martes, 11 de febrero de 2025

6. ¿Zaca seminarista?

   El tío Paco Roca, casado con una Traver –el segundo apellido de Rosario-, es una leyenda en la familia, pues es quién ha hecho mejor carrera, ya que no solo es el habilitado del magisterio provincial de enseñanza primaria, sino que hasta fue diputado en Cortes. El hecho de que tenga que ir a verle, impresiona a Sacarietes y, al mismo tiempo, le produce recelo. ¿Para qué querrá verme?, se pregunta, porque la gente mayor suele pasar de los niños. Las contadas veces que habló con él siempre se mostró afable, pero el hecho de que ahora quiera verle, y a solas, le mosquea. Quizás por eso no puede dormirse. Enciende la lamparilla de la mesita de noche para leer, procurando hacer el menor ruido posible para no despertar a Pedrito

   -Tete, ¿vas a leer?

   -Creí que estabas dormido.

   -Me ha despertado la luz. ¿Me quieres leer un cuento? Blancanieves y los siete enanitos.

   -Que recuerde, te lo he leído tres veces. ¿No prefieres otro o un tebeo?

   -Me gusta ese, sobre todo por los enanitos que son bajitos como yo, ¿verdad?

   -Vale –Zaca rebusca entre los libros que guarda en la parte baja de la mesita y comienza el cuento que, de tanto leérselo a su hermano, casi se lo sabe de memoria-: Érase una vez una joven y bella princesa llamada Blancanieves que vivía en un reino muy lejano con su padre y madrastra…-Cuando llega al segundo pasaje en que la madrastra pregunta al espejo quién es la más hermosa del reino, Pedrito se ha dormido. Deja el cuento y coge una edición en rústica de Las aventuras de Tom Sawyer. Le encantan las historias que narra Mark Twain. La lectura le hace olvidarse de la cita que tiene por la mañana y el sueño le vence con el libro entre las manos.

   Sin embargo, en cuanto despierta su primer pensamiento es: ¿qué puede querer el tío?, ¿no será una encerrona cómo la del año pasado de mosén Fumadó?, se pregunta con cierto temor. No tiene que hacer demasiados esfuerzos para recrear lo que califica como una encerrona porque ocurrió hace poco.

   A raíz de que fuera el mejor alumno del rebañito parroquial donde les preparaban para tomar la primera comunión, un día el párroco le mandó aviso de que le esperaba en la sacristía después del rezo del rosario, pues quería hablar con él. En la entrevista también estuvo presente el vicario. Mosén Fumadó., tras elogiar su aplicación y buen comportamiento en el rebañito, comenzó a hacerle preguntas sobre qué le gustaría ser de mayor.

   -Pues, no sé qué decirle, mosén Fumadó –El chicuelo duda, supone que mentir, y más a un cura, debe de ser pecado mortal. Y duda porque sí que ha pensado alguna vez qué le gustaría ser de mayor y, sobre todo, qué no le gustaría. Lo que hace, para no pecar, es inventarse una supuesta y sorprendente vocación-. Pero alguna vez si he imaginado qué me gustaría ser de mayor, me gustaría ser vaquero –Es mentira, porque lo que le gustaría ser es abogado. No conoce a nadie que lo sea, pero en el cine ha visto muchas pelis americanas en las que el protagonista es un letrado y le encanta ese papel.

   -¿Y trabajar en una granja con vacas y toros? .pregunta, desconcertado, el sacerdote.

   -No, ser vaquero pero del Oeste y trabajar en películas. Es que ¿sabe usted?, me gusta mucho el cine.

   -Ah. Yo me refiero a si has pensado en oficios y profesiones corrientes. Por ejemplo: en ser electricista como tu padre o maestro como don José Domingo o médico como don Eulogio o sacerdote como el señor vicario.

   -En ser médico, no –salta, raudo, el chiquillo-, me da miedo la sangre.

   -Y en ser electricista, maestro o sacerdote, ¿lo has pensado?

   El muchacho vuelve a vacilar. Piensa que al final el cura terminará sacándoselo todo, por lo que decide abreviar la entrevista.

   -No lo he pensado, pero ya que usted me lo pregunta, le juro por… -No tomarás el nombre de Dios en vano, le enseñaron en el catecismo-, le prometo que me lo pensaré. ¿Puedo irme?

    -¿Tienes prisa?

   -No, mosén, creía que había acabado de preguntarme.

