viernes, 23 de junio de 2023

Libro IV. Episodio 1. España comienza a partirse

Crispación. El año 1933 comienza mal para la joven república española, aunque la mayoría de los hermanos Carreño están demasiado inmersos en su trabajo o en sus estudios, los más jóvenes, para cerciorarse de la crispación social. Hay excepciones. Una es el padre del clan pues, en su tertulia del café Comercial, el tema de las dos Españas es objeto de constante debate y hay un grupito de contertulios que mantiene que, en el futuro, las diferencias entre ideologías se resolverán en las urnas y no a tiro limpio. Otro miembro del clan que también es consciente de la situación es el primogénito, Álvaro debate a menudo con otros oficiales de la Armada sobre el tenso y lábil estado de la política nacional, y son mayoría los oficiales que opinan que los políticos republicanos solo gobiernan para un sector de la sociedad, aunque lo que más enerva a la oficialidad son las ansias autonomistas de vascos y catalanes, pues para el ejército la unidad de la patria es sagrada y prefieren un país rojo antes que un país roto. El tercer miembro, igualmente conocedor de la realidad sociopolítica del país, es Pilar que, en las reuniones con sus amigos de la Institución Libre de Enseñanza, ha escuchado, en más de una ocasión, que el país se ha europeizado y ha dejado atrás la España inferior que ora y embiste de Machado, y que no parece que ninguna clase de violencia vaya a afectar a la España que se adentra en el segundo tercio del siglo XX.

La realidad es otra. El país está partido ideológicamente y hay excesiva crispación y violencia en el ambiente que, llegado a un punto extremo, puede conducir a la guerra, pero que también puede servir de yunque para destrozar o forjar el temple de un individuo, de una familia, de una generación. La segunda generación de los Carreño no lo sabe, pero su temple se va a forjar en ese yunque.

En enero se produce un trágico suceso en el gaditano pueblo de Casas Viejas. Un grupo de campesinos, afiliados a la Confederación Nacional del Trabajo, inicia una revuelta y, armados con escopetas y pistolas, rodean el cuartel de la Guardia Civil produciéndose una lucha en la que dos guardias caen heridos. Tras dura refriega, los agentes rodean la choza de un viejo carbonero, apodado Seisdedos, y la queman con personas dentro. Se produce una desaforada represión y las fuerzas de seguridad abandonan el pueblo dejando a veintidós muertos; tres guardias corren la misma suerte. La verdad de los hechos tarda en conocerse, pero cuando la tragedia se difunde causa un enorme escándalo mediático y parlamentario que conmociona a la sociedad española. El gobierno de Azaña actúa con torpeza al tratar de eludir las responsabilidades. El sangriento suceso se convierte en el tema estrella de la tertulia del Comercial. Los tertulianos de izquierdas defienden la actuación del gobierno; los liberales y los de derechas lo acusan de dictatorial y represivo. En febrero, las Cortes ratifican la confianza al gobierno en el debate de los sucesos de Casas Viejas, aunque los simpatizantes derechistas siguen opinando que de un gobierno capaz de tolerar la atroz vulneración de los derechos civiles no puede esperarse mucho.

En el plano internacional, y a toro pasado, en la tertulia del Comercial se comenta las últimas elecciones norteamericanas, del 32, para la presidencia del país, en las que se eligió a Franklin D. Roosevelt que, en su toma de posesión, proclamó que a lo único que hay que tenerle miedo es al miedo mismo, en un intento de animar a sus compatriotas sumidos en la Gran Depresión. La elección apenas si merece un comentario marginal de los contertulios.

   -¿Sabéis que el tal Roosevelt está medio paralítico? –comenta Rúas.

   -Pues un paralítico no es el más adecuado para sacar a los yanquis del hoyo en el que están metidos –replica Infantes.

Mayor atención concitan las elecciones alemanas, de principios de marzo, en las que el partido nazi gana las elecciones, y días después el Reichstag aprueba una ley por la que se conceden plenos y excepcionales poderes al gobierno de Hitler.

