martes, 15 de abril de 2025

“El masover. 15. De los traumas y complejos

 A la postre, Pifa no ha tenido que buscar una pandilla de chiquitas para compartir la mona de Pascua. Manolo ha pillado uno de sus recurrentes catarros. Y Joaquinito se ha ido a pasar la Semana Santa a Barcelona con su familia, invitada por un hermano de don Joaquín, también médico y que tiene consulta en la Ciudad Condal. Pifa y Zaca han decidido comerse solos la mona. El fortachón, malhumorado. El canijo, aliviado, pues no tendrá que verse en el brete de tener que emparejarse con alguna chiquita más alta que él.

   Con su entrada en la pubertad al chaval de los Clavijo se le ha acrecentado su capacidad de escudriñar en su yo interior. Y empieza a hacerse peguntas, si no trascendentales, sí sustantivas. Y una de las tantas es si ha superado sus traumas infantiles. De alguno de ellos es consciente de haberlo dejado atrás, de otros no está tan seguro.

   El primer trauma del que guarda recuerdo es de cuando vivía en la casa de la calle Horno. Tenía un pavor cerval de subir a la falsa por las noches, no así durante el día. Y es que el último tramo de escalera que va hasta la falsa no tiene luz. Era la oscuridad de ese tramo lo que le producía un temor que no podía remediar. Sabe que ahora no temblaría. Trauma superado, pues.

   Otros dos traumas que le impactaron, y que descubrió sobre los ocho años, fueron el de la inexistencia de os Reyes Magos de Oriente y que el relato de la cigüeña, al igual que el de los Reyes, era más falso que un duro sevillano.  

   Zaca esperaba con verdadera ilusión la fecha del seis de enero, porque llegaban los Reyes con los ansiados regalos que, en el caso del muchacho, solían ser más utilitarios que lúdicos. Lo habitual era una modesta mescolanza de material escolar, libros de entretenimiento, ropa y alguna chuchería o dulce. Pero tanto o más que los propios regalos le hacía estremecer de placer el hecho en sí de la llegada de los Reyes. La noche del cinco le costaba conciliar el sueño y el seis era el primero de la casa en levantarse y acudir al dormitorio de padres a pedirles que abandonaran la cama, pues para ver lo que habían dejado Sus Majestades de Oriente los padres debían de estar presentes. Y ese día cuidaba con mimo  los más nimios detalles.

   -Madre, ¿dónde será mejor que dejemos el turrón y las copas de sidra para los Reyes?

   Y al comprobar al día siguiente que el dulce y la bebida habían desaparecido suspiraba aliviado. Una vez más, Sus Majestades no le habían fallado. Y al año siguiente se le ocurría:

   -Madre, he pensado que nunca dejamos nada para los camellos. ¿Por qué este año no ponemos junto al belén un balde con agua para que beban y un poco de alfalfa para que coman?

   Y cuando en la mañana del seis, el cubo aparecía sin gota y de la alfalfa ni rastro le daba un espasmo de gozo. Quizás uno de los Reyes que le causaron un impacto más hondo fue aquel año que en la Fábrica de la llum, los Reyes tuvieron la humorada de dejarle los regalos en el tronco de la frondosa higuera napolitana que ocupaba el centro del corral. Lo que le provocó el shock no fueron los regalos, sino que alrededor del tronco había unas boñigas que la abuela Isabel, tras olerlas, definió tajante:

   -No hay duda, por como huelen son boñigas de camellos. Seguramente de los de Sus Majestades.

   Pero cuando estando en tercero, uno de los mayores de la escuela, Plácido, que lo tenía enfilado, se burló de él ante toda la clase por su fe en los Reyes, le produjo tal trauma que creyó morirse.

   -Pues, Sacaríes, no eres tan listo como muchos creen. Eres más tonto que un caracol de secano. Mira que con ocho años todavía creer en los Reyes. No existen, idiota. Son los padres.

   Aguantó el tipo, pero cuando se metió en su habitación lloró como no recordaba haberlo hecho, ni cuando murió aplastado por un carro Tolito, el gato de la familia al que profesaba un tierno afecto. El trauma acabó superándolo, pero le costó lo suyo.

   El otro trauma que le acaeció por la misma época fue cuando Troyano, que no era mal chico, le explicó que lo de que los niños los traía la cigüeña era un cuento chino.

   -Los niños nacen por la figa de las mujeres. A ver si te enteras de una vez so vaina.

   Desde entonces, lo de figa -con dos acepciones en el habla local higo y vagina-, le resultó una de las palabras más despreciables, tanto que se negaba a repetir la segunda acepción. El paso del tiempo ayudó indefectiblemente a que olvidara el trauma.

   Así como todos tuvimos traumas, ocurre algo parecido con los complejos. Quién no tuvo algún complejo de niño que levante la mano. Si alguien lo hace lo más probable –casi seguro- es que esté falseando sus recuerdos. Zaca también juega limpio ahí. Tuvo emociones reprimidas que perturbaron su conducta. Dos de sus complejos fueron muy precoces: ser feo y bajito.

   De su presunta fealdad no tuvo noticias hasta que siendo muy niño –quizás de menos de cinco años- el sordera de su abuelo paterno, que por entonces vivía en la Fábrica, dijo de él en su presencia creyendo que no le oía:

   -Que feo es el pobre. Vaya morros que tiene.

