viernes, 24 de marzo de 2023

Libro III Episodio 188. Julio tantea vender la droguería

   El tío Luis ha movido hilos y el tercero de los Carreño es destinado al PCAMI, acrónimo de Parque y Centro de Abastecimiento de Material de Intendencia, una unidad logística del ejército de tierra y cuyo trabajo está enfocado fundamentalmente en proporcionar al personal militar y a todas las unidades del ejército, las prendas de vestuario y equipo, raciones de campaña, guiones y banderas, material de acuartelamiento y material móvil de intendencia necesario para el cumplimiento de los cometidos que tienen asignados. Un veterano le cuenta al nuevo recluta que el Parque es un chollo pues en cuanto pase los tres meses de campamento solo tendrá que acudir a él por las mañanas; las tardes, salvo cuando le toque guardia, las tendrá libres. Y puesto que tiene el carné de conducir lo más seguro es que trabajará de chófer en la sección de transporte.

   Acabadas las fiestas, la vida de los Carreño vuelve a su discurrir cotidiano, aunque hay un pero: Pilar está más decidida que nunca a plantear un ultimátum a su padre, o se van a Madrid, o se irá ella por su cuenta. No ha sacado el título de farmacéutica para tenerlo colgado en su habitación. Dejar a su familia le duele pero, ante la obstinación paterna, no ve otra solución, y cada vez que le echa un vistazo al título se reafirma en su resolución. El título son sus alas y cuando se tienen alas hay que volar. Antes de dar el paso de enfrentarse con su padre, ocurre algo: la confluencia de tres hechos que, distintos pero coetáneos, trastocan la férrea postura del páter familias y le llevan a replantearse el dilema de si quedarse o irse.

   El primero es económico: la campaña de Navidad y Reyes no ha sido lo generosa que esperaba, apenas si han obtenido beneficios para devolver a la abuela Soledad el dinero que les adelantó para pagar a la usurera, pues la gente se retrae en las compras, ya que el estado socioeconómico de la nación continúa degradándose. El segundo es familiar: a espaldas de su mujer y de Pilar, Julio ha ido sonsacando al resto de sus hijos su parecer sobre irse a vivir a Madrid y, ante su asombro, todos han contestado sin dudarlo que optan por la capital; solo Concha prefiere quedarse en Plasencia, aunque sus motivos son poco consistentes. Y el tercer hecho es un cotilleo local, Antonina, la única empleada que mantiene, pues le tiene apego por su probada lealtad, le cuenta un chisme.

   -Jefe, ¿sabe que Francisco Javier Orellana anda con muletas?

   -¿Y eso es noticia? Cualquiera puede tener un tropezón y romperse una pierna.

   -Nada de tropezón, según las malas lenguas, anda cojo porque se demoró en un pago a la Bronchales, y esa hija de perra le envió a sus matones.

   Julio no sabe por qué Antonina le cuenta el rumor, seguramente es conocedora de que también él está endeudado con la prestamista; en cualquier caso, el cotilleo, sea cierto o no, le impacta. Si a un Orellana –una de las familias patricias de la ciudad-, le han roto una pierna, ¿qué pueden hacer conmigo o con Julia?, se pregunta. La idea hace que se le revuelva el estómago y tiene un amago de arcada, por lo que ha de sentarse en una silla para calmarse.

   -Jefe, ¿te pasa algo? Estás pálido como un cadáver –se interesa Antonina.

   -Debe de haber sido una bajada de tensión. Estoy bien.

   Esa misma tarde, sin decir nada a su esposa, Julio empieza a hacer llamadas para ir tanteando cuánto podría sacar del traspaso de la droguería, en el supuesto de tomar la decisión de marcharse a Madrid. Ante su desencanto las cifras que le dan, un poco a ojo de buen cubero, son mucho más bajas de lo que cree que vale su negocio y, aunque son cifras de tanteo, ninguna sobrepasa los seis mil duros. Entonces recuerda el ofrecimiento que le hizo Galiana el ferretero. A su hijo Fernando le podría interesar quedarse con la tienda. Aunque le repatea rebajarse ante su amigo de tertulia, le llama.

   -¿Galiana? Soy Carreño, ¿cuándo podríamos vernos?, tengo que preguntarte algo. ¿Vas a ir mañana al casino?, ¿sí? Entonces vamos un poco antes y charlamos sin que nos molesten. ¿Cómo a las tres y media te viene bien? De acuerdo, hasta mañana.

    Cuando al día siguiente Julio llega al casino, Galiana ha terminado el café y está saboreando un coñac.

   -¿Es de Jerez? –pregunta Julio para iniciar la charla por algo baladí.

   -¿De dónde va a ser si no? ¿Aunque sabes lo que dicen los jerezanos?, pues que el coñac para venderlo y el vino para beberlo. ¿Qué me querías preguntar?

   Julio va directo al grano. Le cuenta que, aunque no lo tienen del todo decidido, es muy posible que se vayan a Madrid porque así los chicos podrán estudiar en la Universidad Central, que tiene fama de ser la mejor de España. Y en caso de hacerlo, tendrá que traspasar el negocio.