Ajenos a los acontecimientos internacionales, los Carreño vuelven a plantearse el debate de dónde veranear. Varios de los chicos insisten en que tendrían que volver a una playa mediterránea, pues su anterior veraneo en Las Villas de Benicássim, se vio interrumpido por la Sanjurjada.

   -Que no, hijos, que hace mucho calor, mejor Galicia, así igual tendríamos la ocasión de ver a Álvaro, pues su barco suele recalar en Ferrol y en Marín –sugiere Julia.

   -Mamá, que en el norte solo hay sol uno de cada tres días –rebate Pilar.

Como no se ponen de acuerdo, aplazan el debate hasta que julio esté más avanzado. Mientras, Pilar se trabaja a sus hermanos para que apoyen su propuesta de ir al Mediterráneo, incluso les da el nombre de la localidad costera a la que quiere ir, Denia.    

En el marco político, pese a que las Cortes han librado al gobierno de toda culpa sobre Casas Viejas, continúa el malestar en la sociedad, y los partidos políticos monárquicos y liberales mantienen una cerrada oposición, por lo que en junio Azaña presenta su dimisión al presidente de la república, que encarga a Alejandro Lerroux formar nuevo gobierno. El líder del partido radical, debido al aislamiento a que se ve sometido, plantea una cuestión de confianza que no supera y dimite. El presidente de la república vuelve encargar a Azaña formar gobierno que tiene una vida breve, pues a principios de septiembre Azaña vuelve a presentar su dimisión. En su corto mandato se toma una importante medida: aprobar un nuevo sistema electoral que prima a las listas electorales más votadas, medida que altera el mapa electoral.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 2. ¿Qué hacemos con los chicos?

Postinfo 23.06.23

 

Como decía la pasada semana, hoy comienzo a publicar los episodios del Libro IV y postrero de la novela Los Carreño. Se titula Guerras, pues el escenario en que se desenvuelve la familia, primero es la Guerra Civil española, y luego la II Guerra Mundial.

Las guerras quizás son el exponente máximo de lo absurdo y de la irracionalidad del ser humano. La humanidad, en el correr de los siglos, ha avanzado en muchos campos, pero no en el de los conflictos bélicos. Hombres y mujeres siguen desangrándose en las trincheras, basta con echar una ojeada a cualquier periódico.

Los Carreño sufren dos guerras que se solapan, aunque es en el enfrentamiento entre españoles donde más padecen los avatares bélicos, pero también donde se forja la unidad indestructible de los hermanos Carreño.

viernes, 16 de junio de 2023

Postinfo 16.06.23:

El episodio colgado  hoy es el último del Libro III de Los Carreño. La semana próxima comenzaré a publicar los episodios del Libro IV y postrero de la novela. Se titula Guerras, pues los Carreño han de desenvolverse en medio de escenarios bélicos. Primero, la Guerra Civil española que coge a la familia desperdigada por la península: los pequeños y la madre están veraneando en Suances (Santander); Álvaro, primero en Madrid y luego en Ferrol; los mayores y el padre en Madrid. A lo largo del conflicto, algunos miembros de la familia vivieron en Santander, Valencia, Cádiz y Palma de Mallorca antes de poder volver a juntarse gracias a la tenacidad y resolución de Álvaro.

Acabada la tragedia española, cinco meses después comienza la II Guerra Mundial, que también afecta a los Carreño, aunque no de forma tan concluyente como el conflicto civil.

Es en este crisol bélico donde se forja la unidad indestructible de los hermanos Carreño.

