ha sido preguntar si tienen noticias de su sobrina Julia.

   Tras unos minutos de charla sobre las respectivas familias, la tía Mechita cambia de conversación mostrando que su visita no es casual.

   -Pilar, te cuento: a mi edad los problemas de la piel son frecuentes. En mi caso sufro prurito senil que se agrava cuando el ambiente es seco y caluroso y como estamos en primavera ya puedes imaginarte. Hay noches que los picores no me dejan dormir. Yo vivo en Lista y cerca, en Juan Bravo, tenía la consulta un especialista de la piel que me preparaba una crema que me iba de maravilla, pero esos malnacidos de los rojos me lo mataron en Paracuellos. He ido a otros dermatólogos, pero ninguno acierta conmigo y lo mismo me ha pasado con las farmacias. Puesto que eres una farmacéutica que acaba de graduarse he pensado que igual conoces alguna pomada o crema que me alivie el picor.

   -No soy especialista en afecciones dérmicas, tía, lo único que hago es elaborar las fórmulas magistrales que recetan los dermatólogos…

   -Pilar, ¿y no le valdría a la tía alguna de las fórmulas magistrales que te enviaba el doctor Bermejillo? –recuerda Eloísa.

   -Podría recuperarlas. Una crema que fuese al mismo tiempo hidratante y calmante. ¿Recuerda cuál era la composición de la crema que le recetaba el médico de Juan Bravo?

   -Lo único que recuerdo es que llevaba calamina.

   -Elaboraré una crema y probaremos a ver cómo le va. ¿Para cuándo la quiere?

   -Ay, hija, para cuánto antes. Otra petición, y sé que me estoy pasando, pero como somos familia… ¿Podríais traérmela a casa? Ya estoy muy mayor y, como en este barrio bombardean a menudo, venir hasta aquí es peligroso para una mujer de mi edad. Como suenen las sirenas no sé si tendré fuerzas para correr al refugio más cercano.

   -No se preocupe, tía, alguno de nosotros se la acercaremos a Lista.

   -Tía –interviene Jesús-, ¿es verdad que en el barrio de Salamanca no os han bombardeado nunca? Como allí vivís los ricos… -Jesús no puede proseguir porque su padre le ha dado un codazo.

   En el plano militar la toma de Teruel ha mostrado que el camino a Cataluña y Levante queda franco para las tropas nacionales. Y en efecto, hacia marzo Franco ordena a sus fuerzas romper el frente entre los Pirineos y el río Alfambra, aunque lo que más atrae la atención de los tertulianos es que el gobierno franquista ha promulgado una ley con el pomposo nombre del Fuero del Trabajo.

   -A ver, uno de los dos intelectuales que tenemos –dice Ramírez en alusión a Infantes y Valdés-, explicadnos qué es eso del Fuero.

   -Yo solo sé lo que he oído en Radio Nacional de España. El Fuero del Trabajo parece que va a ser una de las Leyes Fundamentales de que se quiere dotar la España nacional. Regulará todo lo relativo al mundo laboral, pero no puedo precisarte mucho más –explica Infantes.

   Otra noticia que da que hablar a las tertulias: la Alemania nazi acaba de anexionarse Austria durante el llamado Anschluss, expresión usada para referirse a la fusión de ambos países en una sola nación, lo que provoca una crisis internacional. La tertulia del Gijón lo tiene claro.

   -Ni fusión ni hostias. Lo que ha sido es una anexión a la fuerza, aunque enmascarada bajo el hecho de que ambas naciones hablan la misma lengua y tienen una cultura parecida.

   En la perfumería no son tan opuestos a la unión, aunque no acaban de entenderla bien.

   -Eso de la fusión entre alemanes y austriacos, ¿cómo lo veis? –Indaga Ramírez-, porque yo no acabo de entenderlo, no sé si es que han llegado a un acuerdo o ha sido lo de o te arrejuntas por las buenas o tendrás que hacerlo por las malas.  

