viernes, 16 de junio de 2023

Postinfo 16.06.23:

El episodio colgado  hoy es el último del Libro III de Los Carreño. La semana próxima comenzaré a publicar los episodios del Libro IV y postrero de la novela. Se titula Guerras, pues los Carreño han de desenvolverse en medio de escenarios bélicos. Primero, la Guerra Civil española que coge a la familia desperdigada por la península: los pequeños y la madre están veraneando en Suances (Santander); Álvaro, primero en Madrid y luego en Ferrol; los mayores y el padre en Madrid. A lo largo del conflicto, algunos miembros de la familia vivieron en Santander, Valencia, Cádiz y Palma de Mallorca antes de poder volver a juntarse gracias a la tenacidad y resolución de Álvaro.

Acabada la tragedia española, cinco meses después comienza la II Guerra Mundial, que también afecta a los Carreño, aunque no de forma tan concluyente como el conflicto civil.

Es en este crisol bélico donde se forja la unidad indestructible de los hermanos Carreño.

 

Libro III Episodio 200. Si vis pacem, vigila milites

   En su última carta, Álvaro se queja de los estatutos catalán y vasco como preludio de una posible partición de España. Cuenta además que el Príncipe Alfonso, en unión de los cruceros Cervantes y Almirante Cervera, zarpó para la bahía de Alcudia, donde efectuaron ejercicios con torpedos. Y días después partieron hacia Palma para vigilar los ejercicios efectuados en combinación con otras flotillas entre Tarragona y Barcelona. Días más tarde han estado realizando diferentes ejercicios entre Alcudia, Pollensa y Mahón. Y en la tercera misiva de la serie, dice que han estado fondeados en la bahía de Rosas efectuando ejercicios de desembarcos hasta el 4 de mayo en que partieron para Cartagena. Días después, los Carreño reciben una visita que no esperaban, la de Álvaro. Su madre nada más verle lo primero que piensa es que debe de estar enfermo.

   -Hijo, ¿te pasa algo. Creíamos por tus cartas que estabas en Cartagena -Álvaro, tras tranquilizar a su madre asegurándole que está perfectamente, le explica el motivo de su inesperada llegada a la capital.

   -Como también soy profesor de educación física, el comandante del Príncipe Alfonso me ha comisionado para venir a Madrid al frente del equipo del buque que tomará parte en el IV Concurso de atletismo de la Marina que se celebrará a partir de pasado mañana.

   -Paca, ya le estás preparando la habitación a Álvaro –manda Julia.

   -No es necesario, mamá. Tengo que estar con el equipo y no podré quedarme en casa. Quizá pueda venir algún día a cenar. Solo he venido a daros un beso, y ahora me bajo a la farmacia a saludar a los hermanos.

   Tres días después, el azar altera los planes del marino. Durante uno de los entrenamientos sufre la fractura de la cabeza del radio del brazo izquierdo, quedando hospitalizado en la clínica militar de la calle de Blasco Ibáñez. Durante su hospitalización, que se alarga al surgir complicaciones, algún miembro de la familia le visita diariamente y le trae fruta, periódicos, libros y cuanto necesite. Cuando el visitante es su padre o alguno de sus hermanos mayores, la conversación suele recaer sobre la situación política y la preocupante deriva anticlerical y antimilitarista que, en opinión de Julio, está tomando la II República y que causa un profundo malestar a las fuerzas armadas, a la Iglesia católica y a los sectores más conservadores de la sociedad.

   Dado que ya es julio y la recuperación de Álvaro sigue estancada, el cabeza de familia, tras consultarlo con su esposa, toma una resolución que comunica a los demás.

   -Mamá y yo hemos decidido que este año veranearemos según marque la evolución de la fractura de Álvaro.

   Son varias las caras que muestran su fastidio ante la resolución paterna, pero nadie osa disentir. Andrés, que junto con Pilar, es uno de los más atrevidos del clan, pregunta:

   -¿Y qué pasa si el tato no se cura hasta que termine el verano?

   -En ese caso, no habrá veraneo. Os tendréis que acostumbrar a ir a la Casa de Campo o al Parque del Oeste y quizá podamos sacar unos bonos para alguna piscina.