   A lo que la abuela Isabel, a la que iba destinado el lamentable comentario, respondió con un airado:

   -¡Cállate, coño!

   Lo de sus morros quedó confirmado cuando Manolo Segura le espetó:

   -Morrud, que eres un morrud.

   Era evidente que era un morrudo, pues en aquel tiempo en su demacrado rostro lo que más llamaba la atención eran sus gruesos labios que, en verdad, convertían su cara no precisamente en un dechado de belleza masculina. Desde que oyó el poco piadoso comentario de su abuelo –al que le costó perdonar- asumió que era feo y quizás esa asunción fue la causa de su timidez con las muchachas. Hoy ese trauma lo ha superado en buena parte, pues su rostro ha ido moldeándose con más músculo y el grosor de sus labios no resalta tanto como antaño. Incluso sabe que una de las amigas de Charito, Fina la Mema, ha comentado a su hermana:

  -Tu hermano es mono –Cuando Charo le chivó el calificativo de Fina, ojeó la palabra en el diccionario enciclopédico de Sopena y se topó con la agradable sorpresa de que una de las acepciones de mono es: De aspecto agradable por cierto atractivo físico, por su gracia o por su arreglo y cuidado. Quedaba claro que no era precisamente un Adonis, pero tampoco un Quasimodo. El complejo y correlativo trauma casi superado.

   Lo de considerarse bajito, eso sí que es un complejo que no ha logrado salvar. No es que sea un enano –mide uno sesenta y cuatro y, según el médico de la familia, todavía puede crecer dos o tres centímetros más-, pero es el más bajo de sus amigos y de buena parte de la muchachada local. Aunque se consuela pensando que está, más o menos, en el fiel de la balanza: hay tantos chicos más altos, como otros tantos más bajos. Lo que vino a confirmarlo la tía Paca a la que le oyó comentar a madre:

   -Zaquita no es bajito, es de lo que más hay.

  O sea, que es del montón. Sin embargo, el complejo de su corta talla no ha sido capaz de superarlo y eso se refleja en hechos y ocasiones que a veces rondan el ridículo. Lo acusa mucho en su trato con las muchachas: no puede resistir que una chavala sea más alta y procura no tratar con las que le superan en estatura. Ni siquiera se pone a su vera y mucho menos baila con ellas. Incluso con las niñas que son de su talla, piensa que cuando se hagan mayores calzarán zapatos de tacón y entonces le sobrepasarán, por lo que procura alejarse de ellas. Y aquella vez que madre le llevó a Castellón de compras y, tras adquirir unos zapatos en Segarra, le indicó:

   -Mañana vas a ir donde el tío Canet a que ponga medias suelas de goma a los zapatos para que duren más.

   La idea le pareció estupenda, pues pensó que eso le haría parecer al menos un dedo más alto.

   El complejo de ser un patoso es otro de los que no ha logrado dejar atrás. Es consciente de que, aunque ha mejorado su musculatura y la coordinación motora, continúa siendo desmañado. Sobre todo con las manos. Ahí la genética le ha negado el pan y la sal. En su familia todos tienen alguna o varias habilidades manuales. Padre es un manitas capaz de arreglar cualquier aparato que se haya averiado y hasta de construir cachivaches nuevos. Madre sabe coser y bordar que es un primor. Charito emula a madre y en cuanto a habilidad manual es igual que padre. Pedrito le da al balón tan bien que hay quien apunta que de mayor puede terminar jugando en un equipo de relumbrón; en el del pueblo, seguro. Y hasta Chimet apunta maneras: con un lápiz en la mano ya sabe hacer garabatos que prometen. En cambio, él es incapaz de servirse de las manos más allá de los movimientos más básicos. Como cariñosamente la tía Emilia le dijo una vez:

   -En el aspecto físico eres el patito feo de la familia. Pero consuélate, en contraposición también eres el más listo. Vaya lo uno por lo otro.

   Un trauma deja de serlo o, al menos, duele menos si hay consuelo que lo alivie. Y, a Dios gracias, Zaca tiene un mínimo arsenal de consuelos que pueden resumirse en tres: la lectura, el cine y su amigo Pifa.

   Cuando se sumerge en las páginas de un libro, sobre todo si es una novela o un cuento, la lectura le absorbe de tal modo que se olvida de todo, hasta de sus traumas y complejos. Algo parecido le ocurre con el cine. Vive con tal pasión las pelis que le gustan, y que más tarde rememora una y otra vez, que se abstrae de todo lo que no sea la historia que narra el film. Para Zaca ir al cine es como si fuera a una consulta del psiquiatra. Y el postrer consuelo para aliviar sus choques emocionales  y sus tendencias reprimidas es Pifa, su amigo del alma. Es al único a quien cuenta los traumas y complejos que le atormentan. Y Pifa tiene siempre una frase o  un gesto que, quizás sin pretenderlo, ayudan a Clavijo a olvidar sus demonios interiores. Como aquella vez que, tratando de recomponer la página rota de un tebeo, acabó por romperla del todo.

   -¡Mierda!, soy un patoso. No debe de haber en toda la provincia alguien tan torpón como yo.

   -No digas chorradas. Eso le puede pasar a cualquiera,

   -Pero seguro que a ti no te pasa.