   Hacia el veintitantos de marzo, se reaviva la ofensiva nacionalista en Aragón con el derrumbe del frente republicano en Huesca. A continuación, se inicia la campaña de Levante con el objetivo de capturar la región valenciana, pero esa ofensiva se tropieza con que, al sur del Ebro, se extiende la abrupta región del Maestrazgo, una de las más agrestes de España. La campaña levantina provoca toda suerte de comentarios. En la de la perfumería, Valdés, de fuentes bien informadas pero que no explicita, cuenta:

   -La idea del Estado Mayor nacionalista es conquistar Valencia, y se le ha encomendado a Varela avanzar por el Maestrazgo.

   El avance de Varela no es tan rápido como se esperaba, porque como explica un tertuliano del Gijón:

   -En un primer asalto, Varela ha logrado abrir una brecha en nuestras defensas, pero inmediatamente han cambiado las condiciones climáticas y el avance se ha ralentizado. Además, contamos con el refuerzo del nuevo armamento adquirido en Francia.

   En los diez primeros días de abril, las noticias son buenas para los tertulianos de la perfumería y malas para la peña del café Gijón.

   -En el Frente del Segre las fuerzas marroquíes de Yagüe han conquistado Lérida, aunque los nuestros se han detenido en la ribera del Segre. Esas derrotas han forzado la dimisión de Indalecio Prieto como ministro de Defensa Nacional, siendo sustituido por Negrín.

   -Personalmente, creo que es una buena decisión. Negrín tiene más coraje y mayor capacidad que el gordo Prieto al que siempre he tenido por un derrotista.

   En mayo, los nacionales atacan otra vez el frente mediterráneo, pero vuelven a encontrar dura resistencia en un nuevo tipo de defensa, la línea XYZ, que los republicanos han organizado y que serpentea por las provincias de Valencia, Castellón y una parte de Teruel hasta entrar en Cuenca. Es un sistema de defensa en profundidad constituido por una red de trincheras y refugios para aprovechar las dificultades orográficas y que, además, están bien cubiertos contra el fuego artillero y ocultas a la observación aérea, lo cual dificulta a las fuerzas enemigas atacarlas con bombardeos o tratar de tomarlas con asaltos frontales de la infantería.

   En la campaña de Levante van a enfrentarse unos 220000 republicanos agrupados en seis Cuerpos de ejército y mandados por el general Menéndez. Y poco más de 250000 nacionales, agrupados en tres Cuerpos de ejército: el de Castilla, mandado por Varela; el de Galicia, a cuyo frente está el general Aranda; y la Agrupación de Enlace, del general García Valiño, situada entre las tropas de Varela y Aranda. Enseguida comienzan a llegar las noticias de la campaña de Levante.

   -Nuestras tropas han tomado Morella. En un par de semanas nuestros muchachos se estarán bañando en el Mediterráneo –informa Infantes.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 69. La llegada al Mediterráneo

viernes, 27 de septiembre de 2024

Libro IV. Episodio 67. La tía Mechita


   El oficial de la asesoría jurídica vacila ante la pregunta de Álvaro, abre la carpeta del expediente de Andrés y la vuelve a cerrar, resulta evidente que no sabe qué hacer.

   -Verá, mi capitán, es que no tengo la autoridad suficiente para dejarle marchar. Tendría que autorizarlo alguien del Cuerpo Jurídico, yo solo soy un suplente.

   -¿Y con quién tengo que hablar? –Álvaro piensa que el asunto se está complicando y si interviene, aunque sea oralmente, un jurídico la situación puede ponerse fea.

   -Con el comandante Aguirre de la asesoría Jurídica.

   Álvaro va en busca del tal Aguirre, pero ya no está tan seguro de que el caso de su hermano pueda resolverse con una simple charla como pretendía. Piensa que, como Aguirre quiera conocer todos los pormenores de lo sucedido, el asunto puede atascarse y, si empeora, Andrés puede verse ante una corte marcial. En la secretaría de la asesoría un sargento le indica que el comandante Aguirre no recibe a nadie. Álvaro insiste y le indica al suboficial que le diga que un teniente de navío del Canarias necesita urgentemente cinco minutos de su tiempo.

