jueves, 27 de junio de 2024

Libro IV. Episodio 54. ¿Qué te parece?


   Mientas en Cantabria, Julia se enfrenta al dilema de quedarse en Suances o marcharse a la capital, Francisco Largo Caballero, sindicalista e histórico dirigente del PSOE, se ve obligado a dimitir tras perder el apoyo de todos los ministros de su gobierno. El presidente de la República encarga al doctor Juan Negrín, también miembro del PSOE, la formación de un nuevo ejecutivo. Para algunos miembros de la tertulia, Negrín es un desconocido.

   -Y el tal Negrín, ¿quién es? –pregunta Julio.

   -Es un caso atípico en la política española. Tras labrarse una carrera como investigador, médico y profesor de fisiología, se afilió tardíamente al PSOE. Los que le conocen dicen que es una eminencia –informa Valdés.

   -Te has olvidado añadir que el canario también es masón –agrega Infantes con una pizca de sorna-, aunque suscribo lo que has dicho de él y añado más, otros opinan que es un personaje controvertido porque le acusan de ser más proclive a los comunistas que a los socialistas pues, como los primeros, es partidario de la resistencia a ultranza en la guerra; su máxima es resistir es vencer.

   -¡Virgen del Amor Hermoso, lo que nos faltaba! –implora Julio.

   En tanto, el avance de las tropas de Mola en el frente vizcaíno parece imparable, pues se le oponen unas fuerzas que muestran una total falta de unidad. Por una parte, están los gudaris de los batallones vascos, cuyo jefe supremo es el lehendakari José Antonio Aguirre, que no tiene ninguna formación castrense. Por otra, el ejército regular mandado por el general Gamir Ulibarri. Dos ejércitos, dos jefes, cero coordinación. Y así, ¿cómo vamos a ganar la guerra?, clama Indalecio Prieto, ministro de la Defensa Nacional, sin que nadie sea capaz de darle una respuesta creíble

   La ofensiva nacional sobre el Cinturón de hierro de Bilbao es imparable al ser castigado por la artillería y bombardeado por la aviación ítalo-alemana. Los nacionales consiguen hacer una brecha en las defensas vascas y Bilbao queda al alcance de sus manos.

   En ese junio del 37, Valdés llega presuroso a la tertulia, como si tuviese una noticia importante.

   -¿Sabéis la mala nueva? Ha muerto el general Mola en un accidente aéreo, y Franco ha nombrado al general Fidel Dávila para sustituirle como jefe del Ejército del Norte. A su vez Dávila es sustituido por Gómez-Jordana al frente de la Junta Técnica de Burgos.

   -¿Y ahora qué va a pasar con la Campaña del norte? –pregunta Carreño.

   -Mi opinión es que la ofensiva proseguirá. Buena prueba es que el gobierno vasco está enviando niños al extranjero, sobre todo a Méjico y Rusia.

   Ante la inminencia de la conquista de Bilbao, Aguirre y sus asesores militares deciden su estrategia final: defensa a ultranza de la ciudad, evacuación de la población civil y envío de una solicitud al gobierno británico para que medie con Franco el cese de los bombardeos sobre la ciudad. Ante la inminente entrada de los nacionales, embarcaciones de toda clase y hasta barcos de guerra trasladan refugiados a la vecina provincia santanderina.

   A Suances han comenzado a llegar familias vascas, las primeras han sido las que veranean en la localidad, luego amigos, conocidos y todos aquellos que han conseguido alquilar una casa o han podido refugiarse en el hogar de algún amigo. Julia siente como la presión aumenta de día en día y los chicos le han comentado que en alguna ocasión los han tildado de señoritos. La gota que hace rebosar el vaso de la templanza de Julia ha sido que, discurrida una quincena, Andrés solo ha traído del Socorro Rojo dos solitarios paquetes: uno de lentejas y otro de sardinas en conserva.

   -Mamá, Eulogio me ha dicho que, como hay tantos refugiados vascos, las raciones han de repartirse entre todos y que, si seguimos así, en un par de semanas no habrá nada que repartir.

   Julia, tras mucho pensar sobre el dilema de si se va o resiste, viaja a Santander a hablar con los Bermejillo.

   -Guillermo, estoy angustiada, el pueblo se ha llenado de refugiados que están pagando millonadas por el alquiler de una casa. Una vecina me ha dicho que al señor Fulgencio le ofrecen el oro y el moro por la casita en la que vivimos. Ha tenido la honradez de no decírmelo, pero hace días me visitó y me sugirió que estaría mejor viviendo aquí que en el pueblo, que pasaríamos más desapercibidos. No sé qué hacer, y he venido a que me aconsejes, porque si nos venimos a la ciudad sigue vigente el problema de qué viviremos.

   -Julia, has nacido de pie, si llegas a formularme esa pregunta hace unos días te hubiese contestado que no tenía respuesta, pero justo anteayer causó baja, por maternidad, la empleada de recepción de la clínica en la que trabajo y están buscando una persona para cubrir el puesto. Con la preparación que tienes y tu experiencia de cara al público podrías desempeñar bien ese trabajo. No pagan mucho, pero con algo que te ayudaran los chicos mayores podrías salir del paso. ¿Qué te parece?...

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 55. Con estos bueyes tendremos que arar

viernes, 21 de junio de 2024

Libro IV. Episodio 53. Julia entre la espada y la pared


   En Madrid, Pilar intenta llevar una vida lo más normal posible y pasa, en la medida de lo posible, de las noticias sobre la guerra, porque casi siempre son informaciones, si no trágicas, sí tristes. Por lo que, más allá del trabajo cotidiano en la farmacia, se entrega en cuerpo y alma a aquellas actividades que no le hagan pensar en el conflicto. Ahora, junto con su inseparable Luis Verdú, está tratando de contestar la carta de Mr. Boris Wourky. Realmente, la carta la redacta el notario que es quien se defiende en inglés, aunque la joven boticaria no cesa de indicarle cómo debe hacerlo, qué tiene que poner, cómo preguntar, si también ha escrito a los de Suances…, hasta que Luis se cansa y echa los pies por delante.

