viernes, 9 de mayo de 2025

Episodio 99. The Little Boy


   Terminada la guerra en Europa, los soldados estadounidenses y canadienses regresan, en atestados trasatlánticos, a sus respectivos países donde son recibidos como héroes. Los noticieros americanos difunden los desfiles que se desarrollan en lugares tan emblemáticos como la Quinta Avenida de Nueva York, entre un diluvio de confeti y serpentinas. Pero la guerra no se ha terminado, al menos en el frente del Pacífico, donde los japoneses, en una mezcla de fanatismo nacionalista y de costumbres ancestrales, se resisten a rendirse. Los estadounidenses temen que la invasión de las islas les costará un baño de sangre y su sociedad está cansada de las listas de fallecidos, heridos o desaparecidos que diariamente publican los periódicos. Algo habrá que hacer para revertir esa situación.

   Con motivo del nacimiento del segundo vástago de Julián y Carla, en la fiesta del bautismo de la pequeña Anamari, se reúnen todos los Carreño y parte de los Manzano. Hasta Pilar y Luis, que ya se han integrado plenamente en el núcleo familiar, han venido de Barcelona. Uno de los invitados es el tío Luis Manzano que ya avanzada la fiesta hace un aparte con su sobrino Álvaro.

   -¿Cómo va lo de encontrar un destino fijo en Madrid?

   -De momento voy tirando con los cursos, pero en cuanto no me acepten en alguno de los próximos voy a navegar con viento de través y mar arbolada.

   -La última vez que hablamos me dijiste de forma muy tajante que no te importaba tu carrera y lo de ascender o no a almirante no te quitaba el sueño, que para ti la familia era lo más importante. ¿Has cambiado de parecer?

   -Al contrario, actos como el de hoy en que sacamos de pila a un miembro de la tercera generación de los Carreño refuerzan mi decisión. Ahora es cuando más me necesitan.

   -Entonces, no veo otra salida efectiva a tu problema que dejes el Cuerpo General, que sois los que cortáis el bacalao en la Marina, y pidas el pase a la Escala Complementaria, a la que vosotros llamáis Escala de Tierra. No tendrás mandos ejecutivos y ascenderás mucho más lentamente, pero vas a tener muchas más oportunidades de obtener un destino en Madrid.

   -Me lo he planteado en alguna ocasión, pero nunca he acabado de decidirme.

   -Pues no veo otra salida.

   -Alguna vez hasta he pensado en pedir el pase a la reserva.

   -De todas las salidas posibles esa es, con diferencia, la peor de todas. ¿Cuántos años llevas de servicio?, más de dos décadas, ¿y vas a tirar por la borda veinte años de tu vida por tu cerril empeño en cuidar de la familia?

   -Por favor, tío, no me lo eches más en cara. De mi vida hago, como cada hijo de vecino, lo que estimo más oportuno. Así no me ayudas.

   Luis menea la cabeza como diciendo que su sobrino no tiene solución.

   -Pues te voy a ayudar, aunque sigo manteniendo que vas a hacer una estupidez, pero no puedo olvidar que además de tu tío-abuelo soy tu padrino de pila. Vas a hacer lo siguiente, pero antes una pregunta: ¿cómo sigues con tus problemas intestinales?

   -Pues ahí sigo. Unas veces mejor y otras peor, pero periódicamente he de pedir la baja por enfermedad.

   -Entonces vas a hacer lo siguiente: irás a ver al doctor Fernández Gracia que es especialista de digestivo en el Hospital Naval. Le dices que vas de mi parte, previamente yo habré hablado con él, y le cuentas tus periódicos problemas de salud.

   -Pero, tío, en el Hospital Naval supongo que se conocen mi ficha sanitaria de memoria y además Fernández Gracia no es el especialista que me trata –El tío Luis le mira con sorna.

   -Que Fernández Gracia no sea quien lleva tu tratamiento habitual no importa. Como te digo, pides cita con él. Supongo que te hará unas pruebas y te expenderá un certificado sobre tu estado. Luego, adjuntando el certificado, solicitarás el pase a la Escala Complementaria por motivos de salud. Si te lo conceden, algo que con tu hoja de servicios no creo que te lo nieguen, te ayudaré a buscar un destino de tierra en Madrid.

   -Tío no sé cómo agradecerte tu ayuda.