   -Aun queremos contarte algo, y lo va a hacer don Florencio, que hace poco salió del seminario. Otra pregunta, ¿te gustaría estudiar el bachillerato?  

   -Sí, mosén, me gustaría. Todo lo que sea estudiar me gusta.

   -Pues podrás estudiarlo si ingresas en el Seminario Diocesano de Tortosa. Mosén Florencio, su turno –La Iglesia Católica, como es bien sabido, aborrece los cambios, pese a ello podrá mudar de criterios, formas o estructuras, pero hacerlo le llevará décadas y hasta siglos. Quizás esa fue la causa de que no respetara la división de España en provincias –vigente hasta nuestros días-, que Javier de Burgos trazó en 1833. Mantuvo las circunscripciones eclesiásticas antiguas; por eso, aunque la provincia de Castellón forma parte de la región valenciana, en el ámbito eclesiástico parte del territorio provincial pertenece a la catalana sede episcopal de Tortosa. Era el caso de Torreblanca -aunque ya no-.

   El vicario, carraspea para aclararse la garganta, y le narra la vida que los chicos internos llevan en el seminario tortosino. Mosén Florencio le hace un relato idealizado de lo bien que se lo pasan los seminaristas, de cuan buenos y comprensivos son los profesores, de lo mucho que se aprende, de lo laxa que es la disciplina y de lo bien que se come, hasta les dan de merendar. Lo que no le cuenta es que algunos de los internos, tras realizar los estudios con los que se puede convalidar el bachillerato, abandonan el seminario antes de cantar misa. Cuando el vicario termina, el párroco toma el relevo y remata la supuesta e idílica vida del seminarista diciendo algo que sabe que le llegará muy adentro al muchacho, prueba de que es conocedor de cuanto ocurre en su grey.

   -¿Te gusta el fútbol? ¿Sí? Pues muchos días, después de la última clase de la tarde, se forman varios equipillos para jugar al fútbol. Y juegan todos, le den mejor o peor a la pelota.  

   -¿Y juegan con sotana o sin ella? –Es la insospechada pregunta del chiquillo.

   -No necesitan quitársela. Se la recogen con las manos. Y no veas los pepinazos que sueltan. Bueno, por hoy hemos terminado, continuaremos hablando, y mientras ve pensando en lo que te ha contado mosén Florencio, Ah, y diles a tus padres que mañana les espero en la sacristía, después del rosario –tras lo cual, el reverendo le ofrece el dorso de su mano para que el chaval la bese.

   Lo que el chicuelo no se ha atrevido a contar al párroco es que, además de no querer ser médico por su miedo a la sangre, tampoco quiere ser cura porque sabe que los eclesiásticos no tienen mujer. Zaca, a sus nueve años, va muy retrasado emocionalmente respecto a compañeros de su misma edad, y las mujeres no le dicen nada, salvo que le parece que son como muy maníáticas, además de un poco raras y tienen la lágrima floja. Pero, por lo que fuere, la ausencia de una mujer en la vida de un sacerdote es lo que le lleva a no querer serlo.

   La insistencia del párroco se debe a que le han llamado la atención, desde el obispado, sobre el escaso número de vocaciones sacerdotales que surgen en el pueblo. Y le han exhortado a que la situación revierta pues, desde que hace unos años un tal Bartolomé Chaler, hijo de un pintor de brocha gorda, ingresó en el seminario, no ha vuelto a producirse otra incorporación de un torreblanquí al seminario tortosino. El párroco piensa probar con otros chicos, pero ha elegido primero a Zaca porque puede ser una buena piedra de toque.

   Los seminarios diocesanos, de la década de los treinta, están llenos de futuros clérigos que son segundones de familias de zonas pobres, como son la mayoría de las pertenecientes al Maestrazgo y la Sierra de Espadán. La causa es porque en muchas comarcas existe la tradición de que el hereu –el heredero o primogénito- reciba la mayor parte de los bienes raíces familiares, mientras al resto de hermanos solo les toca la legítima en forma de las peores tierras. Por eso, hay familias con escasos recursos que optan por enviar a alguno de sus hijos segundones a los seminarios, como medio para obtener una formación que de otro modo nunca podrán alcanzar. Y, además, un futuro asegurado si terminan la carrera sacerdotal.