 

Libro III Episodio 200. Si vis pacem, vigila milites

   En su última carta, Álvaro se queja de los estatutos catalán y vasco como preludio de una posible partición de España. Cuenta además que el Príncipe Alfonso, en unión de los cruceros Cervantes y Almirante Cervera, zarpó para la bahía de Alcudia, donde efectuaron ejercicios con torpedos. Y días después partieron hacia Palma para vigilar los ejercicios efectuados en combinación con otras flotillas entre Tarragona y Barcelona. Días más tarde han estado realizando diferentes ejercicios entre Alcudia, Pollensa y Mahón. Y en la tercera misiva de la serie, dice que han estado fondeados en la bahía de Rosas efectuando ejercicios de desembarcos hasta el 4 de mayo en que partieron para Cartagena. Días después, los Carreño reciben una visita que no esperaban, la de Álvaro. Su madre nada más verle lo primero que piensa es que debe de estar enfermo.

   -Hijo, ¿te pasa algo. Creíamos por tus cartas que estabas en Cartagena -Álvaro, tras tranquilizar a su madre asegurándole que está perfectamente, le explica el motivo de su inesperada llegada a la capital.

   -Como también soy profesor de educación física, el comandante del Príncipe Alfonso me ha comisionado para venir a Madrid al frente del equipo del buque que tomará parte en el IV Concurso de atletismo de la Marina que se celebrará a partir de pasado mañana.

   -Paca, ya le estás preparando la habitación a Álvaro –manda Julia.

   -No es necesario, mamá. Tengo que estar con el equipo y no podré quedarme en casa. Quizá pueda venir algún día a cenar. Solo he venido a daros un beso, y ahora me bajo a la farmacia a saludar a los hermanos.

   Tres días después, el azar altera los planes del marino. Durante uno de los entrenamientos sufre la fractura de la cabeza del radio del brazo izquierdo, quedando hospitalizado en la clínica militar de la calle de Blasco Ibáñez. Durante su hospitalización, que se alarga al surgir complicaciones, algún miembro de la familia le visita diariamente y le trae fruta, periódicos, libros y cuanto necesite. Cuando el visitante es su padre o alguno de sus hermanos mayores, la conversación suele recaer sobre la situación política y la preocupante deriva anticlerical y antimilitarista que, en opinión de Julio, está tomando la II República y que causa un profundo malestar a las fuerzas armadas, a la Iglesia católica y a los sectores más conservadores de la sociedad.

   Dado que ya es julio y la recuperación de Álvaro sigue estancada, el cabeza de familia, tras consultarlo con su esposa, toma una resolución que comunica a los demás.

   -Mamá y yo hemos decidido que este año veranearemos según marque la evolución de la fractura de Álvaro.

   Son varias las caras que muestran su fastidio ante la resolución paterna, pero nadie osa disentir. Andrés, que junto con Pilar, es uno de los más atrevidos del clan, pregunta:

   -¿Y qué pasa si el tato no se cura hasta que termine el verano?

   -En ese caso, no habrá veraneo. Os tendréis que acostumbrar a ir a la Casa de Campo o al Parque del Oeste y quizá podamos sacar unos bonos para alguna piscina.

    A mediados de julio, a Álvaro le quitan la escayola del brazo y es dado de alta por lo que los Carreño comienzan a planear el veraneo. Otra vez se plantean el dilema de a qué costa ir y a quien primero preguntan es al primogénito. Álvaro lo tiene claro, le gustaría ir a alguna playa gaditana pues confiesa, ante el asombro de los suyos, que en San Fernando tuvo una media novia en los años que estuvo en la Escuela Naval, y le gustaría recuperarla. Volver al sur no estaba entre los planes de la familia, pues su último verano en Suances les hizo descubrir lo que supone no pasar calor en verano, pero a nadie se le ocurre discutir la propuesta del primogénito. El plan de volver al litoral gaditano dura cuarenta y ocho horas, tiempo suficiente para que llegue una orden del ministerio de Marina en la que se comunica al alférez de navío, don Álvaro Carreño Manzano que, tras ser dado de alta y en el plazo ineludible de cuarenta y ocho horas, debe incorporarse a su destino de Valencia, en cuyo puerto de El Grao está amarrado el Príncipe Alfonso.

   -¡Nuestro gozo en un pozo, hijo! –Exclama Julia-. La Marina no tiene sentimientos, tendría que haberte dado al menos un mes de permiso después de tanto tiempo de convalecencia.