   -Una ayuda de la que seguramente terminaré arrepintiéndome, pero hablando de agradecimientos una forma de hacerlo es que de verdad seas el mejor comandante posible para tu dotación familiar.

   -De eso no lo dudes, tío, y otra vez un millón de gracias.

   Desde mayo del 45, el único país que sigue luchando contra los Aliados es el Imperio Japonés, pero es una lucha desesperada y en franca regresión para los nipones, pues las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos llevan realizando desde el verano del año anterior una intensa campaña de bombardeos estratégicos, utilizando bombas incendiarias contra las ciudades japonesas, en un intento de pulverizar la industria y hacer añicos la moral de los súbditos del Imperio del sol naciente. Paralelamente a estos ataques, las vitales operaciones de transporte marítimo costero de Japón se están viendo gravemente afectadas por la fuerza aérea y naval norteamericana. Sin embargo, estos esfuerzos no logran convencer a la irreductible cúpula militar japonesa de que se rindan.

   Dados los altos costes en vidas humanas, tanto estadounidenses como japonesas, que puede suponer la invasión de Japón al modo convencional, el presidente norteamericano Harry S. Truman toma una decisión drástica y que terminará la guerra, pero también generará altos costes morales y el nacimiento de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Ordena lanzar sobre Japón una nueva arma que cambiará el concepto del arsenal bélico, la bomba atómica. En cumplimiento de la orden presidencial la bomba nuclear Little Boy es lanzada sobre Hiroshima el​ 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man, el 9 de agosto sobre Nagasaki. Las dos bombas matan aproximadamente algo más de doscientas mil personas, y otros miles más como resultado de la radiación nuclear en las semanas, meses y años siguientes. La consecuencia no podía ser otra: en un discurso radiado a toda la nación el 15 de agosto, el emperador Hirohito anuncia al pueblo japonés y al mundo la rendición incondicional de Japón. La II Guerra Mundial sí ha concluido ahora.

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 100 y último. Epílogo 

martes, 6 de mayo de 2025

“El masover”. 18 La Fábrica de la llum

  Como el vicario dijo a Zaca que otro día podría  preguntarle algo que no fuera de religión, la siguiente semana el chico aprovecha la hora de clase para consultarle lo de las derechas e izquierdas.

   -¿En qué se diferencia un partido político o un hombre de izquierdas de uno de derechas?

   -¡Vaya!, eres muy joven para hacer esa clase de preguntas -El  chaval enrojece, he vuelto a meter la pata, se dice. No tendría que habérselo preguntado. Pero, ante su alivio, el vicario le contesta.

   -A ver si logro explicarlo para que lo entiendas –Y el sacerdote le cuenta que esa división de los políticos y de sus partidos tuvo un origen puramente fortuito. Se refería al lugar que ocupaban los diputados en la Asamblea Nacional francesa, después de la Revolución del XVIII, respecto a la presidencia de la misma. A la derecha, se sentaban los que tenían posturas más conservadoras, y a la izquierda, los defensores de las ideas ilustradas de la revolución. Desde entonces, la izquierda política ha representado valores como el reformismo, la igualdad, la solidaridad, el progresismo y la revolución. Y la derecha política representa los valores de la tradición, el orden, la identidad nacional, la religión, etcétera. Y agrega-: Todo eso en teoría, en la realidad hay notables diferencias y multitud de matices en ambos conceptos  –al chaval la última frase del reverendo le impulsa a seguir su naturaleza inquisitiva, lo que supone volver a preguntar.

   -¿Y cuáles son esas diferencias y matices entre las derechas y las izquierdas?

   -Entre otras, que no es fácil encontrar tanto partidos políticos como personas que sean estrictamente de izquierdas o de derechas. Y a propósito de esto, recuerdo que Ortega y Gasset, uno de los mejores filósofos españoles, escribió: Ser de izquierdas es como ser de derechas: una de las infinitas formas que tiene el hombre de ser imbécil -La carita del muchacho lo dice todo, se ha quedado in albis. El vicario, que se ha dado cuenta de la confusión del chico, se esfuerza en clarificarlo-. Para que lo entiendas: en la actual situación  española, se puede decir que son de derechas los que están a favor de que siga el Rey y los gobiernos monárquicos. Y son de izquierdas los que prefieren que haya una república. ¿Lo has pillado?

