viernes, 24 de mayo de 2024

Libro IV. Episodio 49. Lo del Socorro Rojo tiene miga

   Ante el exabrupto de su madre, Andrés no se atreve a protestar, pero la que salta como una tigresa herida es Concha.

   -¡Mamá, no puedes mandarle eso a Andrés! Con lo que le ha costado y las cosas que ha tenido que hacer para conseguir los comestibles, ahora no puedes ordenarle que los devuelva. Solo piensas en ti y en tu odio a los rojos, ¿pero te has parado a pensar en nosotros?, ¿cuánto hace que en esta casa no se hace una comida decente? –Al oír los gritos, los dos pequeños entran en la cocina-. Mira a Ángela, se le pueden contar las costillas, ¿y sabías que Froilán se come hasta la piel de las patatas? Y no solo es la comida, es no valorar el esfuerzo que ha puesto Andrés para ayudar a los demás, para hacer realidad lo que siempre nos habéis enseñado: que la familia es lo primero.

   Julia está tan estupefacta del arranque de genio de Concha que es incapaz de responder. La joven, que es agua mansa y la que tiene menos genio de todos sus hijos, convertida en una furia que arremete contra ella. Ante el silencio de la madre, la joven prosigue su diatriba.

   -Ni puedes ni debes someter tus prejuicios en contra del bienestar de la familia, el tuyo inclusive. ¿Crees que no sabemos que, cuando dices que no tienes hambre, es para que los demás podamos comer más? ¿Crees que no nos damos cuenta de que te quitas la comida de la boca para dárnosla a nosotros? Y ahora toda esa generosidad, que nunca podremos pagarte, la echas a la basura por no aceptar unos alimentos que proceden de una organización roja. ¿Y qué importa que sea roja, azul o amarilla?, lo que importa es que por unos pocos días podremos recordar los tiempos en que comer no era importante porque en la mesa había de todo. ¿Te parece que papá hubiera rechazado esas golosinas? Pero si el pobre Froilán está salivando desde que ha visto la tableta de chocolate. Sabes que te digo, que tú, si quieres, no los pruebes, pero estos comestibles no salen de esta casa, ¡como que me llamo Concha!

   Julia ha llegado al límite de su aguante, sale de la cocina dando un portazo y se refugia en su habitación donde su llanto se enseñorea del cuarto. Llora y llora como si las puertas del pantano de sus sentimientos se hubiesen abierto de par en par. ¿Qué he hecho?, se pregunta, ¿estoy perdiendo a mis hijos?, ¿cómo es posible que Concha, mi Concha, haya podido hablarme de esa manera? La guerra tiene la culpa, hasta de que los hijos se revuelvan contra los padres. Y, desconsolada, sigue llorando como una magdalena. Unos golpecitos en la puerta la obligan a secarse los ojos.

   -Mamá, soy Concha.

   -Pasa. 

     Concha entra en la habitación y, antes de que su madre pueda hablar, le dice con voz contrita:

   -Mamá, me debiste coger en un mal momento, porque ya sabes que no suelo comportarme así. Te pido perdón.

   -Todos tenemos malos momentos, hija, pero ya lo he olvidado. Tampoco yo estuve muy allá gritándole de mala manera al pobre Andrés, no tendría que haberlo hecho. También a él le pediré perdón.

   -Te lo agradecerá mucho, mamá. Está muy preocupado y deberías dejarle que te explique la manera como consiguió los alimentos. Y tranquila, no se ha hecho comunista ni nada de eso.

   La reconciliación entre madre e hijo es, si cabe, más emotiva que la de Concha.

   -Bueno, hijo, pelillos a la mar. Cuéntame cómo has conseguido hacerte con esos comestibles.

   Andrés ha preparado una historia ad hoc para su madre porque sabe que la verdad no puede contársela.

   -Verás, mamá, la semana pasada llegó al pueblo un coche con milicianos del Comité Antifascista de Torrelavega, que tienen fama ser de gatillo fácil. La mayoría de los vecinos se metieron en casa y otros huyeron al campo por lo que apenas si encontraron gente con la que hablar. Habían venido a enterarse si en el pueblo quedaban fachas. Como yo no tengo miedo y andaba por la calle, me pararon, comenzaron a hacerme preguntas y les respondí a todo. Eran unos pardillos, les conté un montón de trolas y se las tragaron enteritas. Resulta que uno de ellos era el encargado del Socorro Rojo, que en aquel momento yo no sabía qué era, y me dijo que la siguiente semana volverían a socorrer a las familias que fuesen comunistas o socialistas y que estuviesen pasando necesidades. Entonces se me ocurrió decirle que una de ellas era la mía.