   -Bueno, Pilar, hasta aquí llegaron las aguas de la última riada, como dicen los huertanos de mi tierra; me tienes hasta el mismísimo bigote por tus continuas exigencias, aunque mejor sería decir órdenes. ¿Nunca te han dicho que eres una marimandona? Y además, crees que lo sabes todo y que nadie puede hacer lo que fuere mejor que tú. Estás hecha una doña perfecta y cuando te pones así resultas de lo más cargante. Comprendo porque sigues soltera y, si continúas así, te quedarás para vestir santos. Ahí te quedas con la carta y apáñatelas como puedas, que ya no te soporto ni un minuto más –Todo eso lo ha dicho el murciano sin alterarse lo más mínimo ni levantar la voz.

   Pilar se queda atónita ante el arranque de Luis, le tenía conceptuado de otra forma, jamás pudo imaginar que fuese capaz de poner pie en pared. Y en lugar de enfadarse, mira al murciano de otra manera y cambia de actitud. La mujer que responde al exabrupto del notario es otra Pilar, amable, sumisa y complaciente.

   -Tienes razón, Luis, sé que tengo mal carácter, la abuela Pilar siempre lo decía, procuro contenerme pero a veces me propaso. Te ruego que me perdones y te prometo que no volverá a suceder. Y, por favor, no te vayas, me resultas imprescindible pues sabes que no sé inglés como para escribir una carta. A partir de ahora estaré calladita y te dejaré hacer y, si en algún momento, te sugiero algo lo haré educadamente y no en plan de ordeno y mando.

   A partir del incidente, la relación entre ambos cambia. A ojos de Pilar, el murciano ha dejado de ser una especie de sombra sospechosa y se convierte en el compañero ameno, divertido e ingenioso cuya sola presencia le hace más llevadera la vida. Ajenos a la escalada de la guerra fratricida, Pilar y Luis comienzan a vivir una nueva etapa en la que intentan evadirse de los horrores bélicos y  empiezan a ser algo más que amigos.

   -En abril estrenaron en el Teatro Español, Bodas de Sangre, de García Lorca y está causando furor. Me ha costado lo mío pero he conseguido unas entradas, ¿te apetece verla? –pregunta Luis.

   -Lorca es una de mis debilidades.

   Terminando abril, los bombardeos de localidades vizcaínas se acentúan y un mal día la Legión Cóndor bombardea Guernica quedando la villa reducida a escombros. El pueblo no era un nudo geoestratégico ni tenía asentamientos militares ni fábricas, por lo que nadie entiende el porqué del atroz bombardeo. Cuando se conoce el suceso, se produce un enorme revuelo internacional, casi tanto como cuando fue fusilado García Lorca. Periódicos como el británico The Times o el norteamericano The New York Times censuran agriamente el hecho y hasta la Sociedad de Naciones condena el bombardeo. En la tertulia de la perfumería las condenas caen mal, pero hay una voz que pone algo de lucidez.

   -Lo que ha hecho el mando nacional, por acción u omisión, ha sido una cagada y no de pájaro. Es un ejemplo perfecto de lo que es tirar piedras a tu propio tejado –sentencia Valdés.

   En la siguiente ocasión que van a tener la tertulia, ya entrado el mes de las flores, y aprovechando que aún no ha llegado Valdés, pero sí Infantes, Ramírez se le queja.

   -No me gustó nada lo que dijo Valdés de que los nuestros la habían cagado con lo del bombardeo de Guernica, ya que parece que fue una decisión unilateral de la Legión Cóndor que ni siquiera informaron a Mola. ¿Estás seguro de que tu compañero no es rojo?

   -Lo estoy, ya os lo dije en su día que es más de derechas que San Isidro, lo que ocurre es que Lisardo también es masón y los masones siempre van a su aire.

   Una vez reunidos los cuatro, se ponen a repasar las noticias más destacadas de  lo que va de mayo.

   -En la anterior reunión se nos pasó por alto una noticia no sé si interesante o curiosa –recuerda Infantes-. Que la Junta Técnica del Estado de Burgos, ha establecido el saludo romano como saludo nacional.

  -Entrando en la actualidad, hay una noticia que hace bueno el dicho de que la risa va por barrios; lo digo porque si hace unos días los nuestros tenían problemas internos con las refriegas entre diversas facciones falangistas, ahora quienes los tienen son los republicanos con la sublevación de los anarcosindicalistas en Barcelona. Lo que comenzó como un simple disturbio se ha convertido en un enfrentamiento armado –informa Valdés que agrega-. El edificio de la Telefónica, controlado por la CNT, fue asaltado por guardias enviados por la Generalidad, aunque los anarquistas siguen dominando los suburbios obreros.     

   -¿Los enfrentamientos se han limitado a Barcelona?

   -¡Qué va!, se han extendido a otros puntos de Cataluña controlados por ERC y el PSUC. La CNT y la FAI han aceptado participar en el nuevo Gobierno de la Generalidad, pero aun así siguen los problemas, el último es que la anarquista Federica Montseny ha sido detenida en un control del PSUC cuando viajaba a Barcelona.

   -¿Y el gobierno republicano no ha hecho nada?

   -Ha enviado al puerto de Barcelona algunos barcos de guerra y unos miles de guardias de asalto, lo que ha generado una nueva reunión de las facciones enfrentadas para tratar de poner freno a la violencia. La Generalidad ha aceptado las demandas presentadas por CNT-FAI, se han liberado los rehenes y se descartan represalias –remata su explicación Valdés.

   En la provincia santanderina, las aguas no están tan revueltas como en Cataluña, pero comienzan a encresparse porque desde finales de marzo las fuerzas republicanas y vascas se retiran de Vizcaya ante el avance de las tropas de Mola. Ante la descomposición del ejército, el lehendakari, José Antonio Aguirre, se proclama jefe supremo del Ejército vasco y lo desagrega del Ejército del norte. Todo ese cúmulo de noticias repercute directamente en la familia Carreño de Suances que, desde la marcha de los Bermejillo a Santander, está más sola que nunca. Todo ello afecta a Julia que cada día que pasa está más intranquila y nerviosa, solo le ha faltado ver que Andrés últimamente luce la insignia del Socorro Rojo consistente en una ese detrás de las rejas de una prisión. Julia calla porque los paquetes de comestibles del Socorro no son para desdeñar, pero no deja de temerse que su hijo acabe siendo comunista. Esta tarde, cuando llega de la cooperativa, encuentra a su casero esperándola. ¿Qué querrá?, se pregunta Julia. Se lava las manos, porque en la cooperativa todo huele a pescado, y va al comedor.