   Al día siguiente, la entrevista de los padres con el párroco discurre por otros cauces. La estrategia de mosén Fumadó se basa en tres argumentos. El primero es que un niño, tan brillante académicamente como su hijo mayor, debería estudiar. Su maestro don José Domingo le ha informado de que jamás tuvo un alumno que fuera tan aplicado, tan voluntarioso y, sobremanera, que contara con una memoria tan prodigiosa. El segundo es el económico, pues el clérigo está al cabo de la calle de lo escasamente boyante que es la economía de los Clavijo. Estudiar en el seminario no les costará un céntimo, todo es gratis; por no gastar ni lo harán en ropa porque las sotanas, roquetes, fajines y todo lo que usan los seminaristas lo proporciona el seminario, hasta les dan los camisones que usan para dormir. El último argumento también es económico, en cierto modo. En la edad que está Zaca, los chicos comen como limas y en el seminario ese aspecto también lo tendrá cubierto. Tres comidas diarias, sanas, abundantes y aseguradas. Y mosén Fumadó ahonda más en esa cuestión. No solo tendrán asegurada la pitanza del primogénito, sino que, de rebote, su ausencia repercutirá positivamente en el resto de los hermanos porque, al ser uno menos en la mesa, habrá más para los demás. El párroco piensa que será un triunfo si consigue que el chaval ingrese en el seminario, así desde el obispado dejarán de darle la matraca, que a su edad no está para soflamas.

   Mosén Fumadó todavía se guarda un último comodín en la manga, pues al final de la entrevista deja caer, como el que no quiere la cosa, el último de sus cebos para ver si pican los padres. Es una potente carnaza con la que espera convencer a los Clavijo, ya que sabe dónde les aprieta el zapato.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 7, de la novela

<<El masover>>, titulado: Cuando son otros los que deciden por ti 

 [CM1]

viernes, 7 de febrero de 2025

Libro IV. Episodio 86. Andrés, cadete en la Escuela Naval Militar

   Ha llegado diciembre y con él la Navidad. Como en el periodo republicano los Carreño tiraron a la basura las figuritas del Belén, Eloísa y Concha han ido a la Plaza Mayor, donde en las Navidades se montan puestos en los que se venden todo tipo de objetos navideños. Compran las figuras más importantes para montar un nuevo Belén, así como elementos decorativos para adornar la casa. Este año estarán todos los Carreño en casa, salvo Pilar que se mantiene en sus trece de no enfrentarse con su padre. Incluso estará Álvaro, cuyo buque está fondeado en Ferrol desde hace dos meses, pues tienen que ponerlo a punto. En la preparación de las comidas navideñas, Paca echa de menos a Pilar que era la que se encargaba de preparar los platos más elaborados y durante los brindis del día de Navidad, Eloísa se atreve a proponer uno.

   -Por los presentes y los ausentes –Todos alzan las copas pensando en su fallecida madre, aunque en su brindis Eloísa también ha incluido mentalmente a la ausente Pilar.

   Desde hace unos meses, los domingos Julián casi no hace sobremesa, se va a su habitación y al rato sale hecho un brazo de mar.

   -Hasta la noche, familia.

   -¿Dónde va ese chico tan peripuesto? –pregunta el padre.

   -Papá, ya no es un chico, tiene veintinueve años. Y si se ha arreglado tanto supongo que es porque va a ver a su novia –le explica Eloísa.

   -¿Qué es eso de que tiene novia? –se asombra Julio-, a mí no me ha dicho nada.

   -Porque todavía no es oficial el noviazgo, pero tranquilo que cualquier día de estos te presentaré a la muchacha –le tranquiliza Eloísa.

   -¿La conoces?

   -Sí, pero por encima. Me los encontré un día paseando por la Plaza Mayor y Julián me la presentó. Estuvimos charlando un ratito. Es alta, casi tanto como Julián, tirando a rubia y me pareció muy desenvuelta.

   -¿Y de qué familia es?

   -Papá que Madrid no es Plasencia, ¿cómo quieres que sepa de qué familia es? Solo te puedo decir que trabaja de dependienta en los almacenes SEPU. Supongo que se habrán conocido allí.

   A pesar de no reunirse con la familia, Pilar no estará sola pues Luis ha venido de Chiclana para estar junto a ella. Los Ramírez lo acogen cordialmente y en su casa celebran las comidas de las fiestas navideñas. Pilar, que se está convirtiendo en toda un chef de cuisine, es la encargada, con la ayuda de Charo, de preparar los menús que concitan las felicitaciones de los comensales. Cuando las mujeres se han ido a la cocina tras recoger los platillos y cubiertos del postre, Damián comenta dirigiéndose a Luis:

   -Esta novia tuya vale un Potosí.