   -Qué atrevido fuiste, hijo, qué atrevido y qué valiente –le jalea Julia.

   -Hoy ha venido el camión del Socorro Rojo al mando del encargado de Torrelavega. Les he llevado a las casas de algunas familias con fama de ser rojas o, al menos, republicanas, y les han dejado paquetes de alimentos. El encargado me ha dicho que los últimos paquetes eran para nosotros. Como sabía que tú estabas en la cooperativa y Concha ayudando a la señora Eugenia, me he arriesgado a traerlos aquí. Menos mal que, cuando lo del señor Bermejillo, retiramos del aparador las fotos familiares y las estampas de las Vírgenes. Y eso es todo. Ah, los repartos de víveres los hacen quincenalmente, por tanto dentro de quince días tendremos más comida.

   -Eres más que atrevido, hijo. ¿Y qué pasa si ese encargado se entera de quiénes somos de verdad? Igual hasta te pueden fusilar.

   -¡Qué va, mamá! Le he caído bien a Eulogio, el encargado, y estoy convencido de que aunque se entere no me hará nada

-El diálogo se ve interrumpido por la llamada de Concha.

   -A la mesa, que hoy cenamos de verdad -Tras la cena, que les ha sabido a manjar celestial, y mientras Julia está en la cocina recogiendo los cacharros, Concha musita a su hermano:

   -No le habrás contado la verdad.

   -¿Crees que estoy loco?, le he largado una historia de las que le gustan. Luego te cuento.

   -Si llega a saber que el encargado del Socorro Rojo se llama Eulogia, no sé si te lo perdonaría. De todas formas, has nacido de pie, en unos minutos has pasado de villano a héroe.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 50. Problemas en la retaguardia

viernes, 17 de mayo de 2024

Libro IV. Episodio 48. ¡Ni Socorro Rojo ni leches!


   Los tertulianos de la perfumería vuelven a su rutina de reunirse la mayoría de los días, a veces están los cuatro, a veces alguno falla, pero siempre pueden contar con Ramírez el anfitrión, y generalmente también con Carreño que solo tiene que cruzar la calle desde su domicilio. En la primera reunión del 37 comentan el óbito de Miguel de Unamuno y de cómo los falangistas salmantinos se hicieron notar en su entierro, como si el escritor fuese uno de los suyos.

   -A raíz de la muerte de Unamuno, alguna prensa extranjera ha comentado que, después del fusilamiento de García Lorca, la del vasco ha sido una de las pérdidas más valiosas para la cultura española –comenta Infantes.

   -Pues no sé qué paralelismo pueden encontrarles –replica Valdés-. Opino que en lo único que se parecían es que Unamuno, al igual que Lorca, nunca se afilió a ningún partido y jamás se distanció de ninguno de sus amigos por cuestiones políticas aunque opinasen de manera distinta.

   -Habréis oído lo que cuenta Radio Burgos: a partir de ahora el nuevo año se bautiza como Año Triunfal –comenta Julio desviando la conversación sobre Unamuno.

   Enero del 37 avanza en el calendario como con prisas de que le sustituya febrero. Los tertulianos de la perfumería se han reunido pocas veces, porque las noticias han mermado pues la guerra parece que va al ralentí. Una de las noticias que mayor impacto les causa tiene relación muy directa con las mujeres.

   -El Gobierno republicano ha legalizado el aborto –informa Infantes.

   -No puede ser, eso va contra los más elementales principios de la civilización y el cristianismo –objeta Carreño.

   -En muchos países, tanto o más civilizados que el nuestro, hace mucho que el aborto está permitido si se dan determinadas condiciones –puntualiza Valdés.

   -Que lo esté en otros países no quiere decir que esa medida sea de recibo. Una sociedad no puede avanzar matando a criaturas que no pueden defenderse –recusa Ramírez.

