martes, 13 de mayo de 2025

“El masover” 19. Mujercitas de papel

  Al final, la Fábrica ha resultado ser un hogar más que aceptable para los Clavijo, incluso les ha servido para complementar su magra despensa, pues en los bancales plantan hortalizas, patatas, legumbres y hasta fresas. Y en el corral tienen gallinas, pavos y conejos enjaulados. Y encima, no hay que pagar alquiler. Menos da una piedra, se dice la señora Rosario, pese a su reticencia inicial a vivir en la Fábrica.  A su vez, Zaca  piensa que hasta el momento nadie les ha llamado masoveros. El sitio no es tan malo como creían.

   A principios de septiembre, el señor Zacarías, como hace mensualmente, viaja a la oficina de la LUTE en la calle Herrero de Castellón, para hacer la liquidación del cobro de la luz del mes anterior. Y aprovecha la ocasión para comprar en la librería de Ballester los libros de primero de bachillerato. El tío Paco le explicó que la enseñanza media española, del primer tercio del siglo XX, está basada en un Real Decreto de 1901 que vino a reformar dichos estudios y que, para obtener el grado de bachiller, la etapa se distribuye en seis cursos. El alumnado estudia siete materias por curso, salvo en 3º y 6º, en los que habrá de superar ocho. Las asignaturas del primer año son: Lengua castellana,  Geografía general y de Europa, nociones y ejercicios de Aritmética y Geometría, Religión, Dibujo, Gimnasia y Caligrafía.

   Cuando el chaval ve la montonera de libros que ha de estudiar el ánimo se le cae por los suelos. No va a ser capaz de aprender tantos contenidos por muchas horas que estudie. Su desánimo se evapora en cuanto abre el manual de Geografía general y de Europa, que quizá es la materia que más le gusta y, empieza a hojear los mapas del texto, ve que no va a ser tan difícil como creía.

   Lo primero que hace madre con los libros es forrarlos con papel de estraza para que no se estropeen las cubiertas; quizá, en un futuro les puedan servir a Pedrito y a Chimet. En ningún momento, ha pasado por la cabeza de los Clavijo que también le podrían servir a Charito que es muy espabilada, pero es una chica y la cultura imperante establece que las chicas no están hechas para el estudio; su futuro será aprender todo lo que debe saber una buena ama de casa y, en su día, una buena esposa.

   En la primera reunión que el muchacho tiene con sus maestros estos le explican el plan de estudios: de las siete materias que conforman el primer curso, el Dibujo, la Gimnasia y la Caligrafía quedan reducidas a marías, denominación que desconoce el chico y que, según le explican, son aquellas asignaturas de segunda categoría que, para aprobarlas, no debe estudiar gran cosa. El Dibujo se aprueba copiando las ilustraciones y bocetos que vienen en el manual oficial del Instituto General y Técnico de Castellón. La Caligrafía, haciendo lo mismo que con el Dibujo. Y la Gimnasia practicando carreras y saltos, pues pruebas así serán las que se aplican en los exámenes por libre. En cuanto a la metodología para estudiar las materias fuertes será esta: diariamente, salvo los domingos y los jueves –día en que no hay clase vespertina-, tendrá que estudiar una lección de cada una de ellas. Cuando haya completado cada manual las lecciones serán dos diarias; por ejemplo, la 1 y la 11, la 2 y la 12 y, así, hasta darle una segunda vuelta a cada texto. Luego, las lecciones serán 3: la 1, la 11 y la 21 y, así, sucesivamente. Y de ese modo seguirá hasta los exámenes de junio, momento en el que los maestros esperan que haya aprendido de memoria el contenido de los distintos manuales. El muchacho en ningún momento se plantea lo tosco y antipedagógico que es el método que van a usar sus profesores, que más recuerda el bárbaro principio de la letra con sangre entra que los modernos conceptos pedagógicos. Piensa que si lo han programado sus maestros es como si lo hubiese hecho el Papa de Roma, que tiene la virtud de la infalibilidad, como le enseñaron en el catecismo. A pesar de eso, le parece que es un programa que no sabe si será capaz de afrontar, pero no se atreve a manifestarlo. Dado que es introvertido y de pocos amigos, que el aislamiento de la Fábrica invita al recogimiento, y que le gusta mucho leer, se pasa el día leyendo y releyendo los manuales y luego reproduciendo en voz alta el contenido de los mismos. A las cinco de la tarde, coge los textos que ha estudiado ese día, y se dirige al grupo escolar del pueblo. Allí repite la correspondiente lección al maestro que le toca ese día, quien con el libro abierto, comprueba si el chaval se lo sabe. No hay explicaciones, no hay resúmenes o esquemas, no hay preguntas, no hay aclaraciones, solamente memoria, memoria y memoria. Una metodología tan rudimentaria y elemental, tan apartada de la pedagogía de principios de siglo, al muchacho le viene como anillo al dedo, pues tiene un memorión, como suele repetir don José a los padres del chico, cuando les cuenta lo buen alumno que es.

