viernes, 2 de agosto de 2024

Libro IV. Episodio 59. Una solicitud de permiso

   A Pilar y Luis que, a espaldas del resto de los Carreño, hacen más que manitas, apenas si les interesan las noticias de la guerra, pero sí otras que son consecuencia de la misma.

   -No sé si te vas a librar por ser una profesional, pero te hago saber que los nacionales han creado el Servicio Social Obligatorio para mujeres solteras entre 17 y 35 años –cuenta Luis.

   -Eso del Servicio Social ¿no es algo que ya funciona en la Sección Femenina de Falange?

   -Básicamente sí, pero a partir de ahora será obligatorio para poder acceder a un trabajo remunerado o a un título oficial, pero también se exigirá para unirse a una asociación, obtener el pasaporte o el carné de conducir.

   -¿Y qué pretenden con ello?

   -Más o menos, lo mismo que la Sección Femenina, preparar a la mujer como madre, esposa y ama de casa para el futuro y educarla en la sumisión para que sea la transmisora de dichas pautas a las siguientes generaciones a través de los hijos.

   -O sea que, como diría mi abuela Pilar, que todas las mujeres tengan la pierna quebrada y en casa. A poco que pueda no me van a ver ni por la Sección Femenina ni por ese Servicio –afirma Pilar, al tiempo que piensa que si su padre oyera las conversaciones que mantiene con su novio, le echaría una sonora bronca, como poco.

   La pareja vive su clandestino romance con la ilusión de jóvenes enamorados, aunque no deja de incomodarles que a su edad tengan que comportarse como si fuesen adolescentes escondiendo sus sentimientos frente a los Carreño. Pilar se lamenta de no tener con quien explayarse sobre el romántico momento que vive, hasta que una tarde aparece por la farmacia la esposa de Ramírez, el perfumista.

   -¿Sigues sin saber nada de tu madre y hermanos? No sabes cuánto la echo de menos. Por cierto, el pasado domingo te vi paseando por el Retiro muy amartelada. Me alegro de que, en estas terribles circunstancias, haya tiempo para el amor; quizá sea el único sentimiento capaz de hacer olvidar la guerra.

   Pilar no ha respondido, ha esbozado una forzada sonrisa y ha despachado el medicamento que le había pedido la señora Ramírez. En el primer receso que tiene piensa en lo que le ha comentado la amiga de su madre. Se reprocha que tanto Luis como ella están siendo descuidados, si andaban por el Retiro es porque no es lugar frecuentado por sus hermanos, pero hete ahí que alguien que la conoce les ha visto. ¿Y qué pasa si se lo comenta a papá, asiduo a la tertulia de la perfumería?, querrá saber quién era el hombre que me acompañaba, se dice. Llega a la conclusión de que tendrá que volver a hablar del asunto con la señora Ramírez para ver hasta qué punto peligra su romance. Aprovecha un encargo hecho por Charo y se lo lleva a casa.

   -Pilar, gracias, pero no tendrías que haberte molestado, ya habría pasado por la farmacia a recogerlo. Cuando venía a visitarme tu madre siempre le preparaba té, ¿te apetece uno?

   -Me encanta, señora Ramírez.

   -Por favor, no soy tan vieja para lo de señora Ramírez. Mi nombre es María del Rosario, y los amigos me llaman Charo, espero contarte entre los últimos.

   Ambas mujeres inician un diálogo en el que pronto descubren que, salvo en la edad, tienen mucho en común. Resulta que Charo estudiaba Química en la universidad de Valencia, cuando conoció a quien sería su esposo, se casó y se olvidó de los estudios, pero, aunque no acabó la carrera, su formación universitaria le sale por todos los poros. En un momento de la conversación, sin saber muy bien por qué, Pilar se sorprende a sí misma confesando a su nueva amiga su romance con Luis y cómo ha de ocultarlo al resto de los suyos, pues sabe que les proporcionaría un tremendo disgusto. Charo la escucha atentamente y deja que la boticaria se desahogue. Pilar no se ha dejado nada en el tintero y cuando acaba queda callada, esperando la reacción de su interlocutora. Hay una pausa en la que Pilar está expectante pensando en lo que pueda decirle la amiga de su madre, hasta que…