   -Me lo dirás a mí.

   -Si todo lo hace igual de bien a como cocina, te vas a divertir mucho –Como Luis cree encontrar una segunda intención en las palabras de Damián opta por no contestar.

   En primavera, Luis Verdú ha participado en el concurso de méritos para la elección de nuevas plazas de notarios y le han adjudicado una plaza en Hospitalet de Llobregat. El cambio provoca la inmediata reacción de la pareja que se pone inmediatamente a planear su marcha a Barcelona.

   Para otro miembro de los Carreño, el año 1940 supone un hito. El 1 de febrero, el balarrasa de Andrés, tras superar los exámenes sufridos al efecto en la Escuela Naval Militar de San Fernando, accede a la misma como alumno del curso preparatorio para ingresar en el Cuerpo General de la Armada.

Junio es un mal mes para Andrés: al haber obtenido en los exámenes la calificación inferior a suficiente, pierde el curso y tiene que unirse a la siguiente promoción. Sus malas notas del bachillerato le han pasado factura. Disfruta de un mes de licencia y en julio comienza la repetición del curso preparatorio. La familia se lleva un buen disgusto, no están acostumbrados a que sus miembros suspendan, pero el joven no se arredra y lanza una bravata.

   -No os preocupéis, en diciembre aprobaré.

   Entre tanto, los alemanes acaban la drôle de guerre cuando, en la primavera del 40, sus ejércitos ocupan Dinamarca e invaden Noruega. Luego atacan Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Y lo hacen con tal rapidez y eficiencia que asombran al mundo; parece que nadie sea capaz de parar a sus blindados. La Fuerza expedicionaria británica y el Ejército francés, avanzan hacia el norte de Bélgica, mientras mantienen un frente estático a lo largo de la Línea Maginot, la gran barrera defensiva francesa a la que se considera infranqueable. Vistos los desastrosos resultados de la guerra, a mediados de mayo el primer ministro británico, Neville Chamberlain, dimite y es sustituido por Winston Churchill.

   En la guerra comienzan a participar más actores, pues en junio Italia declara la guerra a Gran Bretaña y Francia. Días después, la Unión Soviética invade los países bálticos. Al tiempo, los alemanes atacan Francia, sorteando la Línea Maginot, al colarse a través de las Ardenas, una región que los Aliados pensaban que era impenetrable para un ejército mecanizado.

   En la reunión de la perfumería, los tertulianos comentan la increíble rapidez en el avance de los ejércitos alemanes, bautizada con un nombre que pronto se hace popular en las crónicas de los corresponsales de guerra: la blitzkrieg.

 -¿Y qué ha pasado con la Fuerza expedicionaria británica y las divisiones del Ejército francés que se han quedado rodeados en el norte? –inquiere Julio.

   -Están siendo evacuados desde Dunkerke, a través del Canal de la Mancha, en barcos de guerra y mercantes, en una de las operaciones de evacuación más grandes de la historia militar.

   -¿Y por qué los alemanes no se han echado sobre ellos para rematar la faena? –vuelve a preguntar Julio.

   -Se rumorea que la ofensiva ha sido detenida por el mismo Hitler para que sus tropas cojan aliento, algo que al parecer no les ha gustado nada a los mandos de los regimientos de panzers.

   Tras acabar con la bolsa de Dunkerke, las fuerzas alemanas continúan avanzando por Francia, donde las divisiones galas sufren una derrota tras otra. Al final, el gobierno francés firma un armisticio con Alemania el 22 de junio, que conduce a la ocupación alemana de París y dos tercios del país, y al establecimiento de un gobierno títere con sede en el sudeste de Francia, conocido como la Francia de Vichy. El mariscal francés, Philippe Pétain, se convierte en jefe de ese gobierno. La guerra está siendo un paseo para el ejército teutón. ¿Seguirá así?

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 87. Pilar se independiza

martes, 4 de febrero de 2025

5. Este chaval promete

 

                       

La llave que está en poder del boticario/banquero, y que es la causa de que don Eduardo Leuba sea un personaje que fascina a Zaca, abre un receptáculo mágico que no es otra cosa que la alcancía del chiquillo en la que guarda sus magros ahorros, y que en realidad es propiedad del Banco de Vizcaya, la única entidad bancaria existente en Torreblanca. Es una hucha ovalada de hierro, de color negro, con un asa móvil en la parte superior porque, aunque pequeña, para un niño pesa un quintal; tiene dos orificios para introducir el dinero, una ranura horizontal para las monedas y un agujero redondo para los billetes que, antes de meterlos, han de enrollarse para que quepan.

