viernes, 27 de octubre de 2023

Libro IV. Episodio 19. Muere una tertulia, nace otra


La tertulia del café Comercial dejó de funcionar el 18 de julio, pero Ramírez y Carreño  han seguido viéndose en la trastienda de la perfumería. En la reunión de hoy, Ramírez cuenta a Carreño algo que se le ha ocurrido.  

   -¿Sabes qué?, he pensado que podríamos invitar a Esteban Infantes, como funcionario del Ministerio de Fomento debe tener buena información.

   -¿Podemos fiarnos de Infantes? Ahora hay que andarse con pies de plomo sobre a quién cuentas según que cosas.

   -Es de toda confianza. Le conozco desde hace años y me consta que piensa como nosotros, lo que ocurre es que, como hombre prudente, no se explaya si no está muy seguro de quiénes son sus interlocutores.

Días después, la reunión en la perfumería de Ramírez tiene un nuevo miembro: Esteban Infantes, que muestra tener buena información contándoles la situación de una de las islas nacionales cercadas por los republicanos, el Alcázar de Toledo.

   -En la fortaleza, sede de la Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, se han refugiado algunas fuerzas de la guarnición toledana, reforzadas por la Guardia Civil de la provincia, algunos cadetes y un centenar de civiles armados. A los que se suman algo más de quinientos familiares, incluidos mujeres y  niños. El director de la academia, el coronel Moscardó, es quien está al mando. Le pidieron que se rindiese pues están cercados, pero Moscardó se negó. Ayer mismo las fuerzas republicanas lo han sitiado con unos 2500 hombres, frente a los 1250 que lo defienden. Dudo que los sitiados puedan aguantar mucho.

En Suances, Julia piensa en lo angustiados que estarán su marido e hijos. Para ella el temor es doble: sufre porque no sabe qué les puede haber pasado, y se preocupa por ella y sus hijos pequeños a los que el 18 de julio ha pillado en la costa. La mayoría de veraneantes de la localidad santanderina son vascos que, en cuanto se hizo pública la rebelión, liaron los bártulos y se volvieron a Las Vascongadas. Solamente han quedado algunos veraneantes que, como ellos, residen en provincias y ciudades ahora en poder de los nacionales. Y ese pequeño grupo tiene el mismo problema: cómo poder regresar a casa.

En los primeros días, Julia ha intentado por todos los medios retornar a Madrid, pero hacer el viaje por tierra es prácticamente imposible dado que la franja norte peninsular en manos republicanas ha quedado aislada. Alguien le habla de un hipotético viaje por mar, embarcando en alguno de los puertos del Cantábrico, contorneando el Atlántico y, tras atravesar el estrecho de Gibraltar, desembarcar en algún puerto mediterráneo para desde allí encaminarse a Madrid. Tal viaje se revela imposible pues no hay barcos que hagan semejante ruta, dado que algunas de las costas a recorrer están en manos de los sublevados.

A medida que discurren los días, la guerra se recrudece y los Carreño mayores en Madrid, los pequeños en Suances y el primogénito en Galicia piensan lo mismo: ¿cuándo volveremos a vernos?

En la mini tertulia de Julio Carreño, Damián Ramírez y Esteban Infantes han hecho un mapa mural de España y colocan chinchetas marcando las posiciones de los contendientes: rojas para las republicanas, azules para las nacionales.

   -A mediodía ha dicho Unión Radio que ha muerto en accidente de aviación el que iba a ser jefe del alzamiento, el general Sanjurjo –cuenta Julio.

   -¿Y ahora quién dirigirá la rebelión? –La pregunta de Ramírez la contesta Infantes, pero especulando.

   -Los nacionales han creado una Junta de Defensa Nacional, en Burgos, formada por varios generales y que preside el más antiguo, Cabanellas, quizá él pueda suceder a Sanjurjo, aunque quien manda las fuerzas nacionales del norte es el general Emilio Mola, y el general Francisco Franco manda las del sur.

   -Veamos cómo está el mapa –dice Infantes-, los rojos han conseguido sofocar la rebelión en algo más de la mitad de España. La zona fiel a la República ocupa grosso modo la mitad este de la península: la parte oriental de Aragón menos las tres capitales, Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía oriental menos Granada, Madrid y Castilla la Nueva. En el oeste las provincias de Badajoz y de Huelva. Queda aislada la franja cantábrica desde Asturias a Guipúzcoa, menos las ciudades de Oviedo y Gijón. El territorio republicano es superior en extensión al nacional y se trata, por lo general, de las zonas con mayor población urbana, más industrializada y con núcleos de obrerismo activista.