   En el ámbito doméstico, los Clavijo, se esfuerzan para ahorrar, por una parte, y para recabar más ingresos, por otra. En el plano ahorrativo, Elvira dice adiós a la familia. Los que más lo sienten son los chavales, pues todos están muy encariñados con la muchacha que ha sido quién les ha cuidado mientras madre ha estado embarazada. En el de obtener más ingresos, las gestiones de padre para conseguir que le aumenten el sueldo han fracasado. Solamente Les Hostaleres han accedido a subirle una peseta por cada sesión de cine, lo que supone unas 16 pesetas más de ingresos al mes. Poca cosa. En la LUTE se han negado a subirle el sueldo, alegando que no pueden saltarse el acuerdo-marco con la UGT, que es el sindicato dominante en la compañía. Como compensación, lo que le ofrecen es dejarle gratis la vivienda en la que residía el encargado de la Fábrica de la Llum, que así es como llaman en el pueblo a lo que queda de lo que, en su día, fue una pequeña central termoeléctrica propiedad de la LUTE, hoy totalmente desguazada. Y hasta han tenido el detalle de prometerle que pagarán parte de lo que cueste adecentar la casa. Padre ha dicho que se lo pensará.

   A lo largo de septiembre el llumero medita en si trasladarse o no a la Fábrica de la luz, a lo que madre se opone porque ahora viven en el centro y, si se van a vivir a la Fábrica, que está  en las afueras, será como si vivieran en una masía, y a estas alturas no está dispuesta a convertirse en una masovera. ¡Hasta ahí podíamos llegar!, se dice. Padre arguye que, si se van a la Fábrica, se ahorrarán el alquiler de la casa de la calle Horno, lo que a fin de año supone un buen dinero. Al final, se impone la voluntad del cabeza de familia que así mitiga su frustración de no haber logrado el aumento de sueldo que pidió. La resolución paterna no solo disgusta a madre, también a los niños, pues la calle Horno es su cancha de juego donde pasan casi tantas horas como lo hacen en la escuela. A los chicos les pasa lo que a madre, para ellos irse a vivir a la Fábrica es como ir a otro mundo, porque la antigua térmica es el último edificio de la calle San Antonio, a partir de ella se extiende el campo y vivir allí será como si lo hicieran en un mas. Por lo que igual terminan llamándoles masoveros, calificación que en el pueblo equivale a patán rústico.

    Tomada la decisión de cambiar de domicilio, madre indica a los chiquillos que deben despedirse de sus vecinos con los que han convivido desde su nacimiento. Los chicos, capitaneados por el Tete, comienzan a decir adiós a los moradores de los números impares. Primero se despiden de Finita Aragó y de su madre que viven en el número 1. Del viejo matrimonio Bellés, que vive en el 3, no lo hacen, pues desarrollan su vida por la puerta que da a la calle del Mar y apenas si los han tratado. Si lo hacen de la tía Felicidad y el tío Joaquín, que es el motorista del Pou de les Burgaletes que surte de agua al ferrocarril, y que son sus vecinos del 7; así como del tío Magín, el sastre, y de su mujer, la tía María, que viven en el 9; y de Vicente Vidal, el barbero, que vive en el 11. En los números pares: la primera casa, la número 2, es la puerta trasera de la farmacia de Gauchía del que no se despiden pues les impone. Dicen adiós a la familia del tío Meme, que vive en el 4, padre de Fina, la amiga de Charito. En el 6, se despiden del cafeter Agustín el Meme, su mujer Teresa Lapica y su hijo Agustín. En el 8, puerta del jardín de la señorita Cristina, no se atreven a entrar porque también les impone y, en el 10, en la taberna del tío Daniel de Caguerri, solo se despiden de su lisiada hija Rosa. La rúa del Horno desemboca en la calle Sant Cristofòl y las viviendas que dan a Horno están a un tiro de piedra de casa de los Clavijo, sin embargo no se hacen con su moradores, por lo que no se despiden del tío Tomás de Caburdo y su familia, de la numerosa prole de los Betoret, de los Monero, del tío Pau el comerciante, pero Rosario si lo hace de la señora Sènta la Llansòla, pues es mujer a la que admira, pese a que está malcasada.