   -Señor Fulgencio, ¿cómo usted por aquí?, le veo tan bien como siempre… -Tras unas frases de cumplido el casero entra en faena.

   -Verá, señora Julia, usted; bueno, usted y toda su familia me cayeron bien desde que nuestra común amiga la señora Ramírez me los recomendó. Y desde entonces nada de lo que han hecho o dicho me ha hecho cambiar de opinión. Por eso estoy aquí, para avisarla. Pasados los tres primeros meses del comienzo de la guerra, la gente del Comité Antifascista del pueblo parece que se calmó y no han vuelto a molestar a la gente de bien, pero con las noticias de que los fachas están a punto de tomar Bilbao, las aguas bajan bravas y los del Comité han vuelto a reactivarse. Este es un pueblo pequeñuco y todos nos conocemos y, claro, todo el mundo sabe quiénes son ustedes y de que pie cojean. Ni a mí ni a la mayoría de vecinos nos importa, pero en el Comité hay dos o tres cabezas locas que son capaces de cualquier barbaridad. Bueno, me estoy alargando demasiado… Lo que he venido a decirle es que aquí no están ustedes seguros y, como les aprecio y sé que son buena gente, he creído que debía advertirles de que corren peligro. Mi consejo es que se vayan a Santander, en la ciudad podrán pasar desapercibidos, algo que aquí es imposible. Ya comprendo que es una faena, pero es lo que hay…

   A Julia el cielo le cae sobre la cabeza; lo que le faltaba, ahora que parecía que iba capeando los problemas del yantar, ahora viene este hombre aconsejando que deben irse. El agobio es tal que no puede contenerse, unos lagrimones como el puño le resbalan por las mejillas.

   -Por favor, señora Julia no me llore. Los años me enseñaron que en la vida, menos la muerte, casi todo tiene solución. Y este no es momento de lloros sino de tomar decisiones. Piense en lo que le he dicho y decídase, pero le adelanto que le queda poco tiempo. Para mí sería un cargo de conciencia, que nunca me perdonaría, que a una familia de bien como la suya le pasara algo. Yo no tengo más que decirle, pero algo tendrá que hacer…

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 54. ¿Qué te parece?

viernes, 14 de junio de 2024

Libro IV. Episodio 52. Un Carreño en el Canarias

 

   El 12 de marzo de 1937 es una fecha que Álvaro jamás olvidará. Por disposición del Comandante General del Departamento embarca en el crucero Canarias con destino en la estación transmisora de la dirección de tiro. Será el segundo en el mando de la artillería del crucero. Uno de sus sueños se ha cumplido. La despedida de la tripulación del patrullero Ferrolano es muy sentida, oficiales, suboficiales y marinería le dicen adiós con la sensación de que han perdido a un patrón recto y severo, pero al mismo tiempo muy humano. Álvaro tiene que ponerse al día sin demora porque tres días después el crucero parte para Cádiz. Su velocidad de 33 nudos, junto con su poderosa artillería, hacen que sea muy temido por los barcos de la marina republicana.

   -¡Que la Virgen del Carmen me proteja y que la mar me sea propicia! –es la jaculatoria del joven alférez de navío.

   Álvaro tiene que rememorar sus viajes de prácticas en los acorazados y cruceros de la Armada para hacerse a las dimensiones del Canarias, pues acostumbrado en los últimos meses a las reducidas medidas de bous y remolcadores, le cuesta asimilar los más de 193 metros de eslora y los casi 20 metros de manga del crucero pesado. También ha de asumir que ya no es el comandante del buque, sino uno de los muchos oficiales y de menor rango.

   En cuanto embarca, el primer viaje del crucero es  navegar de Cádiz a Ceuta para petrolear y luego sale a la mar a patrullar. Solo, o acompañado por el crucero gemelo Baleares, realiza numerosas operaciones de bombardeo y protección de convoyes. A bordo del buque, Álvaro tiene innumerables ocasiones de probar sus conocimientos de artillero, pues en pocos días el crucero bombardea los puertos de Tarragona y Vinaroz. Después, a la altura de Cartagena, avistan a parte de la escuadra roja con la que no pueden entablar combate pues los barcos republicanos se refugian en el puerto cartagenero. En el buque es comentario generalizado la información reciente que da a los oficiales de menor rango el segundo de a bordo.

   -Bombarderos republicanos atacaron al crucero alemán Deutschland en la bahía de Ibiza y días después el crucero italiano Barletta también ha sido atacado por aviones rojos. Les cuento esto para que vayan haciéndose a la idea de que, de seguir por esta vía, nuestra guerra puede acabar en un conflicto internacional.

   Mientras en el mar los dos cruceros nacionales se hacen los amos de las costas españolas, en tierra la batalla más importante de marzo es la de Guadalajara, en la que el Corpo Truppe Volontarie, integrado por camisas negras y soldados del ejército regular italiano, son la punta de lanza del ataque y cuyo desenlace cuenta Infantes en la tertulia.

   -Traigo una mala noticia, han acabado los enfrentamientos en Guadalajara con un resultado desfavorable para los nuestros –confiesa Infantes-. La verdad es que a los italianos los han corrido a pelo y nuestros muchachos tampoco han ayudado mucho.

   -Quizá esa derrota, a medio y largo plazo, no sea tan mala –especula Valdés-. Los italianos, como han aportado el contingente extranjero más numeroso, se estaban volviendo muy exigentes desde que tuvieron un destacado papel en la conquista de Málaga. Y, al parecer, Mussolini había exigido que pudiesen llevar a cabo operaciones en solitario. Esta derrota servirá para bajarles los humos y en adelante cuando pidan realizar acciones por su cuenta siempre habrá alguien que les susurre: ricorda Guadalajara.