   -Dejemos ese tema que me pongo malo con solo mencionarlo –admite Infantes-. Hay dos noticias que son más agradables. Se ha formado una brigada de voluntarios en nuestras filas: la primera Brigada Voluntari, casi todos italianos, al mando del general Mario Roatta. La otra noticia es que se ha inaugurado Radio Nacional de España, que será la portavoz del gobierno nacional. Ha comenzado sus emisiones con un discurso leído por Franco desde Salamanca. Sus partes sustituirán a los que daba Radio Burgos. Aunque si queréis divertiros, en Radio Sevilla continúa Queipo de Llano dándoles la matraca a los rojos.

   En Suances, Julia ha llegado tarde a casa pues en la cooperativa hoy ha habido mucho trabajo; vuelve contenta porque se trae media caja de pescado que les va a dar para comer varios días, y ha podido coger un trozo de una barra de hielo con lo que tiene resuelta la conservación que es uno de los problemas con el pescado. Piensa en la alegría que les va a dar a los chicos, especialmente a Concha que se encarga de la cocina cuando ella no está o llega tarde. Al entrar en casa le llama la atención el jolgorio que están montado sus hijos.

   -¿Qué pasa, por qué estáis tan contentos, se ha sabido algo de Madrid?

   -No, mamá, pero pasa a la cocina y verás.

    En la cocina están Concha y Andrés colocando encima de la mesa una serie de paquetes y latas. Hay un poco de todo: harina, arroz, unos botes de tomate frito, azúcar, tres botellas de leche, una bolsa de patatas, una docena de huevos, ¡y hasta un salchichón y una tableta de chocolate! Julia tiene que restregarse los ojos, hace mucho que no veía en su cocina tal edén alimenticio.

   -¿Se puede saber de dónde ha salido eso?

   -Lo ha traído Andrés –señala, toda orgullosa, Concha. Julia que conoce a su hijo, piensa en lo peor.

   -Hijo, ¿de dónde lo has robado?

   -Mamá, qué mala opinión tienes de mí. A los hijos nos enseñasteis los mandamientos de la Ley de Dios y el séptimo es no robar –contesta el jovenzuelo con gesto serio, aunque conteniendo las ganas de reír.

   -Menos bromas, jovencito, que con las cosas de comer no se juega. Repito, ¿de dónde ha salido esto?

   -Me lo han dado en el Socorro Rojo.

   -¿El Socorro…? –Lo de rojo se le atraganta a Julia-. ¿Y se puede saber qué es ese Socorro?

   -Es un servicio social organizado por la Internacional Comunista. Fue creado para que funcionara como una Cruz Roja internacional e independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Sus principales actividades consisten en ayudar a los niños y a las familias necesitadas con comida y en aportar bibliotecas a los soldados.

   De todo lo que le está contando su hijo, hay dos palabras que impactan en la cabeza de Julia como si fuesen rayos de fuego: Internacional Comunista. ¡Madre del Amor Hermoso, lo que nos faltaba, este chico se nos ha hecho comunista!; cuando se entere su padre le va a dar un patatús y a mí me va a matar a disgustos, se dice. Porque estas maravillas no se las habrán dado porque sí, algo le habrán pedido a cambio y seguro que ha sido afiliarse al partido. ¡Dios mío, a lo que hemos llegado: un Carreño comunista!

No se lo piensa dos veces, el mandato le sale del alma.

   -¡Ni Socorro Rojo ni leches, devuélvelo ya!

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 49. Lo del Socorro Rojo tiene miga

 

viernes, 10 de mayo de 2024

Libro IV. Episodio 47. El final del caso Ferreiras


   En sus ratos de descanso a bordo del Cabo Home a Álvaro a veces le pasa por la cabeza el recuerdo del contramaestre Mauro Ferreiras, preso en el penal del lazareto de San Simón al estar acusado de amotinamiento en el crucero Almirante Cervera. Álvaro le mandó el aval pedido, pues lo que recordaba de él era que se trataba de un disciplinado y cumplidor marinero. Pero, desde que mandó el aval, y de eso hace meses, no ha vuelto a saber nada de Ferreiras. El primer día que toquemos tierra tengo que preguntar por él, se dice. Aprovechando que el bou ha fondeado en el arsenal del Ferrol, Álvaro se dirige a la Comandancia General para indagar sobre la suerte que haya podido correr el contramaestre. Le cuesta encontrar alguien que le dé razón de los encarcelados en el penal de San Simón, hasta que por fin localiza a uno de los suboficiales encargado de los asuntos referidos a la justicia naval.

