viernes, 10 de noviembre de 2023

Libro IV. Episodio 21. Los problemas de Julia

 En Madrid, Infantes cuenta a Carreño y Ramírez que se ha enterado a través de Radio Sevilla de que, tras llegar los refuerzos que han cruzado el Estrecho, Franco ha ordenado que tres columnas inicien su avance desde el norte de la provincia de Sevilla hacia Madrid, vía Extremadura.

   -Las columnas están bajo el mando superior de Yagüe. Las órdenes recibidas son no detenerse hasta llegar a Madrid. Las fuerzas de infantería de las columnas están formadas inicialmente por dos banderas legionarias y dos tabores de regulares apoyados por dos baterías de artillería, con vehículos requisados a toda prisa y sin apenas cobertura aérea. Las columnas ni son fuertes en número de soldados ni en armamento, pero tienen la ventaja de que están mandadas por fogueados oficiales africanistas, y la tropa de a pie también está curtida en la guerra de África. Ahora la pregunta del millón es, ¿qué fuerzas republicanas los van a detener? Les hacen frente milicianos que no tienen ninguna formación militar, están pobremente armados y carecen de cobertura aérea y artillería. Para tratar de frenar el rápido avance de los nacionales, dos diputados del PSOE encabezan sendas columnas de milicias a las que se van uniendo hombres que huyen de las fuerzas de Yagüe, lo que no mejora su eficacia militar, pero sí su sed de venganza que a veces descargan sobre las personas de derechas que encuentran en los pueblos que aún no han caído en poder de los sublevados. El rápido avance por Extremadura lo hace visible Infantes al cambiar las chinchetas del mapa de Ramírez.

   -Tras recorrer unos 200 kilómetros en menos de una semana, los nuestros han llegado a Mérida. Ahora se dirigen a Badajoz.

Días después es Ramírez, que lo ha escuchado en Radio Burgos, quien cuenta que la Legión lanzó un primer asalto contra Badajoz, que fue rechazado, pero en un segundo intento logró penetrar en el casco antiguo y continuó avanzando hasta alcanzar el centro de la ciudad. Y Julio, que ha estado oyendo a Unión Radio, añade:

   -La radio portuguesa ha dicho que, tras la conquista, ha habido una dura represión por parte de los nacionales, quedando la ciudad sembrada de cadáveres. No sé si habrá sido así o exageran.

   -La toma de Badajoz ha supuesto un hito importante en la marcha de la guerra –afirma Infantes y se explica-, porque significa el cierre definitivo de la frontera portuguesa a la República.

Cambiando de tema, Infantes relata a sus amigos una historia increíble sobre el Alcázar de Toledo.

   -Hacia el veintitantos de julio se recibió en el Alcázar una llamada telefónica del jefe de milicias de Toledo, quién conminó a Moscardó a rendirse advirtiéndole que, de no hacerlo, su hijo Luis, que había sido detenido, sería fusilado. La respuesta de Moscardó, tras hablar con su hijo para comprobar que era cierta su detención, fue que podían ahorrarse los diez minutos de plazo que le habían dado para el fusilamiento de su hijo, ya que de ninguna manera se rendiría el Alcázar.

En Suances, por el momento la vida discurre con cierta placidez pues las luchas suceden en escenarios lejanos, pese a ello el devenir de los acontecimientos bélicos también interesa a Julia, pero su mayor preocupación sigue siendo cómo va a poder alimentar a sus hijos si la guerra dura más que el dinero que tiene y que, en principio, solo era para pasar el verano. De momento ha logrado solucionar uno de sus muchos problemas, ha hablado con el dueño de la casita que arrendó y le ha pedido que si puede devolverle la mensualidad que le pagó por adelantado con la promesa de que se la reintegrará en cuanto acabe la contienda. El casero no le ha puesto ningún inconveniente con lo que Julia incrementa el peculio del que dispone. Y cuando pregunta, a aquellas personas que pueden tener mejor información, cuánto puede durar lo que claramente ya es una guerra civil, solamente recibe respuestas escasamente fiables; desde los que opinan que puede durar unas semanas hasta los que temen que el asunto puede alargarse meses. De momento, y como medida cautelar, comienza a gastar menos, se acabaron los chuches para los niños, las visitas a una pastelería que hace las delicias de la chiquillería, reduce las raciones y decide comprar carne una vez a la semana que la reserva para los niños, pues ella ni la prueba. Pero la cruda realidad es que, peseta a peseta, se le van yendo los caudales y se dice que no va a tener más remedio que adoptar medidas radicales para evitar quedarse sin un duro antes de que los nacionales puedan tomar Madrid, pues ha oído comentar que en cuanto la capital caiga la guerra terminará. Lo primero que se plantea es buscar una ocupación, pero la localidad es pequeña y la oferta de puestos de trabajo casi inexistente. Encima, se ha complicado la compra de alimentos, sobre todo los que provenían de otras regiones, con lo cual los menús cotidianos comienzan a ser repetitivos. No solamente sufren los Carreño, lo mismo ocurre a la pequeña colonia de veraneantes que han quedado atrapados en el pueblo; entre ellos está otra familia madrileña, los Bermejillo, que son de los pocos amigos de los Carreño. Guillermo Bermejillo es dermatólogo y tiene la consulta en la Gran Vía. A los Bermejillo les ocurre lo mismo, se están quedando sin metálico y el médico piensa lo que Julia, buscar trabajo. En el chalé que tienen alquilado monta una especie de consulta y, como tiene fama de ser un buen especialista, pronto comienzan a llegarle pacientes. Julia, que conoce a los Bermejillo desde el primer verano a través de Pilar, al saber lo de la consulta piensa que ahí podría tener una posibilidad de trabajo.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 22. La rojigualda