   El muchacho, acompañado por su padre, va al banco dos veces al año, por Navidad y a principios de julio, para que don Eduardo le abra la alcancía. Tras contar lo ahorrado, usualmente un puñado de pesetas, ingresa la mayor cantidad en la cuenta de ahorros a su nombre y una porción de monedas van a parar a su bolsillo, lo que, por unos días, le hacen sentirse como si fuera Juan March, del que se dice que es el más rico de España. Por eso, el muchacho mira al boticario/banquero como si fuera el personaje de uno de los cuentos de Calleja a los que tan aficionado es y en los que gasta buena parte de sus ahorros. El dinero que ahorra proviene de lo que, de vez en cuando y especialmente los domingos y festivos, le dan sus padres y tíos; curiosamente no sus tías que alguna vez le hacen regalos, pero nunca le dan dinero. Las dádivas pecuniarias generalmente son un puñado de monedas –lo que en el pueblo se llaman chavos y perres-, pero que el innato sentido del ahorro que tiene el muchacho las convierte en unas decenas de pesetas a lo largo del año.

    El mismo día que el chico ha ido al banco, durante la tarde la tía Paca la Francesa y unas vecinas están enfrascadas jugando al parchís. Es algo que suelen hacer semanalmente. Hacia mitad de la sesión, hacen un receso que aprovechan para tomar unas pastas y una copita del licor que fabrican los Carmelitas Descalzos en el Desierto de las Palmas, en Benicàssim. La pausa también les sirve para ponerse al día de los sucesos, rumores y bulos que circulan por los mentideros del pueblo, y uno de ellos es el parto de Rosario, prima de la anfitriona.

   -Oye, Paca, y ¿el mamoncillo cuánto se va a llevar con el mayor?

   -Pues Sacarietes nació el día de San Julio del año 20 y el crío pequeño el 12 de marzo de 1930, por lo que se llevarán…, -Paca echa la cuenta- algo menos de diez años.

   Cuando Paca sale a comprar fruta para la cena, las amigas aprovechan para comentar la situación de los Clavijo.

   -Me han contado, de buena fuente, que últimamente en casa de Rosario están pasando apurillos para llegar a fin de mes –reseña una de las vecinas.

   -Tanto como apurillos… -la mejor amiga de Paca intenta quitarle hierro al rumor.

   -Algo habrá de cierto porque me consta que Rosario le ha dicho a Elvira, la chiquita que la ayuda en la casa, que solo podrá quedarse con ellos hasta que  vuelva a tener el período y eso que está muy contenta con su desempeño. Y cuando el río suena…

   -Lo que es la vida, ¿quién le iba a decir a Rosario que tendría mejor vida con Agut que con el llumero?

   -¿De qué Agut hablas?

   -Del comerciante de frutas y verduras. Os lo cuento, que me lo sé con pelos y señales. Resulta que cuando apareció el maño por el pueblo y se prendó de Rosario, pues buen palmito tenía, ella hablaba con Agut, que entonces comenzaba a trabajar en el almacén de su tío Amadeo. Del chico se decía que tenía escaso presente aunque mucho futuro, pero el presente del llumero era mucho mejor: encargado de la luz, con el empleo de capataz, y cobrando un sueldo fijo un mes tras otro. Por otra parte, el problema de vivir con sus padres y su hermano chico desaparecería en cuanto todos ellos se fueran a Sagunto, pues otro hermano, Julián, acababa de ser nombrado capataz de la LUTE en esa ciudad y, al estar soltero, había reclamado a sus padres y a su hermano pequeño. Eso y lo mal que Rosario se llevaba con la segunda esposa de su padre fue lo que la decidió a cambiar al futuro comerciante por el llumero, tal y como le aconsejaron algunos familiares como las Luisas. Pero con la subida del coste de la vida, la congelación de los sueldos y haber aumentado la familia, la situación se les ha apretado mucho y ahora terminan los meses raspando. No digo que pasen hambre, pero lujos los justitos –la explicación termina cuando reaparece Paca de la compra.