   -Estoy muy contento con el chaval. Es muy estudioso y tiene una memoria de elefante. Aprobará sin mayores problemas.

   Pero Zaca sí tiene problemas, al menos uno: las nociones y ejercicios de Aritmética y Geometría requieren algo más que memorizarlas, hay teoremas, leyes y postulados que exigen una explicación para aprehenderlos, pero no recibe ningún razonamiento ni aclaración, por lo que el chico se aprende las nociones, pero muchas de ellas no las comprende, simplemente las memoriza.   

   Pese a todo, y a su manera, el muchacho es feliz. Pasa el día estudiando, actividad que le gusta, pues fortalece su ego tan baqueteado en otros ámbitos y, aunque de lunes a sábado prácticamente no tiene contacto con otros chicos, para un solitario e introvertido como él, no representa ningún problema. Casi todos los juegos y entretenimientos de los chavales de su edad requieren de habilidades y aptitudes físicas de las que carece, por lo que no los echa de menos. Su mayor divertimento se reduce a ver las pelis que ponen en el cine los jueves y sábados por la noche y los domingos y festivos por la tarde-noche, pelis que ve gratis al ser su padre el proyeccionista. Su afición por la cinematografía hace que con sus amigos hable mucho sobre las cintas que han visto o que esperan ver, pues cuando las echan en el pueblo, hace ya mucho que se estrenaron en las ciudades. Hoy están hablando sobre sus preferencias cinematográficas, las cuales revelan que su madurez emocional está muy verde.

   -A mí la peli que más me ha gustado en el último año ha sido Las mascotas de la reina Lino – indica Pifarré.

   -Esa no tiene ni punto de comparación con Una aventura de siete vidas –opina Pitarch.

   -Pues como las Aventuras del pequeño Colón no hay otra –comenta Clavijo, que añade-: Queralt me ha dicho que esperemos a ver La gran aventura de los Lunnis, que es de categoría.

   Zaca se suele juntar con sus amigos las tardes de los sábados y domingos. En sus charlas, conversar sobre el otro sexo es cada vez más frecuente.

   -Cómo se está poniendo la Merche –se admira Queralt-, cada día está más buena.

   -Chimo, debías de cambiar de gafas –se mofa Zaca-. Si es un escuerzo.

   -¿Y eso qué quiere decir?

   -Que está muy flaca.

   -Te lo parecerá a ti que solo te gustan las que tienen mollas.

   Los tres amigos, Manolo no ha aparecido, están parados como una farola en els Quatre cantons, viendo cómo pasan y repasan las pandas de jovencitas que lucen su palmito por el Raval. Acaba de pasar junto a ellos un grupito de muchachas, una de las cuales les ha dedicado una pícara sonrisa.

   -Que sonrisa más bonita tiene Adelita –comenta Clavijo.