  Los chiquillos de los Clavijo ya conocen la Fábrica, pues padre la usa como almacén de material y repuestos, pero hasta hoy no la habían mirado con los ojos de los que van a vivir allí. La finca, en la que está asentada la antigua central térmica, debe de tener unos 5000 metros cuadrados y se ubica en un pequeño montículo. La mayor parte de su perímetro está delimitado por un murete de piedra seca coronado por una valla de alambre de espino. La finca linda al norte con una huerta del tío Manuel el Blanco. Al este con el Cami de la Torre. Al sur con un campo de almendros del tío Manuel Vinuesa. Y al oeste, cerrada por un grueso muro de mampostería, con la calle San Antonio que, a su vez, forma parte de la carretera nacional Valencia-Barcelona.  

   Se accede a la misma por una gran puerta de doble hoja hecha con barrotes de hierro que da a San Antonio. A la izquierda de la puerta está el buzón. En el lado norte del recinto hay cuatro bancales escalonados, en los que los antiguos residentes cultivaban hortalizas y algo de cereal. En el sudeste hay un gran corral  rectangular cercado en tres de sus lados por un murete de mampostería, y en la zona de poniente por una valla de tela metálica. En el que se criaban gallinas, conejos, algún animal de carga y quizá cerdos, pues cuenta con dos cuadras y dos cochiqueras. Entre el corral y la vivienda de la finca hay una balsa, casi tan grande como una piscina olímpica, que se llenaba con el agua proporcionada por el pozo existente en la central. En el lado oeste, el que da a San Antonio, está la casa que habitaba el encargado de la térmica. Es una vivienda de una planta que tiene un pasillo con puertas a su izquierda. Tras un corto tramo que hace de recibidor, la primera puerta da al salón-comedor que cuenta con un llar y una cocina tan estrecha que solo cabe una persona. La segunda es la que será la habitación del primogénito y que posee la particularidad de tener una trampilla en el suelo que da paso a un subterráneo de varios metros de largo que hasta tiene instalación eléctrica y que fascina a los muchachos. La tercera puerta da a la que será el dormitorio de Charito y, la cuarta y más amplia, la que será la alcoba de los padres. Todas las habitaciones tienen amplios ventanales orientados a levante. En el fondo del pasillo está el cuarto de baño y la ducha. Dado que Pedrito y Chimet no tienen habitación, padre, ocupando parte del espacio de lo que es el almacén, construye un nuevo cuarto en la parte derecha del pasillo, que será la alcoba de los dos pequeños, y que tiene la peculiaridad de que parte del suelo está construido sobre la boca del pozo de la térmica.

   En el lado oeste del caserón está lo que era el asentamiento principal de la central en el que, salvo un cuartito que será el despacho de padre, lo demás se usa como almacén. Adosada al edificio hay una torre de dos plantas, en la superior se ubican los transformadores encargados de reducir la tensión de la energía eléctrica que llega del tendido de Cabanes. Junto a la torre hay una cisterna con fama de tener un agua muy fresca.

   Sorprendentemente, los niños descubren que la Fábrica es un escenario ideal para sus juegos: tiene dos pequeños cañaverales que les surten de cañas para convertirlas en lanzas, espadas, flechas…; tres grandes calderas de hierro de la antigua central que les sirven de cabañas, barcos o grutas; varios frondosos árboles, como la higuera napolitana que hay en el centro del corral o el altísimo almendro que se yergue en uno de los bancales, árboles a los que pueden trepar; la balsa en la que pueden nadar y mucho espacio donde jugar, correr y esconderse.

   En cuanto la familia se ha acostumbrado, recorrer la calle San Antonio para llegar a la Fábrica ha dejado de parecerles una gran distancia. Lo único que fastidia al primogénito es que, en los días que hace calor al atardecer y después de cenar, la gente tiene la costumbre de sacar unas sillas a la puerta de casa para tomar el fresco. Y la cortesía exige que al pasar se les salude con el clásico bona nit, algo que no le gusta nada, como buen introvertido.

   La Fábrica se ha convertido en el nuevo hogar de los Clavijo, en el que todos parecen sentirse como peces en el agua. Madre, que es la única que piensa en el futuro, tiene una reserva sobre la nueva casa: ¿Y cuándo Zacarías se jubile podremos seguir viviendo aquí?, la pregunta viene dada porque no tienen casa en propiedad.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 19, de la novela  El masover”, titulado: Mujercitas de papel

viernes, 2 de mayo de 2025

Libro IV. Episodio 98. Buena se pondrá Carla


   El tío Luis Manzano, que hace mucho que no ve a sus sobrinos-nietos, se acerca a Gran Vía, 54 para charlar con ellos, ocasión que aprovecha Álvaro para contarle su intención de ser destinado a Madrid para poder cuidar de la familia.