    A mediados de julio, a Álvaro le quitan la escayola del brazo y es dado de alta por lo que los Carreño comienzan a planear el veraneo. Otra vez se plantean el dilema de a qué costa ir y a quien primero preguntan es al primogénito. Álvaro lo tiene claro, le gustaría ir a alguna playa gaditana pues confiesa, ante el asombro de los suyos, que en San Fernando tuvo una media novia en los años que estuvo en la Escuela Naval, y le gustaría recuperarla. Volver al sur no estaba entre los planes de la familia, pues su último verano en Suances les hizo descubrir lo que supone no pasar calor en verano, pero a nadie se le ocurre discutir la propuesta del primogénito. El plan de volver al litoral gaditano dura cuarenta y ocho horas, tiempo suficiente para que llegue una orden del ministerio de Marina en la que se comunica al alférez de navío, don Álvaro Carreño Manzano que, tras ser dado de alta y en el plazo ineludible de cuarenta y ocho horas, debe incorporarse a su destino de Valencia, en cuyo puerto de El Grao está amarrado el Príncipe Alfonso.

   -¡Nuestro gozo en un pozo, hijo! –Exclama Julia-. La Marina no tiene sentimientos, tendría que haberte dado al menos un mes de permiso después de tanto tiempo de convalecencia.

   -Mamá, en lugar de quejarte échame una mano con el equipaje.

   Días después de la marcha de Álvaro, el 27 de julio, se celebra en la plaza de toros de Las Ventas un acto multitudinario contra el Estatuto de autonomía de Cataluña, organizado por diversas entidades políticas y sociales vinculadas a los partidos de derechas. Algunos de los oradores presentan el Estatuto como una flagrante amenaza a la unidad de España. La portada del ABC del día siguiente califica de mitin monstruo el acto de afirmación nacional, y en páginas interiores lo describe como un gran acto españolista y apolítico. Al acto asisten todos los Carreño, respaldando como una piña a su padre.

   Este año es Pilar la que se sale con la suya, van a pasar parte de agosto en una playa mediterránea al parecer bastante popular entre la burguesía valenciana: Las Villas de Benicássim, en la costa norte de Castellón. Allí les coge un fallido golpe de estado contra la II República que se conocerá como la Sanjurjada, pues la lidera el general José Sanjurjo. La asonada se produce en la madrugada del 10 de agosto de 1932 en Sevilla e inicialmente parece triunfar en la ciudad hispalense, pero no en el resto del territorio nacional, pues en el levantamiento​ solo toma parte una pequeña fracción del ejército, lo que supone su rotundo fracaso. Constituye el primer levantamiento contra la República, y convence a los políticos republicanos de que el peligro de los golpes militares ha pasado y que la aceptación de la República es definitiva.

   Ante las primeras noticias del golpe militar, el patriarca de los Carreño no se lo piensa un segundo, reúne a su camada, les explica lo que está ocurriendo, y antes de que la asonada vaya a más los mete en el primer tren con destino a Madrid. Pilar, que se lo estaba pasando en grande, ha mostrado un conato de rebeldía, pero la oposición de la joven se diluye cuando su padre le explica:

   -Pilar, no sabemos cómo va a terminar lo de Sanjurjo y piensa que si se enteran los republicanos de por aquí que tienes un hermano que es oficial de la Marina podrían volverse contra nosotros.

   Ya de vuelta en Madrid, reciben a los pocos días carta de Álvaro en la que les cuenta que muchos oficiales antirrepublicanos no se unieron al golpe porque consideraron que estaba insuficientemente planteado y sus fines de que retornara la monarquía resultaban poco realistas, calificando el levantamiento como una chapuza. Asimismo, les refiere que zarparon de El Grao para Cartagena, amarrando en el malecón de La Curra pues tenían que recibir la bandera de combate del buque. Y que posteriormente partieron para Ceuta, luego a Cádiz desde donde zarparán para Ferrol. Desde allí volverá a escribirles.