   -Verás, Pilar, lo primero que quiero es darte las gracias por tu valentía al contarme tu… -busca el mejor nombre posible- romance. Y entiendo las reservas hacia tu familia; a través del trato con tu madre he llegado a conocer bien cómo piensan los tuyos. Y, aunque es cierto que tienes una familia modélica en tantísimos aspectos, también lo es que, en cuanto a liberalidad, a flexibilidad, a talante moderno, dejan que desear. Están muy apegados a tradiciones y formas de pensar demasiado restrictivas y anquilosadas. Y entiendo que, si te has enamorado, quieras formar pareja sin que te importe un ardite el qué dirán. San Agustín, cuya lectura deberías recomendar a los tuyos, decía que todo es amor. Y si lo tuyo con ese hombre, Luis me has dicho que se llama, es amor del bueno y él te paga con la misma moneda, mi consejo es que vivas tu vida, olvídate del qué dirán y ponte el mundo por montera.

   A todo eso, entre el 17 y el 20 de octubre se produce lo que era un final cantado: una de tantas entidades regionales que funcionan al margen del gobierno estatal, el Consejo Soberano de Asturias y León, decide evacuar el territorio que está bajo su dominio. Un día después los nacionales conquistan Gijón y Avilés.

   En cuanto desaparece el frente norte, Álvaro, con la inestimable ayuda de su segundo en el control de tiro que tiene buena pluma, redacta el oficio dirigido al comandante del Canarias solicitándole un permiso especial para buscar a su familia en la provincia santanderina, ahora que ya es de los nacionales. Tras varios borradores el oficio queda así:

   Ilmo. Sr. Comandante-Jefe del crucero Canarias.

   Julio Carreño Manzano, teniente de navío, ocupando el cargo de primer jefe de la estación transmisora de la dirección de tiro del crucero Canarias, se dirige respetuosamente a V.I. y DECLARA:

   Que estando su madre, Julia Manzano, y sus hermanos, Concha Carreño, Andrés Carreño, Ángela Carreño y Froilán Carreño residiendo en Suances (Santander), donde estaban veraneando cuando se inició el Glorioso Movimiento Nacional, se propone ir a rescatarles para, en el supuesto de encontrarlos, llevarlos a Cádiz, ciudad en la que el que suscribe ha alquilado una casa donde puedan vivir. Los precitados familiares no tienen nadie más que les ampare, pues el resto de la familia reside, desgraciadamente, en Madrid.

   Por lo cual, respetuosamente RUEGA a V.I.:

   La concesión de un permiso extraordinario, siempre sujeto a las necesidades del servicio, de una duración aproximada de quince días, para realizar lo declarado anteriormente.

   Gracia que espera alcanzar del recto proceder de V.I., cuya vida guarde Dios muchos años.

   En el crucero Canarias, a 22 de octubre de 1937. II Año Triunfal.

   Firmado: Julio Carreño Manzano. Teniente de navío.

 

Y ahora, que el Señor me dé suerte, se dice Álvaro.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 60. El reencuentro

viernes, 26 de julio de 2024

Libro IV. Episodio 58. Belchite


   Tras la información de Bermejillo de que el Frente Popular ha hecho un llamamiento a los muchachos de 15, 16 y 17 años para trabajar en las compañías de ingenieros, a Julia le falta tiempo para avisar a su hijo Andrés de que se olvide del reparto de leche y vuelva a casa a esconderse.

   -Mamá, es el peor sitio para esconderme, si vienen a por mí me encontrarán enseguida. Creo que es mejor que vaya a esconderme a la vaquería porque, como está en las afueras y el tío Tomasuco solo tiene hijas, no se les ocurrirá ir por allí.

   En Santander, días antes de la entrada de los nacionales, se produce una desbandada, miles de mujeres, niños y familias enteras huyen a Francia a bordo de barcos británicos. Cuando se entera, Julia piensa en coger los niños y marcharse también a Francia, y luego continuar viaje a Madrid, pero Bermejillo le quita la idea.

   -Ni se te ocurra, Julia, eso es una auténtica locura. De entrada, ¿quieres mezclarte con todo el rojerío que huye de la ciudad? Y luego, ¿quién te asegura que una vez en suelo francés te dejarán volver a España? Lo que deberías hacer es lo que vamos a hacer nosotros: quedarnos aquí y esperar a que se acabe esta maldita guerra y podamos volver a Madrid.