   - No se puede ser el mejor o el peor en todo. Yo te gano corriendo, pero tú me ganas multiplicando. El que no se consuela es porque no quiere.

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 16, de la novela “El masover”, titulado: El corazón tiene razones que…   (10278 intemporal)

 

viernes, 11 de abril de 2025

Libro IV. Episodio 95. La especialización profesional


   En el frente del Mediterráneo, la rendición de las fuerzas del Eje en Túnez deja como resultado un cuarto de millón de prisioneros. Esa derrota es un desastre para Italia, y cuando los Aliados invaden Sicilia, el régimen de Benito Mussolini se colapsa. Poco después es destituido por el rey Víctor Manuel y arrestado. Luego, los Aliados invaden la Italia continental. Días después, el Ejército italiano toma el poder y negocia la rendición con los angloestadounidenses, pero las tropas alemanas apostadas en Italia toman el control de la mitad norte de la península y continúan resistiendo, forzando a los Aliados a detenerse al sur de Roma. Mussolini, es liberado por un comando de paracaidistas de las SS y, con el apoyo nazi, crea un gobierno títere, la República Social Italiana. Los alemanes establecen una fuerte defensa en los Montes Apeninos que los Aliados son incapaces de romper, e intentan rodearla con un desembarco anfibio en Anzio, operación que es cortada en seco por los germanos. Los Aliados intentan de nuevo romper la defensa mediante asaltos frontales al monasterio de Montecassino, batalla que dura varios meses y ocasiona grandes pérdidas aliadas. Al final, los Aliados vencen y, en junio, Roma es liberada.

   En el frente del Pacífico, los marines han comenzado la campaña de saltar de isla en isla, pese a que los nipones se defienden fanáticamente. A su vez, las tropas del general MacArthur desembarcan en la isla filipina de Leyte en octubre y, a pesar de los ataques kamikaze, derrotan a los nipones.

   Más allá de batallas, victorias y derrotas, en el finiquitado curso 42-43 Ángela ha terminado Farmacia, carrera que tendría que haber concluido en el curso 41-42, pero un principio de tuberculosis la obligó a dejar momentáneamente los estudios y guardar reposo. Algo que en parte hizo en la antigua finca familiar de Pinketi invitada por los guardeses que estuvieron con ellos y que la han subarrendado. Se pasó unas cuantas semanas en el campo con la compañía de Eloísa. Ahora los Carreño se plantean qué hacer con la nueva farmacéutica de la familia. Preguntado Álvaro por teléfono su respuesta es tajante.

   -¿Que qué vamos a hacer?, pues comprar otra farmacia.

   -Ya nos lo hemos planteado, pero los traspasos se han encarecido y tendríamos que solicitar un crédito o hipotecar una de las que tenemos –le informa Julián que es su interlocutor.

   -Pues pedid el crédito o haced la hipoteca y empezad a buscar.

Así lo hacen Julián y Jesús, encargados de las gestiones. El país está en bancarrota, pues todavía no se ha recuperado de la guerra civil, y los bancos exigen mil requisitos y avales sólidos para otorgar créditos e hipotecas. Un día que Julián habla con Pilar le cuenta lo del crédito y el problema de los avalistas.

   -¿Y por qué no me lo habéis dicho?

   -Porque es un problema que no te atañe.

   -¿Cómo que no me atañe? Creo que todavía sigo apellidándome Carreño, por tanto sí me concierne. No hagáis más gestiones, dejadme que lo hable con Luis.

   Cuarenta y ocho horas más tarde, llama Pilar desde Barcelona.

   -Julián, el Banco Español de Crédito os va a abrir una línea crediticia con la que podréis lograr el traspaso de una farmacia. Id a la sede central de Banesto en Madrid, preguntad por don Ignacio Herralde, de parte de Luis, y os solucionará el problema.

   -¿Y qué pasa con los avales?

   -De eso no os preocupéis, ya se ha encargado Luis.

   Álvaro, aprovechando que el Escaño sigue fondeado en Marín, va a felicitar a su antiguo comandante del Velasco, don Manuel Calderón, que ha ascendido a capitán de fragata. Álvaro explica a su superior el problema que tiene de encontrar un destino en tierra, específicamente en Madrid, para así poder ocuparse directamente de los asuntos familiares. Cuando le detalla las gestiones realizadas, Calderón dice algo que sorprende a Carreño.

   -No me extraña que no te hayan concedido un destino en tierra, la prioridad de nuestro Estado Mayor, con una guerra por medio, es mantener a nuestros mejores oficiales y jefes al mando de la flota, por consiguiente, has escogido el camino equivocado. Si hubieses seguido el camino idóneo, y con tu impecable hoja de servicios, no te hubiesen negado el cambio de destino.

   -¿Y qué camino es ese, comandante? –pregunta un esperanzado Álvaro.

   -El de la especialización profesional. No solo necesitamos los mejores oficiales, sino también los que estén mejor formados. Si hubieses solicitado realizar alguno de los variados cursos de especialización que periódicamente se convocan, y teniendo en cuenta que la mayoría de ellos se realizan en Madrid, hace tiempo que estarías en la Villa y Corte. Aunque como tú aspiras a un destino permanente, los cursos tienen el inconveniente que son de duración acotada, pero mientras tanto la situación puede cambiar.

   -¿Y qué curso me aconseja que pida?