   En septiembre, las Cortes reforman el Código Penal, en el que la pena de muerte y la condena de cadena perpetua desaparecen del cuadro de penas. La condena más grave es la de reclusión mayor, reservada a los hombres, y que puede llegar a durar treinta años. A las mujeres no se les impondrá esa sanción, pero también podrán estar encerradas cumpliendo una pena privativa de libertad hasta un máximo de treinta años. Con medidas como esa, parece que por fin España está en camino de igualar los estándares sociales de los países más democráticos. Aunque en la tertulia del café Comercial no todos están de acuerdo.

   -Medidas como las que acaba de tomar el Gobierno son las que convertirán a España en una nación donde los gánsteres, los mafiosos y los bandidos de todo tipo se van a hacer los amos del cotarro. Que Dios nos ampare –se lamenta el relojero.

   -Querido Gutiérrez, lamento llevarle la contraria. El que un gobierno, sea cual fuere, tenga el poder de acabar con la vida de un ser humano es una monstruosidad. Ese tipo de condena quizá estuviese justificada en la Edad Media, pero de ninguna manera en pleno siglo veinte. Permítame ponerle un ejemplo para que compruebe lo errado que está. Si la pena de muerte y la de cadena perpetua no la hubiesen derogado, su amigo Sanjurjo seguiría en el penal del Dueso y no estaría veraneando en Estoril donde, al parecer, continúa conspirando contra la República –afirma Infantes.

   -A propósito de Sanjurjo, yo el peligro lo veo en otra parte –apunta Valdés, el funcionario de Gobernación-, y es que los militares más antirrepublicanos y los sectores sociales más derechistas hayan aprendido la lección de la Sanjurjada, y que el siguiente golpe militar no sea una chapuza carpetovetónica sino una asonada más preparada.

   -No diga bobadas, Lisardo –rebate otro contertulio-, la Ley Azaña se ha encargado de limarle las garras al Ejército y los partidos de derechas son como el perro del cuento, mucho ladrar pero poco morder. Afortunadamente, ahora lo que cuenta en España son las papeletas de las urnas y no el ruido de los sables en los cuarteles.

   Antes de que Valdés pueda contestar, otro tertuliano le pregunta:

   -Lisardo, ¿acaso cree que puede producirse otro golpe militar? Y, si ello sucediera, ¿estaríamos ante una hipotética guerra civil?

   -Hasta ahí no llego, pero opino que el Gobierno, en lugar de machacar a las fuerzas armadas, debería prestarles más atención y no perder de vista a los oficiales y jefes más jóvenes. Parafraseando el conocido adagio latino de si vis pacem, para bellum, se podría decir si vis pacem, vigila milites.

   -A ver Valdés, ¿qué quiere decir con ese latinajo? –le interpela Hernández, el tendero.

   -Qué si la República quiere la paz deberá vigilar a los militares –traduce Valdés.

   -Qué gran verdad ha dicho Lisardo –afirma Iglesias-. En mi partido hay la creencia de que algunos uniformados no están con la República, aunque hayan prometido defenderla. Sobre todo los que llaman africanistas que, como saben, son los que han alcanzado importantes ascensos en la guerra contra los moros. 

   Al oír al frutero, Julio no puede reprimirse y objeta al tertuliano socialista.

   -No solo los africanistas sienten ojeriza hacia la política republicana, sino que muchos oficiales, que aceptaron de buen grado la llegada de la República, ahora están que se suben por las paredes por la deriva que ha producido la política de Azaña contra el ejército.

   -Estoy de acuerdo con lo dicho por el amigo Carreño –corrobora Infantes-. Tengo un par de amigos militares que no tuvieron reparo alguno en hacer el juramento de defender la República, pero después de las leyes de Azaña y de sus balandronadas de que iba a triturar el ejército, se han vuelto enemigos del espíritu republicano.

   -Supongo que en las fuerzas armadas habrá casos de todo, de los que miran con simpatía a la República y de los que no están contentos con la legislación que está promulgando, pero de ahí a que haya militares que se levanten en armas contra una República que ha surgido del pueblo, opino que media un abismo. No creo que pueda producirse un golpe de estado, eso es algo del siglo pasado –afirma Valdés-…; claro que la historia da muchas vueltas y nunca se sabe lo qué puede ocurrir.

   -El problema de que la República caiga mal en determinados ambientes no solo es entre algunos militares, yo tengo clientes civiles que echan pestes de ella –comenta Magín el sastre.

