martes, 20 de mayo de 2025

“El masover” 20. Milagro en la gota fría

 

 Tras unos días de fuerte calor, impropio de finales de septiembre, el 24 se presenta lluvioso en Torreblanca. Desde primeras horas de la mañana un pertinaz aguacero descarga sobre la localidad y su entorno, lo que altera la vida de una población que se dedica mayoritariamente a la agricultura, por lo que, cuando llueve, la actividad se ralentiza, si no se para. Para la mayor parte de los niños en edad escolar, la lluvia significa que no habrá que ir a la escuela, pues muchas madres prefieren que los chavales se queden en casa, no se vayan a mojar y pillen un catarro, aunque están deseando que por la tarde deje de llover para que los chiquillos puedan salir a la calle, pues si permanecen todo el día en casa no hay quien los aguante. La chiquillería está igualmente esperando que escampe, pues entonces podrán salir y jugar a meterse en los charcos y salpicarse unos a otros. También algunos mayores esperan que el tiempo aclare para salir al campo a buscar caracoles. A algunas amas de casa la lluvia les ha cogido con la colada tendida en el balcón o en el patio y se han ciscado en la lluvia. En cambio, a los llauradors la lluvia les viene de cara puesto que el verano ha sido muy seco y el campo estaba pidiendo agua a gritos. Todo lo cual viene a confirmar el refrán de que nunca llueve a gusto de todos. Pero ni las madres, ni los niños, ni los buscadores de caracoles ven cumplidos sus deseos, pues llega la tarde y no solo prosigue la lluvia, sino que arrecia.

   -La típica borrasca de otoño -dice alguien en el café de Les Catalanes, donde los clientes han tenido que refugiarse en el interior del establecimiento, ya que la carpa que cubre la terraza han tenido que quitarla porque ha embalsado gran cantidad de agua.

   -Bienvenida sea la lluvia. Hacía mucha falta porque el campo era un secarral –afirma otro.

   -Otoño lluvioso, año copioso –añade un tercero, tirando del inabarcable refranero español.

   Se va apagando el día y las nubes siguen descargando sobre la localidad. Ya no es un aguacero, es un manto de agua que lo anega todo. Desde el núcleo más antiguo y alto del pueblo, el del entorno del Calvario, el agua se desliza rabiosa por las calles, convertidas en auténticos torrentes. En el campo, todos los cauces naturales por los que discurre el agua de lluvia se han transformado en verdaderos torrentes que canalizan a duras penas la tromba de agua que está cayendo.

   El señor Zacarías ha tenido que hacer frente a una panoplia de goteras, alguna de las cuales es la primera vez que aparece. Ha puesto cubos y cuando estos se han acabado ha tenido que echar mano de otros cacharros para recoger el persistente goteo. Al atardecer, y protegido por un chubasquero, se asoma a la puerta exterior de la Fábrica, la que da a la calle San Antonio, a ver cuál es la situación del resto del vecindario. Ve a una vecina asomada a la puerta de su casa y le grita:

   -¿Estáis bien? ¿Tenéis goteras?

   -Lo estamos. Y no hay goteras, el tejado está resistiendo, al fin y al cabo es nuevo. Donde seguro que las habrá será en la caseta del camp, tiene tejas muy viejas y no creo que resistan tanta agua.

   -Bueno, el hecho de que aquí llueva tanto no quiere decir que también lo haga en el Fondo del Balat. Igual allí no ha caído ni gota. Las tormentas como la que tenemos encima son caprichosas. Descargan en el sitio más impensado.

   El llumero comprueba que la calle se está convirtiendo en una piscina y el agua amenaza con superar los bordillos de las puertas y penetrar en los bajos. Si eso ocurre en el Raval, piensa ¿qué pasará en las calles de más abajo?, pues todo el caserío que hay al este de San Antonio es muy llano y tiene una cota inferior a la del casco viejo. Piensa que si hubiesen seguido viviendo en la calle Horno, posiblemente a estas horas la planta baja se habría inundado. En la Fábrica no corren peligro alguno de inundación, está ubicada en un montículo, pequeño pero con la suficiente altura para que el nivel del agua sea preocupante.