   -¿Cómo se llama el contramaestre?

   -Mauro Ferreiras Rabazo, contramaestre de maniobras del crucero Almirante Cervera -El suboficial abre un archivador metálico y busca y rebusca la ficha del mentado Ferreiras hasta que se da por vencido.

   -Lo siento, pero aquí no lo tenemos. ¿En qué fecha dice usted que estuvo embarcado en el Cervera?

   -Lo estaba a fecha de 19 de julio de 1936.

   -Ah, los del amotinamiento del arsenal ferrolano. Tendrá que ir a la Segunda-Bis de Estado Mayor, allí le darán razón.

   A Álvaro la alusión a esa sección le causa mala espina. Sabe que la Segunda-Bis, de los ejércitos de Tierra, la Armada y del Aire, es un servicio de información y contra-información militar, recién creado. Está adscrito a las Segundas Secciones de los respectivos Cuarteles Generales. Se dirige a la sección y vuelve a preguntar sobre Ferreiras a un teniente de navío cuya única acción amable es que le tutea.

   -Para informarte, antes tendrás que presentar un escrito en el que declares qué motivos tienes para interesarte por el contramaestre, la clase de vínculos que te unen al susodicho Ferreiras, desde cuándo le conoces, en qué destinos coincidisteis, si conoces a los individuos con los que se relacionaba, si sabías cuál era su ideología y cuantos datos estimes pertinentes para completar la petición.

   A Álvaro le parece un sinsentido que, para conocer la suerte de un contramaestre recluido en prisión, tenga que aportar tantos y tan pormenorizados datos. Algunos de los cuales, como si conocía la ideología del suboficial, le ponen en guardia. Sabe, porque se lo contó el comandante del Ferrolano, que todo el personal de la Armada está sujeto a información y, cuando encuentran a alguien sospechoso de estar a favor de la república o que pertenece o haya pertenecido a un partido de izquierdas, a un sindicato o a una asociación non sancta, le abren una ficha y pasa a ser sujeto a información. ¿Qué pasa si por querer saber cómo está o qué le ha podido pasar a Ferreiras le abren una ficha por considerarlo amigo de un amotinado? Se lo piensa dos veces y de momento decide no redactar la petición. Como suele hacer cuando está en tierra, y ya que está en la Comandancia, se pasa a saludar a su antiguo comandante del Velasco.

   -Hombre, Carreño, ¿cómo tú por aquí?  -Álvaro le explica a qué ha ido a la Comandancia y cómo ha terminado en la Segunda-Bis.

   -Un consejo: mejor no hagas la petición, en los tiempos que corren significarse a favor de alguien que se ha amotinado o que está acusado de ello no será bueno para tu carrera. Si tienes interés por ese contramaestre déjame el nombre y haré una discreta gestión a ver si puedo enterarme de algo. 

   Días después, Álvaro recibe una escueta nota de su antiguo comandante del Velasco: <<Pásate cuando puedas. Tengo noticias>>. El placentino supone que debe referirse a la historia de Ferreiras. En cuanto el Cabo Home recala en los muelles de Ferrol, Álvaro se dirige al despacho del capitán de corbeta.

   -A sus órdenes, mi comandante.

   El semblante del corbeta es grave, no debe tener buenas noticias se recela el joven marino. Calderón no se anda por las ramas.

   -Tengo malas noticias, Carreño. El contramaestre Mauro Ferreiras fue fusilado a mediados de noviembre en San Simón. El consejo de guerra que juzgó a los amotinados en el dique seco de Ferrol condenó a ser pasados por las armas a casi todos ellos. Fueron especialmente duros con los suboficiales a los que se les atribuyó la autoría del motín. La mayor parte de la marinería, salvo unos cuantos casos, también fueron condenados a la pena capital, pero una orden proveniente del Cuartel del Generalísimo la condonó y la conmutó por la de cadena perpetua, pena que no creo que lleguen a cumplir. Siento ser portador de malas noticias, pero es lo que hay.

   Aunque Álvaro se temía que el asunto del contramaestre terminara así, el hecho le ha afectado más de lo que suponía, pero se rehace, es la guerra y sus consecuencias son las que son.

   -Bueno, pues que descanse en paz el bueno de Ferreiras.