viernes, 3 de noviembre de 2023

Libro IV. Episodio 20. El paso del Estrecho

 Los tertulianos de la perfumería siguen contándose las noticias que han escuchado en las distintas emisoras.

   -Ayer me topé con una emisora portuguesa emitiendo en español, Radio Club Portugués, que informaba que el primer gran objetivo de los nacionales es Madrid. Con ese fin, Mola ha formado tres columnas, pero han quedado frenadas en el lado norte del Sistema Central donde los rojos se han hecho fuertes.

   -Damián, las posiciones de este mapa hay que modificarlas –indica Infantes-. Nuestras tropas han sobrepasado el norte de Andalucía y se dirigen hacia Extremadura. Los alemanes han proporcionado aviones de transporte para trasladar a Sevilla fuerzas de choque de África. Y, cuando se pueda cruzar el Estrecho por mar, su número aumentará, algo que de momento no es factible porque las dotaciones de la mayoría de los barcos de guerra se han rebelado contra sus oficiales y los rojos controlan el Estrecho, por lo que el grueso del ejército del Protectorado sigue sin poder pasar.

   -¿Y cómo se las va a arreglar Franco, que es quien dirige el Ejército de África, para traer tropas hasta la península?

   -La primera solución para superar el bloqueo ha sido organizar un limitado puente aéreo con los hidros de la base naval de Cádiz y algunos Fokker, pero esa solución aporta poco –sigue explicando Infantes que, por lo que parece, está bien informado.

Por su parte, Álvaro, continúa embarcado en el torpedero, vigilando la entrada a la ría de Ferrol para prevenir un posible ataque por parte de la flota republicana muy superior en buques y potencia de fuego, aunque sabe que ésta tiene varios hándicaps: carece de oficiales con suficiente experiencia, los que han quedado en zona roja a menudo no se confía en ellos y tienen que hacer frente al poder de los comités de los barcos, y la flota republicana solo cuenta con una base naval, la de Cartagena, que no dispone de un dique seco donde reparar los buques y su puerto natural y la dársena interior son pequeños. La diferencia entre ambas flotas podrá nivelarse algo en cuanto se termine de artillar el crucero pesado Canarias y se acabe de construir su gemelo Baleares en los astilleros de Ferrol.

El limitado contingente de tropas de los sublevados cambia cuando el 5 de agosto sucede una acción en la que la imperiosa necesidad de transportar más tropas a la península y el arrojo de unos marinos experimentados se enfrentan a una flota superior en potencia de fuego, pero con mandos de baja graduación y carentes de experiencia. En el torpedero, en el que Álvaro es segundo comandante, se habla de la gesta con admiración.

   -La BBC ha descrito el combate con todo lujo de detalles –afirma el comandante del buque-. El general Franco, frustrado por solo poder llevar tropas a la península a través del puente aéreo, planeó la operación de mandar un convoy desde Ceuta a Algeciras transportando hombres y municiones. La maniobra era en principio descabellada por la falta de escoltas navales, ya que en la zona los nuestros solo contaban con el cañonero Eduardo Dato, armado únicamente con cuatro cañones, el guardacostas Uad Kert y el viejo torpedero T-19. Frente a estos tres buques, el gobierno republicano tenía en las cercanías el acorazado Jaime I, los cruceros Cervantes y Libertad, siete destructores y cinco submarinos; casi toda la flota republicana con una potencia de fuego descomunal comparada con la de nuestros buques.

   -Desde luego, adjetivar la acción como descabellada le pega –comenta un contramaestre.

   -Hasta cierto punto –replica el comandante-. Nuestro estado mayor contaba con la impericia de las dotaciones republicanas que navegan en zigzag y huyen en cuanto son atacadas. A título de ejemplo, os diré que el destructor Alcalá Galiano, que debería mandar un capitán de corbeta, lo comanda un alférez de navío. Además, se escogió el momento en que la mayor parte de la flota roja estaba alejada del Estrecho. Se preguntarán: ¿cómo siendo inferiores en buques y potencia de fuego los nuestros lograron eludir la flota roja? Pues ordenando la vigilancia aérea. Y así fue como nuestros aviones detectaron al destructor Lepanto que recibió el impacto de una bomba que causó algunas bajas, por lo que se vio obligado a entrar en Gibraltar para desembarcar a los heridos, pero, como no le dejaron enterrar al muerto, puso rumbo a Málaga.