   -Y, como me dijiste que a tu hijo Fernando igual le interesaba mi negocio, y puesto que eres amigo, he pensado en vosotros antes que en otros. Siempre que se haga firme lo de la marcha a los Madriles, claro.

   -Desde luego, lo que uno hace por los hijos no lo hace por nadie. Si te vas, se va a notar, tu tienda junto con la mía y pocas más son de los establecimientos más reconocibles de la ciudad. Y sobre el posible traspaso, se lo diré a Fernando y supongo que se pondrá en contacto contigo.

   Ese mismo día, antes de cerrar la tienda, Julio recibe la visita de Fernando Galiana, el que le robó a Lupe. El hijo del ferretero, tras saludar al mañego, mira el local con curiosidad, como si nunca hubiese estado allí.

   -¿Se puede creer, señor Carreño, que desde que abrí mi negocio no había vuelto a pisar su tienda?, pero está como recordaba, aunque comienzan a notarse los años que lleva de guerra.

   Julio acompaña al chico Galiana a la trastienda para poder hablar con más libertad. Tras un breve exordio, Fernando se mete en harina y va enumerando las deficiencias que, a su juicio, presenta el establecimiento. Julio se da cuenta enseguida de que el joven Galiana ha venido con el propósito de hacerse con una ganga. Y cuando, al final, canta la cifra que estaría dispuesto a desembolsar, el viejo droguero constata que no ha errado.

   -… y teniendo en cuenta las carencias que he señalado, pero como viejo amigo de mi padre que es, estaría dispuesto a llegar a los cuatro mil duros, que es mucho dinero por esto –y señala un tanto despectivamente el local-. En cuanto al modo de pago estoy abierto a negociarlo.

   Julio no responde. Está tratando de controlarse ante la insolencia de aquel niñato al que podría dar lecciones hasta con los ojos cerrados. El niñato parece haberse dado cuenta de que su interlocutor no ha movido ni una pestaña al oír la cifra del traspaso, y algo le dice que se ha quedado muy por debajo de lo que Julio esperaba. Y, sin esperar un comentario sobre su oferta, retoma la palabra.

   -Claro que, teniendo en cuenta que es amigo de mi padre de toda la vida y eso para mí vale mucho, podría estirarme algo más y añadir unas dos mil pesetas a mi oferta. Veintidós mil pesetas, a tocateja si las necesitara, es una cantidad de tela marinera que en los tiempos que corren, y que pueden empeorar más, no son fáciles de obtener.

   Julio, parco en palabras, da las gracias al oferente indicándole que se lo pensará. Al llegar a casa, y pidiendo lo primero perdón a su mujer por no haberle contado ninguna de sus gestiones sobre el posible traspaso, la pone al día de las ofertas recibidas, incluida la del joven Galiana.

   -Ese chico debe de creerse que estamos arruinados para ofrecerte esa miseria. Y de las demás ofertas, ¿solo seis mil duros como mucho? Creo que nuestra tienda vale bastante más, si solamente en mercancía debemos tener siete u ocho mil pesetas.

   -Así parece que anda el mercado. Yo me había hecho la idea de que podíamos sacar de ocho a diez mil duros, pero si ahora me ofreciera alguien entre treinta y cinco y cuarenta mil pesetas se la vendería sin pensarlo un segundo.

   -Entonces, marido, ¿te has decidido a que nos vayamos a Madrid? –pregunta Julia.

   -Sigo teniendo mis dudas, pero ¿qué coño voy a hacer si los demás preferís iros a la capital? –y le cuenta su particular encuesta entre los chicos y las respuestas recibidas-.Pero no podremos irnos si nos dan tan poco por el traspaso –se lamenta.

   -Creo que lo importante no es lo que saquemos del traspaso, la pregunta es otra: ¿lo que obtengamos del traspaso de la tienda, sea la cantidad que fuere, será suficiente para pagar el traspaso de una farmacia en Madrid? Tendríamos que comentarlo con Pilar y que hable con ese profesor, que se dedica a gestionar traspasos, para saber cómo andan los precios –sugiere Julia.

   Cuando Pilar se entera de la decisión paterna, recordando a un extremeño insigne, se dice: los Carreño hemos quemado nuestras naves. No pierde el tiempo, llama a Juan Manuel Rodríguez, que es el profesor que gestiona traspasos en el cerrado mundo de las oficinas madrileñas de farmacia, y le pide que la informe inmediatamente en cuanto sepa de alguna farmacia en venta.