   -Mamá, en lugar de quejarte échame una mano con el equipaje.

   Días después de la marcha de Álvaro, el 27 de julio, se celebra en la plaza de toros de Las Ventas un acto multitudinario contra el Estatuto de autonomía de Cataluña, organizado por diversas entidades políticas y sociales vinculadas a los partidos de derechas. Algunos de los oradores presentan el Estatuto como una flagrante amenaza a la unidad de España. La portada del ABC del día siguiente califica de mitin monstruo el acto de afirmación nacional, y en páginas interiores lo describe como un gran acto españolista y apolítico. Al acto asisten todos los Carreño, respaldando como una piña a su padre.

   Este año es Pilar la que se sale con la suya, van a pasar parte de agosto en una playa mediterránea al parecer bastante popular entre la burguesía valenciana: Las Villas de Benicássim, en la costa norte de Castellón. Allí les coge un fallido golpe de estado contra la II República que se conocerá como la Sanjurjada, pues la lidera el general José Sanjurjo. La asonada se produce en la madrugada del 10 de agosto de 1932 en Sevilla e inicialmente parece triunfar en la ciudad hispalense, pero no en el resto del territorio nacional, pues en el levantamiento​ solo toma parte una pequeña fracción del ejército, lo que supone su rotundo fracaso. Constituye el primer levantamiento contra la República, y convence a los políticos republicanos de que el peligro de los golpes militares ha pasado y que la aceptación de la República es definitiva.

   Ante las primeras noticias del golpe militar, el patriarca de los Carreño no se lo piensa un segundo, reúne a su camada, les explica lo que está ocurriendo, y antes de que la asonada vaya a más los mete en el primer tren con destino a Madrid. Pilar, que se lo estaba pasando en grande, ha mostrado un conato de rebeldía, pero la oposición de la joven se diluye cuando su padre le explica:

   -Pilar, no sabemos cómo va a terminar lo de Sanjurjo y piensa que si se enteran los republicanos de por aquí que tienes un hermano que es oficial de la Marina podrían volverse contra nosotros.

   Ya de vuelta en Madrid, reciben a los pocos días carta de Álvaro en la que les cuenta que muchos oficiales antirrepublicanos no se unieron al golpe porque consideraron que estaba insuficientemente planteado y sus fines de que retornara la monarquía resultaban poco realistas, calificando el levantamiento como una chapuza. Asimismo, les refiere que zarparon de El Grao para Cartagena, amarrando en el malecón de La Curra pues tenían que recibir la bandera de combate del buque. Y que posteriormente partieron para Ceuta, luego a Cádiz desde donde zarparán para Ferrol. Desde allí volverá a escribirles.

   En septiembre, las Cortes reforman el Código Penal, en el que la pena de muerte y la condena de cadena perpetua desaparecen del cuadro de penas. La condena más grave es la de reclusión mayor, reservada a los hombres, y que puede llegar a durar treinta años. A las mujeres no se les impondrá esa sanción, pero también podrán estar encerradas cumpliendo una pena privativa de libertad hasta un máximo de treinta años. Con medidas como esa, parece que por fin España está en camino de igualar los estándares sociales de los países más democráticos. Aunque en la tertulia del café Comercial no todos están de acuerdo.

   -Medidas como las que acaba de tomar el Gobierno son las que convertirán a España en una nación donde los gánsteres, los mafiosos y los bandidos de todo tipo se van a hacer los amos del cotarro. Que Dios nos ampare –se lamenta el relojero.

   -Querido Gutiérrez, lamento llevarle la contraria. El que un gobierno, sea cual fuere, tenga el poder de acabar con la vida de un ser humano es una monstruosidad. Ese tipo de condena quizá estuviese justificada en la Edad Media, pero de ninguna manera en pleno siglo veinte. Permítame ponerle un ejemplo para que compruebe lo errado que está. Si la pena de muerte y la de cadena perpetua no la hubiesen derogado, su amigo Sanjurjo seguiría en el penal del Dueso y no estaría veraneando en Estoril donde, al parecer, continúa conspirando contra la República –afirma Infantes.