   -¿Y qué ocurrió luego? –el contramaestre no ha podido contenerse.

   -A primera hora hubo un intento de salida, pero se abortó  debido a la presencia repentina del destructor Churruca. Por la tarde, al no ver enemigos, se dio orden de levar anclas. Se hicieron a la mar el Uad Kert, el Dato, el T-19 y dos remolcadores, seguidos de los mercantes que llevaban la tropa. El Alcalá Galiano avistó el convoy y puso rumbo a él. En ese momento el Dato detectó al destructor que se acercaba disparando. El Dato viró para interponerse entre el destructor y el convoy, a la vez que abría fuego. El Uad Kert intentó aliviar al Dato y abrió fuego con su única pieza, junto al T-19, que también disparó. El Alcalá Galiano, tras sufrir algún impacto y ser atacado de improviso por dos Dornier, dejó de disparar al agotársele las municiones antiaéreas y puso rumbo a Málaga. Y así, han podido pasar unos 3000 hombres y gran cantidad de municiones. Toda una hazaña naval –concluye el comandante.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 21.  Los problemas de Julia

viernes, 27 de octubre de 2023

Libro IV. Episodio 19. Muere una tertulia, nace otra


La tertulia del café Comercial dejó de funcionar el 18 de julio, pero Ramírez y Carreño  han seguido viéndose en la trastienda de la perfumería. En la reunión de hoy, Ramírez cuenta a Carreño algo que se le ha ocurrido.  

   -¿Sabes qué?, he pensado que podríamos invitar a Esteban Infantes, como funcionario del Ministerio de Fomento debe tener buena información.

   -¿Podemos fiarnos de Infantes? Ahora hay que andarse con pies de plomo sobre a quién cuentas según que cosas.

   -Es de toda confianza. Le conozco desde hace años y me consta que piensa como nosotros, lo que ocurre es que, como hombre prudente, no se explaya si no está muy seguro de quiénes son sus interlocutores.

Días después, la reunión en la perfumería de Ramírez tiene un nuevo miembro: Esteban Infantes, que muestra tener buena información contándoles la situación de una de las islas nacionales cercadas por los republicanos, el Alcázar de Toledo.

   -En la fortaleza, sede de la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, se han refugiado algunas fuerzas de la guarnición toledana, reforzadas por la Guardia Civil de la provincia, algunos cadetes y un centenar de civiles armados. A los que se suman algo más de quinientos familiares, incluidos mujeres y  niños. El director de la academia, el coronel Moscardó, es quien está al mando. Le pidieron que se rindiese pues están cercados, pero Moscardó se negó. Ayer mismo las fuerzas republicanas lo han sitiado con unos 2500 hombres, frente a los 1250 que lo defienden. Dudo que los sitiados puedan aguantar mucho.

En Suances, Julia piensa en lo angustiados que estarán su marido e hijos. Para ella el temor es doble: sufre porque no sabe qué les puede haber pasado, y se preocupa por ella y sus hijos pequeños a los que el 18 de julio ha pillado en la costa. La mayoría de veraneantes de la localidad santanderina son vascos que, en cuanto se hizo pública la rebelión, liaron los bártulos y se volvieron a Las Vascongadas. Solamente han quedado algunos veraneantes que, como ellos, residen en provincias y ciudades ahora en poder de los nacionales. Y ese pequeño grupo tiene el mismo problema: cómo poder regresar a casa.

En los primeros días, Julia ha intentado por todos los medios retornar a Madrid, pero hacer el viaje por tierra es prácticamente imposible dado que la franja norte peninsular en manos republicanas ha quedado aislada. Alguien le habla de un hipotético viaje por mar, embarcando en alguno de los puertos del Cantábrico, contorneando el Atlántico y, tras atravesar el estrecho de Gibraltar, desembarcar en algún puerto mediterráneo para desde allí encaminarse a Madrid. Tal viaje se revela imposible pues no hay barcos que hagan semejante ruta, dado que algunas de las costas a recorrer están en manos de los sublevados.

A medida que discurren los días, la guerra se recrudece y los Carreño mayores en Madrid, los pequeños en Suances y el primogénito en Galicia piensan lo mismo: ¿cuándo volveremos a vernos?

En la mini tertulia de Julio Carreño, Damián Ramírez y Esteban Infantes han hecho un mapa mural de España y colocan chinchetas marcando las posiciones de los contendientes: rojas para las republicanas, azules para las nacionales.

   -A mediodía ha dicho Unión Radio que ha muerto en accidente de aviación el que iba a ser jefe del alzamiento, el general Sanjurjo –cuenta Julio.