Los tres amigos hablan sin tapujos sobre la situación, saben que profesan los mismos ideales y son, por formación y convicción, partidarios de los que se han alzado contra el gobierno republicano. Para los leales a la II República no es así, ellos son los demócratas y los sublevados son los fascistas, los fachas, los carcas…

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 20. El paso del Estrecho

viernes, 20 de octubre de 2023

Libro IV. Episodio 18. Jesús se libra de la guerra, Julián no

 Álvaro, tras ejecutar las órdenes de su comandante, se encuentra con la sorpresa de que ese mismo día es nombrado segundo comandante del torpedero T-2 que, junto con otro torpedero, el Martín, se turnarán en el servicio de vigilancia de la ría ferrolana. En ese lapso de tiempo, y dominada la ciudad de Vigo, el resto de la región queda en manos de los que comienzan a ser llamados nacionales en contraposición de los rojos que son los republicanos, aunque a los nacionales sus enemigos también los llaman facciosos, fascistas, carcas, fachas, meapilas y una larga retahíla de adjetivos peyorativos. A los republicanos sus adversarios también les dicen rojos, rojelios, comunistas, milicianos, hijos de la Pasionaria…

Por la tarde, Álvaro se entera de que, tras la derrota de los sublevados en el Cuartel de la Montaña, Madrid la controla el gobierno, aunque a duras penas pues los sindicatos y los partidos más extremistas se han hecho dueños de las calles y comienza la persecución indiscriminada de todos aquellos que son de derechas, católicos, que se les tacha de antirrepublicanos, que leen el ABC o el Ya o simplemente que tienen pinta de burgueses. Como explica Pilar en casa, no es necesario ser algo de lo enumerado, basta con que te delaten como tal, aunque no lo seas realmente, para ser detenido y lo que pueda pasarte después es una lotería.

Para los Carreño son días angustiosos dado que, en cualquier momento, puede llegar a su puerta un piquete de milicianos para arrestar al padre o a alguno de los hermanos. También comienzan a pasar necesidades y miedo. Pueden mitigar algo el hambre haciendo trueques de artículos farmacéuticos por alimentos. Siempre con el temor de que les acusen de prácticas de mercado negro y les arresten o les den el paseo, eufemismo que empieza a usarse por asesinato. Los milicianos acuden con frecuencia a la farmacia a expoliar medicinas que se llevan a cambio de unos vales republicanos que no pueden hacer efectivos pues solo son papeles con el sello del partido o sindicato al que pertenezcan los expoliadores. Y, como la religiosidad de la familia es ampliamente conocida en el barrio, pasan más miedo, sobre todo las primeras semanas, cuando la ciudad se llena de checas, expresión que, al no conocerla, Eloísa pregunta qué son.

   -Las checas son prisiones semiclandestinas, pero que todo el mundo sabe dónde están, creadas al margen de la ley y en donde se detiene, interroga, se juzga de forma sumarísima y se asesina a sospechosos de simpatizar con el bando nacional. En Madrid han surgido como hongos –le aclara su padre.

A finales de mes, los Carreño se llevan un buen susto cuando llega una notificación del Ministerio de la Guerra, aunque solo es el llamamiento a filas de Julián para que se reincorpore al ejército. Sorprendentemente, a quien no llaman es a Jesús que en su día tampoco hizo el servicio militar al estar en aquel momento enfermo. No saben si es que el ayuntamiento de Plasencia no trasladó su expediente al de Madrid o que ha podido traspapelarse. La familia se intranquiliza dado que Jesús podría ser acusado de desertor.

   -¿Y qué hago, papá? –pregunta, temeroso, Jesús.

   -Creo que solo tienes dos opciones: o presentarte como voluntario y enrolarte en alguna de las formaciones paramilitares que se están organizando o continuar como estás. Si escoges la primera, no sabemos dónde te mandarán y qué te puede pasar. Si optas por la segunda, que es la que te aconsejo, deberás llevar una vida lo menos visible que puedas, de forma que nadie pueda preguntarse por qué un chico de tu edad y aparentemente sano no está luchando en el frente.