   Echa una última mirada al cielo: no se ve ni un resquicio azulado, todo son nubarrones que parecen indicar que la borrasca se ha anclado sobre la localidad. Esto no va a parar, al menos hasta mañana, piensa el llumero. De pronto, le viene a la mente un recuerdo: su hermana Matilde y su marido Daniel  de Quiquet viven en un bajo de la calle San Jaime y dada su ubicación es posible que puedan tener problemas con el agua si el temporal sigue vertiendo cataratas. No lo duda un momento y regresa a casa.

   -Rosario, sácame las katiuskas y el mono del trabajo. He pensado que en casa de Matilde puede haber problemas, pues la calle Moreres vierte el agua en el Camí d´Alcalá –que es como se llama en el pueblo a la calle San Jaime- y quizás les haya entrado agua en la casa.

   Coge uno de los cubos de las goteras y una pala y, arropado con el impermeable del trabajo, se dirige a casa de su cuñado. Hacia mitad de la calle ya está calado. En els Quatre Cantons, la calle San Cristóbal, que discurre de oeste a este y que tiene una gran pendiente, es una auténtica torrentera, tal es el volumen de agua que baja desde el Calvario.

   -¿Dónde vas con la que está cayendo? –le grita desde la puerta el tío Quèlo.

  -A casa de mi hermana. Voy a ver si tienen algún problema.

  -Como siga diluviando así, si no lo han tenido, lo tendrán –vaticina Quèlo.

   Como el llumero se temía, la calle Moreres, que también tiene pendiente, vierte un río de agua y barro en San Jaime, y justo en la conjunción de ambas calles está la casa de Matilde. Se encuentra la puerta abierta por la que sale un considerable volumen de líquido. A ojo de buen cubero calcula que el agua debe haber alcanzado más de metro y medio. Al entrar ha de sortear una mesa y unas sillas que flotan como si fueran barquitos de papel. Oye unos gritos y reconoce la voz, es su cuñado. Lo encuentra subiendo a un armario ropero, donde ya está Matilde, a su hijo de dos años.

   -¿Estáis bien? –grita Zacarías para que se le oiga por encima del ensordecedor estruendo de la riada.

   -De momento, estamos de pie, pero si continúa lloviendo no sé si los muros aguantarán, la casa es muy vieja. Gracias por venir. ¿Podrías llevarte a la Fábrica a Matilde y al crío?, aquí no están seguros.

   -Por supuesto, aunque se van a poner como una sopa.

   -Más mojados de lo que están no lo estarán.

   -Y tú también deberías venirte. Allí estamos seguros por mucho que llueva.

   -No, yo me quedo, a ver si puedo salvar algo, aunque como el agua arrastra mucho barro la mayor parte de la ropa, enseres y muebles habrá que tirarlos a la basura. Esto es un desastre y aún debemos dar gracias a Dios, pues estamos vivos. Ha habido un momento en que creí que no lo íbamos a contar.  

   -Estoy pensando que Matilde puede ir sola a la Fábrica con el crío y yo me quedo para ayudarte a salvar lo que se pueda –sugiere Zacarías.

   -No sé cómo están las calles, pero con la que está cayendo no pueden estar muy transitables. Me quedaré más tranquilo si se van contigo.

   La mujer está tan conmocionada que hasta el momento no ha dicho ni pío. El llumero coge a su hermana, que aferra a su hijo contra sí, y se la lleva a casa, adonde llegan totalmente calados. Rosario pide a su cuñada que se desnude y le da ropa interior y un vestido para que se cambie, lo mismo hace con el niño. Luego los pone ante el hogar para que se sequen y les da sendos tazones de leche caliente, añadiendo al de su cuñada un chorrito de coñac, para que vayan reponiéndose. De pronto, Matilde se pone a llorar, como si al verse a salvo la serenidad que ha mostrado hasta ahora hubiese desaparecido. No hay manera de consolarla, llora y llora sin poder contenerse. El crío, al ver el llanto de su madre, también comienza a gimotear. Y Rosario, que se siente especialmente cercana a su cuñada, los secunda. El señor Zacarías no sabe cómo confortar a las mujeres y los niños Clavijo las miran con cara de no entender nada.

   -Tete, ¿por qué llora madre y la tía? –pregunta Pedrito.

   -No lo sé, Pedri.

   Al llumero no se le ocurre otra forma de consolar a las mujeres que abrazándolas mientras les susurra que el peligro ha pasado y que si se pierden enseres siempre pueden reponerse.