   -¿Y ahora quién dirigirá la rebelión? –La pregunta de Ramírez la contesta Infantes, pero especulando.

   -Los nacionales han creado una Junta de Defensa Nacional, en Burgos, formada por varios generales y que preside el más antiguo, Cabanellas, quizá él pueda suceder a Sanjurjo, aunque quien manda las fuerzas nacionales del norte es el general Emilio Mola, y el general Francisco Franco manda las del sur.

   -Veamos cómo está el mapa –dice Infantes-, los rojos han conseguido sofocar la rebelión en algo más de la mitad de España. La zona fiel a la República ocupa grosso modo la mitad este de la península: la parte oriental de Aragón menos las tres capitales, Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía oriental menos Granada, Madrid y Castilla la Nueva. En el oeste las provincias de Badajoz y de Huelva. Queda aislada la franja cantábrica desde Asturias a Guipúzcoa, menos las ciudades de Oviedo y Gijón. El territorio republicano es superior en extensión al nacional y se trata, por lo general, de las zonas con mayor población urbana, más industrializada y con núcleos de obrerismo activista.

Los tres amigos hablan sin tapujos sobre la situación, saben que profesan los mismos ideales y son, por formación y convicción, partidarios de los que se han alzado contra el gobierno republicano. Para los leales a la II República no es así, ellos son los demócratas y los sublevados son los fascistas, los fachas, los carcas…

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 20. El paso del Estrecho

viernes, 20 de octubre de 2023

Libro IV. Episodio 18. Jesús se libra de la guerra, Julián no

 Álvaro, tras ejecutar las órdenes de su comandante, se encuentra con la sorpresa de que ese mismo día es nombrado segundo comandante del torpedero T-2 que, junto con otro torpedero, el Martín, se turnarán en el servicio de vigilancia de la ría ferrolana. En ese lapso de tiempo, y dominada la ciudad de Vigo, el resto de la región queda en manos de los que comienzan a ser llamados nacionales en contraposición de los rojos que son los republicanos, aunque a los nacionales sus enemigos también los llaman facciosos, fascistas, carcas, fachas, meapilas y una larga retahíla de adjetivos peyorativos. A los republicanos sus adversarios también les dicen rojos, rojelios, comunistas, milicianos, hijos de la Pasionaria…

Por la tarde, Álvaro se entera de que, tras la derrota de los sublevados en el Cuartel de la Montaña, Madrid la controla el gobierno, aunque a duras penas pues los sindicatos y los partidos más extremistas se han hecho dueños de las calles y comienza la persecución indiscriminada de todos aquellos que son de derechas, católicos, que se les tacha de antirrepublicanos, que leen el ABC o el Ya o simplemente que tienen pinta de burgueses. Como explica Pilar en casa, no es necesario ser algo de lo enumerado, basta con que te delaten como tal, aunque no lo seas realmente, para ser detenido y lo que pueda pasarte después es una lotería.

Para los Carreño son días angustiosos dado que, en cualquier momento, puede llegar a su puerta un piquete de milicianos para arrestar al padre o a alguno de los hermanos. También comienzan a pasar necesidades y miedo. Pueden mitigar algo el hambre haciendo trueques de artículos farmacéuticos por alimentos. Siempre con el temor de que les acusen de prácticas de mercado negro y les arresten o les den el paseo, eufemismo que empieza a usarse por asesinato. Los milicianos acuden con frecuencia a la farmacia a expoliar medicinas que se llevan a cambio de unos vales republicanos que no pueden hacer efectivos pues solo son papeles con el sello del partido o sindicato al que pertenezcan los expoliadores. Y, como la religiosidad de la familia es ampliamente conocida en el barrio, pasan más miedo, sobre todo las primeras semanas, cuando la ciudad se llena de checas, expresión que, al no conocerla, Eloísa pregunta qué son.

   -Las checas son prisiones semiclandestinas, pero que todo el mundo sabe dónde están, creadas al margen de la ley y en donde se detiene, interroga, se juzga de forma sumarísima y se asesina a sospechosos de simpatizar con el bando nacional. En Madrid han surgido como hongos –le aclara su padre.

A finales de mes, los Carreño se llevan un buen susto cuando llega una notificación del Ministerio de la Guerra, aunque solo es el llamamiento a filas de Julián para que se reincorpore al ejército. Sorprendentemente, a quien no llaman es a Jesús que en su día tampoco hizo el servicio militar al estar en aquel momento enfermo. No saben si es que el ayuntamiento de Plasencia no trasladó su expediente al de Madrid o que ha podido traspapelarse. La familia se intranquiliza dado que Jesús podría ser acusado de desertor.

   -¿Y qué hago, papá? –pregunta, temeroso, Jesús.