   -Uno que dure lo máximo posible y que se realice en Madrid. Hojea el Diario oficial del ministerio de Marina y mira la sección correspondiente, posiblemente encuentres algún curso que te valga.

   En cuanto Álvaro sale del despacho de Calderón le falta tiempo para ir a la biblioteca de la Comandancia y pedir los diarios de la Marina de los últimos meses, pero no encuentra lo que busca, solo hay un curso pero que se lleva a cabo en la Escuela de Tiro Naval Janer, ubicada en Marín. Retorna a Calderón y le cuenta lo que ha encontrado.

   -Y para estar en Marín me da igual estar embarcado.

   -Te equivocas Carreño, no es igual. Efectuar un curso supone que tendrás que atenerte al calendario escolar y, por consiguiente, gozarás de muchos más periodos vacacionales que si estás embarcado. Como no has disfrutado del permiso reglamentario de este año, podrás estar desde mediados de noviembre en casa. El curso de artillería comienza el 20 de enero del 44 hasta el 13 de septiembre. Con lo cual tendrás el periodo vacacional de Semana Santa y el del verano, muchas más vacaciones que si continúas embarcado. Y además, es un modo de entrar en la relación de oficiales que se preocupan por su formación profesional, con lo cual tendrás más probabilidades de que te puedan conceder otro curso que se realice en Madrid. Piénsatelo bien, pero mi consejo es que te inscribas en el curso de la Janer.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 96: Una nueva farmacia para Ángela

martes, 8 de abril de 2025

14. “El masover”. Que estén buenorras

Los amigos de Zaca... ¿Qué no he hablado de sus amigos? Perdón. Ha sido un olvido propio de un casi nonagenario. Los viejos nos acordamos diáfanamente de escenas de nuestra niñez, pero olvidamos hechos recientes. Ya mismo enmiendo la omisión.

   Hasta los diez años, Zaca no ha sentido la necesidad de tener amigos. Que en los primeros años de su niñez, la ausencia en su vida cotidiana de amigos no le haya afectado ha sido producto de varios hechos que han generado un efecto sinérgico entre sí. El más importante es su natural introvertido y solitario: ni su mente ni su cuerpo ni sus instintos le han pedido tener compañeros con los que charlar, jugar y divertirse. A lo que se ha sumado su precoz pasión por la lectura: entre leer un tebeo, un cuento de hadas o una novela del oeste y dialogar con un chaval que sólo conoce los cuatro lugares comunes que es todo el bagaje cultural de la mayoría de niños de la localidad, no hay color. Un tercer factor ha sido su natural enfermizo, lo que ha generado que durante épocas haya pasado más tiempo en casa que en la calle, pues es en ésta donde se forjan las amistades tempranas. En los pueblos pequeños los niños viven más en la calle que en casa, dado que las rúas pueblerinas son lugares idóneos para socializar, pues todo el mundo se conoce, a lo que se añade que son seguras, dado que el tránsito rodado es, prácticamente, inexistente. Y, finalmente, ha concurrido a conformar la ausencia de amigos otro hecho poderoso. En una sociedad primitiva y rural como la torreblanquina lo que se pide a los varones –y se conceptúa a los niños como varones bajitos- es que corran como  guepardos, salten como canguros, trepen como chimpancés y tengan la fuerza de un elefante; o sea, lo que se valora es el músculo no el intelecto. Y en ese apartado la genética no ha sido generosa con Zaca, más bien todo lo contrario. La consecuencia de esa carencia es que el muchacho es alguien que no cuenta o tiene escasa relevancia en la escala de valores de una sociedad asaz primitiva.

   A esa tetralogía de factores se agregan otros hechos que explican la ausencia de amistades. Uno es la coyuntura de que en la familia Clavijo-Alsina no hay chavales de su edad. Otro que, en el vecindario el único chico de edad parecida a Zaca ya tiene su pandilla, en la que no encaja un chaval de su perfil. Ítem más: en la escuela tiene fama de empollón y de ser un pelín raro, y esos no son los mejores rasgos para ser alguien que concite el deseo de sus condiscípulos de ser amigos suyos.

   Su carencia de amigos no significa que Zaca no tenga relación alguna con otros chiquillos. Se codea con sus condiscípulos de la clase, en la que no es el más popular, pero si es respetado, pues todos aceptan que es el más listo. Y en algunas ocasiones, Paco Monero –es el apodo familiar, en realidad se apellida Franch-, un chico mayor que Zaca y que vive en su misma calle, se lo lleva con él y sus amigos a alguna de las batallas contra otras pandillas o a robar fruta en huertas ajenas. Incluso, cuando el chaval cuida de Chimet se lo llevan también embutido en el carrito, como aquella vez que fueron a jugar a les Coves de l´Argila y les pilló una tormenta que los remojó como una camiseta en la colada.