   -A propósito de Sanjurjo, yo el peligro lo veo en otra parte –apunta Valdés, el funcionario de Gobernación-, y es que los militares más antirrepublicanos y los sectores sociales más derechistas hayan aprendido la lección de la Sanjurjada, y que el siguiente golpe militar no sea una chapuza carpetovetónica sino una asonada más preparada.

   -No diga bobadas, Lisardo –rebate otro contertulio-, la Ley Azaña se ha encargado de limarle las garras al Ejército y los partidos de derechas son como el perro del cuento, mucho ladrar pero poco morder. Afortunadamente, ahora lo que cuenta en España son las papeletas de las urnas y no el ruido de los sables en los cuarteles.

   Antes de que Valdés pueda contestar, otro tertuliano le pregunta:

   -Lisardo, ¿acaso cree que puede producirse otro golpe militar? Y, si ello sucediera, ¿estaríamos ante una hipotética guerra civil?

   -Hasta ahí no llego, pero opino que el Gobierno, en lugar de machacar a las fuerzas armadas, debería prestarles más atención y no perder de vista a los oficiales y jefes más jóvenes. Parafraseando el conocido adagio latino de si vis pacem, para bellum, se podría decir si vis pacem, vigila milites.

   -A ver Valdés, ¿qué quiere decir con ese latinajo? –le interpela Hernández, el tendero.

   -Qué si la República quiere la paz deberá vigilar a los militares –traduce Valdés.

   -Qué gran verdad ha dicho Lisardo –afirma Iglesias-. En mi partido hay la creencia de que algunos uniformados no están con la República, aunque hayan prometido defenderla. Sobre todo los que llaman africanistas que, como saben, son los que han alcanzado importantes ascensos en la guerra contra los moros. 

   Al oír al frutero, Julio no puede reprimirse y objeta al tertuliano socialista.

   -No solo los africanistas sienten ojeriza hacia la política republicana, sino que muchos oficiales, que aceptaron de buen grado la llegada de la República, ahora están que se suben por las paredes por la deriva que ha producido la política de Azaña contra el ejército.

   -Estoy de acuerdo con lo dicho por el amigo Carreño –corrobora Infantes-. Tengo un par de amigos militares que no tuvieron reparo alguno en hacer el juramento de defender la República, pero después de las leyes de Azaña y de sus balandronadas de que iba a triturar el ejército, se han vuelto enemigos del espíritu republicano.

   -Supongo que en las fuerzas armadas habrá casos de todo, de los que miran con simpatía a la República y de los que no están contentos con la legislación que está promulgando, pero de ahí a que haya militares que se levanten en armas contra una República que ha surgido del pueblo, opino que media un abismo. No creo que pueda producirse un golpe de estado, eso es algo del siglo pasado –afirma Valdés-…; claro que la historia da muchas vueltas y nunca se sabe lo qué puede ocurrir.

   -El problema de que la República caiga mal en determinados ambientes no solo es entre algunos militares, yo tengo clientes civiles que echan pestes de ella –comenta Magín el sastre.

   -¿Y qué puede esperarse de los clientes de una sastrería del barrio de Salamanca?, a buen seguro que todos son unos cochinos burgueses –reprocha Iglesias.

   -Sin faltar, Rufino, que yo no me he metido con los clientes de su frutería –responde, malhumorado, Chaves.

   -Si quieren oír mi opinión, creo que tenemos república para años, por muy mal que los gobernantes de ahora lo hagan. En cuanto los republicanos dejen de gobernar para medio país, las aguas volverán a su cauce y, dentro de muchos años, tendremos que explicarles a nuestros nietos qué coño era la monarquía –asegura Gutiérrez, el relojero.

   -Qué así sea, Ricardo, pero de todos modos yo no perdería de vista a los milicos como los llaman en la Argentina –remacha Valdés.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Guerra, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 201.