   Se acaba junio y comienzan las esperadas vacaciones veraniegas que, para los escolares de primera enseñanza, durarán hasta mediados de septiembre. Alguno de los anteriores veranos, los Clavijo eran una de las contadas familias torreblanquinas que pasaban un par de semanas tomando los  baños en el barrio marítimo de Torrenostra. La familia solía pasar una quincena de verano en una casita que les dejaba un matrimonio amigo, los Escoí-Blanch, pero desde hace un par de años ya no es así y este verano, con la llegada del nuevo hermano, el muchacho piensa que, lo más seguro, es que tampoco irán. Un motivo más para estar fastidiado, ya que en Torrenostra se lo pasaba muy bien. Pese a su fastidio sabe que, cuando haya que pasear al crío en el destartalado carrito que fue suyo, luego de Charito y después de Pedro, tendrá que repartirse con su hermana el cuidado de Chimet, apelativo con el que se ha quedado el benjamín de la familia. Su soliloquio lo interrumpe Charito.

   -Tete, madre nos espera en la cocina.

   En casa de los Clavijo hay una norma nada usual en los hogares de la época en la que el machismo a ultranza es santo y seña. La norma no escrita, pero que se sigue a rajatabla dice que todos los hijos, sin tener en cuenta su género, ayudarán a madre en la cocina y, en consecuencia, a la larga aprenderán a cocinar, al menos los platos sencillos. El origen de la práctica hay que buscarlo en la biografía del señor Zacarías, que salió de su casa de Alcalá de la Selva a los trece años para, con uno de sus hermanos, ir a trabajar de aguador en la construcción de los túneles de Garraf. A esta precoz experiencia laboral le siguieron años en los que hizo de todo, hasta fue pinche de cocina. Debido a esa práctica, el llumero tiene la fijación de que los hombres también han de saber cocinar porque nunca se sabe lo que te deparará el futuro, y eso es una rara excepción en un tiempo en el que los varones no pisan una cocina por considerarlo contrario a los cánones de la masculinidad. Por eso, Zaca –como sus hermanos-, desde muy niño, ha ayudado a madre en las labores culinarias y desde los diez años realiza tareas básicas como mondar patatas, desgranar guisantes, batir huevos o preparar ensaladas. De estas prácticas, el chaval solo tiene una reserva: que no se entere la gente que las lleva a cabo. Se moriría de vergüenza si supieran que se pone un delantal. Es posible que pensaran que es un mariquita y un sarasa, que no tiene muy claro qué son, pero que supone que deben de ser personas repulsivas dado el desprecio y el desdén con que los mencionan.

   Con la llegada de las vacaciones, los parientes cercanos de los Clavijo, que se dedican a la docencia, retornan al pueblo. Y la primera que lo hace es la tía Emilia, que sigue de maestra en San Mateo. Emilia es muy querida por los Clavijo, pues a su talante de solterona alegre y generosa, aúna su particular cariño por Zaquita, a quien se ha llevado un par de veces a pasar con ella parte del curso a San Mateo para probar si la fuerte agua y el clima frío del Maestrazgo le hacían revertir su condición de fetiller pero, lamentablemente, la inapetencia del chiquillo no ha cambiado.

   En cuanto Emilia –doña Emilia, pues tiene un título académico- llega al pueblo, pide las notas del chico y queda encantada con los resultados, ya que son excelentes. Por lo que cuándo habla con los padres les ofrece su opinión sobre el porvenir del muchacho.  

   -Este chaval promete, es una pena que se desperdicie su talento, debería estudiar. Al menos, el bachillerato elemental y, luego, ya veríamos por donde se decanta. Paca me tiene al día de que andáis algo apurados de dinero y más con la llegada del nuevo retoño, pero deberíais hacer un esfuerzo. Esa es mi opinión y como la pienso la digo. De todas formas, la semana próxima viene el tío Paco. Tenéis que hablar con él puesto que de estudios es el que más sabe de la familia y el que mejor puede orientaros. En vuestro lugar yo haría lo que os recomiende. En cuanto venga le hablaré y le daré mi opinión sobre el chico; además le pondré al tanto de vuestra situación  y él, mejor que nadie, os aconsejará.

   Para el matrimonio Clavijo, que solamente tiene estudios de primaria y más bien escasos, las opiniones de Emilia y del tío Paco son muy a tener muy en cuenta, pues son los únicos de la familia que han estudiado. Aunque sigue preocupándolos los gastos que pueden acarrear los estudios. En todo caso y, para que esté preparado, informan al chico.

   -Zacarías –le avisa padre-, dentro de unos días vendrá el tío Paco y querrá hablar contigo. Ten a punto tus cuadernos escolares de este año que, a lo mejor, quiere echarles un vistazo.