   -¿Estabas muy unido a él?

   -Realmente, no. Solo navegamos juntos cuando hice las prácticas en el crucero Cataluña en el verano del 26. Lo cierto es que no había vuelto a saber de él hasta que en octubre me mandó una carta en que me pedía si podía avalarle.

    -¿Estaba casado o soltero?

   -Creo que casado, recuerdo que en su carta hablaba de su muller y de dos rapaciños.

   -Te lo pregunto porque a él ya no puedes ayudarle, pero sí a su familia. Las mujeres de los marineros suelen ser correosas y no se rinden a la primera, por lo que posiblemente la esposa de Ferreiras acabará saliendo adelante, pero en estos primeros meses lo va a pasar mal porque la Marina no le va a seguir dando la paga de su marido. Si le mandas unas pesetas es lo que mejor puedes hacer en recuerdo del… -Calderón no sabe si decir tu amigo o qué por lo que opta por lo seguro-… contramaestre.

   Álvaro, antes de volver al Cabo Home, se pasa por la central de correos y le manda a la esposa de Ferreiras, con cuya dirección se ha hecho, un giro postal por valor de tres mil pesetas, que son buena parte de sus ahorros. En el texto solo pone: <<De parte de un buen amigo de Mauro. Le acompaño el sentimiento>>. Es lo mejor que puede hacer en recuerdo de aquel marinero con el que navegó en el verano del 26. Y trata de olvidarse del funesto desenlace del caso Ferreiras.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 48. ¡Ni Socorro Rojo ni leches!

viernes, 3 de mayo de 2024

Libro IV. Episodio 46. Navidades en Suances y en el Cabo Home

 

   En Suances, la Navidad es mucho más desangelada que en Madrid ya que los Carreño no están en su propia casa, solamente son la mitad de la familia y sus dificultades de todo tipo son mayores que las que tiene la otra mitad. No se han atrevido a adornar la casa ni poner un belén, tampoco tienen con qué pero, en contraposición a los madrileños, sí han podido asistir a la misa del Gallo que ha oficiado un cura vasco que ha venido expresamente de Bilbao. Los partidos políticos santanderinos, que en los dos primeros meses del alzamiento miraron hacia otro lado ante la persecución de los religiosos, parece que han suavizado su postura y ahora permiten algunas prácticas religiosas, lo que no resulta raro en una provincia tradicionalmente conservadora. Para no sentirse tan solos, Julia ha pensado en invitar a almorzar con ellos a los Bermejillo el día de Navidad, pero los madrileños les dicen que llamarán menos la atención si se juntan a fin de año. Julia se ha esforzado con un menú que a los chicos les recuerde, en la medida de lo posible, los que comía la familia en los buenos tiempos; menú que tiene un punto débil, la mayor parte está elaborado a partir del producto que más abunda en la despensa: el pescado.

   -Estas almejas están riquísimas, mamá, ¿qué les has puesto?

   -Las habéis comido más veces, son almejas al ajillo. Llevan ajo, una punta de guindilla, perejil fresco picado, vino blanco seco y aceite de oliva.

   Cuando Julia sirve el plato fuerte, Andrés al verlo no puede resistirse y emite un puf despreciativo. Concha le echa una mirada de reprobación y, para que su madre no lo tenga en cuenta, pregunta:

   -Mamá, el pastel tiene una pinta bárbara. Cuéntanos cómo lo has guisado.

   -La base son dos quilos de cabracho, luego lleva huevos, salsa de tomate, nata, mayonesa, pimiento rojo asado y está decorado con huevas. Lo que no he podido encontrar son aceitunas.

   Los Bermejillo les han dicho que tampoco cuenten con ellos en Nochevieja, porque van a tener como invitados a unos primos de Almudena que están semiencerrados en el hotel de la carretera del Faro en el que, desde mediados de octubre y bajo protección diplomática, hay refugiados ciudadanos de una veintena de países, así como españoles de derechas de alguna relevancia, a los que pilló el golpe militar en la costa cantábrica y no pudieron huir. Cuando Julia se lo cuenta a sus hijos, Andrés puntualiza.

   -Mamá, eso no es un hotel, lo que parece es una cárcel, lo digo porque está rodeado de una tapia y alambre de espino, y creía que los que están allí no podían salir.

   -Habrán hecho una excepción por las fiestas.