   .Sí, y un culo como el de una ballena –se burla Pifarré., que agrega-: ¿Y a ti por qué te gustan las gordas?

   -Adelita no me gusta, solo he dicho que tiene una bonita sonrisa. Y no soy como tú, que te gustan todas,

   -Todas, no. Solo las que están buenorras.

   -Mira la pandilla de Toni Cortés, ya se han ligado a la panda de Teresita la Botiguera, que esas sí que están buenas.

   -Daría uno de mis mejores tebeos para saber qué hacen para ligar –confiesa Zaca.

   -Pues yo creo que no tiene mucho intríngulis, basta con acercarte y preguntar ¿nos dejáis pasear con vosotras? –Pifarré habla como si fuera un experto en el sexo femenino.

   -¿Y si te dicen que no? –le interpela Clavijo.

   -Pues das media vuelta y buscas otras. Chicas hay más que granos de arena en la playa.

   Y así discurren muchas tardes los amigos de Zaca: hablando de chicuelas, pero sin acercarse a ellas. Aún no tienen el arrojo suficiente para pasar de las palabras a la acción. De ahí que ninguno tenga “novia”, ni siquiera alguna amiga con derecho a roce. A Zaca no es algo que le preocupe demasiado, pues va muy retrasado en su desarrollo emocional. Además, bajito, feucho y canijo no son cualidades como para comerse muchas roscas. Tampoco es que los demás se coman muchas, pues pese a que todos han cumplido diez años, todavía no se juntan con chicas. En su día delegaron en Pifa para que contactara con alguna pandilla femenina para juntarse el Domingo de Pascua, pero o no lo ha hecho o sus pesquisas han fracasado porque en cualquier momento llegará  esa festividad y no tendrán compañía femenina con la que compartir la mona de Pascua. Además de hablar de muchachas, hablan mucho de “eso”; o sea, del sexo, al que no se atreven ni a mentar, y del que tienen conocimientos imprecisos y, en ocasiones, equivocados.

   En el caso de Clavijo, su relación con el sexo femenino está muy condicionada por sus lecturas. Además de cuentos, tebeos y libros de texto, lee muchas obras de ficción entre las que sobresalen la literatura del Oeste y las novelitas amorosas. En éstas salen a menudo protagonistas femeninas que le encandilan, pues son mujeres ideales en todos los sentidos. Lindas como una rosa de té, escultóricas cual una diosa griega y ¡qué decir de su carácter!: tiernas, amables, simpáticas, cultas, comprensivas, sin importarles que un hombre sea bajito o no demasiado guapo y dispuestas a satisfacer las más inconfesables fantasías sexuales de su enamorado. Zaca, aún no lo sabe, pues todavía no ha desarrollado la capacidad de bucear en su interior con cierta objetividad, pero está enamorado de esas mujercitas de papel. Y, claro, las chiquillas del pueblo de papel, nada. Son de carne y hueso, con virtudes y defectos, con luces y sombras y, naturalmente, a años luz de los arquetipos femeninos que hacen latir aceleradamente el corazón del muchacho. Por eso, las ignora cuando no las desprecia. Sueña con mujercitas de papel y desdeña a las reales. No sabe lo que se pierde y, al paso que va, parece que tardará en saberlo. Pero es como es, para lo bueno y lo malo.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 20, de la novela “El masover”, titulado: Milagro en la gota fría

domingo, 11 de mayo de 2025

Postinfo 11.05.2025.- Va de confesiones

 

   El próximo 16, viernes, publicaré el último episodio de la tetralogía Los Carreño (trilogía en la versión en papel). Han sido casi dos años, viernes tras viernes, de contacto con los lectores de la novela.