   Días después de la debacle de Guadalajara, Infantes aporta a la tertulia otra noticia de sesgo diferente.

   -La aviación alemana de la Legión Cóndor se ha trasladado a los aeródromos del norte porque las tropas del general Mola van a iniciar la ofensiva sobre Vizcaya.

   -Hablando de las cosas de comer, el general Miaja se reunió con una serie de gerifaltes y de representantes de diversos organismos para encontrar una solución al abastecimiento de trigo y a la elaboración del pan en Madrid. Acordaron la intervención del trigo en las provincias cercanas a la capital. Eso es la información que difunde El Sol, pero la realidad es que las tahonas continúan vacías y encontrar pan blanco es más difícil que tropezarte con un republicano que crea en Dios –suelta Ramírez.

   -Lo último es una exageración, conozco muchos republicanos que son católicos practicantes, sin ir más lejos, Alcalá Zamora lo es.

   La campaña del norte, tan esperada por unos, como temida por otros, comienza con ataques aeronavales. Los bombarderos alemanes e italianos se ceban con los pueblos vizcaínos y la flota nacional inicia el bloqueo de los puertos del Cantábrico, bloqueo que la Royal Navy anuncia que va a respetar.

   En la segunda quincena de abril se producen noticias inquietantes en el bando nacional que muestran que la unidad entre los sublevados no es tan firme como se encarga de pregonar la prensa y las emisoras nacionalistas.

   -¿Sabéis lo que ha dicho Unión Radio? Que se ha producido en Salamanca un enfrentamiento armado entre bandos opuestos de falangistas y en la revuelta ha muerto el jefe del partido en la ciudad –y Valdés añade-. Y días después, y eso lo ha anunciado Radio Nacional de España, Franco ha unificado por decreto la Falange con el Carlismo, dando lugar a Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, con él mismo como jefe supremo.

   -Eso más que el nombre de un partido parece un trabalenguas – se chancea Valdés.

   La unificación, manu militari, de falangistas y carlistas no acaba con los problemas internos del bando nacional, pues días después Manuel Hedilla, jefe nacional de Falange, es apresado y encarcelado en Salamanca por no aceptar su nombramiento en el nuevo partido unificado.

   En territorio cántabro, los Bermejillo han venido a despedirse de Julia y de los chicos, al final se han decidido, se van a vivir a la capital de la provincia.

   -Volveré a trabajar en la clínica en la que lo hacía antes pues me han asegurado que no corro peligro, pero en cambio aquí no me siento seguro. Todo el mundo sabe que estábamos de veraneo y eso, para la forma de pensar de los rojos, solo lo hacen los fachas. En Santander pasaremos más desapercibidos. Julia, ¿por qué no te animas y también os venís?

   -Ya te lo dije, Guillermo, tu trabajarás en lo tuyo, ¿pero nosotros de qué viviremos? Aquí, mal que bien, nos defendemos, en cambio en la ciudad tendría que empezar de cero y no sé cómo nos iría, desde luego que bien seguro que no.

   Julia ve partir a la familia del médico madrileño con el corazón encogido, son los únicos amigos de verdad que tenían en Suances, y ahora ¿qué van a hacer?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 53. Julia entre la espada y la pared

viernes, 7 de junio de 2024

Libro IV. Episodio 51. Carta desde Inglaterra


   En la farmacia de Gran Vía ha ocurrido un hecho sorprendente: el cartero ha dado a Pilar, pues su nombre es el que aparece en la dirección del sobre, una carta, abierta por la censura y con algunas tachaduras, de un tal Mr. Boris Wourky y que proviene de Sttafordshire, U.K. Pilar, cuyo fuerte no es el inglés, se pregunta ¿y qué puede querer un británico de mí? Intrigada, trata buenamente de traducirla, pero enseguida comprueba que necesitará la ayuda de un diccionario, aunque de pronto una palabra destaca en el texto como su tuviese luz propia, Pinkety. ¿Qué significa la alusión a la finca en la que tanto se divirtieron de niños? Sigue intentando descifrar el texto, ahora con mucho mayor interés, hasta que en un párrafo, encuentra tres palabras escritas en español, el tío Luis. De repente un fogonazo le ilumina la mente, ¡no  es un inglés quién le escribe, debe ser Álvaro! No puede contenerse.

   -¡¡Carta de Álvaro, carta de Álvaro!! –Repite, gritando y agitando la carta ante el asombro de los clientes que hay en la farmacia-. Jesús, quédate que subo a casa a traducirla.

   -Pero yo también quiero leerla –reclama el hermano.

   -Primero la traduciré y esta noche la leeremos todos.

   Saliendo de la farmacia se tropieza con Luis Verdú que iba a entrar.

   -¿Dónde vas con tanta prisa?

   La joven le cuenta a su amigo lo que acaba de descubrir y que está deseandito traducirla para saber que les cuenta su hermano y por qué, en lugar de escribir él, lo hace a través de un británico del que no tiene idea de quién puede ser.

   -¿Quieres que te ayude a traducirla? –se ofrece Verdú.

   -¿Sabes inglés?

   -Me defiendo, mi padre se empeñó en que lo estudiara en el bachillerato y hasta me mandó dos veranos a Irlanda para que lo practicara. Con el tiempo me explicó que tenía pensado que me dedicara a la exportación de cítricos al Reino Unido, de ahí su interés en que lo aprendiese.

   A Luis su inglés se le ha oxidado algo, pero con la ayuda de un pequeño diccionario traduce la carta. El texto es bastante incoherente, se nota a la legua que ha sido redactado por dos personas diferentes, y lo que se cuenta en algunas ocasiones no tiene ninguna lógica, pero de lo que no cabe duda es que esparcidas a lo largo del texto hay suficientes alusiones, algunas de ellas metidas a calzador, para determinar sin ninguna duda que detrás hay una persona que sabe datos, hechos y personas que solo puede saberlas o conocerlas un Carreño.