   Termina el nefasto 1936 y en el teatro de la guerra las posiciones se mantienen. Da la impresión de que ambos contendientes se preparan para realizar próximos ataques pues continúan reclutando reemplazos y recibiendo refuerzos internacionales. A Albacete siguen llegando extranjeros para las Brigadas internacionales, y al puerto de Cádiz arriban los convoyes del Corpo Truppe Volontarie integrado por camisas negras y soldados del ejército regular italiano, así como prosiguen cruzando el Estrecho hombres del Ejército de África, eufemismo empleado para no decir soldados moros.                                   

   El día de Navidad, el Cabo Home está de patrulla, sin embargo su comandante ha ordenado al cocinero del bou que se esmere todo lo posible para el almuerzo. La comida, dadas las circunstancias, ha sido decente y ha contado con tres platos: de entrada han degustado nécoras y buey de mar; luego un tradicional pote gallego con grelos; después una empanada de colas de rape y merluza y, finalmente, un plato más argentino que gallego, churrasco servido con ensalada y patatas fritas. De postre no podían faltar las clásicas filloas, y la guinda final son los turrones y mazapanes acompañados de un albariño dulce a falta de champán. Y en la sobremesa Álvaro cuenta a sus oficiales una noticia para alegrarles el día.

   -Tengo una noticia francamente buena: el Vaticano ha reconocido oficialmente a la Junta de Burgos, lo cual supone un espaldarazo diplomático de primer orden y que repercutirá en los países católicos.

   -Cada vez estamos menos solos –secunda Arechabaleta-, los primeros en reconocernos fueron Alemania e Italia, luego El Salvador y Guatemala y ahora el Vaticano.

   Pasadas las agridulces Navidades del 36, la vida de los españoles retoma su pulso habitual, si es que puede hablarse de pulso habitual en un país partido en dos. Los Carreño prosiguen con su vida; los de Madrid atendiendo la farmacia, y tratando de mantener sus rutinas. En Suances, Julia sigue enfrentándose a la batalla diaria de dar de comer a sus hijos. Y en el litoral gallego, el primogénito de la familia continúa a bordo del bou artillado que comanda.

   Han discurrido cinco meses y medio desde el 18 de julio y todos los indicios apuntan que la guerra va para largo. En el sur, las tropas de Queipo de Llano amenazan con tomar Málaga y, en el norte, el ejército de Mola enfila sus pasos hacia Bilbao, lo que supone que los nacionales se acercan cada vez más a Suances, lo que llena de alegría a los Carreño que viven en la población cántabra.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 47. El final del caso Ferreiras

viernes, 26 de abril de 2024

Libro IV. Episodio 45. Navidades del 36 en Madrid


   Álvaro, armado con las sugerencias que le dieron Ortigueira y Calderón, escribe sendas cartas que luego traduce al inglés para que parezcan que las manda el hermano de Jessie Wourky. Ha procurado imitar lo que supone que es el estilo británico y habla del tiempo y de sucesos inocuos, pero al tiempo rememora que cuando estuvo con ellos visitando Pinkety les cogió una borrasca de aúpa. Piensa que la sola mención de Pinkety es suficiente para que comprendan quién es el redactor de la carta. También manda recuerdos para aquel señor mayor, conocido como el tío Luis, y hasta se atreve a insertar alguna pregunta del tipo: ¿y tu sobrina Pilar por fin se casó?

   A finales de diciembre la guerra parece acercarse a la tranquila, hasta el momento, provincia santanderina. Y, aunque en la capital funcionaban tres checas siendo la más tristemente famosa la de Neila, apenas si han ocurrido incidentes bélicos de alguna importancia. Esa paz se trunca cuando a fin de mes una formación de aviones nacionales bombardea Santander. En represalia, es asaltado el buque-prisión Alfonso Pérez, fondeado en el puerto, y un centenar y medio de presos son asesinados con la acusación, no probada, de que eran peligrosos militantes de derechas. El miedo a los desmanes de grupos incontrolados se extiende por toda la provincia y, aunque en Suances todo el mundo sabe del pie que cojea el vecino, la gente comienza a mirarse con recelo y si eres forastero con mayor motivo. Julia lo percibe inmediatamente, se recluye en casa y advierte a los niños de que tengan sumo cuidado con lo que dicen y a quién lo dicen. Pero no todo son malas noticias, el patrón mayor de la cooperativa de pescadores le ha mandado recado de que vaya a verle.