  El comandante acaba por recibirle y, al presentarse Álvaro, el jurídico le pregunta por uno de sus apellidos que ha suscitado su curiosidad.

   -¿Manzano? ¿Tiene algo que ver con el teniente coronel del Cuerpo, Luis Manzano?

   -Soy sobrino suyo.

   -Vaya, hombre, ¿qué se ha hecho del cascarrabias de Luis? - 

   Álvaro le cuenta los últimos sucedidos que sabe de la vida de su tío-… y ahora está refugiado en la embajada de Guatemala.

   -Conque en la embajada de Guatemala eh, siempre supo escurrir el bulto. ¿Y qué puedo hacer por un Manzano?

   Álvaro explica al jurídico la historia que ha pergeñado sobre su hermano Andrés y las gestiones realizadas. 

   -He hablado con el alférez Miñambres que estima que no será necesario abrir un procedimiento de lo que, en el peor de los supuestos, no deja de ser más que una falta de puntualidad en un acto de servicio. Por consiguiente, le pedí si me lo podía llevar bajo mi personal responsabilidad, con la seguridad de que estará localizable en mi domicilio para cuando le llamen a declarar. Su respuesta ha sido que no tiene autoridad para ello y que debía hablarlo con alguien de la asesoría. Por eso me tiene aquí robándole su precioso tiempo.

   -Estos provisionales son la releche, se la cogen con un papel de fumar –Dicho lo cual, el comandante coge papel y pluma y garabatea una nota que se limita a doblar-. Dele esta nota a Miñambres de mi parte. Ah, y cuando vea a su tío Luis, dele un abrazo de parte de Aguirre.

   De camino hacia la planta donde tiene su despacho Miñambres, Álvaro lee[CM1]  la escueta nota del comandante: <<Sobre el caso del marinero Andrés Carreño Manzano aplíquele el artículo 41.3 del Régimen Disciplinario>>. Como no recuerda el contenido de dicho artículo, Álvaro se inquieta. A ver si Aguirre queriéndole hacer un favor, como parece desprenderse de su proceder, la ha liado, por lo que antes de dar la nota al alférez, y curándose en salud, le comenta:

   -Lo que es la vida, resulta que el comandante Aguirre fue subordinado de mi tío Luis Manzano, teniente coronel del Cuerpo. Tenga la nota que me ha dado para usted. Por cierto, recuérdeme cual es el contenido del 41.3, debería sabérmelo pero lo he olvidado.

   -El artículo 41.3 establece que: <<Antes de iniciar un procedimiento, la autoridad competente podrá ordenar la práctica de una información previa para el esclarecimiento de los hechos, cuando no revistan en principio los caracteres de una infracción disciplinaria ni de delito>>.

   -Y en el caso de mi hermano, ¿qué supone?

   -Que puede llevárselo bajo su personal responsabilidad y que deberá estar localizable para cuando se ordene la práctica de la información previa, puesto que el caso no reviste el carácter de infracción disciplinaria ni delito.

   Es oír la aclaración y Álvaro no puede contener un suspiro de satisfacción. La Virgen de Guadalupe, a la que se había encomendado, le ha echado un capote y Andrés se irá de rositas. La práctica de la información previa espera que se salde sin problemas, pues el joven contará con el testimonio de su madre y su hermana Concha que apoyarán su versión. Y, además, recuerda que las faltas leves prescriben a los dos meses, por lo que la hoja de servicios de Andrés quedará inmaculada. Al final, la práctica de la información previa de la ausencia de Andrés en el Baleares ha sido un mero paripé. Llamaron a declarar como testigos a Julia Manzano y a Concha Carreño y el expediente ha acabado siendo sobreseído. Andrés, una vez más, se va de rositas. Pese a alguna reticencia, Álvaro ha conseguido enrolar a su hermano en el Canarias como marinero voluntario por el tiempo que dure la guerra, y tras discurrir la primera semana pregunta a su compañero y amigo Juanma Ortega:

   -¿Qué tal se porta Andrés?

   -No tengo queja, el contramaestre dice que es uno de los mejores del equipo de maniobras. Parece que al fin ha madurado.