   -¿Y qué puede esperarse de los clientes de una sastrería del barrio de Salamanca?, a buen seguro que todos son unos cochinos burgueses –reprocha Iglesias.

   -Sin faltar, Rufino, que yo no me he metido con los clientes de su frutería –responde, malhumorado, Chaves.

   -Si quieren oír mi opinión, creo que tenemos república para años, por muy mal que los gobernantes de ahora lo hagan. En cuanto los republicanos dejen de gobernar para medio país, las aguas volverán a su cauce y, dentro de muchos años, tendremos que explicarles a nuestros nietos qué coño era la monarquía –asegura Gutiérrez, el relojero.

   -Qué así sea, Ricardo, pero de todos modos yo no perdería de vista a los milicos como los llaman en la Argentina –remacha Valdés.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Guerra, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 201.

viernes, 9 de junio de 2023

Libro III Episodio 199. La Ley del divorcio

   A la pregunta de Ramírez de quién es el Africano, el perfumista bisbisea:

   -El Rey.

   En los primeros días, Julio ha intervenido poco en la tertulia, solo lo ha hecho cuando le han preguntado, pero hoy ha llegado el momento de hablar, pues se está debatiendo un tema sobre el que tiene las ideas muy claras: el gobierno ha disuelto la Compañía de Jesús y ha expropiado sus bienes. La discusión provoca que los contertulios se dividan en dos bandos, los que están a favor y los que se posicionan en contra.

   -Ya era hora de que expulsaran a esas cucarachas que lo único que pretenden es cargarse a la República –afirma el frutero, que presume de socialista, porque se apellida Iglesias como el fundador del Partido Socialista Obrero Español.

   -Con todos mis respetos, señor Iglesias –Julio extrema la cortesía, pues es la primera vez que interviene-, pero eso no es verdad. Los jesuitas, como las demás órdenes religiosas, no se meten en política porque ese no es su cometido y más todavía una orden que, si en algo destaca, es en la enseñanza. Basta citar centros tan prestigiosos como Deusto o Comillas y, en un país como Estados Unidos, mayormente protestante, cuenta con universidades de enorme prestigio como Georgetown o Fordham –A Julio esa información se la ha pasado Álvaro-. Además, le recuerdo que la Compañía es de origen español, pues la fundó un vasco, San Ignacio de Loyola –Julio ha soltado la parrafada con una pasión que sorprende a sus contertulios.

   -Vaya, Carreño, no tenía ni idea de que tenemos un meapilas en la tertulia, dicho sea sin ánimo de ofender –arguye Iglesias.

   -Pues si llamándome meapilas no pretende ofenderme, no sé qué coño dirá cuando sí lo pretenda.

   -Señores, señores, no perdamos los papeles. Les recuerdo que un principio de la tertulia es poder discutir de todo, pero guardando siempre las formas. Por tanto, lo mejor será que cambiemos de tema. ¿Qué opinan sobre la ocupación de parte de China por el ejército japonés? Las últimas noticias dicen que en cualquier momento los nipones pueden ocupar Shanghái –Como descubrirá pronto Julio el relojero suele arrogarse el papel de árbitro cuando una discusión se encona.

   A casa de los Carreño ha llegado, desde Cartagena, carta de Álvaro. Les cuenta que sigue en la Escuela de submarinos donde muchos días se hacen a la mar, recalando en puertos como Santa Pola o Alicante. Está asignado al submarino B-5 y hasta el día de la fecha llevan realizadas veinte inmersiones, lo que le ha servido para saber que la vida bajo el mar no es lo suyo, por lo que, tras el cursillo, y si le es posible, no piensa volver a pisar un sumergible. Afortunadamente, el curso terminará a fines de enero.

   En febrero, la Iglesia católica organiza numerosas protestas contra la orden gubernamental de retirar los crucifijos de las escuelas. El matrimonio Carreño participa en la que se realiza en Madrid que partiendo de la Plaza de Colón llega a la Puerta del Sol, donde los organizadores de la marcha leen un escrito exigiendo la anulación del decreto que regula dicha medida. A la marcha, además de los padres, han asistido los hijos mayores de la familia, salvo los que se han quedado de turno en la farmacia y Julián a quien el ejército no le ha dado permiso para unirse a la marcha.