   A todo eso, continúan llegando las cartas y postales de Álvaro desde las Américas. Terminados los fastos navideños, el 6 de enero el Elcano zarpa para Bahía Blanca atracando en los muelles del Ingeniero White, ciudad en la que visitan la biblioteca Rivadavia y los elevadores de trigo. El 12, salen para Puerto Belgrano, entrando en la dársena del arsenal militar y visitando el acorazado Rivadavia. Al día siguiente el buque-escuela entra en dique seco para limpiar fondos. Seis días después el Elcano sale a la mar y, surcando otra vez el Atlántico austral, se dirige al continente africano fondeando en Ciudad del Cabo el 8 de febrero, donde están hasta el 15 en que parten para la isla de Santa Elena, amarrando en James Town; en la isla visitan la tumba y la vivienda de Napoleón. Y ahí terminan las noticias del primogénito, en una remota y apartada isla atlántica.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 189. Episodio 189. Los Carreño queman sus naves.

viernes, 17 de marzo de 2023

Libro III Episodio 187. El título

   Julia lo tiene más difícil para convencer a su marido. A Julio lo de irse a Madrid le sigue pareciendo un dislate y lo de montar una farmacia en la capital otro disparate aún mayor.

  -Todo eso que ha planeado Pilar me parece un cuento de niños. Una fábula en la que solo falta una princesa guapísima, un príncipe encantador y una bruja que les eche mal de ojo. Porque eso de montar una farmacia por las buenas no debe ser tan sencillo como lo pinta. Tengo un montón de preguntas sobre el montaje que ha urdido la peliculera de nuestra hija.

   -¿Por qué no hacemos una cosa? ¿Por qué no llamamos a Pilar y que ella trate de contestar a tus preguntas? –le reta Julia.

   -¿Y por qué no?, llámala –Julio acepta el reto.

   En cuanto llega Pilar, su padre comienza a formularle las dudas que tiene sobre el montaje de una farmacia en la capital de la nación.

   -En primer lugar, ¿qué se hace para abrir una farmacia? Supongo que habrá que buscar un local, hacer obras para adaptarlo al uso al que va a ser destinado, pedir al ayuntamiento o a quien corresponda los pertinentes permisos y licencias, etcétera. Recuerdo que por ahí es por donde comencé cuando abrí la droguería, hace de eso la friolera de treinta años. ¿Ahora también es así o han cambiado las normas?

   -Verás, papá. Si pretendes abrir una farmacia ex novo, el proceso es similar al que describes, con algunas salvedades. El primer requisito para abrir una farmacia es que el peticionario ha de ser licenciado en farmacia, luego hay que contar con un local, propio o alquilado, que cumpla la norma de las distancias respecto a otras farmacias cercanas, presentar la solicitud  y que se te conceda la apertura. Si hay más de una solicitud para la misma zona, el Colegio de Farmacéuticos realiza un concurso de méritos. En los municipios pequeños las aperturas están en consonancia con el número de habitantes.

   -Eso puede ser un procedimiento lento, las cosas de palacio van despacio –advierte Julio.

   -Así es, pero nosotros no escogeríamos ese camino sino otro mucho más rápido, el del traspaso.

   -Ah, ¿pero es que las farmacias también se traspasan?

  -Una farmacia se traspasa cómo cualquier establecimiento comercial. De hecho, conozco a un profesor auxiliar de la facultad que, por libre, se dedica a gestionar traspasos. Si aceptas que nos vayamos a Madrid me pondré en contacto con él y cuando se informe de algún traspaso me avisará.

   -¿Y de dónde sacaremos el dinero para pagar un traspaso? Porque supongo que los de las farmacias serán muy caros –Al oír la pregunta de su padre, Pilar cree intuir que puede convencerle.

   -Hay traspasos caros y baratos. El precio depende de lo que venda la farmacia y del potencial que tenga de incrementar las ventas. Las farmacias ubicadas en calles de mucho tránsito, cerca de una boca de metro o en la proximidad de hospitales o clínicas suelen vender más, por eso son más caras. Las que están en calles apartadas o en barrios marginales son más baratas.

   -Eso de más caro o más barato no me dice nada, concrétalo en cifras.

   -Con exactitud no lo sé, papá, pero estimo que los precios deben rondar entre los dos mil y los ocho o diez mil duros.

   -¡Cincuenta mil pesetas por una farmacia!, eso es mucha guita como diría un andaluz. ¿Y de dónde las íbamos a sacar? –Esa es la pregunta que Pilar ha estado esperando para darle otro giro de vuelta a la tuerca de la obcecación paterna.

   -Después de vender la casa de la abuela, creo que no nos queda más que un activo, la droguería.

   -¿Vender la tienda? Estas chiflada, chiquilla, ¿y de qué vamos a vivir?

   -Ya te lo he dicho, papá, de la farmacia que compraríamos.

   -¿O sea, que pretendes que vendamos un valor seguro que ha dado de comer a esta familia a lo largo de treinta años por una quimera de la que no sabemos lo que podrá rentar? Eso sería tanto como darle la vuelta al refrán de que más vale pájaro en mano que ciento volando.

   -Papá, si te obcecas en no atender a razones ya no sé qué más argumentos puedo darte, pero ten en cuenta que el problema no es solo tuyo, también lo es de mamá y de todos mis hermanos.

   Julia, que hasta el momento ha permanecido sin participar en el diálogo entre padre e hija, cree que ha llegado el momento de intervenir.

   -Lo que acaba de decir Pilar es tan cierto como que me llamo Julia. Y como es un problema de toda la familia, creo que todos sus miembros deberían intervenir, pues a todos afecta.