   El título, de ese postrer episodio del Libro IV de Los Carreño, Las Guerras, es significativo, “Epílogo”, y sobre el que hago una confesión. Es más que posible que defraude a muchos lectores puesto que muestra una de mis muchas limitaciones como narrador: no sé escribir los finales. Los dejo casi siempre abiertos, no como un recurso literario sino por mi impotencia en saber construir un final comme in faut, como diría un gabacho. He soñado muchas veces en escribir una novela sobre un solo personaje –mis obras son siempre corales- y así, al finalizar su vida física acabaría la novela, pero no he sido capaz de hacerlo. Quizás en la otra vida.

   Según el servicio de estadística de blogspot, desde que, hace noventa y nueve semanas,  comencé a publicar el cuarto tomo de Los Carreño hasta hoy, se han visto 34.098 páginas del blog. Cifra, que en un mundo global como el de internet, es una gota de agua, pero si la valoramos desde la perspectiva de que el autor de la narración es un octogenario, desconocido para el gran público, y no demasiado buen escribidor, entonces el guarismo adquiere un cierto relieve.

   Lo he hecho lo mejor que he sabido y podido. No se le puede pedir mucho más a un aficionado a escribir que comenzó a narrar historias a los setenta cumplidos, sin otra finalidad que ocupar las muchas horas que una jubilación solitaria te depara. Quizás debí hacerlo antes –es lo que opina uno de mis amigos-, pero los meandros de la vida no surgen cuando quieres, sino cuando las circunstancias –las internas y las externas- coinciden en determinado sentido.

   En todo caso, lo más importante para mí es la fidelidad que los lectores –no importa que sean muchos o pocos- han demostrado a lo largo de un tiempo que, quizás, ha durado demasiado. Me consuelo al pensar en la cita de Borges: Un solo lector justifica un libro. Dado el número de páginas vistas que antes cité, evidentemente he tenido más de un lector.  Es mi descargo, mi alegría y mi orgullo.

   Ahora, el blog queda solo al servicio de El masover, novela escrita con más sentimiento que imaginación, pues en ella retrato parte de mi niñez y de cómo era la vida en la España de los años treinta del pasado siglo. Pienso que será mi última novela, pues voy para nonagenario, los años no perdonan, y las fuerzas, de todo tipo, se van perdiendo inexorablemente.

   Mi más hondo agradecimiento a los que me han acompañado durante el último bienio, pues han aliviado mi soledad y eso es algo que no hay forma de pagarlo. Si he logrado entreteneros en ese lapso de tiempo, me doy por satisfecho, pues no otro ha sido mi objetivo. Hasta siempre. Z.

viernes, 9 de mayo de 2025

Episodio 99. The Little Boy


   Terminada la guerra en Europa, los soldados estadounidenses y canadienses regresan, en atestados trasatlánticos, a sus respectivos países donde son recibidos como héroes. Los noticieros americanos difunden los desfiles que se desarrollan en lugares tan emblemáticos como la Quinta Avenida de Nueva York, entre un diluvio de confeti y serpentinas. Pero la guerra no se ha terminado, al menos en el frente del Pacífico, donde los japoneses, en una mezcla de fanatismo nacionalista y de costumbres ancestrales, se resisten a rendirse. Los estadounidenses temen que la invasión de las islas les costará un baño de sangre y su sociedad está cansada de las listas de fallecidos, heridos o desaparecidos que diariamente publican los periódicos. Algo habrá que hacer para revertir esa situación.

   Con motivo del nacimiento del segundo vástago de Julián y Carla, en la fiesta del bautismo de la pequeña Anamari, se reúnen todos los Carreño y parte de los Manzano. Hasta Pilar y Luis, que ya se han integrado plenamente en el núcleo familiar, han venido de Barcelona. Uno de los invitados es el tío Luis Manzano que ya avanzada la fiesta hace un aparte con su sobrino Álvaro.

   -¿Cómo va lo de encontrar un destino fijo en Madrid?

   -De momento voy tirando con los cursos, pero en cuanto no me acepten en alguno de los próximos voy a navegar con viento de través y mar arbolada.