   -Me parece excesiva tu obsesión por tener un destino en Madrid. Una cosa es cuidar de la familia y otra muy distinta echar tu carrera por la borda. Podría ser razonable si tus hermanos fuesen menores de edad, pero ya son mayores y están colocados. Todos, salvo Concha, tienen trabajos seguros y bien remunerados, entonces ¿por qué ese desmedido afán de cuidar de ellos? Pareces una clueca y tratas a tus hermanos como si fuesen pollitos. Eso no tiene ningún sentido –El tío Luis continúa teniendo el mismo talante de siempre, dice lo que piensa sin importarle herir a su interlocutor.

   -Para que una familia siga unida necesita de alguien que la pastoree, ¿y quién lo va a hacer si no yo? –replica Álvaro.

   -Ni Julián, ni Jesús, ni las chicas, ni los marinos son borregos y, por tanto, no necesitan de un pastor. ¿No te has planteado que si los tratas cómo a tales pueden sentirse humillados?

   -En absoluto, son ellos los primeros que piden mi opinión para todo. Tome como ejemplo que en estos momentos estamos valorando si comprar una perfumería para que la lleve Eloísa; pues bien, hasta que yo no tome la decisión el resto no hará nada.

   Vista la terquedad de su sobrino en mantener esa postura, el tío Luis le ataca por otro flanco: el de su carrera de marino.

   -¿Y no has pensado que si continúas con tu empeño en tener destinos en tierra, vas a quedarte postergado en tu carrera al faltarte horas de mar? Si prosigues como ahora, y dada tu hoja de servicios, llegarás a almirante o, al menos, a contralmirante con plena seguridad. En cambio, sí solo tienes destinos de tierra si llegas a capitán de navío será un milagro.

   -Lo sé, tío, pero me importa un comino ser o no almirante. Mi principal objetivo en la vida es cuidar de la familia. Se lo prometí a papá en su lecho de muerte y pienso cumplirlo, cueste lo que cueste. Y como sé lo mucho que querías a mamá, en su nombre te pido que me ayudes para que sigamos todos unidos.

   Dada la roqueña actitud de su sobrino, Luis Manzano le promete que le ayudará cuanto pueda, aunque sigue pensando que mantener esa actitud es una estupidez.

   La última conferencia aliada de la II Guerra Mundial se celebra en la alemana ciudad de Potsdam en agosto. Durante la Conferencia se alcanzan acuerdos entre los Aliados sobre la política a realizar en la Alemania ocupada. También se lanza un ultimátum a Japón pidiendo su rendición incondicional, dado que es el último país del Eje que se mantiene en guerra. La batalla de Okinawa ha mostrado que una invasión de Japón, planeada para noviembre, significará un gran número de bajas estadounidenses, pues son estos lo que cargan con el mayor peso de la contienda. La estimación oficial, dada por la Secretaría de Guerra, es de un millón y cuarto de bajas aliadas. Es decir, que la invasión de Japón utilizando los métodos convencionales, como hasta ahora, puede significar la muerte de millones de soldados yanquis y de japoneses y también de civiles, que están siendo entrenados como milicia.

   En tanto, la propuesta que los Carreño tienen encima de la mesa de comprar la perfumería del señor Ramírez ha recibido la respuesta de Luis Verdú, que Álvaro hace suya y, en consecuencia, la hace toda la familia.

   -Álvaro, he estado revisando vuestros números y, especialmente, el estado de los dos créditos que tenéis. De el del Hispano-Americano solo os faltan cuatro meses para saldarlo, del de Banesto bastante más, pero con los ingresos de las tres farmacias no vais a pasar ninguna clase de apuros. Por otra parte, he logrado que la central del Banco de Vizcaya de Barcelona os conceda un nuevo préstamo para lo que tendréis que hipotecar la farmacia de Gran Vía. Y la proyección que he llevado a cabo de ingresos y gastos da el resultado de que este último crédito lo podréis saldar sin mayor problema. Conque tú decidirás.

   -Ya sabrás por Pilar que en esta familia tus consejos van a misa, como suele decirse. Si dices que adelante, esta misma tarde hablaré con el señor Ramírez y cerraremos el acuerdo.