   -Oye, ¿y la carta no podría ser de tu madre? –Se le ocurre a Luis-.Y la ha mandado a través de un inglés para que sepáis que está viva y bien.

   -No –contesta Pilar muy segura-, no lo es. Fíjate en este párrafo, según tu traducción dice que le daba mucha rabia cuando le llamaba tato y esa palabra está escrita en español. Pues así es como nos referimos todos los hermanos a Álvaro, el tato. Pero tu razonamiento es correcto, Álvaro no puede escribirnos como lo que es porque si lo hubiese hecho a estas horas me habrían metido en alguna checa. Debe de tener un amigo o conocido inglés que ha escrito por él, pero dando las suficientes pistas para que hayamos podido deducir que la carta es suya. ¡Virgen del Amor Hermoso, qué alegría voy a darle a papá! Y ya que estás aquí y como pago por tu papel de traductor te invito a cenar.

   Desconocedora de que, al menos, la familia de Madrid ha tenido noticias de otro de sus miembros que está en la otra España, a Julia comienzan a preocuparle los constantes rumores que hablan del posible inicio de una campaña de las fuerzas nacionales para conquistar la zona del Cantábrico que continúa en manos republicanas. Uno de los que más le habla de la supuesta campaña, puesto que a él también le preocupa, es Guillermo Bermejillo.

   -Que sí, Julia, que sí, que todos los indicios apuntan, a que más pronto que tarde, Mola atacará Bilbao pues es la ciudad que le falta para tener en su poder las tres capitales vascas, y en cuanto haya dominado Las Vascongadas, ¿adónde crees que apuntará?, pues a Santander, sin ninguna duda. Y es muy posible que antes que eso ocurra, los milicianos y los comités antifascistas redoblen sus esfuerzos para desenmascarar a los quintacolumnistas y, aunque nosotros no lo somos, alguien tiene que hacer de cabeza de turco.

   -Suponiendo que sea así, no veo que podamos hacer nada para impedirlo, al menos yo.

   -Eso es cierto, de todas formas creo que la gente como nosotros podríamos pasar más desapercibidos en una ciudad como Santander, que en un pueblo como este en el que todo el mundo se conoce.

   -Si te he entendido bien, ¿propones que deberíamos irnos a la ciudad?, ¿y de qué íbamos a vivir? Al menos aquí, con lo poco que gana Concha, lo que saco de la cooperativa y lo que aporta Andrés, mal que bien vamos tirando.

   -En cualquier caso, piénsatelo por si las cosas vienen reviradas.

   En la primera quincena de marzo, el conflicto sigue con su trote cansino, aunque se están incubando nuevas batallas. En la tertulia hacen un resumen de lo más importante de esas dos semanas.

   -Julio te interesará esta noticia por tu hijo el marino. A la altura del cabo Machichaco, el crucero Canarias interceptó un convoy republicano que escoltaba el mercante Galdames, cargado de material de guerra y de pasajeros republicanos. El Canarias apresó el mercante, hundió un barco republicano y averió otros dos –explica Valdés.

   -Pues esta noticia tiene más calado: los nuestros, aunque mejor sería decir los italianos, han comenzado una ofensiva en Guadalajara con el objetivo de aislar Madrid de Levante. Las tropas del CTV italiano, flanqueadas por nuestro ejército, tratan de romper el frente republicano y han tomado Jadraque y Brihuega –cuenta Infantes.

   Lo que no cuenta Infantes es el retroceso de las divisiones italianas tras los ataques de la aviación republicana y que los camisas negras conservan las líneas pero con grandes pérdidas.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 52. Un Carreño en el Canarias

viernes, 31 de mayo de 2024

Libro IV. Episodio 50. Problemas en la retaguardia


   Enero termina y comienza febrero con dos informaciones de los nacionalistas que son comentados por los tertulianos.

   -El general Mola anuncia una ofensiva sobre Vizcaya, y la Junta de Burgos ha creado la Delegación de Prensa y Propaganda, que dirigirá el general Millán-Astray, y que contará con un gabinete de prensa a cargo del que era corresponsal del ABC en Londres, Luís Bolín, el que organizó lo del Dragón Rapide.

   En Madrid, las fuerzas nacionales se han atrincherado en el perímetro y, salvo algún que otro paco suelto, los disparos han atenuado su cadencia. La ciudad subsiste gracias a la carretera de Valencia por la que le llegan caravanas con todo tipo de productos. En la farmacia, los Carreño siguen bandeándose como pueden y, en la cocina, Paca sigue haciendo milagros diarios. La fámula comienza a mirar con antipatía al tío Luis que no aporta nada, pero come por dos. No pone tan mala cara cuando está invitado Verdú, porque el murciano nunca llega con las manos vacías.

   -Paca, ¿no tendrás por ahí un pañuelo rojo? –La pregunta del tío Luis sorprende a la fámula.

   -Y si no es mucho preguntar, ¿pa qué lo quiere?

   -Es que voy a salir y, si además del mono, llevo un pañuelo rojo pareceré un miliciano. Quiero ver si mi casa ha sido desvalijada y, sobre todo, si se ha metido alguien.

   Horas después regresa el tío Luis acarreando una pesada maleta. Les explica que su piso ha sido desvalijado en parte, pero han dejado algunos de sus trajes, ropa interior y zapatos. Y tampoco han encontrado el escondrijo en el que guardaba dinero y alguna joya de su difunta esposa.

   -Hasta ahora no he podido ayudaros en nada, Julio, pero como he recuperado algún dinero –y muestra un rollo de billetes-, estas pesetas son para que las gastéis en lo que necesitéis.

   Antes de que Julio pueda contestar, Paca se le adelanta.

   -Gracias, don Luis, no sabe lo bien que nos van a venir, porque la mayoría de lo que compro solo lo encuentro de estraperlo y cuesta un ojo de la cara.

   -También quiero deciros –prosigue el tío Luis- que estoy estudiando una posible escapada, cuando la haya madurado os la contaré.