   -La última vez que hablamos me dijiste de forma muy tajante que no te importaba tu carrera y lo de ascender o no a almirante no te quitaba el sueño, que para ti la familia era lo más importante. ¿Has cambiado de parecer?

   -Al contrario, actos como el de hoy en que sacamos de pila a un miembro de la tercera generación de los Carreño refuerzan mi decisión. Ahora es cuando más me necesitan.

   -Entonces, no veo otra salida efectiva a tu problema que dejes el Cuerpo General, que sois los que cortáis el bacalao en la Marina, y pidas el pase a la Escala Complementaria, a la que vosotros llamáis Escala de Tierra. No tendrás mandos ejecutivos y ascenderás mucho más lentamente, pero vas a tener muchas más oportunidades de obtener un destino en Madrid.

   -Me lo he planteado en alguna ocasión, pero nunca he acabado de decidirme.

   -Pues no veo otra salida.

   -Alguna vez hasta he pensado en pedir el pase a la reserva.

   -De todas las salidas posibles esa es, con diferencia, la peor de todas. ¿Cuántos años llevas de servicio?, más de dos décadas, ¿y vas a tirar por la borda veinte años de tu vida por tu cerril empeño en cuidar de la familia?

   -Por favor, tío, no me lo eches más en cara. De mi vida hago, como cada hijo de vecino, lo que estimo más oportuno. Así no me ayudas.

   Luis menea la cabeza como diciendo que su sobrino no tiene solución.

   -Pues te voy a ayudar, aunque sigo manteniendo que vas a hacer una estupidez, pero no puedo olvidar que además de tu tío-abuelo soy tu padrino de pila. Vas a hacer lo siguiente, pero antes una pregunta: ¿cómo sigues con tus problemas intestinales?

   -Pues ahí sigo. Unas veces mejor y otras peor, pero periódicamente he de pedir la baja por enfermedad.

   -Entonces vas a hacer lo siguiente: irás a ver al doctor Fernández Gracia que es especialista de digestivo en el Hospital Naval. Le dices que vas de mi parte, previamente yo habré hablado con él, y le cuentas tus periódicos problemas de salud.

   -Pero, tío, en el Hospital Naval supongo que se conocen mi ficha sanitaria de memoria y además Fernández Gracia no es el especialista que me trata –El tío Luis le mira con sorna.

   -Que Fernández Gracia no sea quien lleva tu tratamiento habitual no importa. Como te digo, pides cita con él. Supongo que te hará unas pruebas y te expenderá un certificado sobre tu estado. Luego, adjuntando el certificado, solicitarás el pase a la Escala Complementaria por motivos de salud. Si te lo conceden, algo que con tu hoja de servicios no creo que te lo nieguen, te ayudaré a buscar un destino de tierra en Madrid.

   -Tío no sé cómo agradecerte tu ayuda.

   -Una ayuda de la que seguramente terminaré arrepintiéndome, pero hablando de agradecimientos una forma de hacerlo es que de verdad seas el mejor comandante posible para tu dotación familiar.

   -De eso no lo dudes, tío, y otra vez un millón de gracias.

   Desde mayo del 45, el único país que sigue luchando contra los Aliados es el Imperio Japonés, pero es una lucha desesperada y en franca regresión para los nipones, pues las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos llevan realizando desde el verano del año anterior una intensa campaña de bombardeos estratégicos, utilizando bombas incendiarias contra las ciudades japonesas, en un intento de pulverizar la industria y hacer añicos la moral de los súbditos del Imperio del sol naciente. Paralelamente a estos ataques, las vitales operaciones de transporte marítimo costero de Japón se están viendo gravemente afectadas por la fuerza aérea y naval norteamericana. Sin embargo, estos esfuerzos no logran convencer a la irreductible cúpula militar japonesa de que se rindan.