   -No ha tenido más remedio, le vio las orejas al lobo.

   A medida que discurren los meses, en el Madrid asediado aumentan los problemas alimentarios, por lo que la hambruna es cada vez más palpable. En los ultramarinos, economatos y demás puntos donde se distribuye comida los anaqueles están vacíos, y en el mercado negro los precios alcanzan cifras astronómicas. Los Carreño, pese a que siguen trocando medicamentos por comida y cuentan con las misteriosas aportaciones de Verdú, tienen parecidos problemas que el resto de la población. Un buen día, Eloísa, que se ha acercado hasta el nuevo mercado de Vallehermoso para tratar de encontrar comestibles, se tropieza con una tía lejana de su madre con quien nunca han tenido mucha relación y de la que solo recuerda su apelativo familiar, la tía Mechita, a la que saluda y se da a conocer, pues ella no la ha reconocido.

   -Así que tú eres una de las hijas de mi sobrina Julia, ¿qué tal está tu madre?

   -Está en Palma de Mallorca  con algunos de mis hermanos chicos.

   -¿Y los demás estáis en Madrid?, porque creo recordar que eráis un montón.

   -Sí, tía, aquí estamos, además de papá, Pilar, que no se si sabe que se hizo farmacéutica, Jesús y yo. Y otro hermano, Julián, está en el Ejército de la república.

   Eloísa, lista como es, se ha dado cuenta de que a la tía Mechita la alusión de que Pilar es boticaria la ha hecho pensar, percepción que se confirma con su siguiente pregunta.

   -¿Y dónde tiene la farmacia Pilar?

   -En Gran Vía, 56. ¿Por qué no viene un día a vernos? A papá le daría una alegría –Eloísa ha hecho la invitación por pura cortesía, aunque sospecha que a la tía Mechita no la va a volver a ver. La tía responde con un vago: igual me paso un día. Un detalle le ha llamado la atención a Eloísa sobre la tía Mechita: va bien arreglada y no parece que las cosas le vayan mal, al menos no tan mal como a ellos, pues su principal obsesión es la de llenar el puchero todos los días, y esa meta se revela más complicada cada día que pasa, y ahora más si peligra la huerta levantina. Cada vez tienen menos medicamentos que les sirvan de trueque, las aportaciones de Verdú van siendo más menguantes e incluso han perdido los contados comestibles que solía traer consigo Julián cuando podía escaparse unas horas del cuartel, pues resulta que el Tren de transporte de su división ha sido transferido a la región valenciana. Pero la divina providencia parece no querer abandonarlos a su suerte, pues un día aparece por la farmacia… la tía Mechita. 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 68. La campaña de Levante


 [CM1]Aro

viernes, 20 de septiembre de 2024

Libro IV. Episodio 66. Arreglando un descosido

      Andrés, ante la agresividad que muestra su hermano, vacila.

   -Verás, tato, …

   -Nada de tato, mi oficial o señor.

      Automáticamente, el joven se envara y se pone en posición de firmes, en tanto que el mayor se sienta en el duro camastro que hay en la celda.

   -Empiece, marinero, y no se deje nada en el tintero, por vergonzoso o sucio que sea.

   El muchacho cabecea, entrecierra los ojos para recordar mejor y comienza su narración.

   -Una de las casas de putas a la que más suelo ir cuando estoy en Palma es casa Gilda; bueno, la madama se llama Hermenegilda, pero todos la llaman Gilda. Allí conocí a una putita, que se hace llamar Mariló, con la que me encapriché y con la que me gastaba todo el dinero de la paga. Cuando no estaba embarcado, y tenía dinero, a veces hasta me quedaba con ella toda la noche… -Andrés se detiene como si no supiese cómo continuar.

   -Siga.