   -¿Y qué quieres, que votemos sobre el asunto como si estuviésemos en las Cortes Generales del Reino? –pregunta, con sarcasmo, Julio.

   -Pues ya que lo dices, marido, no sería mala idea. Y en cualquier caso, si no votar al menos si escuchar la opinión de todos.

   -¡Pero esto no son las Cortes, esto es una familia!

   -¿Y qué pasa en la familia, uno decide y los demás dicen amén? Así no hemos educado a nuestros hijos. Les hemos enseñado a que piensen por su cuenta.

   -Exacto, les hemos enseñado a pensar por su cuenta, pero también les hemos inculcado que la familia es lo primero y que para eso hay que actuar como una piña, todos unidos.

   Pilar se ha cansado de la obstinación de su padre y piensa que continuar discutiendo con él, de la forma en que se ha enrocado, no tiene sentido, por lo que opta por hacer mutis. Ya llegará el momento oportuno de volver a remachar el hierro, se dice. Julia hace lo mismo, no quiere ahondar en un debate que puede acabar mal dada la terquedad de su marido.

   Sin que se sepa de dónde ha salido, el rumor de que los Carreño están pensando en irse a vivir a Madrid se propaga por la ciudad a la velocidad del rayo. Julio se entera en el casino al preguntarle su medio amigo Manuel Galiana el ferretero.

   -Oye, Carreño, si de verdad pensáis iros a Madrid, antes de traspasar la tienda habla conmigo. Mi hijo Fernando quiere ampliar el negocio y podría interesarle quedarse con tu tienda. Creo que te puede hacer una buena oferta –Julio, se queda tan sorprendido que de momento no sabe ni qué contestar. Cuando se repone su respuesta es para poner en solfa el rumor.

   -Hay que ver la imaginación que tiene la gente. ¿Quién te ha contado ese chisme?

   -Será un chisme como dices, pero a Fernando le ha llegado el rumor por dos fuentes distintas y a mí una clienta también me lo ha referido. Entonces, ¿no es cierto?

   -No que yo sepa. Y si no lo sabe el que se tiene que ir, ya me dirás…

   En la tertulia se habla más que nada de la inminente Navidad que está al caer. La única novedad la aporta don Raimundo, en Nueva York se acaba de inaugurar el primer canal de un nuevo sistema de comunicación llamado televisión. Salvo don Enrique, los demás nunca han oído tal palabreja y no tienen ningún interés en saber lo que significa. Más de uno piensa que debe de ser una de esas chorradas que solo se les ocurre a los yanquis.

   La Navidad de 1929 es para la familia Carreño una celebración que no tiene nada que ver con las de años anteriores. Es más espartana que otras veces, las penurias económicas comienzan a notarse. También hay una cierta tensión en el ambiente que se palpa en la tirantez que se percibe entre el matrimonio y entre Julio y Pilar. Todos tienen un recuerdo para el hijo que falta que, al otro lado del mundo, también piensa en ellos. Es precisamente una extensa carta de Álvaro, desde Buenos Aires, lo que les alegra. Les cuenta que otra vez ha sido el Centro Gallego la institución que se acordó de ellos y el fin de año organizó una cena con baile en su honor. Y el teatro Colón, haciendo una excepción en su programación habitual, les obsequió con un recital de la artista española Concha Piquer que les entusiasmó, al extremo de que tras cantar Tatuaje, una copla que trata sobre un marinero, los guardiamarinas se pusieron en pie y estuvieron ovacionándola hasta que las manos les dolieron. Y por último, que la hija de unos emigrantes asturianos de Pravia se encariñó con él y le está consolando para que no se sienta tan solo.

   Pasados los Reyes, Pilar se dice que va a plantear a su padre un ultimátum: o acepta traspasar la droguería y marcharse todos a Madrid o la que se va a ir es ella. A tomar esa drástica decisión le ha empujado un hecho trivial: acaba de recibir por correo certificado con acuse de recibo su flamante título de licenciada en farmacia. Con orgullo mal disimulado, enseña a los suyos el documento que, con una cuidada tipografía, reza:

                                              Su Majestad el Rey Alfonso XIII

                                                            y en su nombre

                                     El Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes

Considerando que, conforme a las disposiciones y circunstancias prevenidas por la legislación,

                                                   Doña Pilar Carreño Manzano

                              nacida el día 18 de mayo de 1908, en Plasencia (Cáceres)

ha hecho constar su suficiencia en la Universidad Central de Madrid, expido el presente

                                              Título de Licenciado en Farmacia

que faculta al interesado para ejercer la profesión y disfrutar de los derechos que a este grado le otorgan las disposiciones vigentes.

   Y al final, de izquierda a derecha, las firmas: El interesado. Por el señor Ministro, El Subsecretario. El Jefe de la Sección.

   -¡Qué chuli! –exclama Eloísa-, ¿y cuando termine Magisterio también me darán un título así?

   -Mi título de bachiller es una birria al lado del tuyo –confiesa Jesús.