   -Gracias por tu confianza, Álvaro, pero no soy omnisciente, me equivoco tantas veces como acierto y más en los negocios que realmente no pertenecen a mi campo de acción.

   -No digo que lo seas, Luis, pero hasta ahora todos los consejos financieros que nos has dado nos han salido redondos.

   -Te confieso que por la cuenta que me tiene los estudio muy a fondo. No veas como se pondría tu hermana si alguno hubiese salido mal. Ya conoces como se las gasta. Ah, una última cuestión: trata de que Ramírez acepte que se lo paguéis a plazos. Eso facilitaría mucho la operación.

   -Gracias una vez más, Luis. Y te anticipo que dada la buena relación de Ramírez con Eloísa y que además me consta que anda sobrado de pasta, lo del pago a plazos no creo que sea problema. Te mantendré informado.

   Y en efecto, Ramírez no pone ninguna objeción al pago a plazos y cierra con Álvaro la operación. La familia está despegando como un cohete y no solo en el terreno económico sino también en otros aspectos, que para los Carreño son más importantes, como es la aparición de la tercera generación de la saga. En 1943, Julián y Carla ya tuvieron el primer retoño Carreño, un niño a quien en recuerdo del abuelo de la saga pusieron el nombre de Julio y que se cría rollizo y fuerte como un toro. Y en este año de gracia de 1945 han tenido un segundo, una guapa niña a la que van a llamar Ana María como su abuela materna.

   -Bueno –comenta el padre de Carla-, ya tienen la parejita burguesa, han cumplido con la familia.

   Álvaro no contesta, pero en cuanto ve a Julián no puede reprimirse y le cuenta lo que le ha dicho el padre de Carla.

   -¿Eso quiere decir que no pensáis tener más hijos?

   -Bueno…, Carla piensa que con dos, y como son parejita, ya está bien.

   -O sea, que en tu casa quien lleva los pantalones es tu mujer. Así no nos criaron nuestros padres. Hijos, los que Dios quiera enviarnos…, pero eso tendrás que decidirlo tú y tu esposa, claro… -La inacabada frase es suficiente para Julián, ya sabe lo que tiene que hacer. ¡Buena se pondrá Carla!

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 99 The Little Boy

martes, 29 de abril de 2025

“El masover”17. ¿Derechas? ¿Izquierdas?

Zaca ha estado jugando con sus amigos y al acercarse la hora de cenar se dirige a la calle del Horno donde encuentra a sus hermanos sentados en el bordillo de la puerta trasera del jardín de la señorita Cristina Clará, justo enfrente de casa.

   -¿Qué hacéis aquí fuera?

   -Madre nos ha echado. Nos llamará para cenar.

   -¿Habéis hecho alguna trastada?

   -¡Qué va!, padres están discutiendo por algo referido a ti –a Charito, que tiene algo de pelusa a su hermano, le gusta chincharlo-. He oído decir a padre que de dónde van a sacar los veinte duros de tus estudios.

   Lo que acaba de soltar su hermana le sienta al chico como una puñalada trapera. Sus padres discutiendo por él y sus futuros estudios… ¡y por veinte cochinos duros!, y eso que, desde que se ha convertido en escrivent, entra algún dinerillo extra en casa, sobre todo en forma de especies. En ese momento se da cuenta de lo apretada que debe estar la economía familiar cuando el hecho de que vaya a estudiar o no depende de cien puñeteras pesetas. Si sus padres no las consiguen, adiós al bachillerato. Lo mismo tendrá que repensarse si la solución que propuso mosén Fumadó, de ingresar en el seminario tortosino, es la única posible. La propuesta del párroco sigue sin hacerle ninguna gracia, pero si la familia no consigue los veinte duros de marras, quizá no va a tener más remedio que agachar la cabeza y aceptarla. Porque el chaval, que nunca pensó en cursar más allá de las enseñanzas de primaria, desde que la tía Emilia y el tío Paco le dijeron que, como es muy listo, debía estudiar el bachillerato, ha interiorizado dicha opinión y está firmemente convencido de que ese debe ser su camino. ¿Podría yo ganar esos veinte duros?, se pregunta, ¿pero cómo?, vuelve a preguntarse. Ante su impotencia, algo se remueve en su interior y unos lagrimones gordos como cañamones se deslizan mejillas abajo.