   Julia sigue el consejo de Guillermo y decide quedarse en Santander y esperar a que se acabe la guerra pues, pese al poco tiempo que llevan en la ciudad, se han acomodado y están saliendo adelante. Incluso han podido reponer parte de su guardarropa, y el angustioso problema de la comida, que tuvieron en Suances, ha dejado de quitarle el sueño.

   A pesar de que el Ejército Popular lanza una ofensiva en el frente de Aragón, con el objetivo de parar la progresión nacional en el norte, a fines  de agosto las tropas navarras e italianas entran en la provincia de Santander. Las últimas tropas republicanas se rinden y, en Santoña, las unidades vascas, que estaban a bordo de barcos ingleses, se ven obligadas a desembarcar. Julia, que lleva más de un año esperando este día, no puede contenerse, abandona la recepción de la clínica y se lanza a la calle para vitorear a las tropas que desfilan por la ciudad. No está sola, miles de santanderinos han hecho lo mismo y las calles se pueblan de personas que, brazo en alto y cantando el Cara al sol, hacen pasillo a los vencedores.

   Unos días después de la entrada de los nacionales, Julia se pone en contacto con el gobierno militar de la ciudad y trata de conseguir noticias de Álvaro, aduciendo que es la madre de un alférez de navío de la Armada nacional, cuyo último destino después del 18 de julio fue el destructor Velasco con base en Marín. A pesar de sus gestiones no consigue ninguna pista dado que, entre el Ejército de tierra y la Armada, la comunicación no es todo lo buena que debería ser.

   En tanto, las fuerzas nacionales siguen adentrándose en la provincia santanderina con la mira puesta en la vecina Asturias. Mientras, en el hasta ahora semidormido frente aragonés la situación se ha puesto al rojo vivo; a fines de agosto el Ejército popular lanza una ofensiva con un doble objetivo: capturar Zaragoza y parar la acometida en el norte. Pese a que para lo último han llegado tarde, los republicanos, bien dotados ahora de hombres y armamento, atacan una zona pobremente defendida.

   En la tertulia republicana del café Gijón, los tertulianos celebran las buenas nuevas.

   -Hemos tomado Quinto y Belchite ha sido rodeada, pero parece que los fascistas se están defendiendo con uñas y dientes.

   Cuando Valdés lo cuenta en la tertulia de la perfumería, Infantes le da la vuelta a la información.

   -Habría que añadir que nuestras tropas aguantan los ataques republicanos, pues, al parecer, Franco ha ordenado la resistencia en la zona y ha enviado refuerzos.

   En la tertulia del Gijón, Valdés se entera de unas informaciones que no aparecen en la prensa republicana.

   -Nuestro Estado Mayor reconoce que es imposible conquistar Zaragoza. La orden que ha dado es defender y consolidar el terreno conquistado en Aragón pero, al mismo tiempo, seguir atacando Belchite y, aunque una división de los fachas ha intentado llegar al pueblo, ha sido frenada por el fuego de nuestra artillería.

   Las noticias sobre Belchite que se comentan hoy en el Canarias son malas para los nacionales.

   - Los republicanos han entrado en Belchite y se combate en las calles. Nuestro mando ha autorizado a las tropas a huir al no poder enviar una columna de socorro. Al parecer, al amparo de la noche, un grupo de resistentes han conseguido huir, pero la localidad puede darse por perdida.

   Lo último lo confirma uno de los asistentes a la tertulia del Gijón en medio del general alborozo.

   -Después de una larga lucha, los nuestros han tomado Belchite. Junto con el coronel San Martín, defensor de la plaza, han quedado varios centenares de heridos, población civil y cientos de soldados.   

   Con el empate que ha supuesto en realidad la batalla de Belchite las armas han quedado en silencio, pero en el frente del norte continúan oyéndose disparos, pues los nacionales cierran el frente de Santander y logran cruzar el río Deva,​ que marca el límite entre Asturias y Santander. Luego, siguen avanzando en Asturias. Los republicanos, una vez más, intentan una maniobra colateral y lanzan una ofensiva en el Pirineo oscense con el objetivo de tomar Jaca, además de cortar la carretera que une dicha ciudad con Pamplona. Consiguen tomar varios pueblos y cruzan el río Gállego, y cortan el ferrocarril entre Huesca y Jaca. Los nacionales llevan a ese frente nuevas fuerzas con las que logran taponar la ofensiva republicana.

   Al tiempo que eso ocurre, en la tertulia del Gijón comentan las últimas noticias.