   A los diez años algo ha debido cambiar en el muchacho para que sienta la necesidad de tener amigos y, quizás más que amigos, de formar parte de una pandilla en la que tener unos colegas con los que charlar, contarse secretos, jugar y divertirse. Puesto que es consciente de que no cumple con ninguno de los rasgos que valoran sus paisanos y, en consecuencia, duda de que haya alguien que busque su amistad, se dice la frase que ha leído en algún libro: si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña. Y se lanza a buscar amigos. Los encuentra en familias en las que los padres tienen claros nexos de afinidad con el suyo: ser forasteros –en Torreblanca todo el que no es torreblanquí es foraster-, no trabajar la tierra y pertenecer a la que podríamos calificar como la clase media local. Y esos rasgos los tienen los señores Joaquín Queralt, Celestino Pifarré y, algo menos, Manuel Pitarch. Salvo este último, los otros no son naturales del pueblo y tampoco son labradores. El primero es uno de los médicos de asistencia domiciliaria del pueblo. El señor Pifarré, es factor de circulación de la compañía de Ferrocarriles del Norte de España.  Pitarch es el único que no acaba de adaptarse plenamente a los rasgos descritos, pues además de ser celador de telégrafos, también es propietario agrícola.

   Los hijos mayores de los mentados padres son los que terminan siendo amigos de Zaca Clavijo: Joaquinito Queralt, Manolo Pitarch y Joaquín Pifarré.

   Joaquinito Queralt es de la misma quinta que Zaca –en el pueblo se cuenta la edad según la quinta en la que un varón hizo la mili-. Coincidieron en la escuela de párvulos y en el rebañito parroquial cuando hicieron la primera comunión. Es rollizo, patizambo, extrovertido y lleva gafas. Y no es demasiado listo. También es el que ha desarrollado antes la pubertad. Estudia bachillerato en el internado que los escolapios tienen en Castellón, por lo que no encaja en la mentalidad de las pandillas de adolescentes locales. Y al estar interno solo puede juntarse con sus amigos los domingos.

   Manolo Pitarch, si cumple dos de los requisitos para ser admitido en cualquier panda local de chavales: su familia tiene numerosas fincas y es oriunda del pueblo. Pero una salud frágil y una constitución endeble le llevan a guardar reposo con frecuencia y le impiden tener los estándares físicos de la chiquillería local. Es delgaducho, tiene la piel de un color lechoso y un aire entre tristón y apático. Tiene un año más que Joaquinito y Zaca, aunque por su carácter no lo aparenta.

   Joaquín Pifarré –al que suelen llamar Pifa- es alto, fuerte, rubito, extrovertido, decidido y más alegre que unas castañuelas.  Es un año más joven que los demás. Dado su potencial físico podría ser perfectamente admitido en cualquier pandilla local, pero es forastero y su padre empleado del ferrocarril. También es el más resuelto y audaz del grupo y quien los capitanea cuando hay que enfrentarse a otras pandillas o hacer incursiones en las huertas para robar fruta.

   Entre los cuatro no caben distinciones. Cada cual acata de antemano el lugar que le corresponde en la pandilla. Zaca sabe que no puede imponerse a Pifa, aunque tenga una inteligencia superior, y éste acepta que sea Clavijo quien planee las correrías y diversiones. Manolo reconoce que está por debajo de los otros tres, a pesar de tener fincas y bienes que los otros no tienen. Y Joaquinito, entre que para poco en el pueblo y es hijo de quien es, suele hacer rancho aparte. Pese a que no hay una jerarquía entre ellos, en la percepción individual Queralt y Pitarch se sienten superiores a Pifa y Clavijo y, aunque tratan de disimularlo, en el fondo los miran por encima del hombro. Joaquinito porque su padre es médico, lo que le sitúa en una posición social superior. Manolo porque sus padres poseen fincas y, por tanto, se supone que es rico. En cambio Pifa y Clavijo son hijos de unos empleados de medio pelo. Y en la escala local de valores las familias que no poseen bienes raíces son consideradas unas pobretonas. Todo ello no afecta a Pifa ni a Clavijo que, a su vez, piensan que Pitarch y Queralt tendrán más perras, pero no dejan de ser unos pobres diablos.

   De sus amigos, su íntimo, el único con el que se confiesa Zaca, es Pifa, lo que no deja de resultar sorprendente porque es su antítesis, tanto física como emocionalmente. Son tan diferentes que parece imposible que sean amigos, pero los sentimientos son los que son, y la amistad entre ellos se hace fuerte y sólida a medida que pasan los años.

   Son los condicionantes sociales y la cerrazón de una sociedad muy estratificada lo que les ha inducido a hacerse amigos y llevar como pandilla una vida en los límites tangenciales de la sociedad local. Al no participar en los eventos que jalonan las costumbres de la juventud local están, de algún modo, marginados por el resto del mocerío torreblanquino. Ni siquiera han sido capaces de participar como grupo en los actos que comandan los jóvenes en las fiestas patronales. Sus distracciones se reducen a interminables charlas sobre chicas –de las que realmente saben muy poco-, que piensan ser de mayores y que películas esperan ver el domingo, día en el que suelen reunirse.

   Salvo Queralt, la madurez sexual –que en los pueblos suele ser más precoz que en las ciudades- de los demás amigos anda un tanto retrasada y solo a partir de los doce años han comenzado a interesarse por las muchachas, entre las que es posible que sean aceptados fácilmente, pues al estudiar tres de ellos se les supone un futuro halagüeño. 