   -Prefiero elegir la segunda opción.

   -Pues ya sabes lo que debes hacer: dejarte ver lo menos posible.

Antes de que acabe el mes de julio, Julián llega un día a casa con las últimas nuevas.

   -Por saber conducir me ha tocado la china, no sé si para bien o para mal. A partir del uno de agosto me debo incorporar al tren de transporte de la primera División Orgánica.

   -Eso es bueno, hijo –se apresura a consolarle su padre-, si conduces un camión no estarás en primera línea.

La preocupación más urgente que tiene el padre del clan es saber qué habrá sido de su esposa y los pequeños que partieron, unos días antes del golpe, a Suances. Sabe que Santander se ha mantenido fiel a la República, pero no tiene noticias de lo que allí pueda estar ocurriendo. Se plantea alquilar un coche e ir a recogerlos, pero enseguida se da cuenta de que no es posible, pues desde los primeros días de la guerra la sierra norte madrileña se ha convertido en uno de los frentes de batalla, por el este tampoco es posible ir porque el norte de Aragón está en poder de los nacionales, y por el oeste mucho menos. ¿Qué hacer?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 19. Muere una tertulia, nace otra

viernes, 13 de octubre de 2023

Libro IV. Episodio 17. Rojos y nacionales

Los temores del comandante Calderón sobre la incierta situación que se vive en el país se materializan esa misma tarde. La dotación del crucero Almirante Cervera se amotina y hace prisionera a la oficialidad pero, ante la carencia de oficiales profesionales al mando, es incapaz de sacar el buque del dique seco. Igual ha ocurrido en el acorazado España, asimismo varado en el dique. En cambio, la dotación del Velasco, siguiendo las consignas del comandante, se declara fiel a los compañeros que se han alzado contra el gobierno republicano. Calderón saca al destructor del dique seco y arma a la tripulación para formar una columna que se echa a la dársena para hacer frente a las dotaciones de los buques cuya marinería se ha decantado a favor del gobierno y han hecho prisioneros a sus oficiales, proclives a unirse a sus compañeros sublevados. El enfrentamiento no es largo, pues las dotaciones amotinadas no cuentan con oficiales experimentados. El 21 por la noche se domina la rebelión del Cervera, a lo que ayuda el bombardeo de la aviación naval de la base de Marín que también se ha sublevado, y al día siguiente se rinde la marinería del acorazado España.

Tras las escaramuzas, Álvaro tiene tiempo para pensar en los suyos, en los que están en Suances y los que ha dejado en Madrid. ¿Qué habrá sido de ellos?, se pregunta. Supone que a la mayoría no les debe de haber ocurrido nada, los que más le preocupan son Julián y Jesús que, por sus edades, pueden ser reclutados. Piensa en ir a la cámara donde se reúne la oficialidad para enterarse de cómo se están desarrollando los acontecimientos, pero está demasiado cansado, no todos los domingos se comienza una guerra y, mientras lo piensa, se queda dormido.

El miércoles, 23, el comandante del Velasco reúne a sus oficiales y les comunica la información que tiene sobre el estado de la sublevación.

   -En el terreno militar el escenario que más importa es Madrid y allí la situación se está poniendo fea. Hoy los partidos izquierdistas han empezado a tomar el control de la capital. El Cuartel de la Montaña, donde se han encerrado compañeros nuestros, ha sido cercado por la Guardia Civil y los de Asalto, apoyados por grupos armados izquierdistas –Calderón hace una pausa y prosigue-. Y ahora las buenas noticias: en este momento, dominamos cerca de la mitad del territorio español –Un espontáneo aplauso seguido de vivas y bravos corta al relator que ha de pedir moderación.

Al oír citar que en Santander el golpe ha fracasado, Álvaro palidece, allí están su madre y sus cuatro hermanos chicos. ¿Qué podrán hacer para llegar a Madrid si, como parece, las provincias que hay entre ambos territorios están en nuestro poder?, se dice. Corta sus pensamientos al darse cuenta de que alguien ha interrumpido al Viejo…

   -Mi comandante, con su permiso, le puedo preguntar qué se sabe de Andalusía, ya sabe que tengo la familia en Córdoba –La pregunta la ha formulado su compañero Larios.