   -El doctor Negrín ha viajado a Ginebra para participar en la Asamblea de la Sociedad de las Naciones y pedir que se levante el embargo, se restablezca el libre comercio con la República y se prohíba la ayuda extranjera para equilibrar las fuerzas.

   -A ver si de una puta vez los nazis y los fascistas italianos se vuelven adonde vinieron, que aquí no se les ha perdido nada.

   El pseudo gobierno asturiano, en previsión de futuros avances de los nacionales, lleva a cientos de niños al puerto de El Musel para ser evacuados a la URSS. Mientras, las fuerzas nacionales, ahora mandadas por Muñoz Grandes, alcanzan los lagos de Covadonga. Visto lo cual, las autoridades republicanas deciden centrar sus esfuerzos defensivos en la ciudad de Gijón.

   En la perfumería los tertulianos comentan otras noticias.

   -¿Sabéis que La Junta de Burgos ha establecido el 1 de octubre como la Fiesta Nacional del Caudillo para celebrar su ascenso a la jefatura del estado? –pregunta Julio.  

   -Me parece que comienza a haber entre los nuestros un exceso de culto al personalismo –opina Infantes ante la sorpresa de sus amigos-. Nadie discute a Franco sus victorias, pero de eso a dedicarle un día creo que es pasarse.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 59.  Una solicitud de permiso

viernes, 19 de julio de 2024

Libro IV. Episodio 57. Álvaro, teniente de navío


   El 22 de agosto, fecha en que la flota republicana abandona Santander, Álvaro recibe el nombramiento de su nuevo empleo, ha sido ascendido a teniente de navío, capitán en el ejército de tierra. Con ese motivo recibe la llamada de su comandante que, además de felicitarle por su ascenso, le confirma en su puesto de jefe de la estación transmisora de la dirección de tiro. ¡Acaba de convertirse, de iure, en el primer artillero del Canarias, pues de facto ya lo era! Álvaro piensa en lo orgullosos que se sentirían los suyos si pudiesen ver que en la bocamanga de su uniforme en vez del único galón que portaba como alférez de navío ahora lleva dos. A través del británico Boris Wourky ha recibido una carta por la que sabe que su familia de Madrid está bien; quienes le preocupan son los de Suances de los que no ha recibido noticia alguna, pese a que les ha mandado varias cartas. Lo cual refuerza su intención de que, en cuanto la provincia santanderina sea liberada, debe solicitar permiso para desplazarse hasta allí e intentar recuperar a su madre y sus hermanos chicos.

   Entretanto, Pilar y Luis intentan por todos los medios vivir de espaldas a la guerra; como mucho, comentan noticias curiosas, anecdóticas o superficiales, pues pese a que el ruido de los sables no cesa, el río de la vida sigue fluyendo.

   -¿A que no sabes de qué me enteré ayer? Que un cuadro mural de Picasso, llamado El Guernica, se ha mostrado por primera vez en el pabellón español de la Exposición Internacional de París –cuenta Luis.

   -No conocí a Picasso hasta que llegué a la Institución Libre de Enseñanza, pero fue verlo y me enamoré de su pintura. Por cierto, ¿sabes a cómo estamos hoy?

    -A 18 de julio, ¿por qué?

    -Porque mi padre nos ha recordado esta mañana que es el aniversario del Alzamiento y día de la Fiesta Nacional que da inicio al II Año Triunfal en la zona nacional. 

   La pareja en ocasiones también comenta las noticias no estrictamente bélicas que depara la existencia de dos gobiernos en el mismo estado.

   -Los nacionales han copiado al gobierno de la República y han creado una obra benéfica en la Falange llamada Auxilio Social, una especie de Socorro Rojo aunque es más bien azul -comenta Pilar.

   -Yo tengo otra también de los nacionales: el gobierno de Burgos ha decretado la depuración, de todas las bibliotecas públicas y centros de cultura, de aquellas obras que contengan ideas nocivas para la sociedad, y se han dictado normas para regular la literatura pornográfica –cuenta, a su vez, Luis.

   -¿Y esa depuración en qué se traducirá?

   -Ya puedes suponerlo, en la quema de libros. Me temo que los que tu padre llama los nuestros pretendan resucitar la Inquisición. No lo vamos a tener fácil con ellos -Es uno de los muchos rasgos de Luis que valora Pilar. Pese a la fama de conservadores que arrastran los notarios, el murciano tiene un notable talante liberal.