   -Andrés, tú que andas por el pósito ¿sabes qué puede querer el señor Prudencio?, me ha dicho que tiene que hablar conmigo.

   -Debe de ser porque el maestro se ha ido a la guerra.

   -Explícame qué es eso del maestro.

   -Pues que uno de los maestros del pueblo llevaba las cuentas de la cooperativa, pero resulta que se ha alistado en la columna del Portillo de La Sía y, como se han quedado sin contable, igual es por eso.

   Acierta Andrés. El señor Prudencio le ofrece que lleve las cuentas de la cooperativa, por las que podrán pagarle poco, pues no están los tiempos para dispendios, aunque añade que además del magro estipendio alguna gabela podrá tener, se podrá llevar pescado no apto para el mercado, así como morralla y alguna pieza que otra suelta. Esa misma semana comienza el trabajo de las cuentas de la cooperativa que tampoco son gran cosa, pero el pescado que se lleva a casa se nota, y pronto descubre que el que le sobra puede trocarlo por otros productos, pues en el pueblo hay más labriegos que pescadores. 

   Las Navidades del 36 no tienen nada que ver con lo que han sido siempre, al menos en la familia Carreño. Los de Madrid, no engalanan la casa ni la farmacia, no ponen el belén ni asisten a la misa del Gallo, aunque han estado a punto de hacerlo, pues una clienta le dijo a Eloísa que conocía a un fraile que en secreto celebra misas para amigos y gente conocida, pues, aunque las celebraciones religiosas formalmente no están prohibidas, si asistes y te pillan puede costarte muy caro. Al final no tienen misa porque el fraile tiene el aforo cubierto de la casa particular donde realiza las celebraciones. Lo que hacen es rezar un rosario al final del cual piden por sus deudos ausentes. Y en el almuerzo del día de Navidad, Paca se las arregla para, con lo que almacena en su precaria despensa, elaborar una comida razonablemente sustanciosa. En ese almuerzo, los Carreño sientan a su mesa a un comensal de última hora, Luis Verdú, a quien Pilar ha invitado expresamente. El murciano, en respuesta a la invitación, ha colaborado con la aportación de los consabidos chuscos, media penca de bacalao, un variado de turrones y una botella de vino dulce de Málaga. En el almuerzo se habla de todo, aunque el patriarca ha pedido olvidarse de la guerra y no hablar de ella para no amargarse el día. Durante la comida trasiegan en abundancia un valdepeñas que el tío Luis ha comprado en una tasca de la calle Echegaray. Quizá por los efectos del caldo, Julio se atreve  a preguntar por la familia del murciano, Luis está a punto de contar la verdad, pero un disimulado gesto de Pilar le indica que no lo haga.

   -No son estos tiempos para pensar en el estado civil, pues igual la palmas y, en vez de a una mujer feliz, dejas una viuda –comenta el tío Luis.

   -Don Luis, perdón, Luis, me gustaría saber en qué colmado encuentra usted cosas tan ricas como el bacalao que ha traído, porque a los que yo voy nunca encuentro cosas así –La pregunta la ha formulado Paca, quizá por efecto del vino.

  -No lo he sacado de ningún colmado. El jefe de cocina de la brigada es paisano y no anda muy sobrado de letras por lo que le ayudo a escribir las cartas para sus padres y su novia. En agradecimiento me suele dar alguna cosilla de su cocina.

   -¿Y en la brigada se come bien o mal? –pregunta Julián que ha podido escapar del cuartel.

   -Para los tiempos que corren, bien. Si fueran tiempos normales, diría que más bien mal.

   -Mi sobrina me ha dicho que eres notario, ¿cómo es que vas disfrazado de sanitario? –pregunta el tío Luis, tan impertinente como acostumbra.

   -Para salvar el pellejo, don Luis. Al igual que hace usted que, en lugar de lucir el uniforme de jurídico, se disfraza con el mono de un obrero –Verdú está siguiendo la pauta que le ha dado Pilar: si mi tío se pone impertinente, no te cortes, contéstale con otra impertinencia; es la única manera de que te trate con respeto. Y debe de ser así porque el teniente coronel no vuelve a decir ni pío.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 46. Navidades en Suances y en el Cabo Home