   Pilar recibe una triste noticia: el joven que fue su pareja una temporada, Íñigo de la Rosa, y del que no había vuelto a saber, ha sido asesinado junto con su padre. La noticia se la cuenta un amigo común: a finales de julio del 36, Íñigo fue arrestado y encarcelado en la checa del Palacio de Eleta, de la calle Fuencarral. El control de la checa estaba en manos de la Agrupación Socialista Madrileña, y el recinto recibía el discreto nombre de Comisión de Información Electoral Permanente. Íñigo estuvo allí, sufriendo toda clase de sevicias por su condición de homosexual, hasta que fue asesinado. A Pilar la noticia la entristece y pensar en Íñigo la lleva a acordarse de Javier Izaguirre, aquel chico tan deportivo con el que salió una temporada, ¿qué habrá sido de él?, ¿qué suerte habrá corrido?, ¿estará con los rojos o con los nacionales?, se pregunta. Recordar a dos de sus parejas también le hace pensar en los amigos de su etapa universitaria. Conoce el paradero de algunos y a otros les ha perdido la pista. Sabe que la mayoría de sus amigos y conocidos, del entorno de la Institución Libre de Enseñanza y del Ateneo, se enrolaron voluntarios en las milicias republicanas; algunos de ellos incluso han sido nombrados oficiales; otros están en diversas misiones del gobierno republicano como en el próximo servicio a crearse de las Milicias de la Cultura, que combatirán el analfabetismo en los frentes de guerra. Los compañeros y amigos de la facultad de Farmacia, en general más conservadores, han huido a zona nacional, se han escondido o están camuflados haciéndose pasar por republicanos. Este postrer recuerdo le lleva inevitablemente a pensar en Luis Verdú. El murciano los visita con mayor frecuencia y Pilar intuye que si acude tanto a verles es por ella. No sabe sí se ha enamorado, pero de algo está segura: la desea, ¡y de qué manera!

   Álvaro tiene unos días de permiso, que ha empleado en visitar las dos ciudades más populosas de Galicia, Vigo y La Coruña. Callejeando por la ciudad viguesa, se tropieza con uno de sus compañeros de curso en la Escuela Naval Militar. Los dos oficiales se propinan un estrecho abrazo.

   -Coño, Benjumea, que alegría encontrar una cara conocida, sabía que tienes la base aquí, pero te suponía embarcado. ¿Qué es de tu vida? ¿Tienes tiempo para tomarte unas tazas?

   -¿Y cuándo un hijo de la tierra de María Santísima le ha dicho que no a tomarse unos vinos? Aunque a lo que aquí llaman vino hay que echarle mucha imaginasión para aseptarlo como tal –Benjumea es sevillano y su acento lo delata.

   Ambos compañeros se cuentan lo que ha sido de su vida desde que salieron de San Fernando. Como Carreño, Benjumea también está al frente de un bou armado con base en Vigo.

   -¿Sabes algo de nuestros compañeros? –pregunta Álvaro.

   -De los que se quedaron con los republicanos no sé nada. Por lo que disen, la marinería ha asesinado a muchos ofisiales y comandantes. De los que tuvimos la suerte de estar en sona nasional supongo que debo de saber lo mismo que tú. Entre los que patrullamos las Rías Bajas con los bou se encuentran un buen puñado de compañeros de promosión: Asero, Egea, Quintas, de Miguel…

   La conversación va decayendo, pero toma otro aire al referirse Benjumea, de pasada, a que ejerció de defensor en los consejos de guerra contra los amotinados del crucero Almirante Cervera en el arsenal del Ferrol.

   -Estuve en esa asonada –Y Álvaro le cuenta a su camarada cómo, bajo el mando del comandante del Velasco, participó en la represión de los amotinados y por asociación le relata la lamentable historia del contramaestre Mauro Ferreira -. ¿Y cómo fueron esos consejos de guerra?

   Benjumea, antes de responder mira a derecha e izquierda para cerciorarse de que nadie les está escuchando, y luego, bajando la voz, le cuenta.

   -Fue lo más paresido a una pantomima. En teoría se aplicó el Derecho militar y los tribunales se atuvieron a las normas prosesales, pero se aplicaron con el máximo rigor al estar en tiempo de guerra. Los defensores tuvimos poco tiempo para buscar pruebas exculpatorias y se dictaron las penas más altas. Resultado: el que salió con veinte años de cársel pudo darse con un canto en los dientes. De los subofisiales creo recordar que solo se salvaron tres o cuatro, al resto los pusieron contra el paredón o los condenaron a cadena perpetua. Si no te importa, prefiero no hablar más del tema y, dame tu palabra de que lo que acabo de contarte no se lo vas a referir a nadie, me juego la carrera. 

   Álvaro recibe una gratificante noticia: por su participación en la Revolución de Asturias de 1934 se le otorga la Cruz del Mérito Naval de primera clase con distintivo rojo. La condecoración tiene por objeto recompensar a los miembros de la Armada por la realización de acciones y hechos o la prestación de servicios de destacado mérito. En la Comandancia General de Ferrol se celebra un acto para la imposición de las medallas y cruces a los condecorados. Tras el acto, se ofrece una copa de vino español a los asistentes. Álvaro es felicitado por amigos, compañeros y conocidos y, a su alrededor, se han reunido viejos camaradas de sus días en la Escuela Naval. Al terminar el acto, un pequeño grupo de amigos y compañeros  deciden proseguir la celebración en los bares del casco viejo; allí están Ortigueira, Benjumea, Acero, Egea y Arechabaleta. Entre taza y taza de caldos galaicos se habla del desarrollo de las operaciones de la flota nacional en los últimos días de febrero.

   -El acorazado España ha bombardeado las costas de Bilbao y el Canarias lo ha hecho en Barcelona, cuyo puerto se ha convertido en la principal vía de abastecimiento exterior de la república –cuenta Arechabaleta.

   -Y como represalia la aviasión republicana ha llevado a cabo una contraofensiva sobre nuestras fuersas navales y ha atacado los cruseros Canarias, Baleares y Almirante Servera –comenta Benjumea con su natural deje sevillano.

   -Pero les ha salido el tiro por la culata porque, además de no haberles hecho grandes daños, el Almirante Cervera acaba de apresar, cerca de Barcelona, al buque republicano Marqués de Comillas procedente de Odesa –replica Egea.