   -Pues sus paisanos, Larios, han dado una de cal y otra de arena. Al parecer, en Sevilla el general Queipo de Llano se ha hecho con el mando, Córdoba y Cádiz están conectadas entre sí por un pasillo y Granada también es nuestra, pero aislada del resto. También son nuestras, entre otras, Castilla la Vieja, León, Álava, Navarra, Cáceres capital, y la mitad occidental de Aragón, incluyendo las tres capitales. Y además, los dos archipiélagos: Canarias, menos La Palma, y Baleares excepto Menorca. También controlamos algunos puntos aislados en la zona republicana: Oviedo, el cuartel de Simancas en Gijón, el Alcázar de Toledo y el santuario de la Virgen de la Cabeza en Andújar.

   -¿Y del gobierno, qué se sabe? –pregunta el segundo.

   -El recién nombrado presidente del gobierno, Martínez Barrio, ha dado la orden de acuartelar en Madrid las tropas y ha puesto al mando al general Miaja. Poco después, Barrio ha dimitido y ha sido sustituido por José Giral, que ha decidido armar a los civiles, lo cual supone sacar el armamento de los cuarteles.

   -¿Y qué ocurre en el resto de Galicia?

   -En Vigo, los sindicatos y las organizaciones anarquistas están levantando barricadas e intentan tomar la ciudad, pero parece que el ejército los está barriendo. Aquí, debemos estar muy atentos pues hay marineros y algunos suboficiales que pueden jugárnosla. Y por prevención, en una hora, un pelotón, a las órdenes del alférez Larios, reforzará la defensa de la Comandancia General. Y otro pelotón, mandado por Carreño, marchará al dique seco para sustituir a las tropas que dejamos ayer en el Cervera y el España, con la tarea concreta de arrojar al agua los proyectiles de 101 de la artillería de a bordo y llevarse los cierres de los cañones.

El relato del comandante le recuerda a Álvaro la expresión de las dos Españas, tan cara a la generación del 98. ¿Cuál de las dos ganará?, se pregunta.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 18.  Jesús se libra de la guerra, Julián no

PD+: Ayer cumplí 88 tacos. Empecé mi novena novela. No sé si la acabaré.

viernes, 6 de octubre de 2023

Libro IV. Episodio 16. Álvaro opta por el bando nacional

Los guardias civiles, que han hecho parar el correo de La Coruña, al llegar al departamento de Álvaro recaban la documentación a los viajeros, y al ver que el joven es militar uno de los números le saca al pasillo, le hace el saludo reglamentario y, con algún recelo, pregunta:

   -A sus órdenes mi oficial. ¿Me puede decir adónde va?

Álvaro le explica que a Ferrol a incorporarse a su destino. El guardia da la explicación por buena, vuelve a saludarle y sigue su ronda. Al volver al departamento, los paisanos que han visto el saludo del guardia se callan y no vuelven a preguntarle más. En la estación de Coruña hay bastantes guardias civiles y de asalto que piden documentación al buen tuntún, a Álvaro le echan un vistazo y al verle bien vestido ni siquiera lo abordan. Coge un taxi y da la dirección del arsenal de Ferrol. El taxista ha intentado en un par de ocasiones darle conversación, pero ante las respuestas monosilábicas de su pasajero acaba por callarse. Los pequeños pueblos que atraviesan parecen dormidos, apenas si se ve gente por sus calles, hasta que llegan a Puentedeume donde les para un control de la Guardia Civil que, tras identificar a conductor y pasajero y recibir la pertinente explicación del motivo del viaje, los dejan seguir.

En los muelles y en el arsenal de Ferrol hay mucho movimiento, aunque solo unos cuantos buques atracados cuando debería estar fondeada la mayor parte de la flota del Atlántico. El Velasco sigue en dique seco, junto al acorazado España y el crucero Almirante Cervera. Álvaro ha aprovechado el viaje para cambiar el traje de civil por el de uniforme. Al subir al destructor suena un silbato y en la meseta del portalón Álvaro se cuadra y saluda a la bandera.

   -Se presenta el alférez de navío, Álvaro Carreño.

Tras devolverle el saludo, el oficial de guardia de puente, que tiene la misma graduación que el placentino, le estrecha la mano.

   -Osú, quillo, ¿y qué cojones hases aquí?, ¿pero tú no estabas de permiso o es que te han echao de casa? –inquiere el oficial con su inconfundible gracejo cordobés.