   Nueva carta de Álvaro. Desde primeros de febrero, está en la Escuela Aeronáutica de Barcelona para efectuar el cursillo de aviación, asistiendo a conferencias sobre bombardeos, navegación, radio y tácticas aéreas; también efectúan vuelos en aparatos tipo Savoia-Marchetti y Dornier, acumulando un total de 18 horas y 5 minutos de vuelo. Así como los submarinos no le gustaron nada, los aviones le han encantado. Se está pensando en si especializarse en aviación naval, aunque hay un problema: la armada española no posee portaaviones, solo un portahidroaviones, el Dédalo, que ha sido el primer buque portaaeronaves de la Armada Española.

   El 24 de febrero el debate de la tertulia del Comercial se anima ante la noticia de que unos días antes, Adolf Hitler se ha presentado como candidato a la presidencia de Alemania por el partido nazi. Los tertulianos conservadores muestran sus simpatías por el político austriaco, en cambio los que presumen de izquierdistas o liberales manifiestan su decidida repulsa por el personaje y lo que representa. La discusión no dura demasiado porque ese mismo día hay una noticia de enorme calado en la política nacional que revoluciona el gallinero: las Cortes acaban de aprobar el dictamen de la Ley del divorcio. Los tertulianos, independientemente de su ideología política, están de acuerdo en calificar la ley como un verdadero disparate que solo acarreará problemas familiares y sociales. Hay una excepción, Esteban Infantes, jefe de negociado del Ministerio de Fomento.

   -Pues caballeros, siento disentir, pero a mí me parece que ya era hora de que este país se alineara con la mayoría de las naciones desarrolladas en las que el divorcio es una realidad desde hace años. No estoy de acuerdo con buena parte de la legislación desarrollada por la República, pero este no es el caso. Lo de casarse para toda la vida es una antigualla que solo pervive en los estados menos evolucionados.

   -No para los católicos –afirma Rúas el relojero-. Cuando el matrimonio se celebra entre personas bautizadas, la unión se eleva a uno de los siete sacramentos de la Iglesia católica y no se puede romper. Por consiguiente, esa ley no regirá para los que somos católicos practicantes.

   Julio está en un tris de intervenir para apoyar la postura de Rúas, pero al ver que no hay respuesta por parte de Infantes se calla. Al salir del café, Ramírez le cuenta que Infantes está casado con una casquivana que le pone los cuernos con el primero que le dice dos palabritas, por lo que no es raro que apoye el divorcio. Debe de estar ansioso de quitarse de en medio a su adúltera cónyuge.

   Esa noche, en la sobremesa que los Carreño hacen tras cenar, Julio muestra su irritación por lo que califica como nuevo desmán republicano, la Ley del divorcio que atenta contra uno de los pilares de una sociedad como Dios manda, la indisolubilidad del matrimonio. Nadie opina lo contrario al estar educados en la fe cristiana. Solo hay una excepción, Pilar, que trata de ocultar su alegría por lo que estima que es un paso de gigante en el camino de la plena emancipación femenina. Por supuesto ni se le ocurre discutir con su padre, sabe perfectamente que contra la fe no hay razonamientos que valgan.

   En marzo la tertulia toca de refilón una noticia que en España pasa desapercibida, pero que en Estados Unidos, país en el que ha ocurrido, ha generado un terremoto social: el secuestro del hijo de veinte meses de Charles Lindbergh, el primer aviador que cruzó el Atlántico. Por el contrario, le dedican más tiempo a la constitución del gobierno del Estado libre de Irlanda, presidido por Éamon de Valera.

   -¿Quién dijo hace unos días que los ingleses son como los bulldogs que cuando muerden no sueltan la presa? –pregunta Valdés, el funcionario de Gobernación.

   -No les ha quedado otra, los irlandeses llevan luchando ni se sabe cuánto tiempo para independizarse. Les han dado la libertad porque les estaba costando un río de sangre, que si no…

   El 28 Álvaro termina el cursillo de aviación y cesa en la Escuela de Aeronáutica quedando en situación de disponible forzoso hasta que le sea asignado un nuevo destino, por lo que el marino regresa a Madrid. En casa la mayoría de las preguntas que le formulan tienen el mismo contenido:

   -¿Y ahora dónde te mandarán?