   La primera aproximación que, como grupo, deciden hacer a la grey femenina será con ocasión de la Semana Santa. El domingo de Pascua es una fecha muy esperada por la juventud local, pues existe la tradición de que en ese día se reúnan pandillas mixtas para comerse la mona de Pascua -bizcocho redondeado de harina, huevos y azúcar, decorado con uno o varios huevos duros y frutas escarchadas-. Esa es la excusa para que en alguna de las casetas de campo que esmaltan el término municipal, se reúnan los jóvenes para confraternizar, divertirse, bailar y pasar juntos una agradable tarde, rompiendo la rígida barrera entre los sexos que impera, de manera más o menos estricta, el resto del año.

   Puesto que es el más lanzado y quien más chance tiene entre el mal llamado sexo débil, el grupo encarga a Pifa que sea quien busque una pandilla femenina con la que compartir la mona. Pero antes debaten sobre el criterio a tener en cuenta para la elección. Las opiniones son variadas. Zaca desea que sean leídas. Manolo que mejor si son pubilles. Joaquinito que deberían pertenecer a familias distinguidas. La respuesta de Pifa a ese ramillete de opiniones es una muestra de su controvertida personalidad: le gustan todas, algo que, Zaca, que es un pazguato en lo tocante a las chicas, le echa en cara.

   -Me la suda si son o no unas cerebritos, si tienen o no fincas y si pertenecen o no a familias distinguidas.

   -Entonces –pregunta Zaca que, conociendo a Pifa, teme lo peor-, ¿qué criterio usarás para elegirlas?

   -Que estén buenorras.

  

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 15 de la novela “El masovre”, titulado: De los traumas y complejos (10226 1930)

viernes, 4 de abril de 2025

Libro IV. Episodio 94. El nuevo patriarca

    Los Carreño quedan sumamente abatidos y aunque son todos mayores, menos Froilán, se sienten como si fueran niños que se han quedado sin referente en la vida. Como no lo pudieron hacer con su madre, preparan el funeral del padre con todo esmero. El cadáver del patriarca es velado durante toda la noche en la farmacia que han engalanado con crespones. Acuden amigos, clientes y conocidos a velar al difunto y dar el pésame a la familia. Todos los hermanos visten de riguroso luto, con la excepción de Froilán que no tiene un traje oscuro, pero le han puesto un brazalete negro en una de las mangas de la chaqueta. A Ángela, Pilar la ha acompañado a la sección de ropa femenina de Galerías Preciados, y le ha comprado un vestido negro. Al día siguiente, en la capilla del hospital de la Marina celebran un funeral religioso y luego le dan sepultura en el mismo panteón en el que yace Julia.

   Puesto que Jesús se ha encargado de insertar la esquela del fallecimiento en los principales periódicos madrileños, son muchos los amigos, conocidos y clientes de las farmacias que acuden a dar el pésame. Una vez inhumados los restos del patriarca, y cuando amigos y conocidos les dejan solos, Álvaro reúne a sus hermanos en el salón-comedor de la casa familiar con la inclusión de Paca, de Luis Verdú y de las esposas de Julián y Jesús. Sin ninguna clase de preámbulo, el primogénito les cuenta los postreros deseos del padre.

   -Antes de morirse, papá me encargó que me hiciese cargo de la familia, se lo prometí y lo voy a cumplir a rajatabla. Somos como una nave que se ha quedado sin capitán, por consiguiente, debe ser el segundo de a bordo quien se haga cargo de pilotar el buque. Por nacimiento, el segundo de a bordo soy yo y, por tanto, me corresponde el honor y la pesada carga de llevar el barco de los Carreño a buen puerto… -Álvaro hace una pausa por si alguien quiere intervenir, pero el silencio es general, por lo que prosigue-: Papá me encargó específicamente que cuidara de las chicas y que, si no os casáis, me ocupe de que no os falte de nada. Lo mismo me dijo de ti –añade dirigiéndose a Paca-, papá te estaba muy agradecido por tus desvelos cuidándonos a todos. Podrás vivir con nosotros hasta cuando tú quieras y no te faltará de nada. ¿Tenéis algo que decir? –pregunta. No hay repuesta, solo se oye el llanto de Paca.

   Tras la explicación a las mujeres, Álvaro se dirige a los varones.

   -De nosotros los que más preocupabais a papá erais los casados. Quizá hayáis pensado que este es el momento de independizarse, económicamente hablando, pero debéis saber que en su testamento ha dejado escrito que las ganancias de las farmacias son de toda la familia y una familia, una cuenta. Bien es cierto que los títulos de farmacéutico que hacen posible su funcionamiento son individuales, pero el capital con el que se montaron era del fondo familiar. Y me encomendó que así debe seguir, cosa que le prometí. Como el dinero es un asunto que frecuentemente divide a las familias, si alguno no está de acuerdo con la recomendación de papá este es el momento de decirlo. ¿Alguien quiere decir algo?

   Tras preguntar Álvaro si alguien quiere decir algo, Jesús va a hablar, pero Julián se le adelanta.

   -Por mí, y supongo que también por Jesús, que somos los casados, no hay problema, solo tengo una pregunta: ¿quién manejará la cuenta del fondo familiar al faltar papá?

   -Yo, naturalmente –responde el marino.

   -Pero Tato, tú te pasas la mayor parte del tiempo embarcado, ¿cómo vas a manejar la cuenta desde el buque en el que estés enrolado? –interroga Jesús.