   -La noche anterior a la partida del… Baleares –parece que el nombre se le ha atragantado al muchacho-…, bebí mucho y luego me encamé con Mariló y… me quedé dormido. Te…, se lo juro, señor, me dormí. Nunca estuvo en mi ánimo desertar ni faltar a mis deberes. Mi intención era estar a bordo a la hora señalada para zarpar, pero cuando me desperté vi que la había cagado; perdón, que el buque ya había zarpado…; me enfadé mucho, pero ya no tenía remedio… No sabía qué hacer, mi mayor miedo era que lo considerasen una deserción, pues sé lo que les pasa a los desertores en tiempos de guerra… Lo que se me ocurrió para que mi ausencia no fuese calificada como deserción fue presentarme en la Comandancia y… contar una mentira: que me había sentido mal, me había desmayado y cuando me recuperé, y acudí al muelle, el crucero ya había zarpado… Y eso es todo, señor.

   Mientras Andrés ha ido desgranando su patética historia, Álvaro está cavilando cómo lograr sacar del pozo en que se ha metido el cabeza hueca de su hermano. Es un gilipollas, piensa, pero sigue siendo sangre de mi sangre y a un hermano no se le deja tirado. Si lo que ha contado es cierto, y me da en la nariz que puede serlo, no todo está perdido, todavía puede salvarse, piensa. El problema reside en qué presentar como justificación, pues lo ocurrido no le va a salvar de ser acusado de la infracción grave de faltar al servicio en tiempos de guerra y, aunque consiguiese que le aplicasen la sanción más leve, siempre sería una mancha en su hoja de servicios, con lo que su posible carrera en la Marina se vería truncada. Piensa que quizá podría servir una parte de lo que ha narrado, pero maquillándolo. No se le ocurre nada mejor y el factor tiempo puede ser crucial.

   -Bien, marinero…, te quedas aquí y no hables con nadie de lo que te pasó. Pórtate con naturalidad y pon cara de que sientes más que nadie lo ocurrido al Baleares. Yo voy a casa, tengo que hablar con mamá y los hermanos. Ah, y pide que el páter venga y te confiesas, sin dejarte uno de tus incontables pecados, y que tu contrición sea sincera.

   En casa, Álvaro reúne a la familia y les cuenta la historia inventada por Andrés, sin mencionar el burdel.

   -Necesito que mintáis por nuestro hermano. Mamá y quizá también tú, Concha, que ya eres mayor de edad, tendréis que contar esta historia: pocas horas antes de que zarpara el Baleares, Andrés se sintió indispuesto, decía que le dolía la tripa y la cabeza. Le distéis una tisana y se acostó, pensasteis en llamar al médico, pero Andrés dijo que no era necesario. Pasadas unas horas se despertó porque sentía náuseas, devolvió lo que había comido, luego le dio un mareo y se desmayó. Estabais a punto de llamar al médico cuando se recuperó. Se despidió de todos, de vosotros también –dice mirando a los dos pequeños-, y se marchó a toda prisa pues tenía que embarcarse… Al rato volvió, medio lloroso, porque el buque había zarpado. Fue entonces cuando os dijo que iba a presentarse a la Comandancia para contarles lo que le había ocurrido y que estaba a disposición del mando para lo que fuese necesario... Sé que no está bien mentir, pero no se me ocurre nada mejor para salvar a Andrés de la que le puede caer encima. La Marina es muy rigurosa en el supuesto de faltar al servicio en tiempo de guerra, y solo declarando la patraña que acabo de contaros podremos salvar a Andrés. ¿Ha quedado claro? -La afirmación es unánime.

   -Otra cosa, Concha, si te llaman a declarar junto con mamá, deja que sea ella la que hable, tú no tienes más que respaldar lo que ella diga. Y ahora me voy a hablar con alguien de la asesoría de justicia de la Comandancia a ver si consigo que la cosa no llegue a mayores porque, como llegue, el futuro de Andrés puede ser más negro que el carbón.

   En Comandancia va preguntando hasta que un compañero le indica que los casos de poca importancia los lleva el último oficial en incorporarse a la asesoría jurídica, un alférez provisional que, al parecer, es licenciado en derecho. Los contados miembros del Cuerpo Jurídico de la Armada están para los casos más graves. El nombre de dicho oficial es Pepe Miñambres.