   -Donde la Armada estime oportuno, pero lo más probable es que me destinen a alguno de los buques de la flota.

   El 31 de marzo, le llega la notificación oficial: su nuevo destino es el crucero Príncipe Alfonso en el que ya estuvo embarcado cuando hizo prácticas. El buque está fondeado en la base naval de Cartagena, donde deberá presentarse el 7 de abril. Julio aprovecha esa semana para ver la mayoría de las películas que están en cartelera, así como dos obras de teatro: El otro, de Miguel de Unamuno y que interpreta la famosa actriz, Margarita Xirgu; y El místico, cuyo autor es Santiago Rusiñol y su principal intérprete Enrique Borrás. La pieza unamuniana no le gusta, en cambio le encanta la obra de Rusiñol. El 6 de abril se despide de la familia y marcha a Cartagena.

   La tertulia del Comercial de hoy, 12 de abril, tiene entre manos un asunto teutón: dos días antes el presidente Paul von Hindenburg ha sido reelegido por el pueblo alemán, y tan o más importante es el hecho de que ha derrotado por amplia mayoría a Adolf Hitler, el líder del partido nazi. La política exterior no suele interesar demasiado a los contertulios, pero sí la nacional, por eso se interesan más por lo que ocurre unos días después: el 19 de abril en las provincias Vascongadas, los alcaldes aprueban el anteproyecto de Estatuto vasco, lo que vuelve a encender las iras de los tertulianos.

   -Ya volvemos otra vez a las andadas como cuando el Estatuto de Cataluña. Si los Reyes Católicos levantaran la cabeza no reconocerían a esta España. ¿Por qué ese interés en desunir lo que lleva quinientos años o más unido? –se lamenta Ricardo Gutiérrez.

   -Yo le diré por qué, señor Gutiérrez, porque tenemos unos diputados que ni son patriotas ni aman a España –responde Magín Chaves, el sastre.

   -Mi hijo mayor, que como saben es oficial de la Marina, me cuenta que en las fuerzas armadas el enfado es monumental, pues si tuvieran que elegir entre una España roja y una rota, elegirían sin dudarlo la primera –les cuenta Julio.

   .No lo dudo, los militares son muy suyos, pero en tocante a patriotismo están entre los primeros –comenta Esteban Infantes.

   Que se lo digan a mi hijo, piensa Julio.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 200. Si vis pacem, vigila milites

viernes, 2 de junio de 2023

Libro III Episodio 198. La tertulia del café Comercial

 

   Una vez aprobada la constitución, las Cortes eligen presidente de la república a Niceto Alcalá Zamora, jurista y político adscrito al Partido Liberal Democrático, y el 15 de diciembre se forma un gobierno, integrado exclusivamente por republicanos, presidido por Manuel Azaña del partido Acción Republicana. La presidencia de Azaña supone un giro a la izquierda en las políticas del gobierno por lo que, aun siendo socialmente reformista, su actuación es mucho más anticlerical y antimilitarista.

   Una de las cosas que más echa de menos Julio es la tertulia del casino de Plasencia. El intercambio de opiniones, los debates, recibir información que de otra forma se te pasa por alto o escuchar lo que opinan personas mucho más educadas y cultas forman parte de lo que todavía no ha encontrado en Madrid. Le han contado que en la capital existen varios cafés en los que hay tertulias de todas clases y que a algunas de ellas acuden personajes famosos. Le han hablado de La Ballena Alegre, en el café Lion de la calle Alcalá, a la que asisten conocidos escritores y hasta toreros famosos, del Varela, el Negresco, el Manila…, y ha visitado alguno de ellos, pero ha visto que son tertulias que no son para personas como él y en las que si no te introduce alguien es muy complicado meterse. Un día en el que, en la sobremesa familiar, cuenta la añoranza de su tertulia placentina, Eloísa le da una pista.

   -Pues mi patrón suele ir algunos días a una tertulia que hay en el Comercial, un café de la Glorieta de Bilbao. ¿Quieres que le pregunte si tú también podrías asistir?