   Los Carreño de Santander han ido acomodándose a su nueva vida en la capital cántabra. Las aportaciones de Concha, Andrés y Froilán están siendo significativas para complementar el sueldo de Julia, de manera que se encuentran mejor de cómo estaban en Suances. Además, tienen un motivo poderoso para estar esperanzados, el avance de las fuerzas nacionales desde Vizcaya parece imparable. Julia, que ha retomado sus visitas a casa de los Bermejillo, pide a la esposa del médico que le cuente las últimas noticias que ha escuchado en Radio Nacional de España.

   -Las Brigadas de Navarra partieron de Palencia en dirección a Reinosa y días después entraron en la localidad, y unidades italianas han llegado al Valle del Pas.

   -¿Entonces los nuestros llegarán pronto a la ciudad? –pregunta, esperanzada, Julia.

   -Dice Guillermo que dependerá mucho de la posición que adopten las fuerzas vascas porque, al parecer, hay conversaciones entre líderes del Partido Nacionalista Vasco y agentes italianos para tantear la posibilidad de una paz separada para Las Vascongadas.

   Y en efecto, el dirigente del PNV, Ajuriaguerra, se reúne con los responsables de las tropas italianas en España para firmar el llamado Pacto de Santoña, que establece los términos de rendición del Ejército de Euskadi, y días después representantes vascos firman la rendición incondicional ante las tropas italianas, pero el general Dávila desautoriza a los italianos y no acepta el pacto de rendición del Ejército vasco. El general Gamir, jefe republicano del Ejército del norte, al constatar la defección de los vascos, ordena el repliegue de sus tropas hacia Asturias.

   Pese a la inmediatez de la entrada de los nacionales en Santander, en el último momento Julia tiene otro motivo de grave preocupación pues, como le cuenta Bermejillo, la República está tomando medidas drásticas.

   -Los nuestros van a entrar en la ciudad en cuestión de días si no de horas, pero los jóvenes como tu hijo Andrés corren peligro ya que, ante la imposibilidad de movilizar nuevas quintas, el Frente Popular ha hecho un llamamiento a los muchachos de 15, 16 y 17 años para trabajar en las compañías de ingenieros.

   -¿Entonces se me lo van a llevar?

   -No, si lo escondes hasta que lleguen los nuestros.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 58. Belchite

martes, 16 de julio de 2024

RECUERDOS DE UN OCTOGENARIO. A la mar en carro.

 

   Recuerdo que hace ochenta años y más, la festividad de la Mare de Déu del Carmen, para muchos torreblanquins de entonces era una de las fechas en las que iban a la mar. Aparejaban el mulo al carro, cargaban la familia y …a la mar ens anirem a vore les marineres que cusen sense didal i tallen sense tisores. Cuando llegaban al codolar –playa no había- desengachaban el mulo y todo el mundo a remojarse, incluida la acémila a la que metían mar adentro y que le servía para desparasitarse. Ellos se bañaban con los calzones largos a rayas blancas y azules o grises, ellas en viso –lo de los bañadores, y no digamos los bikines, eran una rareza- y la chavalería con calzones cortos o en porreta. Nadie se metía mar adentro porque eran escasos los que sabían nadar y le tenían un reverencial temor al agua.

   Els torreblanquins, hasta la década de los setenta, vivían de espaldas a la mar y solo  la visitaban cuatro o cinco días al año: Sant Pere, la Mare de Déu del Carmen, Sant Jaume i la Mare de Déu d´Agost. Este dato hoy puede parecer poco creíble, pero es tal cual lo cuento.

   A mediodía se solía cocinar una paella –el plato por excelencia de los días de fiesta- junto al codolar, y con el sol todavía con recorrido para ocultarse cargaban la familia y los trastos y camí al poble por la carretera de tierra que unía Torrenostra con Torreblanca. Y salvo algún caso aislado no se mezclaban con los pescadores –els mariners-, que no dejaban de ser unos tipos raros que no tenían terres, llamaban popa al trasero y jugaban al fútbol con los pies descalzos. ¡Qué tiempos aquellos, no fueron ni mejores ni  peores, solo diferentes!

 

viernes, 12 de julio de 2024

Libro IV. Episodio 56. Una tertulia republicana


   Pilar y Luis se citan en la cafetería del Hotel Gaylord de la calle Alfonso XI. Cuando llega Pilar, encuentra a Luis charlando animadamente con una rubia larguirucha, de la que el murciano se despide con un cálido apretón de manos en cuanto la divisa.