   Al anochecer, la situación se torna más dantesca si cabe. La tierra, ahíta de agua, es incapaz de filtrar ni una gota más y las colinas que conforman el horizonte oeste de Torreblanca vierten ingentes cataratas de agua hacia la llanura en que está emplazado el pueblo. En las casitas, de una y dos plantas, ubicadas al este de la confluencia del carrer del Mar y el Camí de l´Estació, la cota de la inundación ha superado, en muchas de ellas, el uno setenta. El ayuntamiento moviliza a los albañiles y demás profesionales ligados al mundo de la construcción, y organiza, junto con un tropel de voluntarios, brigadas de auxilio para socorrer a los damnificados. A los que tienen dos plantas, los ayudan a subir a la de arriba. Los que viven en un bajo son evacuados y trasladados a las zonas altas del caserío. Un infrecuente sentimiento de solidaridad sacude a la población. Son muchos los vecinos que ofrecen sus domicilios para atender a los evacuados mientras dure la inundación. La corporación se plantea si organizar una expedición para socorrer a los marineros de Torrenostra, pero ante la falta de embarcaciones, pues la Plana se ha convertido en un mar interior, desiste. El llumero, de acuerdo con la alcaldía, ha cortado la electricidad para prevenir posibles cortocircuitos  potencialmente peligrosos. La oscuridad hace aún más pavorosa la situación.

   A primeras horas de la mañana siguiente, de repente deja de llover, como si el caudal de agua de los nubarrones se hubiese disipado. La gente sale de sus casas comentando con sus vecinos las peripecias que algunos han sufrido con el temporal. Gran parte de los propietarios de fincas se apresuran a aparejar los mulos para ir a ver si el diluvio ha causado daños a sus propiedades. Muchos de ellos no pueden llegar a los campos porque buena parte de la red viaria rural está intransitable, el lodo se acumula y hay obstáculos por todas partes: muebles, enseres de todo tipo, árboles que no han resistido la riada y hasta animales que se han ahogado. Es un desastre. Los que, sorteando obstáculos, han podido llegar a sus campos los encuentran llenos de barro, con los cultivos anegados y algún que otro árbol arrancado de cuajo. La peor parte se la han llevado los arrozales, pues la cosecha se había segado y las gavillas seguían en los campos para que el grano se secara y éstas han terminado en el mar. Días después los pescadores cuentan que han sacado  gavillas en sus redes hasta en el entorno del archipiélago de las Columbretes.

   En el pueblo los daños son considerables: bajos y sótanos inundados, casas derruidas, tejados rotos, tapias y muros que no han aguantado el envite de la riada, muebles, enseres y utensilios perdidos y todo, todo bañado por un lodo viscoso que recubre y deja inservible cuanto toca. La lluvia también ha afectado duramente las comunicaciones. La Guardia Civil ha tenido que cortar la circulación de la carretera nacional Valencia-Barcelona, pues presenta peligrosas balsas de agua en varios puntos y algunas de las alcantarillas que la cruzan por debajo han reventado destrozando el asfalto de su área de influencia. Lo del ferrocarril ha sido peor: en la zona de la Torre del Marqués, la riada se ha llevado parte del terraplén sobre el que se asienta el tendido y la vía ha quedado con los raíles al aire, con lo que el tráfico ferroviario también ha tenido que ser suspendido.

   Lo asombroso es que, cuando el ayuntamiento hace el recuento de la que ya es la peor catástrofe sufrida en el pueblo en el último siglo, se descubre un hecho increíble: no se ha producido ni una sola baja personal, algunos vecinos presentan contusiones y alguna que otra herida, pero salvo eso y el miedo pasado no ha habido que lamentar pérdidas mortales. La gota fría –para los lugareños la riuà-, de la que se hablará durante años, se lo ha llevado todo por delante, pero ha respetado a las personas.

   Cuando Zaca Clavijo se entera de ello, tan fantasioso como siempre, piensa que ha sido un auténtico milagro. Para que luego haya gente que no crea en ellos.

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 21, de la novela “El masover”  titulado:  Un casi amigo gaspatxer

viernes, 16 de mayo de 2025

Los Carreño”. Libro IV. Epílogo


  Tras la victoria aliada, el Reino de España, país que pese a esa denominación no lo rige un rey sino el general que ha ganado la Guerra Civil española y que se comporta de forma dictatorial, se encuentra con que las principales potencias ganadoras del conflicto consideran al gobierno de Francisco Franco como un simple apéndice de los gobiernos fascistas y nazis derrocados en el conflicto. La situación se acentúa aún más tras la creación de las Naciones Unidas y la recomendación formal de retirar los embajadores de España.