   ¿Y para qué querrá ver mis cuadernos el tío Paco?, se pregunta el chaval, aunque supone que debe ser alguna bobada de las muchas que hacen los mayores y que no siempre entiende.

 

   PD.- El próximo martes publicaré el episodio 6, de la novela <<El masover>>, titulado:   ¿Zaca seminarista?

viernes, 31 de enero de 2025

Libro IV. Episodio 85. La II Guerra Mundial

 

   La vida en la España del IV Año Triunfal, salvo para los vencedores y no todos, es tristona, se pasa hambre que no mitigan las cartillas de racionamiento, hay un paro galopante, los precios están por las nubes ante la satisfacción de los estraperlistas y continúa la represión contra los perdedores de la guerra, lo que hace que las prisiones y los campos de concentración sigan llenos. En esa España de postguerra, solamente la afición al fútbol, a los cantantes de coplas y al cine ayudan al pueblo llano a matar la gazuza y olvidarse de las penurias. Pero la rueda de la historia está a punto de cambiar, no se sabe si para bien o para mal del sufrido pueblo español. Y así como la Guerra Civil forjó en su yunque la unidad indestructible de los hermanos Carreño, el conflicto que está a punto de desencadenarse no se sabe de qué modo les afectará.

   El afán expansionista del III Reich lo lleva a atacar, sin previa declaración de guerra, a su vecino más débil. El 1 de septiembre de 1939 la Alemania nazi invade Polonia. Dos días después el Reino Unido y Francia declaran la guerra a los germanos. En un primer momento, los países aliados están formados por las citadas potencias y Polonia, mientras que la fuerza del Eje la constituyen Alemania e Italia. En la tertulia de la perfumería, en la que han vuelto a reunirse los cuatro amigos, el inefable Esteban Infantes explica las posibles causas que han originado la agresión nazi.

   -Todo arranca del Tratado de Versalles que puso fin a la I Guerra Mundial y que fue muy opresivo para el pueblo alemán. La desmovilización forzosa de su ejército dejó en la calle a un sinfín de militares de carrera y a un país con una economía en pleno declive, lo que provocó una enorme tensión social. A ello se sumó la Gran Depresión, lo que ha hecho que la débil república de Weimar no haya sido capaz de mantener el orden público, y los continuos disturbios y conflictos han incrementado la exigencia de orden y seguridad. Sobre esa ola de descontento y rencor, el partido Nazi, liderado por Adolf Hitler, se ha presentado como el único capaz de devolver la paz, la riqueza y el progreso. Si a ello se le añade la pretensión de Hitler de fundar un Tercer Reich, tenemos el cuadro de motivos para comenzar una guerra que sabemos cómo ha empezado, pero que solo Dios sabe cómo y cuándo puede acabar.

   -¿Crees que los polacos podrán detener a los alemanes?

   -Ni soñarlo. Solo os daré un dato: los polacos todavía tienen regimientos de caballería; los teutones, de tanques.

   La guerra, que ha comenzado siendo estrictamente europea, pronto se universaliza. Tres países de la Commonwealth: Australia, Nueva Zelanda y Canadá declaran la guerra a Alemania. A mediados de mes, la Unión Soviética invade Polonia desde el este, con el beneplácito de Hitler que, en agosto del 39, firmó un pacto de no agresión con la URSS. Como había previsto Infantes, los polacos solo pueden hacer frente a los alemanes poco menos de un mes, y Varsovia se rinde. La Unión Soviética también invade Finlandia en noviembre. Tras ello, Alemania se toma una pausa para reagruparse durante el invierno de 1939-1940, mientras británicos y franceses se mantienen a la defensiva. Un parón que es bautizado por la prensa francesa como drôle de guerre porque, prácticamente, no hay combates.

   A los Carreño la guerra les parece algo ajeno y Jesús, siguiendo las instrucciones de Luis Verdú, cursa una instancia al rector de la universidad Central exponiendo que desea continuar sus estudios y solicitando acogerse al beneficio de los cursos intensivos, los llamados popularmente exámenes patrióticos. En octubre se presenta a los exámenes de segundo y tercero de Farmacia. Va vestido con su flamante uniforme de falangista y en el último momento, pese a la opinión contraria de Luis, se ha hecho con un pistolón del nueve largo que le ha prestado un amigo. El tribunal le pregunta nimiedades al alcance de cualquier bachiller y cuando uno de los vocales comienza a preguntar sobre temas farmacológicos, el joven Carreño usa la bala que tenía preparada por consejo del notario.

