lunes, 21 de abril de 2025

Postinfo 21.04.2025

 

En mi último postinfo titulado: Cuando finalizan “Los Carreño”, decía que sería el 23 del próximo mayo. Me equivoqué, pues los episodios que restan estaban mal numerados. El final de la trilogía de “Los Carreño”, será el día 16 de mayo, con la publicación del episodio 100 y último. Dicho queda.

viernes, 18 de abril de 2025

Libro IV. Episodio 96. Una nueva farmacia para Ángela

   En septiembre, la familia Carreño despide a Froilán que se marcha a la Escuela Naval Militar de Marín para realizar el primer curso de la carrera de oficial de la Marina española y, al igual que sus hermanos, lo hará en el Cuerpo General. El Mosqui solo estará con Andrés en la Escuela hasta diciembre del 43, fecha en que el balarrasa de Andrés terminará el quinto y penúltimo curso, dado que es repetidor y ha perdido dos promociones. En septiembre del 43, Andrés es promovido a guardiamarina y en diciembre empieza a hacer uso de un mes de licencia debiendo examinarse nuevamente de Electricidad por no haber obtenido nota suficiente en los exámenes sufridos anteriormente. Andrés no se enmienda, sigue siendo tan mal estudiante como siempre.  

   En noviembre, Álvaro comienza su permiso reglamentario y, cuando lo concluye, ya en enero del 44, marcha a Marín por haber sido aprobada su petición para efectuar el curso de artillería de tiro naval, tal como le aconsejó el comandante Calderón. En el último trimestre del 44, por fin consigue lo que buscaba: ser admitido en un curso de la Armada a realizar en Madrid, pues es nombrado alumno para el ingreso en el Cuerpo facultativo de armas navales y, en cumplimiento de dicha orden, en enero del 45 desembarca del destructor Escaño e ingresa en la Escuela superior de Armas Navales, sita en la calle Arturo Soria, 287, de Madrid. El primer curso termina en julio; quince días antes de acabarlo asciende a capitán de corbeta, a partir de ahora los oficiales, suboficiales y marinería se dirigirán a él como mi comandante. Durante el segundo curso, que dura del 15 de agosto al 20 de diciembre, realiza un viaje de prácticas, visitando los Altos Hornos de Vizcaya, la fábrica de Wilcox y Salaberría, la fábrica de explosivos de Galdácano y la Duro-Felguera.

   En el escenario bélico, durante la primavera del 44, los Aliados han completado las preparaciones para la invasión de Francia. Se han reunido unos dos millones de hombres, entre estadounidenses, británicos, canadienses, franceses libres y polacos. Al mando figura el general norteamericano Dwight D. Eisenhower. Entre tanto, en el frente del Pacífico, los submarinos y aviones aliados atacan a la marina mercante japonesa y privan a su industria de las materias primas, por cuya obtención el imperio japonés ha ido a la guerra. Los Estados Unidos atacan Iwo Jima y, tras duros y prolongados combates, los marines conquistan la isla y sus dos campos de aviación desde los que podrán atacar Japón.

   En junio del 44 se produce una acción que resulta ser decisiva en el devenir de la guerra. El día 6, que pasará a la historia bélica como el día D, los Aliados llevan a cabo la Operación Overlord, consistente en un gran desembarco en las playas de Normandía. Los estadounidenses sufren fuertes pérdidas en la playa de Omaha, sin embargo, al final del primer día han alcanzado muchos de sus objetivos, pues Hitler creía que los desembarcos eran una distracción y el Alto Mando alemán tarda tres días en darse cuenta de que el desembarco en Normandía no era una añagaza. Los Aliados avanzan 1000 kilómetros en dos semanas, y la capital francesa es liberada el 25 de agosto.

   Ajenos a las consecuencias del día D, en Madrid los Carreño andan buscando el traspaso de una nueva farmacia para Ángela. Una vez más se topan con el problema de que, al pretender una farmacia que sea céntrica, no es fácil encontrarla. A principios de junio, encuentran una que responde a sus expectativas. Está ubicada en pleno centro de Madrid, en la calle Virgen de los Peligros, 4, que es una pequeña vía urbana que discurre entre Alcalá y Caballero de Gracia,​ prolongándose por la calle del Clavel hasta la Gran Vía. El mayor problema que tiene es que casi enfrente, en el 11, está otra botica que se anuncia con el rimbombante nombre de Farmacia Internacional. Lo que provoca una controversia entre los Carreño, unos hermanos se inclinan por comprarla, mientras otros creen que es un mal negocio. Entre estos se encuentran Jesús, Eloísa y la propia Ángela. Entre los que quieren adquirirla, está Julián que solo cuenta con la ayuda de Concha, cuyo peso en la familia es más bien liviano.