   En esa España aislada del resto del mundo, salvo contados países que mantienen sus embajadores, con una sociedad que todavía está traumatizada por las consecuencias de la guerra civil, con una economía de mera subsistencia y unas normas sociales dominadas por el nacionalcatolicismo, los Carreño medran. La familia cuenta con tres farmacias y una perfumería, dos de sus miembros son oficiales de la Marina de Guerra y un tercero está en vías de serlo. Además, han dejado el piso de Gran Vía, 54, y se han traslado a un nuevo y espacioso piso que han comprado en Castelló, una de las calles que conforman el burgués barrio de Salamanca. En la calle Castelló viven los Carreño solteros: Álvaro, Eloísa, Concha y Ángela. Julián y Jesús y sus esposas viven en el barrio de Chamberí, Andrés suele estar embarcado y Froilán sigue en la Escuela Naval de Marín.

   Y, aunque sea a contracorriente de las costumbres dominantes, los Carreño siguen manteniéndose unidos como una piña bajo la paternal dirección del hermano mayor que, ¡por fin!, ha conseguido su más anhelado logro: un destino de tierra en Madrid, pues por Orden Ministerial de 18 de junio de 1945 le ha sido concedido, por haberlo solicitado, el pase a la Escala Complementaria por motivos de salud, siendo destinado a la Subsecretaría de la Marina Mercante.

   Los Carreño, una familia tan singular como irrepetible, con sus virtudes y defectos, se aprestan a pasar el testigo de su atípica forma de entender la unidad familiar a la tercera generación. ¿Conseguirán mantenerla tan unida?

                                    

                                   FIN

 

martes, 13 de mayo de 2025

“El masover” 19. Mujercitas de papel

  Al final, la Fábrica ha resultado ser un hogar más que aceptable para los Clavijo, incluso les ha servido para complementar su magra despensa, pues en los bancales plantan hortalizas, patatas, legumbres y hasta fresas. Y en el corral tienen gallinas, pavos y conejos enjaulados. Y encima, no hay que pagar alquiler. Menos da una piedra, se dice la señora Rosario, pese a su reticencia inicial a vivir en la Fábrica.  A su vez, Zaca  piensa que hasta el momento nadie les ha llamado masoveros. El sitio no es tan malo como creían.

   A principios de septiembre, el señor Zacarías, como hace mensualmente, viaja a la oficina de la LUTE en la calle Herrero de Castellón, para hacer la liquidación del cobro de la luz del mes anterior. Y aprovecha la ocasión para comprar en la librería de Ballester los libros de primero de bachillerato. El tío Paco le explicó que la enseñanza media española, del primer tercio del siglo XX, está basada en un Real Decreto de 1901 que vino a reformar dichos estudios y que, para obtener el grado de bachiller, la etapa se distribuye en seis cursos. El alumnado estudia siete materias por curso, salvo en 3º y 6º, en los que habrá de superar ocho. Las asignaturas del primer año son: Lengua castellana,  Geografía general y de Europa, nociones y ejercicios de Aritmética y Geometría, Religión, Dibujo, Gimnasia y Caligrafía.

   Cuando el chaval ve la montonera de libros que ha de estudiar el ánimo se le cae por los suelos. No va a ser capaz de aprender tantos contenidos por muchas horas que estudie. Su desánimo se evapora en cuanto abre el manual de Geografía general y de Europa, que quizá es la materia que más le gusta y, empieza a hojear los mapas del texto, ve que no va a ser tan difícil como creía.

   Lo primero que hace madre con los libros es forrarlos con papel de estraza para que no se estropeen las cubiertas; quizá, en un futuro les puedan servir a Pedrito y a Chimet. En ningún momento, ha pasado por la cabeza de los Clavijo que también le podrían servir a Charito que es muy espabilada, pero es una chica y la cultura imperante establece que las chicas no están hechas para el estudio; su futuro será aprender todo lo que debe saber una buena ama de casa y, en su día, una buena esposa.