Álvaro explica a su compañero la pequeña odisea por la que ha pasado, pero le interesa más saber qué está ocurriendo en la base.

   -¿Qué se ha hecho de la flota? Aparte del Velasco, el España y el Cervera solo veo patrulleros, remolcadores y poco más.

Su compañero le cuenta que, conocida la noticia del golpe en el Protectorado, el gobierno ha decidido enviar sus mejores navíos de guerra hacia el Estrecho para cortar el paso a las tropas acantonadas en África. De Ferrol han zarpado los cruceros Cervantes y Libertad y, del Cantábrico el acorazado Jaime I. Con lo que la base departamental se ha quedado sin buques listos para combatir.

   -¿Y el Viejo ha dado alguna orden? –Así es como se refieren al comandante del Velasco.

   -Estamos en estado de alerta y con los permisos francos de ría canselados. También ha ordenado que se dejen las pequeñas reparasiones que faltaban porque el buque debe estar listo para haserse a la mar en cuanto lo ordenen…

Al no terminar la frase Larios, que así se apellida su compañero, Carreño le urge.

   -¿Quién ha de dar la orden?

   -Eso es lo bueno, quillo. De mí para ti que en este momento no hay Dios que sepa quién es el baranda que tiene la sartén por el mango. Anda, deja el petate en el camarote y preséntate al Viejo.

El capitán de corbeta, don Manuel Calderón comandante del Velasco, recibe al joven oficial con un suspiro de alivio.

   -Hombre, Carreño, no puede imaginarse cuanto me alegra verle porque me han informado que las comunicaciones con la capital acaban de cortarse. Le creía en Madrid. Cuénteme cómo ha podido llegar.

Álvaro cuenta sus pasos en Madrid hasta que, en el ministerio, un capitán de corbeta le dio la orden de reintegrarse a su destino. Y pregunta a su comandante cuál es la situación en la base y en su entorno.

   -En este momento, hasta donde sé, la situación es incierta. Parece que únicamente en Vigo se ha echado a la calle la gentuza de la izquierda, pero somos muchos los que estamos dispuestos a dar un paso al frente para que comunistas, masones y separatistas no se apoderen de la República. ¿Puedo contar con usted?, dígamelo con franqueza porque, si nos unimos a nuestros compañeros de África, ese paso no tendrá marcha atrás.

   -Siempre a sus órdenes, mi comandante. Y permítame añadir que estoy de acuerdo con usted, la gente de bien no debemos consentir que sigan gobernando España los que permiten quemar iglesias y conventos y que se asesine impunemente por no pensar como ellos.

   -Gracias, Carreño. No esperaba menos de usted. Que el oficial de guardia le dé el alta, y espere mis órdenes. No descarto que tengamos que poner la dotación en el muelle por lo que deberá estar preparado para lo peor.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 17. Rojos y nacionales

viernes, 29 de septiembre de 2023

Libro IV. Episodio 15. El último tren

 


En cuanto cuelga el teléfono, Álvaro va a marcharse cuando piensa en un detalle: para ir al ministerio ¿voy de paisano o me pongo uniforme? Si voy de civil maldito el caso que me van a hacer…

   -Paca, ¿alguno de los uniformes que traje de Ferrol está lavado y planchado?

   -Lo están todos.

   -Pues sácame un uniforme de diario que me voy al Ministerio de Marina a ver qué órdenes hay para los oficiales en situación de permiso reglamentario.

Duda entre si coger el metro o ir andando, pero como desde Gran Vía hasta el principio del Paseo del Prado, donde está ubicado el ministerio, debe de haber poco más de una milla, resuelve hacer el trayecto a pie. Antes de llegar a la confluencia de Gran Vía con la calle Alcalá ha comprobado que ha tomado la decisión equivocada, buena parte de los viandantes le miran con mala cara y unos jovenzuelos le han gritado:

   -¿Dónde vas, facha, a juntarte con los fascistas rebeldes?

Al transitar por el centro de la ciudad puede observar la efervescencia que hay en las calles, todo son corrillos de gente hablando de lo mismo: lo que parece ser una sublevación militar. Se ven balcones engalanados con la bandera republicana y hay individuos que llevan un brazal del partido o sindicato al que pertenecen. Y no le pasa inadvertido un detalle: todos los brazaletes son de partidos de izquierdas y de sindicatos, nadie alardea de ser de una formación de derechas. Qué mal me huele esto, piensa.