   Dados los altos costes en vidas humanas, tanto estadounidenses como japonesas, que puede suponer la invasión de Japón al modo convencional, el presidente norteamericano Harry S. Truman toma una decisión drástica y que terminará la guerra, pero también generará altos costes morales y el nacimiento de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Ordena lanzar sobre Japón una nueva arma que cambiará el concepto del arsenal bélico, la bomba atómica. En cumplimiento de la orden presidencial la bomba nuclear Little Boy es lanzada sobre Hiroshima el​ 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man, el 9 de agosto sobre Nagasaki. Las dos bombas matan aproximadamente algo más de doscientas mil personas, y otros miles más como resultado de la radiación nuclear en las semanas, meses y años siguientes. La consecuencia no podía ser otra: en un discurso radiado a toda la nación el 15 de agosto, el emperador Hirohito anuncia al pueblo japonés y al mundo la rendición incondicional de Japón. La II Guerra Mundial sí ha concluido ahora.

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 100 y último. Epílogo 

martes, 6 de mayo de 2025

“El masover”. 18 La Fábrica de la llum

  Como el vicario dijo a Zaca que otro día podría  preguntarle algo que no fuera de religión, la siguiente semana el chico aprovecha la hora de clase para consultarle lo de las derechas e izquierdas.

   -¿En qué se diferencia un partido político o un hombre de izquierdas de uno de derechas?

   -¡Vaya!, eres muy joven para hacer esa clase de preguntas -El  chaval enrojece, he vuelto a meter la pata, se dice. No tendría que habérselo preguntado. Pero, ante su alivio, el vicario le contesta.

   -A ver si logro explicarlo para que lo entiendas –Y el sacerdote le cuenta que esa división de los políticos y de sus partidos tuvo un origen puramente fortuito. Se refería al lugar que ocupaban los diputados en la Asamblea Nacional francesa, después de la Revolución del XVIII, respecto a la presidencia de la misma. A la derecha, se sentaban los que tenían posturas más conservadoras, y a la izquierda, los defensores de las ideas ilustradas de la revolución. Desde entonces, la izquierda política ha representado valores como el reformismo, la igualdad, la solidaridad, el progresismo y la revolución. Y la derecha política representa los valores de la tradición, el orden, la identidad nacional, la religión, etcétera. Y agrega-: Todo eso en teoría, en la realidad hay notables diferencias y multitud de matices en ambos conceptos  –al chaval la última frase del reverendo le impulsa a seguir su naturaleza inquisitiva, lo que supone volver a preguntar.

   -¿Y cuáles son esas diferencias y matices entre las derechas y las izquierdas?

   -Entre otras, que no es fácil encontrar tanto partidos políticos como personas que sean estrictamente de izquierdas o de derechas. Y a propósito de esto, recuerdo que Ortega y Gasset, uno de los mejores filósofos españoles, escribió: Ser de izquierdas es como ser de derechas: una de las infinitas formas que tiene el hombre de ser imbécil -La carita del muchacho lo dice todo, se ha quedado in albis. El vicario, que se ha dado cuenta de la confusión del chico, se esfuerza en clarificarlo-. Para que lo entiendas: en la actual situación  española, se puede decir que son de derechas los que están a favor de que siga el Rey y los gobiernos monárquicos. Y son de izquierdas los que prefieren que haya una república. ¿Lo has pillado?

   En el ámbito doméstico, los Clavijo, se esfuerzan para ahorrar, por una parte, y para recabar más ingresos, por otra. En el plano ahorrativo, Elvira dice adiós a la familia. Los que más lo sienten son los chavales, pues todos están muy encariñados con la muchacha que ha sido quién les ha cuidado mientras madre ha estado embarazada. En el de obtener más ingresos, las gestiones de padre para conseguir que le aumenten el sueldo han fracasado. Solamente Les Hostaleres han accedido a subirle una peseta por cada sesión de cine, lo que supone unas 16 pesetas más de ingresos al mes. Poca cosa. En la LUTE se han negado a subirle el sueldo, alegando que no pueden saltarse el acuerdo-marco con la UGT, que es el sindicato dominante en la compañía. Como compensación, lo que le ofrecen es dejarle gratis la vivienda en la que residía el encargado de la Fábrica de la Llum, que así es como llaman en el pueblo a lo que queda de lo que, en su día, fue una pequeña central termoeléctrica propiedad de la LUTE, hoy totalmente desguazada. Y hasta han tenido el detalle de prometerle que pagarán parte de lo que cueste adecentar la casa. Padre ha dicho que se lo pensará.