   -Creo que solo tienes dos opciones: o presentarte como voluntario y enrolarte en alguna de las formaciones paramilitares que se están organizando o continuar como estás. Si escoges la primera, no sabemos dónde te mandarán y qué te puede pasar. Si optas por la segunda, que es la que te aconsejo, deberás llevar una vida lo menos visible que puedas, de forma que nadie pueda preguntarse por qué un chico de tu edad y aparentemente sano no está luchando en el frente.

   -Prefiero elegir la segunda opción.

   -Pues ya sabes lo que debes hacer: dejarte ver lo menos posible.

Antes de que acabe el mes de julio, Julián llega un día a casa con las últimas nuevas.

   -Por saber conducir me ha tocado la china, no sé si para bien o para mal. A partir del uno de agosto me debo incorporar al tren de transporte de la primera División Orgánica.

   -Eso es bueno, hijo –se apresura a consolarle su padre-, si conduces un camión no estarás en primera línea.

La preocupación más urgente que tiene el padre del clan es saber qué habrá sido de su esposa y los pequeños que partieron, unos días antes del golpe, a Suances. Sabe que Santander se ha mantenido fiel a la República, pero no tiene noticias de lo que allí pueda estar ocurriendo. Se plantea alquilar un coche e ir a recogerlos, pero enseguida se da cuenta de que no es posible, pues desde los primeros días de la guerra la sierra norte madrileña se ha convertido en uno de los frentes de batalla, por el este tampoco es posible ir porque el norte de Aragón está en poder de los nacionales, y por el oeste mucho menos. ¿Qué hacer?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 19. Muere una tertulia, nace otra

viernes, 13 de octubre de 2023

Libro IV. Episodio 17. Rojos y nacionales

Los temores del comandante Calderón sobre la incierta situación que se vive en el país se materializan esa misma tarde. La dotación del crucero Almirante Cervera se amotina y hace prisionera a la oficialidad pero, ante la carencia de oficiales profesionales al mando, es incapaz de sacar el buque del dique seco. Igual ha ocurrido en el acorazado España, asimismo varado en el dique. En cambio, la dotación del Velasco, siguiendo las consignas del comandante, se declara fiel a los compañeros que se han alzado contra el gobierno republicano. Calderón saca al destructor del dique seco y arma a la tripulación para formar una columna que se echa a la dársena para hacer frente a las dotaciones de los buques cuya marinería se ha decantado a favor del gobierno y han hecho prisioneros a sus oficiales, proclives a unirse a sus compañeros sublevados. El enfrentamiento no es largo, pues las dotaciones amotinadas no cuentan con oficiales experimentados. El 21 por la noche se domina la rebelión del Cervera, a lo que ayuda el bombardeo de la aviación naval de la base de Marín que también se ha sublevado, y al día siguiente se rinde la marinería del acorazado España.

Tras las escaramuzas, Álvaro tiene tiempo para pensar en los suyos, en los que están en Suances y los que ha dejado en Madrid. ¿Qué habrá sido de ellos?, se pregunta. Supone que a la mayoría no les debe de haber ocurrido nada, los que más le preocupan son Julián y Jesús que, por sus edades, pueden ser reclutados. Piensa en ir a la cámara donde se reúne la oficialidad para enterarse de cómo se están desarrollando los acontecimientos, pero está demasiado cansado, no todos los domingos se comienza una guerra y, mientras lo piensa, se queda dormido.

El miércoles, 23, el comandante del Velasco reúne a sus oficiales y les comunica la información que tiene sobre el estado de la sublevación.

   -En el terreno militar el escenario que más importa es Madrid y allí la situación se está poniendo fea. Hoy los partidos izquierdistas han empezado a tomar el control de la capital. El Cuartel de la Montaña, donde se han encerrado compañeros nuestros, ha sido cercado por la Guardia Civil y los de Asalto, apoyados por grupos armados izquierdistas –Calderón hace una pausa y prosigue-. Y ahora las buenas noticias: en este momento, dominamos cerca de la mitad del territorio español –Un espontáneo aplauso seguido de vivas y bravos corta al relator que ha de pedir moderación.

Al oír citar que en Santander el golpe ha fracasado, Álvaro palidece, allí están su madre y sus cuatro hermanos chicos. ¿Qué podrán hacer para llegar a Madrid si, como parece, las provincias que hay entre ambos territorios están en nuestro poder?, se dice. Corta sus pensamientos al darse cuenta de que alguien ha interrumpido al Viejo…

   -Mi comandante, con su permiso, le puedo preguntar qué se sabe de Andalusía, ya sabe que tengo la familia en Córdoba –La pregunta la ha formulado su compañero Larios.