   -Y esa rubia con unas piernas que parece que le nacen de los hombros, ¿dónde te la has ligado? –pregunta una sorprendida Pilar, no tanto por la rubia sino porque acaba de descubrir que se siente celosa.

   -¡Qué va!, es una corresponsal de guerra. Se llama  Martha Gellhorn y escribe para la revista Collier's, una publicación femenina estadounidense. Le he tenido que hacer de intérprete para que el camarero la entendiera. ¿Tú sabías que Madrid está lleno de periodistas de medio mundo venidos a informar de la guerra? Y entre ellos hay algunos que son escritores consagrados de los que posiblemente hayas leído alguna obra. ¿Te suenen nombres como Hemingway, John Dos Passos, Antoine de Saint-Exupéry, George Orwell, André Malraux o  Neruda…? Todos ellos, y más que ahora no recuerdo, están escribiendo reportajes para los principales rotativos de medio mundo –Pilar piensa que por detalles así le gusta Luis. No solo tiene una gran cultura, de la que no suele hacer gala, sino que es muy ameno describiendo cualquier situación, pero lo que le pregunta es algo trivial.

   -¿Y están todos alojados en el hotel?

   -Supongo que todos no, creo que también hay muchos en el Hotel Florida y también se juntan muchos en Chicote.

   -Aunque está en mi calle nunca estuve en Chicote, ¿me llevarás algún día?

   -Te llevaré a donde quieras, hasta a la luna si me lo pides –contesta, con voz firme, el hombre.

   Pilar le mira amorosamente, por eso le ha cogido cariño, es evidente que Luis está perdidamente enamorado de ella y que no encontrará a un hombre que esté dispuesto a hacer lo imposible para complacerla.

   Lisardo Valdés lleva a la tertulia una propuesta que parece descabellada: un compañero de su logia le ha invitado a participar en una tertulia en la que comentan las noticias más destacadas del momento. El problema reside en que la mayoría de participantes son del PSOE y de la UGT, y hay un par que si no tienen carné del PC les debe de faltar poco.

   -Hombre, Lisardo eso es un disparate, ¿pero tú no dices que eres de derechas y ahora pretendes meterte en un grupo de rojos? No te entiendo –le reprocha Ramírez.

   -Había pensado en que si voy de vez en cuando, más a escuchar que a opinar, podría enterarme de noticias que, de otra forma, no llegaremos a saber y también sería una manera de conocer cómo ven el desarrollo de la guerra desde la perspectiva republicana –se explica Valdés.

   -Lo que apunta Lisardo está bien traído, sería como tener una fuente directa de lo que opinan nuestros enemigos. Siempre y cuando, amigo mío, no te vayas de la lengua, metas la pata y descubran que eres del otro bando –opina Infantes.

   -Yo no sé si sería capaz de tener la sangre fría para estar en medio de una panda de rojos y no soltarles cuatro frescas –dice Julio con cierto candor.

   -¿Qué me decís, voy o no voy?

   -Bueno, por probar que no quede, pero ve con tiento –le aconseja Julio.

   En su primera presencia en la tertulia del café Gijón, Valdés se entera de cómo se desarrolla el ataque en la zona noroeste de la provincia madrileña.

   -Camaradas -cuenta un tertuliano-, dos grandes noticias: las tropas de Líster han ocupado Brunete y Villanueva de la Cañada y las de El Campesino mantienen un duro cerco sobre Quijorna. El resto de divisiones continúan su asedio a Villanueva del Pardillo y Boadilla del Monte.

   -Carlos, te has olvidado contar que los nuestros también han tomado Albarracín. Espero que se hayan cargado a todos los meapilas y fachas que encuentren –desea otro tertuliano.

   Noticias que al día siguiente repite Valdés a sus amigos de la trastienda y a las que Infantes pone reparos.

   -Esos rojos lo ven todo de color rosa, pero se han olvidado añadir que en el flanco sur de Madrid están fracasando en su intento de alcanzar Alcorcón y que, al tiempo, llegan reservas por tierra y aire, entre ellas parte de la Legión Cóndor. Y les van a dar p´al pelo –Infantes se ha puesto castizo.