   -¿Tú crees? –dice Julio, entre la esperanza y el temor de no ser aceptado o de que se trate de una tertulia en la que no encaje o que trate de temas que le superen.

   -No se pierde nada porque Eloísa pregunte –sugiere Julia, que añade-. Además, el señor Ramírez te tiene ley y, si está de su mano, seguro que te meterá.

   A todo eso, el final de diciembre se está echando encima y Álvaro les cuenta en una de sus cartas que para Navidad le darán un mes de permiso. Sus escritos suelen ser breves, lo justifica porque el cursillo de artillería naval y de lanzamiento de torpedos es muy denso y apenas si les queda tiempo para nada. Además, después de unos días de teoría los embarcan para realizar ejercicios prácticos. Ha estado enrolado en los remolcadores Ferrolano y Cíclope, en el acorazado Jaime I y en el crucero Miguel de Cervantes. El 21 de diciembre llega a casa el alférez de navío para disfrutar la licencia reglamentaria de Pascua.

   -Hijo, qué alegría, no te esperábamos tan pronto –Julia abraza a su hijo y respira satisfecha, ya tiene a todos sus polluelos en el nido.

   -¿Qué has venido, en el expreso de Vigo? –pregunta Julio.

   -Qué va, vengo de Cartagena. La segunda parte del cursillo la hacemos en la base naval cartagenera.

   -¿Y hay tren directo de Cartagena a Madrid?

   -Por supuesto, a través de la línea que une Chinchilla de Monte-Aragón, en Albacete, con Madrid y que funciona desde hace bastante tiempo.

   La Navidad del 31, pese a todos los sucesos que están ocurriendo en España y en el mundo, es feliz para los Carreño. Vuelven a estar todos juntos y la bonanza económica que ha logrado la familia hace que contemplen el futuro con mayor esperanza. Como dice Julio, que ha sacado la vena refranera de su madre, los duelos con pan son menos. Durante el mes que Álvaro está en casa, las conversaciones que mantiene con su padre giran siempre en torno a los mismos temas: el tratamiento que está dando el gobierno de Azaña a la Iglesia católica y a los militares. El marino cuenta que en la Armada hay mucho descontento con la política republicana y que muchos oficiales, aprovechándose del decreto de retiros extraordinarios, se han acogido al mismo, pero pensando en retornar si algún día cambia la situación.

   -Aunque, papá, fíjate cómo las cosas son según el cristal con que se miran. Unos oficiales de la Royal Navy estuvieron unos días en Marín y nos contaron que la República tiene muy buena prensa en Inglaterra pues se la mira con gran simpatía.

   -¿Y eso cómo puede ser, con la de barbaridades que están cometiendo los republicanos?

   -Eso mismo les preguntamos y su respuesta fue que, como lo que en Europa ahora da más que hablar son los partidos únicos y las dictaduras, la República aparece como una fuente de libertad y democracia.

   -Yo les diría a los ingleses que hay fuentes de las que mana agua envenenada, y ese es el caso de nuestra República. ¿Sabes que Ángela vino hace unos días llorando porque a las monjitas de su cole les han obligado a quitar el crucifijo de las aulas?

   Transcurrido el permiso, Álvaro regresa a Cartagena en cuya base embarcará en los submarinos de la Flota para los correspondientes ejercicios de lucha submarina. Antes de irse, les comenta que en febrero partirá para la Escuela de Aeronáutica de Barcelona donde realizará el cursillo reglamentario de aviación. Les exhorta a ver si se animan y van a verle, dado que la Ciudad Condal está muy bien comunicada con Madrid, sobre todo por tren.