   En la primera reunión que el muchacho tiene con sus maestros estos le explican el plan de estudios: de las siete materias que conforman el primer curso, el Dibujo, la Gimnasia y la Caligrafía quedan reducidas a marías, denominación que desconoce el chico y que, según le explican, son aquellas asignaturas de segunda categoría que, para aprobarlas, no debe estudiar gran cosa. El Dibujo se aprueba copiando las ilustraciones y bocetos que vienen en el manual oficial del Instituto General y Técnico de Castellón. La Caligrafía, haciendo lo mismo que con el Dibujo. Y la Gimnasia practicando carreras y saltos, pues pruebas así serán las que se aplican en los exámenes por libre. En cuanto a la metodología para estudiar las materias fuertes será esta: diariamente, salvo los domingos y los jueves –día en que no hay clase vespertina-, tendrá que estudiar una lección de cada una de ellas. Cuando haya completado cada manual las lecciones serán dos diarias; por ejemplo, la 1 y la 11, la 2 y la 12 y, así, hasta darle una segunda vuelta a cada texto. Luego, las lecciones serán 3: la 1, la 11 y la 21 y, así, sucesivamente. Y de ese modo seguirá hasta los exámenes de junio, momento en el que los maestros esperan que haya aprendido de memoria el contenido de los distintos manuales. El muchacho en ningún momento se plantea lo tosco y antipedagógico que es el método que van a usar sus profesores, que más recuerda el bárbaro principio de la letra con sangre entra que los modernos conceptos pedagógicos. Piensa que si lo han programado sus maestros es como si lo hubiese hecho el Papa de Roma, que tiene la virtud de la infalibilidad, como le enseñaron en el catecismo. A pesar de eso, le parece que es un programa que no sabe si será capaz de afrontar, pero no se atreve a manifestarlo. Dado que es introvertido y de pocos amigos, que el aislamiento de la Fábrica invita al recogimiento, y que le gusta mucho leer, se pasa el día leyendo y releyendo los manuales y luego reproduciendo en voz alta el contenido de los mismos. A las cinco de la tarde, coge los textos que ha estudiado ese día, y se dirige al grupo escolar del pueblo. Allí repite la correspondiente lección al maestro que le toca ese día, quien con el libro abierto, comprueba si el chaval se lo sabe. No hay explicaciones, no hay resúmenes o esquemas, no hay preguntas, no hay aclaraciones, solamente memoria, memoria y memoria. Una metodología tan rudimentaria y elemental, tan apartada de la pedagogía de principios de siglo, al muchacho le viene como anillo al dedo, pues tiene un memorión, como suele repetir don José a los padres del chico, cuando les cuenta lo buen alumno que es.

   -Estoy muy contento con el chaval. Es muy estudioso y tiene una memoria de elefante. Aprobará sin mayores problemas.

   Pero Zaca sí tiene problemas, al menos uno: las nociones y ejercicios de Aritmética y Geometría requieren algo más que memorizarlas, hay teoremas, leyes y postulados que exigen una explicación para aprehenderlos, pero no recibe ningún razonamiento ni aclaración, por lo que el chico se aprende las nociones, pero muchas de ellas no las comprende, simplemente las memoriza.   

   Pese a todo, y a su manera, el muchacho es feliz. Pasa el día estudiando, actividad que le gusta, pues fortalece su ego tan baqueteado en otros ámbitos y, aunque de lunes a sábado prácticamente no tiene contacto con otros chicos, para un solitario e introvertido como él, no representa ningún problema. Casi todos los juegos y entretenimientos de los chavales de su edad requieren de habilidades y aptitudes físicas de las que carece, por lo que no los echa de menos. Su mayor divertimento se reduce a ver las pelis que ponen en el cine los jueves y sábados por la noche y los domingos y festivos por la tarde-noche, pelis que ve gratis al ser su padre el proyeccionista. Su afición por la cinematografía hace que con sus amigos hable mucho sobre las cintas que han visto o que esperan ver, pues cuando las echan en el pueblo, hace ya mucho que se estrenaron en las ciudades. Hoy están hablando sobre sus preferencias cinematográficas, las cuales revelan que su madurez emocional está muy verde.

   -A mí la peli que más me ha gustado en el último año ha sido Las mascotas de la reina Lino – indica Pifarré.

   -Esa no tiene ni punto de comparación con Una aventura de siete vidas –opina Pitarch.