El Ministerio de Marina es la viva imagen de la confusión. En la puerta de entrada no hay nadie que controle el acceso al edificio y por los pasillos la gente, la mayoría marineros y oficiales aunque también se ven algunos civiles, van y vienen sin que parezca que sepan el rumbo a seguir. En la Sección de Personal le cuesta encontrar alguien que le atienda y cuando, por fin, un nervioso teniente de navío le presta atención su respuesta es deprimente.

   -No tengo ni repajolera idea.

Vuelve a intentarlo entre el ir y venir de oficiales y los incesantes timbrazos de los teléfonos. Se apercibe, pues nadie presta atención a quien tiene al lado, de que muchas de las conversaciones telefónicas son con la estación de radio que la Marina dispone en la Ciudad Lineal. Hasta que en uno de los pasillos se topa con Jaime Torrecilla, a quien conoce de la Escuela Naval, aunque era de unas promociones anteriores a la suya. Álvaro le cuenta a qué ha venido.

   -Mira, chico –le dice Torrecilla-, en estos momentos nadie parece ser capaz de dar una orden. Lo que si te adelanto, por si puede servirte, es que esta madrugada el ministro José Giral ha ordenado que todos los buques de la flota se dirijan hacia la zona del Estrecho para cañonear las posiciones de los sublevados en Marruecos e impedir el paso de cualquier transporte de tropas que intente llegar a la península. Ah, espera, si alguien es capaz de darte una orden será el comandante Corbella. Ve a la segunda planta y pregunta por él, yo no puedo acompañarte. Y que tengas buena mar porque el viento viene racheado.

En la segunda planta, un capitán de corbeta, visiblemente desbordado, le atiende.

   -A sus órdenes, mi comandante, soy el alférez de navío, Álvaro Carreño, destinado en el destructor Velasco, en estos momentos fondeado en Ferrol. Estoy de permiso reglamentario y quiero saber qué debo hacer dadas las actuales circunstancias.

   -Incorporarse inmediatamente a su destino –es la tajante orden del comandante.

A la vuelta, Álvaro se mete en el metro de la estación de Banco de España, pero vuelve a toparse con rostros que le miran y no amistosamente, aunque ahora nadie se mete con él. Se baja en Callao y, al pasar delante de la perfumería donde trabaja Eloísa, entra para despedirse de su hermana. En cuanto llega a casa cuenta a la familia lo que acaban de ordenarle. En un primer momento, su padre trata de disuadirle, pues hay noticias de que en muchas regiones el golpe no ha triunfado.

   -Hijo, no sabes qué te vas a encontrar en Galicia, ¿no sería mejor que esperases unos días a ver si mientras tanto se aclara la situación?

   -Padre, un superior jerárquico me acaba de dar una orden y las Ordenanzas de la Marina disponen que todo oficial ajustará su comportamiento a las características de disciplina, jerarquía y unidad, y con estricto respeto al orden jerárquico militar. Es una orden y solo me cabe una cosa: cumplirla.

Al conocer la noticia de que el tato retorna a su destino, la familia se junta en casa para despedirle. Están todos, excepto Julián y Jesús que están de viaje por los pueblos de la provincia vendiendo medicamentos con una camioneta de alquiler. Pilar se ha quedado en la farmacia, pero ha dicho que en cuanto alguien la releve subirá a despedirse.

   -Alvarito, qué traje vas a llevar en el viaje, ¿de paisano o de marino? –pregunta Paca que, en ausencia de Julia, es quien dirige las tareas hogareñas.

Álvaro, que recuerda las inamistosas miradas que ha sufrido en su camino hasta el ministerio, no lo duda.

   -De civil, Paca.

   -Te voy a poner en la maleta solo la ropa de verano.

   -No, Paca, mejor me pones también la de invierno que no sé cuándo podré volver. Un profesor que tuve en la Escuela solía decir que una batalla se sabe cuándo empieza, pero no cuándo acaba. Y me da en la nariz que esto va a ser algo más que una batalla.

   -¡Virgen del Amor Hermoso, Dios no lo quiera! Voy a prepararte unos bocadillos para el viaje.

En esas que aparece Pilar que ha podido dejar la farmacia.

   -Hermanito, ten mucho cuidado y no tomes iniciativas por tu cuenta que acaba de contarme un cliente que lo del golpe comienza a ponerse feo.