   -¿Alguno de vosotros sabe algo de los compañeros que están con los rojos? –inquiere Carreño. Un ominoso silencio es la respuesta, el tema les resulta lo suficientemente espinoso como para hurgar en él.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 51. Carta desde Inglaterra

viernes, 24 de mayo de 2024

Libro IV. Episodio 49. Lo del Socorro Rojo tiene miga

   Ante el exabrupto de su madre, Andrés no se atreve a protestar, pero la que salta como una tigresa herida es Concha.

   -¡Mamá, no puedes mandarle eso a Andrés! Con lo que le ha costado y las cosas que ha tenido que hacer para conseguir los comestibles, ahora no puedes ordenarle que los devuelva. Solo piensas en ti y en tu odio a los rojos, ¿pero te has parado a pensar en nosotros?, ¿cuánto hace que en esta casa no se hace una comida decente? –Al oír los gritos, los dos pequeños entran en la cocina-. Mira a Ángela, se le pueden contar las costillas, ¿y sabías que Froilán se come hasta la piel de las patatas? Y no solo es la comida, es no valorar el esfuerzo que ha puesto Andrés para ayudar a los demás, para hacer realidad lo que siempre nos habéis enseñado: que la familia es lo primero.

   Julia está tan estupefacta del arranque de genio de Concha que es incapaz de responder. La joven, que es agua mansa y la que tiene menos genio de todos sus hijos, convertida en una furia que arremete contra ella. Ante el silencio de la madre, la joven prosigue su diatriba.

   -Ni puedes ni debes someter tus prejuicios en contra del bienestar de la familia, el tuyo inclusive. ¿Crees que no sabemos que, cuando dices que no tienes hambre, es para que los demás podamos comer más? ¿Crees que no nos damos cuenta de que te quitas la comida de la boca para dárnosla a nosotros? Y ahora toda esa generosidad, que nunca podremos pagarte, la echas a la basura por no aceptar unos alimentos que proceden de una organización roja. ¿Y qué importa que sea roja, azul o amarilla?, lo que importa es que por unos pocos días podremos recordar los tiempos en que comer no era importante porque en la mesa había de todo. ¿Te parece que papá hubiera rechazado esas golosinas? Pero si el pobre Froilán está salivando desde que ha visto la tableta de chocolate. Sabes que te digo, que tú, si quieres, no los pruebes, pero estos comestibles no salen de esta casa, ¡como que me llamo Concha!

   Julia ha llegado al límite de su aguante, sale de la cocina dando un portazo y se refugia en su habitación donde su llanto se enseñorea del cuarto. Llora y llora como si las puertas del pantano de sus sentimientos se hubiesen abierto de par en par. ¿Qué he hecho?, se pregunta, ¿estoy perdiendo a mis hijos?, ¿cómo es posible que Concha, mi Concha, haya podido hablarme de esa manera? La guerra tiene la culpa, hasta de que los hijos se revuelvan contra los padres. Y, desconsolada, sigue llorando como una magdalena. Unos golpecitos en la puerta la obligan a secarse los ojos.

   -Mamá, soy Concha.

   -Pasa. 

     Concha entra en la habitación y, antes de que su madre pueda hablar, le dice con voz contrita:

   -Mamá, me debiste coger en un mal momento, porque ya sabes que no suelo comportarme así. Te pido perdón.

   -Todos tenemos malos momentos, hija, pero ya lo he olvidado. Tampoco yo estuve muy allá gritándole de mala manera al pobre Andrés, no tendría que haberlo hecho. También a él le pediré perdón.

   -Te lo agradecerá mucho, mamá. Está muy preocupado y deberías dejarle que te explique la manera como consiguió los alimentos. Y tranquila, no se ha hecho comunista ni nada de eso.

   La reconciliación entre madre e hijo es, si cabe, más emotiva que la de Concha.

   -Bueno, hijo, pelillos a la mar. Cuéntame cómo has conseguido hacerte con esos comestibles.

   Andrés ha preparado una historia ad hoc para su madre porque sabe que la verdad no puede contársela.

   -Verás, mamá, la semana pasada llegó al pueblo un coche con milicianos del Comité Antifascista de Torrelavega, que tienen fama ser de gatillo fácil. La mayoría de los vecinos se metieron en casa y otros huyeron al campo por lo que apenas si encontraron gente con la que hablar. Habían venido a enterarse si en el pueblo quedaban fachas. Como yo no tengo miedo y andaba por la calle, me pararon, comenzaron a hacerme preguntas y les respondí a todo. Eran unos pardillos, les conté un montón de trolas y se las tragaron enteritas. Resulta que uno de ellos era el encargado del Socorro Rojo, que en aquel momento yo no sabía qué era, y me dijo que la siguiente semana volverían a socorrer a las familias que fuesen comunistas o socialistas y que estuviesen pasando necesidades. Entonces se me ocurrió decirle que una de ellas era la mía.

   -Qué atrevido fuiste, hijo, qué atrevido y qué valiente –le jalea Julia.

   -Hoy ha venido el camión del Socorro Rojo al mando del encargado de Torrelavega. Les he llevado a las casas de algunas familias con fama de ser rojas o, al menos, republicanas, y les han dejado paquetes de alimentos. El encargado me ha dicho que los últimos paquetes eran para nosotros. Como sabía que tú estabas en la cooperativa y Concha ayudando a la señora Eugenia, me he arriesgado a traerlos aquí. Menos mal que, cuando lo del señor Bermejillo, retiramos del aparador las fotos familiares y las estampas de las Vírgenes. Y eso es todo. Ah, los repartos de víveres los hacen quincenalmente, por tanto dentro de quince días tendremos más comida.

   -Eres más que atrevido, hijo. ¿Y qué pasa si ese encargado se entera de quiénes somos de verdad? Igual hasta te pueden fusilar.

   -¡Qué va, mamá! Le he caído bien a Eulogio, el encargado, y estoy convencido de que aunque se entere no me hará nada

-El diálogo se ve interrumpido por la llamada de Concha.