   El nuevo año de 1932 comienza con buen sino para el patriarca de los Carreño. Tras la gestión hecha por su hija Eloísa, Ramírez le ha dicho que, cuando quiera, le llevará al café Comercial y le presentará a sus amigos de la tertulia que allí mantienen, aunque los integrantes suelen variar en función del día de la semana. En su caso suele ir los lunes, miércoles y viernes, pero en cuanto se integre en ella podrá asistir cuando le apetezca, y que esté tranquilo, pues se ha asegurado de que le recibirán sin ningún recelo, dado que la mayoría es gente como ellos, dueños de pequeños negocios y algunos funcionarios. Y le adelanta que los más habituales son Rufino Iglesias, dueño de una frutería del barrio de Salamanca; Ricardo Gutiérrez, propietario de una relojería; Avelino Hernández, dueño de una tienda de ultramarinos; Julián Rúas, que tiene una pequeña imprenta; Lisardo Valdés, funcionario del Ministerio de Gobernación; Macario Chaves dueño de una sastrería; Esteban Infantes, funcionario del Ministerio de Fomento y él. Asimismo, le informa de que los temas que más tocan son los de rabiosa actualidad, pero también hablan de toros, de fútbol y, por supuesto, de política, y que sobre lo último entre los tertulianos hay de todo: republicanos, monárquicos y liberales, aunque la mayoría son del sol que más calienta.

   La tarde del lunes, 11 de enero, Ramírez, acompañado por Carreño, se dirige al café Comercial, sito en la Glorieta de Bilbao, esquina a Fuencarral. Es un local bastante amplio y tiene pequeñas áreas que parecen pintiparadas para reunirse un grupo no demasiado grande de clientes. La presentación de Julio es bastante informal y tras los preceptivos saludos los tertulianos prosiguen la discusión que mantenían sobre un tema que no deja de sorprender a Julio: el arresto por la policía británica del político indio Gandhi. Al mañego le suena el nombre, recuerda que un día hablaron del líder indio en la tertulia placentina.

   -¿Y ustedes –Al igual que ocurría en Plasencia, los tertulianos se hablan de usted- creen que con eso de la no violencia, Gandhi conseguirá la independencia de su país? Amos, anda, pues no son chulos los ingleses ni nada. Son como los bulldogs que cuando muerden no sueltan la presa ni a palos. Ahí tienen a Gibraltar como ejemplo.

   Julio se da cuenta enseguida de que el debate apenas si tiene mordiente, hablan de Gandhi por hablar de algo, pero no es un tema que les apasione. Por eso, la discusión decae pronto y entonces, a falta de un tema más mollar, uno de los contertulios se dirige a él.

   -Nos dice el señor Damián –El perfumista, sentado al lado de Julio, asiente - que tiene usted una botica en la Gran Vía, ¿qué tal les va? Dicen que en poco tiempo se convertirá en una de las calles más concurridas de Madrid.

   -Bueno, realmente la botica no es mía, sino de mi hija mayor que es farmacéutica, aunque el resto de la familia le echamos una mano. Y por ahora no podemos quejarnos.

   -¿Y llevan mucho en Madrid?, porque según Damián antes vivían en Extremadura.

   -Desde mayo del año pasado y sí, antes vivíamos en Plasencia donde teníamos una droguería.

   -¡Hombre, es usted droguero! Tengo un cuñado que también lo es –interviene otro.

   -¿Y qué le parece Madrid? –pregunta un tercero.

   -Conozco la ciudad de otras veces, pero ha crecido mucho, hay barrios que no conocía y que parece que han surgido de la noche a la mañana.

   Los asistentes pierden pronto el interés en Julio y pasan a comentar la corrida celebrada en la Plaza de toros de Las Ventas del día anterior. Parece que Julio ha pasado la prueba de recepción con, al menos, un aprobado raspado. El mañego no vuelve a la tertulia hasta el siguiente lunes en el que vuelve a acompañar a Damián. Hoy el cotarro está más animado, están comentando que el pasado viernes el presidente de la República, don Niceto Alcalá-Zamora, inauguró la Facultad de Filosofía y Letras de la Ciudad Universitaria. Alguien explica que su creación fue una iniciativa del rey Alfonso XIII, que en 1927 cedió terrenos de la Corona en Moncloa para construir un campus que reuniera las facultades y escuelas técnicas madrileñas desperdigadas por la ciudad.

   -Lo que no cuentas es que no lo hizo por generosidad, sino porque desde la expulsión de Unamuno de su cátedra de la universidad de Salamanca, los intelectuales y el mundo universitario estaba que trina contra el Africano, y el hombre quiso congraciarse.

   Julio susurra a Ramírez, a quien tiene al lado:

   -¿Quién es el Africano?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 199.  La Ley del divorcio