   A lo largo de septiembre el llumero medita en si trasladarse o no a la Fábrica de la luz, a lo que madre se opone porque ahora viven en el centro y, si se van a vivir a la Fábrica, que está  en las afueras, será como si vivieran en una masía, y a estas alturas no está dispuesta a convertirse en una masovera. ¡Hasta ahí podíamos llegar!, se dice. Padre arguye que, si se van a la Fábrica, se ahorrarán el alquiler de la casa de la calle Horno, lo que a fin de año supone un buen dinero. Al final, se impone la voluntad del cabeza de familia que así mitiga su frustración de no haber logrado el aumento de sueldo que pidió. La resolución paterna no solo disgusta a madre, también a los niños, pues la calle Horno es su cancha de juego donde pasan casi tantas horas como lo hacen en la escuela. A los chicos les pasa lo que a madre, para ellos irse a vivir a la Fábrica es como ir a otro mundo, porque la antigua térmica es el último edificio de la calle San Antonio, a partir de ella se extiende el campo y vivir allí será como si lo hicieran en un mas. Por lo que igual terminan llamándoles masoveros, calificación que en el pueblo equivale a patán rústico.

    Tomada la decisión de cambiar de domicilio, madre indica a los chiquillos que deben despedirse de sus vecinos con los que han convivido desde su nacimiento. Los chicos, capitaneados por el Tete, comienzan a decir adiós a los moradores de los números impares. Primero se despiden de Finita Aragó y de su madre que viven en el número 1. Del viejo matrimonio Bellés, que vive en el 3, no lo hacen, pues desarrollan su vida por la puerta que da a la calle del Mar y apenas si los han tratado. Si lo hacen de la tía Felicidad y el tío Joaquín, que es el motorista del Pou de les Burgaletes que surte de agua al ferrocarril, y que son sus vecinos del 7; así como del tío Magín, el sastre, y de su mujer, la tía María, que viven en el 9; y de Vicente Vidal, el barbero, que vive en el 11. En los números pares: la primera casa, la número 2, es la puerta trasera de la farmacia de Gauchía del que no se despiden pues les impone. Dicen adiós a la familia del tío Meme, que vive en el 4, padre de Fina, la amiga de Charito. En el 6, se despiden del cafeter Agustín el Meme, su mujer Teresa Lapica y su hijo Agustín. En el 8, puerta del jardín de la señorita Cristina, no se atreven a entrar porque también les impone y, en el 10, en la taberna del tío Daniel de Caguerri, solo se despiden de su lisiada hija Rosa. La rúa del Horno desemboca en la calle Sant Cristofòl y las viviendas que dan a Horno están a un tiro de piedra de casa de los Clavijo, sin embargo no se hacen con su moradores, por lo que no se despiden del tío Tomás de Caburdo y su familia, de la numerosa prole de los Betoret, de los Monero, del tío Pau el comerciante, pero Rosario si lo hace de la señora Sènta la Llansòla, pues es mujer a la que admira, pese a que está malcasada.

  Los chiquillos de los Clavijo ya conocen la Fábrica, pues padre la usa como almacén de material y repuestos, pero hasta hoy no la habían mirado con los ojos de los que van a vivir allí. La finca, en la que está asentada la antigua central térmica, debe de tener unos 5000 metros cuadrados y se ubica en un pequeño montículo. La mayor parte de su perímetro está delimitado por un murete de piedra seca coronado por una valla de alambre de espino. La finca linda al norte con una huerta del tío Manuel el Blanco. Al este con el Cami de la Torre. Al sur con un campo de almendros del tío Manuel Vinuesa. Y al oeste, cerrada por un grueso muro de mampostería, con la calle San Antonio que, a su vez, forma parte de la carretera nacional Valencia-Barcelona.  