   -Lo he estado pensando y, a partir de ahora, voy a solicitar destinos en tierra, concretamente, en Madrid. Dada mi hoja de servicios y los numerosos amigos y compañeros que tengo en el ministerio y en el Estado Mayor, no creo que vaya a tener problema para que me destinen aquí.

   -Tato –interviene Froilán, silente hasta el momento-, ¿has pensado que si tienes destinos en tierra te faltarán horas de mar para ascender? Todos los de tu promoción, incluso de promociones posteriores, ascenderán antes que tú. Así no llegarás a almirante que, con el carrerón que llevas, en unos años lo tendrás al alcance de la mano, siempre que tengas las indispensables horas de embarque.

   -Lo sé, Mosqui –Así es como llaman familiarmente al benjamín porque de pequeño era delgadito como un mosquito-, y esa será mi aportación personal a la unidad de la familia. Voy a sacrificar mi carrera profesional por vosotros, espero que sepáis valorarlo. ¿Alguna otra pregunta?

   Nadie habla hasta que Pilar se arranca.

   -En lo que a mí respecta, Álvaro, estoy totalmente de acuerdo contigo y quiero que sepas que tu sacrificio es un ejemplo de lo que siempre nos enseñaron los papás. La unidad familiar ante todo y sobre todo. Y te doy las gracias de corazón por tu generosidad.

   Álvaro se emociona al escuchar las palabras de su hermana Pilar que continúa:

  -Y para fortalecer esa unidad familiar, por mi parte seguiré aportando lo que está en mi mano: mi título lo tenéis a vuestra disposición todo el tiempo que lo necesitéis, sea un año, diez o lo que me resta de vida. Ah, y una sugerencia, y lo digo en serio, puesto que nuestro hermano se ha convertido en el cabeza de familia, creo que debemos dejar de llamarle Tato, a partir de ahora deberá ser simplemente Álvaro porque lo de paterfamilias suena demasiado pretencioso.

   -Gracias, Pilar. Otra cuestión: tengo que volver a Cartagena y hablar primero con el comandante del Escaño para comenzar a solucionar el problema de mi destino. Mientras lo arreglo, y pueden ser varias semanas, se encargará de manejar la cuenta del fondo familiar Julián, que es el mayor en mi ausencia. ¿Alguna objeción? –nadie dice ni pío. En la familia Carreño el orden de antigüedad se sigue al pie de la letra.

   -Julián, ¿algún problema por tu parte?

   -No, Álvaro, te prometo que te reemplazaré lo mejor que pueda, y sé que cuento con el apoyo de todos. Puedes irte tranquilo.

   Pasados unos días, Pilar y Luis vuelven a Barcelona y Álvaro regresa a Cartagena, no sin antes haber visitado el ministerio de Marina para iniciar las gestiones de su traslado a un destino de tierra. El compañero mejor ubicado para ayudarle en su deseo de abandonar su destino en el Escaño es Juanma Ortega, con el que compartió camarote en el Canarias y que ahora está destinado en el ministerio. Ortega le da su opinión sobre el paso que va a acometer su compañero.

   -¿Te lo has pensado bien, Álvaro? Creo que es una pésima idea, vas a tirar por la borda una carrera impecable.

   -Para mí antes que mi carrera está mi familia. Y si mi ascenso se ralentiza lo daré por bien empleado si consigo que mis hermanos sigan unidos como una piña.

   -Bueno, tú sabrás, pero te digo de antemano que no va a ser fácil. Con la II Guerra Mundial a nuestras puertas lo que necesita la Marina son oficiales en los puentes de mando y no en destinos terrestres. Tendremos que mover muchos hilos, pero mi apoyo no te va a faltar.

  El marino se reincorpora al Escaño, cuyo comandante promete ayudarle en su objetivo de lograr un destino en Madrid, pero le recuerda que la última  decisión no está en su mano.

   Antes de que llegue el anhelado cambio de destino, y a bordo del Escaño, Álvaro todavía presta destacados servicios a la Marina, pues el 14 de enero de 1943, en virtud de una orden del jefe de la segunda flotilla de destructores, es nombrado Comandante del destacamento militar a bordo del aviso italiano Orza, internado en el puerto de Palma, haciéndose cargo del mismo. Días después, a remolque del R-A 1 y escoltado por el Escaño y el Churruca, sale el Orza para Mahón, donde desembarca Álvaro y da por terminada su comisión de servicio. Tras la cual sigue moviendo teclas, y pese a la ayuda de amigos y compañeros, no hay manera de que consiga un destino en tierra.

   En febrero de 1942 ocurre un acontecimiento en la familia Carreño, de los que han de señalarse con piedra blanca: Carla y Julián tienen su primer retoño, un bebé tirando a pelirrojo al que bautizan como Julio, en honor del fallecido patriarca del clan.

   -Bueno –comenta el padre de Carla a Álvaro-, ya tenéis quien va a asegurar el apellido, la parejita ha cumplido con la familia -El marino no contesta, pero, en cuanto ve a Julián, no puede reprimirse y le cuenta lo que le ha dicho el padre de Carla.

   -¿Eso quiere decir que no pensáis tener más hijos?

   -Bueno…, Carla piensa que con uno ya está bien.

   -O sea, ¿qué en tu casa quien lleva los pantalones es tu mujer? Así no nos criaron nuestros padres. Hijos, los que Dios quiera enviaros…, pero eso tendrás que decidirlo tú y tu esposa, claro… -La inacabada frase es suficiente para Julián, ya sabe lo que tiene que hacer. ¡Buena se pondrá Carla!