   -Tete, ¿qué te pasa, por qué lloras? –pregunta, sorprendida, Charito.

   -No lloro, es que me ha entrado algo en el ojo.

   -Esta noche hay sopa de arroz –le informa la hermana para animarle, pues sabe que otras clases de sopa le cuestan tragarlas Dios y ayuda.

   El chico está en un tris de responder a las palabras de ánimo de su hermana diciéndole: y yo no me burlaré si te haces pis en la cama, pues Charito sufre de enuresis, pero piensa que no es el momento. Un rato después, madre asoma a la puerta.

   -Niños, a cenar.

   La cena discurre en un inusual y hosco silencio. El más contrariado es Zaca pues, si lo que ha contado Charito es cierto, el hecho de que sus padres estén enfadados por su culpa le hace sentirse mal. Como con quien mejor se entiende es con madre, piensa que lo tendrá que hablar con ella. Cuando al día siguiente vuelve de la fuente del mercado a la que ha ido por agua, encuentra a madre sola en casa y aprovecha la ocasión.

   -Madre, ¿es verdad que ayer discutió con padre porque vaya a estudiar?

   -No, hijo. No discutimos, estuvimos hablando de cómo ganar más dinero, y al mismo tiempo tener menos gastos porque ahora somos uno más y, naturalmente, necesitamos más ingresos. Tú no debes preocuparte, lo que has de hacer, como te dijo el tío Paco, es, a partir de septiembre, dedicarte solo a estudiar.

   Al chaval, que tenía pensado contarle a madre lo que caviló el día anterior sobre si aceptar la propuesta del párroco, no acaba de convencerle la respuesta, pero opta por dejar las cosas como están y esperar a ver qué pasa. Una vez más muestra su indeterminación.

   La madre le ha contado una verdad a medias. Lo que tuvo el matrimonio fue una discusión a cara de perro de cómo allegar más dinero –la madre- y cómo gastar menos –el padre-. Al final de un agrio debate, el cabeza de familia decidió que pedirá a la LUTE y también a Les Hostaleres –las dueñas del cine Novedades donde trabaja de proyeccionista- que le aumenten el sueldo. A su vez, madre ha prometido que tratará de recortar, en la medida de lo posible, los gastos del hogar y lo primero que hará será despedir a Elvira, la muchacha que le ayuda en las tareas caseras. Y hablando de gastar menos hizo una petición al marido.

   -Y también podíamos ahorrar algo no renovando la suscripción de Las Provincias. Puesto que vas al café todos los días puedes leer allí el periódico por un precio bien módico, cero patatero –al padre no le ha hecho ninguna gracia la propuesta, pero se calla, no está el horno para bollos.

   En el café del Pincho, adonde sigue yendo Zaca a ver las partidas de ajedrez, los contertulios hablan cada vez con mayor frecuencia de política. Parece que el clima político de la nación se enrarece por momentos según cuentan los diarios que se reciben en el pueblo -Las Provincias, Diario de Valencia, Heraldo de Castellón y La Vanguardia- y lo que se escucha en todas las emisoras de radio. Los tertulianos comentan que los políticos republicanos y los que se llaman monárquicos sin rey, así como numerosos juristas, denuncian que la vuelta a la normalidad constitucional es imposible. Y así se va fraguando la convergencia de partidos republicanos cuyos líderes se reúnen en San Sebastián el 17 de agosto. De lo que se trató en dicha reunión, promovida por Alianza Republicana, a la que asistieronn representantes de casi todos los partidos de signo izquierdista, solo se conoce lo que, a través de una nota oficiosa, publica al día siguiente El Sol. En la nota se hace un llamamiento a las demás organizaciones políticas y obreras para que se sumen a la acción contra el vigente régimen político. Eso es lo que hoy comentan en la tertulia del Pincho los ajedrecistas en cuanto terminan las partidas.

   -Uno de los que tienen carrera ¿quiere explicarnos qué supone ese llamamiento de los partidos republicanos? –pide Julio el barbero.

   -Lo que en definitiva piden los republicanos es que se establezca la base de una estrategia para poner fin a la monarquía de Alfonso XIII y proclamar la segunda república –explica don Rodolfo el maestro.

   -Y no solo lo piden los republicanos, también las organizaciones socialistas, como el PSOE y la UGT .agrega don Avelino el veterinario.