   El 31 de diciembre Julián parte hacia Madrid, pues el 1 de enero del nuevo año ha de presentarse en la Caja de Reclutas número 1 de la capital para confirmar su alistamiento como voluntario y ser destinado al correspondiente centro de instrucción. Antes de partir, su padre le hace un regalo de fuerte carga emotiva: una maleta de madera con unas pegatinas de Mallorca.

   -Papá, ¿y esta reliquia de dónde la has sacado?

  -La hizo confeccionar tu abuela Pilar cuando me fui a la mili. Espero que te dé suerte.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 188. Julio tantea vender la droguería

sábado, 11 de marzo de 2023

Libro III Episodio 186. Lo de irse a Madrid comienza a germinar

    Pilar ha dejado de ir a la farmacia de Guerrero, ahora ayuda en la tienda a su madre, lo que lleva a que tengan muchos ratos de intimidad.

   -Pilar, quiero contarte algo y deseo conocer tu opinión.

   -Soy toda oídos, mamá.

   -Pero antes te voy a explicar cómo están las cuentas familiares.

   Julia cuenta a su hija la situación de la economía familiar después de amortizar una parte del principal de la deuda que su padre contrajo con la Bronchales.

   -Tu padre y yo hemos llegado a la conclusión de que, con los intereses que nos cobra la víbora de Adelina y dado que ingresos y gastos están aproximadamente igualados, tardaremos un montón de años, si es que lo conseguimos, en saldar esa deuda. Cuando le conté dicha situación al tío Luis me sugirió que la única salida que veía era que nos fuésemos a vivir a Madrid, donde tus hermanos podrían estudiar con un coste mucho menor que si continuamos viviendo aquí. Creo que algo de razón tiene, solo le veo una pega: ¿cómo íbamos a ganarnos la vida?, ¿montando una droguería?, supongo que en la capital las debe de haber a patadas y tendríamos que partir de cero. ¿Y qué otra cosa podríamos hacer? Tu padre ya tiene sesenta y un años y, por lo que nos contó don Enrique, tiene el corazón débil. No está para volver a empezar un nuevo negocio ni, por supuesto, para trabajar por cuenta de otros. ¿Tú, qué opinas de este rompecabezas?

   Desde el momento en que Pilar escucha lo de irse a Madrid, solo le ha faltado dar saltos de alegría. ¡El sueño de su vida, volver a Madrid! Ha contenido sus impulsos y ha escuchado atentamente lo que le cuenta su madre, a quien se la ve muy preocupada.

   -Mamá, lo que cuentas puede ser determinante para la familia. Dame unos minutos para pensarlo, no quiero contestarte a tontas y a locas.

   La joven boticaria no necesita demasiado tiempo para meditar la respuesta a lo que le plantea su madre.

   -Mira mamá, creo que el tío Luis tiene razón. Lo he meditado y he llegado a las siguientes conclusiones -La joven comienza explicando a su madre que si continúan viviendo en Plasencia necesitarán unos ingresos mayores de los que tienen porque, a corto plazo, los gastos familiares crecerán exponencialmente. Y apuntala su explicación haciendo un recorrido de cómo afectará a cada uno de los hermanos el hecho de vivir en la capital de la nación. Julián, puesto que va a hacer la mili en Madrid, estará mejor atendido teniendo allí a la familia. Jesús en algún momento tendrá que irse a Madrid si sigue con su idea de preparar la oposición para vista de aduana. Eloísa, que está cursando Magisterio por enseñanza libre, en Madrid podrá hacerlo presencialmente con lo que su formación será mucho mejor. Con Concha, como no desea estudiar, da lo mismo donde vivan, pero en una ciudad grande contará con muchas más posibilidades de encontrar un buen empleo. Andrés, Ángela y Froilán podrán estudiar lo que quieran estando en Madrid- En cuanto a ti y a papá…

    Julia corta la explicación de su hija.

   -No te preocupes por mí y por papá, pero antes de que continúes una pregunta: ¿y de qué vamos a vivir en Madrid?

   -Viviremos, y creo que razonablemente bien, de mi título de farmacéutica.

   -A ver, hija, explícame eso del título que no acabo de entenderlo.

   -Pues que con mi título podemos tener una farmacia y, a poco que venda, nos puede dar lo suficiente, no para hacernos ricos pero si para vivir dignamente.

   -¿Una botica podría mantener a diez u once personas? Me perdonarás, pero lo dudo.

   -Verás, yo estaré al frente de la farmacia pues está reglado que el establecimiento lo dirija un licenciado. Tú, y Eloísa, cuando termine sus clases, me podéis ayudar. Julián, cuando salga del cuartel, también nos podrá echar una mano. Papá y Jesús, con la camioneta, pueden vender medicamentos de la farmacia por los pueblos de la provincia que no cuentan con botica…

   -¿Que en la provincia de Madrid hay pueblos que no tienen botica?, no es posible.