   -A sus órdenes, mi capitán.

   -Descanse alférez. Soy Álvaro Carreño Manzano, jefe de la dirección de tiro del Canarias –Álvaro ha querido hacer una presentación aparatosa para impresionar al joven alférez-. Vengo a verle, porque en el antedespacho del contralmirante me han dicho que usted lleva las causas de menor carga procesal. Me refiero en concreto al caso del marinero voluntario del Baleares Andrés Carreño Manzano –Al ver que el oficial ha asociado en seguida los nombres, agrega-. Sí, se trata de uno de mis hermanos. ¿Ha comenzado a incoar el expediente?

   -Ah,…no…, perdone, mi capitán, pero estamos hasta arriba de trabajo y los casos de menor relevancia los vamos dejando a un lado. Me ha sonado el nombre porque está en la relación de causas pendientes –Mientras, está revolviendo un montón de carpetas de una de las gavetas-. Carreño…, sí, aquí lo tengo. Y no, mi capitán, no he llevado a cabo ningún trámite. ¿Quiere que lo agilice?

   -En absoluto, alférez, déjelo donde estaba, no hay ninguna prisa. ¿Lo ha leído?, el expediente me refiero.

   -No, mi capitán, igual lo ha hecho el sargento Sánchez, ¿quiere que lo llame?

   -No moleste a nadie, alférez. ¿Un rubio? –Álvaro no es fumador, pero siempre tiene a mano un paquete de cigarrillos como medio para engrasar las relaciones. Le ofrece el cigarrillo, mientras se acomoda en una silla-. Siéntese, tengo que contarle algo -Y el placentino le cuenta al oficial la historia que ha urdido sobre la supuesta dolencia y desvanecimiento de Andrés-… como verá, alférez, estamos ante un supuesto de fuerza mayor, al sentirse mal y acabar desmayándose el marinero no pudo estar a bordo del Baleares en la que, quién lo habría pensado, iba a ser su última travesía. Como cuando se indispuso se encontraba en mi domicilio, mi señora madre y mis otros hermanos fueron testigos de lo ocurrido. Por supuesto, tanto mi madre, como mi hermana Concha, que es la única mayor de edad, pueden atestiguar lo ocurrido, por lo que no creo que sea necesario abrir un procedimiento de lo que, en el peor de los supuestos, no será más que una falta de puntualidad en un acto de servicio, cuya sanción únicamente es la reprensión o la privación de salida de uno a ocho días. En consecuencia, creo que me lo puedo llevar bajo mi personal responsabilidad. Estará localizable en mi domicilio para cuando le llamen a declarar. ¿De acuerdo? 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 67. La tía Mechita

viernes, 13 de septiembre de 2024

Libro IV. Episodio 65. No tienes remedio, hermano


   El Canarias y el Almirante Cervera han amarrado en Porto Pi y han comenzado a desembarcar a los supervivientes del Baleares. Álvaro es de los primeros en descender y en la misma escalerilla del Cervera va preguntando a los marineros por su hermano. De pronto ve al Guti que parece un eccehomo.

   -Te has salvado Guti, me alegro por ti.

   -De la que me he librado, tío, creí que no lo contaba. Vosotros habéis tenido más suerte, pero lo nuestro ha sido una masacre. ¿Qué haces aquí?

   -Preguntando por mi hermano, no sé qué le ha podido pasar porque nadie lo ha visto.

   -¡Cómo coño iban a verlo si no estaba a bordo!

   -¡¿Cómo?!

   -Que no estaba en el buque. El pichabrava de tu hermanito supongo que debe de estar en el calabozo. Antes de zarpar, y tras el pase de lista, me dijo el contramaestre de guardia que el marinero Andrés Carreño no estaba en su puesto. Anoté su ausencia y di el correspondiente parte. Me jodió hacerlo al tratarse de tu hermano, pero era mi deber. Como el parte ha debido pasar a Comandancia supongo que a estas alturas el semental de tu hermano estará enchiquerado, pero, mira por dónde, se ha librado del naufragio. Lo mismo se ha salvado por putero.