   -Tened en cuenta que, por mucho que haya ayudado en la farmacia de Gran Vía, va a ser mi primera experiencia profesional y dudo ser capaz de soportar la rivalidad con la otra farmacia cuyo titular lleva un montón de años al frente de la misma – Ángela justifica así su voto negativo.

   Julián requiere la opinión del resto de hermanos que no están en Madrid. La primera que contesta es Pilar que no duda en alinearse con Julián y cuando Jesús le explica la negativa de Ángela, que será la titular, Pilar les ofrece una salida en la que no habían pensado.

   -¿Y por qué Ángela ha de ser forzosamente la titular? Podéis hacer lo siguiente: tú te quedas de titular en Gran Vía, Ángela que se haga cargo de San Bernardo y mi título usarlo para Peligros.

   -¿Y crees que Julián, que ya conoce a la clientela de San Bernardo, se avendrá a ir a Peligros?

   -¿Se lo habéis preguntado?, ¿no?, pásame con él, por favor.

   Tras un breve diálogo, Pilar convence a Julián de que, con la experiencia que tiene acumulada, es el más indicado para hacerse cargo de la farmacia de Peligros. Aun así, los que se oponen a la compra continúan sin dar su brazo a torcer. Visto lo cual, esperan a que los marinos den su opinión. Tanto Andrés como Froilán se abstienen de opinar, lo dejan en manos de lo que decida el primogénito. Cuando desde Marín llega la opinión de Álvaro sobre la compra de la nueva farmacia se resuelve el dilema en un visto y no visto.

   -No quiero discusiones, la propuesta de Pilar me parece la más inteligente, en consecuencia, compradla y a su frente que se ponga Julián -Parafraseando la coloquial expresión: lo dijo Blas, punto redondo; para los Carreño es lo dijo Álvaro, punto final.

   El año 45, tras comprar la tercera de las farmacias, y por consejo de Luis Verdú, los Carreño deciden poner algo más de orden en el follón que tienen con los títulos. En la farmacia de Gran Vía, que todavía sigue a nombre de Pilar y tras una compraventa ficticia, queda como titular Jesús; la de San Bernardo, cuyo titular era Jesús, la ponen a nombre de Ángela; y finalmente, la de la calle Peligros funcionará con el título de Pilar, aunque será regentada por Julián. Este ha tenido la fortuna de contratar a un mancebo, llamado Nicolás, que se revela como un dependiente con una extraordinaria habilidad elaborando fórmulas magistrales, por lo que la mayoría de las fórmulas que recetan los médicos del distrito Centro terminan en la farmacia del número 4 de Peligros.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 97. La perfumería de Gran Vía

martes, 15 de abril de 2025

“El masover. 15. De los traumas y complejos

 A la postre, Pifa no ha tenido que buscar una pandilla de chiquitas para compartir la mona de Pascua. Manolo ha pillado uno de sus recurrentes catarros. Y Joaquinito se ha ido a pasar la Semana Santa a Barcelona con su familia, invitada por un hermano de don Joaquín, también médico y que tiene consulta en la Ciudad Condal. Pifa y Zaca han decidido comerse solos la mona. El fortachón, malhumorado. El canijo, aliviado, pues no tendrá que verse en el brete de tener que emparejarse con alguna chiquita más alta que él.

   Con su entrada en la pubertad al chaval de los Clavijo se le ha acrecentado su capacidad de escudriñar en su yo interior. Y empieza a hacerse peguntas, si no trascendentales, sí sustantivas. Y una de las tantas es si ha superado sus traumas infantiles. De alguno de ellos es consciente de haberlo dejado atrás, de otros no está tan seguro.

   El primer trauma del que guarda recuerdo es de cuando vivía en la casa de la calle Horno. Tenía un pavor cerval de subir a la falsa por las noches, no así durante el día. Y es que el último tramo de escalera que va hasta la falsa no tiene luz. Era la oscuridad de ese tramo lo que le producía un temor que no podía remediar. Sabe que ahora no temblaría. Trauma superado, pues.

   Otros dos traumas que le impactaron, y que descubrió sobre los ocho años, fueron el de la inexistencia de os Reyes Magos de Oriente y que el relato de la cigüeña, al igual que el de los Reyes, era más falso que un duro sevillano.  