   -A la mesa, que hoy cenamos de verdad -Tras la cena, que les ha sabido a manjar celestial, y mientras Julia está en la cocina recogiendo los cacharros, Concha musita a su hermano:

   -No le habrás contado la verdad.

   -¿Crees que estoy loco?, le he largado una historia de las que le gustan. Luego te cuento.

   -Si llega a saber que el encargado del Socorro Rojo se llama Eulogia, no sé si te lo perdonaría. De todas formas, has nacido de pie, en unos minutos has pasado de villano a héroe.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 50. Problemas en la retaguardia

viernes, 17 de mayo de 2024

Libro IV. Episodio 48. ¡Ni Socorro Rojo ni leches!


   Los tertulianos de la perfumería vuelven a su rutina de reunirse la mayoría de los días, a veces están los cuatro, a veces alguno falla, pero siempre pueden contar con Ramírez el anfitrión, y generalmente también con Carreño que solo tiene que cruzar la calle desde su domicilio. En la primera reunión del 37 comentan el óbito de Miguel de Unamuno y de cómo los falangistas salmantinos se hicieron notar en su entierro, como si el escritor fuese uno de los suyos.

   -A raíz de la muerte de Unamuno, alguna prensa extranjera ha comentado que, después del fusilamiento de García Lorca, la del vasco ha sido una de las pérdidas más valiosas para la cultura española –comenta Infantes.

   -Pues no sé qué paralelismo pueden encontrarles –replica Valdés-. Opino que en lo único que se parecían es que Unamuno, al igual que Lorca, nunca se afilió a ningún partido y jamás se distanció de ninguno de sus amigos por cuestiones políticas aunque opinasen de manera distinta.

   -Habréis oído lo que cuenta Radio Burgos: a partir de ahora el nuevo año se bautiza como Año Triunfal –comenta Julio desviando la conversación sobre Unamuno.

   Enero del 37 avanza en el calendario como con prisas de que le sustituya febrero. Los tertulianos de la perfumería se han reunido pocas veces, porque las noticias han mermado pues la guerra parece que va al ralentí. Una de las noticias que mayor impacto les causa tiene relación muy directa con las mujeres.

   -El Gobierno republicano ha legalizado el aborto –informa Infantes.

   -No puede ser, eso va contra los más elementales principios de la civilización y el cristianismo –objeta Carreño.

   -En muchos países, tanto o más civilizados que el nuestro, hace mucho que el aborto está permitido si se dan determinadas condiciones –puntualiza Valdés.

   -Que lo esté en otros países no quiere decir que esa medida sea de recibo. Una sociedad no puede avanzar matando a criaturas que no pueden defenderse –recusa Ramírez.

   -Dejemos ese tema que me pongo malo con solo mencionarlo –admite Infantes-. Hay dos noticias que son más agradables. Se ha formado una brigada de voluntarios en nuestras filas: la primera Brigada Voluntari, casi todos italianos, al mando del general Mario Roatta. La otra noticia es que se ha inaugurado Radio Nacional de España, que será la portavoz del gobierno nacional. Ha comenzado sus emisiones con un discurso leído por Franco desde Salamanca. Sus partes sustituirán a los que daba Radio Burgos. Aunque si queréis divertiros, en Radio Sevilla continúa Queipo de Llano dándoles la matraca a los rojos.

   En Suances, Julia ha llegado tarde a casa pues en la cooperativa hoy ha habido mucho trabajo; vuelve contenta porque se trae media caja de pescado que les va a dar para comer varios días, y ha podido coger un trozo de una barra de hielo con lo que tiene resuelta la conservación que es uno de los problemas con el pescado. Piensa en la alegría que les va a dar a los chicos, especialmente a Concha que se encarga de la cocina cuando ella no está o llega tarde. Al entrar en casa le llama la atención el jolgorio que están montado sus hijos.

   -¿Qué pasa, por qué estáis tan contentos, se ha sabido algo de Madrid?

   -No, mamá, pero pasa a la cocina y verás.

    En la cocina están Concha y Andrés colocando encima de la mesa una serie de paquetes y latas. Hay un poco de todo: harina, arroz, unos botes de tomate frito, azúcar, tres botellas de leche, una bolsa de patatas, una docena de huevos, ¡y hasta un salchichón y una tableta de chocolate! Julia tiene que restregarse los ojos, hace mucho que no veía en su cocina tal edén alimenticio.

   -¿Se puede saber de dónde ha salido eso?

   -Lo ha traído Andrés –señala, toda orgullosa, Concha. Julia que conoce a su hijo, piensa en lo peor.

   -Hijo, ¿de dónde lo has robado?

   -Mamá, qué mala opinión tienes de mí. A los hijos nos enseñasteis los mandamientos de la Ley de Dios y el séptimo es no robar –contesta el jovenzuelo con gesto serio, aunque conteniendo las ganas de reír.

   -Menos bromas, jovencito, que con las cosas de comer no se juega. Repito, ¿de dónde ha salido esto?

   -Me lo han dado en el Socorro Rojo.

   -¿El Socorro…? –Lo de rojo se le atraganta a Julia-. ¿Y se puede saber qué es ese Socorro?

   -Es un servicio social organizado por la Internacional Comunista. Fue creado para que funcionara como una Cruz Roja internacional e independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Sus principales actividades consisten en ayudar a los niños y a las familias necesitadas con comida y en aportar bibliotecas a los soldados.

   De todo lo que le está contando su hijo, hay dos palabras que impactan en la cabeza de Julia como si fuesen rayos de fuego: Internacional Comunista. ¡Madre del Amor Hermoso, lo que nos faltaba, este chico se nos ha hecho comunista!; cuando se entere su padre le va a dar un patatús y a mí me va a matar a disgustos, se dice. Porque estas maravillas no se las habrán dado porque sí, algo le habrán pedido a cambio y seguro que ha sido afiliarse al partido. ¡Dios mío, a lo que hemos llegado: un Carreño comunista!

No se lo piensa dos veces, el mandato le sale del alma.

   -¡Ni Socorro Rojo ni leches, devuélvelo ya!

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 49. Lo del Socorro Rojo tiene miga