   Álvaro no sabe si reír o llorar, ¡¡Andrés está vivo!! En estos momentos le importa un rábano el motivo por el que no se presentó en su puesto, lo que sí importa es que está vivo y que no ha de pasar por el mal trago de decirle a su madre que ha perdido a uno de sus hijos.

   Resulta que en casa saben lo del hundimiento del Baleares, pero también que a Andrés no le ha ocurrido nada, pues les ha podido mandar una nota de que está en los calabozos de la Comandancia y que se encuentra bien. Por eso los Carreño estaban más preocupados por el primogénito que por el pequeño. Tras escuchar el breve resumen que hace Álvaro de la batalla del cabo de Palos, Julia le pregunta:

   -¿Y sabes cuál es el motivo por el que Andrés está encerrado? ¿Qué ha podido hacer ese balarrasa?

   -No tengo ni idea, mamá, pero en un par de horas lo averiguaré.

   En cuanto se ducha, se cambia el uniforme y toma un tentempié, Álvaro se dirige a la Comandancia. Un infante de marina le hace pasar al despacho del oficial de guardia, un jovencísimo alférez provisional del Cuerpo de Infantería de Marina que luce en la camisa la estrella dorada de seis puntas sobre un parche negro que identifica a los provisionales. El oficial, al ver los galones y la coca en la bocamanga de Álvaro, se levanta inmediatamente y se cuadra.

   -A sus órdenes, mi capitán.

   -Descanse. Vengo por el marinero voluntario Andrés Carreño Manzano, desti… -rectifica-, que estaba destinado en el crucero Baleares y que, por lo que me han informado, está en los calabozos de esta Comandancia. ¿Qué falta o faltas ha cometido? 

    El alférez mira unos papeles, consulta un registro y, visiblemente azorado le explica:

   -No consta que haya cometido ninguna falta, al menos hasta que un jurídico estudie su caso. Aquí dice que se presentó en la Comandancia alegando que formaba parte de la dotación del crucero Baleares y que, horas antes de embarcar, se sintió mal y se desvaneció, y cuando se repuso el buque había levado anclas y, no sabiendo qué hacer, se presentó en Comandancia para que no se le considerara desertor. De hecho, en el registro no aparece como arrestado sino que está a disposición de la autoridad jurídica de la Marina. Es cuanto puedo decirle.

   -Gracias, alférez. ¿Puedo hablar con el marinero en cuestión?

   -No tengo ninguna orden al respecto… -el alférez vacila-, pero supongo que no habrá ningún inconveniente. Sargento –llama el oficial-, acompañe al teniente de navío…, perdone, no me ha dicho su nombre.

   -Álvaro –dice escuetamente Carreño que, por ahora, no quiere darse a conocer como familiar de Andrés.

   -Acompañe al teniente de navío Álvaro a la celda del marinero Carreño.

   El estado de Andrés es deplorable: demacrado, con barba y con ojos turbios como si no hubiese dormido en días. Cuando ve a su hermano el primer impulso es echarse en sus brazos, pero se contiene al ver también al sargento, se levanta y se cuadra.

   -A sus órdenes, mi oficial –y sigue con el paripé-. Andrés Carreño Manzano, marinero voluntario del crucero Baleares.

   -Déjenos solos, sargento.

   La primera intención que tiene Álvaro, al quedarse a solas con su hermano, ha sido abofetearlo, pero se contiene y se limita a decirle con su tono más despectivo:

    -No tienes remedio, hermano.

   Andrés no se atreve a responder, se siente demasiado avergonzado. Es consciente de que esta vez la ha fastidiado, pero bien. Ni siquiera se atreve a mirar a los ojos al tato. Un penoso silencio se adueña de la celda, mientras ambos hermanos parecen estar separados por un muro infranqueable. Es el mayor quien lo rompe.

   -Me vas a contar de pe a pa lo ocurrido, ¡y ni se te ocurra mentirme!

   -Es que… no sé por dónde empezar…

   -Prueba por el principio –La voz de Álvaro parece el filo de una navaja cabritera.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 66. Arreglando un descosido