   Zaca esperaba con verdadera ilusión la fecha del seis de enero, porque llegaban los Reyes con los ansiados regalos que, en el caso del muchacho, solían ser más utilitarios que lúdicos. Lo habitual era una modesta mescolanza de material escolar, libros de entretenimiento, ropa y alguna chuchería o dulce. Pero tanto o más que los propios regalos le hacía estremecer de placer el hecho en sí de la llegada de los Reyes. La noche del cinco le costaba conciliar el sueño y el seis era el primero de la casa en levantarse y acudir al dormitorio de padres a pedirles que abandonaran la cama, pues para ver lo que habían dejado Sus Majestades de Oriente los padres debían de estar presentes. Y ese día cuidaba con mimo  los más nimios detalles.

   -Madre, ¿dónde será mejor que dejemos el turrón y las copas de sidra para los Reyes?

   Y al comprobar al día siguiente que el dulce y la bebida habían desaparecido suspiraba aliviado. Una vez más, Sus Majestades no le habían fallado. Y al año siguiente se le ocurría:

   -Madre, he pensado que nunca dejamos nada para los camellos. ¿Por qué este año no ponemos junto al belén un balde con agua para que beban y un poco de alfalfa para que coman?

   Y cuando en la mañana del seis, el cubo aparecía sin gota y de la alfalfa ni rastro le daba un espasmo de gozo. Quizás uno de los Reyes que le causaron un impacto más hondo fue aquel año que en la Fábrica de la llum, los Reyes tuvieron la humorada de dejarle los regalos en el tronco de la frondosa higuera napolitana que ocupaba el centro del corral. Lo que le provocó el shock no fueron los regalos, sino que alrededor del tronco había unas boñigas que la abuela Isabel, tras olerlas, definió tajante:

   -No hay duda, por como huelen son boñigas de camellos. Seguramente de los de Sus Majestades.

   Pero cuando estando en tercero, uno de los mayores de la escuela, Plácido, que lo tenía enfilado, se burló de él ante toda la clase por su fe en los Reyes, le produjo tal trauma que creyó morirse.

   -Pues, Sacaríes, no eres tan listo como muchos creen. Eres más tonto que un caracol de secano. Mira que con ocho años todavía creer en los Reyes. No existen, idiota. Son los padres.

   Aguantó el tipo, pero cuando se metió en su habitación lloró como no recordaba haberlo hecho, ni cuando murió aplastado por un carro Tolito, el gato de la familia al que profesaba un tierno afecto. El trauma acabó superándolo, pero le costó lo suyo.

   El otro trauma que le acaeció por la misma época fue cuando Troyano, que no era mal chico, le explicó que lo de que los niños los traía la cigüeña era un cuento chino.

   -Los niños nacen por la figa de las mujeres. A ver si te enteras de una vez so vaina.

   Desde entonces, lo de figa -con dos acepciones en el habla local higo y vagina-, le resultó una de las palabras más despreciables, tanto que se negaba a repetir la segunda acepción. El paso del tiempo ayudó indefectiblemente a que olvidara el trauma.

   Así como todos tuvimos traumas, ocurre algo parecido con los complejos. Quién no tuvo algún complejo de niño que levante la mano. Si alguien lo hace lo más probable –casi seguro- es que esté falseando sus recuerdos. Zaca también juega limpio ahí. Tuvo emociones reprimidas que perturbaron su conducta. Dos de sus complejos fueron muy precoces: ser feo y bajito.

   De su presunta fealdad no tuvo noticias hasta que siendo muy niño –quizás de menos de cinco años- el sordera de su abuelo paterno, que por entonces vivía en la Fábrica, dijo de él en su presencia creyendo que no le oía:

   -Que feo es el pobre. Vaya morros que tiene.

   A lo que la abuela Isabel, a la que iba destinado el lamentable comentario, respondió con un airado:

   -¡Cállate, coño!

   Lo de sus morros quedó confirmado cuando Manolo Segura le espetó:

   -Morrud, que eres un morrud.

   Era evidente que era un morrudo, pues en aquel tiempo en su demacrado rostro lo que más llamaba la atención eran sus gruesos labios que, en verdad, convertían su cara no precisamente en un dechado de belleza masculina. Desde que oyó el poco piadoso comentario de su abuelo –al que le costó perdonar- asumió que era feo y quizás esa asunción fue la causa de su timidez con las muchachas. Hoy ese trauma lo ha superado en buena parte, pues su rostro ha ido moldeándose con más músculo y el grosor de sus labios no resalta tanto como antaño. Incluso sabe que una de las amigas de Charito, Fina la Mema, ha comentado a su hermana:

  -Tu hermano es mono –Cuando Charo le chivó el calificativo de Fina, ojeó la palabra en el diccionario enciclopédico de Sopena y se topó con la agradable sorpresa de que una de las acepciones de mono es: De aspecto agradable por cierto atractivo físico, por su gracia o por su arreglo y cuidado. Quedaba claro que no era precisamente un Adonis, pero tampoco un Quasimodo. El complejo y correlativo trauma casi superado.