   En el Canarias se celebran unas exequias marineras en recuerdo de los más de trescientos marineros del acorazado republicano Jaime I, hundido en junio tras una explosión en la base naval de Cartagena. Pese a que el buque y su dotación ahora son enemigos, no dejan de formar parte de la Armada española y son muchos los tripulantes del crucero que conocieron e incluso fueron amigos de algunos de los fallecidos. Al terminar el acto religioso, Álvaro habla con su superior orgánico, el teniente de navío jefe de la dirección de tiro del Canarias, sobre una idea a la que lleva dando vueltas hace tiempo. Como está al corriente del avance en el norte del Ejército nacional es consciente de que la liberación de Santander no puede tardar y, cuando eso ocurra, está decidido a pedir permiso para desplazarse a la provincia cántabra y buscar a su madre y hermanos, si es que están vivos y siguen allí. La respuesta de su superior es la que esperaba.

   -Hazlo, Carreño, avalaré tu petición y, si puedo, moveré algunos hilos para que te la concedan, siempre que las necesidades del servicio no lo impidan. Si los encuentras, ¿qué piensas hacer con ellos?

   -Llevármelos a Cádiz. En previsión he alquilado una casa en el barrio de La Viña.

   -¿Y si el buque cambia de base, también te los llevarás contigo?

   -Por supuesto, allí donde tenga la base el crucero, allí estará mi familia.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 57. Álvaro teniente de navío

viernes, 5 de julio de 2024

Libro IV. Episodio 55. Con estos bueyes tendremos que arar


   Al oír la propuesta de Bermejillo de que puede tener un trabajo en Santander, Julia, que últimamente está muy sensible, se emociona hasta el extremo de que casi se le saltan las lágrimas, no llora pero le da un fuerte abrazo al médico.

   -Gracias de corazón, Guillermo, tenerte de amigo vale más que todo el oro que los rojos robaron del Banco de España… -Como Julia ha elevado algo el tono debido a la emoción, Bermejillo la regaña.

   -Chist, no hables tan alto que pueden oírte. La mayoría del personal y de los pacientes piensan como nosotros, pero nunca se sabe quién puede estar escuchando. Si trabajas aquí tendrás que contenerte y no decir en voz alta lo que sientes. Anda, ven conmigo que te voy a presentar al gerente, le diré que estuviste de recepcionista en el Instituto de Investigaciones Médicas del doctor Jiménez Díaz, que aquí tiene mucho predicamento. Habla poco y sonríe mucho.

   A fines de junio, cuando las tropas nacionales llegan al límite de Vizcaya con Burgos y Santander, los Carreño abandonan el pueblo. En Suances han sido felices y han pasado días duros, pero siguen unidos y vivos, lo que venga después, Dios dirá. Julia coge a sus hijos y sus escasas pertenencias y se marcha a Santander, huyendo de los presuntos peligros que supone la reactivación del Comité Antifascista local. En la capital cuenta con un empleo de recepcionista, y el problema de la casa lo ha resuelto gracias a un primo de su casero de Suances, que le ha ayudado a encontrar una casita en el barrio de pescadores. Aunque su trabajo apenas si les va a dar para subsistir, confía en que sus dos hijos mayores le ayuden a complementar los ingresos familiares y puedan vivir con cierta dignidad. Como siempre, procura ir un paso por delante de los acontecimientos, por lo que ahora se plantea, dado que los nacionales avanzan hacia Santander, ¿qué hacer, quedarse en la ciudad o ir a vivir a otro lugar? Porque es evidente que a Madrid no podrá volver mientras la capital continúe siendo republicana.

   En Santander, las preocupaciones de Julia son organizar la casa, buscar trabajo para los mayores y darles algún quehacer a los más chicos para que no se pasen el día callejeando. Tiene suerte, una anciana clienta de la clínica necesita alguien que la cuide. Se trata de la esposa de uno de los asesinados, en diciembre del 36, que estaba preso en el Alfonso Pérez, el barco que se habilitó como prisión en la dársena de Maliaño, y Concha es una candidata ideal para atender a la viuda. En cuanto Andrés, se ha buscado la vida por su cuenta, repartirá leche de una vaquería de las afueras de la ciudad con un triciclo que acarrea dos cántaras de leche y tres medidas de dos, uno y medio litro; el joven se hace enseguida con el trabajo y va por las calles pregonando ¡Leche fresca, leche del día!. Ángela, haciendo de tripas corazón, se encarga de la casa y Froilán es recadero de un tendero de ultramarinos que se está forrando con el estraperlo.