   -Hace usted unas preguntas igualitas que las que hacían los profesores rojos antes de la guerra. ¿No será usted de los de la cáscara amarga? –El profesor farfulla unas disculpas y cambia el tipo de preguntas.

   Jesús, de una tacada, aprueba segundo y tercero, y en el próximo año académico 1939-1940 cursará las asignaturas que le restan para completar la carrera de Farmacia. Con lo que, en dos años, más el que hizo anteriormente, será farmacéutico. Como le dijeron, los exámenes patrióticos son todo un coladero.

   Tal como le sugirió Luis, Pilar se ha repensado pedir a Charo Guardiola lo de vivir en su casa. Lo que más le atrae es que se sentirá menos sola, porque, con lo extrovertida que es, la soledad de la pensión le pesa. Decide visitar a Charo y tantearla. La entrevista discurre con la cordialidad habitual de otras ocasiones y charlando de variados temas tocan los familiares, uno de ellos es el estado de la relación entre Pilar y su familia.

   -Pues sigue igual. Con mis hermanos me llevo bien, pero con papá, no. Es incapaz de comprender que soy una mujer adulta y libre, y que solo a mí me toca decidir con quién estoy. Lo de que me haya emparejado con un hombre casado y con hijos es algo que no puede concebir, es superior a sus fuerzas. Lo comprendo, ha sido educado de esa forma, pero el hecho de que lo comprenda no significa que esté de acuerdo con que me siga poniendo mala cara. Y, como no me gusta que sufra por mi culpa, continúo sin poner los pies en el piso de Gran Vía. Y a propósito de eso, Luis antes de partir a Chiclana me sugirió que, para no sentirme tan sola en la pensión, debería repensarme la invitación que me hiciste. ¿Sigues manteniéndola?, dímelo con toda franqueza porque lo último que querría es imponeros mi presencia.

   -Por descontado, precisamente anteanoche estaba Damián contándome lo buena vendedora que es tu hermana Eloísa cuando, supongo que por asociación de ideas, me preguntó por ti y añadió que era una pena que no hubieses aceptado mi propuesta, así no me sentiría tan sola. Si decides venir, aliviarás la conciencia de mi marido por dejarme casi todo el día más sola que la una, y a mí me darás un alegrón.

   Mediada la charla, ambas mujeres se han puesto de acuerdo en lo esencial y también acaban acordando los detalles menores de la intendencia; Pilar se irá a vivir con los Ramírez.

   Entre la clientela de la farmacia se ha corrido la voz de la excarcelación de Julián y algunos clientes comienzan a preguntar cómo lo han conseguido. Cuando les explican que ha sido gracias a que el mayor de los hermanos, que es oficial de la Marina, fue personalmente a por él, alguno de los clientes más conocidos o con mayor atrevimiento les ruegan si Álvaro podría hacer lo mismo por su hijo, hermano o  pariente, amigo o conocido. La respuesta es siempre la misma: Álvaro no puede hacerlo puesto que está embarcado. El hecho, que se ha repetido bastantes veces, es comentado por Pilar y Luis, que ha venido a verla desde Chiclana.

   -Debe de haber todavía mucha gente encarcelada porque la petición de avales y certificados de buena conducta continúa siendo constante –comenta Pilar.

   -Ten en cuenta, cariño que, en estos momentos, los españoles pueden clasificarse en tres categorías: los afectos al Régimen o, como suele decirse, los de derechas de toda la vida, que no tienen ningún problema; los indiferentes que, por la cuenta que les trae, hacen méritos para figurar en la categoría anterior, y los desafectos, los que tienen un pasado que purgar que, según las estimaciones de un conocido sociólogo, deben de ser aproximadamente un treinta por ciento de la población. Piensa en la cantidad de avales que supone eso y en el trabajo que está generando a los curas párrocos y autoridades de los que depende la expedición de avales y certificados que los desafectos, presos o en peligro de estarlo, necesitan para rehabilitarse –explica Luis.

   -Cambiando de tema, ¿has sabido algo de tu familia?

   -A través de uno de mis primos, con el que sigo carteándome, sé que están todos bien. Y ahora que vuelvo a tener ingresos he recomenzado a enviarles mensualmente una generosa partida para ayudarles en el cuidado de los hijos.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 86. Andrés, cadete en la Escuela Naval Militar