   Lo de considerarse bajito, eso sí que es un complejo que no ha logrado salvar. No es que sea un enano –mide uno sesenta y cuatro y, según el médico de la familia, todavía puede crecer dos o tres centímetros más-, pero es el más bajo de sus amigos y de buena parte de la muchachada local. Aunque se consuela pensando que está, más o menos, en el fiel de la balanza: hay tantos chicos más altos, como otros tantos más bajos. Lo que vino a confirmarlo la tía Paca a la que le oyó comentar a madre:

   -Zaquita no es bajito, es de lo que más hay.

  O sea, que es del montón. Sin embargo, el complejo de su corta talla no ha sido capaz de superarlo y eso se refleja en hechos y ocasiones que a veces rondan el ridículo. Lo acusa mucho en su trato con las muchachas: no puede resistir que una chavala sea más alta y procura no tratar con las que le superan en estatura. Ni siquiera se pone a su vera y mucho menos baila con ellas. Incluso con las niñas que son de su talla, piensa que cuando se hagan mayores calzarán zapatos de tacón y entonces le sobrepasarán, por lo que procura alejarse de ellas. Y aquella vez que madre le llevó a Castellón de compras y, tras adquirir unos zapatos en Segarra, le indicó:

   -Mañana vas a ir donde el tío Canet a que ponga medias suelas de goma a los zapatos para que duren más.

   La idea le pareció estupenda, pues pensó que eso le haría parecer al menos un dedo más alto.

   El complejo de ser un patoso es otro de los que no ha logrado dejar atrás. Es consciente de que, aunque ha mejorado su musculatura y la coordinación motora, continúa siendo desmañado. Sobre todo con las manos. Ahí la genética le ha negado el pan y la sal. En su familia todos tienen alguna o varias habilidades manuales. Padre es un manitas capaz de arreglar cualquier aparato que se haya averiado y hasta de construir cachivaches nuevos. Madre sabe coser y bordar que es un primor. Charito emula a madre y en cuanto a habilidad manual es igual que padre. Pedrito le da al balón tan bien que hay quien apunta que de mayor puede terminar jugando en un equipo de relumbrón; en el del pueblo, seguro. Y hasta Chimet apunta maneras: con un lápiz en la mano ya sabe hacer garabatos que prometen. En cambio, él es incapaz de servirse de las manos más allá de los movimientos más básicos. Como cariñosamente la tía Emilia le dijo una vez:

   -En el aspecto físico eres el patito feo de la familia. Pero consuélate, en contraposición también eres el más listo. Vaya lo uno por lo otro.

   Un trauma deja de serlo o, al menos, duele menos si hay consuelo que lo alivie. Y, a Dios gracias, Zaca tiene un mínimo arsenal de consuelos que pueden resumirse en tres: la lectura, el cine y su amigo Pifa.

   Cuando se sumerge en las páginas de un libro, sobre todo si es una novela o un cuento, la lectura le absorbe de tal modo que se olvida de todo, hasta de sus traumas y complejos. Algo parecido le ocurre con el cine. Vive con tal pasión las pelis que le gustan, y que más tarde rememora una y otra vez, que se abstrae de todo lo que no sea la historia que narra el film. Para Zaca ir al cine es como si fuera a una consulta del psiquiatra. Y el postrer consuelo para aliviar sus choques emocionales  y sus tendencias reprimidas es Pifa, su amigo del alma. Es al único a quien cuenta los traumas y complejos que le atormentan. Y Pifa tiene siempre una frase o  un gesto que, quizás sin pretenderlo, ayudan a Clavijo a olvidar sus demonios interiores. Como aquella vez que, tratando de recomponer la página rota de un tebeo, acabó por romperla del todo.

   -¡Mierda!, soy un patoso. No debe de haber en toda la provincia alguien tan torpón como yo.

   -No digas chorradas. Eso le puede pasar a cualquiera,

   -Pero seguro que a ti no te pasa.

   - No se puede ser el mejor o el peor en todo. Yo te gano corriendo, pero tú me ganas multiplicando. El que no se consuela es porque no quiere.

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 16, de la novela “El masover”, titulado: El corazón tiene razones que…   (10278 intemporal)