Todos quieren ir a acompañarle a la Estación del Norte de donde sale el correo Madrid-La Coruña, pero, como no caben en el taxi, solamente el padre y Pilar acompañan a Álvaro. Julio estrecha la mano de su padre con emoción contenida y su hermana le abraza pugnando para que no se le escapen las lágrimas, tras lo que sube al correo. En ese momento nadie sospecha que ese será el último tren que enlazará Madrid con Galicia en los tres años siguientes.

El correo surca la meseta castellana dejando tras sí el negro y pestilente humo de la locomotora. El viaje discurre sin incidencias atravesando estaciones en las que se ve poca gente en ese sábado estival. Los pasajeros del vagón de segunda clase, en el que va Álvaro, pasado un rato desde la salida de Madrid comienzan a pelar la pava. La conversación gira sobre un solo tema: la rebelión del ejército en el Protectorado. El joven se da cuenta de que sus compañeros de viaje hablan sobre lo que está sucediendo, pero con cierta cautela, sin posicionarse ni opinar acerca de lo que ocurre. Uno de los paisanos le pregunta si va a Galicia de veraneo, a lo que contesta afirmativamente, sin dar más explicaciones. Y en ese momento recuerda que, con las prisas, se ha  olvidado de llamar a su amigo Andrade.

De pronto, el convoy comienza a perder velocidad y finalmente se detiene.

   -¿Dónde estamos? –pregunta alguien.

Un pasajero baja la ventanilla y lee el nombre de la pequeña estación en la que se han detenido.

   -En Villafranca de Duero.

   -Pero aquí no le corresponde parar. Esto es todavía provincia de Valladolid.

La respuesta a la parada no prescrita la da la aparición de unos guardias civiles, acompañados por unos cuantos paisanos que llevan camisa azul y que van armados.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 16. Nuevamente en el destructor Velasco

viernes, 22 de septiembre de 2023

Libro IV. Episodio 14. El 18 de julio

A mediados de julio, Álvaro llega a Madrid a disfrutar el permiso reglamentario, y al día siguiente de su llegada la mitad de la familia se marcha de vacaciones a Suances, el pueblecito cántabro en el que han estado veraneando los últimos años. Julia se lleva con ella a los pequeños: Concha, Andrés, Ángela y Froilán, el resto se queda en Madrid pues han decidido que la farmacia permanezca abierta todo el verano.

Como comentan en la tertulia del Comercial, exista o no ruido de sables en los cuarteles, lo que sí hay es un profundo malestar contra la deriva republicana en parte de la sociedad española y en amplios sectores de la oficialidad de las fuerzas armadas. De ahí que comiencen a fraguarse intentonas de golpes de estado, siendo una de las más avanzadas la conspiración militar dirigida desde Pamplona por el general Emilio Mola que pretende alzarse contra el gobierno el 18 de julio. El 17, los conspiradores de Melilla comunican sus planes a dirigentes falangistas, uno de los cuales informa a las autoridades locales. El general Romerales, Comandante militar de la plaza, envía una patrulla de soldados a registrar el Departamento Cartográfico donde se reúnen los golpistas. El coronel, al mando de dicho Departamento, llama al cuartel de la Legión del que envían un grupo de legionarios. Ante estos, la patrulla gubernativa se rinde y los sublevados proceden a arrestar a Romerales, proclaman el estado de guerra e inician anticipadamente el levantamiento, informando a sus compañeros del Protectorado de que han sido descubiertos.

En Tenerife, en la tarde del 18 el general Franco firma  un manifiesto que es difundido por Radio Las Palmas y Radio Club Tenerife, junto con el bando del estado de guerra. Luego parte en avión a Tetuán, pues es el designado por los sublevados para ponerse al frente de las tropas del Protectorado. Mientras, en Pamplona Mola ultima sus preparativos y sus contactos con la dirección carlista que le ha prometido 6000 requetés armados para la mañana siguiente.

En Madrid, el jefe de Gobierno, Casares Quiroga, que no ha dado credibilidad a las informaciones del Director de seguridad, advirtiéndole de la inminencia de un golpe militar, dimite. El presidente de la República nombra jefe de gobierno a Martínez Barrio, el líder más moderado del Frente Popular, que anuncia que la situación está controlada. Aunque por la tarde del 18 la rebelión se va extendiendo a todo el Protectorado, las Canarias, Navarra y algunas ciudades del sur del país.