   En Madrid, a Luis Verdú le ha costado, pero ha terminado dando el paso, no ha podido aguantar más, se ha declarado a Pilar. Ha sido una declaración aparentemente muy racional y comedida, pero en el fondo ha estado trufada de pasión amorosa.

   -Pilar, me dirás que soy un insensato y posiblemente aciertes, pero no puedo más, no puedo seguir aparentando que no soy más que uno de tus amigos porque eso no es cierto. Al menos, no es lo que siento. Estoy perdidamente enamorado de ti, te quiero con toda mi alma y si no te lo digo, reviento. Si no lo he hecho antes es porque hacerlo en mi situación no me parecía digno… -El murciano le habla con suma claridad: oficialmente no podrán ser novios porque los Carreño saben que está casado y tiene hijos, tampoco podrán casarse porque legalmente él ya lo está, lo único que podrán hacer será vivir amancebados, a él no le importa, pero sabe el amor que ella siente por su familia y que jamás les daría semejante disgusto…- En estos momentos no puede ofrecerte nada, ni un anillo ni un hogar ni un futuro, solo un amor tan grande que no me cabe en el pecho. No espero nada de ti, solo te pido, te ruego, te suplico que seas paciente conmigo… y con el tiempo. Esta maldita guerra acabará algún día y entonces recuperaré mi notaría y me harías el hombre más feliz del mundo si me aceptaras y te vinieras a vivir conmigo. Si no te encontraras a gusto en Chiclana pediría el traslado, con los puntos acumulados en estos años, podríamos elegir una ciudad que te gustase… Estoy diciendo tonterías…, olvídate de cuanto acabo de decirte, quédate únicamente con una cosa: te quiero, te quiero como nadie podrá quererte y, aceptes o no mi amor, te seguiré queriendo mientras me quede un hálito de vida.

    A Pilar, que algo así barrunta desde hace semanas, la declaración le conmueve y hace que se emocione. Las palabras de Luis la han tocado, más que por lo que ha dicho por como lo ha hecho. La fuerza, el cariño, la pasión, la determinación con la que ha hablado el hombre denotan que sus palabras rezuman sinceridad y amor. No le cabe ninguna duda, Luis está enamorado de ella y la quiere para algo más que para un ocasional romance en medio de un escenario bélico. Y descubre, algo que también intuía hace tiempo, que su enamorado no le resulta indiferente, no es un pasatiempo como tantos que ha tenido, esto es mucho más profundo, más intenso y más comprometido que anteriores aventuras. Luis no es el hombre más galán, más pinturero y más dicharachero que la ha requerido de amores, pero tiene una hondura, una reciedumbre y una tenacidad que hacen de él un hombre con mayúsculas. Y ante el asombro del murciano no contesta, le da un tierno y a la vez apasionado beso que sella su amor.

   Pilar acepta tácitamente la declaración de Luis, y aunque no lo explicitó está decidida a decir que sí. Sentimentalmente, quien lo iba a decir, se siente atraída por el murciano bastante más de lo que quiere admitir. Racionalmente, porque su situación personal comienza a pesarle, tiene veintinueve años y sigue soltera y sin compromiso, y su mente y su cuerpo hace tiempo que le demandan compañía, pero no para pasar un rato sino para una relación más sólida y duradera. La principal causa de no haberle dicho al momento que ella también le quiere, es su familia. Sabe cómo piensan: son entrañables en todos los sentidos, pero también son conservadores, estrictamente religiosos y con muchos prejuicios morales. Si les dice que tiene relaciones con un hombre casado y con hijos, la escandalera que montarán puede ser monumental, hasta podrían negarle el pan y la sal, y si no se atreverán a echarla de casa es porque necesitan su título. Con lo cual solo queda un camino: emparejarse pero mantener la relación oculta. Será una situación terriblemente incómoda, no solo para su enamorado sino también para ella, pero solo hay una vida y o se atreve a convertirse en la amante de Luis o se condena a llevar una existencia plana, aburrida y solitaria. Y no está dispuesta. No lo piensa más, le cuenta lo que ella siente y que está dispuesta a ser su compañera para el resto de su vida, pero que mientras dure la guerra y tenga que vivir con su familia tendrán que atenerse a unas reglas que no son las ideales ni mucho menos…

   -… y si queremos que nuestra unión llegue a buen término con estos bueyes tendremos que arar.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 56. Una tertulia republicana