   -Pues como las Aventuras del pequeño Colón no hay otra –comenta Clavijo, que añade-: Queralt me ha dicho que esperemos a ver La gran aventura de los Lunnis, que es de categoría.

   Zaca se suele juntar con sus amigos las tardes de los sábados y domingos. En sus charlas, conversar sobre el otro sexo es cada vez más frecuente.

   -Cómo se está poniendo la Merche –se admira Queralt-, cada día está más buena.

   -Chimo, debías de cambiar de gafas –se mofa Zaca-. Si es un escuerzo.

   -¿Y eso qué quiere decir?

   -Que está muy flaca.

   -Te lo parecerá a ti que solo te gustan las que tienen mollas.

   Los tres amigos, Manolo no ha aparecido, están parados como una farola en els Quatre cantons, viendo cómo pasan y repasan las pandas de jovencitas que lucen su palmito por el Raval. Acaba de pasar junto a ellos un grupito de muchachas, una de las cuales les ha dedicado una pícara sonrisa.

   -Que sonrisa más bonita tiene Adelita –comenta Clavijo.

   .Sí, y un culo como el de una ballena –se burla Pifarré., que agrega-: ¿Y a ti por qué te gustan las gordas?

   -Adelita no me gusta, solo he dicho que tiene una bonita sonrisa. Y no soy como tú, que te gustan todas,

   -Todas, no. Solo las que están buenorras.

   -Mira la pandilla de Toni Cortés, ya se han ligado a la panda de Teresita la Botiguera, que esas sí que están buenas.

   -Daría uno de mis mejores tebeos para saber qué hacen para ligar –confiesa Zaca.

   -Pues yo creo que no tiene mucho intríngulis, basta con acercarte y preguntar ¿nos dejáis pasear con vosotras? –Pifarré habla como si fuera un experto en el sexo femenino.

   -¿Y si te dicen que no? –le interpela Clavijo.

   -Pues das media vuelta y buscas otras. Chicas hay más que granos de arena en la playa.

   Y así discurren muchas tardes los amigos de Zaca: hablando de chicuelas, pero sin acercarse a ellas. Aún no tienen el arrojo suficiente para pasar de las palabras a la acción. De ahí que ninguno tenga “novia”, ni siquiera alguna amiga con derecho a roce. A Zaca no es algo que le preocupe demasiado, pues va muy retrasado en su desarrollo emocional. Además, bajito, feucho y canijo no son cualidades como para comerse muchas roscas. Tampoco es que los demás se coman muchas, pues pese a que todos han cumplido diez años, todavía no se juntan con chicas. En su día delegaron en Pifa para que contactara con alguna pandilla femenina para juntarse el Domingo de Pascua, pero o no lo ha hecho o sus pesquisas han fracasado porque en cualquier momento llegará  esa festividad y no tendrán compañía femenina con la que compartir la mona de Pascua. Además de hablar de muchachas, hablan mucho de “eso”; o sea, del sexo, al que no se atreven ni a mentar, y del que tienen conocimientos imprecisos y, en ocasiones, equivocados.

   En el caso de Clavijo, su relación con el sexo femenino está muy condicionada por sus lecturas. Además de cuentos, tebeos y libros de texto, lee muchas obras de ficción entre las que sobresalen la literatura del Oeste y las novelitas amorosas. En éstas salen a menudo protagonistas femeninas que le encandilan, pues son mujeres ideales en todos los sentidos. Lindas como una rosa de té, escultóricas cual una diosa griega y ¡qué decir de su carácter!: tiernas, amables, simpáticas, cultas, comprensivas, sin importarles que un hombre sea bajito o no demasiado guapo y dispuestas a satisfacer las más inconfesables fantasías sexuales de su enamorado. Zaca, aún no lo sabe, pues todavía no ha desarrollado la capacidad de bucear en su interior con cierta objetividad, pero está enamorado de esas mujercitas de papel. Y, claro, las chiquillas del pueblo de papel, nada. Son de carne y hueso, con virtudes y defectos, con luces y sombras y, naturalmente, a años luz de los arquetipos femeninos que hacen latir aceleradamente el corazón del muchacho. Por eso, las ignora cuando no las desprecia. Sueña con mujercitas de papel y desdeña a las reales. No sabe lo que se pierde y, al paso que va, parece que tardará en saberlo. Pero es como es, para lo bueno y lo malo.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 20, de la novela “El masover”, titulado: Milagro en la gota fría