   El invierno del 42 está en sus postrimerías y el marino sigue embarcado en el Escaño, hasta que el 22 de marzo del 43 llega al destructor un radiotelegrama a la atención del teniente de navío D. Álvaro Carreño Manzano. El radiotelegrafista, que conoce el deseo del oficial de que se le destine a tierra, le lleva el radiograma y al dárselo le dice con cara compungida:

   -A sus órdenes mi oficial, es para usted, y créame que lo siento.

   En cuanto Álvaro, sorprendido por la frase del marinero, abre el radiograma comprende el sentir del radiotelegrafista, pues lo que recibe es un mandato del jefe de la flotilla de destructores ordenándole que embarque en el minador Neptuno, en el que zarpa para Denia y luego a Valencia para hacer ejercicios de tiro naval. En el minador está enrolado hasta que fondean en Cartagena en mayo y se reintegra a su destino en el Escaño.     

   Acaba la primavera y Álvaro se desespera, porque no hay manera de conseguir un destino en tierra; hasta llega a plantearse solicitar la baja en la Marina por motivos de salud, puesto que sus intestinos siguen jugándole malas pasadas.

Aprovechando un corto permiso, vuelve a Madrid y plantea a sus hermanos la idea de la baja. Julián es el primero que la rechaza.

   -De ninguna manera, Álvaro. Está bien que te sacrifiques por la familia, pero no hasta ese extremo. Todos sabemos que la Marina ha sido tu sueño desde que dejaste de estudiar exactas. Y no debes preocuparte por el manejo del fondo familiar, hasta ahora no ha habido ni el más mínimo problema gracias a la cooperación de todos.

   Tras Julián, hay una rueda de intervenciones de los demás hermanos sumándose a la opinión del tercero de los Carreño; hasta Pilar, conocedora de la intención de Álvaro, llama desde Barcelona oponiéndose a semejante salida. Al ver tal unión al marino casi se le caen las lágrimas y desiste de su empeño. Seguirá en el Escaño hasta que Dios y los desconocidos designios del ministerio de Marina decidan.

   Mientras tanto, el otro marino de la familia, Andrés, realiza el cuarto curso que discurre de enero a junio de 1943. Periodo en el que, entre otras actividades, toma parte, con el batallón de alumnos de la Escuela, en el desfile que tiene lugar en Madrid el primero de abril con motivo del Día de la Victoria. Por no haber obtenido calificación suficiente en la asignatura de Mecánica, debe examinarse de nuevo de la misma al terminar la licencia reglamentaria que empieza a disfrutar en junio. Un mes después se reintegra a la nueva Escuela Naval de Marín en la que se examina nuevamente de Mecánica resultando apto.

   El hecho de que Andrés siga en Marín le da a Álvaro una oportunidad poco frecuente, pues en julio el Escaño parte para Galicia, fondeando primero en Marín. Días después, y por causar baja el segundo comandante, pasa a sustituirle. Luego van a Vigo y el 2 de agosto, y como buque insignia de la segunda flotilla, vuelven a Marín para asistir a la inauguración de la nueva Escuela Naval Militar, donde se junta con su hermano Andrés que está cursando el quinto curso. El reencuentro entre los hermanos es emocionante, incluso impacta a algunos de los amigos de ambos cuando el guardiamarina, cuadrándose y haciendo el saludo reglamentario, hace su presentación:

   -A sus órdenes, mi capitán, se presenta el alférez de fragata Andrés Carreño Manzano.

   -Descanse, alférez.

   Cuando ambos hermanos se quedan solos su primer pensamiento es para el benjamín de la saga.

   -¡Qué orgullosos estarían los papás con Froilán, haber ingresado en la primera convocatoria!

   -El Mosqui, si continúa así, acabará haciendo mejor carrera que nosotros –opina Andrés. Desde luego, mejor que la tuya sí, piensa Álvaro, pero se abstiene de verbalizarlo.

   -Vais a estar juntos un curso, tú en el último y él en primero. ¿Cuándo terminas quinto?

   -El curso discurre de julio a diciembre del 43.

   -¿Sabes cuándo el Mosqui llegará a Marín? 

   -Para los novatos el curso comenzará el 26 de septiembre.

   A pesar de que, en la década de los cuarenta, la España de la posguerra sufre un pertinaz empobrecimiento, la vida de los Carreño es bastante mejor que la de la mayoría de las familias. Todos los hermanos tienen trabajo y los ingresos de las dos farmacias dan para que la familia pueda llevar un tren de vida burgués.

   Mientras, la II Guerra Mundial prosigue su sangriento devenir. En el frente ruso, el general Paulus, usando sus últimas reservas, lanza un postrer ataque a Stalingrado. Sin embargo, los soviéticos resisten y, a mediados de noviembre, lanzan ataques simultáneos que rompen los débiles flancos y, días más tarde, embolsan al VI Ejército alemán. Paulus pide permiso para romper el cerco, lo que es rechazado por Hitler que promete enviar suministros desde el aire; promesa que la Lutfwaffe no puede cumplir. A principios de febrero del 43, el general Paulus y las tropas a su mando se rinden al Ejército rojo.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 96. La especialización profesional