   -Pues así es, mamá. A menos de cuarenta kilómetros de Madrid, hay decenas de pueblecitos que no tienen farmacia. Solamente en la llamada sierra pobre hay más de cuarenta localidades, con una población rural y envejecida, en la que para encontrar una farmacia has de ir a otro pueblo. Prosigo. Paca, con la ayuda de Concha, se encargará de las faenas del piso donde vivamos…-Otra vez, Pilar se ve interrumpida por su madre.

   -¿Y dónde vamos a encontrar un piso para albergar al familión que somos? Si tengo entendido que la mayoría de pisos de Madrid son pequeños, y además supongo que serán muy caros.

   -No necesitamos un piso tan grande como crees. Nos bastará con que tenga cuatro habitaciones y hasta con tres podríamos apañarnos si fueran algo más grandes de lo normal. En un cuarto dormiríamos las chicas, en otro los chicos y en un tercero papá y tú.

   -Sí y estaríamos como sardinas en lata, como diría Álvaro que, por cierto, ¿y dónde lo meteríamos cuando viniera a casa?

   -Bueno, eso sería al principio, luego a poco que nos rodaran bien las cosas buscaríamos una casa más grande. Y por Álvaro no te preocupes, creo que la Marina tiene residencias para oficiales de paso por la ciudad.

   A Julia comienzan a hacerle mella los argumentos de su hija, de ahí su siguiente intervención.

   -En el supuesto de que nos fuéramos la primera meta sería buscar piso.

   -No, mamá, al revés, primero habría que saber dónde tendríamos el trabajo y luego buscar una casa cercana. Ten en cuenta que Madrid se ha hecho muy grande y sigue creciendo. Cuenta con cerca de un millón de habitantes censados, y si se suman los que no lo están, esa cifra se habrá sobrepasado. Y si tuviéramos la farmacia en Ciudad Lineal, pongo por caso, y viviéramos en Carabanchel tendríamos que emplear, al menos, dos horas diarias para ir de casa al trabajo y volver.

   -Hija, veo que lo tienes muy estudiado. Siempre he sabido que tienes muy buena cabeza y lo acabas de demostrar…Ah, otra pega, lo de que papá continúe dedicándose a la venta por los pueblos no sé si le apetecerá. Últimamente se cansa mucho, sus sesenta y un tacos comienzan a pesarle. Y gracias a que tu hermano Julián hace el trabajo más duro. Y lo que tampoco va a hacer a estas alturas de su vida es trabajar para otros.

   -Eso no es problema, si no quiere salir con la furgoneta puede ayudar llevando la contabilidad, que de eso sabe más que yo, yendo a los bancos, a visitar a los proveedores… En fin, que cosas que hacer no le faltarán. No estará mano sobre mano.

   -Sigues teniendo respuesta para todo, pero no me acabas de convencer. Me gustaría saber qué opinan tus hermanos sobre lo que estamos hablando. Tendré que hablarlo con ellos.

   -Vamos a hacer una cosa, de los hermanos me encargo yo. Tú dedícate a convencer a papá.

   Ajeno a las trascendentales determinaciones que se están cociendo en la familia, Álvaro continúa navegando a bordo del Elcano a lo largo del litoral oriental de las Américas. Sus últimas postales cuentan que han estado seis días fondeados en Rio de Janeiro, donde han visitado el arsenal militar de la isla de las Cobras, la isla Fiscal y la Escuela Naval de Brasil. Andrade, menos oficialista, cuenta a Pilar que no recuerda haber visto unas mulatas tan sensuales como las brasileñas y que una tarde estuvo en la playa de Copacabana y aquello era como el sueño de un adolescente salido. El siguiente puerto es Montevideo, donde estuvieron solo tres días y el 21 salieron para Buenos Aires, donde el recibimiento que les han dispensado los bonaerenses ha sido apoteósico. Se nota que la colonia española tiene mucho peso en la ciudad del Plata, donde han visitado el crucero argentino Almirante Brown. Andrade da a Pilar una versión más liberal de la estancia. Le cuenta que el Centro Gallego ofreció una fiesta en honor de la dotación del Elcano en el que las pibas literalmente se rifaban a los alféreces; al menos eso le contaron sus compañeros porque él tuvo la mala fortuna de formar parte de un destacamento que fue a la Casa Rosada a presentar sus respetos al presidente de la república argentina, Hipólito Yrigoyen, de ascendencia vasca. Y en la última postal, también datada en Buenos Aires, Álvaro les dice que estarán fondeados allí hasta pasar la Navidad y el fin de año, que ya les irá contando.

   En tanto el primogénito pasa el fin de año en tierras porteñas, en Plasencia los acontecimientos en casa de los Carreño se precipitan. Pilar ha reunido a sus hermanos y les ha pintado un cuadro maravilloso de lo bien que lo van a pasar viviendo en Madrid. A cada uno le ofrece una pincelada de lo excitante que puede ser para ellos la vida en la capital. A Julián le explica algo obvio, que viviendo en Madrid no tendrá que dormir en el cuartel sino que podrá hacerlo en la casa familiar. A Jesús, que podrá preparar la oposición para vista de aduanas y podrá ver los partidos del Atlético de Madrid. A Eloísa que le resultará más fácil aprobar los cursos de Magisterio yendo diariamente a la Escuela Normal. A Concha que encontrar un buen empleo que le guste será pan comido. Y a los pequeños que tendrán unos colegios estupendos, pero sobre todo que tendrán la oportunidad de hacer cosas tan excitantes como ir al cine más a menudo –son todos muy cinéfilos-, subirse en los tranvías y el metro, visitar el zoo y poder jugar en los parques públicos. El resultado no podía ser otro: todos se muestran partidarios de irse a vivir a Madrid, con la salvedad de Concha.