    -¿Y se sabe qué acciones concretas piden los republicanos? –pregunta Piñana, el ayudante del llumero.

   -No han concretado demasiado, pero os puedo decir, y lo sé de buena fuente, que republicanos y socialistas tienen el propósito de organizar una huelga general, que acaso iría acompañada de una insurrección militar, para meter a la monarquía en los archivos de la historia y establecer la república sobre la base de la soberanía nacional representada en una Asamblea Constituyente –dice don Rodolfo el maestro, ahondando la explicación dada por el veterinario.

   Zaca, que es un atento escucha, se hace un lío con tantos conceptos que desconoce: monárquicos sin rey, normalidad constitucional, república, huelga general, soberanía nacional…, palabras y frases que va apuntando en su cuaderno secreto para preguntar sobre ellas cuando le sea posible. De lo oído en el café, al chaval solo le ha quedado una cosa clara: y es que los políticos del país se dividen en dos grandes grupos: los de derechas y los de izquierdas, división que no le dice gran cosa, por lo que se arma de valor y se lo pregunta a padre que, por primera vez, no le riñe sino que acepta el envite.

   -Te lo voy a explicar con gestos. Los políticos de derechas son los que hacen esto  –y, tarareando la Marcha real y su lenta cadencia, realiza el gesto de llevarse algo al bolsillo-. Los políticos de izquierdas lo que hacen es -y, salmodiando el Himno de Riego y su rápido compás, vuelve a realizar el gesto de llevarse algo al bolsillo, pero a un ritmo más rápido que el anterior-. ¿Te ha quedado claro?

   El chaval, bastante confuso, tiene que admitir que no lo ha entendido.

   -No mucho, padre.

   -Pues que todos los políticos, sean de derechas o de izquierdas, son corruptos. Lo único que les diferencia es que unos roban a mayor velocidad que otros.

   De la mímica de padre y de su posterior explicación, al muchacho le ha quedado claro que, al parecer, todos los políticos son unos robaperas, pero la diferencia entre los que son de izquierdas y los que son de derechas sigue sin saberla, pues lo del robo generalizado no acaba de creérselo, ya que siempre ha oído que hay gente de toda clase en todas partes y supone que en el mundo de la política debe de ocurrir lo mismo, unos serán ladrones, otros, honrados. Pregunta a su tío Miguel que le da una larga y confusa explicación que todavía le desconcierta más. Se le ocurre preguntarle a don José Domingo que se lo quita de encima de forma tajante.

   -Esas no son preguntas para niños.

   El chico piensa que lo de las derechas y las izquierdas debe ser una pregunta incómoda para los adultos o quizás sea pecado hablar de ello, por lo que decide guardarlo en su cuaderno secreto y seguir buscando alguien que se lo explique.

   La respuesta se la ofrece quien menos podía esperar. Desde que, una vez a la semana, mosén Florencio le da la asignatura de Religión, el muchacho ha establecido una corriente de empatía con el vicario, que es persona de buena cultura y hombre afable y bondadoso. Hoy, el mosén le está hablando del Reino de Dios y, por asociación de ideas, el muchacho se acuerda del Rey. Y se atreve a plantear la pregunta:

   -Mosén Florencio, ¿puedo preguntarle algo que no es de religión?

   -Poder, puedes, pero ya es muy tarde, dejémoslo para otro día.

   Vaya manera de quitarse el muerto de encima, `piensa el chaval. Otro que tampoco me lo va a explicar. Busca en quien no le va a fallar, su diccionario enciclopédico Sopena, y entre las varias acepciones de derecha hay una que le ofrece un rayo de luz: Conjunto de personas que profesan ideas conservadoras. Sobre las izquierdas encuentra: Conjunto de personas que profesan ideas reformistas o, en general, no conservadoras.

Bueno, ya tiene un hilo de dónde tirar, ¿pero que conservan los conservadores?, ¿y cuáles son las ideas reformistas? Eso no viene en el Sopena. Está donde estaba. Se plantea una pregunta que es pura curiosidad: ¿y qué seré de mayor, de derechas o de izquierdas? ¿Y por qué he de ser una cosa u otra? ¡Vaya tontería! Lo mejor es que sea unas veces de derechas y otras de izquierdas. Así quedaré bien con todos. Mira que fácil.

 

PD.- El próximo martes  publicaré el episodio 18, de la novela “El masover”, titulado: La Fábrica de la llum