   Se accede a la misma por una gran puerta de doble hoja hecha con barrotes de hierro que da a San Antonio. A la izquierda de la puerta está el buzón. En el lado norte del recinto hay cuatro bancales escalonados, en los que los antiguos residentes cultivaban hortalizas y algo de cereal. En el sudeste hay un gran corral  rectangular cercado en tres de sus lados por un murete de mampostería, y en la zona de poniente por una valla de tela metálica. En el que se criaban gallinas, conejos, algún animal de carga y quizá cerdos, pues cuenta con dos cuadras y dos cochiqueras. Entre el corral y la vivienda de la finca hay una balsa, casi tan grande como una piscina olímpica, que se llenaba con el agua proporcionada por el pozo existente en la central. En el lado oeste, el que da a San Antonio, está la casa que habitaba el encargado de la térmica. Es una vivienda de una planta que tiene un pasillo con puertas a su izquierda. Tras un corto tramo que hace de recibidor, la primera puerta da al salón-comedor que cuenta con un llar y una cocina tan estrecha que solo cabe una persona. La segunda es la que será la habitación del primogénito y que posee la particularidad de tener una trampilla en el suelo que da paso a un subterráneo de varios metros de largo que hasta tiene instalación eléctrica y que fascina a los muchachos. La tercera puerta da a la que será el dormitorio de Charito y, la cuarta y más amplia, la que será la alcoba de los padres. Todas las habitaciones tienen amplios ventanales orientados a levante. En el fondo del pasillo está el cuarto de baño y la ducha. Dado que Pedrito y Chimet no tienen habitación, padre, ocupando parte del espacio de lo que es el almacén, construye un nuevo cuarto en la parte derecha del pasillo, que será la alcoba de los dos pequeños, y que tiene la peculiaridad de que parte del suelo está construido sobre la boca del pozo de la térmica.

   En el lado oeste del caserón está lo que era el asentamiento principal de la central en el que, salvo un cuartito que será el despacho de padre, lo demás se usa como almacén. Adosada al edificio hay una torre de dos plantas, en la superior se ubican los transformadores encargados de reducir la tensión de la energía eléctrica que llega del tendido de Cabanes. Junto a la torre hay una cisterna con fama de tener un agua muy fresca.

   Sorprendentemente, los niños descubren que la Fábrica es un escenario ideal para sus juegos: tiene dos pequeños cañaverales que les surten de cañas para convertirlas en lanzas, espadas, flechas…; tres grandes calderas de hierro de la antigua central que les sirven de cabañas, barcos o grutas; varios frondosos árboles, como la higuera napolitana que hay en el centro del corral o el altísimo almendro que se yergue en uno de los bancales, árboles a los que pueden trepar; la balsa en la que pueden nadar y mucho espacio donde jugar, correr y esconderse.

   En cuanto la familia se ha acostumbrado, recorrer la calle San Antonio para llegar a la Fábrica ha dejado de parecerles una gran distancia. Lo único que fastidia al primogénito es que, en los días que hace calor al atardecer y después de cenar, la gente tiene la costumbre de sacar unas sillas a la puerta de casa para tomar el fresco. Y la cortesía exige que al pasar se les salude con el clásico bona nit, algo que no le gusta nada, como buen introvertido.

   La Fábrica se ha convertido en el nuevo hogar de los Clavijo, en el que todos parecen sentirse como peces en el agua. Madre, que es la única que piensa en el futuro, tiene una reserva sobre la nueva casa: ¿Y cuándo Zacarías se jubile podremos seguir viviendo aquí?, la pregunta viene dada porque no tienen casa en propiedad.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 19, de la novela  El masover”, titulado: Mujercitas de papel