   -Pero en Madrid no tendré las amigas que tengo aquí.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 187. El título

viernes, 3 de marzo de 2023

Libro IIII Episodio 185. Un patrón sin ética

    Al tiempo que Julia se pregunta si será posible que sus hijos prefieran vivir en la capital, como dejó caer el tío Luis, desde allende el Atlántico, comienzan a llegar las primeras postales de Álvaro de su segundo crucero en el Juan Sebastián de Elcano. Les cuenta que desde las islas Canarias navegaron hasta el archipiélago de Cabo Verde. Fondearon en la bahía de Porto Grande y poco más les puede contar. De Cabo Verde, tras navegar 1882 millas marinas y traspasar el ecuador, recalaron en Recife, la capital del estado brasileño de Pernambuco. En cambio Andrade, que sigue escribiendo a Pilar, le cuenta en una serie de cuatro postales la fiesta que hicieron a bordo al cambiar de hemisferio, lo que ocurrió el 27 de octubre.

   En la primera le explica cómo es la fiesta del paso del ecuador por primera vez:

Como es costumbre, la dotación y los guardiamarinas celebramos el paso al día siguiente con una ceremonia sui géneris. En el momento de cruzar la línea hubo un repique de campana que nos emocionó, pues se dice que un marino que no haya traspasado el ecuador es solo medio marino.

   En su segunda postal escribe: No fue una ceremonia oficial, sino la parodia humorística de una ceremonia que realiza la marinería de todo barco. Uno de los cabos veteranos se disfrazó de rey Neptuno poniéndose una barba postiza y llevando un tridente. Interpretó muy bien su papel, tomando el mando del barco, que le cedió el comandante, y llevando a cabo una “desorden” que sustituyó a la orden diaria y que llevó, entre otras cosas, al intercambio de galones: el contramaestre se convirtió en gaviero o un alférez de navío en cocinero.

   En la tercera postal de su serie, Andrade sigue contando a Pilar la fiesta:

La dotación se preparó para la llegada del rey de los mares disfrazándose y también se produjo el tradicional intercambio de palas entre oficiales, guardiamarinas, suboficiales y marineros. A las diez horas a.m. llegó el dios Neptuno, acompañado de su verdugo y de dos ninfas, dirigiéndose en procesión al puente de gobierno donde el comandante, el capitán de fragata don Claudio Lago, le “cedió” el mando del Elcano. A los que cruzábamos el Ecuador por primera vez nos bautizaron en unas aguas sospechosamente turbias. También nos gastaron bromas y nos exigieron tributo, a mí me cortaron unos mechones.

   Y en su cuarta y última postal, Andrade remata la explicación sobre la ceremonia:

A mediodía, terminados los bautizos, realizamos el campeonato de tira-soga y después se celebró una comida especial en cubierta con toda la dotación. Por la tarde, el dios Neptuno, junto con el comandante del buque, entregó los premios a los ganadores de los juegos. Tras ello, Neptuno devolvió el mando al comandante. Fue una fiesta en la que nos divertimos mucho y que nunca olvidaremos.

   Como el final de año se está echando encima, los Carreño han activado la sugerencia del tío Luis de que Julián, en lugar de hacer la mili cuando le toque a su quinta, que es en 1930, siente plaza de voluntario en Madrid. Le han explicado al chico las ventajas que conlleva el voluntariado y lo han convencido de que Madrid puede depararle muchas oportunidades. Inmediatamente mandan la solicitud al tío Luis para que efectúe los trámites oportunos. El resto de hermanos embroma a Julián cuando saben la noticia.

   -Cuando venga el tato tendrás que cuadrarte y saludarle porque es un oficial y tú solo un recluta.

   -¿Te van a pelar al cero como le hicieron a papá?

   -¿Y vendrás en verano a Pinkety?

   Mientras, desde Recife, Álvaro cuenta que han visitado la Escuela de Aprendices Marineros y los potreros de Parayba. En la siguiente tarjeta, fechada el 10 de noviembre, solo les dice que al día siguiente zarparán hacia Río de Janeiro donde esperan arribar el 25.

   En la farmacia Guerrero, donde Pilar continúa haciendo prácticas, la joven ha sido objeto de un desagradable incidente. Cristóbal lleva una temporada hablando con ella de cuestiones que no tienen nada que ver con los asuntos de la botica. Son charlas en las que, cada vez con más frecuencia, el titular desliza frases de doble sentido y comentarios rijosos. Pilar le sigue la corriente, pero dejando claro que allí está solo para aprender. Hasta que una mañana Cristóbal pasa de los dichos a los hechos. La joven está en la rebotica acompañada de Graciano que observa atentamente como la neófita boticaria está preparando una de sus primeras fórmulas magistrales. Pilar está manejando la mano del almirez con el mismo cuidado que si estuviera trabajando con un bisturí.