   -Pues sus paisanos, Larios, han dado una de cal y otra de arena. Al parecer, en Sevilla el general Queipo de Llano se ha hecho con el mando, Córdoba y Cádiz están conectadas entre sí por un pasillo y Granada también es nuestra, pero aislada del resto. También son nuestras, entre otras, Castilla la Vieja, León, Álava, Navarra, Cáceres capital, y la mitad occidental de Aragón, incluyendo las tres capitales. Y además, los dos archipiélagos: Canarias, menos La Palma, y Baleares excepto Menorca. También controlamos algunos puntos aislados en la zona republicana: Oviedo, el cuartel de Simancas en Gijón, el Alcázar de Toledo y el santuario de la Virgen de la Cabeza en Andújar.

   -¿Y del gobierno, qué se sabe? –pregunta el segundo.

   -El recién nombrado presidente del gobierno, Martínez Barrio, ha dado la orden de acuartelar en Madrid las tropas y ha puesto al mando al general Miaja. Poco después, Barrio ha dimitido y ha sido sustituido por José Giral, que ha decidido armar a los civiles, lo cual supone sacar el armamento de los cuarteles.

   -¿Y qué ocurre en el resto de Galicia?

   -En Vigo, los sindicatos y las organizaciones anarquistas están levantando barricadas e intentan tomar la ciudad, pero parece que el ejército los está barriendo. Aquí, debemos estar muy atentos pues hay marineros y algunos suboficiales que pueden jugárnosla. Y por prevención, en una hora, un pelotón, a las órdenes del alférez Larios, reforzará la defensa de la Comandancia General. Y otro pelotón, mandado por Carreño, marchará al dique seco para sustituir a las tropas que dejamos ayer en el Cervera y el España, con la tarea concreta de arrojar al agua los proyectiles de 101 de la artillería de a bordo y llevarse los cierres de los cañones.

El relato del comandante le recuerda a Álvaro la expresión de las dos Españas, tan cara a la generación del 98. ¿Cuál de las dos ganará?, se pregunta.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 18.  Jesús se libra de la guerra, Julián no

PD+: Ayer cumplí 88 tacos. Empecé mi novena novela. No sé si la acabaré.

viernes, 6 de octubre de 2023

Libro IV. Episodio 16. Álvaro opta por el bando nacional

Los guardias civiles, que han hecho parar el correo de La Coruña, al llegar al departamento de Álvaro recaban la documentación a los viajeros, y al ver que el joven es militar uno de los números le saca al pasillo, le hace el saludo reglamentario y, con algún recelo, pregunta:

   -A sus órdenes mi oficial. ¿Me puede decir adónde va?

Álvaro le explica que a Ferrol a incorporarse a su destino. El guardia da la explicación por buena, vuelve a saludarle y sigue su ronda. Al volver al departamento, los paisanos que han visto el saludo del guardia se callan y no vuelven a preguntarle más. En la estación de Coruña hay bastantes guardias civiles y de asalto que piden documentación al buen tuntún, a Álvaro le echan un vistazo y al verle bien vestido ni siquiera lo abordan. Coge un taxi y da la dirección del arsenal de Ferrol. El taxista ha intentado en un par de ocasiones darle conversación, pero ante las respuestas monosilábicas de su pasajero acaba por callarse. Los pequeños pueblos que atraviesan parecen dormidos, apenas si se ve gente por sus calles, hasta que llegan a Puentedeume donde les para un control de la Guardia Civil que, tras identificar a conductor y pasajero y recibir la pertinente explicación del motivo del viaje, los dejan seguir.

En los muelles y en el arsenal de Ferrol hay mucho movimiento, aunque solo unos cuantos buques atracados cuando debería estar fondeada la mayor parte de la flota del Atlántico. El Velasco sigue en dique seco, junto al acorazado España y el crucero Almirante Cervera. Álvaro ha aprovechado el viaje para cambiar el traje de civil por el de uniforme. Al subir al destructor suena un silbato y en la meseta del portalón Álvaro se cuadra y saluda a la bandera.

   -Se presenta el alférez de navío, Álvaro Carreño.

Tras devolverle el saludo, el oficial de guardia de puente, que tiene la misma graduación que el placentino, le estrecha la mano.

   -Osú, quillo, ¿y qué cojones hases aquí?, ¿pero tú no estabas de permiso o es que te han echao de casa? –inquiere el oficial con su inconfundible gracejo cordobés.

Álvaro explica a su compañero la pequeña odisea por la que ha pasado, pero le interesa más saber qué está ocurriendo en la base.

   -¿Qué se ha hecho de la flota? Aparte del Velasco, el España y el Cervera solo veo patrulleros, remolcadores y poco más.

Su compañero le cuenta que, conocida la noticia del golpe en el Protectorado, el gobierno ha decidido enviar sus mejores navíos de guerra hacia el Estrecho para cortar el paso a las tropas acantonadas en África. De Ferrol han zarpado los cruceros Cervantes y Libertad y, del Cantábrico el acorazado Jaime I. Con lo que la base departamental se ha quedado sin buques listos para combatir.

   -¿Y el Viejo ha dado alguna orden? –Así es como se refieren al comandante del Velasco.