Entretanto, Álvaro Carreño está pegado, al igual que su padre, a la radio para enterarse de qué diablos está pasando. Vuelve loco el dial tratando de encontrar una emisora que informe de manera clara y creíble, pero solo escuchan avisos alarmistas y noticias contradictorias: <<¡Pueblo de España! ¡Mantente a la escucha! ¡No apagues la radio! Esta emisora te dirá la verdad…>>…. Hasta escuchan una proclama que parece ser de La Pasionaria: <<Trabajadores, antifascistas… todos en pie, dispuestos a defender la República, las libertades populares y las conquistas democráticas del pueblo…>> Hasta que se cansan y apagan la radio.

   -Papá, no sé qué hacer –confiesa Álvaro.

   -Creo que lo mejor será esperar, a ver si el gobierno emite un comunicado oficial sobre lo que puede ser un golpe de estado, porque desde la tarde de ayer hasta ahora la situación parece muy incierta –le aconseja su padre.

   -¿Tú crees?

   -Hombre, para tratarse de una conspiración contra el gobierno en toda regla da la impresión de que está encontrando muchas dificultades. Los levantamientos contra el poder constituido siempre intentan primero apoderarse de los principales órganos de gobierno, que residen en Madrid, y en la ciudad la situación parece controlada –razona Julio.

   -De acuerdo, pero soy militar y no puedo ni debo esperar. Si hubiese estado en el Velasco me atendría a lo que ordenara mi comandante, pero aquí debo tomar una decisión por mi cuenta y no sé cuál puede ser la correcta. La verdad, papá, no sé qué hacer –repite Álvaro.

El marino intenta recordar qué compañeros viven en Madrid o pueden estar de vacaciones en la capital e inmediatamente le viene a la mente un nombre: Santiago Andrade, compañero de promoción y que, como él, es alférez de navío, en su caso en el destructor Alsedo, que tiene su base en Cartagena, y del que sabe que también está de permiso en Madrid. Le telefonea.

   -Santi, ¿sabes qué está sucediendo?

   -¡Manda carallo cómo está el patio! Mi padre se ha enterado de que, con excepción de Marruecos, Pamplona, las Canarias y posiblemente Zaragoza, poco se sabe de las guarniciones declaradas en rebeldía.

   -Y aquí en Madrid, ¿cómo está la situación?

   -Aquí parece que la situación es un completo caos, nadie sabe a qué atenerse.

   -¿Entonces qué hacemos, esperamos a que nos llamen?

   -Yo creo que es lo más prudente y es lo que también me aconseja mi padre, a ver si mientras tanto podemos enterarnos de qué lado sopla el viento para tenerlo de popa.

   -Pero tal como parece que están evolucionando los acontecimientos, podemos tardar varios días en saber cuál es el viento dominante, ¿y mientras tanto qué?

   -Pues qué quieres que te diga, Álvaro. Hemos tenido mala suerte. Si esto ocurre hace cinco días, esta galerna nos hubiese cogido en nuestros destinos y no hubiésemos tenido que pensar ni decidir nada, nos habríamos limitado a seguir las órdenes de nuestros comandantes y punto.

   -Ya que hablas de nuestros destinos. He intentado llamar al Velasco que, como sabes, está en Ferrol, pero las comunicaciones están bloqueadas. ¿Tú sabes algo del Alsedo?

   -Directamente del buque no, pero he podido comunicar con el arsenal y, tras identificarme, he pedido que me pusieran con el oficial de guardia del Alsedo. No sé quién ha debido de coger el teléfono, pero la respuesta ha sido de sainete. Todo lo que me han dicho es que el Alsedo, al mando del capitán de corbeta don Emilio Cano-Manuel, ha zarpado rumbo al mar de Alborán. Y cuando he preguntado, como integrante de su dotación, qué debería hacer, se ha cortado la comunicación.

   -¿Sabes qué?, he seguido pensando mientras charlábamos y lo he decidido: voy a acercarme al Ministerio de Marina a preguntar qué hago. ¿Quieres venir? –Al otro lado de la línea hay un silencio que se prolonga unos segundos hasta que llega la respuesta.

   -Voy a hacer caso a mi padre, esperaré a ver de dónde sopla el viento. Ya me contarás qué te dicen.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 15. El último tren