   -¿Lo hago bien, Graciano?

   -Lo haces de cine, Pilar. Continúa.

   En esas entra en la rebotica Cristóbal que se acerca a la pareja colocándose detrás de Pilar que sigue dándole a la maza. El farmacéutico se va arrimando más y más a Pilar hasta que se aprieta contra las nalgas de la joven. Cuando la novata boticaria nota la presión del sexo endurecido del hombre contra sus posaderas, no se lo piensa, se vuelve y estrella el mazo del almirez en el rostro del libidinoso Cristóbal, produciéndole una brecha en la frente de la que enseguida comienza a fluir sangre.

   -¿Pero qué haces, putón, estás loca? –protesta airadamente Cristóbal echándose mano a la frente. Cuando ve la sangre, el hombre se pone histérico y comienza a soltar tacos e injurias contra la joven, que no le pide perdón, sino que con el rostro rojo de ira le dice a voz en grito:

   -Eres un malnacido. ¿Acaso crees que también soy una de tus caras bonitas a las que obligas a que te la chupen? La próxima vez que te arrimes más de la cuenta te voy a dar un rodillazo en tus partes que te vas a quedar impotente, ¡cabrón!

   Graciano coge de la mano a Pilar, sin que esta proteste, y se la lleva de la rebotica.

   -Será mejor que te vayas y no vuelvas hasta que se le pase el cabreo al jefe –y bajando la voz le susurra-: Bien hecho.

   Esa misma tarde, una de las mancebas de la farmacia Guerrero lleva a casa de los Carreño un mensaje verbal para Pilar.

   -De parte de don Cristóbal que no es necesario que vuelva más a la farmacia. El periodo de prácticas ha terminado.

   Cuando sus padres preguntan a Pilar que por qué no sigue yendo a la botica, la joven, que no les ha contado lo sucedido, les dice simplemente que el periodo de prácticas ha concluido. Ya está preparada para regentar una farmacia.

   Al tiempo que ocurre la cesantía de Pilar, sus padres, tras darle muchas vueltas al problema de la deuda con la Bronchales, llegan a la conclusión de que no les queda otra salida que vender la casita de la abuela Pilar, pues la casa en la que viven y el local de la droguería son alquilados.

   -¿Tú crees que sacaremos lo suficiente para saldar el total de lo que debemos a Adelina? –Pregunta Julia, que agrega-: Es una casa muy chica, no sé si nos llegará.

   -Es pequeña, pero mi madre hizo obras y le quedó muy aseada. Sondearé al tío Orlando para ver cómo está el mercado de la vivienda de segunda mano. Qué bien nos vendría ser dueños de la casa o del local de la droguería, podríamos hipotecarlos y salir de este apuro.

   -Marido, no conduce a nada llorar por la leche derramada. Yo te apoyé cuando en vez de comprarnos una casa montamos la tienda de regalos, pero es agua pasada.

   La casita de la abuela Pilar consiguen venderla por el precio máximo, y es que Plasencia está creciendo y hay una fuerte demanda de viviendas. La alegría de los Carreño es para contarla. Inmediatamente negocian con la Bronchales para amortizar parte del principal de la deuda que tienen con la usurera. Ahora solo les falta saldar lo que resta. El día que lo consigan podrán dormir a gusto.

   Con tantos problemas a los que hacer frente, Julio no ha tenido tiempo ni humor de ir al casino. Ahora que ha saldado parte de su deuda y está más sosegado, decide una tarde pasarse a ver qué cuentan sus amigos. Los encuentra departiendo sobre Italia, al parecer el Gran Consejo del fascismo se ha convertido en el órgano supremo que coordinará todas las actividades del régimen bajo la dirección del jefe de gobierno, que no es otro que Benito Mussolini. Estará a cargo de presentarle al rey una lista de candidatos a la presidencia del consejo en caso de que el cargo quede vacante.

   -¿Y eso qué supone? –pregunta Julio.

   -Pues que el gobierno de Mussolini se parece cada día más a una dictadura que a una democracia –responde Lavilla.

   A su vez, Julia no ha parado de darle vueltas a la sugerencia del tío Luis de que la solución más viable que tienen es irse a vivir a Madrid. Con lo que consiguieran por el traspaso de la droguería lograrían el dinero suficiente para saldar de una vez la deuda con la Bronchales y probablemente hasta les sobraría dinero. También recuerda el reto de que pregunte a sus hijos si prefieren seguir viviendo en Plasencia o en Madrid. Cree que es una propuesta que debería compartir, pero como sabe lo que piensa su marido sobre la misma, resuelve de momento hablarlo solamente con Pilar que, en ausencia de Álvaro, es la mayor y posiblemente la más inteligente de sus hijos. ¿Qué me responderá?, se pregunta.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 186. Lo de irse a Madrid comienza a germinar.