   -Estamos en estado de alerta y con los permisos francos de ría canselados. También ha ordenado que se dejen las pequeñas reparasiones que faltaban porque el buque debe estar listo para haserse a la mar en cuanto lo ordenen…

Al no terminar la frase Larios, que así se apellida su compañero, Carreño le urge.

   -¿Quién ha de dar la orden?

   -Eso es lo bueno, quillo. De mí para ti que en este momento no hay Dios que sepa quién es el baranda que tiene la sartén por el mango. Anda, deja el petate en el camarote y preséntate al Viejo.

El capitán de corbeta, don Manuel Calderón comandante del Velasco, recibe al joven oficial con un suspiro de alivio.

   -Hombre, Carreño, no puede imaginarse cuanto me alegra verle porque me han informado que las comunicaciones con la capital acaban de cortarse. Le creía en Madrid. Cuénteme cómo ha podido llegar.

Álvaro cuenta sus pasos en Madrid hasta que, en el ministerio, un capitán de corbeta le dio la orden de reintegrarse a su destino. Y pregunta a su comandante cuál es la situación en la base y en su entorno.

   -En este momento, hasta donde sé, la situación es incierta. Parece que únicamente en Vigo se ha echado a la calle la gentuza de la izquierda, pero somos muchos los que estamos dispuestos a dar un paso al frente para que comunistas, masones y separatistas no se apoderen de la República. ¿Puedo contar con usted?, dígamelo con franqueza porque, si nos unimos a nuestros compañeros de África, ese paso no tendrá marcha atrás.

   -Siempre a sus órdenes, mi comandante. Y permítame añadir que estoy de acuerdo con usted, la gente de bien no debemos consentir que sigan gobernando España los que permiten quemar iglesias y conventos y que se asesine impunemente por no pensar como ellos.

   -Gracias, Carreño. No esperaba menos de usted. Que el oficial de guardia le dé el alta, y espere mis órdenes. No descarto que tengamos que poner la dotación en el muelle por lo que deberá estar preparado para lo peor.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 17. Rojos y nacionales

viernes, 29 de septiembre de 2023

Libro IV. Episodio 15. El último tren

 


En cuanto cuelga el teléfono, Álvaro va a marcharse cuando piensa en un detalle: para ir al ministerio ¿voy de paisano o me pongo uniforme? Si voy de civil maldito el caso que me van a hacer…

   -Paca, ¿alguno de los uniformes que traje de Ferrol está lavado y planchado?

   -Lo están todos.

   -Pues sácame un uniforme de diario que me voy al Ministerio de Marina a ver qué órdenes hay para los oficiales en situación de permiso reglamentario.

Duda entre si coger el metro o ir andando, pero como desde Gran Vía hasta el principio del Paseo del Prado, donde está ubicado el ministerio, debe de haber poco más de una milla, resuelve hacer el trayecto a pie. Antes de llegar a la confluencia de Gran Vía con la calle Alcalá ha comprobado que ha tomado la decisión equivocada, buena parte de los viandantes le miran con mala cara y unos jovenzuelos le han gritado:

   -¿Dónde vas, facha, a juntarte con los fascistas rebeldes?

Al transitar por el centro de la ciudad puede observar la efervescencia que hay en las calles, todo son corrillos de gente hablando de lo mismo: lo que parece ser una sublevación militar. Se ven balcones engalanados con la bandera republicana y hay individuos que llevan un brazal del partido o sindicato al que pertenecen. Y no le pasa inadvertido un detalle: todos los brazaletes son de partidos de izquierdas y de sindicatos, nadie alardea de ser de una formación de derechas. Qué mal me huele esto, piensa.

El Ministerio de Marina es la viva imagen de la confusión. En la puerta de entrada no hay nadie que controle el acceso al edificio y por los pasillos la gente, la mayoría marineros y oficiales aunque también se ven algunos civiles, van y vienen sin que parezca que sepan el rumbo a seguir. En la Sección de Personal le cuesta encontrar alguien que le atienda y cuando, por fin, un nervioso teniente de navío le presta atención su respuesta es deprimente.

   -No tengo ni repajolera idea.

Vuelve a intentarlo entre el ir y venir de oficiales y los incesantes timbrazos de los teléfonos. Se apercibe, pues nadie presta atención a quien tiene al lado, de que muchas de las conversaciones telefónicas son con la estación de radio que la Marina dispone en la Ciudad Lineal. Hasta que en uno de los pasillos se topa con Jaime Torrecilla, a quien conoce de la Escuela Naval, aunque era de unas promociones anteriores a la suya. Álvaro le cuenta a qué ha venido.

   -Mira, chico –le dice Torrecilla-, en estos momentos nadie parece ser capaz de dar una orden. Lo que si te adelanto, por si puede servirte, es que esta madrugada el ministro José Giral ha ordenado que todos los buques de la flota se dirijan hacia la zona del Estrecho para cañonear las posiciones de los sublevados en Marruecos e impedir el paso de cualquier transporte de tropas que intente llegar a la península. Ah, espera, si alguien es capaz de darte una orden será el comandante Corbella. Ve a la segunda planta y pregunta por él, yo no puedo acompañarte. Y que tengas buena mar porque el viento viene racheado.

En la segunda planta, un capitán de corbeta, visiblemente desbordado, le atiende.

   -A sus órdenes, mi comandante, soy el alférez de navío, Álvaro Carreño, destinado en el destructor Velasco, en estos momentos fondeado en Ferrol. Estoy de permiso reglamentario y quiero saber qué debo hacer dadas las actuales circunstancias.

   -Incorporarse inmediatamente a su destino –es la tajante orden del comandante.

A la vuelta, Álvaro se mete en el metro de la estación de Banco de España, pero vuelve a toparse con rostros que le miran y no amistosamente, aunque ahora nadie se mete con él. Se baja en Callao y, al pasar delante de la perfumería donde trabaja Eloísa, entra para despedirse de su hermana. En cuanto llega a casa cuenta a la familia lo que acaban de ordenarle. En un primer momento, su padre trata de disuadirle, pues hay noticias de que en muchas regiones el golpe no ha triunfado.

   -Hijo, no sabes qué te vas a encontrar en Galicia, ¿no sería mejor que esperases unos días a ver si mientras tanto se aclara la situación?

   -Padre, un superior jerárquico me acaba de dar una orden y las Ordenanzas de la Marina disponen que todo oficial ajustará su comportamiento a las características de disciplina, jerarquía y unidad, y con estricto respeto al orden jerárquico militar. Es una orden y solo me cabe una cosa: cumplirla.

Al conocer la noticia de que el tato retorna a su destino, la familia se junta en casa para despedirle. Están todos, excepto Julián y Jesús que están de viaje por los pueblos de la provincia vendiendo medicamentos con una camioneta de alquiler. Pilar se ha quedado en la farmacia, pero ha dicho que en cuanto alguien la releve subirá a despedirse.

   -Alvarito, qué traje vas a llevar en el viaje, ¿de paisano o de marino? –pregunta Paca que, en ausencia de Julia, es quien dirige las tareas hogareñas.

Álvaro, que recuerda las inamistosas miradas que ha sufrido en su camino hasta el ministerio, no lo duda.

   -De civil, Paca.

   -Te voy a poner en la maleta solo la ropa de verano.

   -No, Paca, mejor me pones también la de invierno que no sé cuándo podré volver. Un profesor que tuve en la Escuela solía decir que una batalla se sabe cuándo empieza, pero no cuándo acaba. Y me da en la nariz que esto va a ser algo más que una batalla.

   -¡Virgen del Amor Hermoso, Dios no lo quiera! Voy a prepararte unos bocadillos para el viaje.

En esas que aparece Pilar que ha podido dejar la farmacia.

   -Hermanito, ten mucho cuidado y no tomes iniciativas por tu cuenta que acaba de contarme un cliente que lo del golpe comienza a ponerse feo.

Todos quieren ir a acompañarle a la Estación del Norte de donde sale el correo Madrid-La Coruña, pero, como no caben en el taxi, solamente el padre y Pilar acompañan a Álvaro. Julio estrecha la mano de su padre con emoción contenida y su hermana le abraza pugnando para que no se le escapen las lágrimas, tras lo que sube al correo. En ese momento nadie sospecha que ese será el último tren que enlazará Madrid con Galicia en los tres años siguientes.

El correo surca la meseta castellana dejando tras sí el negro y pestilente humo de la locomotora. El viaje discurre sin incidencias atravesando estaciones en las que se ve poca gente en ese sábado estival. Los pasajeros del vagón de segunda clase, en el que va Álvaro, pasado un rato desde la salida de Madrid comienzan a pelar la pava. La conversación gira sobre un solo tema: la rebelión del ejército en el Protectorado. El joven se da cuenta de que sus compañeros de viaje hablan sobre lo que está sucediendo, pero con cierta cautela, sin posicionarse ni opinar acerca de lo que ocurre. Uno de los paisanos le pregunta si va a Galicia de veraneo, a lo que contesta afirmativamente, sin dar más explicaciones. Y en ese momento recuerda que, con las prisas, se ha  olvidado de llamar a su amigo Andrade.

De pronto, el convoy comienza a perder velocidad y finalmente se detiene.

   -¿Dónde estamos? –pregunta alguien.

Un pasajero baja la ventanilla y lee el nombre de la pequeña estación en la que se han detenido.

   -En Villafranca de Duero.

   -Pero aquí no le corresponde parar. Esto es todavía provincia de Valladolid.

La respuesta a la parada no prescrita la da la aparición de unos guardias civiles, acompañados por unos cuantos paisanos que llevan camisa azul y que van armados.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 16. Nuevamente en el destructor Velasco